Para toda la Vida.
Por Alisse.
Catorce.
Al abrir los ojos, lo primero que Martín sintió fueron náuseas, a penas soportó las ganas de vomitar. Mientras se sentaba miraba a su alrededor, tratando de recordar dónde estaba y qué era lo que había ocurrido. Vio que estaba en una cueva, a oscuras y al parecer, solo.
Los recuerdos de las últimas horas vinieron a su mente como un latigazo, haciendo que abriera los ojos y se pusiera de pie frenéticamente, ignorando lo mejor que podía el mareo que sintió. Debía encontrar a Diana, saber si estaba bien.
-¡Diana!- la llamó, pero de pronto recordó que ella no respondía por ese nombre. Se puso a caminar por el lugar torpemente, tropezando de vez en cuando con algunos objetos o piedras que estaban en el suelo -¡Rayén, Rayén!- llamó esta vez.
El profundo silencio en el lugar hizo que se escuchara eco cada vez que llamaba fuertemente a la chica. Se quedó quieto, tratando de recordar en qué lugar Diana había quedado desmayada. La desesperación estaba llegando nuevamente a él, cuando recordó. Se llevó una de sus manos a la frente, recordando que él sí tenía una linterna.
Activó su reloj y después de unos momentos, pudo caminar con mayor libertad por la cueva, buscando a Diana. Después de unos minutos de angustiosa búsqueda, la encontró aún desmayada; se apresuró a ir hacia ella, hincándose a su lado y dejando su cabeza en su regazo, a modo de almohada.
Después de unos cuantos minutos más de tratar de despertarla, la chica abrió los ojos. Martín sintió tanto alivio que no pudo evitar soltar una carcajada. Era eso o ponerse a llorar, pensando que por fin todo había acabado y que tenía a Diana nuevamente con él (y en esos momentos le daba igual que ella pensara que fuera Rayén, estaba convencido que encontraría la manera de estar con ella)
-¡Diana!- dijo con notable alivio. La chica lo miró durante algunos momentos confundida y luego, comenzó a sentarse, tocándose la cabeza -Que bueno que ya despertaste, Di.
-¿Qué pasó, Martín?- le preguntó ella, tomándose la cabeza y cerrando los ojos con fuerza -Tengo un dolor de cabeza que te encargo...
-Me imagino- sonrió Martín ampliamente. Ella abrió los ojos y quedó viendo a Martín, algo seria.
-¿Dónde estamos?- preguntó Diana, mirando a su alrededor -No me digas que me volvieron a secuestrar, o algo así.
-La verdad... sí, te secuestraron- sonrió Martín con burla. Diana hizo un gesto de desagrado -pero no te preocupes, que todo está bien ahora, ambas están fuera de peligro...- dijo Martín, sonriendo con orgullo. Notó perfectamente cómo Diana lo quedaba viendo confusa.
-¿Ambas?- preguntó.
-Sí, Ana y tú...
Y de pronto, tal como había recordado qué había pasado, recordó también a la bebé. Podría asegurar que su rostro palideció, angustiado al recordar que no había buscado a la pequeña y que no había escuchado nada de ella desde que había despertado.
-¿Ana?- preguntó Diana, frunciendo el cejo.
Fue ese comentario, también, lo que hizo reaccionar a Martín en otro sentido. Desde que habían despertado, tanto él como Diana hablaban como antes que ella desapareciera, como hermanos y amigos que fueron. Toda la formalidad que había en su relación con Rayén había desaparecido. Sintió un escalofrío cuando concluyó que Diana había recordado finalmente su vida anterior.
Definitivamente la había recuperado.
Pero junto con eso, llegaba otra duda: ¿Qué pasaba con Ana en esos momentos?
Antes que alcanzara a responder, Diana se llevó las manos a su cabeza, presa de un dolor agudo. Cerró los ojos con fuerza y soltó unos cuantos gemidos; angustiado, Martín se acercó a ella y la tomó por los hombros.
-Di, ¿qué te ocurre?- le preguntó, asustado.
Después de unos instantes, la chica se fue hacia delante, notablemente cansada. Martín, atento, la afirmó con fuerza antes que cayera, mientras la dejaba en el piso acostada, pudo ver que en sus ojos había lágrimas.
-¿Qué fue eso?- le preguntó, sin estar seguro qué pensar.
-¿Dónde está Ana?- le preguntó ella, comenzando a llorar -¡Busca a Ana, por favor Martín!- le pidió -por favor, no se qué haría si le pasa algo a mi niña...
