"You shake my nerves and you rattle my brain

too much love drives a man insane

you broke my will, oh what a thrill,

Goodness, gracious, great balls of fire!"

Jerry Lee Lewis

"Great Balls of Fire"

En todo el año, hay una época en particular que es la favorita de los estudiantes en todos los rincones del mundo. Y ésa es el verano. El fin del ciclo escolar, lo que significaba también el principio de las vacaciones. Libres de la exasperante labor de asistir a la escuela, los jóvenes pronto abarrotan los centros recreativos y de diversión, cómo lo eran las playas y balnearios, cines y centros comerciales y un sinfín de opciones de las que disponía en aquellos tiempos la industria del ocio, como los juegos de realidad virtual por citar un ejemplo. Era un buen desahogo, por lo menos para evitar pensar en los tiempos difíciles por los que todos atravesaban. Siempre era bueno distraerse un poco y olvidarse de los problemas. Por lo menos eso era lo que pensaban Shinji y sus amigos el último día de clases, mientras planeaban lo que harían en el viaje a Okinawa que habían planeado los miembros de la clase junto con el maestro tutor. Aquello era tan emocionante, pensaban, por fin podrían salir de aquella ciudad tan sola y aburrida en la que vivían para divertirse en uno de los mejores centros vacacionales del país. ¡Y las chicas que podrían admirar en esas playas tan hermosas! Quizás hasta alguna voltearía a verlos y entonces podrían dirigirle la palabra a una de ellas. Sí, en Okinawa se iban a divertir de lo lindo. Por lo pronto, ni Kai ni Shinji compartían el ánimo que profesaban sus dos compañeros. Rivera seguía sumido en su postura indiferente, con los brazos apoyados en la nuca mientras caminaba al compás de sus camaradas, mientras que el silencio de Ikari bien podría haberse debido a la boleta de calificaciones que sostenía en su mano. No le había ido muy bien en los finales, de hecho había bajado su promedio 10 puntos en relación al anterior que tenía en su vieja escuela. Ahora las calificaciones ya no importaban tanto, pero de todos modos no podía dejar de angustiarse por ese bajón en sus notas. Y es que ser piloto de Eva le restaba mucho tiempo a sus estudios.

—Ya va siendo hora de que quites esa cara de paciente estreñido— lo instaba Kai al percatarse de lo afligido que estaba su compañero de cuarto cuando repasaba una y otra vez ese 80 que tenía marcado en su calificación final —Sólo un ñoño se apuraría por cosas como esa... ¡Un ochenta no es tan malo, no seas ridículo!— luego bajó los brazos, para encarar al pequeño grupo —Eso es algo que nunca entenderé de ustedes, los estudiantes, siempre tan empeñados en obtener el puro 100, sólo porque sí... ¿Qué no se dan cuenta que lo que se aprende es lo que en verdad cuenta? Se la pasan varias noches en vela memorizando de cabo a rabo sus libros, en realidad sin entender nada de lo que dicen, y luego de que hacen su dichoso examen todo lo que se retacaron en la cabeza se les olvida. Y todavía, por si todo eso no bastara, se la pasan angustiados por un mugroso número garabateado en un papel. En serio, tipos, creo que nunca podré entenderlos.

—Tú puedes decir todo lo que quieras— respondió Shinji, todavía con su rostro compungido —Sacaste 100 sin sudar, ni siquiera estudiaste para el examen final... no te preocupas por las calificaciones porque siempre sacas perfecto fácilmente... pero en cambio uno no puede hacerlo tan sencillo...

—Es cierto, Kai— añadió Kensuke, quien ya para entonces se permitía tener cierta familiaridad con él, enseñándole la boleta que con anterioridad había arrojado en el bote de la basura del salón —Pero a pesar de tus excelentes calificaciones no pudiste evitar reprobar en conducta... ¡Mira qué números tan rojos! ¡Nunca lo creí de ti!

—¿Y eso qué tiene que ver, idiota?— le espetó molesto el muchacho, arrancándole de las manos el dichoso papel para volver a arrugarlo y lanzarlo por encima de su cabeza —Conducta, ¡mis calzones! Eso ni siquiera es asignatura...

—Pues yo también pienso que un 80 no es tan malo— musitó Toji mientras veía su calificación con cierto desgano —Yo cuanto apenas alcancé a sacar un 70. Cielos, mi viejo se enfadará conmigo, le prometí ponerle más empeño a mis estudios este año.

—Por lo menos superaste el 60 del año pasado— le respondió Aida, admirando el hermoso 90 que él tenía grabado —¿Entonces crees que no te deje ir al viaje?

—Bah, ya me las arreglaré para que me dé ese permiso... ¡esperé todo un año por ese viaje, no puede prohibirme que vaya a Okinawa así cómo así!

—¡Será fabuloso salir por fin de esta apestosa ciudad!— exclamó bastante entusiasmado Kensuke en medio de la calle —¿No lo creen así, chicos?— les preguntó a sus otros dos compañeros que se habían quedado rezagados de la conversación, y quienes no lucían tan animosos como Toji y él.

—En realidad, prefiero quedarme aquí— confesó Kai, metiéndose las manos en los bolsillos de su pantalón deportivo —Un lugar tranquilo me servirá para aliviarme de todas las tensiones que he padecido las últimas semanas... de veras que lo necesito...— admitió con un suspiro, dándose masaje en uno de sus hombros —Además, la imbécil de Asuka también irá y yo quiero estar lo más lejos posible de ella— dijo mientras se estremecía de un horrible escalofrío que la sola mención de ese nombre le provocó.

—Y hablando de eso— intervino Toji, acercándosele para murmurarle en un tono de complicidad, dándole ligeros codazos en el abdomen —¿Cómo fueron esos cinco días que pasaron juntos, sinvergüenza? ¿No hicieron nada salvaje y desenfrenado, eh?

—¡Claro que no!— vociferó molesto el joven, encarándolo —¡No tengo ningún interés en esa zorra, ni nunca lo tendré! Habría que estar loco para intentar algo con ella...— finalizó, adoptando su postura original, medio abochornado. Todavía tenía fresca en la memoria la imagen de la joven europea envuelta en esa toalla, con el cabello y la piel húmeda después de ducharse, con todo ese vapor detrás de ella.

—Pues yo estoy que me muero de la envidia— musitó Aida, mordiéndose las uñas.

—Cállate, ¿quieres?— respondió Rivera, enfadado por la ingenuidad con la que su compañero decía las cosas —Esos cinco días fueron de los peores de mi vida. Tener que ver a esa idiota las 24 horas del día fue algo insoportable. Si tuviera que volver a hacerlo, lo más probable es que me desmayaría.

—Sí, claro— le dio Toji por su lado cuando su amigo volvía a estremecerse —¿Y tú, Ikari, que me dices? ¿Podemos contar contigo para divertirnos a lo grande en la playa?

—Tampoco yo creo poder ir al viaje, ahora que lo mencionan— les reveló Shinji, un poco menos preocupado por sus calificaciones, por fin guardando en un bolsillo la boleta —Lo más probable es que no se me permita salir de viaje. Un ángel podría atacar mientras esté fuera, o algo por el estilo. Ser un piloto Eva absorbe todo tu tiempo disponible, por si no lo han notado.

—Qué lastima— masculló Suzuhara, pateando una lata que se atravesaba en su camino —El viaje no será lo mismo sin ustedes, eso es cierto. Esperaba que nuestro buen amigo, el "Loco Katsuragi", pudiera enseñarnos algunos trucos para ligarnos a unas nenas en la playa. Será un desadaptado y todo lo que quieran, pero tengo que reconocer que este tipo tiene magia con las señoritas...

—Aprende por ti mismo, zoquete, yo lo hice— indicó Rivera, con una sonrisita en los labios. Siempre era agradable que otros reconocieran su habilidad con las mujeres —Fui completamente autodidacta.

—¿En serio?— le inquirieron sus tres acompañantes con una mirada acusadora.

—Bueno, quizás Misato me dio uno que otro tip— finalmente confesó, apenado, rascándose la nuca mientras apartaba la vista de ellos.

En esos momentos ninguno de los cuatro prestó la menor atención cuando una camioneta de paquetería pasaba por la calle junto a la acera por la que caminaban, y que venía justo de la dirección por la que se encontraba el edificio departamental de la familia Katsuragi. Oh, no, ni Shinji ni Kai se imaginaban lo que les esperaba cuando llegaran a casa.

Una vez que estuvieron frente a su edificio, los dos pilotos se despiden quizás por un buen tiempo de sus amigos, alzando un brazo mientras éstos seguían su camino.

—¡Nos vemos!— les decía Ikari —¡Manténganse en contacto!

—¡Así lo haremos!— le contestaba por su parte Kensuke, a lo lejos.

—¡Les llamaremos en cuanto volvamos!— puntualizó Toji, perdiéndose de vista al dar vuelta en una esquina.

—No te preocupes— pronunció Rivera a su acompañante cuando se dirigían a la entrada del edificio departamental, cruzando la calle —Tal vez podamos ir a despedirlos al aeropuerto. Salen pasado mañana, ¿correcto? No creo que estemos ocupados para entonces. Hasta podríamos ir a almorzar al restaurante del aeropuerto, allí preparan un excelente filete Mignon, o si lo prefieres, también es muy bueno el pescado adobado de allí— el chiquillo sentía que se le hacía agua la boca al recordar el exquisito sabor de los platillos mencionados.

Al igual que había sucedido con Toji y Kensuke, el trato cotidiano entre ambos, y sobre todo el establecimiento de una rutina, habían facilitado que la relación entre esos dos muchachos se llevara en términos un poco más cordiales, si bien las viejas rencillas aún no estaban del todo olvidadas.

—Suena bien para mí— le respondió su compañero mientras subían las escaleras —Por lo menos no nos pasaremos las vacaciones encerrados en el departamento... ¿Porqué no vamos la semana que viene al cine, o a ese nuevo centro de realidad virtual que pusieron en el centro? Así no nos aburriremos.

—Hm, ahorita no hay ninguna película en cartelera que me interese— dijo el joven cuando caminaban a la puerta de su hogar —¿Y no te has enterado de qué es ese módulo de realidad virtual? De piloto de Evangelion...

—Oh no...— se lamentó su compinche. Pilotar un Eva arriesgando la vida y después jugar a que pilotaba un Eva no sonaba para nada divertido, por lo menos para ellos dos.

—A lo mejor podemos convencer a Misato para que nos lleve a un balneario de aguas termales que hay a las afueras de la ciudad— lo tranquilizó, pasando la tarjeta por la ranura de identificación, haciendo que la puerta se abriera —El agua allí es deliciosa y el paisaje es muy bonito. Acostumbrábamos ir seguido antes de entrar a trabajar en NERV.

Tadaima!— pronunciaron al mismo tiempo los dos jóvenes al ingresar a su casa, quitándose los zapatos en el recibidor y poniéndose sus pantuflas. Tadaima es una expresión que se utiliza al volver a casa, algo así como "¡Ya llegué!".

Okaerinasai!— se le escuchó decir a Katsuragi dentro de su cuarto. Otra expresión japonesa, esta vez para recibir al recién llegado. Como "¡Bienvenidos!" o algo por el estilo.

Con la firme intención de empezar de inmediato con sus vacaciones, Kai depositó pesadamente su mochila en el suelo sin el menor reparo, resuelto a reposar en su habitación como hacía tiempo que no lo hacía. De ahora en adelante tendría mucho más tiempo libre, mismo que aprovecharía para rescatar las actividades que por la escuela o por el trabajo había abandonado, como su guitarra que estaba arrumbada y olvidada, practicar sus bocetos, comprar más discos, su consola de videojuegos y una larga lista que estaba en espera. Por lo pronto, lo primero que haría sería disfrutar de su ansiada emancipación tomando una larga siesta y después pondría su disco favorito mientras se ponía al tanto con sus lecturas atrasadas. Luego cenar, ver televisión para volver a dormir hasta muy tarde al día siguiente. Tenía todo su horario programado y nada parecía que le impediría realizarlo. Pero...

—¡Estoy muerto!— se dijo a sí mismo en medio de un bostezo —Lo único que quiero ahora es tirarme en mi camita y luego...— no pudo concluir su frase, ya que en cuanto deslizó el fusuma de su habitación con un sordo murmullo, quedó petrificado en su sitio, sin dar crédito a lo que veía.

El cuarto de los chiquillos estaba repleto de montones y montones de cajas de paquetería, apiladas una sobre otra, de tal manera que ocultaban todos los muebles de la habitación y sus enseres personales. Para donde quiera que mirara en el interior de ese cuarto sólo se divisaba las interminables cajas de cartón que invadían su espacio personal. Todo lo tapaban: su escritorio, su computadora, sus trofeos, su televisión, sus discos, ¡su cama! Y lo que era más, entre todo ese barullo no alcanzaba a distinguir algunas de sus más preciadas posesiones. ¡Era una violación a su intimidad! ¿Qué clase de monstruo pudo ser capaz de hacer algo tan vil? Al borde de un colapso nervioso, sólo atinó a gritar a todo pulmón, sujetándose los cabellos:

—¡MI CUARTO!— exclamó conmocionado al mismo tiempo que Shinji se le unía para presenciar el estado de su habitación —¡¿Qué fue lo que le pasó a mi hermoso cuarto?! ¡No es posible, que alguien haga algo!

—Pues qué lástima— pronunció Asuka, saliendo inesperadamente del baño a sus espaldas, entonando con una risita burlona —Porque sucede que ahora es MI cuarto...

Maquinalmente, como si no estuvieran del todo convencidos de lo que habían escuchado, y sobre todo de a quién habían escuchado, los dos muchachos desviaron la mirada hacia atrás, el lugar de donde provenía esa voz, para encontrarse a Langley en el umbral de la puerta en una de sus poses características: inclinada ligeramente hacia un lado con una mano apoyada en la cintura. Parecía que estaba modelando el atuendo casual que traía puesto, una ajustada camiseta blanca y una recortada minifalda.

Ikari se quedó inmóvil donde estaba, sorprendido; y asimismo, el estruendo que hizo Kai al caer desmayado al suelo se escuchó en toda la casa.

—¿Y éste porqué se desmaya?— preguntó molesta la jovencita, tanteando el cuerpo inconsciente de Rivera con la punta del pie —Cualquiera diría que vio una aparición.. no sabía que fuera tan frágil...

—P – Pero Asuka— se dirigió a ella el joven japonés, con la misma cara de estupefacción a la vez que trataba de darle aire a su compañero para que reaccionara, abanicándolo con la mano mientras lo sujetaba en el piso —¿Qué es lo que estás haciendo aquí?

—Ah... Shinji, amigo...— en ese momento Kai empezaba a salir del estupor de la inconsciencia, sin darse cuenta completamente de su situación —Tuve una pesadilla de lo más terrible... Asuka estaba en el departamento, se había apoderado de mi cuarto y después intentaba violarme... fue espantoso...

—¡Óyeme, animal, no andes inventando absurdos!— le respondió la chiquilla, enfurecida.

—¡Ahhh! ¡No era un sueño!— pronunció aterrado el joven, incorporándose de un salto y santiguándose —¿Qué haces aquí? ¡Lárgate antes de que llame a la policía por estar invadiendo mi propiedad! ¡Shú! ¡Fuera!— le decía despectivamente, barriéndola con las manos cómo se haría con cualquier can.

—¡No soy un perro, estúpido!— le reclamó la muchacha dándole un golpe en la cabeza, para luego adoptar de inmediato su postura inocente —Misato me ha invitado a residir en este lugar. En realidad, viviendo sola tendría menos problemas, pero es que me ha insistido tanto que no pude rehusarme.

—¿Así como así?— masculló Ikari en su lugar —¿Sin consultarnos en nada?

—¡Esto no puede estar pasando!— gimió por su cuenta su compinche —¡He sido traicionado por mi propia madre! ¿Porqué a mí? ¿Porqué?

—¡¿Qué les pasa, cretinos?!— los interpeló la alemana, blandiendo un puño —¿No están conformes o qué?

Desolado, habiendo sido su santuario profanado y con esto también la seguridad que su propio hogar le inspiraba, el joven mestizo se derrumbó pesadamente en el suelo, apoyándose en la pared con la esperanza de que un rayo entrara por la ventana y lo fulminara, sólo para completar su día. ¿Qué iba a ser de su vida ahora? Si ya no podía refugiarse en la santidad de su hogar, ¿a dónde más podría ir? ¿Qué podía hacer en esas circunstancias? El desarrollo de los eventos no era muy favorable, eso que ni qué.

—No te preocupes— le susurró la muchacha al oído a Shinji, para que Rivera no pudiera escucharlos —Me irás perfecto como compañero, para eliminar el estrés. Además, te consentiré mucho, tenlo por seguro.

"¿Pero qué diablos pasa con mi estrés?" pensó descorazonado el chiquillo, aunque también un tanto acalorado por el último comentario de la joven europea, quien terminó guiñándole un ojo en tono de complicidad.

Sensación que se desvaneció por completo cuando una vez más la muchacha hacia gala de su temperamental carácter, repartiendo órdenes y quejas a diestra y siniestra con su potente voz que exigía ser escuchada de inmediato:

—¡Qué pequeñas son las cajas japonesas!— exclamó la chiquilla observando las pilas de cajas en toda la habitación —No me ha cabido ni la mitad de mi equipaje. Ustedes dos, haraganes, llévense sus porquerías afuera y después vienen para que me ayuden a instalarme. ¿No esperaran que desempaque todo este barullo yo sola, verdad? ¡Muévanse!

Cuando señaló a esa arrugada y maltrecha caja en la que se encontraban apretadas unas contra otras casi todos sus enseres personales, revueltos con los de Shinji, a Kai por poco le provoca un infarto múltiple.

—¡Mis cosas! ¡¿Qué has hecho con ellas, pequeña bruja?!— gritó alarmado el muchacho abalanzándose sobre la maltratada caja, vaciando en el piso su contenido, dándose cuenta que casi todo estaba roto o maltratado —¡Mis pósters de la selección argentina de fútbol están arrugados! ¡Y también los del equipo Atlas! ¡Ahhh, ya no consigues de éstos en ninguna parte! ¡Mis estampas de béisbol de las grandes ligas! ¡El casete de A Hard´s Day Night arruinado! ¡También el del Yellow Submarine! ¡Noooooo! ¡Todo menos esto!— prorrumpió al borde de la histeria, recogiendo la arrugada y delgada portada de un disco de acetato —El... LP original de Revólver... hecho añicos...— musitó descorazonado, cuando sacó del interior los pedazos de disco negro uno a uno, algunos más grandes que otros —Sólo quedaban diez de éstos en todo el mundo...

—¿Te refieres a esa cosa primitiva que le sale música cuando lo rascas con una aguja? Pues ahora, ya sólo quedan nueve— añadió la alemana en tono de burla —¡Por favor, no seas tan ridículo! Todos esos cachivaches antiguos debían de estar en la basura hace ya muchos años... sobre todo esas grabaciones obsoletas en cinta. ¿Qué hay de entretenido en mirar a cuatro desarrapados, en una película en blanco y negro, brincar y bailar como idiotas mientras cantan? ¿Ó esa otra que tiene unos dibujos espantosos? ¡Qué anticuado! De hecho, te hice un gran favor, ahora tendrás más espacio en tu nueva ratonera, ¿no lo crees?

—Tú... maldita hija de... voy a... matarte...— pronunciaba entrecortadamente el chico con los dientes apretados, mientras la vena en su cabeza parecía que iba a reventarle.

La chiquilla le dio la espalda, ignorándolo y poniéndose a silbar una alegre tonada, al mismo tiempo que el muchacho tomaba un largo y afilado pedazo de disco roto entre sus manos y se le acercaba por detrás, sujetándolo férreamente por encima de su cabeza.

—El mundo... me lo agradecerá... después...— mascullaba entre dientes, en el mismo tono demente con el que la había amenazado con anterioridad.

—¡Hola!— ingresó Misato al cuarto, arrebatándole a su protegido de las manos el peligroso pedazo de acetato —¿Se están llevando bien?— preguntó sarcásticamente la mujer, con su mascota pingüino agazapada a su pierna, temeroso de la visitante.

—Mi – ¡Misatooo!— se sujetó a ella del mismo modo Rivera —¡Es espantoso! ¡Usurpó mi cuarto y mis.. mis cosas... todas mis posesiones materiales las hizo basura!— vociferaba restregando el rostro en su chamarra roja, desequilibrándola.

—Oh, es una lástima— dijo dificultosamente, tambaleándose con el peso del joven y observando en el piso las cosas que el chiquillo tanto atesoraba, arruinadas —Pero estoy seguro que no se trata más que de un accidente, no creo que haya sido con intención. ¿No es así, Asuka, linda?

—Por supuesto— contestó Langley en un tono bastante ensayado —Yo sería incapaz de hacer algo así... lo que pasa es que no sabía que había cosas tan frágiles, lo siento mucho.

—¿Lo ves?— añadió Katsuragi, dirigiéndose a Kai mientras éste fustigaba con la vista a la joven europea, sin creerle una sola palabra —Mira, quizás todavía podamos rescatar algo... ¿Porqué no vamos a la mesa a ver si hay algo que se pueda arreglar con un poco de pegamento? Enseguida volvemos, Asuka, es cuestión de un segundo. Descuida, que todos ayudaremos a que te instales.

—Por mí no se apuren— señaló la jovencita, y por la mueca que hizo no se podía distinguir si era un comentario sincero o puro sarcasmo —Tengo todo bajo control.

Así pues, los tres ocupantes originales del apartamento (cuatro si contamos a Pen – Pen ) realizaron una reunión extraoficial en el comedor de la cocina, examinando cuidadosamente los despojos de las pertenencias de los chiquillos, buscando infructuosamente como en un naufragio algo que se pudiera salvar.

No solamente a Rivera le había ido mal, también Shinji había perdido algunas de sus cosas, cómo sus audífonos y un juego de video portátil, aunque claro que ninguno de éstos era tan valioso como las pertenencias que su compañero había perdido. Por lo demás, todas sus demás pertenencias habían salido ilesas.

—Bien pudiste habernos avisado— le cuchicheaba Kai a su tutora, sacando del fondo del cajón su fotografía familiar rota de nuevo. Ya iban dos veces que quebraban el vidrio del marco en menos de un año.

—Lo siento mucho, pero es que lo decidí de repente— respondió Katsuragi en el mismo tono bajo —Lo que pasa es que Asuka me dijo que quería venir a vivir con nosotros.

—¿Qué?— dijeron al unísono los dos muchachos, sin creer lo que estaban escuchando.

—Y no podía excusarme poniendo de pretexto que no me daba abasto con ustedes dos, ¿no lo creen? ¿Qué podía decirle?— se interrumpió a sí misma cuando sacaba un envoltorio de la caja maltratada —¡Mira, son esos carboncillos que dijiste que habías perdido!

—Debiste decirle que no fuera tacaña y pagara alquiler en cualquier otro lugar— volvió a susurrar su protegido, tomando entre sus manos el contenido de la bolsa, verificando su buen estado —Aquí ya no hay espacio, apenas si cabíamos nosotros. ¿Dónde se supone que vamos a dormir ahora Shinji y yo?

—Ya lo sé, ya lo sé, y lo lamento mucho— se disculpó Misato, esculcando entre los escombros —He estado pensando que podríamos mudarnos al piso superior, allí hay un departamento de tres habitaciones y dos baños, eso solucionaría nuestro problema. Mientras tanto, si lo desean ustedes se pueden acomodar en mi cuarto y yo duermo con Asuka, ¿qué les parece?

