Es el destino

Nota 14: Recuperarlo todo

Nota 14: Recuperarlo todo

La sala de música era el escenario de tan tierno recuerdo. El sol entraba cálido a través de las delgadas cortinas color cielo de la habitación junto a una brisa de primavera que arrojaba unos pequeños pétalos de cerezo a la duela finamente acabada. La claridad del sitio era tan bella como los ojos de esa niñita que miraba expectante al dueño de aquella memoria.

¡Soy Tetsuya! Tetsuya Kuroitsuki, un gusto — al fin se animó a decir el niño de grandes ojos amatista y cabellos azabache con una sonrisa pícara, luego tendió su manita a la jovencita como solía hacer con otros niños.

La pequeña entrecerró los ojos de color marino y enmarcó una tierna sonrisa en sus labios antes de decir:

Un gusto Tetsuya, soy Fuyumi. Kimihiro Fuyumi

Así que Fuyumi ¿eh? — comentó el chiquillo aun con la alegría en sus gestos — ¿Puedo llamarte sólo Yumi?

¡Sí! — afirmó la castaña y tomó entre sus manos la del muchachito mientras le dedicaba uno de los gestos más inocentes que él pudo ver. La abundante cabellera castaña cayendo como cascada sobre los hombros y espalda de la nena, sus brillantes ojos color de mar, sus mejillas ligeramente adornadas de carmesí, los labios delgados esbozando una sonrisa sincera, la voz de ángel, la calidez de su apretón de manos…

Mi nombre es Kuroitsuki Tetsuya. Tengo 20 años.

Nací en Tokio un 6 de enero. Mi padre es Kuroitsuki Tomonori, un gran director de cine y teatro al que casi no veo debido a su trabajo. Mi madre, Kuroitsuki Sayaka. Una actriz internacional que se largó a Hollywood cuando tuvo la oportunidad de hacerlo. Antes de irse, Sayaka decidió darme un hechizo, uno muy especial. Me dijo:

Nada de lo que pidas te será negado. Todo lo que desees se te dará. Para ti, jamás habrá imposibles

Tenía razón. O al menos mi padre se encargó que las palabras de esa mujer fueran la única verdad que dijo en su vida. Nada de lo que yo pedía me era negado. Cada capricho, por pequeño que fuera, era concedido sin importar el costo.

Con la edad fui adquiriendo una que otra responsabilidad. Algún precio tienes que pagar cuando tu padre te da todo manos llenas. Tenía que asistir a las aburridísimas fiestas que mi progenitor hacía en compañía de sus amigos: fue ahí donde conocí a Sonomi. Aún recuerdo las formas tan elegantes en las que su madre la obligó a saludarme, aunque en ella, parecían naturales. Por mi sirviente supe que tenían pensado casarme con ella, pero jamás le di importancia. Luego conocí a mis supuestos rivales: Ootori Eichii y Sumeragi Kira. Nunca les vi como tal, siempre fueron mis compañeros de juegos y travesuras.

Después la conocí a ella. Fue en la sala de música de los Fujiwara.

Su largo cabello castaño, abundante y rizado, la sonrisa infantil y la vocecita tierna que cantaba canciones de musicales, nanas para la cuna y supuestas composiciones de ella, que en realidad eran poemas sin sentido…

Fuyumi…

La niña que hablaba y hablaba de música.

La que soñaba despierta mirando al cielo bajo los cerezos del jardín.

La que corría junto a Eichii y junto a mí sobre las colinas.

La que reía con nuestras discusiones infantiles.

La que colgaba sus deseos junto a los míos todos los años al celebrar el Tanabata1.

A la que enseñé arrogante todo lo que creó saber.

Aquella que un día me envolvió en sus brazos y me dio el consuelo que necesitaba cuando la única mujer que había amado en esos momentos me destrozó el corazón.

Sí, ella. Kimihiro Fuyumi.

Mi tierna Yumi chan…

Pero nadie valora lo que tiene hasta que lo pierde, ¿no es verdad?

