Capítulo 12+1
Mientras Severus Snape se aparecía en la mansión Malfoy, lejos de allí, en Hogwarts, Henry preparaba una trastada divertida. Había convencido a Lestat para que fueran a la Casa de los Gritos y así ver con sus propios ojos si estaba realmente embrujada. Lestat al principio se negó, alegando que a él no lo dejaban salir del castillo y que además iba contra las normas, pero mientras decía esto, apareció Di.
- ¿Qué es lo que va contra las normas?- preguntó sacando de inmediato su libreta y su pluma vuelapluma.
Lestat enseguida se calló. Se volvía un poco tímido cuando Di estaba presente y solo atinaba a contestar con monosílabos. Por esta razón, cuando Di lo había entrevistado en Hogsmeade, no obtuvo lo que había esperado y seguía andando tras él, esperando que al fin pudiera soltar frases de un tirón. ¿Quién querría leer una entrevista en la que todas las respuestas fueran HUM? Aunque la pluma ayudaba inventándose cosas, hasta ella misma sabía que si todo era inventado la cosa no tenía ningún sentido.
- Nada que te interese.- dijo Henry poniéndose en fente de Lestat. Di alzó las cejas.
- ¿Ah no? Fíjate si me interesa que voy a contarle al profesor Snape que estás tramando entrar a su despacho para robarle ingredientes.
- ¡Eso te lo acabas de inventar!
- ¿Y qué? Dime entonces qué vais a hacer.
- No quiero. Y para que lo sepas, Severus no está, le he visto irse a Hogsmeade hace rato.
- Pues le diré a otro profesor que tramas algo.
- Haz lo que te de la gana. Vamos, Lestat.
- Hum...- lestat tiró de la manga de Henry mirando a Diógena y susurró algo incomprensible. Henry levantó una ceja.
- ¿Y por qué se tiene que venir?- el slytherin se estaba impacientando.- Te lo he dicho para que lo ahgamos los dos, ella es una pesada. Venga, vamos.
Pero Lestat no se movió y clavó los ojos en el suelo. Henry resopló y miró a Diógena.
- ¿Ves? Esto es culpa tuya. Seguro que le has hechizado o algo. ¿Hay hechizos para hechizar vampiros? Espera...creo haber leído que era al revés...- dijo pensativo.
Diógena aprovechó para agarrarse a Lestat sonriente.
- ¿Y adónde vais con tanta prisa, Lestat?- Diógena pestañeó provocativamente, tal y como le había enseñado su madre para obtener información.
- Hum...a...a...la...casa...de...los...gritos...- dijo Lestat un poco rojo y con la vista aún en el suelo.
Henry se tapó la cara con las manos.
- ¿Por qué se lo has tenido que decir?
- Porque Lestat sabe que os puedo ser útil.
- ¿Ah si? Y dime¿en qué puede ser útil una chica que sólo sabe hacer preguntas con un vampiro y un slyherin más listo que ella? Ni siquiera sabes cómo se entra a la casa.
Diógena lo fulminó con la mirada.
- Voy a ir con vosotros.
Henry le devolvió la mirada.
- Si te crees que... – de repente se paró. Pensó, se rascó la cabeza y sonrió a Diógena. La chica notó cómo se le ponía la carne de gallina al ver esa sonrisa de niño bueno.- Bueno, la verdad es que es una buena idea. Si¿por qué no? Una chica guapa y lista nos vendría muy bien en esta expedición. ¿Verdad Lestat? Oh, qué listo soy. Venga, chicos, vámonos.
Lestat y Di se miraron, pero siguieron a Henry, quien, en vez de andar a hurtadillas por el pasillo para nadie los viera, se dedicó a pasearse delante de toda la gente que podía. Diógena no entendió ese modus operandi del chico, pero como hacía mucho tiempo que había decidido que era imbécil, no le dió más importancia.
Hasta que oyó una voz familiar.
