El palacio estaba envuelto en un frenesí de actividad, por un lado el ejército y los hombres del general se preparaban, doblaban turnos en las guardias desde el último ataque, su entrenamiento se intensificó, había más ejercicios de simulacros y se estableció un inventario de armamento. Ya era usual ver guardias caminando por los pasillos, el nerviosismo y el temor era un olor que podía percibirse en todo el palacio, una guerra siempre era complicada, había bajas, recorte de alimentos, batallas sangrientas y las familias de los guardias no tomaban muy bien cada una de estas.

Por otro lado, se hacían los preparativos para la asamblea de ese día. El general había solicitado la presencia de todos los nobles, se harían anuncios y eso siempre traía cambios importantes.

Exactamente al medio día, la procesión de los nobles comenzó a entrar al salón principal, acomodándose por rango. Cada uno llevaba un semblante adusto y serio, este tipo de asambleas eran comunes en tiempos de guerra, y que se hubiera conjugado una solo era síntoma de lo inminente.

Cada familia noble tendría que hacer aportes en caso de conflicto bélico, alimentos, hombres, terrenos, cualquier cosa que pudieran ofrecer si con eso su general ganaba la batalla. Todos ellos le tenían confianza y respeto, había pocas batallas fallidas en su historia, era un demonio fuerte y experimentado, así que el temor se atenuaba cuando se consideraban estas opciones.

Pocos minutos después, entraron los herederos, Sesshomaru e Inuyasha, ambos en su atuendo con armadura, lo que era costumbre en asambleas de consejo de guerra.

Para sorpresa de todos, quien entró después fue la sacerdotisa Kagome Higurashi, con su atuendo oficial de sacerdotisa, pero con un ligero cambio, la cresta del clan Taisho estaba impresa en el uniforme, y se le había dotado de una protección para mujeres guerreras.

Esto solo podía tener un significado, todos lo sabían pero nadie se atrevió a hacer conjeturas antes que su señor dijera lo contrario.

Y por último el gran Toga Taisho entró ataviado con su gloriosa armadura, su cabello recogido en una coleta alta y con un semblante sereno.

Llegó hasta el frente del salón, se colocó en el trono y el resto de los nobles dedicaron su atención a su señor.

"Los he convocado para esta asamblea ya que como se sabe, el clan Taisho ha entrado en guerra con algunos clanes humanos y se sospecha de algunos clanes de familias de demonios" comenzó Taisho con una voz severa. " Se han creado estrategias que se les darán a conocer en corto tiempo, así como los planes para cada familia"

"Uno de los principales planes a seguir es la movilización de parte del clan al palacio de la montaña. Como se sabe es una fortaleza natural, mujeres sin posibilidad de batallas, así como niños irán a esta ubicación, se les dará una lista de quienes tendrán que dejar el palacio dentro de dos días"

"Sesshomaru estará a cargo de esta movilización, así como de los hombres que le acompañen"

"Por último, se ha llegado a la decisión de la esposa de Sesshomaru. Se tomaron en cuenta diferentes factores, pero el principal es la asociación entre humanos y demonios. Kagome Higurashi, heredera del clan Higurashi será la prometida de Sesshomaru, asegurando al clan su lealtad en tiempos de paz y tiempos de guerra, aportarán un elemento que un ejército de nuestra especie nunca tuvo: sacerdotisas y monjes luchando de nuestro lado, por la paz entre las especies"

Sesshomaru sintió el nerviosismo de Kagome. Se semblante era sereno, de una belleza casi etérea, con su rostro serio. Su atuendo solo le aportaba un aura de peligro que antes no tenía. Deseo poder calmar sus nervios, estarían más seguros en el palacio de la montaña, si él podía evitarlo ella no vería la batalla y tampoco sería necesario usar sus habilidades.

La asamblea continuo por varios minutos más, Kagome había dejado de escuchar después del último anuncio de su compromiso. Había tratado de asumir todo lo pasado, el ataque, los encuentros con Sesshomaru, el surgimiento de sus poderes, la guerra inminente. Era demasiado para digerir, pero como heredera de un clan de sacerdotisas, y futura esposa de Sesshomaru Taisho tendría que hacerlo y pronto.

Esa mañana cuando le llevaron su traje y su armadura se congelo en el momento. Nunca había usado una armadura y ahora sería necesaria. El traje no era diferente a los que ya había usado, excepto por la cresta, el escudo de los Taisho en la espalda.

