Capítulo 14

Ya han pasado dos semanas desde que ingrese en el hospital. Aún sentía un poco de dolor en la parte donde recibí el disparo, por suerte no fue nada grave y no tocó ningún órgano, sin embargo, la sensación de tener una bala en mi abdomen permanecía allí. Ya podía caminar, levantarme sin dificultad. A la mañana siguiente, el doctor pasa por mi habitación a revisar la herida. En ese instante no veía la hora de irme a casa, —Definitivamente, no me gustan los hospitales, ni los doctores, —dije para dentro de mí. Mientras el doctor me revisaba, les explicaba a los estudiantes que vinieron con él, de que se trataba mi herida. Cuando estaba a punto de terminar, me le quedo mirando, —Cuando me va a decir que ya puedo irme a mi casa, —dije para dentro de mí. En eso cuando todos los estudiantes se fuero le digo

Doctor, cuando me puedo ir, —dije mientras él le se me quedaba mirando

Porque lo preguntas, es que acaso, la hemos tratado mal, —dijo él muy sonriente.

Me imagino lo que dijo fuera una broma, porque me va importar un comino que fuera médico y lo mando a volar, —dije para dentro de mí mientras miraba a mi hermano, que había llegado unos minutos antes de que pasara el doctor.

Mi hermano imaginado lo que le iba a decir al doctor, me coloca la mano en el hombro y le dice al doctor, —Lo siento doctor, disculpe a mi hermana doctor, claro que no nos han tratado mal, sin embargo, a ella no le gusta los hospitales, —dijo él mientras me miraba con rostro serio.

Ah! —dijo él. En eso se queda unos minutos en silencio, sin embargo, ya no podía más con su tortura, —Acaba de decir cuando puedo irme, —dije para dentro de mí, mientras lo miraba con cara de pocos amigos. Al ver mi rostro, me dice, —Está bien, te voy a decir, porque si no te lo digo es posible que no salga vivo de aquí, —dijo él muy sonriente. No pudo resistirme a su broma que tuve que reírme.

Hasta que al fin te saco una sonrisa, —dijo él, —Para mañana ya se puede ir, —dijo él mientras no podía ocultar mi felicidad,

Vale, vale, aunque sea disimula un poquito, —dijo él mientras miraba a mi hermano y no podíamos aguantar la risa.

Doctor gracias, —dije mientras él me miraba,

Y eso porque, —dice él, mientras le explicaba que en realidad no me gustaban los doctores porque siempre son muy serio, y verlo a él cambio por completo mis expectativas hacia ellos.

Bueno, chicos me voy, espero no volver a verlos por aquí, —dijo él mientras daba media vuelta para irse.

Disculpe doctor, como usted se llama, —dije. Y él con una sonrisa en sus labios dijo, —Aro, —dijo mientras continuó con su camino.

En cuanto él me dijo que me podía ir, ya no venía la hora de irme de aquí. Poco rato después llega mi madre y le cuento la buena noticia. Me despido de todo el mundo y les doy las gracias por la paciencia que han tenido conmigo, sin embargo, entre ellos no estaba quien me salvo la vida. Pregunto a la jefa de las enfermeras donde estaba el doctor Aro, y ella me dice que estaba en ese momento impartiendo una conferencia.

¡Ufa! que lastima y yo que quería despedirme de él, —dije muy triste, —Usted sería tan amable de decirle a él que muchas gracias por todo y espero no volver jamás por aquí, —dije mientras me despedía nuevamente de las enfermeras.

Descuida que yo le daré tú recado, —dijo la jefa de las enfermeras.

Estaba muy contenta, al fin pude salir de ese infierno de hospital, y juré que no volvería a poner un pie en un hospital. No me gusta ese olor que desprende los hospitales, me parece de muerte. Cuando llego a la casa grito de felicidad —Al fin estoy en mi dulce hogar, —dije muy alegre. Pero la felicidad se esfuma como un vaso de agua. En ese instante siento que suena el timbre de la puerta era un joven sosteniendo un ramo de flores. Mi madre le abre, —Por favor, aquí vive Isabella Swan, —dijeron el joven

Así es, —dijo mi madre mientras firmaba los papeles de entrega.

Mi madre me mira con mucha intriga, como diciéndome quien habrá enviado esas bellas flores. —Bella, ¿Quién te habrá enviado esto? —dijo ella.

Y tú no sabes quién las envió, joder madre, seguro que es Edward o Jacob, —dijo mientras sostenía el ramo de flores y leía la tarjeta.

Pero si ellos no sabían de tu salida del hospital, —dijo ella mientras me quedaba fría leyendo la tarjeta.