- ¡Oh, bella damisela de ojos relucientes y mente rápida como una serpiente!¡Aquí tienes a tu fiel siervo y leal esclavo para lo que gustes hacerme!
Henry, Lestat y Diógena se pararon al unísono. Se dieron la vuelta muy, muy despacio, para ver a Mirzam, arrodillado delante de Diógena, en la típica postura de un príncipe que pide la mano de una doncella.
- Querida Di de mi alma, acepta estas flores como obsequio de mi amor por ti.
Di miró las flores y se agarró a Lestat.
- Mirzam, eso es una raíz de mandrágora y está podrida.
Mirzam no dejó de sonreír. Simplemente parpadeó un poco. Diógeno supuso que no lo había entendido.
- Quiero decir que me da asco. La raíz y tu sola presencia. Largo.
Mirzam sonrió más ampliamente y se levantó.
- Amorcito mío, sé que me amas en silencio y no soportas hacer público nuestro amor. Pero debes ser fuerte y enfrentarte a lo obvio: no puedes vivir sin mí. ¡Dímelo! Lo entenderé perfectamente.- dijo Mirzam con cara de: se lo que sientes.
Di lo miró con la boca abierta. Después se dio la vuelta y lo ignoró, llevándose a Lestat hacia la puerta de salida de Hogwarts.
- ¡Eh!¡Oye, espera! Ejem¡dulce amada mía!¡¿No esperas a tu vasallo¡Ey,tú!Eh, eh, mi amor..eh...mi dulce...¡zorra!
Mirzam frunció los labios y tiró la mandrágora por la ventana.
- Tsk. Es demasiado tímida.
- Si, ese es precisamente su mayor defecto. La timidez.
Mirzam miró a Henry, que curiosamente había aparecido a su lado.
- ¿Y tú quién demonios eres?
- Me llamo Henry.- dijo este sonriendo y tendiéndole la mano.
Mirzam le escupió en la mano.
Henry se limpió en Mirzam.
Mirzam sacó la varita e intentó clavársela en el ojo.
Henry lo hizo levitar.
- ¡Bájame de aquí, mamón!
- Te llamas Mirzam¿verdad?
- ¡Me llamo Rastaban y te voy a moler a palos en cuanto baje!
- Ya. Vale Rastaban. ¿Si te ayudo a conseguir a Diógena, tú me ayudarás a mí?
Mirzam se calló y lo miró.
- ¿En serio¿Me ayudarás?
Henry sonrió y le bajó.
- Claro. ¿Para qué están los amigos?
- Yo no soy tu amigo.
Henry se puso la varita en la barbilla, pensativo.
- Creo que a la profesora Sprout no le gustará saber qué ha sido de sus mandrágoras...
- ¡Henry, amigo mío!¡¿Qué tenemos que hacer?!- Mirzam de repente era todo sonrisa.
Henry sonrió. Bien, ya tenían cebo.
--
Snape se acomodó sobre el mullido sofá a la ve que era críticamente escudriñado por unos ojos fríos. Miró de nuevo su copa de coñac (Por Dios, no eran horas de beber alcohol) y removió el contenido. No es que fuera un entendido enólogo, pero por lo menos le entretenía ver el líquido bailar.
¿Es que Lucius no iba a bajar nunca? Una voz carraspeó frente a él y no tuvo más remedio que levantar la mirada de su copa. Narcissa le clavaba la mirada.
-Bien, Severus. No sé que es lo que os traéis entre manos tú y mi marido, pero espero que no le metas en problemas.
"¿Aún más de lo habitual?" Snape suspiró.
-Mira, Narcissa, no tengo ninguna intención de meter en problemas a Lucius. Simplemente vengo a hablar con él.- Dijo. No estaba del todo seguro si Narcissa debía o no saber lo que su marido le había pedido, así que por si acaso, mejor guardárselo, no fuera que al abrir la boca, lo echara todo a perder y Lucius no quisiera darle la dirección de la tienda.
