Capítulo 14 Invirtiendo el juego
Al verlo aparecer corriendo a esa hora inusual, uno de los aurores que estaba de turno se acercó a él corriendo.
-¿Estás bien, Harry? –le preguntó.
En ese momento Tully salió de la casa, y paseó su vista por el jardín a oscuras. Cuando vio a Harry, se acercó hacia ellos.
-No deje que me toque –rogó Harry, agarrando al auror de la túnica.
-¿Te sientes bien? –preguntó el auror, extrañado por la actitud del chico.
-No. No deje que se me acerque, por favor. ¡No deje que me toque! –dijo Harry con desesperación. Acababa de tener una idea. ¡Una gran idea! Tenía que lograr hacerles creer que Tully había intentado hacerle algo indecente.
A ese paso el otro auror también comenzaba a caminar hacia ellos, y de la casa salía Amelia.
-¿Te hizo algo este hombre? –preguntó el auror al oído de Harry.
-No todavía, porque logré escapar –murmuró Harry con desesperación.
A ese paso, Tully ya había llegado adónde estaban.
-¿Por qué saliste corriendo, Harry? –preguntó extrañado-. Vamos. Acompáñame.
-No deje que se me acerque –insistió Harry, parándose detrás del auror que se le había acercado primero.
-¿Qué le hizo a Potter? –preguntó dicho auror a Tully, permitiendo que el chico se ocultara detrás de él.
-¡Nada Clouet! –respondió Tully sorprendido.
-¿Qué pasa? –preguntó el otro auror.
-Eso quisiera saber –respondió el auror al que Tully llamaba Clouet.
-¿Qué le hizo al chico, Tully? –preguntó enojado el auror que acababa de llegar.
-¿¡¿Qué se creen, interrogándome? –respondió Tully enojado-. ¿Olvidan la jerarquía?
-Eso no tiene nada que ver aquí –espetó Clouet-. Tenemos ordenes de proteger al chico. Y usted claramente le hizo algo.
-Si. Aquí no está en sus cuarteles de la UI –agregó el otro-. ¡Es sólo un chico!
-Apártense. O Hill sabrá de esto –los amenazó Tully.
-¿Qué pasa? –preguntó Amelia, que se había acercado también.
-Lleve a Harry adentro, Amelia -ordenó Tully al verla.
-¡No! –dijo el auror que no era Clouet, tomando a Harry y poniéndolo detrás de él-. No hasta que vengan aquí Hill y Umbridge, y aclaremos esto.
-¡Apártate Grugeon! –dijo Tully, apuntándolo con su varita.
En ese momento se armó la grande. El auror llamado Grugeon hizo aparecer un escudo entre él y el resto de los brujos. Harry, desde detrás de Grugeon, alcanzó a ver varios hechizos ir y venir entre Tully y Clouet. Luego apareció Umbridge corriendo desde la casa, y toda una horda de aurores entraron corriendo desde el pasillo exterior. Dejaron de volar los hechizos, y Grugeon hizo desaparecer el escudo.
-¿QUÉ PASA AQUÍ? –chilló Umbridge fuera de si-. ¿Dónde está Harry?
Los brujos se hicieron a un lado, y Harry quedó al descubierto.
-¿Qué pasa? –preguntó la bruja.
-No quiero que este tipo me toque –dijo Harry apuntando a Tully, quien lo miró sorprendido.
-¿De qué hablas? –preguntó el aludido.
-Tully –preguntó Umbridge cansada-. ¿Tocaste a Harry?
-Si, pero...
-¡Me levantó y me volteó, obligándome a estar en una posición que le acomodara! –gritó Harry, interrumpiéndolo y apuntándolo con el dedo. Eso no era mentira, claro. Pero podía ser interpretado de varias maneras, y Harry esperaba que todos lo interpretarían del modo que dejara peor a Tully.
Y lo consiguió. Todos se volvieron hacia Tully, con cara de enojo, desaprobación, y hasta asco.
-¡No es lo que están pensando! –se defendió Tully.
-Detengan a Tully, y vayan a buscar a Hill –dijo Umbridge con voz fría.
-Pero el jefe ya debe estar en su casa –exclamó uno de los aurores que había llegado en la horda.
-¡ME IMPORTA UN RÁBANO SI LO TIENEN QUE IR A BUSCAR AL OTRO LADO DEL PLANETA! –gritó Umbridge.
Varios aurores salieron corriendo hacia la puerta, para cumplir la orden de la irritadísima subsecretaria.
-Dolores. Esto es un error... –se defendió Tully.
-¡CÁLLATE TULLY! –lo interrumpió la bruja fuera de si-. Conozco tus métodos. Pero quedamos en que no tocarías a Harry.
-Si. ¡Aquí no estamos en la UI! –agregó Clouet. Varios de los aurores que quedaban asintieron, con el ceño fruncido.
-Están en un error –insistió Tully desesperado-. Yo nunca...
-¡Cállenlo! –ordenó Umbridge, sin escucharlo.