Cuando llegó el momento de ponerse la armadura lo hizo con manos temblorosas. Sango le ayudó a ajustarla de la manera correcta sin mencionar nada acerca de su miedo.

En cuanto la asamblea terminó y los nobles comenzaron a dispersarse sintió como el aire regresaba a sus pulmones lentamente.

-Necesito hablar contigo – dijo Sesshomaru – Acompáñame a mi estudio.

Kagome suspiro, pero aún así le siguió, preguntándose que era lo que tenía que decirle. Aún estaba molesta con él. Su imagen con Sakura o con Kagura estaba en su mente, fresca.

En cuanto llegaron al estudio, Sesshomaru cerró la puerta y le entregó un pergamino.

-¿Qué es esto? – preguntó Kagome

-El mapa de la ruta que tomaremos – dijo Sesshomaru – Quiero que lo memorices, te recomiendo que hagas tu equipaje, como mi prometida tienes derecho a llevar cuanto gustes, pero recomiendo lleves lo más importante contigo y no con el resto.

Kagome asintió y vio a Sesshomaru con su armadura. De ahora en adelante ya no se la quitaría a menos que se diera la paz.

-¿Has peleado en muchas guerras? – preguntó Kagome tratando de no dejar ver su miedo.

-Siempre habrá guerras y batallas que pelear – dijo Sesshomaru – Mi padre no ha dudado en meternos en las batallas.

Kagome guardo silencio y Sesshomaru la vio de reojo. Lucía vulnerable, en ese momento lucía como una niña pequeña, asustada.

-No dejaré que te pase nada – dijo Sesshomaru retomando su promesa. – Eres una Taisho.

-No lo soy – dijo Kagome – Aún no.

-Eso puede resolverse – dijo Sesshomaru con una muy ligera mueca en el rostro. Kagome le volteo a ver tomada por sorpresa, no esperaba esa respuesta de Sesshomaru.

¿Hablaba en serio? Sabía que todo el proceso estaba dirigido al matrimonio, y no solo eso, estaba segura que había sentimientos de por medio, pero ¿estaba lista para llevar todo al siguiente paso?

Volteo a ver el rostro impasible de Sesshomaru. El no bromeaba, por alguna razón consideraba la opción de la unión antes de ir a batalla. Como si fuera un ritual antes de una batalla, sin saber si volvería o no, para asegurar su lugar en la corte de su padre.

Eso solo le hizo sentir escalofríos.

-¿No debe haber una ceremonia? – preguntó Kagome sintiendo la boca seca.

-No necesariamente, en tiempos de guerra se permite la unión a la forma antigua – dijo Sesshomaru.

-Tu padre no lo aprobará – le dijo Kagome retrocediendo.

-No es asunto suyo – Sesshomaru no hizo ademán alguno por acercarse- Pero no es eso lo que te frena.

No, no era eso. No quería decírselo, después de todo en esos tiempos los matrimonios por conveniencia surgían una y otra vez, los esposos podía andar libremente y las esposas deberían aguantar con dignidad, Sesshomaru lo había hecho antes incluso de considerarse su prometido, pero aún así el dolor y el coraje al recordar las escenas le impedían tener un acercamiento mayor.

-No puedo – dijo finalmente Kagome, después rectifico – No lo deseo.

Sesshomaru alzó una ceja esperando una respuesta mejor que esa. Kagome suspiro pero lo complació.

-Aún te imagino con ellas – dijo Kagome.

-Es una práctica común entre los demonios – dijo Sesshomaru.

-Si, pero para los humanos no – respondió Kagome molesta – Y creo que para ti tampoco hubiera sido placentero el encontrarme con algún otro hombre.

Sesshomaru no dijo nada, pero en sus facciones se pudo ver que si ese hubiera sido el caso, ese hombre estaría muerto en ese preciso momento.

-Si tu no lo puedes permitir ¿Por qué yo si? – Preguntó Kagome - ¿Cómo sabré que no será así cuando nos casemos?

Finalmente Sesshomaru entendió la reticencia de Kagome. Sus acciones previas le conferían dudas. Para una mujer demonio el haber sido elegida sería suficiente, sabrían que los Inus no toman compañeras solo para engañarlas después, los Inus tomaban compañeras y una vez el ritual estuviera completo no podrían yacer con nadie más, su propio instinto se los prohibiría, pero ella no lo sabía.

-Entiendo – dijo Sesshomaru, comprendiendo de igual manera que no solo era la duda de su fidelidad, si no el orgullo herido de Kagome.

No se dijo nada más, ella no sabía que decir, Sesshomaru parecía estar reflexionando el cómo proceder y ella no tenía intención de romper el silencio.