-Ya.- Narcissa se cruzó de brazos y escrutó aún más a Snape, quien no por nada era un experto en oclumancia. Se dio por vencida al fin y decidió cambiar de tema.- ¿Y qué tal ves a Draco?
Snape vio la sonrisa franca de Narcissa, algo poco habitual en un Malfoy y se relajó un poco, pero ¿qué le podía contar de Draco?
-La verdad es que va francamente bien.
La verdad es que Snape ya tenía suficientes problemas con los de primero que le habían tocado como para fijarse en cualquier otro grupo.
Narcissa sonrió al oírle.
-Me alegra oírlo. Te quería preguntar algo… ¿No sabrás, por casualidad, si se ha gastado mucho dinero de repente en algo?
-Mmm… no. A los alumnos de los cursos superiores les damos una mayor libertad en temas económicos. Son mayores para decidir en qué gastarse sus ahorros.
-Ya, sólo era si habías notado algo especial en su comportamiento.
Snape recordó que la última vez que había visto a Draco era bajo los brazos del niño Black que le llamaba primo a gritos.
-No, nada anormal.
Narcissa se dio por vencida, Snape tomó un trago de coñac por hacer algo y entonces resonaron unos pasos que provenían de lo alto de las escaleras. Snape se preparó para ver a Lucius.
-¡Mi querido Severus!- dijo Lucius con sorna.
Snape estaba demasiado acostumbrado a ese tono como para darle importancia. Se levantó para estrechar la mano de Lucius, quien se acercó más a él y le abrazó. Snape torció el gesto, pero se dejó apresar.
Lucius se separó de él y Snape procuró no mirar a Narcissa a la cara, quien seguramente se estaría riendo disimuladamente de él.
-Perdón por el retraso. Tenía un asunto pendiente ahí arriba.
Snape levantó la ceja. No quería saber cual era ese asunto.
-No importa, Lucius. De todos modos, hoy no tengo mucho trabajo, por eso he aprovechado para venir a verte.- Dijo Snape. Narcissa carraspeó y Severus añadió.- a veros, por supuesto.
Lucius le rodeó el hombro con el brazo y le hizo sentarse de nuevo.
-Claro, claro. Ya no me acuerdo de cuando fue la última vez que nos vimos.
"Si no recuerdo mal, era en un dibujo"
-¿Y qué tal Draco?- Preguntó Lucius.
Snape se contuvo de suspirar. Él sólo quería sacar la información e irse.
-Cómo ya le he dicho a Narcissa, va bien.
-Por supuesto que va bien. Es hijo mío.- Dijo Lucius con orgullo. Snape levantó la ceja.-¿Y qué me cuentas de ese pequeño Snape?- Lucius sonrió.
Snape le clavó la mirada. Pero justo cuando abría la boca para responder, otra voz le interrumpió.
-¿De quién hablas, querido?- inquirió Narcissa
Snape posó la mirada sobre ella, extrañado. La verdad es que conocía muy bien a los Malfoy desde hacía mucho tiempo. Tras mucho tiempo de observación había llegado a descifrar los gestos de sus caras. La de Narcissa estaba un poco intranquila y su voz sonaba extraña. ¿Por qué?
Lucius miró a Snape de reojo antes de continuar con tono jocoso.
-Imagínate, Narcissa. Se me olvidó contártelo. Resulta que el mismo día de la vuelta al colegio de Draco me encontré con Severus y con un chico que era igualito a Potter. Cuando le pregunto como se llama va y me dice que Snape.
Lucius se reía, y Snape hubiera tratado de calmarle sino fuera porque estudiaba cautelosamente las reacciones de la mujer. Intentaba reír con su marido, pero Snape se daba cuenta de que era algo forzada, de que estaba tensa y meditativa.
-En cualquier caso, no tiene nada que ver conmigo… bueno, está en Slytherin, pero apuesto a que le causa más problemas al propio Draco que a mí. Aunque no sé si eso va a acabar con la llegada del nuevo Black- dijo Snape defendiéndose con calma pero sin dejar de escrutar a Narcissa.