—Me parece que yo mejor duermo con Asuka...— contestó Kai, sosteniendo frente a sí un pedazo de su alcancía rota. No había guardado dinero allí, la tenía más bien como una curiosa artesanía que había adquirido en su más reciente viaje a México.

—¿Qué dijiste?— le interpelaron sus dos acompañantes.

—¿Yo? Nada, nada...— se defendió el joven, con el rostro colorado.

—Cómo sea, me parece que ya hacía falta otra chica aquí, tal vez por fin pueda hablar con alguien de cosas de mujeres— continuó Misato para que luego los dos muchachos la miraran con ojos entornados mientras pensaban: "Y lo dice la que nos pone a lavarle sus pantimedias" —Además, Shinji, tú mismo me dijiste que los cinco días que pasaron juntos fueron muy divertidos, ¿no?

—Pues... supongo que sí...— musitó Ikari, apenado, doblando una camisa del colegio que se encontraba dentro de la caja —Aunque no estoy muy seguro al respecto...

—¡¿Qué?!— se exaltó Rivera, poniéndose de pie y estrangulando a su secuaz —¡¿Cómo pudiste decir eso?! ¡¿No tomaste en cuenta lo mal que lo pasé?!

—Es... que creo... que a mí sí... me agradó...— decía apurado el muchacho, sacando la lengua, falto de aire.

—¡Oigan, los tres!— vociferó la alemana desde su, ya ahora cuarto —¿Van a venir a ayudarme o solo se están haciendo tontos allá?

—¡Ya vamos!— le avisó Katsuragi, alisando unas camisas estampadas de Batman y Dragon Ball, respectivamente, de lo poco que se había salvado —Vamos, Kai, deja de ahorcar al pobre de Shinji; él no tiene la culpa de haberse divertido mientras tú te amargabas la existencia.

—No es justo— murmuraba el muchacho, acatando la orden que se le daba —Es que no es justo— repetía descorazonado cuando se encaminaban a su antigua habitación.

Se había hecho de noche muy pronto. Ya estaban a punto de dar las doce de la noche. Pronto empezaría un nuevo día, aunque todavía faltaban algunas horas para que amaneciera. Ikari estaba exhausto. Fue un día muy laborioso. En realidad, no podía dormir debido a la falta de sueño, sino porque lo molestaba de sobremanera ese extraño sonido cuya fuente no alcanzaba a precisar. ¿Qué sería?

Rivera no podía dejar de rechinar sus dientes unos contra otros. Ni siquiera cerrar los ojos, que estaban clavados en el techo. La sangre le hervía y sólo podía pensar en nada más que venganza. No había podido realizar una sola de las tareas de su itinerario elaborado previamente de manera tan cuidadosa. Toda la tarde había desperdiciado su precioso tiempo desempacando la basura de Asuka, y acomodándola como ella quisiera. La muy sinvergüenza. Había sacado del cuarto todas sus cosas, excepto su televisión, su estéreo y su computadora. Qué conveniente. Y a final de cuentas, le había tocado dormir en la sala, en esas incómodas colchonetas japonesas. Con lo que le gustaba dormir en el suelo. Por suerte, era verano y hacerlo era de cierta manera refrescante. Pero no podía pasar por alto que en esos mismos momentos ella estaba durmiendo en su cama, disfrutando de ese colchón tan cómodo y de esas almohadas tan suaves y confortables que parecían nubes. En esa cama en la que había dormido por más de cinco años. Aunque, ahora que lo pensaba mejor, de alguna forma era excitante el pensar que ese sensacional cuerpo se encontraba ahora reposando en la cama en la que apenas ayer había dormido. Esa torneada, blanca y suave piel, tan cálida, entre sus sábanas, aquellos senos tan redondos y firmes apoyados en su colchón, su aliento sobre las almohadas en las que solía reposar la cabeza. ¿Y si...? No, no, eso sería muy estúpido y arriesgado, casi un suicidio. Si acaso llegaba a descubrirlo, podría ir despidiéndose de la vida. Seguro lo mataría. ¿Y qué diría Misato? Pero es que fue culpa suya, por traerla aquí a incomodarlo. Por otro lado, si nadie se enteraba, podía sacar ventaja de la situación. Y sería la venganza perfecta. Pero, ¿y si lo descubrían? No valía la pena correr el riesgo, ¿ó sí? La sangre quema, la sangre está ardiente, no podía pensar en otra cosa que no fuera Asuka. Sí, está bien, lo haría, lo haría sin importar el precio. Su premio nadie se lo iba a poder quitar. Iba a hacerlo. La tentación de apoderó de él rápidamente y con suma facilidad. Creyendo a su compañero completamente dormido, salió del futón, caminando sigilosamente entre la oscuridad, deslizándose como un gato. Un gato en celo. Con las hormonas desatadas galopándole en la cabeza, en todo su sistema, atravesó la sala hasta alcanzar la puerta de la habitación, que deslizó cuidándose de no hacer ningún ruido para luego introducirse al interior, con un solo pensamiento perverso en la mente. Su instinto biológico demandaba ser atendido cuanto antes, haciendo a un lado su conciencia. Aún en la penumbra, pudo verla. Allí estaba ella, plácidamente dormida en el lecho, envuelta en esas delgadas sábanas que él tantas veces había tenido que lavar por haberlas empapado durante sus sueños húmedos. Y ahora se encontraban esas formas tan curveadas, bien delineadas por la manera en la que se había envuelto. Poseído por la insana pasión, tragando saliva, se acercó cuidadosamente hasta ella, reptando lentamente por la cama y de paso aprovechando para pasear las manos en esos pronunciados muslos, aun cuando fuera por encima de la sábana. Eran tan tibios, y tan suaves. Quien sabe cómo, pero había conseguido ponerse encima de ella sin que se percatara y sin que el colchón hiciera el menor movimiento que pudiera alertarla. No podía detenerse, carecía de voluntad. Ahora la dueña de todos sus pensamientos era ella, ella y ese cuerpo suyo tan perfecto que debía pertenecerle a cualquier costo. Sí, sería de él, pasara lo que pasara. Y es que en esos momentos tan confusos no pensaba en lo que le llegaría a pasar si por algo Langley llegaba a despertar. Sus posibilidades no eran muy buenas. Pero es que su aliento quieto estaba tan cerca de él. Podía escuchar el ritmo de su respiración. Inhala. Exhala. Inhala. Exhala. Ardiendo, acercó poco a poco sus labios a los de ella. Ya respiraba del mismo aire que la muchacha. Sus narices se rozaron cuando estaba por alcanzar esos labios tan carnosos y sensuales. A primera vista parecían tan suaves y deliciosos. Pronto podría comprobarlo. El corazón le latía a mil por hora, casi saliéndose del pecho, conforme se acercaba el momento decisivo del punto del no retorno, cuando tardaba más volver al principio del camino que continuar hasta el final de éste. Cuando sus labios se juntaran con aquellos tan hermosos y compartieran su aliento. Nada podía detenerlo, faltando un centímetro para lograr su cometido. Nada, a excepción de un inusitado estremecimiento del cuerpo capturado, y una solitaria lágrima cristalina deslizándose por la mejilla derecha. Se quedó congelado donde estaba, pensando en primera instancia que había sido descubierto, esperando de un segundo para otro ser derribado de un brutal golpe. Sin embargo, no ocurrió de esa manera. La joven europea seguía dormida, y al parecer su sueño no era tan placentero como se hubiera supuesto. Se revolvía debajo del muchacho, sin percatarse de su presencia, balbuceando frases ininteligibles en alemán, a excepción de lo último que pronunció casi al oído del aventurado joven, que le desgarraron el alma: "Mamá... mami... ¿porqué te moriste?¿Porqué te moriste?" Una nueva perla surcó de nuevo su humedecida mejilla, yéndose a estrellar en la mano de Rivera, muy próxima a su rostro. La sensación de esa gota de llanto chocando con su piel lo hizo despertar, como si le hubiesen arrojado una pila entera de agua bendita para expulsar al diablo de su interior. La lágrima seguía surcándole la piel entre los dedos hasta que la chupó con la lengua. Liberado del loco influjo en el que se encontraba, de la misma forma en la que se le había trepado bajó de la cama, liberando a su cautiva. Avergonzado, se quedó de pie junto a ella, odiándose por lo que había estado a punto de hacerle a un ser humano, a un ser humano que había sufrido del mismo modo que él. Podía entender su dolor sopesándolo con el propio, y le daba una pena infinita, por ella y por él, por lo que estaba resuelto a hacer apenas unos segundos antes. Ella no era sólo un cuerpo del que se pudiese aprovechar y desechar. También tenía su corazón, y sus sentimientos. A lo mejor por eso quería estar acompañada. Quizás no le simpatizaba, pero eso no era motivo suficiente para agredirla del modo en que pensaba hacerlo. Había otras formas más convenientes, más acordes a la situación en la que estaban. Así no, así no era el asunto. Sin la lujuria de antes, posó una mano en su mejilla, secándola delicadamente, para luego pasearla en los sueltos cabellos de la muchacha. Sí, era hermosa, y se estaba guardando para el hombre que se atreviera domarla. Todavía no lo conocía, pero lo compadecía, aunque a la vez, muy en el fondo, lo envidiaba. La cubrió bien con la sábana, cuando parecía que se recobraba. "Perdóname" le susurró al oído y después se dirigió hacia la puerta para abandonar su vieja habitación, volviendo a deslizar delicadamente la puerta de papel para no perturbarla. "Buenas noches" murmuró antes de salir del cuarto. Y apenas había salido de allí se enfiló directo al baño.

Shinji, por su parte, contrario a lo que Rivera había pensado en un principio, no estaba dormido. Había estado despierto desde que se instalaron en la sala, cuando declinaron la oferta de Katsuragi de dormir en su cuarto. No había podido pegar la pestaña en todo ese rato. Estaba algo emocionado por la presencia de la muchacha, quién sabe por qué. Le quedó bien grabado ese gesto tan sensual que le dedicó, al guiñarle el ojo. Quizás estaba interesado en él. ¿Porqué otra razón le había pedido a Misato alojamiento? Para pasar más tiempo con él, claro está. A lo mejor ya hasta se le haría tener novia. Tener novia. Se preguntaba cómo sería eso. Planeaba los lugares a los que la llevaría. Al cine. A comer fuera. Quizás a ver esos hermosos atardeceres cayendo en la ciudad. Por fin alguien le hablaría en tono meloso y le diría "Te amo" al oído. Se imaginaba como sería su primer beso con aquella belleza. ¿Y qué pasó con Rei? Diablos, se le había olvidado Rei. Ella también era un prospecto. Qué raro, las dos chicas que le interesaban eran tan diferentes una de la otra, y no obstante, las dos le gustaban, cada una de manera diferente. ¿Por cuál se decidiría al final? Ahora ya sabía cómo se sentía Archi con Bety y Verónica. No era fácil la decisión, las dos eran tan bonitas y atractivas, cada una tenía sus pros y sus contras. ¿Y no se podría con las dos al mismo tiempo? Ay, no, cómo crees, no seas tan goloso. Y él que pensaba que Asuka también se iba a quedar prendida de Kai, como Ayanami y las demás de la escuela. Pero no, Rei había enmendado su error y Langley se había dado cuenta antes que ese sujeto era un patán. Al final, ese bueno para nada se iba a quedar solo, por su actitud arrogante, y él de poco a poco pero fue consolidando sus relaciones con las del sexo opuesto, hasta llegar a este punto. Dos hermosas chicas por las cuales decidirse. No estaba nada mal, para ser un novato. Ese extraño sonido de nuevo, ¿qué es? Acostado, voltea la vista hacia un lado, para mirar a Rivera fugarse a hurtadillas. ¿A dónde iba? ¿Al baño? ¿Y porqué estaba caminando de puntitas? No, no iba al baño, ¡se dirigía a su viejo cuarto! ¡Estaba escurriéndose a la habitación de Langley! ¿Qué pretendía hacer? No iría a matarla, el muy desgraciado. ¿Ó sí? ¿Iba a cumplir su promesa? Con qué delicadeza abre la puerta, ni él mismo la escuchó deslizarse. Jamás se hubiera enterado de su intromisión nocturna de no estarlo viendo en esos precisos momentos. Mejor sería ir a ver lo que pretendía, no fuera que la quisiera ahogar con una almohada a la pobrecita. Con el mismo cuidado que su compañero, cruzó la sala hasta alcanzar el umbral de la puerta, en donde se quedó expectante, en cuclillas. Le daba miedo voltear a ver. ¿Qué esperaba encontrarse al mirar a esa dirección? De alguna manera lo presentía. Lentamente volvió la mirada hacia la cama de la muchacha, para encontrarse al merodeador encima de ella. ¡No, esto no puede estar pasando! ¿Qué es lo que quiere hacer? ¿No sabía que ella estaba apartada? ¡No le interesaba de ninguna manera! ¡No podía estar haciendo eso! Kai acercaba la cara a la de ella cada vez más, pronto quedarían pegados. Quería impedirlo, quería decir algo, pero en su lugar se quedó inmóvil como una asombrada estatua. ¿Qué podía hacer? ¿Ir y quitarle a Kai de encima? Sí, cómo no. No creía lo que estaba viendo, para él era un impacto terrible toda esa escena. Siempre pensaba en la sexualidad de una manera muy diferente, no esta suciedad que estaba presenciando y que no podía hacer nada para evitarlo. Iba a violarla y él no haría nada para detenerlo pues el shock le impedía actuar. Sólo podía ver el curso de los acontecimientos, y esperar por lo que ocurriera. No, era demasiado. Él siempre estaba tan adelantado. ¿Cómo había pensado que tendría una oportunidad con ella, con Kai rondando por allí? Estaba a punto de arrebatársela en su cara, se estaba burlando de él y no hacía nada por impedir que ocurriera. Al contrario, estaba agazapado como un bebé sin saber qué hacer. Se iba a salir con la suya. Siempre se las arreglaba para hacerlo. No, ya no soportaba más ver aquél denigrante espectáculo. Si bien estaba fuera de su alcance hacer algo para impedirlo, bien podía ignorar todo y fingir que no pasaba nada. Eso era lo que iba a hacer. No tenía por que observar todo lo que pasara. Se fue antes de que la besara, antes de que todo estuviera perdido, Ojos que no ven, corazón que no siente, ¿no es así? Y él no iba a ver cuando ese tipejo le arrebatara a su amor frente a sus ojos, por lo que no sentiría algún dolor, en ese entonces. Reuniendo fuerzas se las ingenió para arrastrarse en silencio hasta su colchoneta, en donde se refugió tapándose el cuerpo entero, haciéndose concha en sí mismo. Le importaba muy poco lo que aconteciera fuera de su capullo. No le interesaba. Sí, sí le interesaba lo que le pasara a la alemana, por que la amaba, él sí de veras que la amaba y no nada más quería coger con ella. A él sí le gustaba su manera de ser, y no se enfadaba nomás por que le rompiera unas reliquias que ya ni siquiera servían. Ella era mucho más valiosa que todas ellas juntas. ¿Entonces porqué ahora quería quitársela? Él no la quería, jamás llegaría a quererla cómo él. ¿Porqué era tan aprovechado y se adueñaba de lo que no le pertenecía? Porque se creía el dueño de todo, y quería acapararlo todo lo que estaba a su alcance. Y Asuka no era la excepción. Ojalá ahorita mismo despertara para que le diera un buen puñetazo y lo mandara a la lona, para que Misato se levantara y se hiciera el escándalo total. Claro que se fingiría sorprendido, mientras las dos lo reprochaban y le gritaban, lo golpearan. Haría señales de desaprobación al verlo tendido en el piso, humillado. A lo mejor hasta lo correrían de la casa. Sí, ya quería verlo fuera, desamparado, para ver qué hacía. Ya quería verlo dormir bajo un árbol, tiritando de frío, lleno de vergüenza y deshonra. Después de todo, no era más que un salvaje extranjero. ¿Qué podía saber él de honor? Creía que podía hacer lo que quisiera, como escabullirse al cuarto de una linda jovencita a quitarle su castidad aún cuando fuera a la fuerza. Según él, nadie podía detenerlo. Ya vería en unos momentos, cuánto se equivocaba. Pero ya había pasado mucho rato, y nada pasaba. Ya debía haberla besado, y ella aún no despertaba. ¿Y sí lo había hecho? Estaba muy cerca, y lo que era más, con el oído aguzado para escuchar cualquier sonido, y no oía absolutamente nada. Deberían ya estar forcejeando, o gritando o algo, pero todo estaba en silencio. Ojalá no se hubiera ido, para ver que estaba pasando, para saber porqué la chiquilla no pegaba el grito en el cielo ante la intrusión. ¿Y si no estaba oponiendo resistencia? ¿Qué tal si le había gustado, y ahora lo estrechaba entre sus brazos, lista a recibirlo? Qué idiota. Qué idiota y qué imbécil había sido. Eso fue siempre, y él lo había confundido todo. Creía que Asuka se había mudado por él, cuando todo el tiempo no había sido más que por atraer la atención de Kai. Y lo había logrado. Ahora mismo la muy puta estaba cogiendo con él, y mientras tanto él estaba escondido en su futón como conejito asustado, temblando de miedo, congelado por el terror, sólo pelando los ojos. Y ellos estaban haciendo el amor, y de seguro lo estaban disfrutando, y ella le estaría hablando melosamente al oído, paseando la lengua en todo su cuerpo. Estaban jadeando como perros, gozando como nunca, los dos con su propósito cumplido, y él estaba escondido, asustado por todos los acontecimientos, por la rapidez con la que éstos pasaban sin que pudiera hacer algo para detenerlos. Todavía era tan niño, y por eso nadie lo tomaba en cuenta. Ni Asuka ni Kai lo habían tomado en consideración cuando se pusieron a fornicar. No habían considerado lo que él sentiría si los descubría, y eso era por que no les importaba en lo más mínimo. Se habían olvidado de él, entregándose al vano goce corporal. Y él tenía que conformarse con esconderse en su lecho en el frío piso, llorando de la desesperación, de saber lo poco que valía, lo poco que importaba. A nadie le interesa lo que piense, opine, o sienta Shinji. Ni a Asuka, ni a Kai, ni a Misato, ni a Rei, ni a su padre que lo había dejado con todos ellos. Estaba solo, solo y su alma, y estaba llorando amargamente oculto en el interior de su colchoneta, enjuagándose el llanto en su almohada, embarrando los mocos en ella cuando en la otra habitación sus compañeros se divertían de lo lindo. Con un seco murmullo, la puerta del cuarto se había cerrado otra vez. Asomó la cabeza por fuera de su colchoneta para avistar con sus ojos humedecidos cuando su camarada se dirigía al baño con paso apretado. ¿Ya habían terminado? Fue algo rápido, pero lo más probable es que había sido intenso. Podía escuchar la respiración de la muchacha, dormida otra vez. Había acabado con ella, y ahora se estaba limpiando o sabe qué extraño ritual poscoital se encontraba realizando en el baño, que se estaba tardando tanto en salir.

Salió hasta cinco minutos después, en estado de relajación profunda después de haber desahogado sus ansias por su propia mano. Su cabeza por fin estaba completamente despejada, al encontrar la tan ansiada paz. Todos los frenéticos deseos se habían ido junto con la corriente del excusado, y quién sabe hasta donde irían a parar, pero a él ya no le importaba. Lo único que le interesaba ya era acostarse en esa colchoneta abandonada en el piso y ponerse a dormir, y lo haría hasta el mediodía sólo porque quería. En esas andaba, introduciendo las piernas dentro del futón, cuando escuchó a su compañero estremecerse en el interior del suyo. Parecía como si estuviera sollozando. ¿Estaría enfermo, le dolería algo? A lo mejor era algo serio, para que estuviera lloriqueando de esa manera. Canijo Shinji, no asomaba siquiera la cabeza, se escondía para que los demás no pudieran notar su dolor. Eso no estaba bien, si algo le molestaba tenía que decirlo y no aguantarse, después el problema podría agravarse. Y aunque estaba sumamente cansado, decidió mejor asegurarse que todo estuviera bien con él, no fuera que tuviera algo de gravedad y después sería muy tarde para atenderlo.

—Shinji, ¿qué tienes?— le dijo en voz baja, posando su mano en la espalda, por encima de la gruesa colchoneta —¿Estás bien, compadre?

—Déjame en paz— pronunció Ikari en medio del llanto, con voz quebradiza.

—¿Te duele algo, amigo? Mejor te reviso, no vaya a ser algo grave...

—¡No me toques! Sólo quiero que me dejes en paz, no necesito nada de ti.

—¿Tú no habrás visto nada ahorita, verdad?— volvió a preguntar, pese a las hoscas respuestas que obtuvo anteriormente. Ya presentía más o menos que era lo que le pasaba al chiquillo, por el tono en que se dirigía a él.

—¡Sí, para que te lo sepas, sí vi todas tus porquerías! ¡No me hables, no quiero escucharte! ¡Te detesto!

—Óyeme, pero si no pasó nada, te lo juro.

—¿Esperas que te crea? Sé muy bien que acaban de coger, pero no me interesa lo que hagan, depravados.

—¡Pero es que en serio, no le hice nada! Ve a verla si quieres, para que te convenzas, en este mismo momento está profundamente dormida.

—No quiero saber nada. No me importa, del mismo modo en que yo no les importo.

—¿Pero porqué diablos te pones en ese plan? Ya te dije que no pasó nada, y aún si hubiera pasado no es para que te comportes de esa manera. Y ahora que me acuerdo, según esto a ti te gustaba Rei, ¿qué no?— el fastidio que le ocasionaba las sollozantes recriminaciones de Shinji habían hecho resurgir los celos infundados de Rivera, causante principal de todos los desaguisados entre los dos jóvenes —¿Entonces qué te interesa lo que hagamos Asuka y yo, cabroncito? ¿Ó es que Rei ya no te peló, baboso, y querías intentar algo con MI Asuka?

—¡Cállate, no quiero escucharte!— manoteó Ikari para librarse de él —Ya te dije que no me interesa, sólo lárgate y déjame en paz.

—Si es lo que quieres, de acuerdo— contestó el muchacho, molesto por la terquedad de su compañero, por la actitud que estaba tomando al respecto —Tengo mejores cosas que hacer con mi tiempo que discutir con un mocoso acomplejado, como dormir por ejemplo— dijo arrastrando su futón hasta el cuarto de Katsuragi —Voy a dormir mejor con Misato, a ver si no se te ocurre después que también a ella me la quiero coger.

Shinji ya no le contestó. Se volvió a meter en el interior de su colchoneta, escondiéndose de todo mundo. Kai ya ni siquiera lo volteó a ver, dándole la espalda hasta que se metió al cuarto de su tutora, donde se quedó dormido hasta eso de las doce de la tarde, sin querer saber nada más sobre el asunto. Sólo esperaba que la chiquilla no se enterara, o le iba a ir muy mal, en ese caso. No, no era probable que Ikari quisiera confrontarla si seguía empecinado en creer que habían tenido relaciones sexuales.

Sin saber absolutamente nada de las discordias que su reciente llegada estaba provocando en sus compañeros, al día siguiente la chiquilla se divertía de lo lindo en Tokio 2, uno de los centros metropolitanos más concurridos del país, en compañía de su adorado Kaji, con quien caminaba gustosa de aquí para allá colgada de su brazo.

—¡Qué suerte tengo de estar de compras contigo, Kaji!— pronunciaba emocionada cuando se le acercaba más y más, incomodándolo un poco.