Un día le puse fin a todo. Nada de lo que yo deseara me sería negado, me dijo esa mujer. Quería ante todo demostrar que era verdad. Que nada, ni nadie podía contra mí.

Así que ese día, le seguí el juego a Eichii en una más de nuestras pasadas. Era un juego ¿no? Éramos amigos después de todo y nos perdonábamos ¿no?:

Destruí el corazón de Fuyumi con mis humillaciones.

Me burlé de los sentimientos de Eichii.

Acabé con el compromiso de Sonomi y Kira.

¡Me sentí como un dios ese día en la fiesta! Un dios que sería perdonado por sus amigos a pesar de sus insolencias. ¡Qué equivocado estaba!

Seguí con mi vida. Me convertí en actor y modelo. Mi rostro aparecía en las revistas de moda, espectáculos, cine, televisión y teatro. Cientos de llamadas llegaban a mi casa pidiendo que apareciera aquí o allá; pero un dios no se aparece donde sea, ¿o sí?
Las citas con chicas no me faltaban: actrices, modelos, recepcionistas, camarógrafas, fotógrafas, mujeres incluso 10 o 15 años mayores que yo me pedían salir con ellas. Amasando mi propia fortuna con mi trabajo y siendo uno de los solteros más codiciados de la sociedad sentí que el mundo estaba a mis pies. ¡Tenía todo lo que un hombre podría desear!

Tiempo después creí que era momento de sentar cabeza. Me comprometí con una actriz de nombre Atsushi Kaori. Teníamos una buena relación, éramos la envidia de las parejas de la farándula. Creí amarla, tanto como aquella mujer. Estaba seguro que había encontrado el amor que tanto buscaba, pero volví a equivocarme. Cuando supe sus verdaderas intenciones la eché de mi vida y entonces lo entendí:

Lo que había estado buscando por tanto tiempo, desesperado y como un loco siempre lo tuve, pero nunca lo noté. Entonces, recordé a Fuyumi:

Su sonrisa,

Sus palabras,

Su voz,

Sus ojos brillantes al mirarme con la devoción con que lo hacía,

Su abrazo. Ese abrazo que me hizo saber que estaba agradecida con mi existencia…

También recordé lo que hice: destrocé su corazón sin piedad por querer demostrar que podía ser más fuerte que cualquiera. Fui un idiota.

Decidí buscarla de nuevo, recuperarla. Recuperarlo todo.

A Eichii.

A Kira.

A Sonomi.

A Fuyumi. Por sobre todas las cosas a ella. A la niña que ese día en la sala de música me estrechó las manos con la calidez y sin desearlo me ofreció el único tesoro que deseaba en la vida: amor.

Llegamos, Tetsuya sama — escucho decir a Takahiro. Mi sirviente personal desde los 5 años. Ha detenido el auto frente a la entrada que permite el acceso al conglomerado que compone el imperio de Raning Ootori.

Gracias. Espérame aquí — digo antes de bajar del auto decidido a enfrentarme, después de casi cuatro años de no vernos, al único hombre al que he considerado mi amigo.

Tetsuya pidió hablar con Ootori Eichii, líder de HEAVENS e hijo mayor de Raning Ootori. Eichii se negó a recibirlo, pero tras persuadir a la recepcionista para que insistiera, el actor consiguió tener una breve entrevista en la casa privada detrás de las oficinas centrales. Kuroitsuki llegó hasta la morada donde alguien del servicio lo condujo hasta la sala de estar.

Pasaron 15 minutos. El modelo empezaba a impacientarse con la demora del otro y miraba con fijeza la escalera que guiaba a las habitaciones, esperando por el que alguna vez llamó su mejor amigo. De repente, Tetsuya escuchó el ligero golpeteo de unos pasos sobre la duela y fue hasta que vio descender por las escaleras cual rey a su compañero que se puso de pie.

Vaya, vaya, vaya. Jamás creí volver a ver tu cara después de lo que sucedió hace tres años — confesó el ojos malva de forma sardónica — Debes estar muy desesperado para venir aquí, Tetsuya.