La sonrisa de Lucius cesó. Se inclinó sobre Severus.
-¿El nuevo Black?
Hasta Narcissa prestaba atención.
-Si, al parecer el hijo ilegítimo de Sirius Black.- Ahora era el turno de Snape de sonreír.- o sea, que es pariente vuestro. De hecho no para de llamar "Primo" a Draco.
Lucius y Narcissa se miraron.
-¿Es una broma?
-No.
-¿Y es como el chucho?
-En aspecto sí. Todavía no sabría decir cómo es su personalidad. Si es que la tiene.
Lucius tomó el coñac de Snape y se lo pimpló.
-Vaya.
Narcissa se levantó de su asiento.
-Si me disculpáis, tengo cosas que hacer. Ha sido un placer verte, Severus, como siempre.
-El placer es mío, Narcissa.- Snape inclinó la cabeza.
Nada más salir por la puerta, Lucius se acercó más a él y le susurró con aire conspirador.
-¿La tienes?
Snape sacó la botella.
-¿Y la dirección?
Lucius le dio un papel garabateado.
-Aquí tienes.- Alargó la mano para coger la poción pero Snape la retiró.
-¿Cómo sé que esto no va a ser para algo malo?
Lucius sonrió.
-No lo sabes.
-Sólo espero que no se deslice en mi copa.- le echó una mirada de advertencia.
-Vamos, Severus, como si no fueras capaz de detectar tus propios filtros. ¿Quieres más coñac?
Snape levantó la ceja.
-No gracias. Ya me voy.
-Ha sido un placer hacer negocios contigo.- Y Lucius le acompaño hacia la puerta.
--
Filch paseaba por delante de la puerta del Gran Comedor, esperando que las manecillas del gigantesco reloj que tenía al lado dieran las 8 en punto. A esa hora, cerraría las puertas para que ningún alumno pudiese salir a pernoctar por los terrenos ni hacer ninguna diablura. Quedaba un minuto.
-¿Por qué narices tiene que venir él? – Di estaba acurrucada junto con Henry, Lestat y Mirzam detrás de una estatua horrorosa que se parecía bastante a un troll. No entendía por qué Henry había invitado al estúpido de Black a la expedición de la Casa de los Gritos y estaba asqueada. El nuevo Slytherin no hacia más que sonreírla y soltarle alabanzas de la era de Merlín.
- Cuantos más, mejor.- dijo simplemente Henry.
- ¿Y por qué hay que hacer la excursión de noche? Podías haber esperado hasta mañana por la tarde.
- Si alguien nos viese en Hogsmeade, se lo dirían a los profesores y perderíamos puntos.
- No te preocupes, mi amor. – Mirzam aprovechó para sonreír a Di- Sea de día o de noche yo protegeré tu honor como todo un caballero.
Diógena lo miró con el ceño fruncido. Lestat puso cara de asco. Henry lo ignoró.
- ¿Y tú por qué de repente hablas como si vivieras en la época del rey Arturo?
Pero antes de que Mirzam respondiera a Di, Henry alzó una mano pidiendo silencio.
- Mirzam, te toca.
- ¿Eh¿Quién me toca qué?
- Tienes que distraer a Filch para que podamos salir. Vamos.
- ¿Y por qué yo?
- Porque seguro que contigo se distrae- le espetó Diógena.- nada más verte la cara.
Mirzam se puso una mano en el pecho.
- Si lo dice mi amada, haré lo que sea. Tus deseos son órdenes para mí.
Mirzam se fue, haciendo una reverencia. En vez de dar un rodeo, se acercó a Filch directamente.
- Vale y ahora en serio, Henry. ¿Por qué has pedido a este…ser que venga?
Henry la miró sonriendo.
- ¿Preferirías que te cogieran a ti?
Di lo miró un instante. ¿Sería posible que el mocoso de Snape pensara de verdad? Sonrió, asintiendo con la cabeza.