La cita la habían acordado algunos días antes, aprovechando que Ryoji tenía que realizar unos encargos en dicha ciudad, por lo que esa mañana se había levantado muy temprano, mientras sus perezosos huéspedes seguían durmiendo profundamente, hasta Shinji que estaba acostado solo sobre el piso de la sala. De seguro a Kai le había dado miedo la oscuridad y fue a refugiarse con su mamita Misato. Era tan infantil. Y Shinji era tan patético, continuaba con sus reflexiones, no se hacía un solo hombre con los dos. Ikari parecía que no había pasado una noche placentera, pues estaba descansando en una posición un tanto inusual, además que su cara estaba manchada, como si hubiera estado llorando, pensaba Langley mientras lo sorteaba de un salto para dirigirse al baño, para comenzar a arreglarse para Kaji.

Kaji en cambio sí que era puntual, y a las pocas horas ya estaban llegando al concurrido centro urbano, con todas esas lindas zonas comerciales con sus grandes tiendas que visitar. Tokio 2 era tan diferente de Tokio 3. La diferencia estribaba en que Tokio 2 seguía palpitando, y hasta rememoraba las antiguas urbes del siglo XX, con todos esos automóviles recorriendo sus calles atestadas, las muchedumbres apretujadas unas contra otras yendo de aquí para allá con tanta prisa, en fin, que el ritmo de la vida en esa ciudad era por demás asfixiante pero también despertaba mucha nostalgia, sobre todo en el hombre maduro que recordaba los viejos tiempos mientras que la linda alemana lo arrastraba emocionada de tienda en tienda. Una vez que terminó con los negocios que lo habían llevado a aquella metrópoli, ella y la europea se entregaron a un frenesí de consumo en los centros comerciales de la zona que difícilmente podría soportar la tarjeta de crédito del sujeto, quien pensaba apurado que quizás tendría que cargar los gastos a la cuenta de NERV, viendo como sus viáticos se iban agotando.

A las quince tiendas ya estaba exhausto, y ya hasta se estaba arrepintiendo de haberse ofrecido a llevar a la muchacha de compras para su próximo viaje escolar. Como a un muñeco de trapo, la jovencita rubia lo remolcaba de un extremo a otro del centro comercial, visitando las distintas y surtidas tiendas de ropa juvenil que se encontraban allí. El problema radicaba en que a las jóvenes bonitas les quedaba todo, por eso es que era tan difícil decidirse por algo, aunque para facilitar un poco la decisión había comprado una gran pila de vestimentas, mismas que iban guardadas en pequeñas cajas que el japonés cargaba dificultosamente, estando muchas veces a punto de perder el equilibrio.

Se internaron una vez más en una nueva tienda, y mientras Asuka la recorría de buena gana, su acompañante aprovechaba para tomarse un descanso, depositando por unos momentos su abultado cargamento en el piso, mientras suspirando se estiraba para quitarse lo entumecido de sus miembros.

—¡Espera un momento!— le pronunció a lo lejos, ante las recelosas miradas de un par de mujeres que pasaban detrás suyo —¡Esta es la sección de trajes de baño!

—Así es— contestó despreocupada la chiquilla, saliendo al pasillo donde estaba, llevando en un gancho un atrevido bikini para enseñárselo, el cual constaba de dos recortadas piezas con franjas horizontales rojas y blancas, y en el top llevaba un cierre al frente —¿Qué opinas de éste? ¿Demasiado conservador, no?

—Oh, no, no lo creo...— le respondió Ryoji, un tanto abochornado por imaginarse la grácil figura de la joven con esas escandalosas prendas puestas —Date cuenta, primor, eres una estudiante de secundaria, ¿no crees que eres muy joven para usar ese tipo de ropa?

—Kaji, por favor, no seas un vejete anticuado— suplicó Langley, cómo desaprobando el gesto del hombre, poniéndose una mano en la mejilla —Hoy en día estas prendas son la última moda en Europa.

Apenado, el sujeto se hizo el desentendido, tomando una vez más las cajas del suelo seguido por la alemana, listo para pagar el costo del atrevido traje de baño. Y lo que se preguntaba era que, cómo si se había utilizado tan poca tela para su confección, costara tanto el dichoso bikini.

Estaba haciendo un gran esfuerzo, eso sí no se le podía negar. Aunque le era más fácil pasar el tiempo a lado de Asuka que con cualquier otro muchacho de esa edad, también debía reconocerlo. Los dos congeniaban muy bien, y hasta se sentía un poco halagado, por así decirlo, de que la hermosa jovencita derrapara por él. Aún conservaba el estilo, después de tantos años.

Gustoso sustrajo un cigarrillo de la cajetilla en el bolsillo de su camisa, encendiéndolo cuidadosamente para luego degustarlo poco a poco, inhalando despacio cada bocanada del suave humo que llenaba sus pulmones de porquería café. A sabiendas del daño que le causaba a su organismo, no le importó demasiado y de igual modo disfrutaba del sencillo placer de fumar, para después de expulsar dos columnas de humo por las fosas nasales, acercar los labios a su tarro de cerveza y refrescarse un poco. Luego de darle un gran sorbo, limpiándose la boca volvió a depositar el envase en la mesita, para tomar otra vez su cigarro aún encendido para seguir fumando.

Por fin había conseguido que aquel torbellino se asentara en un solo lugar, cómo lo era esa fuente de sodas con su terraza al aire libre, en donde en una de esas mesas de plástico con una sombrilla al centro reposaban luego del agotador recorrido por todas esas tiendas que habían visitado. Los paquetes con la ropa nueva dentro de ellos, al igual que su tarro de cerveza clara y burbujeante, además del helado de la muchacha, descansaban sobre la mesa ante su vista.

Le costaba mucho trabajo, pensaba, pero era necesario si quería que Misato se diera cuenta que en todos esos años había cambiado. Tenía que mostrarle un nueva faceta suya si habría de cumplir su objetivo de reconquistarla, y para hacerlo qué mejor manera que cuidar de Langley todo un día. Quería enseñarle que había aprendido a ser responsable, que ya podía tolerar la convivencia con los chiquillos. Que aquello ya no sería un impedimento para la reanudación de su relación. Pero le estaba costando mucho trabajo, debía admitirlo.

—¿En serio?— fingió interés por primera vez en la conversación de la jovencita, que se deleitaba en probar una enorme copa de helado de varios sabores y arreglado perfectamente, sin dejar de pronunciar palabra —¿Así que de eso se trataba?

—Así es— asintió la muchacha, con una enorme sonrisa en su rostro llevándose otra cucharada de postre a la boca —Un viaje escolar es algo muy especial. Se supone que podremos refrescarnos a nosotros mismos.

—¿Y a dónde es que irán de excursión?— preguntó el sujeto, dando un nuevo trago a su cerveza, revisando la hora en su reloj de muñeca.

—¿No me has estado escuchando? Ya te lo había dicho antes...— contestó la europea haciendo un puchero —A O-Ki-na-wa.

—¡Oh, es verdad!— salió del paso Ryoji, percatándose que había metido la pata —Lo siento, pequeña, he estado un poco distraído últimamente. ¿A Okinawa, dices? Hace mucho tiempo que no he estado por allá... pero es un lugar muy bonito, una playa hermosísima...

—¡Eso espero!— musitó Asuka enterrando la cucharilla en la bola de nieve —Imagínate, hasta vamos a bucear. ¡Va a ser muy divertido!

—Bucear...— repitió Kaji, rascándose su barbilla y mirando al cielo —Ya han pasado tres años desde la última vez que buceé. Según recuerdo, fue en el Mediterráneo...

—¿Y a ti a dónde te llevaban en tus viajes escolares?— preguntó la chiquilla, mirándolo cándidamente con sus bellos ojos castaños, del mismo color que su cerveza.

—Nunca hicimos alguno, en mi escuela— respondió el japonés, con la mirada perdida, dándole otro trago al tarro de cerveza —En esos tiempos, los viajes escolares no eran muy buena idea.

—¿Eh?— pronunció la joven alemana, consternada, dejando una cuchara de helado de pistache a medio camino —¿Pero por qué?

—Simplemente por el Segundo Impacto, bombón.

—Es una pena— masculló su joven acompañante, agachando la mirada —Me da una lástima por ti...

—Oye, no te preocupes, por mí está bien— la tranquilizó el hombre —No hay ningún problema. Sólo quiero que te diviertas de lo lindo en Okinawa, ¿quieres?

—¡Claro que sí!— contestó de nuevo con su característico entusiasmo —Tenlo por seguro que así lo haré, ¡te lo prometo!

—Así me gusta, esa es la actitud— asintió Kaji sonriendo al mismo tiempo que volvía a revisar la hora en su reloj —Oye, mejor nos apuramos— le dijo dándole un último sorbo a su bebida —Se hace tarde, y si no estás en casa a las cinco, Misato me degollará.

—De acuerdo— respondió la chiquilla, un tanto recelosa, levantándose de su asiento y dejando su postre a medio terminar —En verdad le temes a Misato, ¿no es así?

—Claro que sí. Tú no sabes cómo se pone cuando está enfadada.

Sin decir más, tomó los numerosos paquetes de la mesa, pagó en la barra la cuenta y pronto los dos se enfilaron hacia el estacionamiento del centro comercial, buscando el lugar donde habían dejado el auto en el que viajaron. Minutos después ya estaban en la carretera, dirigiéndose de vuelta a Tokio 3. Comenzaba a atardecer.

Ya eran poco más de las siete cuando Asuka regresó a su nuevo hogar. Katsuragi se despidió de Kaji, que la había acompañado hasta la entrada del apartamento, con un gesto hosco, para después cerrarle la puerta casi en la cara.

Las cosas se habían tranquilizado un poco desde la mañana, durante su ausencia. Shinji y Kai ya se dirigían la palabra de nuevo, luego de insistirle éste último constantemente en que sólo había entrado al cuarto de la muchacha por que escuchó unos sonidos extraños, y que, efectivamente le había entrado un ansia por besarla, pero que finalmente no pasó absolutamente nada entre ellos. Hasta tuvo que hincársele para jurarlo.

Y es que así era su relación la mayoría de las veces. Solían disgustarse mucho entre ellos, la mayoría de las veces por causas un tanto absurdas, como que les tomaran uno de sus discos sin pedir permiso, que si Rivera dejaba la ropa sucia tirada en el piso, que si Ikari revolvía sus cosas cuando buscaba algo, que le había tomado prestadas las pilas de su reproductor musical y se las había acabado... No les gustaba admitirlo, pero comenzaban a tomarse algo de estima. Hacía falta ver si el crisol de esa peculiar, incipiente relación de amigos-hermanos que comenzaba entre ambos jovencitos podría resistir el intenso calor producido por una ardiente muchachita en la que los dos ya habían mostrado algún interés anteriormente.

Sin preocuparse mucho al respecto, Pen-Pen gustoso se entregaba al placer de disfrutar de uno de esos baños con agua caliente en la tina que tanto le gustaban. Flotaba boca arriba (ó pico arriba, como sea que se diga) utilizando sus aletas para impulsarse entre la superficie del cálido líquido. Pen-Pen era un organismo genéticamente alterado, que había servido para realizar algunos experimentos en el proyecto, por lo que su comportamiento en ocasiones era muy raro para los individuos de su especie. Aunque eso no le importaba demasiado a sus dueños, quienes lo estimaban y apreciaban como un miembro más de la familia. Era tan agradable todo aquello, sentir el agua en su espalda y respirar ese vapor que emanaba de la tina, empañando los espejos del baño. Y era todo tan pacífico. Bien podía quedarse dormido allí dentro, y no habría ningún problema. De no ser por esa muchacha nueva, que con su chillona voz y sus formas tan hoscas, lo sacaron de su reposo.

—¡¿Qué es lo que has dicho?!— la escuchaba gritar desde el comedor —¡¿Qué no podemos ir al viaje?! ¡No puede ser!

—Correcto— respondió cortésmente Misato, sosteniendo una lata de cerveza en la mano mientras que subía una pierna a la silla donde estaba sentada —Eso fue lo que dije.

Las maletas de Langley ya estaban hechas, listas para el viaje en el que se supone iría la chiquilla al día siguiente, recargadas en la pared de la cocina. Al parecer, había sido en vano tanta previsión, pues a final de cuentas se quedaría en la ciudad. Al igual que de nada servirían las compras que había hecho con Kaji, que se encontraban en la mesa, pues nada de lo que se había comprado lo podría lucir en la playa.

—¿Pero porqué es que tengo que quedarme en esta aburrida ciudad?— la encaró molesta la jovencita, poniéndose las manos en la cintura.

—Tienes que permanecer en alerta permanente, en caso de un posible ataque— contestó una vez más la mujer, sin abandonar su postura.

—¡No se me había informado nada de esto antes!— reclamó con enjundia la alemana, bajando los brazos.

—Pues ahora te lo acabo de informar— pronunció despreocupada Katsuragi, dándole un sorbo a su cerveza.

—¡No puede ser!— masculló la chiquilla, haciendo una rabieta, al ver que a su boleto para Okinawa le salían alas —¿Quién fue el idiota que decidió todo esto? ¡Es absurdo!

—La Jefa del Departamento de Tácticas y Estrategias: tu servidora— sentenció la japonesa, dejando la lata sobre la mesa mientras la fulminaba con la mirada.

—Eh... yo... este... no quise decir... que...— balbuceó Asuka, contrariada, buscando un soporte donde fuera —¡Oye, tú!— le dijo a Shinji, al otro extremo de la mesa, señalándolo con el dedo —¡No estés bebiendo té nada mas así cómo así! ¡Se supone que eres un hombre, dile algo, tienes que hacerla recapacitar!

—A decir verdad— confesó Ikari, dejando también su taza en la mesa para hablar con más comodidad —Yo ya me había resignado a no ir a ese viaje. Ya me imaginaba que algo así sucedería.

—¿Así nomás?— objetó la extranjera, al notar la actitud de su compañero —¿Tan fácil ya te das por vencido? ¡Eres taaaan patético! Un hombre así de sumiso es lo peor que puede haber.

—No deberías hablar de esa manera— le contestó Shinji, un tanto herido en su orgullo por ese comentario. Quizás ella no estaba tan interesada en él, después de todo. No, si siempre lo trataba de esa manera.

Siguió bebiendo su té negro, soplando el caliente contenido para sorberlo sin quemarse, repasando mentalmente las palabras de la chiquilla y lo que le hubiera gustado responderle. ¿Pero qué era lo que quería que hiciera? ¿Ponerse también a discutir con Misato? Era pérdida de tiempo y de energía, Misato siempre se las ingeniaba para ganar. Además, él no era tan extrovertido como ella, ni le gustaba alegar. A final de cuentas, parecía que Asuka no era su tipo de chica. Era bastante agresiva.

La joven rubia no encontraba el modo de convencer a su superior que aquella era una decisión errónea, y la cosa no se facilitaba si no tenía apoyo de alguno de sus compañeros pilotos, para ejercer mayor presión. Volvió la vista a la sala, en donde estaba sentado en el piso Rivera, observando detenidamente un programa de televisión. ¿Porqué no? A lo mejor podía funcionar, nada perdía con intentarlo. Aparte, creía que ya le estaba tomando la medida al muchacho, era cuestión de llegarle por su lado flaco. Sabía que no podía resistirse a su espectacular cuerpo. Si se lo propusiera, bien podría tenerlo comiendo de la palma de su mano.

—Kai, por favor, tienes que hacer algo— se dirigió a él Langley, cómo último bastión que le quedaba frente a Katsuragi, hablándole melosamente y enredando su dedo índice en el cabello castaño del muchacho —Esta mujer está poniendo en riesgo nuestras vacaciones en Okinawa... y yo que pensaba ponerme un ajustado traje de baño sólo para ti...

—Pues mi idea de vacaciones no es precisamente estar rodeado de mocosos de secundaria todo el tiempo, aunque sea en la playa— repuso fríamente el muchacho, aunque después de tragar saliva sintiendo la cercanía de la jovencita, recargada en su espalda y con su aliento en la nuca. Era tan cálida, y podía sentir los latidos de su corazón. Tun, tun. Tun, tun. Y eso que estaba haciendo con su cabello, era tan relajante. Toda la tensión se iba desvaneciendo. Pero entonces miró de reojo el semblante de Shinji, quien desde la mesa lo aguzaba con la mirada, recriminándole. Qué contrariedad, se sentía tan bien con la chiquilla mimándolo que con mucho gusto lo hubiera ignorado por completo, pero apenas había hecho las paces con él. Ya no quería más problemas —¡Además, no deberías tomarte tantas confianzas, hipócrita!— le dijo, reaccionando de inmediato, poniéndose de pie y apartándola bruscamente —Ahorita sí, muy cariñosa, ¿verdad? Y luego vas a terminar golpeándome sin motivo. Ya te conozco, no creas que caigo tan fácilmente en tus engaños...

—¡Ni hablar!— repuso la alemana, dándole la espalda muy indignada, después de haberse repuesto de la impresión. Todavía no tenía al chico en la bolsa, como pensaba en un principio —¡Ustedes dos son simplemente casos perdidos! Una que quiere ser amable, y mira cómo la tratan.

—Asuka, querida, sé cuanto querías ir a esa excursión, pero comprende que no nos queda otra alternativa— insistió Misato desde su asiento, terminando el contenido de su lata y arrojándola al bote de la basura. Había examinado profundamente la forma en la que la muchacha quería manipular a su protegido, y sabía a la perfección que estaba jugando con fuego. Tal vez no había sido tan buena idea alojarla en su hogar —Un ángel bien podría atacarnos mientras tú estás fuera, de paseo. Nuestro poder ofensivo se vería considerablemente disminuido.

Ignorando la reyerta entre los seres humanos, Pen-Pen pasa de lado, saliendo del baño con una toalla en su espalda y sin ningún miramiento se dirige al refrigerador que tenía para él solo, abriéndose una pequeña puerta en éste para permitirle el ingreso al interior. No le daba la menor importancia al escándalo que todos ellos hacían, siempre y cuando hubiera comida en su plato. Lo demás no importaba. Aunque eso sí, iba algo molesto por que no lo dejaran disfrutar apaciblemente su baño. El no dirigirles siquiera un gesto de atención era su forma de castigarlos.

—¡Esperar, esperar, esperar, esperar!— repitió hastiada la jovencita, meneando la cabellera mientras daba un pisotón —¡Siempre tenemos que esperar! ¡Esperar a un enemigo que nunca sabemos cuando atacará! ¿No podríamos, por lo menos una sola vez, dar el primer golpe nosotros?

"Ahora sí que perdió el juicio" pensó Kai, tratando de volver a centrar toda su atención en la televisión, en el programa de concursos que tenía sintonizado.

—Si pudiéramos, lo haríamos, tenlo por seguro— suspiró abatida Katsuragi, cansada de tanto lidiar con ella —Aún así, deberían pensar en esto no como una tragedia, sino como una oportunidad— y diciendo esto sustrajo de su bolsa tres discos de computadora, enseñándoselos a los niños, sosteniéndolos en lo alto —Así que mientras los demás están en la playa divirtiéndose, ustedes pueden aventajar en sus estudios. ¿Ó pensaban que no me enteraría de sus horrendas calificaciones?

—Oh, no— masculló Ikari, palpando con la mano el interior de su bolsillo, en donde permanecía su boleta.

Por su parte, Langley y Rivera se limitaron a hacer una mueca de disgusto en su lugar a la sola mención de la palabra "calificación".

—Por si no lo sabían, periódicamente recibo un reporte de su desempeño en la escuela en mi computadora. Fácilmente puedo acceder a los resultados de sus últimos exámenes, y déjenme decirles que los tres me tienen muuuy decepcionada. ¡Shinji, bajaste diez puntos con respecto a tu promedio anterior! ¿Y podrías decirme, Kai, que esa "no acreditación" en conducta? Y Asuka, no puedo creer que alguien de tu nivel académico saque un 80.

—¿Y qué tiene que ver una simple calificación?— objetó la chiquilla, encogiéndose de hombros, molesta por que ponían en duda su capacidad.

—¡Muy cierto!— la apoyó Rivera desde su lugar, levantando un brazo en señal de solidaridad. Hasta que por fin alguien entendía que una mera calificación no lo era todo en la vida. Por fin alguien lo entendía.

—Lo que yo creo es que su sistema educativo es arcaico y obsoleto— continuó Asuka, criticando a las escuelas japonesas —Me parece que sofocan el potencial de sus estudiantes.

"O quizás no" se dijo a sí mismo el muchacho, al percatarse que lo único que estaba buscando su compañera era una excusa para justificar su fracaso, no tanto que hiciera comunión con sus ideas acerca del desempeño escolar.

—Si a Roma fueres, haz lo que vieres— parafraseó Katsuragi, dejando a la chiquilla europea sin ninguna defensa —Por lo menos trata de acoplarte al sistema.

Desprovista de argumentos convincentes, lo único que le quedó por hacer a la jovencita fue realizar uno de sus berrinches, dándole de puntapiés al piso para después darse la media vuelta sumamente indignada, derrotada y retirarse a su cuarto, sin dirigirle ya la palabra a nadie, murmurando frases confusas entre dientes. Pero nunca admitiendo haber perdido la discusión. Era una pena, ya no podría cumplir la promesa que le había hecho a Kaji.

Así que las maletas fueron deshechas, y vueltas a guardar, esperando una mejor oportunidad para ser utilizadas. Temprano, a eso de las ocho de la mañana siguiente, los tres pilotos partieron hacia el aeropuerto, sólo para despedirse de sus amigos más afortunados que sí harían el viaje, mientras que ellos se quedarían a proteger de la ciudad. En realidad, sólo Asuka estaba molesta por aquel hecho, que a sus otros dos compañeros les era indiferente. ¡Imbéciles! ¡No saben nada de mundo!

Y quien sabe por qué razón se les había pegado cuando los veía salir del departamento a tan temprana hora. Quizás fue también a despedirse de su gran amiga Hikari, o quizás sólo fue a amargarse más la existencia mirando con ojos de envidia a quienes sí se divertirían de lo máximo en la playa, o bien sólo por no quedarse sola con ese extraño pingüino (a quien miraba con cierto desconcierto) en el apartamento, pues Misato tenía que estar en el Geofrente en pocas horas.

Ya casi era el mediodía cuando los chiquillos fueron llamados a la sala de espera, listos para abordar el avión que los llevaría hasta la paradisíaca Okinawa. No con mucho pesar se despidieron de sus camaradas, cargando ansiosamente sus maletas y sus juguetes acuáticos, como tablas de surf o camas inflables.

—¡Hasta luego, Asuka!— Hikari fue la primera en despedirse, cargando menos equipaje que sus otros dos condiscípulos por lo que podía moverse con más soltura y comodidad, usando un sombrero de paja con un brillante moño rojo, perdiéndose detrás de la puerta en donde una empleada revisaba los boletos de los pasajeros del avión —¡No te preocupes, que te compraré un recuerdo de lo más lindo!

Langley la despidió agitando la mano, en un gesto por lo demás hosco. Ese último comentario había sido de lo más sincero posible, pero a la orgullosa chiquilla tan sólo le pareció una impertinencia, lo que era más, una ofensa por parte de su amiga japonesa.

—Sayonara, colegas— dijo a su vez Kensuke, cargando dificultosamente sus maletas al mismo tiempo que se acomodaba sus gafas, con una sonrisa de oreja a oreja, sumamente emocionado pues era la primera vez que iba al mar. Al fin conocería el océano —Lo siento por ustedes, pobres diablos...