Los aurores dudaron unos segundos, mirando con temor a Tully. Finalmente, uno de ellos lo apuntó con su varita. Tully intentó defenderse, pero fue desarmado. En un par de segundos quedó atado, y con los labios pegados. Intentó soltarse, pero obviamente ya no podía.
Harry hubiera querido quedarse a ver lo que iba a pasar, pero Umbridge ordenó:
-Amelia. Lleve a Harry adentro.
Harry siguió resignado a Amelia, quien lo llevó hasta su cuarto.
-Acuéstese a descansar mejor –le dijo con algo de simpatía. Aparentemente, el escándalo de esa noche la había hecho olvidar el enojo que sentía por Harry desde el incendio.
Apenas Amelia se fue, apareció la mosca. Dibujó el usual signo de interrogación en la ventana.
-Nuevamente cumplí con lo que usted me pidió –explicó Harry-. Y ahora se armó la grande. Conseguí hacerles creer que Tully había intentado abusar de mi. Por ahora todo está bien, porque me creyeron a mi. Pero no quiero ni pensar en lo que va a pasar cuando sepan que no es verdad.
La mosca se quedó estupefacta por algunos segundos. Luego escribió "sorprendido".
-¿Está sorprendido? –se burló Harry. Luego se encogió de hombros y agregó-: La verdad, yo también lo estoy. No lo había planeado en absoluto. Pero las cosas se dieron así.
La mosca nuevamente dibujó un signo de interrogación.
-Mi plan inicial era darle siempre la espalda a Tully –explicó Harry-. Pero él perdió la paciencia, y me tomó, y me dio vuelta obligándome a darle la cara. Entonces escapé corriendo hacia el jardín, y logré convencer a los aurores que estaban de guardia que Tully había intentado abusar de mi. En realidad, nunca dije que hubiera abusado de mi. Pero cuando les dije que me había levantado, y que me había volteado "para quedar como a él le acomodaba", ellos pensaron lo peor.
La mosca se quedó quieta, y Harry agregó.
-¿Sabe? Por lo que comentaron todos, creo que nadie tiene una muy alta opinión de Tully. A nadie pareció sorprenderle que Tully intentara abusar de mi. Al contrario: varios insistieron en que estos no eran los cuarteles de la Unidad de Inteligencia. Parece que tiene mala fama.
La mosca voló escribiendo la palabra "tortura".
-¿Entonces usted sabía de la fama de Tully? –preguntó Harry sorprendido.
La mosca escribió "si".
-¡Podría habérmelo dicho! –gruñó Harry.
La mosca escribió "previne tuvieras cuidado".
-Ok. Tal vez me lo dijo. Pero nunca en forma explícita. En todo caso, no sé qué voy a hacer cuando se descubra que no es verdad –comentó Harry preocupado.
La mosca comenzó con un largo mensaje. Después de unos minutos, Harry logró componer el mensaje "mantén versión importa que sentiste amenaza".
-Si, supongo que pude haber malinterpretado su gesto, al voltearme sobre el sillón –admitió Harry-. Tiene razón. Supongo que tendrán que creerme, y no tengo que preocuparme.
Harry bostezó, y se estiró.
-Estoy cansado. Me gustaría que vinieran luego a apagar la luz. Me gustaría poder hacer magia, y apagarla yo mismo.
Harry se puso el pijama, se lavó los dientes, y se estiró en la cama, esperando. La mosca voló a posarse a su lado, en la almohada. Aunque se tratara de Snape, y no confiara totalmente en él, Harry apreciaba tener algo de compañía.
Pasó algún tiempo, hasta que por fin sintieron la puerta de seguridad. La mosca voló a esconderse, y Umbridge apareció en el umbral de la puerta.
-¿Cómo te sientes, Harry querido? –preguntó. Su voz chillona sonaba preocupada.
-Más tranquilo –contestó Harry.
-Entonces ven. Vamos a escribir en tu diario -dijo la bruja.
Harry se levantó resignado, y la siguió. Si no lo hacía ahora, lo tendría que hacer al otro día en la mañana. Era mejor acabar rápido.
000
Harry pasó tranquilo el sábado y el domingo siguientes, sin que nadie mencionara el incidente. Pero la calma rara vez dura, y el lunes al almuerzo Dolores Umbridge llegó de sorpresa a almorzar con Harry.
A Harry le bastó verle la cara para oler la tormenta que se avecinaba, cuando entró al comedor detrás de Amelia y la vio sentada, esperándolo.
-¡Señorita Umbridge! –la saludó, sorprendido.
-Harry querido –lo saludó ella-, toma asiento.
Amelia se retiró a la cocina, y volvió al rato con una ensalada de tomates con perejil. Ambos se sirvieron, sin decir nada, hasta que Amelia volvió a la cocina.
-¿Cómo has pasado la mañana? –preguntó la bruja, mientras le ponía sal a su plato.
-Bien –informó Harry, haciendo a un lado el perejil (no le gustaba)-. Ya leí lo de transformaciones, encantamientos, y herbología. Me faltan solamente el dibujo de la verdad, y los pasatiempos.