Que pasa Bella, quien te mando las flores no me dejes así, —dijo.

Cuando le digo que las flores me las envió el doctor Aro, no me lo podía creer. También mi madre se quedó tan sorprendida como yo. La tarjeta decía:

Ese es mi deber como médico, salvar las vidas de las personas. Espero volver a verte pronto, pero no en el hospital, digo si no hay un impedimento.

Aro

Pero que se ha creído ese doctorcito, que por sálvame la vida, puede aprovecharse de mi fragilidad. No sabía qué hacer con aquellas flores. —Ni pienses que las vas a botar, —dijo mi madre imaginando lo que estaba pensando.

Pero madre, yo…, —dije mientras ella me interrumpía.

Nada de peros, tú no ves que ese doctor solo quería sr amable contigo, deja la paranoilla, —dijo ella mientras me quitaba las flores y se alejaba de mí.

¡Wow! Sí que le dio fuerte, —dije mientras me dirigía a mi habitación.

Ya ha pasado una semana desde que salí del hospital y nada ni Edward y Jacob parece que se los tragó la tierra. No me han llamado ni enviado un mensaje, eso no es típico de ellos. Por una parte me sentía aliviada por no tenerlos todo el tiempo buscando escusas para verme y por otra parte siento que mi mente le gusta ese masoquismo y ansiaba verlos. —Yo misma no me entiendo, ¡madre mía! Por un lado quiero distancia de ellos y por el otro me angustia no tener noticias de ellos. Esta definitivamente no soy yo, —dije para dentro de mí. Sin embargo, debo ser fuerte no solo por mí también por ellos porque ni ellos ni yo no nos merecemos sufrir.

Al día siguiente me disponía ir al trabajo, cuando llego a la Universidad, como siempre hago la rutina de siempre, voy a la cafetería y luego a la oficina. Al llegar a la oficina no había nadie allí, que extraño Jessica siempre llega unos minutos después que yo y ya han pasado 5 min. Camino hacia la oficina de Victoria veo que tiene las luces apagadas, todo me resultaba extraño, sin embargo, se sentía un ruido. En ese instante entré pánico, quizás alguien esté allí adentro y como siempre la curiosidad es una de mis defecto. Tomo la probeta que justo estaba en el escritorio de Jessica y camino hacia la oficina de Victoria. Cuando abro la puerta me llevo una sorpresa enorme, vi a Victoria en su silla pero no estaba sola. Ella estaba encima de alguien, — ¡Wow! Victoria haciendo aquí no me lo puedo creer, —dije para dentro de mí. Ella nota mi presencia y salta enseguida,

Bella no es lo que parece, una cosa dio a la otra entonces…—dijo ella con voz nerviosa.

Pero que pasa, no me tienes que explicar nada, —dije.

Y cuando voy a seguir hablando, veo que la silla da la vuelta exponiendo así al individuo que estaba con ella. Mis ojos parecía que se me iban a salir no me lo podía creer, —no puede ser él, —dije una y otra vez.

Bella, cálmate ya te dije que no es lo que parece te dije, —dijo Victoria mientras me miraba.

Claro que no pienso nada porque por lo que vi es suficiente para mí, —dije mientras miraba hacia él.

En ese instante no podía pensar bien, así que di media vuelta y salí corriendo de allí. Veo que Jessica entra por esa puerta, no entiendo lo que me dice, creo que me estaba dando los buenos días, pero no atinaba a nada, —No puedo creer que esto me esté sucediendo a mí, y como pudo traicionarme de esa forma —dije mientras salía de allí como alma que lleva el diablo.

En eso siento una voz de tras de mí que me dice que por favor me detuviera, sin embargo, no quería verlo ni oírlo, así que continúe corriendo. A pesar de todos mis esfuerzos de huir de él, todo fue en vano, porque él era más rápido que yo. Y en un abrir y cerrar de ojos él estaba al lado mío, me sostiene el brazo, trato de zafarme de él, pero todo fue inútil.

¡Cálmate Bella! Déjame que te explique, lo que viste no es lo que parece, —dijo él mientras yo trataba de apartarme de él.

¡Suéltame! No tengo nada de qué hablar contigo, —dije mientras apenas podía sostener mis lágrimas.

No, hasta que podamos hablar, —dijo él mientras no me quitaba los ojos de encimas.

Sino me suelta voy a gritar ahora mismo y voy a decir que me estas acosando, así que por las buenas te lo estoy pidiendo que me sueltes, —dije mientras podía ver en sus ojos la angustia, no si era porque lo pillé tirándosele a mi Jefa y sentía lastima por mí o era porque sentía vergüenza, —Y la muy perra, desde hace algún tiempo estaba loquita por echarle el polvo, y él muy imbécil cayo en su red—dije para dentro de mí.

