14. El Carro

El letargo que Kylo se había visto obligado a asumir por treinta años hacía que sus noches apenas se redujeran a un ligero duermevela, en el mejor de los casos. No le molestaba, nunca lo había hecho. Había aguantado años enteros sin dormir ni diez minutos. La guerra tiene eso, que no pregunta, te arranca y te desborda. Y él había tenido el dudoso honor de ser la bestia atemorizante que se abre camino en el campo de batalla y el mejor guerrero rompiendo filas enemigas junto a sus legiones bajo la sombra de un brazo demasiado largo, como un látigo atizador.

Sin embargo, la calma de sus mejores noches no era, ni de lejos, parecida a la que ahora le anegaba. Las horas que pasaba despierto se le pasaban demasiado rápido sintiendo el cuerpo de Rey contra él, suave y tierno sobre la dureza marmórea del suyo. La chica, inmersa en sus sueños, completamente inconsciente del delicado escrutinio al que Kylo la sometía cada noche, estudiando la curva vertiginosa que se creaba en su cintura cuando dormía de lado o el modo en el que sus manos se escondían debajo de su cuerpo, se posaban ligeras sobre las sábanas o le buscaban. Su carita, unas veces cubierta por su melena en alguna de sus vueltas enredadas, y otras despejada, respiraba la serenidad de los campos de trigo, y él podía sentirlos justo en ese instante.

Había visto que, en ocasiones, fruncía el ceño, sonreía o murmuraba, y él se preguntaba con qué estaría soñando, y si podría protegerla de sus pesadillas o sería la causa de otras en el futuro.

Pero esta ocasión, esta madrugada, era distinta. La luz empezaba a colarse por las rendijas de las persianas, los gorriones saludan al alba y, a diferencia de otras mañanas, todos dormían, nadie encendía la cafetera, despertaba a los niños, o cogía el coche para irse a trabajar. Una placidez serena lo cubría todo con su manto de domingo, como el humo de una taza de té en un invierno demasiado frío.

Pero no era distinto sólo por eso. Mil domingos anteriores y mil domingos después serían incapaces de cambiar el modo en el que el cuerpecillo de su pequeña se apretujaba contra el suyo. Tumbada de lado en mitad de la cama, con él a su espalda, encajando como si la Fuerza les hubiera creado para estar juntos. Por eso Kylo era tan grande, para que ella pudiera reclamar el hueco entre sus costillas que ya le pertenecía, para que Rey pudiera cobijarse en él y hacer de su pecho su casa.

Pero todo pensamiento en esa deriva terminaba esfumándose con cada respiración que daba, inhalando el olor a melocotón de su pelo y la fragancia de todo su cuerpo, recogida y refugiada bajo su cuerpo, podía sentir cada parte de ella suavemente apretada contra él. Rey no sólo no le tenía ningún miedo, sino que dormía con su brazo haciéndole de almohada, sus deditos entrelazándose con su zarpa y aceptando el modo en el que su culo se acomodaba contra él.

Se irguió con cuidado, tan sólo unas pulgadas, para poder ver su rostro desde donde estaba, sonriendo ante la forma en la que se regocijaba, aun dormida, con cada uno de sus movimientos, y le buscaba para volver a encajar con él. Alzó su mano y rozó con los nudillos la mejilla llena de pecas de su pequeña, su criaturilla infernal, su gorrión de luz, su estrella, una caricia suave y liviana, recorriendo su sendero hasta el cuello, su piel sensible erizándose ante el más mínimo contacto, lanzando un suspiro antes de que sus labios se fruncieran en una sonrisa, mientras su garra seguía su camino por el costado, por la curva de la cintura que había gobernado alguna noche sus horas de contemplación, hasta llegar al hueso de su cadera. Y su cuerpo bien pegadito al suyo.

Estaba a punto de hundir la nariz en el hueco de su cuello para despertarla con pequeños besos que hicieran que su piel se estremeciera y se removiera contra él y, casi sin querer, pudiera darle los buenos días haciendo que se derritiera debajo de él tantas veces como le fuera posible, dejándola con las rodillas tan temblorosas que tuviera que pedirle, con esa sonrisa suya, agradecida y satisfecha, que le fuera haciendo el desayuno. A punto estuvo. Pero otra cosa le hizo alzar la mirada hacia la ventana, hacia algún punto tras ella.

Una esencia especiada y ácida impregnaba la calle, ligera como el humo pero penetrante, identitaria. Ahí estaba, acechando. El General no sólo no se había molestado en mitigar su presencia, sino que quería hacer evidente para Kylo supiera que estaba ahí, al otro lado de la calle, sin necesidad de disimular su caza.

Se apartó de Rey tanto como pudo, y se escurrió hasta que la cabeza de la chica volvió a estar sobre su almohada en lugar de apresar su brazo, antes de volatilizarse en el baño, cerrando la puerta para hacer el mínimo ruido posible mientras abría el grifo y comenzaba su ritual de camuflaje. Porque podía sentir la Fuerza contenida dentro de sí, haciéndose fuerte. Y Kylo empezaba a sentirse como un vornskr salvaje, recorriendo en círculos los límites de su jaula, tan dispuesto a atacar lo que fuera que se le acercara como en peligro se sentía.

Apoyó la frente en el mármol frío de la bañera. Él nunca estaba en un peligro que supusiera una amenaza real para su existencia. Daba igual cuán difícil se lo pusieran. Luchaba con todo lo que tenía y más. No le temía a la muerte porque no había tenido nada que perder. Cada batalla era una oportunidad para morir disfrazada de un orgullo guerrero y una valentía infernal. Pero ahora todo era distinto.

Ella había llegado para convertir su existencia en la posibilidad de una vida. Y con ese pensamiento, se hundió en el agua de la bañera, cerrando los ojos y anulando todo su ser.

Rey se desperezó estirándose sobre la cama cuan larga era antes de volver a relajar todo su cuerpo y extenderse perezosa entre las sábanas enredadas. Su mano acarició el espacio ante ella y se obligó a entreabrir los ojos al encontrarse sola. La cama vacía y las sábanas frías eran detalles que no concordaban con los pequeños resquicios de recuerdo que su cuerpo mantenía. Porque sabía que había dormido abrazada a él. O él a ella.

Sabía que había alcanzado fases del sueño más profundas que el REM estando casi tumbada o guarecida contra su pecho, sintiendo su respiración y acompasando sus latidos fuertes a los suyos. Sabía que había sentido sus garras sobre su piel, y sabía que le había sentido moverse contra ella.

Pero luego… Luego, nada.

Se removió, desperezándose de nuevo, restregándose los ojos para retirar la arena del sueño y despejándose un poco cada minuto que pasaba, antes de darse la vuelta y ver la puerta del baño cerrada. Frunció el ceño, preocupada. Kylo sólo hacía eso cuando se sentía acechado. Y eso, por proximidad también le afectaba a ella. Pero quería estar con él cuando esas cosas sucedían. No podía apartarla del peligro como si fuera su lugar por condición.

Se levantó con cuidado. No sería la primera vez que posaba los pies en el suelo con prisas y daba con las rodillas en el suelo por marearse. Y había algo nuevo en su cuerpo, una suave conciencia de estar deliciosamente dolorida. Sus pasitos sonaban con el tap tap de quien va de puntillas sobre la madera de una casa que aun cruje cuando es azotada por el viento de fuera, y abrió la puerta con cuidado, como si estuviera interrumpiendo un ritual importante.

No vio nada, pero esta vez sabía dónde buscarle. Se acercó, sintiendo el mármol frío en los pies, y se arrodilló ante la bañera, de nuevo, y como cada vez, hechizada por la negrura que se extendía como la tinta ante ella. Pasó el brazo por el borde y hundió la mano en el agua, intuyéndole. Sus dedos dieron con los mechones de su pelo bailando con fluidez antes de que dos eclipses dorados brillaran a través de aquella oscuridad.

Ella sonrió por inercia y sus comisuras se ensancharon cuando le vio emerger del agua.

Rey mantuvo la mano hundida, apoyada en la pared interna de la bañera mientras le veía reacomodarse con cuidado. Rey suspiró, captando su atención y le vio virar hacia ella, encarándola con esa mueca de neutralidad que tanto contrastaba con la expresividad de sus ojos. Estaba, de cierta manera, atemorizado. Ella bajó los ojos, encontrando las palabras adecuadas antes de mirarle y hablar. Pero cuando levantó la vista todo su discurso se evaporó, no se centraba. No con aquellos dos ojos mirándola.

Boqueó, intentando recuperar las palabras, pero terminó relamiéndose y bajando los ojos a su mano, todavía hundida.