—No se preocupen— pronunció Toji levantando del piso su valija deportiva y otra pequeña maleta en la que llevaba sandalias y otras chácharas para la arena, acomodándose hacia atrás su gorra de la suerte —Que nosotros nos divertiremos por ustedes, zoquetes... ¡jajaja!

—¿De veras quieres un consejo para conseguir chicas, Toji?— masculló Rivera mientras lo despedía con un apretón de manos —No dejes que te vean usando ese salvavidas que llevas con cabeza de pato en el mar, por lo que más quieras...

Al poco rato, a eso de la una ya de la tarde, los tres pilotos Eva observaban impasibles desde el mirador junto con los familiares de sus demás compañeros de clases al avión que despegaba por la pista 3 rumbo a la hermosa playa de Okinawa, el centro vacacional más concurrido de todo Japón.

—Es una lástima que sus padres no los hayan dejado ir, cariño— le decía a la europea una despistada señora por encima del hombro, cuando la nave se perdía en las nubes, convirtiéndose en un pequeño punto en el horizonte —Se iban a divertir tanto por allá... que pena, en verdad, que se lo vayan a perder...

—Y qué lo diga— suspiró la jovencita mirándola desdeñosamente por el rabillo del ojo, encogiéndose de hombros para luego cruzarse de brazos cuando volvía a mirar fijamente ese iluminado y despejado cielo azul.

Con su itinerario tan recortado, les fue imposible el quedarse a almorzar en el restaurante del aeropuerto como a Kai le hubiera gustado, en su lugar llevaron comida rápida de uno de esos famosísimos establecimientos de franquicias, para el camino. El no tener un carro propio con el cual desplazarse era un impedimento, viéndose obligados a depender del transporte público.

Sin embargo, en el Cuartel General no se preocupaban al respecto, ocupados en sus labores cada quién. Ó algo por el estilo, ya que era la hora del descanso, además también de que había sido una semana muy floja en cuanto a actividad se refería. Todas las pruebas habidas y por haber estaban hechas ya, esperando sólo a que el comité diera el visto bueno al nuevo rumbo que empezaría a tomar la investigación a partir de entonces. Los pilotos habían concluido ya con su entrenamiento habitual, por lo que los Evas estaban guardados y el equipo desconectado, funcionando sólo los sistemas de monitoreo. Era, pues, una oportunidad como ninguna otra para bajar los brazos y relajarse como pocas veces se podía dar el lujo todo aquel que trabajaba en esas instalaciones.

Por lo tanto, Hyuga aprovechaba el tiempo libre para leer completo uno de esos mangas tan pesados del tamaño de una guía telefónica, de los que abundaban en las salas de espera, recostado sobre su silla y con los pies apoyados en su consola. Mucho tiempo había transcurrido desde la última vez que lo había hecho, y ya hasta le había perdido el hilo a muchas historias que tiempo antes seguía con avidez. Pero había muchas otras, también, que no conocía, y que le resultaron de lo más divertidas. ¡Qué imaginación de los artistas! Más de una le sacó de buena gana una risa entre cortada, apagada por él mismo pues no quería hacer gran escándalo en el cuarto de controles, hubiera sido una falta de respeto. Se limitaba a tambalearse en su asiento, mientras se tapaba la boca y se estremecía de la risa.

A un lado suyo Shigeru, inmerso por completo en un éxtasis musical, escuchaba uno de sus discos predilectos, que apenas ayer el miserable de Kai se lo había devuelto y con algunos rayones, por cierto; ignoraba, claro está, que el daño había sido producido por Asuka y no por su compañero melómano, que cuidaba sus discos como a su vida propia. Meneaba la cabeza de un lado a otro, agitando de un modo curioso su larga cabellera que en ocasiones llegaba a cubrirle todo el rostro y entonces tenía que dejar de tocar su guitarra imaginaria para acomodárselo a ambos lados de la cara, para luego continuar moviendo por el aire sus dedos, deslizándolos sobre unas cuerdas invisibles. Ojalá que el turno pronto acabara, así podría irse pronto a casa si es que algo más no pasaba, y podría alistarse para recoger temprano a Allison, su novia, e ir a una de esas discos en Tokio 2 que tanto le gustaban. A lo mejor hasta podrían culminar la velada con una ardiente noche de pasión.

—Manden lo antes posible los datos provenientes del Monte Asamayama de Baltazar a Melchor— les indicó otro técnico en su apresurado andar, transmitiendo las órdenes que le eran encomendadas desde los mandos.

La tímida Maya, por su parte, se concentraba lo más que podía en la lectura de uno de esos libros escritos por el autor de moda, del que tanto se cacareaba, sin jamás encontrarle un sentido coherente a la lectura. Fácilmente distraída de su labor, miraba por encima del libro a sus dos compañeros en sus puestos, sin evitar que le producieran un tremendo escalofrío. A pesar de que llevaban trabajando juntos poco más de tres años, a la tierna joven no dejaban de parecerle extraños sus compañeros del trabajo. Igual y sabía apreciarlos por sus cualidades, ya que el tiempo se había encargado de crearle una especie de cariño por los dos, aún cuando le seguían pareciendo desconcertantes sus hábitos y costumbres. Aunque muy en el fondo, los envidiaba por la facilidad que tenían para divertirse. Sabían expresar muy bien sus emociones, y en cambio, ella solamente espantaba a la gente con su forma de ser tan insegura para con las relaciones. Cómo a ese muchacho que se le había acercado antes, Takashi, el amigo de Kai. No le interesaba en la cuestión amorosa, por supuesto, pero era un sujeto tan agradable y simpático, y sus charlas eran tan amenas. Era lo que él no había podido entender: ¿Es que porqué arruinarlo todo cuando podían ser tan buenos amigos? Ahora ya no se asomaba tanto por esos rumbos como antaño.

También Misato y la Doctora Akagi se entregaban al ocio, al extremo de la sala, recargadas en un barandal tras el cual se encontraba la planta baja, tomándose como solían hacerlo una taza de café caliente. Les parecía que, como casi siempre sucedía, aquello no iba a poder durar bastante tiempo antes de que algo se atravesara.

—¿Un viaje escolar?— exclamó atónita la científica rubia, dándole un sorbo a su bebida caliente cuando su amiga la capitana le comentaba de la inconformidad de Asuka por la medida implementada —Los niños suelen descontrolarse mucho en esos mentados viajes... no creo que sea lo más conveniente, mucho menos en estos tiempos.

—Sí, pero eso se debe a que en ocasiones como esa lo que más quieren es jugar y divertirse todo lo que puedan— arguyó Katsuragi, recordando con cierto toque de nostalgia lo que se sentía ser un adolescente —Mientras aún tienen tiempo...

—Tonterías.

—Puede ser, pero es la verdad. ¡Dios, ojalá que el turno pronto acabe! Muero de aburrimiento.

Otro que no soportaba el tedio era Shinji Ikari, sentado en esa improvisada mesa estudiando sus apuntes escolares en la computadora. Misato tenía razón, era una excelente oportunidad para recuperarse en sus estudios, aún cuando eso le llevara todas las vacaciones. No podía darse el lujo de pasársela haraganeando, como alguien a quien conocía. Debía ponerse al corriente a como diera lugar.

Además, estaba muy a gusto en donde se encontraba. A lado de la alberca recreativa que estaba en las instalaciones del cuartel, lo único que se escuchaba era el chapoteo de Ayanami cuando se arrojaba al agua con tanta elegancia, o el ruido que hacían sus brazos y piernas cuando remolcaban el agua debajo de ellos para trasladarse por entre el líquido. Aunque eso sí, era muy difícil concentrarse en el estudio con ella por allí, en ese ajustado traje de baño de una sola pieza. Le hubiera gustado estar como Rivera, sentado en la orilla de la piscina, con los pies sumergidos en el agua, observando el grácil nado de Rei. Pero el deber estaba antes que el placer, eso le quedaba muy claro. Tenía una responsabilidad qué cumplir. Volvió a despejar su cabeza, sumergiéndose otra vez en fórmulas y en números, en vectores y en cantidades escalares. Fijó atentamente la vista en el monitor de su máquina, repasando mentalmente, haciendo hasta lo imposible por olvidarse de la imagen de Ayanami en ese traje de baño:

—¿Qué se supone que estás haciendo?— lo interrumpió la voz de Langley a sus espaldas, mientras apoyaba un brazo en su hombro.

—Estudiando Física— pronunció el joven, un tanto molesto por la distracción que representaba la muchacha, además de que aún continuaba algo molesto por los sucesos que habían transcurrido el día anterior.

De momento, no quería hablar con la chiquilla.

—¡Vaya, pero qué tipo tan responsable eres!— continuó la joven europea, ignorando sus deseos, o más bien sin importarle éstos en lo más mínimo —¡Estudiando en vacaciones! ¡Eres un ejemplo a seguir! En cambio otros...— dijo en tono desdeñoso, volteando hacia donde estaba Kai.

—Conmigo ni te metas— le advirtió, y al igual que su compañero con el monitor de su computadora personal, él tampoco le quitaba la mirada de encima a la muchacha que se entretenía en la alberca. El movimiento de sus ojos la acompañaba cuando cruzaba por toda la piscina.

—Ustedes no entienden, tengo que hacerlo por que de lo contrario...— respondió Shinji hastiado, mirando a su compañera por encima del hombro, sin poder completar lo que iba a decir, al observar detenidamente a Asuka, quedándose como embobado, sin acertar a decir un vocablo —Ah... yo... eh...

—Oh, vamos, Shinji— pronunció la joven, poniéndose ambas manos en la cintura para que el muchacho pudiera apreciarla mejor en su bikini nuevo, el que había comprado junto con Kaji, al notar su comportamiento distraído —Si no puedo bucear en Okinawa, entonces voy a bucear aquí, faltaba más.

—Ya veo— masculló el chiquillo japonés, olvidándose de la física para en su lugar estudiar con más atención el físico de la alemana, cosa que se le facilitaba mucho gracias a las recortadas y atrevidas prendas que llevaba puestas.

Y vaya que sí se podía ver. Aquellos trapos cortos que llevaba embarrados en el torso y en la entrepierna permitían que pudieran verla muy bien. Se podía apreciar muy bien su cuello largo y delicado, sus hombros y brazos fuertes, al igual que sus senos, apretados y firmes, su abdomen tan bien construido y ese cándido ombligo que lo adornaba, sus torneadas caderas y sus finos muslos, aquellas piernas tan largas.

Al mirarla, con esa expresión de suma satisfacción a través de las gafas oscuras que llevaba puestas, uno bien podía pensar que disfrutaba al hacer salivar a todos los que la rodeaban, que se regodeaba en aquella sensación de tenerlos expectantes a su cuerpo, y con ello, bajo su absoluto control, aunque lo fingiera muy bien.

—Muy bien, déjame ver que es lo que estás tratando de hacer— le dijo en un tono suave, seductor, casi hipnótico, cuando se volvía a recargar en su hombro y se asomaba a la pantalla de la máquina, a sabiendas de la sensación que le provocaría tenerla tan cerca, vestida de esa manera —¿No puedes responder algo así de sencillo? Hasta pena me das... mira, tú permíteme...

Se recargó aún más contra él para poder teclear algo en la computadora, resolviéndole el problema en el que se había quedado estancado. Pero él ya no le prestaba atención al monitor, sino al pecho de la chica que había quedado muy cerca de él, devorándolo afanosamente viéndolo de reojo, casi rozándole la mejilla. Era uno de los momentos más excitantes de su vida, pocas veces había tenido tan cerca el cuerpo de una muchacha como ahora, y se sentía tan bien. Ese calor que irradiaba, que era tan sensual, lo volvía loco de deseo. Ahora podía comprender un poco mejor a Kai, y porqué había intentado hacer lo que quiso hacer en esa madrugada. Él hubiera hecho lo mismo, ahora lo sabía.

—Listo— de nuevo lo interrumpía Asuka, y cuando Shinji la miró desconcertado sin saber de lo que estaba hablando, le volteó la cara hacia la máquina, sujetándolo delicadamente por la barbilla —Ya terminé, chico listo.

—Ah... vaya... fue muy... rápido— musitó el chiquillo, abochornado.

—Fue sencillo, no fue nada del otro mundo— confesó mientras le pasaba el brazo por el cuello y apoyaba su cabeza contra la suya, sonriendo maliciosamente al sentir cómo se estremecía su presa en sus garras.

—No entiendo...— apenas si podía levantar la voz Ikari, con el corazón latiéndole a mil por hora dentro de su pecho, que casi, casi parecía escapársele —No entiendo cómo es que si puedes resolver algo tan... complicado... te haya ido tan mal... en el examen...

—Lo que pasa— lo soltó, asumiendo una postura casi de reclamo, rompiendo el encanto al hacerlo —Es que muchas veces no podía entender lo que estaba escrito en la prueba.

—¿Quieres decir que no podías leer las preguntas por que estaban en japonés?

—Correcto. Todavía no he dominado a la perfección los kanji. En la universidad no tuve que aprenderlos todos.

—¿La universidad? ¡Ah, ahora recuerdo que ya la cursaste!

—Así es, me gradué hace tres años. ¿No les había platicado de eso?

—No desde los últimos cinco minutos— señaló Kai sin dejar de ver a Rei recorrer a nado la alberca —Y por lo visto, no te sirvió de gran cosa.

Sin siquiera dirigirle la palabra, la joven europea se dirigió con paso firme hasta donde se encontraba el muchacho sentado, para ponerle la planta del desnudo pie sobre la cabeza y empujarlo con la sola fuerza de su bien formada pierna hacia el interior de la piscina, a donde fue a caer abruptamente de cara, salpicando una gran cantidad de agua con su caída.

—¡Oye, ten cuidado!— le reclamó Rivera, flotando en la superficie del agua, luego de escupir un buche de agua —¡Pudiste hacerme daño, bruja!

—¿En qué estábamos?— pronunció Langley a lado de Shinji, ignorando por completo los reclamos del chiquillo, que estaba saliendo muy indignado del agua, regresando a su lugar original —¡Ah, ahora recuerdo! Me ibas a decir que está escrito aquí...— le dijo, apuntando con el dedo unas inscripciones en la pantalla de la computadora.

—¿Eso?— respondió el joven japonés, sin poder dejar de estar nervioso por el intimidante porte de la alemana —Se trata de un problema de dilatación térmica.

—¿Dilatación térmica? ¡Cosa de niños!— exclamó Asuka, no creyendo lo fácil de aquellas preguntas, ni que hubiera dejado sin contestar esa clase de problemas en el examen —Es algo muy sencillo, te explicaré: básicamente las cosas se contraen cuando están frías— aquí haciendo un ademán con las manos para explicar tal acción, al juntarlas —Y se dilatan cuando se calientan, ¿entiendes?— para después alejar ambas manos, ante la atenta mirada de Ikari, quien creía que lo estaban subestimando.

—Si yo ya sé todo eso, pero...

—Entonces, por poner un ejemplo— continuó la joven rubia sin prestarle atención, poniéndose las manos en el pecho —En mi caso, si calentamos mi busto, ¿crees que se haga aún más grande?

—¡No tengo la menor idea!— contestó muy molesto Shinji, dándole la espalda en su asiento, sumamente apenado —¡A mí no me preguntes esa clase de cosas, no me la paso pensando en pechos!

—Eres muy aburrido para mí...— masculló la muchachita, mirándolo con los ojos entornados, muy decepcionada.

—Yo creo que podríamos hacer el intento— añadió Kai sentado otra vez donde mismo, secándose su mojada camisa al exprimirla —Me gustaría mucho demostrar tu teoría, si me lo permites...— manifestó con cara de malicia, observando detenidamente a la extranjera de pies a cabeza.

—Tú cállate, que sigo enojada contigo por lo de anoche, cretino— murmuró entre dientes la chiquilla con sumo desprecio, empujándolo de nuevo al interior de la piscina repitiendo la misma maniobra, volviendo a salpicar el muchacho al caer de panzazo al agua.

Ikari ya no puso atención cuando Kai cayó de nuevo al agua, al escuchar que al mismo tiempo Ayanami salía de ella, desde el lado opuesto de la alberca. Ajustando la tela de su traje de baño que lujuriosamente se le había deslizado un poco entre la línea de sus regios glúteos, Rei cogió una toalla blanca de la mesa dispuesta a su lado para secarse con delicadeza su extravagante y corto cabello azul claro, aprovechando también para hacerlo con sus brazos y piernas descubiertas enseñando su piel tan pálida.

Los dos muchachos la miraban fijamente, embobados a cada movimiento suyo, atentos a cualquier gesto que hiciera. Parecía a primera vista que ni siquiera respiraban, hechizados por un extraño influjo de la adorable jovencita. Shinji mirando de reojo desde su asiento, Kai de frente a ella, flotando en la superficie del agua.

Al percatarse de la vigilancia de la que era objeto, instintivamente Rei voltea hacia donde estaban, observando a sus espectadores con la cabeza cubierta por la toalla, con los brazos en alto. Sin embargo, se distinguían con gran claridad esos dos ojos carmesíes clavados en su dirección, aunque fuera difícil decir a quien estaba viendo.

Como siempre, sus labios carnosos y sensuales estaban entreabiertos, dando la impresión de que palabras inaudibles iban a escapar de un momento a otro de su garganta. Cómo su compañera piloto, ella también conocía de antemano el efecto que causaba en los dos muchachos, a quienes en esos momentos los tenía presos de su encanto, pero a diferencia de ella, no sabía o más bien no quería usar eso a su favor. De todas maneras, el conocimiento de tenerlos tan atentos a su persona le provocaba una extraña sensación que le cosquilleaba en el cuello, mismo que rodeó con la toalla húmeda, una vez que terminó de secarse, caminando ligeramente mientras se dirigía a los vestidores, más para que pudieran seguir mirándola que por otra cosa, pero siempre en su habitual silencio. Silencio que decía más de mil palabras, silencio del tipo que otorga, silencio cubierto de un velo de misterio, como era todo lo que la rodeaba. Silencio y misterio permanentemente la envolvían. Sus sentimientos les eran negados, por más que miraran y buscaran en esos profundos ojos cuyas pupilas rojas parecieran alumbrar hasta en la más oscura noche.

Los dos la seguían con la mirada, cuando pasó a un lado de donde se encontraban para dar lugar a que le vieran las espaldas en lugar del frente, sin que ella les dirigiera un solo gesto, apartada como siempre.

Y Asuka observaba todo, Asuka se daba cuenta de todo, al otro extremo de la alberca en donde podía ver con toda claridad a los tres, y se percataba perfectamente de la situación; cuando veía a aquel par con esa expresión tan idiota de corderitos, aguardando pacientemente el más insignificante gesto, la más discreta mirada, mientras le devoraban toda su preciosa humanidad con los ojos, mientras que deseaban cada ápice de sus suaves, contorneadas formas, mientras que ella los apartaba frígidamente al pasar junto a ellos, delicadamente como todo lo que ella hacía, con suma delicadeza y detenimiento, mientras que los chiquillos seguían babeando y ensuciando el piso. La estaban admirando a ella. A Rei, la bella silenciosa, como le apodaban en la escuela. A Rei, la consentida del comandante. A Rei, la Primer Elegida. A Rei, la chica maravilla. A Rei, el misterio andante. A Rei, su más acérrimo rival. A Rei, que era la antítesis de todo lo que era ella. A Rei, su reflejo en un espejo distorsionado. Por Rei estaban suspirando, y no por ella. Rei le había arrebatado la atención de los muchachos. Rei le había quitado el control sobre los muchachos. Rei quería comerle el mandado. Rei quería sacarla de la jugada. Rei quería el poder que por derecho propio le pertenecía. Rei quería opacarla. Como fuerzas opuestas, las dos estaban destinadas a chocar siempre la una con la otra, y sabría Dios que resultaría de la fuerza de esos encuentros. La frustración se fue apoderando más y más de ella, mientras que sus dientes rechinaban al tiempo que se ajustaba su equipo de buceo, dispuesta cumplir el antojo que tenía de zambullirse en el fondo de la alberca. A pesar de sus escandalosas prendas, de su moderno bikini comprado en la mejor tienda de ropa de Tokio 2, a Ayanami sólo le había bastado su simple traje de baño azul marino de una sola pieza que la tapaba del cuello a las caderas para apoderarse por completo de los anhelos de los dos. La muchacha poseía algo desconocido aún para ella, una cualidad de naturaleza mística que siempre estaba a su alrededor, que provocaba que todos se fijaran en ella. Aún cuando nunca hablara, su presencia imponía. Y ella la odiaba, ella la odiaba tanto por que siempre buscaba la forma de humillarla, por que siempre estaba buscando la manera de desplazarla, por que era todo lo que nunca podría ser: discreta, callada, seria, melancólica, recatada, sumisa, misteriosa. Nunca llegaría a ser como ella, y viceversa, y era por su propia naturaleza opuesta, altanera y belicosa, la que siempre las ponía en lados opuestos de la balanza. ¿Quería empezar a jugar rudo? Por ella no había problema. ¿Creía que podría arrebatarle a sus chicos tan fácilmente como tan sólo pasar a su lado? Ya vería que no era tan sencillo, tendría que esforzarse más si quería ganarle la carrera.

—¡Ey, ustedes dos!— gritó a los niños desde su lugar, rompiendo el hechizo de aquella bruja, colocándose el pequeño y ligero tanque de oxígeno en la espalda, y ajustándose el visor y demás aparejos —¡Miren esto! ¡Me sumergiré como los profesionales, pongan mucha atención!— para después echarse de espaldas y zambullirse con extrema gracia en el agua, ante la mirada atenta de sus compañeros.

—¿Soy yo ó ella sólo quería llamar la atención?— murmuró Rivera, sentado, al mismo tiempo que Ikari volvía a sus deberes no sin antes cerciorarse por última vez que Rei había traspasado el umbral de los vestidores, perdiéndose de vista.

Pues bien, era lo que pasaba entre los jóvenes pilotos Eva, recelosos unos de otros por diversas razones y circunstancias, conflictos que salían a la luz aún en una actividad tan inocente como descansar en la piscina. Eso era en el centro recreativo, pero también en la Sala de Controles comenzaba a suscitarse cierta conmoción, alejando de súbito la tranquilidad que se había adueñado del lugar. En una escena que ya era común ver en ese recinto, técnicos y operadores corrían presurosos de aquí para allá, mientras las órdenes se transmitían de los mandos de mayor a menor rango, en una larga cadena que terminaba en el eslabón más pequeño.

Distantes de todo ese barullo, una junta se seguridad se llevaba a cabo en el salón de estrategias, en donde un enorme monitor en el piso permitía apreciar la grandeza de la situación al Subcomandante Fuyutski, con los brazos cruzados sobre su adolorida espalda, a la Jefa del Departamento Técnico, la Doctora Akagi, y a los operadores Shigeru Aoba y Maya Ibuki, ambos subordinados suyos, respectivamente.

—Esto no nos da una imagen muy clara que digamos— apreció Kozoh aclarándose la cansada garganta, mirando detenidamente la imagen que les llegaba desde el helicóptero, sobrevolando la cúpula del Monte Asamayama, un caldero de magma hirviente emanando vapores tóxicos, una pequeña sucursal humeante del infierno en la Tierra.

—Aún así, se le debe dar cierta importancia a este punto específico— indicó Aoba apreciando los datos en una carpeta abierta que sostenía en su mano —El reporte de esta anormalidad fue proporcionado por el Instituto Sismográfico de Asamayama.

—En efecto, estás en lo correcto— asintió el hombre enjuto, moviendo la cabeza coronada de cabellos color plata —No podemos ignorar esta alteración.