¡Eichii! ¡Cuánto tiempo! ¿No me das un abrazo? — le respondió Kuroitsuki con una familiaridad que rayaba a lo cínico mientras extendía sus brazos como quien espera recibir el afecto — Han pasado tres años desde que nos vimos por última vez, ¿no te mueres por abrazarme?

No seas ridículo — espetó el castaño airado — ¿A qué viniste?

Tetsuya miró a su alrededor como buscando a alguien antes de volver a dirigir la atención a su amigo y decir:

¿Y Eiji? Esperaba ser recibido con un Tetsuya nii san, bienvenido de parte suya— el modelo sonrió un poco conmovido por tener el tierno recuerdo del hermano menor de Eichii recibiéndolo como solía hacerlo.

Eiji no está — respondió a secas Ootori al verse ignorado por su visitante, quien parecía actuar como si nada hubiese pasado entre ellos — Ahora dime, ¿a qué viniste Tetsuya? — El idol se acomodó los lentes de pasta oscura antes de encarar al muchacho de ojos amatista.

Eichii no estaba feliz de ver a su antiguo amigo. Recordaba que en una sala como esa habían discutido y terminado su amistad, ¿por qué ahora pretendía que nada había pasado? El joven cruzó los brazos sobre su pecho y continuó:

Si sólo viniste a hacerme pasar una mala noche, ya lo conseguiste. Ahora, fuera de mi casa

Tranquilo — Kuroitsuki se acercó a Ootori de forma sigilosa, como el cazador que acecha a su presa, y añadió con una voz luciferina — Vine a hablar de ella. De tu amada, a la que seguro no has olvidado porque de ser así, no me habrías dejado entrar ¿cierto?

El castaño chascó la lengua y se dirigió a uno de los sillones para tomar su sitio y escuchar lo que Tetsuya tenía que decir. Después de todo, tenía razón. Lo había dejado entrar en el momento que en la recepcionista le mencionó el nombre de Kimihiro Fuyumi. Por su parte, el modelo tomó asiento y refirió lo sucedido en la obra de teatro que su padre y Miyavi habían realizado. Le habló sobre Fuyumi, sobre HAYATO y la extraña forma en la que se relacionaban. Además de hacer énfasis en que, durante y fuera de obra, la castaña y el idol parecían muy cercanos, algo más que simples compañeros de trabajo. Ootori se mantuvo ecuánime durante toda la perorata de Kuroitsuki. Él sabía que Fuyumi trabajaba para la agencia de Shining Saotome, como era conocido en el medio, pero cuando le preguntó el por qué a la compositora, esta lo evadió. Incluso él fue testigo de cómo Tokiya y Fuyumi habían entrado al salón empapados de pies a cabeza en la ceremonia de premiación en la que coincidieron. Para Eichii todo empezaba a cobrar sentido, no obstante, conocía los alcances del ahí presente. No volvería caer en sus juegos.

Una vez que el muchacho hubo terminado su explicación, añadió:

Tenemos que hacer algo Eichii, no podemos permitir que ese sujeto engañe a Yumi chan de esa manera — se acomodó en el sillón con soltura — Es insultante.

Y… ¿qué se te ocurre hacer? Llegar y decirles que no pueden estar juntos— le respondió con ironía Eichii al actor — Además, Saotome tiene su regla de 'No Romance', están destinados al fracaso, si es que tienen algo más— concluyó fingiendo desinterés.

¿Eres tonto? — Tetsuya se levantó de golpe — Me refiero a que, aunque exista esa ridícula regla, ellos podrían romperla. ¡Tenemos que impedir que su relación avance!

¿Cómo? — Eichii miró a su compañero con rictus serio.

Tetsuya resopló exasperado por la poca cooperación de su amigo y continuó:

Me sorprende tu poca imaginación, Eichii. Es aquí donde tú haces tu gran entrada — tomó por el hombro derecho a Ootori, quien estaba ahora de pie frente a él — Necesito de ti y de HEAVENS para darle una paliza a STARADISH

No voy a caer en otra de tus bromas Tetsuya. Ya no tengo 10 años — respondió el castaño y apartó la mano de este con displicencia — HEAVENS vencerá a STARISH cuando sea apropiado. Nos preparamos para ello. Ahora, si eso es todo lo que tenías que decir, ¡vete!