- Buena idea. Con lo estúpido que es, seguramente cuando Filch le pregunte qué hace, se pondrá a soltar frases de caballeros y damas.
Lestat frunció el ceño.
- Henry…
- ¿Sí¿Tu también me vas a felicitar por mi gran idea?
- … es que…yo… no creo que funcione.
Filch ya había visto a Mirzam y estaba delante de él hecho una fiera, chillándole algo.
Henry sonreía de modo extraño.
- ¿Y por qué no? Mirzam no sabe usar la varita. Filch lo cogerá y se lo llevará de aquí. Y nosotros podremos cruzar.
- Ese es el problema.- Lestat suspiró. En sus paseos nocturnos del castillo había visto muchas cosas.- Que Filch tampoco sabe usarla.
Di y Henry se miraron. Volvieron la vista hacia Filch, que había sacado su varita. Mirzam estaba inmóvil delante suyo, aburrido.
- Bueno- dijo Diógena- Tampoco cero que haga mucha falta la magia para encerrar a Mirzam. Y no creo que pueda librarse de Filch tan facilmen….
Mirzam acababa de pegarle a Filch una patada entre las piernas. Filch estaba en el suelo. Mirzam le golpeó en la cabeza. Filch se cayó al suelo y se quedó inconsciente.
Henry y Di recibieron a Mirzam con la boca abierta.
- Vale, camino abierto. Venga, princesa, salgamos a la luz de la luna.
Henry y Di volvieron a mirarse, horrorizados.
Lestat sacudió la cabeza.
- Sabía que pasaría algo así.
Los cuatro se dirigieron a la salida, rumbo a Hogsmeade.
--
Snape miró la dirección de la tienda. No creía que abrieran en domingo, pero de todos modos, tampoco le costaba nada acercarse a mirar. No sabía cuando se le presentaría otra oportunidad de salir a investigar.
Se apareció frente a la puerta de la papelería. Encima de la puerta había un gran cartel que ponía "Stamps&Books". Snape se inclinó para ver mejor el contenido del escaparate. Tal y como esperaba, parecía una papelería normal y corriente. Se acercó a la puerta y empujó.
Cerrada.
Sin embargo, al forcejear con la puerta, pudo ver cómo una sombra se movía en el interior. Snape insistió y llamó al timbre. Tras varios intentos en los cuales aporreó testarudamente la puerta, una cabeza salió de las sombras y se dejó ver a través del cristal de la puerta.
Un hombrecillo que sufría un caso agudo de alopecia con gafas de culo de vaso y un lápiz sobre la oreja derecha miró iracundamente a Snape y le señaló el cartel que había en la puerta. Snape leyó el cartel.
"Cerrado"
Snape entrecerró aún más los ojos y frunció el ceño. El hombrecillo se dio la vuelta inconscientemente. Snape tiró de la campana de timbre y de milagro no se quedó con la cuerda en la mano.
El airado hombre se giró hacia él y entonces fue cuando reparó en la mirada de Snape. Escalofriante. Snape, al ver que captaba toda la atención del tendero pero que estaba totalmente petrificado, soltó aire impacientemente y le hizo señas con el dedo para que se acercara.
El hombre, quien se encontraba como hipnotizado, se acercó de nuevo a la puerta temblando. Miró a través del cristal a Snape, quien hizo un esfuerzo para no romper el vidrio y estrangular al tipo con sus propias manos. Severus le indicó con la cabeza que le abriera la puerta.
El hombre se quedó embobado en su sitio.
Snape sacó la varita.
El hombrecillo se apresuró a abrir.
-M...Muy buenos d..días... ¿E..en qué puedo a..ayudarle?- las piernas sufrían tal tembleque que el propio Elvis le hubiera admirado.
Snape sonrió y el tendero retrocedió un poco, aún detrás de la puerta.
-¿Puedo pasar?
El tendero se lo pensó un momento.
-S...si t..tuviera la a...amabilidad de guardar...guardarse la varita.