—¿Qué dice MAGI al respecto?— le preguntó Akagi a su asistente frente a ella, separadas por el largo monitor.

—Da una probabilidad del 50%— aseguró Ibuki sin consultar ningún tipo de documento y sin despegar la vista del suelo, siendo su cara iluminada por la luz de la pantalla —No da nada por hecho.

—¿Ya hay alguien en el área?— interrogó a su vez Fuyutski estirando su largo cuello.

—La Capitana Katsuragi ya se encuentra en el lugar, señor— respondió atento Shigeru a cualquier indicación posterior, que nunca llegó.

El Monte Asamayama, un volcán del Japón de unos 2 542 metros de altura, situado en la isla de Honshu a más de 100 kilómetros de distancia al Noroeste de la antigua ciudad de Tokio, era uno de los más activos del archipiélago, su erupción más reciente y la más catastrófica había sucedido precisamente quince años atrás, durante el Segundo Impacto, que según el criterio para la estimación del Índice de Explosividad Volcánica (VEI) había alcanzado la categoría 5 llegando a la cualidad de un cataclismo, una erupción Pliniana arrojando a la estratosfera una columna de humo de más de 25 kilómetros de altura que había arrasado con todo a su alrededor.

A partir de entonces, el volcán se había apagado y conservado inactivo hasta ahora que volvía a registrar actividad sísmica, evento que por prevención debería ser estudiado y analizado, anticipándose a cualquier catástrofe que pudiera presentarse.

Claro que los motivos para los que NERV tuviera que involucrarse en una misión de ese tipo nada tenía que ver con los desastres naturales, lo que ponía aún más nerviosa a la gente que se encontraba prácticamente presa en el Instituto Sismográfico.

Misato lo sabía a la perfección, concentrada como siempre en su tarea de supervisión, sin darse el lujo de admirar el desolado paisaje del exterior o de siquiera mirar por las pantallas el imponente coloso de fuego despidiendo un breve vaho de humo blanco de su cono, que se parecía bastante a una mota de algodón sobre un barquillo, sólo que de cabeza.

Había sido una lástima que ese altercado se presentara apenas a unas horas de que su turno se acabara, pero el trabajo era el trabajo, más todavía cuando de éste dependía el destino de la raza humana entera.

Observaba detenidamente las imágenes que les llegaban desde la cámara de monitoreo que por medio de una grúa y equipada de una fuerte protección, bajaban más y más a través de las corrientes de la roca fundida, sin poder distinguir nada con claridad. Y para poder actuar, ellos tenían que estar al cien por ciento seguros. No podían dejarle nada al azar. El aparato seguía bajando más y más hasta que de repente se detuvo, sin obtener todavía un resultado satisfactorio.

—El equipo ha llegado a su límite de profundidad— informó un investigador vulcanólogo a Katsuragi, desde su puesto —No podemos bajarlo más o lo perderíamos.

—Continúen— ordenó lacónicamente la mujer con rango militar a los técnicos que operaban la cámara, ignorando por completo al investigador y a su advertencia —Bájenlo otros 500.

Los empleados se miraron los unos a los otros, no muy convencidos al respecto, pero a final de cuentas hicieron caso de la instrucción, bajando la cámara de monitoreo a la extensión solicitada. La máquina continuó y continuó bajando, y obviamente tenía que sufrir los estragos de la presión y temperatura de esas profundidades insólitas, resquebrajándose paulatinamente su recia protección.

—Profundidad 1200 y sin ninguna señal. La armadura anti-presión se ha roto.

—Capitana Katsuragi, debo insistir— repuso el mismo investigador, encastillado en proteger su equipo tecnológico —La cámara no podrá soportar las presiones a las que la quiere someter.

—Pierda cuidado— arguyó la mujer, un tanto molesta por la necedad de aquel sujeto, queriéndoselo quitar de encima —Que pagaremos por todo lo que rompamos, no se preocupe.

—¡Capto algo en el monitor!— avisó emocionado Makoto desde su provisional puesto, que como segundo de Katsuragi la había acompañado hasta las faldas del volcán al instituto. Por él no había queja alguna, eso era seguro.

—¡Comienza con el análisis!— indicó de inmediato la capitana, previendo el poco tiempo que les restaba para hacerlo.

—De acuerdo— asintió Hyuga a la vez que tecleaba una serie de comandos para que la computadora empezara con el análisis de la muestra, parpadeando el monitor de ésta por algunos instantes mientras ejecutaba dicha acción.

En ese momento, de súbito se perdió la señal que provenía de la cámara de investigación en el interior del volcán, para luego dejar que la estática, gris y ruidosa, tomara su lugar; para que así se cumpliera la profecía que el jefe de investigaciones le había advertido a Katsuragi al respecto de la presión y la protección de dicho equipo.

—Hemos perdido la sonda— reportó otro miembro más del personal de planta del estudio, al ver los datos que llegaban a su consola, mientras el anterior sujeto le dirigía una mirada asesina a Misato —Al parecer, no resistió la tremenda presión magmática y explotó.

—¿Qué pasó con el análisis?— preguntó la capitana, ignorando aquellos reclamos indirectos, apoyándose en el hombro de su subordinado para ver la pantalla, aprovechando también para acercar su rostro al suyo, logrando ponerlo algo nervioso.

—Casi nada— Hyuga se dio el lujo de bromear cuando el rubor cubría sus mejillas —Detectó un Código Azul.

—No hay duda— pronunció de manera lúgubre la mujer, al observar el contenido del monitor, frunciendo el ceño —Es un ángel.

Lo que mostraba la pantalla bien podría confundirse con el resultado de un ecosonograma para una mujer embarazada. Una especie de feto, en su posición característica con la barbilla en el pecho y las piernas recogidas, dentro de lo que parecía ser un enorme huevo que incubaba en el interior de un volcán activo. También había algo de aterrador en la imagen, al contemplar la materia prima con la que se hace a un monstruo, que no era muy diferente en un principio a la de las criaturas terrestres, inclusive la nuestra. Por fin aquella pregunta de ¿dónde nacen los monstruos? obtenía una respuesta: en los volcanes, en el ardiente flujo magmático. Por lo menos éste sí.

Misato no perdió más tiempo y actuó sin contemplaciones, conociendo la gravedad de la situación y de lo mucho que estaba en juego. Aquella oportunidad era única en la vida, podía reconocerla, y no la dejaría escapar por ningún motivo. Se tenía que intervenir cuanto antes.

—A partir de este momento este laboratorio está completamente cerrado y bajo la supervisión de NERV— se dirigió a todos los que estaban en la sala, con esa voz de mando que imperaba ser atendida al momento, esa voz de trueno que poseía la mujer —Nadie entra ni sale de este cuarto, ni se comunica de ninguna manera al exterior y los eventos de las últimas seis horas serán mantenidos en absoluto secreto.

Los investigadores geológicos que se encontraban en esos momentos dentro de aquél laboratorio se miraron entre sí, indefensos, sin encontrar qué decir en esas circunstancias. Se miraban los unos a los otros, confundidos, atónitos de encontrarse presos en sus propias instalaciones de trabajo, al mismo tiempo que los gorilas de NERV comenzaban a apostarse en todas las entradas que había en el edificio. Dos fulanos, altos y recios, del tipo de sicarios que trabajaban para Ikari de inmediato se posaron a ambos lados de la salida del laboratorio, con sus gestos de piedra y su expresión oculta entre sus gafas oscuras.

—Habla la Capitana Katsuragi, jefa del Departamento de Tácticas y Estrategias, solicitando urgentemente una Orden A17 del comandante Gendo Ikari— pronunció apremiada, tomando su celular de su bolsillo, pasando del impestivo movimiento que se estaba suscitando a su alrededor, en medio del barullo.

—¡Cuidado, capitana!— señaló Shigeru, quien contestó al otro lado de la línea desde el Geofrente, tapando la bocina con la mano y observando todo lo que le rodeaba con evidente nerviosismo, temeroso hasta de la más insignificante sombra —Esta no es una línea segura.

—Lo sé, por eso necesito que me transfieras a una rápido— indicó sin vacilaciones la mujer, de pie en medio del laboratorio. Todos sus músculos, cada fibra de su cuerpo se puso en un estado de tensión total, aferrándose al teléfono celular cómo un náufrago lo haría a un salvavidas. "Una A17" pensó para sí, tensando la cara.

No hacía falta ser clarividente para ver lo que para cualquiera que la mirara en ese estado resultaba obvio: tenía miedo, mucho, mucho miedo.

El comandante caminaba con extremo sigilo, haciendo parecer que quería ocultar el ruido que realizaban sus zapatos. Iba con cierta premura y hasta podría decirse que con algo de nerviosismo, apretando la quijada fuertemente, al tiempo que sacaba un pañuelo de tela del bolsillo de su saco para enjugarse el sudor de la frente. Sudor frío, cristalino. Pocas veces se le podía apreciar en ese estado de ánimo. Pocas veces tenía que rendir cuenta de sus actos, y muy pocas tenía que pedir autorización para ellos.

Ésa era una de aquellas ocasiones tan aisladas. Y a decir verdad, no le agradaba bastante la posición en la que quedaba al momento de hacerlo. Le ponía los nervios de punta, dirigirse a aquél cuarto secreto para la mayoría de las personas, enorme y oscuro en el que no podía distinguir su propia mano frente a su cara y aguardar a que contestaran a su señal. Por algún tiempo, el sonido de su agitada respiración era lo único que se escuchaba en la habitación tan grande, sin ningún mueble que se distinguiera dentro de ella. Hasta que con un seco murmullo, uno a uno comenzaron a aparecer en torno suyo seis monitores opacos de gran tamaño, que se erguían orgullosos por encima de él, con la numeración del 1 al 6 en sus pantallas, escritas con un color rojo sangre envueltas en su fondo negro. Ikari apretó aún más los dientes ante la aparición de dichos artefactos, haciendo un gran esfuerzo para que las piernas no le temblaran. Malditos ancianos infelices. ¿Cuál era el objeto de que siempre tuvieran que entrar de manera tan dramática, tan ceremoniosa? ¿No podían ver que así sólo lograban ponerlo mucho más nervioso? Oh, sí, claro que se daban cuenta, y se regocijaban en ello, por eso es que seguían haciéndolo, para infundirle temor a su agitado corazón. Temor, para que siguiera sus órdenes al pie de la letra, sin vacilar. Era precisamente lo que quería que pensaran, para evitar sospechas, para evitar que se entrometieran en sus asuntos. Aún así, se sentía como un lacayo de villano de película de James Bond, envuelto entre el misterio y las sombras, con sólo un numero distinguiéndolos el uno del otro. Pero, ¿quiénes eran ellos? No podía saberlo exactamente, tenía ciertas sospechas, pero la verdad era que desconocía bastante sobre las personas para las que en realidad trabajaba. Sólo sabía que eran un grupo bastante selecto de gente poderosa que durante los últimos treinta años habían estado conduciendo el destino del mundo entero, a su conveniencia y en el más hermético accionar. Se había visto obligado a estar de su lado pues no le quedaba otra opción, pero aún así no estaba muy conforme del todo.

Gracias a su intervención era que había logrado el puesto de comandante en jefe de NERV pasando por encima de su maestro Kozoh Fuyutski. Gracias a ellos era que había obtenido ese colosal presupuesto para su organización. Gracias a ellos los Evas habían podido ser construidos. Y ahora, una vez más, tenía que acudir a ellos en busca de ayuda.

—Gendo Ikari, has venido otra vez a nosotros— musitó una voz grave y profunda que provenía del monitor que se encontraba en el centro, al parecer el de más importancia, con el número 1 destacado en su pantalla, con los restantes reunidos a ambos lados de él.

—Sabemos bien lo que has venido a buscar— continuó una voz trémula, aguda, la del monitor número 5.

—Quieres que te concedamos utilizar una orden A17, ¿no es así?— añadió a su vez el número 2, con una voz áspera.

—Un ataque preventivo que podría resultarnos muy costoso, lo sabes— siguió el monitor 3, saliendo de él un timbre pausado, tranquilo, mesurado.

—¡Imposible que te lo permitamos!— rezongó la voz quebradiza del número 6 —¡Es demasiado peligroso!

—No debes olvidar lo que sucedió hace quince años, en un caso como éste— remató el que faltaba de externar su opinión, el número 4.

—Lo sé muy bien, pero tampoco me pueden negar que ésta sea una gran oportunidad— replicó Gendo, en medio de todos, ante la atenta mirada de las máquinas sin ojos —Una oportunidad invaluable de pasar de un estado permanente de defensa a tomar por nuestras manos la ofensiva.

—El riesgo es muy grande— reconoció el número 1, al parecer el líder de todos los que estaban allí reunidos, pues su tono era el que más autoridad imponía.

—Pero también saben de la importancia que tiene el capturar a un ángel con vida— sentenció Ikari, encarando ese personaje como casi nunca se atrevía a hacerlo.

—Las fallas no serán toleradas, te lo advierto— pronunció lacónicamente mientras los demás monitores se esfumaban, en señal de estar de acuerdo con la decisión de su líder, acatando su resolución, para después él mismo hacer lo propio, sin despedirse ni dirigirle palabras de aliento.

Nuevamente Gendo estaba en medio del inmenso cuarto sepultado en las penumbras, y otra vez su respiración emocionada era el único ruido que se escuchaba en aquella desolación. Suspiró con alivio, a sabiendas que por esa ocasión se había salido con la suya, obteniendo lo que quería.

—¿Fallar?— repitió Fuyutski con cierto dejo de ironía, con los brazos cruzados en la espalda, entrando a la habitación para ponerse detrás del comandante, acción que lo alarmó bastante. ¿Entonces él también sabía de...? —Si fallamos, la humanidad dejará de existir, ¿no es así?— terminó diciendo, mirándolo profundamente justo a los ojos.

Ambos se quedaron de pie en el centro de aquella habitación tan oscura, en completo silencio, mirándose detenidamente tanto el uno como el otro.

La Orden A17. La orden que había desencadenado el Segundo Impacto en el año 2000. La orden que autorizaba la captura de los ángeles para su eventual estudio, sólo podía ser autorizada por autoridades de élite, que estaban muy por encima incluso de la dirección de las Naciones Unidas. Quedaba claro entonces que Ikari servía a otros intereses que iban más allá de los de la O.N.U. Era la primera vez desde la catástrofe que se llevaría a cabo de nuevo dicha orden. Quizás de allí el nerviosismo de todos los implicados.

Todos, a excepción de los cuatro jóvenes pilotos Eva, quienes parecían desconocer la magnitud del asunto en el momento que Ritsuko los ponía al tanto de los acontecimientos e indicaba la estrategia a seguir, reunidos los cinco en el mismo salón de estrategias con el enorme monitor plantado en el suelo. La luz que irradiaba aquél aparato les daba de lleno en el rostro a los muchachos, iluminando curiosamente su atento rostro. Observaban con sumo detenimiento la pantalla, moviendo la cabeza según fuera necesario mientras seguían las palabras de la Doctora Akagi, que se empeñaba en explicarles lo mejor posible los detalles de toda la operación, a fin de evitar errores fatales. Ponía mucho énfasis en ello, aguardando Maya a su lado.

—¿Eso es un ángel?— la interrumpió Asuka, haciendo una evidente mueca de asco al contemplar la aterradora imagen en el monitor.

—Así es— respondió pacientemente la científica, haciendo un monumental esfuerzo por no estallar —Creemos que podría ser una especie de etapa de incubación antes de alcanzar la madurez necesaria para salir al exterior. Ahora pónganme atención, por favor— les suplicó una vez más —Nuestra prioridad ante todo debe ser la captura inminente de la criatura, atrapándolo con vida y preservando su estado original tanto cómo nos sea posible, ¿entendido, todos ustedes?

—¿Y qué tal si algo sale mal durante la misión?— volvió a preguntar Langley, destacándose de sus compañeros.

—Entonces deben aniquilarlo tan rápido como puedan— sentenció Akagi, señalándolos con el dedo —¿Queda claro?

—Muy bien— asintieron casi al mismo tiempo los chiquillos.

—Y el designado para llevar a cabo la misión es...— pronunció la mujer rubia, revisando los datos en su carpeta, tal y cómo lo haría un maestro de ceremonia al momento de anunciar a la ganadora de un certamen de belleza. De hecho, sólo faltaba el redoble de tambores para completar la escena.

—¡Yo, yo, por favor doctora, yo, por favor!— protestó de inmediato la joven alemana, alzando el brazo con tal de ser elegida, confundiendo igualmente la naturaleza de aquella decisión —¡Me encanta bucear! ¡Se lo ruego, escójame a mí!

"Pero sin duda, me escogerán a mí" pensó con desgano Shinji, al ver a su compañera tan urgida, haciéndose a la idea de tener que enfrascarse de nuevo en batalla "Pase lo que pase, siempre terminan por elegirme a mí. Diario es lo mismo".

—De acuerdo, Asuka, eres la elegida— replicó Ritsuko, sorprendiendo a Ikari y hasta a la misma chiquilla —Eres la designada para llevar a cabo la misión en la Unidad 02.

—¡Sí! ¡Gané!— estalló de júbilo la muchachita, brincando en su lugar, como burlándose de los demás —¡Muchas gracias, le aseguro que será algo muy fácil para mí cumplir con esta misión, doctora Akagi!

—Eso espero, querida.

—¿Y qué hay de mí?— preguntó Rei, levantando discretamente la mano tratando de emular el gesto de la europea, sorprendiendo a propios y extraños por igual. Era algo inusitado que quisiera participar de la asamblea, la mayoría de las veces sólo hablaba cuando se le requería directamente. Posiblemente tuviera que ver con la terminación de la reparación de la Unidad 00 aquella súbita muestra de interés.

—Pues, verás, lo que sucede es que...— intervino Maya, ante el desconcierto general —El Prototipo Cero no se ajusta a los estándares requeridos por el Equipo D.

—Es por eso que tú, junto con Shinji y las Unidades 00 y 01 permanecerán en el cuartel hasta que la situación requiera de su intervención— añadió Ritsuko, sobreponiéndose de la impresión —Que esperemos, no sea necesaria.

Ikari estaba doblemente atónito, aún más por el hecho de ni siquiera haber sido tomado en cuenta para dicha operación. Y lejos de alegrarse, como en un principio lo hubiera supuesto, una angustia lo embargó completamente, pues pensaba que ahora que la agencia disponía de pilotos mucho más capaces que él comenzarían a relegarlo a un segundo plano, como siempre hacían con Rei.

—¡Pobrecita de Rei!— exclamó Langley burlonamente, mirando desdeñosamente a Ayanami —¡Debe ser muy aburrido quedarse a diario en el cuartel!

La joven japonesa le devolvió la mirada, sosteniéndosela por unos momentos sólo para después voltear la vista hacia el lado opuesto, arrepentida de haber hablado, pues había dado pie a las ofensas de la extranjera.

—¿Y yo?— preguntó a su vez Kai, interviniendo por primera vez en la reunión, confundido de que Akagi no lo haya mencionado en ninguna ocasión —La Unidad Z puede soportar sin ningún problema la presión magmática, sin necesidad del Equipo D.

—¡Presumido!— lo encaró Asuka, a riesgo de morderse la lengua —¿No oíste que yo soy la piloto designada para esta misión? ¡A nadie le interesa lo que hagan tú y tu chatarra!

—¿Quieres callarte?— replicó Rivera, enfrentándola del mismo modo, harto de los desplantes de la chiquilla —Estoy hablando con el burro, no con sus garrapatas...

—¿Qué dijiste?— pronunció también molesta la científica, al escuchar cómo se refería a ella el chiquillo.

—Eh... Yo... no quise de ninguna manera... este...— masculló el muchacho, retrocediendo ante la aguda mirada de la rubia, sumamente apenado de que su lengua resbalara pese a la adversidad que sentía por aquella mujer.

—Mira, olvidemos todo eso, ¿de acuerdo?— le dijo Akagi meneando la cabeza en señal de negación, para después sujetarse el tabique con los dedos, queriendo relajarse —Sabemos de los alcances de la armadura protectora de Zeta, sin embargo el Comité ha decidido no arriesgar al Modelo Especial en un combate en las corrientes de magma, por lo que ahora sólo irás al Monte Asamayama como apoyo para el Eva 02, solamente.

—Ah, bueno...— convino el joven, aún sin atreverse a verla a los ojos —En ese caso, por mí está bien.

—¡¿Qué?!— replicó Langley, de nuevo enfadada —¿Quiere decir que prefieren poner en peligro a mi Eva que al armatoste de este imbécil?

—No estés importunando a Maya y a la doctora, mocosa malcriada— le respondió Rivera, igualmente furioso —Niña idiota, ¿qué no entiendes que el Eva Z es mucho más valioso para el proyecto que tu muñeca de hojalata? ¿Y porqué no cierras de una buena vez el hocico? ¡Haces que me duela la cabeza! Creo que lo mejor será comprarte un bozal...

—¡¿Cómo te atreves, miserable?!— gritó la muchacha al rojo vivo, sujetándolo por las ropas, lista para asestarle una buena bofetada.

—¡SILENCIO LOS DOS!— explotó la doctora, tirando todos sus apuntes al piso en un desplante de ira bien justificada —¡Ustedes, par de mocosos imberbes, harán justamente lo que se les diga en el momento que se les diga! ¿ENTENDIDO?

—¡Sí, señora!— respondieron ambos al unísono, poniéndose firmes y cuadrándose, atemorizados por la reacción de la científica.

—Es por esto que no quiero tener hijos— murmuró abatida a su asistente, de pie a su lado, dándoles la espalda a los pilotos —Cielo Santo, ¿cómo diantres le hará Misato para soportarlos? Simplemente yo no puedo...

Al cabo de un rato, los preparativos de la misión estaban por concluir, sólo hacía falta que los pilotos subieran a los Evas para darle inicio a ésta. Los Evangelion serían trasladados con el Equipo F al Monte Asamayama, para luego seguir instrucciones. Igualmente la jefa del Área de Investigación, la Doctora Akagi, haría el viaje al volcán, aunque por separado. Todo estaba listo ya para la partida, y de hecho por lo único que aguardaba todo mundo era por Asuka, que aún no salía de los vestidores. Al parecer, la chiquilla gustaba de las pausas dramáticas.

—Disculpen la tardanza— fue lo primero que dijo apenas se incorporaba al equipo, enfundada en su ajustado traje de conexión —Me estaba arreglando el cabello, lo tenía hecho un asco...

—Tú eres la que es un asco— murmuró Rivera, en un tono muy bajo para que fuera difícil escucharlo, igualmente ataviado con el traje especial, quien llevaba más de quince minutos esperándola para partir.

—Qué curioso— observó Langley, examinando cuidadosamente su prenda —Se supone que éste traje sería para protección especial, pero es igual al que uso habitualmente.

—¿Eh? Ah, eso— musitó Akagi, casi sin prestarle atención mientras caminaban rumbo al hangar de la Unidad 02 —Oprime el dispositivo de tu muñeca derecha...

—¿Se refiere a éste?— preguntó la muchacha mientras obedecía la indicación, sin dejar de caminar.

De repente, su pecho comenzó a expandirse rápidamente. Y no sólo el pecho, sino también todo el traje que rodeaba a su cuerpo empezó a inflarse como un enorme globo rojo del tamaño de una persona, excepto por las manos y los pies.

—¡¿Pero qué es esto?!— gritó espantada al ver como su hermosa y esbelta figura era rellenada con rapidez, creciendo cada vez más hasta acabar atrapada en una figura regordeta que apenas si cabía en el pasillo por el que iban.