¿En serio? — le gritó Tetsuya casi a punto de perder la paciencia — Te ofrezco la oportunidad de limpiar el honor de tu grupito y recuperar a Yumi chan, y ¿tu respuesta es un 'NO'?

El idol miró directo a Kuroitsuki y con una voz carente de la más mínima simpatía dijo:

Me acercaré a Fuyumi cuando lo crea conveniente. No pienso seguir tu juego. Sé perfectamente como acaban tus artimañas, ¿quieres repetir lo que sucedió hace tres años en tu fiesta de cumpleaños? —

¡Las cosas no serán iguales! — Kuroitsuki se defendió con cierto pesar — Esta vez seremos tú y yo, juntos Eichii. Juntos vamos a recuperar a Yumi chan, y cuando se haya desilusionado de ese HAYATO, Tokiya, cómo se llame, estaremos ahí para ella. Será nuestra oportunidad.

Eichii rio por lo bajo y caminó en dirección a las escaleras dándole la espalda a su viejo amigo para finalmente mirarle por el rabillo del ojo y concluir:

Te gusta jugar con el destino de las personas, pero para tu desgracia, tú no tienes ese poder. ¡Buenas noches y fuera de mi casa!

El modelo trató de insistir gritando las mil y un razones por las que deberían aliarse, pero el idol ya no quiso escuchar. Kuroitsuki miró con frustración como era dejado atrás por Eichii sin el más mínimo interés por sus ideas. Era verdad, el muchacho de los ojos malva ya no era el tierno jovencito que le secundaba sus diabluras. Le dolía saber que el tiempo no cura las heridas como muchos dicen y que la sombra de sus errores le perseguiría por siempre. Con el fracaso plantado en la cara, Tetsuya se encaminó a la salida del lugar a cabeza gacha y mascullando una serie maldiciones por el fallido plan, no obstante, antes de llegar a la recepción una vocecita tan dulce como la de un niño le detuvo los pasos diciendo:

Tal vez yo te pueda ayudar…

El muchacho se giró sobre sus talones para encarar al valiente que había ofrecido su ayuda y se sorprendió al ver a un pequeño de unos 14 años, de rostro angelical pero mirada inquisitiva que parecía observarlo todo, el cabello rosáceo y la sonrisa digna del propio Lucifer balancearse sobre sus pies con encanto y repetir la oferta. El menor siguió mirándolo esperando por la respuesta del actor. Tetsuya, tras salir del asombro, sonrió. Si tenía que venderle su alma al mismo Diablo, lo haría. Por recuperar a Fuyumi, por recuperarlo todo.

La mañana siguiente, Fuyumi salió muy temprano a cumplir con sus deberes agendados para ese día ya que por la tarde planeaba visitar a Sonomi en el hospital por su cumpleaños. La castaña se sentía un tanto triste por la situación de su prima. Aunque la euforia de la noche anterior diluyó un poco su angustia, al volver a la realidad, seguía angustiada por el nada claro accidente de su familiar. Cerca de la hora de la comida la compositora recibió un mensaje de un número desconocido en su móvil. La chica abrió el mensaje y se encontró con una singular demanda:

"Lo de tu prima no fue un accidente.

Si quieres saber quién lo provocó, te veo a las 7 en el Sweet&Coffee Cafe de Ikebukuro.

No faltes.

Mikado N."

Kimihiro tensó la mirada y volvió a releer el texto.

Un temor muy grande le invadió con la afirmación del desconocido. Si lo de Sonomi no fue un accidente y alguien lo había provocado, tal vez ese alguien intentaría de nueva cuenta la hazaña; pero ¿quién? La jovencita dudaba de asistir al encuentro, pero sus miedos se acrecentaban más conforme la hora de la cita se acercaba. Además, ¿quién era ese tal Mikado? ¿de dónde la conocía? Había demasiadas incógnitas lanzadas al aire para quedarse sin hacer nada, así que lo decidió: Fuyumi se dirigió al lugar de la reunión.