-Siento haberte preocupado.- Habló, captando su atención y provocando que le mirara a ras de sus cejas, expectante, aguardando por más.- Pero es que no quería despertarte…- Y entonces sintió su manita, buscándole bajo el agua hasta encontrar sus garras.

-Pues a la próxima, hazlo.- Entrelazó los dedos con los de él.- Porque yo sí que quiero que me despiertes.

-Es innecesario, pequeña.- Rey ladeó la cabeza a la par que arrugaba el ceño, intentando comprenderle pero fallando estrepitosamente.- No tienes por qué cargar con esto tú también. Te necesito descansada.- Habló, sacando una de sus zarpas del agua y acariciándole la mejilla.-Y, además, cuando estás dormida no te delatas tanto al pensar fuerte.- Rió, alzando una comisura mientras Rey apretaba los labios, conteniendo una sonrisa para así poder jugar a estar ofendida.

-¿Ah sí?- Kylo asintió con la cabeza.- Pues que sepas que no eres tan importante…- Fingió, sacando la mano del agua junto a la de él, observando la oscuridad en sus dedos, degradándose antes de llegar al codo, y luego aquellos símbolos…- No pienso tanto en ti como para delatarnos a ambos ¿Sabes?- Rió, mirándole. Encontrándole embobado, casi tanto como lo estaba ella al mirarle el brazo.- No eres tan especial.

-¿Segura?- Ella asintió con la cabeza, regresando los ojos a su piel, acariciándola con la otra mano. Y entonces él le apartó un mechón del pelo, colocándolo tras la oreja de la chica.- Porque a veces percibo lo que sueñas y… Quizá sí sea especial.- Rey frenó sus caricias y le miró con cansancio mientras Kylo intentaba aguantar una risita. Ella entonces dio un manotazo al agua, echándosela a la cara, frenando sus risas.

-¡Estoy cansada de decirte que no entres en mi cabeza!- Le riñó a modo burla.- ¡Eso es personal!- Le soltó la zarpa, levantándose y encaminándose a la pila para lavarse la cara. Por la forma en la que Kylo estaba correspondiendo intuyó que el General ya habría desaparecido.

Escuchó un sonido tras ella, uno que le indicaba que Kylo acababa de volatilizarse. Y entonces, una vez se llenó las manos de agua y se limpió la cara antes de mirarse al espejo, le vio allí dentro, al otro lado. Reflejado como cuando le veía en vivo y en directo. Él apoyó ambas manos a cada lado del lavabo, situándose tras ella. Y Rey, aún sin sentirle detrás, podía recrearse en el recuerdo de estar así con él. Le mantuvo la mirada y entonces Kylo se pegó contra ella, haciendo que Rey sintiera ahora su presión.

-¿Quieres que te diga lo que pienso para que estemos en paz?- Susurró, ronroneando. Rey arqueó una ceja y actuó como si aquello no le importara tanto como sí lo hacía.- ¿Quieres que te diga lo que pienso ahora?

-Oh, no sé ¿Es interesante?- Dijo, mirándole de nuevo en el reflejo, encontrándole tan adelantado como lo estaba ella.

-No sé si será interesante para ti… Pero te aseguro que te conviene.- Rey arqueó una ceja y extendió la mano, apoyándola en el espejo, esperando que Kylo hiciera lo mismo y así fue. Sólo que cuando se posicionó sobre la suya, dejó de sentir el frío del espejo para percibir su calor. Y Kylo atravesó el espejo con la mano, entrelazando sus dedos con los de ella. Haciéndola partícipe de sus pensamientos, todos y cada uno de ellos con Rey de protagonista.

- Ven aquí…- Le rogó, tirando de su mano como si aquello fuera a sacarle de allí.

Kylo atravesó el espejo como la primera vez que Rey lo vio, adelantándose, apoyándose en el mueble mientras ella no perdía detalle, fijándose en el movimiento de todos y cada uno de sus músculos, accionándose para salir. Fue como ver de nuevo aquella película del fantasma que salía del televisor… Pero en vez de miedo sentía anticipación. Porque si Kylo iba a hacerle lo que había visto en su cabeza no tenía por qué sentir miedo alguno.

Él quedó apoyado en el mueble, de espaldas al espejo, cortándole la visión del mismo a Rey debido a su inmenso tamaño. Y ella le hizo un gesto con el dedo, indicándole que se acercara mientras ella se dirigía a la puerta. Pero Kylo extendió el brazo y cerró la salida con la Fuerza, haciendo que Rey ladeara la cabeza ¿Iban a hacerlo en la incomodidad del baño? Rápidamente sintió las manos de Kylo, quién se había colocado tras ella, recorriendo su cuerpo mientras sentía que le depositaba toda clase de besos y lametones en el cuello.

-El baño no tiene por qué ser incómodo.- Susurró contra su oído.- Y si te resulta incómodo… -Una mano llegó justo a su centro, por encima de la ropa, empezando a acariciarla mientras Rey se pegaba a él, sintiendo su dureza justo en el final de su espalda.- Yo haré que deje de serlo.- Apartó la mano de su centro y bajó su ropa interior con la mano.- ¿Cuándo te has puesto esto, pequeña?- Habló en tono autoritario mientras le daba la vuelta, quedando frente a frente.

-Hace un rato…-Le habló con cierto tono rebelde impreso en sus palabras, acercándose a él y provocando que Kylo retrocediera lentamente.- ¿Por qué?- Sus ojos bajaron, justo al centro de su pecho, examinándole bien antes de volver a levantarlos hacia su cara.- ¿Te molesta?

Él se tomó unos segundos para alzar una comisura antes de reír por la nariz. Lentamente, se agachó hacia ella, con su garra llegando a la entrepierna de la chica, haciendo que separara las piernas, expuesta a él pese a estar de pie, y con cuidado se atrevió a pasar un dedo, surcando justo desde su entrada hasta arriba, consiguiendo así no arañarla con sus uñas. Rey se mordió el labio antes de gimotear desde la garganta, mirándole sin apartar la vista.

-¿Que si me molesta?- Ella asintió cuando la yema del dedo de Kylo se posó sobre su centro.- Ya lo creo, pequeña…- Y dio un círculo terriblemente perezoso a la par que sus ojos viajaban por todas y cada una de las pecas de su cara.- ¿Sabes por qué?- Rey negó con la cabeza muy, muy despacio, sintiendo que Kylo volvía a surcarla con cuidado.- Porque el día que quiera comerte… Y encuentre tus braguitas de por medio…- Usó la Fuerza para levantarla del suelo, haciendo que justo se apoyara en la pared, de espaldas a esta, y él entre sus piernas, con los muslos de Rey a sus hombros.- Pienso arrancártelas de un mordisco.- Siseó justo, justo en su centro, cosquilleándola.

Y Rey fue a recriminarle lo que fuera pero lo olvidó justo cuando sintió la lengua de Kylo empezar a atenderla lentamente. Su cabeza se desplomó contra la pared, dando con la nuca, observando el techo, lo cerca que lo tenía, y entonces bajó los ojos hacia él, quien la tenía bien sujeta. Sujeta y con la imposibilidad de moverse o huir de su contacto y aquello hizo que lubricara en exceso. Supo que Kylo se había dado cuenta de ello cuando le escuchó ronronear del gusto, aumentando sus atenciones mientras Rey llevaba ambas manos a su cabeza, peinándole, aferrándose a sus mechones azabache o incluso a sus cuernos.

No hubo preludio, ni suavidad en lo que hizo. Fue su boca. El centro de ella. Dos pares de labios encontrándose. Los dedos de él se clavaron en sus nalgas y la mantuvieron quieta mientras trabajaba, y ella perdió totalmente la noción de lo que era su lengua, o su perilla, o su boca. Se sintió penetrada entre lentos lengüetazos, escuchó los sonidos de carne contra carne, supo el dominio que tenía sobre ella.

Con cuidado, coló la uña por el elástico de la braguita, apartando un poco más la tela de su centro, tomando en la vista completa de ella dispuesta para su placer, como un postre que se va desenvolviendo poco a poco con la intención falsa de que el guste dure más. Ella se mordió el labio y se retorció bajo su intensa mirada, atrapada en sus ojos dorados rodeados de oscuridad justo antes de que su lengua se posara plana sobre ella, arrancándole un jadeo de alivio, conteniéndose el respingo de sorpresa por temor a caerse.

Un temor que no pareció calar lo suficiente en ella cuando sintió la punta de su lengua enrollarse alrededor de su clítoris antes de seguir, colándose por cada recoveco de su hendidura, recorriéndola entre los labios y mezclando su saliva con su humedad, antes de volver su atención a la terminación de todos sus nervios.