Snape estaba divido. No sabía si disfrutaba la situación o si se sentía profundamente irritado. Al final la escondió en uno de los pliegues de su túnica y el tendero se hizo a un lado para dejarle pasar.
-Gracias.-Severus entró y se giró hacia el hombre, que no sabía si dejar abierta o cerrada la puerta, por si acaso.-No quisiera molestarle...- añadió con sorna. Definitivamente, lo estaba disfrutando.
-N..No es molestia. Qué va...jejeje- una risa histérica se apoderó del tendero, quien al final decidió dejar la puerta entornada y comportarse como el dueño de su tienda.
-La verdad es que estaba buscando información sobre sus estampas en papel.
-Oh, muy bien- el hombrecillo se tranquilizó un poco al ver que el loco asesino de mirada fría y taladradora sólo quería comprar. Se rascó la calva y sacó de detrás del mostrador un álbum de muestras.-¿Qué quería exactamente?
Snape se llevó la mano al bolsillo y el hombre se encogió de miedo. Sin embargo, la mano reapareció con un papel, no con la varita.
-La verdad es que no busco comprar. Verá, encontré este papel y para mí sería de vital importancia saber a quién pertenece. Tengo entendido que les hacen encargos personalizados.
El hombrecillo tomó el papel entre sus manos y se ajustó las gafas para mirarlo mejor.
-Hum... desde luego es de nuestra casa... Pero este tipo de tarjeta es bastante corriente.-Snape se desinfló un poco, pero luego recobró la esperanza al ver que el hombre continuaba hablando.- Normalmente llevamos un registro de los pedidos que hace cada familia.
Se agachó de nuevo bajo el mostrador y sacó otro libraco. Lo abrió y Snape pudo ver una cantidad enorme de nombres y de apuntes sobre lo que pedía cada uno. El hombrecillo, al ver que Snape miraba con atención el libro, se inclinó sobre él y le dijo con tono confidencial.
-Sabe, familias muy importantes e influyentes vienen directamente a nosotros para que les fabriquemos sus tarjetas de visita, papel de cartas... y todo ello lo apuntamos por si se les gasta y quieren más de lo mismo.-al parecer estaba muy orgulloso.
Snape levantó la ceja.
-¿Puedo verlo?- alargó la mano.
-Claro.
Snape miró por encima los apuntes. Era imposible. No sólo es que hubiera cantidad de gente, sino que también estaba todo abreviado y nadie ajeno sería capaz de descifrar las notas.
-¿Y no podría decirme quienes han encargado tarjetas como esta?
-Hum... es difícil... Si no me equivoco, esta es de hace mucho tiempo.
-Podría tener más de once años.
El hombre le miró por encima de sus gafas de culo de vaso.
-Si lo que quiere es que las hagamos igual...
-No, sólo quiero saber a quién pertenecía esta.
El hombre se rascó la nuca a la vez que miraba el libro.
-Hay una manera... Ejem... Déjeme que apunte las características de su tarjeta. Si me da su dirección, podré enviarle una lista con la gente que las ha encargado.
Snape estaba asombrado.
-Perfecto. Envíe la lechuza a Hogwarts, a nombre del profesor Severus Snape.
Snape se giró sobre los talones y salió con su túnica ondeando al viento. El tendero chasqueó la lengua. Le había salido el tiro por la culata. ¿Y ahora cómo le decía al siniestro ese que serían 5 galeones por la información? Bueno, mejor lo dejaría pasar, no fuera que el murciélago volviera con cinco iguales que él a su tienda para pegarle.
Una vez fuera, Snape tomó aire. Se sentía contento, parecía que algo iba avanzando. Decidió aprovechar el tiempo libre e ir a Hogsmeade a comer.
Jejeje... ¿creéis que se reencontrarán todos en Hogsmeade? Jejejeje. ¿Alguna conjetura nueva sobre el origen de Henry?
Kaworu & Snape White (miembros de la Orden Severusiana)
In Sev I trust