Al llegar al sitio, una cafetería lujosa y de buen gusto que se alojaba entre las calles de Ikebukuro, uno de los dependientes la recibió y la condujo a una pequeña sala privada donde se encontró con su misterioso mensajero de anónimos. La chica se quedó atónita cuando notó que quien la citaba era un pequeño de ojos color gris claro y cabellera de tonos rosáceos que con gracia le hizo tomar asiento una vez que la vio entrar a la pequeña aula.

Así que tú eres la famosa Fuyumi — le comentó con fingida sorpresa una vez que la tuvo frente a él y la escudriñó con la mirada — Felicitaciones por lo de ayer, por cierto.

¿Tú eres Mikado san?

Y ¿a quién esperabas?

Pues… — dudó un poco la castaña y concluyó — a alguien más mayor.

¡Grosera! Insinúas que por ser menor sólo bromeo — el niño hinchó los mofletes de forma graciosa, pero luego sonrió con un toque de malicia — Pero me alegra que estés aquí

Sobre tu mensaje…

Ah, no. — interrumpió Nagi de forma carismática mientras movía su dedito índice haciendo una seña de negación — Los negocios los hago yo…

Kimihiro apretó los labios con aprehensión. Sentía que había caído en una trampa, una muy peligrosa. No obstante, se sentía como una tonta al ver que un niño la había hecho caer tan fácil. El idol prosiguió:

Antes de decirte lo quieres saber, quiero que me hagas un favor — soltó pícaro mientras le daba la primera probada al postre que había pedido.

¿Un favor? — Fuyumi levantó ligeramente las cejas — ¿Qué clase de favor?

Que tengas una cita…

¿Una cita? — la castaña miró confusa al menor intentando desenredar sus misteriosas palabras. ¿El chico quería salir con ella?

Pero no me malinterpretes — le aclaró el de los ojos grises cuando notó su confusión — Yo no saldría contigo.

Entonces, ¿con quién se supone debo tener la cita?

Nagi dedicó una larga mirada a la tensa muchachita que tenía delante suyo. Aún no podía entender que era lo tan especial en ella que había provocado una interesante conversación entre el hijo de su contratista y el hijo de su presidente de agencia. Para él, era una más de esas niñas con cara linda. Sin embargo, encontraba divertido ver sus reacciones tan transparentes, eso la hacía interesante para sí.

Quiero que salgas con Eichii — dijo al fin de forma cínica.

Con Eichii — repitió la compositora tratando de contener las inmensas ganas de salir de ahí sintiéndose como la más grande de las idiotas. Si eso era juego de Ootori, la iba a escuchar — Si esto fue su idea, dile que al menos tenga el valor de pedírmelo de frente y no mandar amenazas anónimas con su recadero.

¡Eh, yo no soy ningún recadero! — se quejó Mikado y apoyó los codos en la mesa con enfado — Además, ni Eichii sabe que estamos aquí. La idea es mía.

Fue el turno de Kimihiro para guardar silencio. Si ese pequeño diablillo no había ido por órdenes de su viejo amigo, entonces, ¿por qué le pedía salir con él?

Si quieres que te diga todo y que incluso confiese con Mikihiza y Kuroitsuki, primero me tienes que jurar que saldrás con Eichii mañana.

Y… ¿si me rehúso?

Entonces no diré nada — concluyó el niño e hizo una ademan con su mano derecha — pero expondrías a tu prima a un gran peligro. —

¿Me estás chantajeando? — le objetó la chica ofendida. Ya no podía escapar de la trampa del menor.

No, para nada. Pero es justo que te pida algo a cambio ¿no? — argumentó de forma seria Mikado y se divirtió con la reacción de Fuyumi. Estaba tan tensa y por demás indefensa. Nagi sabía que tenía la ventaja, y disfrutaba de ello.

Dame tu teléfono — escuchó decir a la castaña en una demanda — No tengo el número de Eichii. Si quieres que cumpla, dame tu teléfono.