Un beso en su centro justo en mitad de un gemido y estaba segura de que el demonio sonreía satisfecho ante la forma en la que ella, simplemente, se ofrecía. Demostrándose una amante impaciente y generosa. Se relamía y sus garras sostenían su cuerpo con tal firmeza que no podía moverse, y los temblores se sucedían sin compasión cuando sintió que volvía a hacer eso con la lengua que conseguía volverla loca. La fricción contra su clítoris suave y persistente, inmisericorde, mientras introducía la punta en ella, expandiendo sus pliegues.

Y Kylo no tardó en sentir cómo sus muslos empezaban a temblar, cómo intentaba mantener las rodillas separadas aunque quisiera juntarlas, notaba los primeros espasmos contenidos justo a tiempo. Iba a tomarse su tiempo con esto, más aun con cada vez que alzaba la mirada hacia ella y la veía perdida en el placer que él le estaba dando. Iba a hacer que gritara su nombre. Y no había absolutamente nadie en la Galaxia para ella. Solo él. Y cada vez que dijera su nombre…

-Joder, Kylo… - Y el demonio tuvo que contenerse, pensar en lo sensible que estaba, para no hacerle daño con los dientes al sonreír, complacido. Si ella supiera el efecto que tenía sobre él…

"Nadie más te hace sentir así. Sólo yo". Logró proyectar hasta ella en un solo pensamiento, en un arrebato, justo cuando ella gritó y se retorció contra él mientras presionaba su lengua en su abertura de seda. Levantó los ojos hacia ella, mirándola a lo largo de su hermoso cuerpo mientras la atormentaba con su lengua. Le daba lo suficiente para estimular, pero no lo suficiente para complacer. Él sacó su lengua de ella lentamente, su entrada absolutamente empapada para él.

-Por la Fuerza, sabes tan bien, pequeña… - Empujó la lengua dentro de ella de nuevo y la retorció mientras envolvía sus labios alrededor de su clítoris y chupaba. Ella prácticamente saltó sobre sus hombros, sujetándose a sus cuernos.

Kylo frotó la yema de su pulgar sobre su clítoris, estirándola a la par y lamiéndola hasta conseguir que sus gemidos aturullaran sus oídos. Él la chupó y la acarició hasta que ella llegó, gimiendo su nombre una y otra vez. Se estremeció y se retorció sobre él, y sus manos pasaron de tirar de él hacia ella para tratar de alejarlo, pero se mantuvo en el rumbo. Mantuvo su boca cerrada alrededor de su clítoris hasta que sollozó para que él se detuviera, rogándole que tuviera piedad de ella. Se relamió y movió su lengua contra ese pequeño nudo hasta que ella volvió, solo momentos después, sus muslos apretados alrededor de su rostro.

Finalmente, la liberó de su boca cuando su súplica comenzó a sonar dolorida, no sin antes darle una última y larga lamida, mirándola de nuevo, empezando a sentir que su cuerpo se relajaba y se quedaba laxo entre sus brazos, mientras la bajaba de esas alturas. Y su cuerpecito tembloroso y jadeante, que apenas se sostenía en vertical cuando sus pies rozaron el suelo.

Pero, oh, aquello estaba lejos de haber terminado.

Dejó que apoyara la cadera en el lavabo mientras sostenía su cuerpo y sus rodillas dejaran de ser gelatina, al tiempo que conquistaba su boca y sentía la vibración en su garganta al poder saborearse en él. Y regocijándose cuando escuchó un pequeño maullido salir de ella, silenciado entre sus bocas, cuando sus nudillos pellizcaron sus pezones, dejándola aun más necesitada. Observó cómo su rostro se contorsionaba de placer, mientras se apartaba de ella sosteniendo su cara entre las garras de una mano… y la otra recorría la cara interna de sus muslos, buscando el hilillo de humedad que se escurría de ella.

-Kylo! ¡Por favor!- Le suplicó, sin saber por qué lo hacía exactamente. Hasta que la yema de sus dedos volvieron a rozarla, haciéndole dar un respingo, dolorida de sensibilidad y sin escapatoria posible por su agarre.- Oh, mierda... ¡No creo que pueda más! -¿En qué universo un orgasmo no era suficiente?

-Relájate. – Fue todo lo que sacó de él. Y ni siquiera le dejaba recompensarle, exigir su parte. –Rey… - rugió con reverencia mientras enterraba la mano en su cabello y lo aferraba, tirándole la cabeza hacia atrás. Mientras lanzaba un grito, se humedeció entre las piernas. – Date la vuelta, pequeña… - Y ella quedó al instante frente al espejo, encarando su reflejo, su rostro acalorado y evidentemente satisfecha. Y él… Kylo, enorme tras ella, inclinado sobre su cuello, sin mostrar más interés por el reflejo que por ella. Siempre ella.

Un mordisco en la piel sensible de su cuello, primero suave. Luego, pinzando sus nervios, arrancándole un grito y un siseo, hasta que todo su cuerpo quedó justo como él lo quería. Después un beso sobre la zona, y un lametón que casi vuelve su piel iridiscente.

-Kylo, por favor… - Y sus ojos se encontraron en el espejo, hechizándola y anclándola a ese momento.

-Sshhh…- Con un giro de la muñeca, le inclinó la cabeza a un lado, descubriéndole la garganta. – Cuando quiera que supliques, te lo diré. - Su lengua se sentía cálida y húmeda al recorrerle el cuello. – Ahora, pregúntame qué te voy a hacer. – Vio a la chica abrir la boca pero sólo salió un jadeo mudo. Tiró de su pelo con más fuerza, arqueando su cuello, mientras sus caderas se elevaban, buscándole. – Pregúntamelo, pequeña. – Ella tragó saliva, sin perderse nada de lo que sucedía en el espejo, y él se presionó contra sus caderas.

- ¿Qué me vas a hacer? – Se mordió el labio justo cuando él aflojaba su agarre, aliviando el tirón antes de volver a sostenerla. - ¿Qué me vas a hacer, Kylo? – Y cuando él volvió a llevar la mirada hacia ella, reflejada en el espejo, vio su determinación. Estaba inmersa en el juego pero su actitud con él era como si le hubiera invocado. Kylo sonrió contra su mejilla.

-Vas a apoyar las manos en el lavabo, pequeña. – Raspó los dientes contras su piel. – Vas inclinarte y te vas a agarrar bien. - Rey cogió aire con fuerza, obedeciendo cada palabra, y soltando el aire cuando estuvo situada. -Pregúntame qué viene después, gorrión. -Volvió a lamer su garganta, y luego presionó lo que ella reconoció como un colmillo contra el lóbulo de su oreja. Hubo una deliciosa punzada de dolor, seguida de otra ráfaga de calor entre las piernas.

-¿Qué viene… después? —susurró. Y se llevó otro tirón.

-Te olvidaste de la última parte. - ¿Cuál era la última parte… cuál era la última…?

-Kylo...

-No, ahora empieza de nuevo. Desde el principio. —Empujó su erección contra ella, una rígida dureza que claramente quería estar en su interior ahora—. Empieza de nuevo, y esta vez hazlo bien. –Rey boqueó por algo de aire, sintiéndose temblorosa y con la garganta seca. - A un demonio se le habla siempre con las palabras correctas, pequeña. –Y pasó la lengua por su mejilla, lamiendo el sabor salado de su sudor, antes de descansar la barbilla en su hombro. Tenía todo el día… - Ahora di las palabras que quiero escuchar. - ¿Cuáles eran? Joder, ¿cuáles eran?

- ¿Qué viene después, Kylo? – Y sus garras abandonaron sus muñecas ya posicionadas sobre el mármol del lavabo, para empezar a recorrer la piel de sus costados, su cintura, sus caderas. La chica temblaba cuando llegó al interior de sus muslos. – Kylo. – Llamó su atención en un susurro, encontrando su mirada en el espejo. – No puedo correrme otra vez. – Dijo, lastimera, haciendo que Kylo alzara una ceja y ladeara la cabeza.

-Voy a tomarme eso como un reto personal. – Y con la presión justa, separó sus rodillas, besando el hueco de su cuello, acariciándola con los labios y la lengua hasta la oreja. Y ella respondió con un sollozó mientras se acurrucaba más cerca de él, sus caderas buscando involuntariamente el suyo. Y recostándose hacia atrás, venciendo el torso sin cambiar de postura, apoyando la nuca en su pecho mientras Kylo se recreaba acariciando sus glúteos.