Finalmente Sesshomaru volteo a verla.

-Un orgullo herido es difícil de resarcir – dijo Sesshomaru – Acompáñame.

Kagome le siguió por los pasillos, curiosa de saber de que manera Sesshomaru podría resarcir su orgullo.

Llegaron a la biblioteca. Los estantes enormes, estaban llenos de libros del techo al piso, con escritos que seguramente tenían algunos años más que ella. Sesshomaru avanzó hasta llegar a un libro en específico. Lo sacó del estante y se lo tendió a Kagome.

-Cuando estés lista, completaremos la unión – dijo Sesshomaru.

Kagome tomó el libro y Sesshomaru salió de la biblioteca sin decir nada. Kagome le vio confundida, después volteo a ver al libro que tenía en sus manos.

La portada era lisa, no tenía ningún título, así que lo abrió y en símbolos cuidadosamente trazados estaba el nombre del libro.

"Historia de los demonios perro Inu"

Kagome volvió a cerrar el libro y vio hacía la puerta donde había desaparecido Sesshomaru. Ese libro seguramente contenía detalles que a ellos, como miembros de una familia de sacerdotisas y monjes, se les había negado. Fortalezas y también debilidades.

Abrazo el libro, había un rayo de esperanza para su corazón que aún parecía desconfiar. Sesshomaru se preocupaba por su orgullo herido.

Llegó a su habitación dispuesta a leer todo, cerró la puerta y se sentó en su cama.

"La historia de los Inus se remontan a miles de años, se dice que fueron de los primeros demonios en habitar…"

Kagome pasó de página, esa realmente no era la información que necesitaba, leería todo el libro, pero realmente quería saber que era lo que Sesshomaru quería que viera.

Lo encontró bajo el apartado de "Reproducción y rituales de elección de compañeros"

"Los Inus son demonios con rituales sexuales múltiples. Un Inu podrá tener diferentes parejas sexuales, no sienten ningún compromiso hacia estas parejas siempre y cuando no haya el ritual de elección de compañero.

Sus instintos altamente afinados deberán recorrer diferentes parejas hasta dar con la indicada. Muchas veces no será necesario tener actividad sexual si los instintos del inu en cuestión están altamente desarrollados.

A diferencia de otros demonios, los inus no solo son asesinos refinados, sus instintos están en sintonía con la mente y el espíritu del demonio. Cuando se elige pareja es por siempre, la elección la hacen las tres partes del demonio y una vez se haya hecho la elección, incluso sin el ritual es casi irrevocable.

Los Inus no podrán elegir otra pareja, deberán mantenerse fieles, ya que así sus instintos lo dictan, es una de las razas de demonios en los que la decisión es irrevocable."

Irrevocable.

Eso es lo que Sesshomaru quería que viera.

La decisión que estaba tomando era de por vida. No habría salida para él. Ella como humana podría salir, dejarlo atrás, padecería de un corazón roto, pero el tiempo cura todo, podría elegir otro compañero, pero como demonio, Sesshomaru no podría hacerlo.

La elegía a ella por sobre todas las demás, y no habría nadie más.

Cerró el libro y sonrió. Su corazón se sentía libre, una pesada carga se levantó dejando solo la ligereza de saber que todo estaba bien.

Kagome se pasó todo el día leyendo la historia de la familia de Sesshomaru.

Ahora sabía que tenían variaciones dependiendo de con que tipo de demonios se emparejaran, todos tenían diferentes habilidades, pero solo los mas poderosos contaban con un número mayor de habilidades, así como el poder de cambiar de forma.

La última anotación era acerca de los niños nacidos entre demonios y humanos. Como Inuyasha.

Eran aún demasiado nuevos como para saber que era lo que pasaba, que habilidades podrían tener. Se sabía que si se llegaba a tener el ritual con una humana, su vida se extendería de tal manera que se emparejaría con la del demonio.

Alguien tocó la puerta. Kagome se levantó para abrir la puerta.

Se encontró con Izayoi, la madre de Inuyasha con una bandeja de te y sonriendo.

-¿Puedo pasar? – preguntó amable.

-Por supuesto – dijo Kagome azorada de ver a la dueña del castillo entrando, con una bandeja de té como si fuera lo mas natural.

-Me parece que tu y yo necesitamos tener una conversación – dijo Izayoi.

Kagome tomo asiento alrededor de la mesa, dejando que Izaypi se hiciera cargo del té.