El pequeño idol ofreció su móvil de pantalla táctil a la compositora. Fuyumi buscó en tiempo récord el contacto de Ootori y dio llamar en el ícono con esa función. La chica tamborileó los dedos en la mesa ansiosa mientras el tono de llamada hacía su aparición. Un primer tono. Un segundo. Un tercero, y al fin escuchó la voz grave pero gentil del líder de HEAVENS responder:

¿Qué sucede Nagi? No dijiste que estarías ocupado por la tarde—

Soy yo, Eichii, Fuyumi.

Eichii sintió que el tiempo se le detuvo cuando escuchó a Fuyumi responderle la llamada. Pasó la saliva muy despacio por su garganta para aclararla y continuó:

No esperaba que fueras tú… — atinó a decir sin saber cómo reaccionar.

Sólo te llamé porque… — la niña hizo pausa y miró a Nagi, quien se regodeaba en su inocencia y quería ver si sería capaz de cumplir su petición. Desvió la mirada y continuó — porque… quiero que salgamos. Mañana.

¿Mañana? ¿Salir tú y yo? — le interrogó el mayor con desconcierto. Esperaba no estar soñando, aunque hubiese preferido ser él quien tomara la iniciativa y recibir el sí de la damita con una sonrisa.

Sí. ¿Te parece bien en el parque de diversiones de Odaiba? — Kimihiro intentó sonar segura de su decisión para no delatar que pedía salir con el idol por presión de su compañero — Solíamos ir juntos cuando niños…

De acuerdo, te veo en la entrada — le dijo el ojos malva aún sin podérselo creer. Se miró en el espejo que tenía más cercano para estar seguro que no alucinaba.

En la entrada entonces…

¿Segura que es lo que realmente quieres? — Eichii sonaba preocupado al hacer esa pregunta. Ante todo, deseaba respetar a la chica. Esta vez quería hacer las cosas bien y no equivocarse como en el salón de la ceremonia, como hace tres años.

¡Sí! Te veo en la entrada — volvió a referir la castaña y sintió como un nudo se le formaba en la garganta. Después de la premiación en la que coincidieron, no había vuelto a cruzar palabras con él, y de forma extraña, una sensación fuerte y desoladora se apoderó de ella.

De acuerdo. Entonces, hasta mañana.

Hasta mañana.

¡Eichii! — gritó desesperada la chica

¿Sí? — él todavía sostenía el móvil. Le bastaba con escuchar la respiración de la compositora al otro lado del auricular.

No… no llegues tarde — dijo Kimihiro con ansiedad, pues esas torpes palabras no eran las que tenía pensadas.

Escuchó un Está bien y luego un Adiós de parte del muchacho, y ella terminó la llamada. Fuyumi se quedó mirando fijamente el celular por unos segundos. Sentía angustia, tristeza y nostalgia mezcladas en su ser. Esa sensación de añoranza, de querer recuperar algo perdido, pero sin recordar qué era ese algo.

—¡Bravo! — comentó con emoción Mikado mientras aplaudía complacido con la escena tan conmovedora que acababa de presenciar. Lamentaba haberse perdido la cara de sorpresa de Ootori al saber que la chica que le gustaba desde sus tiernos años, le llamó para salir. No le conocía ese lado ridículamente cursi a su líder y le iba sacar provecho para divertirse un poco. La muchacha se limitó a devolverle su móvil al menor y entonces tomar un rictus serio y decir:

¡Bien! Hice lo que me pediste. ¡Habla! —

¡Oh! Vaya — expresó el chiquillo con sorpresa — No eres tan tonta como te ves.

Cumplí mi parte Mikado san. Cumple la tuya — Fuyumi empezaba a hartarse con las largas del idol. Empezaba a perder la paciencia.