-¿Puedes…?- Él ladeó la cabeza, observándola mejor. Sus ojos entrecerrados como su boca, con una sonrisita nerviosa dibujada, el vaivén de su cuerpo, ese contoneo hipnótico.- ¿Puedes traer un preservativo?- Él sonrió de medio lado y recorrió los pocos centímetros que les separaban, besando sus labios con cuidado, mucho cuidado, mientras extendía la mano hacia un lado y pensaba, buscándolo con la Fuerza hasta encontrarlo en su cajonera. Entonces materializó uno de tantos a la par que rompía el beso, abriendo los ojos y encontrando cómo Rey se relamía y abría también los suyos, encontrándole. Él asintió, tendiéndole la funda a la chica, quién abandonó su postura, sosteniendo el preservativo que Kylo le tendió.

Él se bajó los pantalones humedecidos por el agua de la bañera, dejándolos caer y entonces ella le sostuvo en un puño mientras alzaba la vista para verle contener sus expresiones. Y empezó a masajear, sintiendo cómo el ronroneo en el pecho de Kylo se hacía más y más potente, excitándola. Nunca imaginó que un gruñido fuera capaz de estimularla tanto. Pero así parecía ser… Y se encorvó un poco para llegar a él, lamiéndole la punta antes de intentar introducirlo por entero en su cavidad, sacándole, ahora sí, un ronco sonido gutural que le puso los pelos de punta, en el sentido más excitante de la expresión.

Siguió masajeándole sin pausa, lamiéndole, endureciéndole más hasta que sintió cómo su zarpa se enredaba justo en el pelo de su nuca. Rey alzó la vista y Kylo tironeó suave, apartándola. Y Rey le enfundó sin quitarle los ojos de encima, deslizando el látex por toda su extensión y entonces él la cargó, dejándola apoyada en el mueble del baño, abierta, justo a su altura exacta ¿Acaso hay algo mejor que sentir que los propios muebles, escogidos al azar en un pasado, parezcan diseñados perfectamente para ti? ¿Para una situación concreta?

Rey no dudaba de ello en ningún momento, mucho menos cuando Kylo se acercó, entrando en ella lentamente mientras Rey se aferraba fuerte a su cuello, observando su espalda, llena de marcas que acarició con cuidado de reabrirlas. Y él, vibrando junto a ella, Rey podía sentir los ronroneos del demonio justo, justo en su caja torácica, y le encantaba. Era una experiencia sensorial que jamás creía haber tenido el gusto de sentir, y allí estaba, aceptando centímetro a centímetro, mecida por el ronroneo, embriagada de su olor, con el regusto de su propia excitación mezclándose con el sabor de él, todo en su boca. Y Kylo tomó cierta distancia, terminando de entrar en ella, observándola boquear de puro gusto justo antes de atrapar sus labios y empezar a cargar contra ella.

Si los muebles de la casa estaban diseñados para ellos dos, Kylo podía asegurar que la Fuerza les había creado a ellos para juntarse, porque era una locura lo perfecto que encajaban.

Rey apoyó ambas manos a sus espaldas mientras adelantaba la cadera, intentando que se introdujera más y más. Bajó los ojos a su estómago, viéndole hacer presión justo en su vientre desde dentro. La visión le puso los ojos blancos del puro gusto, lubricando más, sintiendo que su clítoris estaba tan sensible que cualquier roce lo estimulaba, haciendo que la penetración le resultara el doble de deliciosa.

Su cabeza fue cayendo pero, antes de que su barbilla diera con su pecho, Kylo la sostuvo por el mentón y le alzó la cabeza hasta encararle. Rey se relamió, mirándole con aquellos ojos enormes en los que Kylo le encantaría perderse.

-¿Te gusta…o te duele?- Preguntó, moviéndose contra ella. Rey sólo pudo gruñir como respuesta. Otra estocada le puso los ojos en blanco de nuevo y Kylo repitió su pregunta, adelantándose y, por tanto, entrando más y más en ella con cada movimiento de su cadera.- ¿Te gusta o te duele, pequeña?

-Me encanta…- Jadeó al borde del colapso sensorial, sintiendo que estallaría. Y Kylo besó sus labios antes de abrazarse más a ella, intentando llegar más hondo, explorándola y ella dejándose hacer, encantada.

No tardó en cambiar de posición, saliendo de ella y bajándola del mueble para darle la vuelta, colocándola de espaldas a él, y así poder observarla mientras ella lo veía todo. Porque quería que se viera, que no perdiera detalle de nada. Y entró en ella, haciendo que Rey se venciera hacia atrás, alzando un brazo y sosteniéndose como buenamente podía a una de sus astas.

-¿Y así, pequeña? ¿Te gusta así?

-¡Sí!- Jadeó, viendo que efectivamente, podía volver a correrse, para su sorpresa.

El jadeo estaba hiperventilándola, Kylo cargando con fuerza a sus espaldas, embistiéndola y estocándola duramente, sacándole gritos, jadeos, ronroneos y gemidos tanto a ella como a sí mismo. Bajó para morder su cuello y Rey se incorporó para facilitárselo. Con los ojos entreabiertos, vergonzosa de mirarse… Pero Kylo podía sentirla igual que ella le sentía a él, leyéndose mutuamente. Apresó una de sus manitas con su garra y la condujo a su clítoris.

-Quiero que te toques…- Ronroneó justo en su oído, cargando contra ella en una serie de gloriosas estocadas que hacían rebotar a la chica.- Quiero que te toques y te mires.- Rey se relamió, pensándoselo. Y él plasmó su lengua en su mejilla, lamiéndola hasta llegar a su boca y besarla de nuevo.- Por favor.

Era su palabra mágica, su código secreto. Un "por favor" abría mares, despejaba dudas, sentenciaba. Y Rey abrió los ojos antes de llevar la manita temblorosa a su centro, tocándose y empezando a mirarse ante un espejo, viendo cómo Kylo embestía contra ella.

Le vio dibujar una sonrisa antes de dejar caer la cabeza hacia atrás, exponiéndose mientras seguía cargando contra ella, a veces lento, a veces rápido, a veces seguido y otras tantas era capaz de quedarse quieto, esperando que ella se moviera. Y Rey no podía estar más complacida, observándole en el espejo, empezando a recorrerle con los ojos… Primero siguiendo el camino que marcaba su cicatriz, aquella que Rey le había hecho con el cucharón durante su primera pelea… Y descendió, intentando no enredarse mucho en ese pensamiento, llegando hasta su torso, donde estaban los dibujos, aquellas cicatrices, esos símbolos que… que…

Rey fue deteniéndose, prestando atención a esos símbolos, reflejados en el espejo… Y entonces cobrando un sentido que no tenían, leyéndolos a través de la Fuerza.

El estallido de terror y emoción que se originó justo en su pecho hizo que saltara, alejándose de él, tomando distancia, gritando. Asustando a Kylo en consecuencia, quien la miraba como si hubiera hecho algo malo… Rey se cubría la boca, mirándole a él y luego a su reflejo de forma intermitente, con los ojos llenos de lágrimas por todo lo que estaba empezando a leer en su piel. Sus piernas temblorosas, la desesperación y determinación, chocando como olas en una tormenta.

Él por el contrario, no entendía lo que estaba pasando y no quería leerla porque temía haber sido él el responsable, precisamente por eso, por haber entrado en ella pero en otro sentido. Un uno que ya habían experimentado y que terminó bastante fatal entre ambos.

-¿He… vuelto a hacerlo? –Se atrevió a preguntar, asustado, recuperando los pantalones mientras la veía allí, mirándole sin moverse, asustada, con la boca cubierta por sus manitas y los ojos bien abiertos.- Rey ¿Te he hecho daño ot…?- Rey no le dejó terminar, acercándose a él mientras le tomaba por la muñeca, llevándole ante el espejo y colocándole allí en frente. Observándole a él, de nuevo, antes de virar los ojos al reflejo, boquiabierta.- ¿Rey…?

-¡¿Lo sabías?!- Él parpadeó, confuso.- ¡Kylo! ¡¿Lo sabías!?

-¿El qué?- Rey no creía cómo era posible que no estuviera siguiéndola. Tomó de nuevo su brazo, acercándolo al espejo.

-¡Esto! ¡Mira!- Habló entre furiosa y terriblemente sorprendida, mirándole el brazo y boqueó dispuesta a leérselo en voz alta pero Kylo se adelantó, tapándole la boca.

-¡Tsssssssssssssssssssssst! ¡Calla!- Habló, atrayéndola. Rey sólo podía mirarle a través del reflejo, observando cómo Kylo abría los ojos y miraba a todas partes, como si les hubieran descubierto haciendo una trastada… O algo contraproducente para alguien muy poderoso.- no podía hablarte de ellos…- Susurró, sosteniéndola todavía.- Tengo…- Cerró los ojos, buscando con verdadera necesidad las palabras adecuadas.- Tengo recuerdos bloqueados. Cerrados.- Rey le miraba, sin dejar de leer en su cabeza todo aquello que se le presentaba claramente ante el espejo.- Hay cosas que se me han privado con tal de dificultar mi liberación.- Rey le miró directamente a los ojos a través del espejo y Kylo asintió ante la duda que se formulaba en su cabeza.- Sí, esos agujeros negros que viste en mi cabeza son eso.- Aflojó el agarre que ejercía en ella.- Sólo, no lo leas en voz alta… Puede ser peligroso. Para los dos ¿Entiendes?