Kai apenas la vio no pudo contenerse un solo instante y rompió a reír desaforadamente, pensando que la mandíbula se le iba a desencajar entre el estrépito que hacían sus carcajadas, llevándose las manos a la boca del estómago mientras se inclinaba para tomar aire y la señalaba con el dedo:

—¡Ja, ja, ja! ¡Mírate nada más, sí que te has decuidado, hermana! ¡Pareces un globo mal inflado!— decía dificultosamente, en medio de sus risotadas —¡Tendrías que bajarle a las golosinas, ya hasta pareces un balón de básquetbol! ¡Ja, ja, ja! ¡No sé si compadecerte o botarte!

Y de nuevo sus palabras fueron cortadas por un súbito ataque de sonoras carcajadas que calaban profundo en los oídos de la chiquilla, quién hacía rabietas infantiles tapándose las orejas con las manos, lo que fuera con tal de no escucharlo, moviendo la cabeza de un lado a otro a manera de negación.

—¡Cállate, cállate te digo, maldito idiota!— repetía una y otra vez, cerrando los ojos.

—Tu eres la que se debería callar, gordita— pronunció contento el muchacho, yendo a su encuentro para levantarla en vilo, sosteniéndola por encima de su cabeza para luego correr con ella a cuestas en dirección al hangar —¡La multitud ruge cuando Rivera toma posesión del balón y avanza a toda velocidad por la cancha!— decía imitando a un comentarista deportivo, ignorando los incesantes reclamos de la jovencita para que la bajara. El aire en su traje la hacía aún más ligera de lo que era —¡Con una espectacular finta deja varados a los defensivos, se dirige a zona de tres puntos, se prepara para disparar, tira y... encesta!— pronunció con gran entusiasmo, transportándose en esos breves instantes a una cancha abarrotada de gente que lo vitoreaba, aunque fuera sólo en su imaginación, dejando otra vez a la alemana en el piso al entrar al hangar —¡Y los Lakers de Los Ángeles vuelven a ganar el campeonato de la NBA!

—¡Salvaje, pudiste haberme lastimado!— lo interrumpió la joven rubia una vez que hubo recuperado el aliento, dándole una sonora cachetada, sacándolo de su trance.

—Ten más cuidado— lo reprendió también Ritsuko cuando les dio alcance —Deberías respetar más a Asuka, ella es una delicada señorita.

—Je, lo siento— masculló risueño el muchacho, enseñando los dientes mientras se rascaba la nuca con insistencia.

Un nuevo grito de su compañera provocó que dejara lo que estaba haciendo para voltear a sus espaldas, encontrándose con la causa de una impresión más de la chiquilla.

Se trataba del Eva 02, con las piernas extendidas sobre el piso y la espalda recargada sobre un gigantesco muro de acero, dentro de un chusco traje blanco abombado, que hacía recordar mucho a los primeros trajes de buzo que se utilizaron, con todo y su escafandra, donde se asomaba tímidamente el yelmo rojo del robot por el grueso cristal transparente de su nueva armadura.

—¡No, no puede ser!— gritaba histérica la joven europea, contemplando la ridícula visión que se le presentaba a sus ojos —¡No mi Eva también! ¡Todo, menos eso, por favor!

A Katsuragi volvió a darle un ataque de risa, revolviéndose otra vez en su lugar, de pie como estaba, mientras apuntaba divertido de la vida:

—¡Y ahora tu Eva parece el hombre de malvavisco!— señalaba mientras se reía a todo pulmón, sin poder contenerse —¡Que alguien llame a los cazafantasmas! ¡No, mejor a los Niños Exploradores y hacemos una fogata!

Parecía que la barriga le iba a estallar de tanto reírse, o en su defecto a asfixiarse, pues su cara comenzaba a tornarse roja, lo primero que pasara, pero aún así no cejaba en su empeño de burlarse de la extranjera.

—¿Pero qué le han hecho al pobrecito?— apenas si atinaba a decir la chiquilla, atónita, mirando desconsolado a su otrora orgullo.

—Es solo el traje a prueba de calor, presión y radiación— contestó mecánicamente Akagi, sin prestarle demasiada importancia al asunto —El Equipo del tipo D (de Deep, en inglés) para regiones extremas.

—Siendo así, me niego a cumplir con esta misión— protestó enérgicamente la muchacha, cruzándose de brazos —No puedo permitirme ser vista en tan bochornoso atuendo en público— pronunció dándole la espalda y mirando de reojo a Rivera, que seguía con su ataque de risa, tumbado en el piso —¡Es precisamente para este tipo de situación que tienen a Shinji! ¿No es así?— arremetió contra el muchacho, quien junto con Rei se encontraba también en el hangar, aunque sin vela en el entierro —¡Dejen que él lo haga, esta operación tan humillante va más acorde a sus habilidades que a las mías!

Todo el personal allí presente, incluso sus mismos compañeros observaban contrariados la berrinchuda actuación de la jovencita, que no estaba dispuesta a ceder en su empeño de zafarse de utilizar accesorios no tan elegantes a los que estaba acostumbrada. Parecía una diva que no complacida en sus caprichos se negaba a cantar y ponía en peligro toda la función y la reputación del teatro. Todo apuntaba a que nadie podría convencerla de lo contrario, nadie a excepción de:

—Es una verdadera lástima— dijo Kaji en voz alta, para que pudiera escuchársele desde el barandal del piso superior en el que se encontraba recargado —Esperaba ver por fin una de tus increíbles demostraciones de poder, Asuka.

La chiquilla apenas al verlo soltó un grito entrecortado de espanto, para luego escabullirse a toda prisa a ocultarse en el pasillo que daba acceso al hangar, evitando ser vista por el hombre, con el rostro encendido del color de su abultado traje de conexión, sintiendo que moría de la vergüenza de ser vista en tales proporciones por el sujeto que ella idolatraba.

—¡Por lo que más quiera, doctora!— suspiraba asomándose tímidamente por el filo de una de las paredes, suplicando con esos grandes ojos castaños contraídos en una desesperación total —¡No permita que Kaji me vea en estas condiciones, se lo imploro!

—Creo que estamos ante una adversidad, doctora— masculló Ibuki, observando algo inquieta la encastillada actitud de la piloto.

—Así parece— asintió Ritsuko, por fin dejando de lado la coordinación de los últimos preparativos para atender el problema más inmediato que se le presentaba.

No obstante, según parece, la solución a ésta también acudía de manera rápida y efectiva. Por primera vez Shinji estaba resuelto a ofrecerse de voluntario para algo, atendiendo a los designios de Langley y también para recuperar terreno perdido ante los otros pilotos que ya le estaban sacando buen trecho de ventaja. Se le figuraba que vivía en carne propia la fábula del conejo y la tortuga. Empero, Ayanami también estaba muy rezagada del pelotón, por lo que pronta se resolvió a tomarle la delantera a su compañero, adelantándosele cuando volvió a levantar la mano, enfundada en su inmaculado traje de conexión que se ajustaba de manera muy conveniente a su cuerpo tan vistoso.

—Yo puedo ir en la Unidad 02— se ofreció tratando de ocultar el tono de emoción que su voz manifestaba —Si así me lo permiten...

De inmediato una súbita sensación de cólera avispó los ojos de Asuka, quien apenas al escuchar las intenciones de Rei, su más acérrima rival, salió como rayo de su escondite para encararla lo antes posible, regresando al campo de batalla, caminando decidida y con paso firme hasta donde el pequeño grupo se destacaba.

—¡No te atrevas siquiera a tocar MI Eva 02, aprovechada!— le amenazó hecha toda una furia —¡Yo soy la elegida para la misión, no tú, Primer Niño!

—¿Significa que a final de cuentas lo harás?— le preguntó Akagi, todavía no muy convencida de la resolución que la alemana había tomado.

—¿Aún cuando tu Eva se parezca al monigote de las llantas Michelin?— interrogó a su vez Kai, entre risas mates.

—Sí— contestó firme y concisa, sin importarle ya la gran cosa su apariencia.

—Te felicito— contestó Rivera de inmediato —Se requiere de mucho valor para exponer tu dignidad saliendo así como estás a la vista de todo mundo...

Por supuesto que aquella felicitación no era sincera, y por el contrario, llevaba en ella toda la intención de lastimar más la ya de por sí vapuleada autoestima de la jovencita europea. Sin embargo, ésta consiguió mantenerse ecuánime y repuso a su vez, mirando fijamente al joven frente a él:

—Cada vez que te pones tu ridículo traje te ves como esa estúpida rana de trapo que sale en televisión, Kermit. Nadie te lo ha querido decir por temor a herir tus sentimientos, pues saben que tú mismo fuiste el que diseñó ese esperpento que llevas puesto.

—¿E-En serio?— masculló el muchachito, perplejo por aquella revelación —P-pero... pero entonces... ¡Maldita sea, todo este tiempo se han estado burlando de mí a mis espaldas y nadie tuvo la decencia de decírmelo!— estalló finalmente, agitando los brazos con vehemencia como si estuvieran hechos de felpa rellena o algún otro material textil —¡Ya me las pagarán, los odio a todos! ¡Shinji, dime para qué diablos te mantengo con vida si ni siquiera sirves para avisarme cuando estoy haciendo el mayor de los ridículos! ¡Aaah!

"Sólo ten un poco de paciencia, amor mío" por su parte pensaba Asuka, orgullosa de su labor, dirigiéndose al enorme robot rojo prisionero en tan bufonesco aspecto, cosa que al igual que a su ama, parecía irritarle bastante. "Pronto este tormento terminará"

Semejantes a dos gigantescas aves prehistóricas, lentas y torpes, así era como iban volando a 30 mil pies de altura los Evangelion provistos con sus respectivos Equipos F que los llevaban muy por encima del piso, férreamente sujetados por los hombros. Debido a su envergadura, y sobre todo por el tonelaje que tenían que cargar, aquellas moles no podían desarrollar mucha maniobrabilidad o velocidad, haciendo un viaje que normalmente tardaría unos veinte minutos en una hora aproximadamente.

Proyectaban una gran sombra como lo haría una nube, y el ruido ensordecedor de sus turbinas los acompañaba durante todo el trayecto, anunciando su llegada por donde quiera que tenían la desgracia de pasar.

Arriba no se veía que fuera la gran cosa, conforme se iban acercando. Podía distinguirse ya con nitidez el volcán y las faldas que le rodeaban, con todos los campamentos de NERV instalados improvisadamente, y en la punta una tímida, raquítica columna de humo que apenas si rebasaba los 100 metros. Pero en cuanto a lo demás, no se encontraba nada fuera de lo normal. Eran los hombres, que como hormigas inquietas, profanaban con sus prisas la paz de aquellos parajes naturales. Iban de aquí para allá, corriendo, tan diminutos como insectos, sin darse cuenta por entero de la proporción que guardaban en la naturaleza.

—Las Unidades Z y 02 están ingresando a nuestro espacio aéreo— se apresuró a decir uno de los operadores en la tienda en la que se encontraba Misato.

—Muy bien, que esperen en su posición— indicó la capitana para enseguida voltear con su alterno para entregarle nuevas instrucciones en las que se pudiera ocupar —Ten lista esa grúa y el arma láser lo antes posible, ¿quieres?

—Entendido— contestó Makoto mientras ponía manos a la obra.

El coloso de fuego se hacía paulatinamente más grande a su vista, hasta el punto de ser capaces de distinguir cada una de las copas de los árboles, de verde follaje, que tapizaban las cercanías del Monte Asamayama. Era una vista soberbia, espectáculo que muy pocos se podían dar el lujo de contemplar, y que no era tan bien valorada por los que sí podían. Como Asuka, que ociosa en su cabina no encontraba el modo de evadir al tedio, preguntando por la radio una vez que estuvieron lo suficientemente cerca:

—¿En dónde está Kaji, Misato? Imagino que ya habrá llegado al campamento.

—Ese idiota no tiene ninguna incumbencia en este asunto— respondió furibunda Katsuragi a la sola mención de dicho sujeto, desplegando su imagen en un monitor del Eva —No hay lugar para él en esta instalación.

—Oh, demonios— berreó la chiquilla una vez que la imagen desapareció —Y yo que quería que me viera en mi momento de gloria...

—Yo que él, esperaría sentado— dijo Rivera, irrumpiendo en la misma pantalla de antes, habiendo estado al pendiente de la conversación en su cabina.

La alemana sólo hizo una mueca de disgusto mientras rápidamente interrumpía el canal de comunicación, cortando de tajo la transmisión sin siquiera mediar unos cuantos insultos de ambas partes. Era alarmante admitirlo, pero las conversaciones entre ellos dos cada vez se hacían más y más tirantes, transgrediendo la barrera de la rivalidad cordial para parar hasta quien sabe donde. Cada nuevo golpe que se daban llevaba mayores cantidades de ira y rencor. Langley ya comenzaba a presentir que tal situación detonaría un buen día de esos, provocando muchos destrozos. Iba a ser todo un agarrón, eso sí.

Y nada podían hacer por evitarlo, salvo evitar hablarse el uno al otro.

A varios kilómetros de allí, de entre la espesa vegetación y las copas de los pinos de la montaña, se elevaba burlonamente el funicular, trepando lentamente por el cable que pendía desde la base de la montaña hasta su nevada punta. Cualquiera que lo viera, pensaría que estaba de turista, con esa apariencia de alpinista que tenía: botas para escalar, pantalones cortos, una camiseta amarilla rala sin mangas y el sombrero de ala ancha que traía puesto sobre la cabeza, además de su característica coleta en la que traía recogido su cabello y su barba de tres días sin afeitar, que se adhería a su rostro semejando a una lija. Pero aún así, no podía dejar de lado los viejos hábitos, por lo que antes de que se diera cuenta ya estaba encendiendo otro cigarrillo y poniéndoselo en los labios.

Aquella acción era notoria que enfadaba a la persona con la que Kaji compartía el teleférico, mirándolo de reojo con una mirada que fustigaba, contrayendo su severo y enjuto rostro en una mueca de disgusto. La mujer se alisó el pliegue de su falda, maniobrando para no soltar al cachorro labrador que llevaba consigo, un inquieto animalito que ladraba de vez en cuando, agitando su pequeña cola cuando algo lo excitaba.

El aparato avanzaba hacia la cima con seco murmullo, sin que ninguno de los dos se dirigieran la palabra. No había ningún indicio tangible que sugiriera que aquellos dos se conocieran o siquiera se hubieran visto antes. Hasta que la señora, ya de unos años, con mirada apagada y gesto melancólico de quien ha visto pasar los mejores años de su vida, pronunció casi en un susurro:

—La A17 ha sido aprobada por el Consejo— masculló sin voltear a verlo, acariciando la tierna cabeza del pequeño perro que sostenía en sus manos y aprovechaba para apaciguar al cachorro —Y eso implica congelar los actuales fondos.

—Hay mucha gente nerviosa debido a todo este asunto— respondió Ryoji, con su sonrisa cínica que le comenzaba a serle habitual.

—¿Y porqué no lo detuviste?— preguntó su acompañante, sentada frente a él, a la vez que su alborotada mascota le ladraba a un enorme insecto que se había posado sobre el cristal de la ventana, por afuera.

—No había razón alguna para hacerlo— contestó el sujeto, apagando la colilla de su cigarro en la gruesa suela de su bota —Además, se trataba de una orden oficial, si sabe a lo que me refiero...— al pronunciar la palabra oficial puso más énfasis en ella, como si tuviese algún otro significado, un doble sentido.

—Pero un probable fracaso de NERV significaría la destrucción del mundo— aseveró la mujer, apretujando a su cachorro entre sus brazos.

—Descuide...— dijo Kaji, mirando por encima de su hombro, recargándose confortablemente en su asiento —Ellos no fallarán... No son tan tontos...

Los gigantes de acero ya estaban en sus puestos cada uno, aguardando por instrucciones, cosa que en muchas ocasiones resultaba de lo más tedioso. Sin poder hacer la gran cosa dentro de sus cabinas, los jóvenes pilotos se entretenían al vigilar el paisaje exterior gracias a sus cámaras de vigilancia, desde donde podían tener diversos ángulos de su posición.

"So don't delay, act now, supplies are running out

allow if you're still alive six to eight years to arrive

and if you follow there may be a tomorrow

but if the offer is shun, you might as well be walkin' on the sun..."

Ó bien, mantener su mente sumergida en el ocio, tal cual lo hacía Katsuragi desde su Eva, canturreando una alguna vez popular canción en inglés. Ya estaba hastiado del uniforme paisaje que tapizaba las faldas del volcán, hastiado de ver correr a todos de aquí para allá estando él allí sentado sin hacer la gran cosa. No había, pues, nada afuera que pudiera ser digno siquiera de su atención.

Al menos eso pensaba hasta el momento de ver pasar tres formaciones en V de aviones bombarderos SF-2 Ghost, del tipo de los que usaban las Naciones Unidas para atacar con las tristemente célebres Minas N2, sus abominables creaciones, el mayor error que había cometido en su vida, error que aún ahora intentaba a como diera lugar enmendar, un error que había traído consigo fatales consecuencias. Si tan sólo pudiera regresar en el tiempo a aquél fatídico día, pensaba y anhelaba con todas las fibras de su ser cada vez que contemplaba aquella terrible estampa que le desgarraba el corazón, si tan sólo pudiera revertir lo ya hecho, corregir lo incorrecto del pasado. Dios, si tan sólo hubiera la forma de regresar a ese momento para impedir lo que hice, para detenerme a mí mismo y después morir, sería feliz. Si pudiera enmendar los errores del pasado para asegurarle a mis seres queridos un mejor presente, si tan sólo se me permitiera un inexorable minuto volver a vivir para hacer lo correcto...

Los negros portadores de la muerte destacaban de aquel profundo cielo azul en todos sus monitores. Y el sigilo de sus motores logró hacer eco en sus oídos. Distinguió con toda claridad la insignia de la Fuerza Aérea de la O.N.U. ¿Pero qué rayos estaban haciendo allí? No tenían ninguna competencia en aquella misión, ¿ó sí la tenían?

Le parecían cuervos que él mismo había incubado y criado, alimentado y sostenido, y que ahora mismo regresaban para arrancarle los ojos. Y ese sonido, ese maldito sonido, tan seco y distante, ese sonido lo tenía bien grabado por siempre, el sonido que le hacía jirones el alma y que lo sacaba de quicio al recordar ese día infame en la Historia. Una multitud incontable de voces se levantaban de sus tumbas y le reclamaban mientras escuchara ese sonido infernal, el sonido de las turbinas silenciosas de esos horribles vehículos que cosechaban la muerte.

—Ritsuko, ¿podrías hacer el gran favor de decirme qué diablos están haciendo aquí esos sujetos?— pronunció molesto el chiquillo a través de la pantalla que le permitía ver a la científica y viceversa.

—La Fuerza Aérea de las Naciones Unidas en estos momentos sólo se encuentra vigilando la operación— espetó la doctora, un tanto inquieta —Más que nada están esperando...

—Hasta al final de esta misión— intervino Maya, apareciendo también en la pantalla a lado de Akagi.

—¿Nos ayudarán?— preguntó a su vez Asuka, haciéndose partícipe de la conversación que comenzaba a tener tintes interesantes.

—No te metas en esto, Langley— musitó fríamente el muchacho, con una expresión por lo demás sombría. Sin insultos, sin bromas.

—Más bien lo que harán será terminar el trabajo— continuó la mujer rubia, ignorando la petición del muchacho, contestando a la anterior pregunta.

—Si es que fallamos— completó otra vez Maya la frase de su superior.

—¿Qué quieren decir con eso?— volvió a interrogar la chiquilla, sobreponiéndose a la terrible impresión que le produjo Kai cuando habló. Parecía una persona muy distinta a la que usualmente conocía.

—Quiero decir que con su cargamento de Minas N2 se encargarán de devastar toda el área, a fin de acabar con el Ángel... y con nosotros...

Vas?!— atinó a exclamar la joven alemana, con el corazón dándole un vuelco.

—¡Eso no puede ser!— replicó Katsuragi con todas sus fuerzas —¡No se me notificó de nada al respecto! ¡¿Quién fue el que autorizó semejante barbaridad?!

—El... Comandante Ikari— masculló Ritsuko, no muy convencida de ello.

—¡Ese bastardo hijo de perra!— gruñó Kai encolerizado en extremo, golpeando los controles de su consola —¡No tiene autoridad para hacer algo así!

Maldecía una y otra vez, sin tener respuesta, y sin que pudiera hacer algo para cambiar tal situación. Veía impasible como Gendo le ganaba cada día más terreno y a él sólo le restaba mirar en silencio su victoria, incapaz de oponérsele. A pesar del espacio que había logrado conseguir antes, Ikari volvió a arremeter en su contra, ganando más influencias a últimas fechas. Era eso quizás lo que lo enfurecía aún más, la impotencia de la cual era objeto.

Pese a todo y su inconformidad, la operación ya estaba lista para dar inicio. El Eva 02, provisto aún del Equipo D, había sido colocado en una gigantesca grúa en la punta del coloso de fuego, conectando cinco mangueras de refrigerante, una junto a otra, en el vistoso traje de protección del robot, además del imprescindible cable umbilical.

Todo era coordinado a la perfección desde el improvisado puesto de mando en el Instituto Sísmico por la capitana Katsuragi y el demás personal que la acompañaba. En muy pocos momentos estarían capacitados para empezar la misión, al paso que llevaban.

—Operación láser terminada— anunció Makoto, una vez que había terminado con la tarea que le había sido asignada.

—Curso asegurado— completó Shigeru, que había llegado con el demás personal en la segunda partida, desde su consola.

—El Equipo D está verificado y listo para la acción— hizo lo mismo Maya, desde su respectivo lugar, habiéndose apoderado los técnicos de la agencia por completo de las instalaciones que tan cortésmente les habían sido "prestadas".

—La Unidad 02 ya se encuentra en posición, en estos momentos, capitana...

—Muy bien— asintió Misato, de pie en medio de los tres, con los brazos cruzados —Asuka, ¿Estás lista?— preguntó a la piloto por el comunicador, aunque fuese de más el hacerlo.

—Por supuesto— aseveró la chiquilla, afianzándose a los controles delante de sí —Cuando gusten, estoy preparada para todo.

—Kai, debes permanecer alerta a cualquier movimiento— le indicó a su vez a su protegido, por la misma vía —¿Entendido?

—De acuerdo...— pronunció, distraído, con la mirada perdida.

—Muy bien...— respondió Katsuragi, no muy segura de que el muchacho la hubiera entendido del todo —¡Adelante!— terminó ordenando, haciendo una señal.

Sólo un gesto de la mujer bastó para que toneladas de pesada maquinaria de gran tamaño se pusiera a la vez en movimiento. De inmediato la gigantesca grúa comenzó a trabajar, bajando lenta y pesadamente al Evangelion de color rojo al interior del cono volcánico, inquieto y sumamente activo.

Hecho que no pasa desapercibido para la joven piloto, que aún con su protección especial su mente le jugaba una broma al hacerle sentir la sensación de calor, tan sólo con ver la lava ardiente a sus pies, mientras se acercaba cada vez más.

—¡Demonios, eso se ve que está que arde!— exclamó la muchachita desde su cabina, haciendo ademán de quitarse sudor de la frente, suspirando al tiempo que lo hacía.

—Eva 02 ingresando al magma— advirtió Ibuki cuando revisaba los datos que le llegaban a su terminal, acción que podía ser apreciada por los presentes mediante diversos monitores instalados por todas partes.