En realidad, Harry no tenía idea cómo dibujar el concepto de "verdad". Pero suponía que Umbridge no había bajado a almorzar con él para hablar de los deberes.
-Está bien –respondió la bruja-. La verdad, tengo que hablar de algo muy serio contigo, Harry querido.
Harry sintió que su corazón se aceleraba, pero mantuvo la fachada de educado interés.
-Dígame señorita Umbridge.
-Los incidentes ocurridos el viernes no están del todo claros –explicó con prudencia-. Me pregunto si no pudiste malinterpretar algún gesto del señor Tully.
-¿A qué se refiere? –preguntó Harry, preocupado.
-¿Qué pasó el viernes? –preguntó Umbridge, yendo al grano.
-Ya lo dije, señorita Umbridge –explicó Harry, cruzando los dedos para que todo saliera bien-. El señor Tully se acercó a mi, me tomó, y me volteó obligándome a tomar la posición que él quería.
-Si... entiendo –dijo la bruja con algo de impaciencia-. Pero, ¿hizo algo... impropio?
Harry la quedó mirando, asustado. No, no había hecho nada impropio. Pero tenía que convencerla de que si.
-Si –afirmó Harry-. No quiero que me tome, ni que me levante. No me gusta que me toque. Me pone nervioso. Me da miedo.
La bruja lo quedó mirando, y suspiró.
-Está bien, Harry querido –le dijo algo nerviosa-. Entiendo. Es sólo que Tom Tully fue interrogado seriamente y se encontró que no te había hecho nada.
-¡Porque escapé! –exclamó Harry, enojado.
-Si, Harry, si –afirmó la bruja dándole palmaditas en la mano en un modo que intentaba parecer tranquilizador-. El asunto es que el señor Tully no ha terminado su trabajo contigo, y se determinó que debía volver.
Harry la quedó mirando, resignado. No había conseguido liberarse definitivamente de Tully, pero al menos había ganado un par de días libre de él. Y, afortunadamente, sólo quedaban cinco días para el primero de septiembre.
-Vendrá esta noche –agregó la bruja, al ver que Harry no decía nada-. Quiero que me hagas caso esta vez, y cooperes con él para que terminemos pronto con esto.
-¿A qué se refiere? –preguntó Harry haciéndose el inocente-. ¿Qué es lo que quiere que termine?
-El trabajo de Tully, por supuesto –dijo la bruja como si fuera obvio-. No sé qué es eso que tú sabes, y que le interesa tanto a la Unidad de Inteligencia. Pero espero que se los digas luego, para que no necesiten volver. A nadie le gusta tener alrededor a los de la UI –agregó como para ella misma.
Harry se sorprendió al escuchar eso. Había asumido que Umbridge sentía algo de simpatía por Tully. Incluso había supuesto que ella formaba parte del complot para sacarle información. Pero, al parecer, se había equivocado.
-¿Quiere decir que a usted no le gusta que yo hable con el señor Tully? –preguntó Harry incrédulo.
En ese momento Amelia salió con un guiso de pavo con calabazas, y se llevó la ensaladera. Umbridge no respondió hasta que se hubo ido.
-Estás a mi cargo ahora, y lo estarás por todo un año –explicó mientras le servía guiso a Harry-. ¡Claro que me gustaría que no tuvieras nada que ver con la UI! Pero si el señor Ministro los autoriza a interrogarte, yo no puedo hacer nada.
-Ah, entiendo –contestó Harry, algo mareado. ¿Podía creerle a Umbridge? ¿De verdad ella no formaba parte del complot? ¿Sería verdad que ella quería protegerlo?
-Por eso insisto en que les digas luego lo que sea que ellos quieren que les digas –dijo sirviendo guiso en su propio plato-. Así acabamos con estas visitas de una vez.
Harry estaba confundido. En realidad, llevaba casi un mes confundido, pero ahora lo estaba todavía más. Ya no sabía qué creer. Sabía, por su experiencia en quinto, que la crueldad de Umbridge rallaba en la demencia. Pero su actitud en las últimas semanas lo desconcertaba. A veces la odiaba (la mayor parte del tiempo, en realidad), pero otras veces casi lo convencía de que realmente estaba intentando protegerlo.
Pero la actitud de Umbridge no tenía nada que ver con el problema de proteger la información que Dumbledore le había confiado. Independientemente del bando de Umbridge, e independientemente del bando de Snape, TENÍA que ocultar lo de los Horcruxes. Así que se concentró en un problema más apremiante que el de entender la mente de la bruja: Tom Tully volvería a la carga, y tenía que estar preparado.
Todavía le quedaba la opción del escudo entre sus ojos y los de Tully. Aunque sospechaba que Tully haría desaparecer rápidamente cualquier cosa que pudiera usar... Obviamente que lo haría. Entonces no le quedaría más que la opción de ponerse turnio.
AN: ¿Les gustó? ¿Les disgustó? ¡Déjenme un review!