No. Ni de coña entendía nada. Sentía que cada vez se enmarañaba todo un poco más, atrapada en un enredo. Esa era la palabra, enredo. Estaba enredada en verdades que no conseguía desenredar y, por tanto, tampoco entender. Porque juntas le hablaban todas a la vez y se distraía mientras que, si empezaba a separarlas y analizarlas una a una… Captaría sin problema lo que querían decirle por separado, para luego juntarlo todo en su cabeza.

Pese a todo, asintió con la cabeza y Kylo terminó de soltarla, viéndola desde su posición y, finalmente, soltando un suspiro de alivio tras llevarse la mano al pecho.

-Oh, pequeña, qué susto me has dado…- Rey estaba tan en shock que sólo se limitó a ladear la cabeza como respuesta.- Pensaba que te había hecho daño…- Y se relamió, acercándose.- ¿Seguimos?

Y aquello fue el punto, la gota, la cuerda que tiró de ella para bajarla a la tierra ¿Seguir? ¡Claro que quería seguir! Pero quería seguir descubriéndole, quería seguir leyendo su cuerpo, sus marcas, todo.

Tiró de Kylo, arrastrándole a la habitación, donde abrió el armario de par en par, dejando al descubierto los cristales que decoraban el interior de las puertas, y tomando también un espejo de mano, dejándolo en la cama. Kylo sonreía, creyendo que las cosas iban a ir por un sendero que distaba mucho del rumbo que en realidad Rey había tomado.

-Espera aquí… Espera… Por favor.- Le indicó, alzando las manos. Kylo asintió, reacomodándose en la cama mientras Rey bajaba las escaleras corriendo.

Él se acomodó en la cama, sacando un nuevo preservativo ya que se ve que se había quitado el otro sin querer, justo cuando estaba dispuesto a lanzarse sobre ella para consolarla si es que hubiera sido él el responsable de sus lágrimas.

Pero ahora sentía que debía darle otro tipo de consuelo y se concentró para endurecerse, oliéndola y recreándose en sus pensamientos, hasta que escuchó sus pisaditas subiendo las escaleras… Y todo se le bajó de golpe cuando vio que Rey llevaba unas carpetas, el portátil, papel y lápices… No.

Oh, no… Su mirada… Iba a estudiarle. Y no de la forma que él quería.

Rey cerró la puerta del cuarto con la pierna y le observó, viendo que tenía escritos que llegaban desde su estómago, pasando por sus oblicuas, rodeando sus muslos. Estaba lleno de cosas que iban a tener que leer. Y él iba a responder a todo lo que pudiera responderle. Vaya si iba a hacerlo.

-¿Qué haces?- Preguntó Kylo.- Sea lo que sea…- Ronroneó, gateando sobre la cama y acercándose justo donde ella se había sentado de rodillas.- Podemos hacerlo después.

-Necesito saber más de ti.- Dijo, girándose hacia él, quedando cara a cara.

-¿Y no puede ser en un sentido más…?- Habló, pasándole las garras por los brazos, acariciándola y poniéndole la piel de gallina. Pero entonces Rey frenó su mano.

-Quiero salvarte… y voy a hacerlo, Kylo.- Habló con determinación. Él rodó los ojos. No, la cosa no estaba en salvarle y fue a decírselo pero.- ¡No voy a aceptar trueques ni contraofertas!

-¡Pero…!

-¡No hay "pero", Kylo! Recuerda nuestro pacto.- Y él arrugó la nariz, mostrando sus afilados dientes.

-¿Qué ha pasado con eso de "Y que pasaría si yo no facilitara tu liberación"? ¿Tienes prisa ahora?- Rey boqueó.

-¡No malpienses, Kylo!- Le agarró el brazo.- ¡No sabía que esto tuviera sentido y estoy empezando a ver…a verlo todo!- Él apartó su brazo, rebufando.

-Como se nota que tú te has quedado tranquilita…- Ella rodó los ojos.

-¡Oh, joder, Kylo, por favor!- El mencionado le dio la espalda con cierto enfado. Rey se alzó sobre sus rodillas, apoyando una mano en su hombro.- Luego te dejaré tranquilito…- Él giró la cabeza con violencia.

-¡¿Luego!?- Ella asintió.

-Valdrá la pena…- Jugueteó.

-¿Pero luego cuándo, Rey? ¡Joder! No me dejes así… - Y el tono lastimero que le escuchó, encubriendo un dolor físico que, en el fondo, halagaba a la chica, hizo que esta se volcara sobre su anchísima espalda, apretando el pecho contra él.

-Estaba a punto de volver a correrme, Kylo. – Rey escondió como pudo la sonrisa mientras pasaba las manos por sus hombros y él reprimía un escalofrío. – Un segundo orgasmo tan brutal que iba a dejarme laxa por todo lo que quedara de día. – Las yemas de sus dedos surcaban las cicatrices de sus pectorales. – Pero no he podido contener el miedo que he sentido cuando he podido ver lo que tienes escrito en la piel… - A Kylo se le encendió algo en el pecho ante la sincera preocupación de su pequeña criaturilla infernal, pero estaba demasiado ofuscado con la tortura que le estaba imponiendo como para detenerse en eso. – Déjame encontrar lo necesario para tranquilizarme y luego seguimos donde lo hemos dejado.

No le dio tiempo a depositar un beso en su mejilla, o en el hueco de su cuello. Él simplemente se dio la vuelta demasiado rápido, sosteniéndole la carita con una zarpa, apretándole los mofletes y quedando, de repente, a su disposición. Y su mirada penetrante, visceral y feroz, absolutamente centrada en ella.

-Oh, no vamos a seguir donde lo hemos dejado, pequeña. – Se regodeó, afianzando su agarre pero con cuidado de no hacerle daño. – Debería hacer que te arrodillaras ante mí ahora mismo, y me lamieras entero, gorrión… Hasta que te atragantes. Una y otra vez. – A Rey la idea no le sonaba en absoluto a un castigo. Simplemente, no podía… No podía mientras todas esas palabras resonaban con furia en su cabeza. Y algo en él debió darse cuenta. – No lo voy a hacer, ahora no, pero no sé en qué me convierte eso. – En realidad, no sabía por qué con ella se contenía. Y Rey fue a contestarle pero sus garras se deslizaron hasta pellizcar dolorosamente sus labios entre sus dedos antes de soltarla. – Evidentemente, en un gilipollas. - Y acarició con el pulgar su labio inferior, enrojecido, deseando poder aliviarlo con un beso.

- En mi demonio. – Le rebatió ella, aceptando en voz alta y, esta vez, ante él, el pequeño placer que había sentido al reconocerle así. No se lo vio venir. No esperaba que pasar de sentir sus garras acariciando su mejilla a sentir que le agarraba el cuello y lo cubría entero con una zarpa.

Rey sabía que no iba a hacerle daño, lo sabía en el mismo centro de todo su ser. Sabía que no estaba apretando aunque pudiera sentir cómo tragaba saliva y le latía el pulso justo bajo la palma. Lo sabía, aunque su mirada fuera salvaje, necesitada y voraz. Aunque no supiera de qué. Aunque estuviera a su merced, a expensas de su misericordia, de su antojo, de su fuerza de voluntad y de… fuera lo que fuera que sintiera respecto a ella para dejar que calmara primero sus miedos. Pero lo sabía, manteniéndole la mirada y alzando su manita para cubrir su muñeca, sin apartarle.

-Repite eso, pequeña. – Le susurró muy cerquita de su cara, con la voz baja, contenida en un gruñido animal.

-Mi demonio. – Obedeció ella, sabiendo también que no iba a ayudarle a calmarse. Esa conciencia no evitó precisamente que sonriera. Y le vio cerrar los ojos y ladear la cabeza, como echando mano de todas las fuerzas que le quedaban mientras se revolcaba en las sensaciones que ella y sus palabras despertaban en él.

-No voy a volver a ser generoso contigo, pequeña. – Le anticipó, abriendo los ojos para poder enfrentarla. – Hoy mismo se te acaba el chollo. –La chica se relamió y Kylo siguió el recorrido de su lengua antes de volver a sus ojos verdes. – He intentado ser bueno contigo, con todas mis fuerzas. – Rey acarició el interior de su muñeca con el pulgar. – Haz lo que tengas que hacer pero esto no queda así. – Aflojó su agarre sin soltarla. – Has abierto una veda que no querías abrir.