—¡Ey, Rivera, mira esto!— pronunció la europea, llamando la atención del joven dirigiéndole la palabra por primera vez desde que habían salido del cuartel.

—¡Oh, por Dios! ¿Qué pasó, qué pasó?— respondió el aludido súbitamente alarmado, mirando para todos lados, listo para disparar sus ráfagas ópticas a lo que se le pusiera enfrente —¡Estaba distraído, Santo Cielo! ¡No hay problema, yo me encargo de todo! ¿Qué es lo que pasa?— interrogó al final, percatándose de que nada extraño estaba a la vista, una vez asegurado todo su perímetro.

—¡Observa qué entrada tan elegante!— señaló al mismo tiempo que su robot se sumergía en las ardientes corrientes de lava, poniendo un pie más arriba que otro, inclinando el cuerpo hacia delante, para internarse con mucho estilo en el interior del magma.

—Ay, ridícula...— masculló Kai negando con la cabeza y poniéndose una mano en la frente, para después desactivar el mecanismo de su arma, aunque aliviado de que no fuera nada grave. Había cometido un grave error al distraerse, todo por no poder dejar de pensar en Ikari y sus fechorías.

La grúa no cesó de bajar al Eva, siguiendo éste su trayectoria en línea recta atravesando el volcán muy lentamente, a través de las incandescentes corrientes de lava, que voraces buscaban consumir como fuera al intruso en esas regiones de los avernos. La armadura y los sistemas anti-presión al momento trabajaban bastante bien, permitiéndole a la piloto poder reportar su situación con toda calma.

—Profundidad actual: 170. Velocidad de ascenso: 20— pronunció despreocupada por el comunicador —Todo el sistema está nominal. Visibilidad cero. No puedo ver ni una maldita cosa por aquí— señaló, poniéndose la mano izquierda en la frente a modo de visera para después presionar varios interruptores en su cabina —Cambio a monitor CT. Aún no hay visibilidad, continúo limitada a 120...

Ésas no eran buenas noticias para Misato y su gente. Si a esa profundidad todavía no existía el contacto visual eso significaba que tendrían que bajarla más, y mientras más la bajaran, más peligroso resultaría para ella. En la punta del volcán, la grúa continuaba bajando a la muchacha sin importarle su seguridad, limitada a cumplir las instrucciones que le llegaban por computadora.

—Profundidad a 400... 450... 500... 550... 600... 650...— decía Maya desde su puesto, revisando su consola para poder indicar qué tan profundo iba bajando la Unidad 02, creando involuntariamente un clima de tensión del cual era difícil zafarse —900... 950... 1000... 1020...— el tono de su voz iba aumentando conforme la cifra lo hacía, producto de su nerviosismo, del cual apenas si se percataba —Excediendo el límite de seguridad. Profundidad 1300, alcanzando la posición del blanco.

—Asuka— Katsuragi de inmediato abrió el canal de comunicación —¿Aún no puedes ver nada?

—Todavía no detecto nada— respondió Langley, un poco acalorada, mientras se internaba más a las penumbras, a donde ningún mortal había llegado jamás. Trataba de no pensar en ese respecto —Aquí no hay alguien.

—Hm, el flujo de lava es más rápido de lo que habíamos previsto— apuntó Ritsuko, al observar los datos que le llegaban del Equipo D.

—El radio de movimiento del blanco también es diferente a lo previsto— añadió la capitana, cruzándose de brazos, angustiada —¡Dense prisa para recalcular la trayectoria! Sigan con la operación como hasta ahora— amagaba a los técnicos que tenía a un lado suyo, para luego dirigirse a Hyuga —Continúa con el descenso.

El técnico no contestó. Se limitó a mirar de reojo a su superior, con extrañeza, a sabiendas que estaba dispuesta a arriesgar la vida del piloto con tal de ver cumplido su empeño de destruir a cada ángel que se le pusiera enfrente. Pero aún así, no se opuso a su decisión, la cual cumplió al pie de la letra sin chistar.

—Profundidad 1350... 1400...— continuaba Maya señalando la profundidad del Eva, al mismo tiempo que éste continuaba descendiendo a los infiernos.

No iba a resistir mucho a ese paso, eso quedaba claro. Cualquier duda al respecto se despejó al rendirse una de las mangueras refrigerantes de la armadura del Evangelion, quedando abatida ante la presión que se le ejercía, comprimiéndose sobre sí misma para luego romperse.

—La segunda manguera de circulación se ha roto— comunicó uno de los operadores, revisando el estado del robot gigante.

—Profundidad 1480... excediendo la profundidad máxima— siguió Ibuki con su letanía, cómo para ponerle más sal a la herida. Parecía que todos en el campamento querían darle a entender algo a la capitana.

—El blanco aún no ha sido localizado— les contestó con voz fría y medida Misato, sin dirigirse a nadie y a todos en especial, a la vez —Prosigan— sentenció, sin nadie que volviera a oponérsele, por el momento, para luego dirigirse a la chiquilla —Asuka, ¿cuál es tu situación?

—Sigan bajándome— le respondió, ocultando su ansiedad y queriendo aparentar seguridad a toda costa —Quiero terminar cuanto antes con este trabajo para poder tomar un largo baño.

—Conozco un buen balneario cerca de aquí. ¿Qué te parece si vamos después de terminar con la misión?— sonrió Katsuragi a sus adentros, admirando la fortaleza y determinación de la joven europea —Mantengan el descenso, sólo un poco más— se dirigió a su tropa, en un gesto y tono que a cualquiera le hubiera parecido de súplica.

A regañadientes, sin la confianza necesaria en su líder, los técnicos obedecieron aquella arriesgada decisión de la capitana. A todos ellos les importaba más lo que le pasara a la piloto, y a ellos en consecuencia, que capturar al ángel para su estudio. La verdad era que el ambiente estaba bastante tenso entre los que se encontraban en ese momento en aquél lugar. Temiendo alguna sublevación por parte de los operadores, los matones apostados en las puertas acariciaron sus revólveres por debajo de su saco negro. Probablemente tendrían que llegar a hacer uso de ellos, si es que la cosa empeoraba, como parecía.

—Profundidad máxima... más 120...

La tierra no quería a ese intruso en sus entrañas. Tal cómo lo harían los jugos gástricos con una bacteria, la corriente se ponía violenta para con el robot, zarandeándolo en cada centímetro de su enorme cuerpo, buscando aplastarlo bajo su presión, presión bajo la cual sucumbía y se revolvía aparatosamente, aún con el equipo protector puesto. Una fuerte sacudida arremetió de repente a la muchacha, que se asía firmemente de los controles para no perder el equilibrio, sintiéndose en una rueda de la fortuna descompuesta. La corriente se resistía a su peso, y a medida que fuera bajando la fuerza con la que resistiría sería mayor, hasta que ya no sería suficiente ni el Equipo D ni su propia armadura para protegerla de una muerte segura.

—¿Qué fue lo que pasó?— preguntó después de la embestida, mirando a todos lados extrañada, presintiendo que algo le faltaba y que además hacía mucho más calor que antes.

—La Unidad 02 ha perdido el cuchillo progresivo— pareció contestarle un operador, el mismo de antes, desde su consola. Tensando aún más las relaciones entre la capitana y su gente, que estaban engarrotados en sus lugares, con los dientes apretados.

—Profundidad máxima... más 200...

Alguien tenía que hacer algo, impedir que la lunática de Katsuragi asesinara a aquella pobre chica. No podían dejarla hacer su santa voluntad, mirando impasibles como una persona moría por su necedad. Alguien tenía que detenerla, eso estaba claro, pero ¿quién? No parecía haber un voluntario que quisiera tomar la estafeta. Y es que la autoridad de la mujer con rango militar no era para tomarse en juego. Precisamente, de quien menos se lo esperaban fue quien vino al rescate de todos:

—¡Capitana Katsuragi, deténgase, por lo que más quiera!— suplicó Huyga, volteándose hacia donde estaba ella, de pie —¡Hay una persona allá abajo!

Nadie hubiera pensado alguna vez que Makoto llegaría a oponerse a la mujer que amaba con desesperación. Pero así era, allí estaba él, cuestionando el juicio de la mujer, muy a su pesar. Aspecto que no pasó desapercibido por ella, quien sólo frunció el ceño, molesta por aquella inesperada actitud de su subordinado, a quien le tenía toda confianza.

—Les recuerdo a todos ustedes que yo estoy al mando de toda esta operación, por lo tanto mis órdenes son inapelables— pronunció Misato, fuerte y clara, desafiando a cualquiera que quisiera oponérsele, aún a su segundo —¡Así que continúen con el descenso!

—Por mí está bien— aseveró Langley, desde la cabina del Eva —Puedo bajar todavía mucho más allá. Prosigan.

"Esto no pinta nada bien" pensaba a su vez Rivera, desde la punta del volcán, mirando la corriente de lava debajo suyo, en el interior del cono volcánico, en donde la grúa a su lado seguía bajando más y más a su compañera "Estos cabrones ya se le están alebrestando a esta señora y no creo que tarde mucho para que alguien se amotine. Los ánimos están muy encendidos. Todos están nerviosos por culpa de estos imbéciles de la O.N.U. que nomás se la pasan como zopilotes a ver qué agarran. Ikari bastardo, todo lo que provoca por sus babosadas." Sin embargo, sólo eso podía hacer, pensar, y aguardar por el momento en que se requiriera su intervención. Lo que sí era seguro es que si no encontraban al ángel pronto, la situación iba a estallar hasta un punto culminante.

—Profundidad: 1780. La posición prevista del blanco luego de corregir los cálculos.

Ya estaba. Alguien lo había dicho. Si algo no pasaba en esos momentos, en el interior del volcán, lo más probable es que sí pasaría en el campamento de NERV. El dedo que uno de los pistoleros tenía en el gatillo de su arma oculta empezaba a cosquillearle, listo para sacarla y sobre todo, utilizarla cuando fuese necesario. Algunos de los técnicos esperaban con desesperación cualquier señal del Evangelion, que no se había comunicado por un rato. No iban a permitir que por culpa de Katsuragi las Naciones Unidas los borraran del mapa. Todo mundo se encontraba expectante a lo que Asuka encontrara en su trayectoria.

Por su parte, la joven alemana seguía internándose en las profundidades subterráneas sin que pudiera ver la gran cosa, sufriendo las inclemencias del calor asfixiante que sentía aún dentro de su cabina. Ajena a los problemas que provocaba con su solo descenso, la muchacha se concentraba en localizar su objetivo, el cual parecía ser muy escurridizo. Llevaba más de media hora sumergida y aún no encontraba el menor rastro de su presencia. Empezaba a dudar que fuera el mismo volcán en el que se encontraba. Quizás alguien se había equivocado y se equivocaron de montaña. La corriente a su alrededor se le seguía resistiendo, provocando desconcertantes sonidos de los cuales no podía descifrar su origen. Lo que la ponía sumamente nerviosa mientras el tiempo seguía transcurriendo.

Sin embargo, pronto olvidó sus desdichas y penas al divisar un poco más debajo de donde se encontraba una peculiar silueta oscura de forma ovalada. No podía distinguirse lo que había en su interior, a primera vista, no obstante, los sensores que traía equipados consigo confirmaron su contenido. Era el objetivo, ya podía respirar aliviada, ella y todos los demás en el campamento.

—¡Allí está!— exclamó llena de júbilo apenas al contemplarlo, anticipando que pronto saldría de aquél horno y podría refrescarse a sus anchas.

—Blanco a la vista— repuso Makoto al entusiasmo de la piloto, ya mucho más serenado.

—Prepárense para la captura— indicó Misato, casi queriendo suspirar y derrumbarse en una silla, sintiéndose desprovista de un gran peso.

—Tanto el blanco como tú son conducidos por la corriente— informó Ritsuko a la piloto mediante el comunicador —¿Comprendes? Eso quiere decir que sólo tenemos una oportunidad para interceptarlo.

—Ya lo sé— respondió la jovencita, apretando los dientes a la par que sujetaba los controles con más fuerza, alistándose para la parte más importante de la misión —Confíen en mí...

—30 para contacto con el blanco— añadió Maya desde su puesto, poniendo a todos nerviosos una vez más. Parecía que se estaba especializando en ello.

Ahora toda la tensión se concentraba en la joven piloto. De lo que hiciera los próximos instantes dependía el éxito o fracaso de toda la operación. El Eva sujetaba con fuerza la jaula electromagnética que llevaba cargando delante de sí lo mismo que la muchacha asía fuertemente los controles. El huevo se veía más y más grande a medida que se acercaba.

—Velocidad relativa: 2.2.— pronunció secamente —Blanco al alcance.

El ángel en incubación ya estaba delante de ella, y lo único que tuvo que hacer antes de que se estrellaran fue activar el mecanismo que llevaba en la jaula para que ésta se abriera para que pudiera albergar a su nuevo huésped.

—Expandiendo jaula electromagnética— decía mientras realizaba dicha acción —Sin problemas... Blanco capturado— informó con gran satisfacción del éxito de su empresa, ante el regocijo y algarabía de todo mundo en el campamento. Ya por fin podían respirar aliviados, sabedores de que su existencia había sido asegurada un día más, por lo menos.

—¡Bien hecho, Asuka!— le dijo Misato, poco después de dar la orden de que la subieran, como agradeciendo que la hubiera salvado de un probable motín.

—Gracias... la operación captura está completa— respondió, suspirando de improviso, completamente exhausta, pero satisfecha de un trabajo bien hecho, como era su costumbre. Ahora lo único que quería era salir de allí —Comienzo con el ascenso...

La grúa ahora realizaba la acción contraria a la que desempeñaba momentos antes, arreando hacia la superficie el colosal aparato y su carga de varias miles de toneladas. Era increíble que el hombre fuera capaz de construir máquinas que pudieran levantar semejante peso.

—Oye, mocosa— preguntó Kai mediante el comunicador, a un lado de la grúa, mirando fijamente el ardiente magma a sus pies —¿Estás bien?

—Por supuesto, alfeñique, no te preocupes— le contestó de buena gana, gozando de un excelente humor que le permitía intercambiar algunas bromas —Resultó ser una tarea bastante sencilla... es obvio, si tomamos en cuenta mi poderío y habilidad con el Eva. Los dos formamos un gran equipo...

—Sí, claro— masculló Rivera, dándole por su lado.

—Cómo sea— continuó Langley, abatida —Esto parece más un traje sauna que un traje de conexión. ¡Ya no puedo esperar por ese balneario!

Por su parte, también las cosas en el campamento se habían relajado bastante, con el aparente éxito de la misión, sin que haya pasado algo que lamentar. Los técnicos y operadores se permitían desempeñar con más soltura sus labores, avergonzados por haber considerado con anterioridad el sublevarse y tomar el mando. A final de cuentas, Katsuragi la había conducido por buen camino y llevado a feliz término.

Ésta se dio el lujo de reposar momentáneamente en una silla dispuesta a su lado, sujetándose el tabique nasal, boca abajo, mientras lanzaba un hondo suspiro de alivio, al tiempo que Akagi se le unía, llegando a un lado suyo.

—La tensión parece haberse desvanecido de repente, ¿eh?— arguyó de forma casual la científica, con las manos en los bolsillos de su bata, mirando a los alrededores, sobre todo a la gente que trabajaba con bríos renovados.

—¿En serio?— respondió la capitana, en su misma pose, cómo restándole importancia al comentario pasado.

—No finjas conmigo— siguió su acompañante, tampoco sin voltear a verla —Sé muy bien que temías el resultado de esta misión.

—Bueno, así es— contestó levantando la mirada —Si acaso hubiéramos fallado, se hubiera desatado otro...

—Sí, lo sé:— pronunció Ritsuko quitándole las palabras de la boca —Otro Segundo Impacto... yo tampoco quisiera pasar por algo así, otra vez.

La relativa calma que se había instalado en el presente tiempo fue bastante fugaz. Se esfumó por completo al activarse la alarma en el monitor que vigilaba el proceder y el estatuto del blanco cautivo, que empezó a registrar una violenta e inusitada actividad, preso en su jaula.

Misato se puso de pie como de rayo, tensándose todos sus músculos de nuevo, mientras que ella y la doctora indagaban el origen de la alerta en el cuartel provisional, dirigiéndose a toda prisa de donde provenía la señal, en donde todo mundo se arremolinaba.

—¿Qué es lo que sucede?— preguntó Katsuragi apenas se integraba a la muchedumbre.

—¡No puede ser!— atinó a decir su compañera, al averiguar la razón de alarma.

Al mismo tiempo, quien en más aprietos estaba era la misma piloto del Eva 02, pues era ella la que tenía que lidiar con la raíz de todo el problema. La crisálida que había apresado se estaba revolviendo enérgicamente dentro de su prisión, inconforme con su cautiverio, protestando tanto como podía para verse en libertad a como diera lugar. Apenas si lo podía sostener ante la férrea resistencia que presentaba.

Vas?!— pronunció confundida la jovencita, luchando para sostener a su prisionero —¡Se volvió loco!

Forcejeaba para que no se le fuera a soltar, con tantas sacudidas que la bestia en nacimiento le propinaba a su jaula, anhelando su libertad. Pronto, la semejanza humana del embrión desapareció por entero. A la criatura se le quitaron los brazos y piernas, para que en su lugar comenzaran a crecer tentáculos que se estiraban a lo largo de su celda. La cabeza fue absorbida por un cuerpo informe que era el centro de todo ese barullo.

—¡Comenzó a eclosionar antes de lo esperado!— informó Ritsuko, en cuanto vio la imagen en la consola.

—¿Cuál es el estado de la jaula?— preguntó Katsuragi a su subordinado, en su puesto.

—No resistirá por mucho tiempo.

—¡Aborten la misión!— se giró de inmediato la capitana para comunicarse por el medio adecuado con los pilotos de los Evas —¡Asuka, arroja la jaula!

Aún cuando no se lo hubieran ordenado, de igual modo la muchacha lo habría hecho. El ángel se había desarrollado hasta llegar a su etapa de madurez, lo suficiente como para sobrevivir en las difíciles condiciones externas. De hecho, habiendo roto sus cadenas con evidente facilidad estaba más que dispuesto a abalanzarse sobre su captora en el momento que ésta lo dejó caer en las profundidades abismales. Esto no fue impedimento para continuar con su propósito, desplazándose con absoluta facilidad por entre la presión y las corrientes magmáticas, soportando el infernal calor del volcán, maniobrando por la corriente para ponerse frente a ella, en curso de colisión directa.

—¡Cambio de prioridad!— estableció Misato rápidamente —¡Ahora lo más importante es la eliminación inmediata del objetivo!— al ver cómo se aproximaba peligrosamente el enemigo, prosiguió —Eva 02, cambio a modalidad de combate.

—¡Estaba esperando que dijeras eso!— le respondió la piloto, obedeciendo las órdenes de su superior, alistándose para la batalla.

Sólo que algo hacía falta. Lo sentía, cuando al intentar sujetar su arma se encontró con nada, salvo la lava que la rodeaba por todas partes.

—¡Oh, maldita sea!— exclamó, al recordarlo, entre la desesperación de saberse indefensa ante la criatura —¡Tiré el cuchillo progresivo!

No había tiempo para recriminaciones. El monstruo se había librado de los despojos de lo que antes había sido una prisión y haciendo alarde de una gran maniobrabilidad y velocidad en tan difíciles condiciones, realizando una pirueta ya se había puesto en su curso, acercándose rápidamente. Ya hasta podía escucharlo gruñir de la rabia que le provocaba su sola presencia.

—¡El enemigo se aproxima por el frente!— pronunció desesperadamente, al mismo tiempo que pensaba en qué hacer en semejante situación —¡Tiraré el lastre!

En cuanto lo dijo, se liberó de un pesado cinturón que el robot traía ceñido como contrapeso, para poder manejarse mejor y eludir por unos segundos lo que hubiera sido un duro choque con la bestia, que pasó rozándole por debajo suyo al momento que se elevaba para esquivarlo.

—¡Asuka, la Unidad Z te arrojará su cuchillo!— le dijo Misato para calmarla un poco, pues el ángel ya había dado vuelta de nuevo y estaba preparado para embestirla —¡Atrápalo!

"Demonios, sólo espero que no lo vaya a perder" pensaba Kai cuando arrojaba el arma con todas sus fuerzas desde la punta del volcán. El filo atravesó como un misil las corrientes de lava, pero aún así estas presentaban cierta resistencia a aquella fuerza, por lo cual su trayecto se vería un poco demorado, y era el tiempo lo que más contaba en ese entonces. Si acaso no llegaba a tiempo, la Unidad 02 podía darse por perdida. Un combate normal a tales profundidades no era concebible para el robot de color rojo.

—¡¿Porqué tardas tanto?!— vociferaba desesperada la extranjera en su cabina, al observar impasible a la bestia que se arrojaba contra ella —¡Lánzalo de una buena vez, con una chingada!

—Serena, morena— intentaba tranquilizarla el muchacho, al distinguir su insolente timbre por la radio —No tarda en llegar, espera sólo un poco...

—Quedan 40 para que el cuchillo progresivo esté al alcance de la Unidad 02— por su parte, también uno de los operadores quiso contribuir a calmar a la piloto, aunque sin mucho éxito.

—Esto no está muy bien, que digamos— pensó en voz alta el muchacho, mirando de nueva cuenta el ardiente contenido del cono volcánico —Creo que ya va siendo hora de que Kai entre al rescate...

Se dijo a sí mismo, para luego empezar a realizar una serie de ejercicios antes de sumergirse, que está de más decirlo, pero de la misma manera estaban de sobra y fuera de lugar, pues estaba tripulando un Evangelion, no en una alberca.

—¿Qué es lo qué pretendes?— preguntó Katsuragi, con una gota de sudor frío recorriéndole la sien, apenas lo vio por el monitor. Una escena por demás absurda.

—Que ya va siendo hora de que intervenga, ¿no te parece?— respondió, despreocupado y enfilándose al abismo del coloso de fuego —Ese tipo de allá abajo no nos va a dejar ni el recuerdo de Langley... no es que me importe, claro... pero muy a mi pesar, toda vida es preciosa, aún la de ella.

—Pero aún no nos han dado alguna autorización para que el Eva Z entre en acción— argumentó, apurada —Y mientras no la recibamos, tú no puedes moverte de tu puesto, pase lo que pase, ¿entiendes?

"Vaya, qué curioso" pensó Rivera en esos momentos, bastante divertido "Yo era el que quería verla muerta y Misato era la que la defendía. Ahora yo soy el que la quiere defender y Misato la que la quiere matar".

—No hay problema, yo lo autorizo— repuso el joven, decidido a llevar a cabo su empresa de salvación —Aún soy el director de mi sección asignada, y tengo la autoridad para hacerlo, ¿recuerdas? Además, quedamos que ésta es una operación en conjunto con las Fuerzas Armadas de la O.N.U. y como el Eva Z pertenece a las Naciones Unidas, pues...

—Pero... pero... ¡No cuentas con el Equipo D!— aseveró la mujer, quedándose sin excusas. La verdad, es que era ella la que no quería arriesgarlo en una misión de ese tipo— ¡No sobrevivirías un solo minuto en el magma si te sumerges así cómo así!

—¡Ja!— se mofó el piloto, poniéndose las manos en la cintura, empuñadas —¿Olvidas que la armadura de Zeta es IN-DES-TRUC-TI-BLE? ¡No hay nada en el Cielo ni en la Tierra que pueda penetrar este blindaje! Es cosa de niños internarse al interior de un volcán.