Nunca le voy a perdonar su traición, le insistía que si no me soltaba iba a gritar, pero él me desafiaba con la mirada. —Ah! Porque crees que estoy jugando, ¡SUELTAME!—dije mientras él no me quitaba los ojos de encima.

Atrévete a gritar, —dijo él con tono desafiante.

Ah! Porque me estas desafiando, ¡!Auxi…, —dije pero él me corta cuando me coloca una mano en la boca.

Está bien, ya sé que eres capaz de todo lo que te proponga, este voy a soltar, pero no pienses que esto se termina acá, —dijo él mientras me soltaba y lo miraba con odio.

Di media vuelta y me aleje de él lo más rápido posible. Empecé a caminar y a caminar sin un destino fijo, solo quería estar sola y tratar de asimilar lo sucedido. Estaba como alma en pena, en ese instante no sabía dónde me encontraba, solo sé que me encontré con un parque y me siento en uno de los banquillos, a pensar. No tenía noción del tiempo.

Cuando siento una voz familiar llamándome, —Eres Bella Swan, ¡no es verdad!, —dijo aquella voz.

En eso levanto la vista y veo que no es otro que el Doctor Aro, —Como estás doctor, —dije mientras me secaba las lágrimas.

Te lo dije, que nuestro destino era volvernos a encontrar, —dijo él muy risueño, Y cuando se da cuenta que estaba llorando me dice, —Te encuentras bien, Bella, —dijo él mientras colocaba una mano en mi hombro.

Si estoy bien, no se preocupe, —dije aunque por dentro me estaba muriendo de la tristeza.

Bella, no me creo ese cuento, algo debe haber pasado para que estés así, ¿Le sucedió algo a tú madre o alguien de tu familia?, —dijo él muy intrigado.

De verdad Doctor no pasa nada, —dije mientras él se sentaba al lado mío.

Está bien sino me quieres contar, pero sé que te sucede algo, —dijo él mientras permanecía a mi lado.

Estuvimos conversando un rato. Hablar con el doctor Aro me tranquilizó un poco. En eso siento el celular sonar, cuando voy a ver quién era, veo quien me estaba llamando era ese imbécil. El teléfono sonaba y sonaba pero no quería cogerlo no tenía deseo de hablar con él.

No lo vas a coger, —dijo Aro,

No es nadie importante, —dije mientras continuábamos conversando.

Al poco rato vuelve a sonar mi celular, pero esta vez era Alice. Y antes de que dijera una sola palabra, ella me grita,

Bella, ¿En dónde carajos estás?, ¿Tienes aquí a medio mundo buscándote?, dijo ella mientras no me dejaba hablar,

Alice, me puedes dejar hablar, joder, que no te callas un minuto, —dije mientras sé que eso la puso peor.

Ah!, porque me estás reprendiendo, a ver acaba de decirme donde rayos estás para ir a buscarte, —dijo ella.

Cuando le dije que no sabía dónde estaba, ella se empezó a reír, — ¿No me jodas Bella, en donde diablos estás? —dijo ella muy furiosa.

Espera, déjame preguntarle a Aro, —dije mientras un silencio por su parte.

Espérate ahí un momento, estás con el guapetón del doctorcito que te salvó la vida, —dijo ella mientras soltaba una carcajada.

No estoy de humor para bromas Alice, espera un momento, —dije mientras le preguntaba a Aro donde estábamos.

Cuando me dijo que me encontraba Parque del Oeste, me quede sorprendida, — ¡Wow! Cómo caminé, —dije para dentro de mí.

Alice, me encuentro Paseo de Moret, 2, 28008 en el Parque Oeste, me copias, —dije mientras Alice me decía que no me moviera de allí.

Mientras esperaba a Alice, continué con la agradable compañía de Aro. Pasaron media hora y en cuanto veo a Alice corro a sus brazos necesitaba un hombro amigo con que desahogar mí pena. —Bella, que sucede ¿por qué estás así?, —dijo ella con tono preocupado.

Apenas podía hablar, —Lo encontré tirándosela a mi Jefa, —dije con la voz llorosa.

De quien me hablas, cómo que se tiró a tú Jefa, no te entiendo, —dijo ella mientras me consolaba.

Él idiota ese me las va pagar, —dije con voz enojada y llena de rabia.

Bella, me puedes decir de quien estás hablando, no puedo entender nada, —dijo ella mientras no entendía nada de lo que le decía.

El imbécil ese, —dije apenas conteniendo mi rabia.

Quien Bella, quien, —dijo ella ya toda intrigada.