-¿Y si quería abrirla? – Le provocó, sin saber bien a qué se refería pero sin miedo a las consecuencias.

-Este no era el modo de pedirlo. – Y poco a poco, la soltó, como desentumeciendo sus garras, girándose de nuevo y quedando sentado sobre el borde de la cama, controlando su respiración antes de recuperar sus pantalones.

-¿Y puedo pedirte algo? – No debería atreverse a provocarle de ese modo, tirar tanto de las cuerdas que le retenían. No debería saturar más las costuras de su comportamiento, aparentemente a punto de estallar. No conocía su furia, ni quería, esa ira de la que hablaba en tiempo pasado y que, al parecer le había mantenido con vida tanto como había arrebatado la de muchos otros. Pero no pudo reprimirse, casi hipnotizada por el modo en el que los pantalones abrazaban sus caderas en el límite de las oblicuas. Alzó la mirada hasta él, obligándose a sí misma, y le vio expectante. - ¿Me harías un té? – y sazonó la pregunta con una sonrisa, de esas que consiguen que la gente te ayude con gusto.

Le vio bajar los hombros y alzar la mirada al techo antes de volver a dirigirla hacia ella, con un silencioso "¿en serio?" que resonaba en el aire entre ellos. Rey iba a añadir un "por favor" pero él volvió a sorprenderla, inclinándose sobre ella, tan grande como era, situar la zarpa tras su cabeza y besar su frente con una delicadeza que se veía tan fuera de lugar… Una sutura más desprendiéndose de la contención de Kylo.

-Me las vas a pagar todas, pequeña. – Susurró, amenazante y suave, casi meloso y tierno, sobre su piel, retirándole el pelo de la cara y haciendo que el pulso de Rey se disparara. Sin embargo, ella cogió aire y… Y asintió, mientras Kylo abandonaba la habitación, luchando consigo mismo, entre sus ganas de satisfacción, su enfado ante su constante desafío, su frustración ante una nueva represión de quien menos lo esperaba en el momento menos indicado, y el placer desconocido de cuidar de ella.

Sin embargo, Rey se quedó sentada en mitad de la cama, con todos los cuadernos, porfolios, carpetas y libros extendidos ante ella, tratando de recuperar el control sobre sus latidos.

Cuando bajó la mirada hacia el libro que había… "cogido prestado" de Maz, recordó sus palabras y resonaron con la fuerza de la claridad que ahora empezaba a invadirla. Ahí estaba todo. Había estado ante sus ojos todo este tiempo. Sólo había tenido que invertir la perspectiva, tal y como le había dicho.

Abrió el libro, sin detenerse en las páginas de cada uno de aquellos demonios que se exponían ante sus ojos, hasta llegar a las páginas repletas de símbolos dibujados a tinta. No eran simples símbolos. Y desde luego, no tenían nada de simples, llenos de nudos, con dibujos casi invisibles en un primer vistazo, milimétricamente detallados. Absorta en sus entresijos, tratando de adivinar cuáles recordaba en la piel de Kylo, se le pasó el tiempo hasta que le vio aparecer en dintel de la puerta con su taza blanca entre sus garras negras. Una visión espectacular. Todo en él era fuerza y sujetaba un objeto tan frágil con tanto cuidado…

-Gracias. –Le sonrió, aceptándola entre sus manos, dándole un sorbito antes de dejarla sobre la mesilla y volver la mirada hacia él, palpando el lado de la cama que ya era suyo. - Siéntate.- Le pidió con la cadencia propia de un médico a punto de examinar a un paciente.

Él obedeció, tomando asiento a su lado, mirándose en el espejo del armario, pasando los ojos por todas aquellas marcas y leyéndolas ahora con claridad. Se sentían como sus pecas, el Líder Supremo había anudado tanto sus recuerdos, cerrándolos a cualquier recuerdo, que incluso había logrado conseguir que se olvidara de ellos totalmente. Recordaba los días pasando los ojos por las marcas, cuando él podía leerlas del revés. Luego, tras cada batalla, tras cada nuevo examen propio, empezó a dejar de mirarlas, de leerlas… Y sólo las veía como marcas, algo que si no lo miras mucho, no lo ves. Aunque sonara imposible, teniendo en cuenta la magnitud de aquellas cicatrices.

Dejó salir el aire, que se le había atorado en el pecho, cuando Rey le acarició el brazo, llamando su atención. Kylo giró la cabeza a ella, encontrándola leyendo sus cicatrices, ayudándose del espejo de mano como si estuviera haciendo tiempo hasta estar preparada para alzar la mirada a él. Una vez lo hizo, Kylo volvió a quedarse sin aire otra vez.

-Creo que… voy a necesitar que te tumbes.- Pidió, sintiendo que ahora mismo sostenía una goma elástica algo podrida. Y jugaba a tirar, a ver hasta donde llegaba. Volvió a mirarle, comprobando si la goma metafórica se había roto de tanto tirarla, intuyéndolo por la mueca de Kylo. Si no había roto, estaba a punto. Vio el temblor en su labio superior, su ojo achicándose en un tic nervioso. Pero luego resopló, desviando la mirada y tumbándose, cediendo a ella. Todavía podía estirar un poco más.

-¿Qué? ¿Vamos a jugar a que soy uno de tus condenados cadáveres?- Gruñó, reacomodándose, mirando al techo y viendo que Rey se arrodillaba justo a su lado, con las rodillas en el suelo y los codos apoyados en el colchón.

-Algo así…- Dijo sin más, colocándose las hojas a un lado, distribuyendo los lápices al otro, posicionando el portátil y preparándolo todo. Kylo rebufó de nuevo.

-Vaya que ha cambiado el juego de "médicos y enfermeras".- Ronroneó, desviando los ojos a ella, quien no osaba mirarle, concentrada en dejar las cosas a punto.- Eres pionera en "forenses y cadáveres"…- Hizo un gestito con los labios antes de alzar un hombro, visualizando otras rutas en su imaginación mientras Rey le miraba con cansancio, ya empezaban sus bromitas.- Una filia curiosa… Porque ¿Cómo era eso que me llamabas al principio?- Entonces la atención de Rey cayó sobre él.- Eso que me molestaba soberanamente…

-¿El qué?- Se atrevió ella.- ¿Medio muerto?- Kylo sonrió antes de asentir con malicia.- Analiza bien las palabras…- Su sonrisita fue bajando a medida que la de Rey subía.- Un medio muerto no es un cadáver. Porque no estás muerto todavía.- Habló, girándose hacia los libros, abriendo un y dejando la frase en el aire como si no tuviera importancia.

-Vaya, entonces ya veo por dónde van los tiros…- Ronroneó, recolocándose mientras Rey se ponía en pie, mirándole desde arriba.

-¿Por dónde, si puede saberse?- Habló, poniendo los brazos en jarras. Kylo entrelazó sus manos justo encima de su tripa.

-No es tanto "forenses y cadáveres"… sino más bien "demonios y sacerdotisas de la Fuerza".- Habló, retorciéndose con cuidado en la cama.

-¿Vas a contarme todos los jueguecitos sexuales que se te ocurran para ponerme cachonda, sin mucho éxito, o…?- Kylo ladeó la cabeza.- ¿…vas a estarte quietecito, dejando que te analice, para poder continuar con lo de antes?- Él gruñó, quedándose quieto de golpe y recolocándose bien, como un cadáver.

-Voy a estarme quietecito…

-Eso es lo que quería oír.- Sentenció, pero Kylo viró la cabeza hasta ella.

-…al menos de momento.- Y sonrió con picardía hasta que Rey le tiró encima de la cara una almohada, que Kylo no tardó en apartar.

-Vamos, Kylo, por favor…- Pataleó. Y no hizo falta más, se quedó quieto, con la vista clavada al techo, aguardando.

Rey empezó a comprobar cada símbolo, de forma meticulosa, pasando los dedos por encima de su piel, leyéndolos, mientras que sujetaba el espejo y los leía sólo moviendo los labios, sin articular palabra.

De todas las torturas que Kylo conocía, esta era nueva y, con diferencia, la peor de todas. Seguía con la excitación nublándole el raciocinio, pero Rey le había rogado que estuviera quieto y estaba manteniendo su promesa como buenamente podía. Eso sí, cada gesto de la chica le sentaba como una provocación silenciosa; sus labios moviéndose, leyéndole, sus deditos acariciándole la piel, recorriéndole sin temor, su pecho, a veces, apoyado en él para poder leer mejor, anotando todo, luego estaba su forma de mirarle, admirándole, queriendo comprenderle… Por la Fuerza, aquello era el mayor ejercicio de contención al que le habían sometido. Se sorprendía de estar aguantando tanto… Y más cuando Rey descendió tras leerle los brazos y el pecho, llegando justo a sus costados.