Y sin pretender mediar más palabras, el piloto se lanzó junto al robot de combate a la corriente magmática, cruzando como flecha las profundidades de ésta, listo para auxiliar a su compañera en aprietos.

—¡Kai, no te atrevas! ¿Me oyes?— pataleaba Misato mientras lo hacía —¡Soy tu tutora legal, y te ordeno que mantengas tu posición! ¡No te atrevas a desobedecerme! ¡Maldita sea! ¿Y tú de qué te ríes?— preguntó molesta, una vez que el muchacho ya se había zambullido en el magma, haciendo caso omiso de sus indicaciones; buscaba algo con qué desquitarse y Ritsuko estaba ahí a su lado, en silencio, pero con una sonrisa burlona en la cara.

—¿Yo? De nada, de nada en absoluto...— dijo, bastante divertida con aquella situación. Por fin su amiga sufría por la insolencia de su protegido.

—El ángel se aproxima rápidamente.

Asuka no necesitaba que le recordaran aquél aspecto, teniendo al sujeto en cuestión casi encima de ella. Veía como su imagen se iba haciendo más grande sin nada a la mano con lo que pudiera defenderse; además el Equipo D le restaba bastante eficacia al portador en su desempeño en un combate cuerpo a cuerpo. Lo único que le restaba hacer era intentar razonar con el adversario, cosa que no tenía mucho futuro.

—¡No, por favor, no vengas! ¡Espera sólo un momento! ¡Maldición!— vociferó al final, dándose cuenta de lo inútil que era. Levantaba el brazo derecho, moviéndolo de un lado a otro buscando asir el arma que aún no le llegaba —¡Apúrate, con una fregada! ¡Quieren matarme aquí!

Cuando por fin lo tuvo en su poder fue demasiado tarde, pues inmediatamente la bestia embistió con toda su fuerza a la Unidad 02, produciendo tremendo choque que la cimbró de pies a cabeza. Sin embargo, sujetó fuertemente el cuchillo tal cual lo haría un hombre al agua a un salvavidas.

Por su parte, el ángel tenía férreamente sujetado al Eva, en su salvaje intento por hacerlo pedazos. Quiso hacerlo al masticarlo, abriendo su hocico tan curioso y tan grande, pero sin ningún diente a la vista, estrujando y rasgando la armadura que portaba el robot; no sin mucho descontento por parte del piloto, que desenfundó el cuchillo y lo blandió una y otra vez sobre del monstruo, sin conseguir penetrar la dura piel del titán. La hoja era repelida fácilmente en donde fuera por una estructura orgánica capaz de sobrevivir a aquellas temperaturas infernales y a esa descomunal presión que el planeta ejercía en ella.

—¿¡Qué diablos!?— pronunciaba la chiquilla hecha una furia, viendo lo fútiles que resultaban todos sus empeños —¡Déjame en paz, hijo de perra! ¡Suéltame ya, imbécil, suelta!

El coloso no respondía, limitándose a seguir sacudiéndola con sus poderosas fauces que muy pronto la partirían a la mitad, si es que no hacía algo, o antes la elevada presión y temperatura la hacían pedazos, lo que ocurriera primero.

—Increíble— acotó Akagi, embelesada con la estupenda constitución de su rival —Pudo ser capaz de abrir la boca bajo esas condiciones extremas.

—Qué estructura tan asombrosa posee el blanco— completó Maya, emulando la actitud de su superior.

Y en lo que ellas admiraban las habilidades del enemigo, éste ya le había deshecho la pierna derecha al Eva 02, que no pudo soportar más la fuerza a la que estaba siendo sometida, sucumbiendo por completo y de paso ocasionándole ese terrible dolor psicosomático que experimentaban los pilotos al ser dañado el Evangelion de alguna forma.

—¡Maldito seas, engendro!— musitó la muchacha, apretando los dientes en un intento por calmar el tremendo dolor que sentía en su pierna —¡Te juro que vas a pagar por eso!

Cegada por la venganza, descargó otra descarga de cuchilladas sin sentido, que para nada le ayudaban puesto que el resultado seguía siendo el mismo de siempre. Lo que había que hacer, más bien, era cambiar de estrategia.

—El cuchillo progresivo resulta inefectivo— observó Ritsuko —Ante un oponente que puede resistir condiciones tan extremas como la temperatura y presión altas del volcán.

—Pero en ese caso— intervino Hyuga, harto de escuchar los comentarios fatalistas de la científica —¿Qué podemos hacer para vencerlo?

Todos callaron, mirándose los unos a los otros desconcertados, sin encontrar la respuesta a su pregunta al mismo tiempo que la chiquilla ferozmente luchaba por su vida. Nada había que hacer, ¿no era verdad? Salvo mirar y aguardar a lo inevitable. Sus posibilidades se habían agotado, por mucho que esto les pesara. ¿No era así? No obstante, su respuesta llegó, dándoles a todos la impresión que procedía de los cielos, por lo abrupto de su presencia. Aún quedaban esperanzas para todos ellos.

El rayo que se desprendió de los ojos de la Unidad Z cayó implacable sobre su enemigo como castigo divino, golpeando de lleno al monstruo con una fuerza de tal impacto que lo obligó a liberar a su presa y volver a cerrar la boca, cayendo como plomo a las profundidades, aún más debajo de lo que ya estaban, atontado por lo súbito de la descarga, cosa que no duraría mucho.

—¿Qué... fue eso?— pronunció Langley desconcertada, viéndose libre tan de repente.

—No quisiera entrometerme en tus asuntos, Asuka— dijo Rivera mientras seguía descendiendo, al haber ganado algo de tiempo para todos —¿Pero siquiera te has acordado algo de lo que platicaste con Shinji esta misma tarde? Quizás todo te resultaría más fácil si lo hicieras.

—¿Con Shinji?— murmuró aún más extrañada, entornando los ojos al intentar recordar algo de relevancia en aquella charla insulsa —Veamos... él estaba allí con su computadora... y sus problemas de física... expansión... ¡Claro, expansión termal!— estalló en júbilo, con una luz de triunfo iluminando sus ojos castaños.

—Luego no digas que no te lo dije.

—¡Ocúpate de tus asuntos, garrapata! ¡De todos modos, no necesitaba que me lo recordaras, lo hubiera hecho sola a final de cuentas!

La criatura ya se había repuesto del trancazo propinado desde lejos por Zeta y haciendo un surco ya se encontraba de nuevo, aunque mucho más furioso que antes, en rumbo para embestir al robot rojo.

Parecía que la historia se iba a repetir, sólo que ésta vez Langley no quiso entrar al rodeo así como así, y en lugar de una confrontación directa optó por otra opción menos convencional.

En ese caso, en lugar de empuñar su navaja contra su oponente, prefirió utilizarla para trozar una de las mangueras refrigerantes que traía conectadas en la espalda. Como serpiente sin cabeza el tubo se contorneó de un lado a otro sin control hasta que el Eva lo sujetó, mientras derramaba su contenido a su alrededor.

El personal que ocupaba las instalaciones del Instituto no tardaron en demostrar su asombro ante la rara maniobra de la muchacha:

—¿Pero qué es lo que está haciendo?

Bueno, quizás en ese instante no quedaba muy claro lo que pretendía, pero luego más o menos disipó la incógnita, aunque fuera sólo a medias.

—¡Dirijan toda la presión del líquido refrigerante a la tercera manguera!— ordenó con fuerte voz la joven europea mientras sujetaba el tubo que ella misma había cortado, tono que exigía de inmediato ser atendido —¡Rápido!

Una vez que tuvo al monstruo frente a sí, en lugar de recibirlo a cuchilladas lo acogió con un baño del líquido que usaba para refrigerar su traje anti-presión, deteniéndolo en seco, primero un tanto desconcertado; luego, provocándole un verdadero daño, pues la bestia se agitaba violentamente mientras el Evangelion, tomando revancha lo sujetó fuertemente por una de sus extremidades, impidiéndole toda posibilidad de escape, para entonces sí asestarle un par de certeros cuchillazos apuntándole directo al núcleo.

A diferencia de su duelo anterior, ahora la navaja parecía tener mucho más éxito que la vez anterior, penetrando por la gruesa piel de la criatura, aunque sin mucha facilidad todavía, pues el filo aún encontraba cierta resistencia, sacando chispas mientras luchaba por penetrar en su férreo cuerpo.

—¡Claro, ahora entiendo!— dijo en voz alta la doctora Akagi, siendo una de los pocos que entendió que es lo que pasaba, en un momento de inspiración —¡Expansión termal!

Los contrincantes, fuertemente sujetos el uno contra el otro, se revolvieron esporádicamente en las corrientes a medida que el titán luchaba por escapar de su agresor. Enfrascados en su lucha, continuaron así por un rato más que pareció ser eterno a todo aquel que apreciaba la imponente escena del duelo de aquellos dos gigantes en el interior hirviente de un volcán, reviviendo a las antiguas leyendas. Hasta que aquello llegó a su final, como debía suceder inevitablemente. Poco a poco los ánimos se fueron calmando entre los contendientes, hasta llegar a la calma absoluta.

En lugar de una fenomenal explosión, como era típico de los de su estirpe despedirse, el Octavo Ángel optó por una salida mucho más modesta, haciendo uso de un proceso de degradación que acabaría con su cuerpo. Más bien, fue la misma presión y la alta temperatura contra las que anteriormente estaba protegido, las que por fin dieron cuenta de él. Expansión termal: cuando un sólido aumenta su temperatura, se dilata, cuando la disminuye se contrae. Al ver afectada sus dimensiones, que le protegían contra las condiciones extremas de las corrientes magmáticas, cortesía del cambio de temperatura tan brusco por parte del líquido refrigerante, además de permitirle al cuchillo progresivo destruir su Núcleo, el punto débil de los colosos, también afectó su composición estructural, quedándose indefenso ante las fuerzas de la Naturaleza.

Más no hubo tiempo de celebrar. En su último suspiro, poco antes de abandonarse a la nada y de que su cuerpo fuera totalmente deshecho, la criatura arañó las demás mangueras que hasta ese momento continuaban intactas, cortando el lazo que sostenía al Eva de la grúa en la punta del volcán, esperando que el robot compartiera su mismo destino.

La piloto sólo pudo pelar los ojos mientras el enemigo la condenaba a una muerte segura en las profundidades de aquél abismo, sin creer en su suerte tan desdichada. Nada le quedaba, salvo resignarse a su cruel destino, el de morir en la batalla.

—Lo he conseguido: finalmente he vencido al enemigo— atinó a pensar en el aluvial de emociones que la embargaban mientras caía sin control —¿Pero quién iba a pensar que así terminaría todo? Morir hecha pedazos en el interior de este estúpido volcán...

Se vio súbitamente interrumpida cuando toda su vida, de escasos catorce años, pasaba frente a sus ojos mientras iba rumbo a encontrarse con la Muerte. Algo de origen desconocido la sujetó de improvisto fuertemente, de paso deteniendo su caída, impidiéndole perderse en el abismo.

Sorprendida, la muchacha luego de abrir los ojos miró hacia su monitor para encontrarse con la Unidad Z, que desprovista de todo equipo que la protegiera de la alta temperatura y presión, la tenía férreamente sujeta con una mano, mientras que con la otra agarraba el borde de la pared del volcán.

La visión del Eva Z, imponiéndose altivo a todo lo que la Naturaleza le pusiera enfrente, venciendo a las condiciones extremas en las que se encontraban, era espléndida. Un demonio redimiéndose en su propio reino, salvando un alma de la condenación eterna, eso era lo que parecía. Detalle que no pasó por alto para la alemana, que luego de cerrar la boca, impresionada, sonrió para sus adentros.

—Imbécil... no tenías porqué haber venido— pronunció, un tanto confundida por lo que experimentaba en esos momentos al ver a su salvador, parta luego rematar, con las palabras atoradas en la garganta, con un modesto pero sincero: —Danke.

—Sólo espero no arrepentirme de esto después— murmuró Kai, asegurándose que Langley no lo escuchaba, y tratando por todos los medios posibles que la conmovida joven no viera los gruesos hilos de sangre que escurrían por sus fosas nasales y oídos, como en cada ocasión que subía al Eva Z. Asegurándose como pudo de mantener su secreto a salvo, hizo fuerzas para comenzar a subir. Después de todo, El Eva 02 no podría resistir siempre, así como estaba, en ese lugar.

Misato era persona de palabra, y pese a todas las dificultades que la misión había sufrido antes, durante y después de ésta, fue fiel a su promesa y la cumplió una vez que se las ingenió para deshacerse de todos los reportes que debería llenar y firmar por triplicado, para poder llevar a los pilotos a ese balneario de aguas termales del que Kai y ella habían hablado antes.

El buen Hyuga. Siempre estaba allí para echarle una mano, más a ultimas fechas, desde que se había enterado de la atracción que sentía por ella, situación que podía manejar muy convenientemente según a sus intereses. Y si llenar los reportes a todas las delegaciones gubernamentales en su lugar lo hacía feliz, ¿cuál era el problema, entonces? Además, le debía una, por esa repentina insubordinación suya justo en medio de la misión. Había puesto en tela de juicio su capacidad para dirigir la operación, cosa que había sido muy mal vista por todo mundo. Ahora iba a tener que trabajar muy duro para volver a ganarse sus favores.

En todo eso pensaba la Capitana Katsuragi, un tanto molesta, mientras se desvestía para entrar al agua, tapando su cuerpo desnudo con una toalla una vez que terminó de quitarse la ropa, poniéndose sus sandalias y recogiendo el balde de madera en el que llevaba jabón y shampoo para el cabello. Junto con Asuka, salió despreocupadamente al pasillo que daba a los vestidores, en donde aguardaba Kai, aún vestido, de pie y con los brazos cruzados sobre su nuca, recargado en la pared.

—Entonces en eso quedamos, cariño— se dirigió a él la mujer, enfilándose al baño para las mujeres —Espera un poco más a que llegue Shinji, ¿de acuerdo? Estoy segura que no debe tardar, ya hace rato que mandé por él.

—No hay problema— contestó lacónico, sin verla.

—¡Ya no puedo esperar por ese baño en aguas termales!— pronunciaba Langley, canturreando, mientras seguía alegremente a Misato por el corredor —Y ni se te ocurra intentar espiarme mientras esté desnuda ¿comprendes?— advirtió al muchacho antes de entrar, blandiendo su puño en el aire —Ó te ira muy mal...

—Uy, qué miedo— contestó el joven, por su parte, fingiendo escalofríos —Mira cómo estoy temblando...

—Mocoso imberbe— masculló la jovencita, dándole la espalda para luego internarse al baño que se encontraba en el exterior, un estanque de aguas termales, tradicionales en Japón desde hacía mucho tiempo.

De hecho, el baño es considerado como todo un ritual para los japoneses, aunque en esas últimas fechas el decoro por las tradiciones se habían ido perdiendo.

Así pues, Rivera volvió a quedarse solo, tocándole esperar por el que faltaba. No le apuraba bastante, a decir verdad, sólo esperaba que no tuviera que aguardar mucho tiempo a la llegada de Ikari, pues no le gustaba bañarse al aire libre de noche debido a que el fresco nocturno le molestaba en demasía. En cuanto se dirigía al recibidor de la posada, se oyó a Shinji decir a la entrada:

—¿Hola? ¿Misato? ¿Hay alguien aquí?

—Por aquí— salió a recibirlo su compañero mientras se quitaba los zapatos y los ponía en un estante —Qué bueno que llegaste pronto, todavía agarramos tantito sol... oye, ¿pero qué es lo que traes en esa caja?— interrogó señalando precisamente la caja que sostenía el joven japonés en sus manos, una vez que se dirigían a los vestidores.

—Oh, esto...— respondió Shinji, poniéndola en el suelo para abrirla —El señor Kaji insistió en que lo trajera conmigo...

Al momento de abrirla, cómo muñeco en caja de sorpresa, así salió Pen-Pen del interior de la susodicha, sacudiendo las plumas de su cuello y cabeza, para entonces mirar desconcertado de lado a lado, reconociendo el nuevo ambiente en el que se encontraba.

—¡Pen, mi pequeña bola de plumas!— exclamó Kai, feliz de ver a su mascota, agachándose para abrazarlo —¡Ya me había olvidado de ti, y de cuánto te gusta bañarte en aguas termales! Mira, por allá está el baño, a la izquierda— más tardó el chiquillo en ponerlo en el piso de nuevo que el animal en ir tan rápido como podía a las aguas.

Tampoco los jóvenes pilotos tardaron mucho en desnudarse y meterse al agua, que estaba deliciosa a más no poder, aunque Rivera todavía guardaba cierta reminiscencia a bañarse con alguien más que no fueran Misato o Pen-Pen. A pesar de haber vivido gran parte de su vida en tierras japonesas, aún no estaba acostumbrado a ciertas costumbres y tradiciones niponas. Ikari no reparaba en ello, sentado plácidamente en la orilla del estanque, con el agua llegándole al pecho.

—¡Esto es magnífico!— suspiró el joven japonés, deleitándose en tan agradable sensación como lo era esa agua tan cálida en su piel —Hacía mucho que no disfrutaba tanto un baño...

—Pues... sí... no está nada mal, ¿eh?— dijo finalmente su compañero, imitándolo.

Permanecieron así como estaban varios minutos, sin nada que molestara su placer, ni siquiera el sordo murmullo que realizaba el pingüino cuando se deslizaba por la superficie del agua, ejercitando sus aletas, cosa que lo ponía asimismo de un humor impecable.

—¡Kai! ¿Estás allí?— se escuchó a Misato del otro lado de la cerca de gruesos troncos que separaba el baño de las mujeres del de los hombres —¡Kai!

—¿Qué pasó?— preguntó el chiquillo, sin inmutarse ni moverse de su lugar.

—¿Podrías pasarnos tu botella de shampoo?

—El nuestro se acabó— completó la voz de Asuka.

—¡Cuánto desperdician ustedes, las mujeres!— profirió Rivera, permaneciendo en su sitio sin prestar atención a lo que le pedían, tan a gusto como estaba —¡Esa botella apenas estaba a la mitad! ¿Y ya se la acabaron?

—Allí va... ¿están listas?— tomó la palabra Shinji, poniéndose de pie y tomando el susodicho objeto, en vista que su acompañante no estaba dispuesto a hacerlo.

—Ah, Shinji... con que ahí estabas— respondió Katsuragi —Sí, ya estamos listas...

—¡Ya lánzalo!— pronunció Langley, un tanto desesperada.

Ikari arrojó la botella por los aires, librando ésta la cerca con relativa facilidad, perdiéndose de su vista. Quién sabe porqué, pero el chiquillo continuó de pie en tanto que la joven alemana, al otro lado, se lamentaba.

—¡Ay! ¡Estúpido, ten más cuidado a dónde lo lanzas!— exclamó la muchachita desde el otro lado —Qué torpe eres...

—Lo siento— acertó a decir el chico, bastante apenado, con la voz apagada.

—Me pegaste en mi parte más sensible— siguió con sus quejidos, pareciendo que estaba a punto de romper en llanto.

—¿Te refieres a esta parte?— intervino de nuevo Misato en la conversación, para de inmediato hacer notar —¡Asuka, pero qué piel tan suavecita tienes! Mira nada más, qué cosa tan hermosa.

—¡No, no me toques!— suplicó la europea, estallando en risas entrecortadas —¡Tengo cosquillas!

—¿Y aquí? ¿Ó aquí?— siguió la mujer, ante el incremento de las risas de la jovencita y estimulando de más a la imaginación de los muchachos al otro lado de la cerca.

—¡No me toques allí!— imploraba la chiquilla, ahogándose en su propia risa.

El sol ya comenzaba a ponerse en medio de una multitud de colores ocre que iluminaron tenuemente una parte del firmamento, al tiempo que las estrellas comenzaban a salir, risueñas y juguetonas. La calma que imperaba en el lugar instaba a todos los presentes a no perderse dicho espectáculo natural, aunque sólo fuese por ocio, para lo cual Misato se había instalado en una enorme roca en la orilla; una vez seca, se sentó completamente desnuda en dicha roca, sin ninguna inhibición, tal como lo haría una auténtica sirena. El cálido clima se prestaba para que su cuerpo al descubierto disfrutara de las caricias de la fresca noche de verano.

Langley, aún metida hasta el torso en el agua , la observaba sigilosamente, cuidándose de no ser sorprendida, mirando a hurtadillas de reojo. Miraba el espléndido cuerpo de Katsuragi, y veía en ese cuerpo de mujer la materialización de sus deseos para sí misma cuando ella fuera una adulta. Al visualizarse dentro de unos diez años adelante, se veía o más bien anhelaba poseer el cuerpo de la bella hembra que tenía a su lado, habría que reconocerlo. Después de todo, había sido ella la que logró enredarse con Kaji, y eso no era cualquier cosa. Era ese cuerpo tan sensual, tan femenino, y no virgen e inexperto como el suyo, el que había atraído a Kaji. Cómo una niña observa la muñeca escultural de plástico con la que juega, deseando tener sus tallas al crecer, así la muchacha veía hasta con cierta envidia la condición tan excelente de la capitana, preguntándose cómo era que una mujer con tantos vicios como lo era Misato pudiera conservar tan perfecta figura, figura que se llevaba de calle la suya. Excepto por aquella horrible cicatriz que le atravesaba casi por entero el pecho, cosa que le intrigaba bastante, pues resaltaba a primera vista y era imposible pasarla desapercibida, dadas las condiciones.

A final de cuentas, fue tanta su insistencia que en alguna ocasión habría de descuidarse inevitablemente, dándole oportunidad a la capitana de percatarse que era vigilada.

—¿Qué es lo que tanto estás viendo?— le inquirió dulcemente, dirigiéndole a la chiquilla la más afable de sus sonrisas.

Asuka de inmediato rehuyó su mirada, avergonzada, agachando la cabeza mientras el rubor colmaba sus mejillas.

—Ah, ya entiendo— continuó la mujer en aquél mismo tono de voz —Es esta cicatriz de aquí lo que miras, ¿no es así?— señaló con su dedo la ruta de dicha marca, que comenzaba cerca de la clavícula izquierda, atravesaba por en medio de sus senos firmes y terminaba poco después que el esternón, a unos cuantos centímetros del vientre —Un pequeño recuerdo que saqué del Segundo Impacto, no es la gran cosa...

Sus modales tan gentiles, la condescendencia con la que casi siempre la trataba... hasta en ese momento, a la joven alemana se le ocurrió que debía ser por cierta causa en específico, no sólo por el don de gentes. Incluso el cómo se sinceraba con ella con tanta confianza, así nomás, justo como acababa de suceder, la hacían sospechar.

—Tú... tú lo sabes, ¿verdad?— se dirigió a ella sin levantar la vista, sintiéndose de repente más desnuda e indefensa que nunca —Sabes todo acerca de mí... todo lo que pasó...

Katsuragi no respondió de inmediato, embelesada con el cielo tapizado de estrellas. El escorpión se encontraba justo encima de ellas, o "la carreta", cómo alguien le había dicho que lo llamaban de esa manera algunos campesinos, por su semejanza con dicho artefacto.

—Es parte de mi trabajo— pronunció, sin darle demasiada importancia —Pero descuida: todo eso pasó hace ya mucho tiempo.

Con aquella conclusión, ninguna de las dos volvió jamás a tocar el tema, dándose a la tarea de admirar las estrellas, siempre tan ajenas a todo, incluso a sus penas personales.

Agosto estaba a la vuelta de la esquina.