-Sé que estas molesta con Sesshomaru, y no te culpo – dijo la mujer sonriendo – Mi hijo puede ser…difícil.

Su hijo. Izayoi era la madrastra de Sesshomaru, pero lo consideraba como propio, lo había visto crecer, y madurar en el demonio que era. Cuando su madre les abandonó para ir a la batalla, dejándolos solos, a él y a Toga, ella solo era una mujer ordinaria. Pero le había roto el corazón al ver al pequeño cachorro esperar por días a que su madre regresara.

-Quiero que seas consciente de lo que significa ser la compañera de un Taisho Kagome – dijo con seriedad – No es fácil, son tercos, demasiado posesivos y sobreprotectores, habrá días en los que querrás matarlos, tendrás que tener carácter para defenderte, para pelear, aunque eso no preocupa, se que lo tienes, son difíciles, y constantemente habrá guerras, peleas…

-¿Toga-sama es igual de complicado que Sesshomaru?- preguntó Kagome realmente curiosa.

-Mucho más, con el tiempo solo se hacen mas interesantes Kagome- sonrió Izayoi – Me temó que los hijos de Toga le harán saber lo que yo siento cuando el es terco.

-¿Vale la pena? – preguntó Kagome. Quería saber si todo el esfuerzo, las peleas, los malos ratos, y las complicaciones eran un precio justo a pagar.

-Cada minuto – dijo Izayoi – Nunca serás amada por nadie más como lo hacen ellos, su amor es incondicional, sin límites, cruzarán sus propios límites para estar contigo, para protegerte, Sesshomaru tiene una personalidad fría, pero sus instintos son los mismos que los de Toga, vale cada minuto, cada pelea, cada contra tiempo.

Amor incondicional. ¿Podría ser verdad que Sesshomaru la amara a esa extensión? Quizás aún no lo hacía, pero podía ver que ya había algo profundo entre ellos, algo que no podría explicar con palabras, un lazo que la obligaba a dejar todo si eso significaba estar con Sesshomaru.

-Eres muy joven Kagome –dijo Izayoi – Pero tienes una ventaja que nunca tuve, tienes el poder de poner en su lugar a Sesshomaru cuando lo necesites.

Kagome sonrió e Izayoi le imitó.

No estaría sola, para obtener la felicidad tendría que dejar su orgullo y resentimiento, solo estando juntos podrían afrontar lo que vendría.

-Muchas gracias Izayoi-sama – dijo Kagome verdaderamente agradecida.

-Llamaré a las doncellas para que te ayuden a hacer el equipaje, te recomiendo llevar tu ropa de sacerdotisa, ve cómoda Kagome – dijo Izayoi – Confía en mi hijo, no dejará que nada te pase.

Izayoi salió de la habitación dejando a Kagome pensando.

Dos días después Sesshomaru estaba terminando de afinar los últimos detalles. Partirían en unos instantes. Había elegido unos minutos para observar el castillo, los jardines, no los vería en algún tiempo, y no es que fuera sentimental, pero quería guardar una imagen del palacio en su mente, justo como estaba en ese momento, en su esplendor.

Sintió el aura de Kagome acercarse. Su olor reflejaba determinación, y un poco de temor.

Al verla llegar pudo notar que llevaba su traje de sacerdotisa y su arco en la espalda.

Sin decir una sola palabra Kagome se colocó junto a él y deslizo su mano entre las suyas.

No necesito palabras, con su cálida mano entre las suyas fue suficiente.

No dejaría que nada le sucediera. Le protegería de todo, estaba su orgullo de por medio, y sospechaba que algo mucho más grande también.

Kami le había puesto un camino y lo seguiría a lado de esta humana que había hecho lo que nadie más. Esta mujer tenía el valor de ponerse a su lado como su igual, y así la tomaría él, como su igual.

Entonces, Kagome se dio la vuelta, tomó su rostro entre sus manos, y sin decir palabra se acercó hasta juntar sus labios con los suyos.

Sus manos inconscientemente le rodearon, sus instintos absorbieron cada aroma, cada detalle de su ser, su sabor, su esencia.

-Quiero prometerte – dijo Kagome – Que aunque mis instintos no estén tan afinados como los tuyos, y no haya ninguna ley natural que me obligue a quedarme a tu lado, lo haré, me quedaré a tu lado, pase lo que pase.

Había leído el libro y lo entendió.

Entonces fue el quien cerró el espacio entre ellos y la besó con pasión contenida.

Pronto sería suya, y no habría poder en la tierra que le separase.

Nunca.