Ella se mordió el labio, visualizando de nuevo aquella goma elástica, queriendo tirar un poco más de ella, temerosa de romperla con la siguiente estirada. Le recorrió con los ojos, llegando a su cara, encontrándole mirando al techo hasta que pudo notar el cosquilleo de sus ojos en él, y viró la cabeza para dar con ella, sonriéndole levemente, casi de forma imperceptible.

-¿Puedes… bajarte los pantalones?- Aquel tirón había sido demasiado… Pero la goma parecía aguantar.

-Bájamelos tú.- Le ordenó en un susurro lleno de lujuria pero también de seriedad, de contención. Rey se relamió antes de morderse otra vez, asintiendo. Y dirigiéndose a él, agachándole la prenda para exhibirle ante ella.

No era como si fuera la primera vez que le viera, pero ahora sentía una especie de vergüenza que otras veces no. Porque después de lo que habían hecho en el baño, o en su cama, o de todas las anteriores ocasiones donde se habían encontrado en la intimidad, Rey no había tenido vergüenza o reparo… Pero ahora era distinto.

Apoyó una mano en el colchón y se inclinó, leyéndole desde el costando, pasando los ojos y los dedos por su oblicua, llegando a su cadera y virando hasta su muslo, siguiendo aquellos dibujos, aquellos símbolos, y anotando cosas según el libro de Maz especificaba.

Y Kylo lo intentaba, con todas sus fuerzas. Cerraba los ojos, buscaba, como le había visto hacer a ella, su núcleo de Fuerza, concentrarse en algo fuera y dentro de sí. Pero era imposible. Todo su ser respondiendo a sus caricias como no lo habría hecho nunca ante nadie. Sus caricias, su mirada y hasta el más mínimo roce. Era el simple hecho de verla morder la tapa del bolígrafo con el que hacía sus anotaciones, y era su forma de fruncir el ceño ante cual fuera el obstáculo. Su manera de lanzar el cuaderno lejos para coger la taza de té, darle un sorbo y estirarse para retomar su estudio. Todo hacía que le bullera la sangre. Y toda ella parecía dispuesta a concentrarse en el mismo punto.

Pensar en el mejor modo de cobrarse su venganza por lo que le estaba haciendo tampoco ayudaba… Y menos aún cuando ella levantaba su mirada verde y volvía a recorrerle, entero, hasta llegar a sus ojos y encararle.

-¿Qué es lo que estudias tanto, pequeña? – Ella alzó la mirada hacia él, forzándose a mirarle sólo a la cara, tratando de ser lo más eficiente posible, intentando mostrar que se lo tomaba tan en serio como lo sentía, aunque él no se lo pusiera fácil.

- Pueeeeesss – Esa manera de alargar las palabras hizo que a Kylo le vibrara el pecho y ella tuvo que cerrar los ojos un segundo demasiado largo para centrarse. – Este símbolo… - Trazó con la yema del dedo la circunferencia del que residía sobre el hueso de su cadera. – Este… - Hizo lo mismo con el que se dibujaba en la cara interna de su bíceps. – Y este… - Otro símbolo sobre el pectoral derecho que se llevaba consigo la poca entereza que le quedaba al demonio. – No son símbolos como tales, sin más. – Se obligó a centrar la mirada de nuevo en él, tragando saliva. – Son sellos. – Y eso pareció reclamar la atención de Kylo hacia el tema más que hacia ella. Quizá no toda su atención pero sí la suficiente.

-¿Sellos? – Lanzó la pregunta al aire, esperando que ella continuara. Rey asintió, permitiendo que Kylo pasara las garras por la piel de sus gemelos, mientras ella volvía a alcanzar la taza de té, reposada entre sus manos.

-Al parecer son como… - Alzó la mirada al techo, buscando las palabras más acertadas. – Son como archivos codificados que llevan a otros archivos. – Le vio fruncir el ceño y ella dio un trago antes de volver a intentarlo. - ¿Recuerdas cuando dijiste que tu prisión era como una matrioska? El sarcófago en el desván, y el desván en la casa. – Kylo asintió. – Pues resulta que la matrioska va hacia dentro. – Rey vio cómo la conciencia de aquella idea filtraba en él y le apartaba la mirada, molesto, frustrado. Sintiendo el mordisco ácido de la resignación que había envenenado su alma durante tantos años, al servicio de aquel que es origen de todos sus males, sus desgracias y sus tragedias. Aceptando serio y obediente a quien le arrebató todo. Y ella, al verle tan afectado, dejó la taza en su sitio, y se inclinó hacia él, apoyando las manos sobre su pecho, y la barbilla sobre estas. – Igual… - Empezó, alzando la mirada con fingida inocencia. – Quizá querrías rebajar esa condena que quieres ponerme por dejarte a medias si…

- No. – La interrumpió, apartándole un mechón de pelo y situándolo detrás de la oreja. – No lo creo. – Negó con la cabeza, fingiendo una mirada de circunstancia, como si él lo sintiera mucho más que ella y se estuviera disculpando de antemano. – No puedes venir a negociar ahora.

- Pero ¿Y si te digo que puedo descifrarlos? Que sé hacerlo. – Estiró la mano hasta su cuaderno para enarbolarlo ante él. – Que sólo tengo que ponerme a traducir y… - Vio a Kylo que seguía negando con la cabeza y dejó caer los hombros, en señal de una derrota que al demonio no iba a resultarle tan fácil exprimirle. – Está bien. – Accedió, apartándole la mirada.

Kylo ladeó la cabeza, leyéndola sin necesidad de profundizar en ella, sólo mirando su carita, la forma en la que se mordía los labios y se le subía el color a las pecas. Quería pedirle algo. Algo más.

-¿Qué necesitas, pequeña? – Y el regodeo en el tono delató que, tal y como estaba, y desde luego, no en su mejor momento, casi, casi podía disfrutar de su nuevo rol ante una torturadora tan sexy como ella. Y Rey sabía leerle tanto como él.

-Que te des la vuelta. – Le soltó, sin preámbulos. Él abrió mucho los ojos y boqueó.

-Rey, ¿me haces un favor y me echas un vistazo rápido? – Le preguntó con cierta sorna. Y sí, ella se dio el gustazo de repasarle con la mirada. – Si me doy la vuelta, me rompo. – Rey puso los ojos en blanco.

-No digo que te pongas bocabajo, sólo que te des un poco la vuelta para que pueda verte la espalda. – Kylo achicó los ojos. No le había gustado este juego desde el principio pero ahora empezaba a detestarlo. – Vamos, cariño, sólo la espalda y termino.

-Sabes que las palabras dulces no me van a hacer cambiar de idea, ¿verdad? – Le recordó mientras obedecía, en la medida de lo posible, ladeando el cuerpo todo cuanto pudo para exponer su espalda ante ella. – No habrá misericordia. – Rey volvió a dejar la taza, ya vacía sobre la mesilla, y se inclinó sobre Kylo hasta que sus labios quedaron muy, muy cerquita de su oído.

- Ni yo te la voy a pedir… - Y se sintió tan, tan halagada por el escalofrío que vio recorrerle la espalda sin piedad que dejó de inquietarle la clase de ideas que tenía planeadas para ella, fueran cuales fueran.

Sin embargo, apenas le dio tiempo a disfrutar de esa pequeña victoria cuando vio la espalda de Kylo extenderse ante ella como un lienzo del daño sufrido, de pura resistencia, de lucha contra la muerte. No pudo evitar recorrerla con los dedos, entre fascinada y aterrada. Sí, había visto su espalda antes, pero no con tanto detalle, a la luz, o tan de cerca. Cientos de marcas, grabados y símbolos que ya reconocía se sucedían. Pero lo vertiginoso era que habían sido escritas sobre una capa de piel ya cicatrizada.

La espalda de Kylo era un registro mismo del dolor, un mapa cartografiado y en relieve que hablaba de la más absoluta crueldad. Primero, habían sido los latigazos. Algunos habían desprendido su piel del músculo y otros habían cicatrizado mal, y todo lo buenamente que hubieran podido. Eso le decía que no había habido nadie, ya no sólo para cuidar de él, sino para tener la decencia de cerrarle las heridas a las que él sólo no llegaría.

Pero lo peor, sin lugar a dudas, era ver esos signos dibujados sobre la piel cicatrizada. Como si hubieran desprendido la primera capa de su dermis para escribir en el reverso, y luego volvérsela a coser en su sitio. Casi pasa por alto un quinto sello, entre sus omoplatos.

