Cap XIII
"Huesos"
4 de octubre de 1997
Se dividen en dos grupos Dean y Bobby por un lado y papá y él por otro. Sam no puede creer que su padre haya accedido a que cacen a ese espíritu furioso juntos.
Aunque lo que realmente le sorprende es la actitud de su familia, pues salvo la reprimenda de Bobby de ayer, tanto papá como Dean se comportan como si no tuviesen nada que echarle en cara. Al revés, ha sorprendido en ellos ese gesto de culpabilidad que le molesta tanto pero que ha echado de menos sin saberlo.
Le muestra a su padre dónde ha estado viviendo esos días, dónde el perro sintió la presencia del ente. El adulto está orgulloso de cómo el chaval supo protegerse, sabe que lo ha adiestrado bien, quizás tampoco lo está educando mal del todo. Últimamente se cuestiona muchas cosas, ahora hay días en los que cree que no podrá salvarlo, que no podrá protegerlos de lo que está por venir. Hoy no es ese día.
La casa abandonada desprende un fuerte olor a ozono mezclado con combustible de avión, pero el detector de campos electromagnéticos no capta ninguna variación en el ambiente, lo que fuera que hubo en ese lugar hace tiempo que se ha ido.
Tienen un problema, el vigilante muerto fue incinerado así que deben buscar algo a lo que se haya fijado su espíritu, primero pensaron que podía ser la casa pero han buscado por todos lados y no han encontrado nada que pudiera indicar la presencia del espíritu furioso. John no quita un ojo de encima a su hijo menor. No lo reconocerá pero ha sentido mucho miedo, prefiere tenerlo cerca, es un gran chico pero es sólo un niño, un niño especial al que debe prestar una atención especial.
Singer y Dean no han tenido mucho éxito tampoco, han hablado con otros empleados y han visitado los sitios por dónde el vigilante hacía su ronda. Salvo el nombre Roy Steen, y que era soltero y vivía solo, no han encontrado nada más. Se encuentran todos junto al Impala, en las pistas abandonadas.
• Volvamos al motel, descansaremos y volveremos esta noche, así será más fácil localizarlo – indica el ex-marine, aunque no esté muy seguro de ello.
• Los ataques de que tenemos conocimiento han sido todos de día señor – indica su hijo mayor chequeando sin que los otros lo aprecien todas las sombras al alcance de sus ojos.
• Es posible, Dean, pero llevamos aquí toda la mañana y no...
Una vieja grúa parece haberse estropeado y el gancho se ha soltado dejando caer una enorme polea de varias toneladas que se dirige hacia ellos. "¡CORRED!" ordena el patriarca Winchester. El rubio instantáneamente hace un cálculo de la trayectoria de la polea, salta al coche y lo arranca quitándolo del recorrido mientras sus tres acompañantes corren en dirección contraria poniéndose a salvo.
La polea ha caído al suelo, y el peligro parece haber pasado, pero los cazadores saben que no ha sido un accidente. "Maldición, Dean, te dije que te alejaras" le recrimina John a su hijo mayor. "Papá, no ha corrido peligro" el pequeño defiende a su hermano, siempre ha creído que John es excesivamente crítico con cada cosa que haga el pecoso. Como siempre su hermano le ordena callar con la mirada, está tan claro el "no te metas en esto" que Sam se siente otra vez al margen, otra vez esa sensación de no encajar, que tanto le molesta.
Enfurruñado el adolescente, se dirige al coche que ha aparcado su hermano a unos metros de distancia. Al pasar junto a la enorme polea se desprende la cadena enganchada a la misma y ante el terror de su familia le golpea casi cómo un látigo, su padre y Dean corren a intentar socorrerlo aunque saben que llegarán tarde.
La cadena de acero reforzado parece tener vida propia, busca la cabeza del niño, encuentra una masa de músculo y pelo que aúlla por el fuerte golpe que recibe en lugar de Sam. John coge a su hijo "Sam, Sammy..." no responde, está inconsciente. Bobby ya está llamando a una ambulancia.
El rubio se ha acercado indeciso al perro, el animal está moribundo, aplastado, gime bajito.
• Buen chico Huesos – acaricia la cabeza de la pobre criatura que lame sus dedos – buen chico.
Tiene un collar con una placa, "Tigre", en el reverso "Propiedad de Roy Steen" y un número de teléfono. Le quita el collar, el pobre perro ya no durará mucho, está sufriendo muchísimo, y el muchacho no puede soportar el aullido lastimero y agónico. "Buen chico Huesos" dice acariciándole el morro, coge un trapo y lo asfixia.
Se empieza a oír la sirena lejana de una ambulancia, Bobby se acerca a preguntar al pecoso que le pone en la mano el collar del animal "ya está resuelto, terminemos con los detalles" le dice el hijo mayor de su amigo mientras se dirige al coche a coger algunas cosas. Bobby sabe que el joven no se va a acercar a su padre ni a su hermano hasta que no concluya el trabajo.
Mientras el animal arde en una hoguera junto a su collar, ha llegado la ambulancia y se lleva al niño al hospital acompañado de su padre. El otro cazador lo sigue en el Impala. Dean conduce, nuevamente mudo, de nuevo pensativo. "Estará bien, la peor parte se la llevó el perro". El muchacho mira la carretera como si no le escuchara, aunque sabe que le escucha. "Eso que has hecho, aliviar el sufrimiento del animal, no lo hace mucha gente" le dice y obtiene una respuesta que le descoloca "Si ese perro me hubiese importado probablemente no hubiese sido capaz, habría intentado curarlo aunque supiera que sólo le causaría más dolor."
NIAB NIAB NIAB
Sam está fuera de peligro, pero no dejan a John acercarse, el doctor ha llamado a la seguridad del hospital y a la policía, creen que el cazador ha maltratado a su hijo. El que Winchester se desquite dándole un par de buenos puñetazos no ayuda nada. Así que se lo llevan detenido. A su hermano sí lo dejan entrar a ver al pequeño que sigue inconsciente, aunque no lo dejan acercarse demasiado.
El muchacho se sienta en un taburete, apoya la espalda en la pared y observa al niño. Singer trata de razonar con el doctor pero el hombre está convencido de que tiene razón, su ojo morado y su labio roto son una prueba palpable de la agresividad de John Winchester.
Sam por fin abre los ojos, "¿Dean? ¿Terminamos el trabajo?" su hermano sonríe con ironía, que se transforma en solicitud cuando le oye quejarse levemente. "Sí, quieto, tienes unas costillas rotas".
• No lleves a Huesos a una perrera, lo matarían si no le encuentran un hogar – el niño siente cómo los sedantes cierran sus ojos otra vez – por favor hermano.
• Huesos ya está con su dueño Sam – se siente como una mierda al ver la sonrisa con que su hermano se vuelve a dormir – ya no tienes que preocuparte por él.