No obstante, Mikado Nagi cumplió con su parte del trato y le contó a la compositora sobre el accidente de su prima. Él también era parte del reparto de la obra "Princesa del mar" junto con Sonomi, Tokiya, Usui y compañía. Al mediodía del día de la premier vio como Kurumi había colocado una trampa en las escaleras que daban a los camerinos y estuvo pendiente de que Fujiwara fuera la única que tomara el acceso a camerinos para que se accidentara. El menor contempló el momento en el que la chica colocó un poco de jabonadura sobre las escaleras escondido detrás de unas cajas que los tramoyistas habían dejado en el pasillo. Le explicó a la castaña que la razón por la que probablemente lo hizo fue porque sabía que, si la protagonista se ausentaba, ella sería la opción lógica para reemplazarla. Usui creyó que nadie la había visto, y fingió hacerse la sorprendida cuando la noticia se corrió como pólvora, e incluso ya estaba pidiendo a las de vestuario probarle los vestidos de la princesa porque se sentía segura de su triunfo, pero nunca contó con la intervención de Kimihiro como sustituta de Fujiwara.

Fuyumi escuchó con atención al pequeño. Sonomi corría el peor de los peligros si no se le alertaba del asunto a ella y a los directivos. Sabía de los alcances de Usui. Ya la había visto ser violenta con ella y acorralar a Ichinose. No dudaba que estuviera de detrás del accidente de su prima. Al terminar su conversación, la jovencita le pidió a Nagi cumplir su otra parte del trato y hablar con los directores para que Usui fuese reprendida por su mala actitud. El pequeño quedó de llevar acabo la misión sin olvidar recordarle que debía presentarse al día siguiente en su cita con Eichii. Así lo acordaron.

Mientras Fuyumi salía de la cafetería, Mikado la observó detenidamente por las ventanas del establecimiento y con una sonrisa cómplice comentó al aire:

Así que la única digna de llevar el apellido Ootori, eh. — Nagi continuó observando a la señorita en tanto hacía memoria de su conversación con Tetsuya la noche anterior y las palabras que había cruzado con Eichii por la mañana cuando le cuestionó como era esa tal Fuyumi. Las cosas se ponían muy interesantes para él, ¿hasta dónde podrían llegar?

Kimihiro llegó más tarde a visitar a su prima. La intervención del chico HEAVENS la había hecho perder algo del tiempo que tenía destinado a la visita al hospital. No obstante, creyó que había sido para bien pues eso ayudaría a proteger a Sonomi de Usui.

Al entrar a la habitación, la idol estaba conversando por teléfono con alguien. Por su expresión, Fuyumi supo que se trataba de algo serio, así que prefirió esperar a que su prima terminara con su llamada. Cuando terminó, la castaña abrazó a su familiar, le dio las felicitaciones por su aniversario número 20, bromearon sobre que pronto ya tendría la mayoría de edad y acordaron ir a alguna parte a celebrar su cumpleaños como merecía.

Mañana me dan alta, tal vez podríamos ir a la cafetería que nos gustaba cuando niñas — le dijo Sonomi con emoción a Kimihiro, y esta con cierto temor objetó:

No puedo — se acomodó ansiosa en la silla — Sé que te vas a enfadar con lo que te voy a decir, pero lo hecho, hecho está. Mañana tengo una cita con Eichii en Odaiba.

Pero ¿qué? ¿Con Eichii? — la idol casi se levanta de un brinco de la cama al escuchar la nueva — ¿Enloqueciste Fuyumi? Tú no tienes nada que hacer con él. Mañana no vas y punto. Bastante tuve con lo de hoy como para ahora tener que soportar esto en mi cumpleaños.

Fuyumi miró con asombro a Fujiwara y preguntó:

¿Qué pasó hoy? ¿Suzaku y Suzuki te hicieron alguna maldad estando convaleciente?

Eso hubiese sido miel en las hojuelas — respondió la chica de ojos olivo con enojo — Fue Usui. Usui provocó mi accidente.

Ah… — Kimihiro ocultó su mirada agachando al cabeza y con fuerza apretó sus puños sobre sus muslos

No pareces sorprendida…

Es que ya lo sabía. Alguien del reparto del musical me lo contó. Siento que por mi culpa te hayan lastimado, Sonomi.