E iba a mencionárselo, en voz alta, pero sus ojos captaron una palabra entre los signos deducida. Una palabra tras otra. Y los jeroglíficos que ya había visto dibujados sobre su cuerpo, y los cuerpos de las víctimas. Pero estos tenían algo distinto. Algo que no… que no encajaba. Como si no fuera suyo y se los hubieran dibujado para que cargara con un peso que no le pertenecía. Y entonces…

Dedujo su nombre.

Parpadeó varias veces, boqueando en el aire como un pececillo fuera del agua, tratando de formular en voz alta una pregunta que no llegaba a salir nunca de su boca, que apenas era capaz de pasar por la garganta. Como si su cabeza hubiera exprimido todo el riego posible en llegar hasta ahí.

Kylo sintió su confusión antes incluso de volver a girarse para mirarla. Tenía la mirada anclada al infinito, en algún punto desconocido entre el universo y ella misma, y parecía inaccesible. Sus manos suspendidas en el aire, el bolígrafo a medio camino del papel.

-¿Rey? – Trató de llamarla, intentando sacarla de donde fuera que estuviera. Sin resultado. Se irguió sobre sí mismo, quedando sentado ante ella. - ¿Pequeña? – Copó su mandíbula con una zarpa y pudo ver cómo ella misma se forzaba a salir de su trance y mirarle. - ¿Qué ha pasado? – Pero Kylo sabía perfectamente qué había visto. Podía haber olvidado los sellos, pero no aquellas marcas. De hecho, y siendo honesto consigo mismo, mucho había tardado en darse cuenta y deducirlo. Su mirada quirúrgica y escrutadora, y su instinto curioso unido a su necesidad de ayudarle, hacían que esconderle a la chica un secreto fuera un imposible mayor que su misma existencia.

- ¿Por qué tienes marcas que hablan de mi? – Alzó su mano para alcanzar su garra y apartarla de su cara. Sin embargo, y para sorpresa inaudita del demonio, entrelazó sus dedos con los suyos, centrando su mirada en ellos, como si necesitara una imagen a la que anclarse y algo entre las manos que atara en corto sus nervios a punto de explotar como fuegos artificiales. – Creí que dar contigo fue algo fortuito, puro azar, pero es como si… me hubieras buscado. – No podía verle, pero Kylo seguía negando con la cabeza. Él ni siquiera se había dado cuenta de que era ella a quien buscaba hasta un tiempo después. – ¿Kylo?

Él apartó la vista de ella, tomando aire. Ya estaba bien…

Estiró la mano, atrayendo el libro que la chica había tomado prestado de la tienda de Maz Kanata, colocándolo sobre sus propias piernas mientras Rey apoyaba ambas manos en sus rodillas ¿Acaso había algo en Kylo que no estuviera marcado? Alzó la vista a él, mirándole… Apenada. Imaginándole sin querer, recibiendo cada golpe, y él contrayéndose, intentando endurecerse en vano para que no le dolieran y…

-Deja de tenerme lástima, pequeña.- Susurró él sin alzar los ojos del libro, buscando algo, pasando las páginas una a una, buscando.- No te he dejado verme para que pienses… esas cosas.- Y ahora sí, alzó los ojos a ella. Serio. Imponente. Sin bromas o juegos, como si todo lo anterior se hubiera esfumado como el humo.

-Es que…- Y no pudo proseguir, justo cuando Kylo frenaba sus manos, dejando paso a un pesado silencio que inundó la habitación de lleno.

Él giró el libro, mostrándoselo, y ella lo tomó con ambas manos, observando perpleja el precioso grabado que había, ocupando una página entera, una ilustración épica, de una batalla, una figura oscura y astada junto a otra llena de luz, de poses demasiado estáticas en comparación a las que estaba acostumbrada a ver en los cómics, pero llenas de fuerza, aura.

Y al lado, un texto, uno denso, intenso. Empezó a leerlo mientras Kylo la observaba, leyéndolo con ella. Deseando poder contarle tantas, pero tantísimas cosas, que se ahogaba con ellas gracias a los nudos que había hecho el Líder Supremo en su garganta, evitando así que lo hiciera.

Rey leía aquella profecía, aquel texto que cantaba a voces algo que le sonaba demasiado, o bien porque empezaba a compartir recuerdos con Kylo ante tanta exposición, o bien porque lo habría escuchado de pequeña.

"El principio fue verbo.

Y luego se hicieron los cuatro soles que debían gobernar su reino. Como cuatro fueron los vientos, los elementos y los ciclos.

Cuatro debían ser los poderes por sus cuatro fuerzas comprehendidos. Como cuatro son los lados de una pirámide y cuatro sombras que proyectan sobre la tierra de los cuatro reyes, como cuatro revelaciones.

Cuatro fuerzas lucharán por la corona.

Cuatro plagas rasgaran el mundo allá por donde pase el Líder Supremo.

Cuatro los ejes dibujados bajo la piel del enemigo para soportar el peso del mundo.

Cuatro los infiernos en los que el tiempo se alcanza sí mismo.

Alfa y Omega. Principio y Final. Vida y Muerte. Bien y Mal.

Y un universo que se expande entremedio, donde todo se eleva y todo cae, dónde todo se origina y todo muere, hasta consumir la eternidad en su mismo conflicto.

Se alzará altivo de rostro y entendido en enigmas. Gobernará en sabiduría y furia divina, toda suerte de riquezas serán la escala del manto que le cubre, labrado en oro y cielo. Su poder se fortalecerá, mas no con fuerza propia pues este falso dios atará a la bestia, para profanar y desgarrar a su antojo. Arderán desde las tierras baldías hasta los hogares buenos. Vencerá, rodeado por su horrible turba, en todo abismo encendido, con un poder cuatro veces superior al espacio que mide el día de la noche.

Una bestia perfecta en todo desde el día de su creación hasta su caída. Porque las bestias se sacrifican cuando alcanzan el trono sobre el que se asienta el Líder Supremo, profanando un santuario que se sabe usurpado.

Así, lo precipitó de cabeza, en una prisión de meteorito, hasta el fondo último del océano más profundo, para que yaciera allí, encadenado por atreverse a dudar. Vencido quedó, confundido pero inmortal, porque su destino le reservaba para una cólera mayor. Pues ahora, tanto el recuerdo de la felicidad perdida como el de la pena eterna lo devoran. Pero él espera, con sus ojos extraviados que atestiguan inmenso desaliento y aflicción, unidos a un orgullo indomable y a un odio endurecido.

Él espera y ese es el peor castigo.

Pero después encontrará una estrella cuyo nombre a fuego encarnado está, y un horrible sacrilegio se cometerá ante el altar de su signo. Cuatro lunas como cuatro luceros alumbrarán la noche con sus votos.

La mujer conquistará el corazón de la bestia. Y el hombre traerá la destrucción que caerá sobre el autor de sus horrores."

Esperaba ver lágrimas en los ojos de la chica, una vez los levantara del texto para mirarle. Lágrimas, dolor, tristeza, odio… Pero no. La realidad era distinta, ella era distinta.

Sus ojos no mostraban miedo, sino que estaban viendo hilos conectándose entre sí ante sus narices. Y podía leer sus labios, reproduciendo una frase en bucle mientras los ojos de la chica caían en su bloc de notas… Y de nuevo en él. Y de nuevo en el bloc. Para regresar a él.

-"Cuatro los ejes dibujados bajo la piel del enemigo para soportar el peso del mundo."… ¿Son tus marcas?- Kylo se mantuvo en silencio mientras Rey empezaba a echar humo por las orejas de lo rápido que pensaba.- ¡Oh, por la Fuerza, son tus… tus…!- Le apartó un poco, echándole hacia atrás levemente, con tal de que la luz incidiera justo en su pecho, luego le movió para que alumbrara el brazo, luego su cadera… Y le miró a los ojos mientras ambos pensaban en el símbolo de su espalda.- ¡Son tus "esto"!- Gritó, señalándolos.- ¿Qué son? ¡¿Lo sabías?!- Él aspiró aire, desviando la mirada para envalentonarse, pero cuando fue a hablar, ella se adelantó.- ¡Y espera! ¡La prisión de meteorito!- Regresó a esa parte, releyéndola.- ¡Eres tú!

-No es que sea yo, Rey…- Ella levantó los ojos, con la boca entreabierta y la sorpresa azotándola cada vez más fuerte.- Es que es mí profecía… -Tomó aire a la par que sostenía la manita de la chica, llevándola hasta su nombre.- Y empiezo a pensar que… He encontrado a mi estrella.