No, no es tu culpa — dijo la muchacha y acarició cariñosa la diestra de su prima que reposaba sobre su pierna — Usui es una mala persona. Pero ahora, gracias a la confesión de Mikado kun ella está fuera del proyecto. Lejos de nosotras.

Me alegra… —musitó Fuyumi y suspiró aliviada.

Así que… — Fujiwara insistió con voz firme — Mañana no irás con Eichii. Hazme ese favor

No puedo. Hice una promesa — entre más hablaban del tema Kimihiro volvía a sentir esa fuerte sensación de desolación. A su cabeza venían los recuerdos de la noche en que con furia corrió a Ootori de su habitación, le gritó cosas horribles y le pidió desaparecer de su vida. Algo de lo que se arrepintió cuando los sentimientos de culpa y desasosiego la invadieron.

Fuyumi, es Eichii. Da lo mismo cumplir tu palabra. No tienes que ser tan cortés con un patán como él —

Kimihiro hizo silencio. Sonomi la observó y notó como unas trémulas lágrimas le pendían de los ojos; parecía que la jovencita soportaba una carga pesada que estaba a punto de quebrarle el alma en dos. La compositora se mordió los labios y volvió a cerrar sus puños con dolor.

Vas a ir de todos modos, ¿verdad? — comentó Fujiwara y en la voz echó todo el pesar que le daba aceptar la decisión de Fuyumi.

Debo ir — le respondió la castaña y alzó la mirada — Sólo quiero decirle que nunca quise que desapareciera de mi vida… sólo eso.

Pero…

¡Entiéndelo, Sonomi! — se adelantó la castaña y unas gruesas lágrimas se le resbalaron por el rostro infantil — Aunque lo desee, no puedo odiarlo. Eichii siempre estuvo a mi lado. Alegró mis días de infancia. Y… — se enjugó los lagrimones con la manga de la blanca blusa — cuando dije eso, cuando le pedí que desapareciera, sentí que tal vez podría pasar y yo no quiero eso. El día que le vi en la ceremonia de premiación, no supe que decir. Me alegraba verlo, pero a la vez no sabía que actitud tendría hacia mi después de ese día. Me desconcertó su euforia y terminé golpeándolo en la cara. Estaba demasiado confundida en ese momento.

Kimihiro gimió con pesar en tanto en su pecho una sensación pesada, fría y dolorosa se acumulaba hasta hacerla sentir que estallaría. Sus ojos expresaban tanto miedo, como si antes ya hubiese sucedido aquello que deseó en sus momentos más oscuros. En una fracción de segundo por su cabeza pasó una escena entrecortada: Un arma, la espalda de un hombre de cabello castaño claro, el sonido de un disparo, la sangre de aquel que fue asesinado a sangre fría y a traición.

Fujiwara contempló como Fuyumi se llevó las manos al rostro desesperada y una parte de ella, una muy profunda, lloraba por la muerte de ese muchacho al que ellas alguna vez consideraron su amigo como si esta ya hubiese sucedido. Era extraño y, sin embargo, real.

Prométeme — se animó a comentar Sonomi aún preocupada por la situación — que no harás nada imprudente. — La castaña se sorprendió con las palabras de su familiar. Ella continuó — Si eso te dejará más tranquila, está bien para mí. —

La compositora asintió y unas últimas lágrimas se deslizaron sobre sus rojas mejillas e intentó sonreír. Sonomi tendió los brazos a su prima para que le permitiera abrazarla tratando de confortarla tras ese pequeño episodio de pánico que parecía haber tenido de súbito. Kimihiro se dejó envolver por ese cariño y una vez en brazos de su prima, cerró los ojos para tratar de hallar la paz en el silencio.

Por detrás de la puerta de la habitación donde las chicas estaban, una figura masculina de ropas elegantes se encaminó de forma tranquila entre las sombras del pasillo. Había escuchado todo.

CONTINUARÁ…

1 Celebración que se lleva a cabo el 7 de julio y conmemora una leyenda japonesa. En esa fecha, las personas escriben sus deseos en trozos de papel de colores y los cuelgan en las ramas de los bambúes.