Martín asintió, poniéndose de pie y buscando en la cueva el altar, en donde se suponía, había quedado Ana la última vez que la había visto. Alumbraba lo que podía con la linterna y mientras se movía por el lugar, podía sentir el llanto de Diana. Mil y un pensamientos pasaba por su cabeza, poniendo diferentes escenarios si es que Diana volvía a perder la memoria, si Ana llegaba a desaparecer o si llegaba a encontrarla.
La verdad era que estaba sintiendo miedo. Había por fin recuperado a Diana, pero no debía olvidar a la pequeña... (en cierta manera se sentía culpable por no haber pensado en ella a penas había despertado). Una vez que encontró el altar de piedra, se acercó. Podía sentir que su corazón latía rápidamente a cada paso que daba, nervioso por lo que pudiera encontrar.
Soltó un suspiro cuando en una de las orillas vio un bultito. Se acercó rápidamente y lo mejor que pudo revisó que tuviera pulso, puesto que parecía estar dormida.
-¡Di, Ana está bien!- le dijo, con voz animada -¿Diana?
-¡Martín!- desde el tunel de la cueva, pudo ver varios reflejos de linterna. Se sintió aliviado al descubrir que la ayuda por fin había llegado.
-¡Aquí estamos!- les gritó, sintiéndose contento y con Ana firme en sus brazos. Estaba seguro que ya todo estaría bien.
Mom había decidido que fueran al hospital. Cuando llegó junto a Marvin y a Jenny a la cueva, encontraron que tanto Diana como Ana parecían estar inconscientes. Por mucho que lo negara, también incluyeron a Martín, que parecía que por fin los acontecimientos lo estaban afectando lo bastante como para que estuviera muy pálido y con deseos de vomitar. Mom prefería asegurarse.
Revisaron a Martín pero no fue necesario que se quedara por la noche, lo que ocurrió con Diana y Ana, a quienes las hospitalizaron.
La primera aún no había despertado, pero Ana sí. Martín estaba feliz de saber que las dos estaban bien.
-¿Qué vas a hacer ahora?- le preguntó Marvin, que lo observaba mientras tenía a Ana en los brazos, una vez que se quedaron solos.
-¿De qué hablas?- le preguntó Martín, sin escuchar realmente la pregunta, ya que no le había puesto atención.
-Diana y tú- contestó Marvin, encogiéndose de hombros -antes que desapareciera los dos eran hermanos, pero ahora las cosas han cambiado...- el rubio se vio algo incómodo -Ambos tienen una hija, pero no han hablado de compromiso o algo así, ni siquiera han estado juntos. ¿Qué le vas a decir?
-No lo sé...- murmuró Martín, dándose cuenta del punto que Marvin planteaba con sus palabras -pero yo las quiero a ambas y lo voy a intentar... si resulta o no, será otro problema. Pero si Diana lo acepta... no tengo problema en estar con ella.
Marvin lo quedó mirando y después terminó por sonreír. Martín, que estaba en frente de él (y por lo mismo, frente a la ventana) pudo ver un movimiento en la ventana. Extrañado, se fijó en lo que lo causaba. Abrió los ojos cuando notó que era un búho.
-Tengo que salir- dijo, dejando a Ana en la cuna y yendo hacia la puerta rápidamente. Marvin lo miró con sorpresa.
-¿A dónde vas?- le preguntó.
-Afuera, ya vuelvo- contestó, sin dar mayor detalle.
-¿Qué pasa si Diana despierta?- pero Martín no contestó. Salió rápidamente de la habitación y fue por el pasillo hacia el ascensor, tomándolo luego para dirigirse hacia el primer piso.
Había dejado de llover y sobre la isla había un frío que parecía llegar a los huesos. Caminó unos cuantos pasos, mirando a su alrededor, buscando sin tener muy claro qué (o quién); muy pronto se dio cuenta que no estaba del todo equivocado. Sonriendo, se acercó a María, que estaba sentada en una banca.
Sin decir palabra, se sentó a su lado. Ambos permanecieron en silencio durante unos momentos.
-Nada es casual, ¿cierto?- dijo Martín, de pronto. Pudo notar perfectamente cuando ella sonrió levemente.
-Por supuesto que no- contestó María -El que ella sintiera rechazo por tus amigos tampoco lo era, en cierta manera nosotros sabíamos que debías ser tú el que estuviera con ella para protegerlas... a ellas y nosotros.
-Y el que no encontrara dónde quedarme...- murmuró Martín. Soltó un suspiro -¿por qué yo?
-Porque eres el único que la quiere lo suficiente como para arriesgar todo para salvarla- contestó María, sin dudar siquiera -Los demás sólo hubieran hecho su deber y quizás hubiera sido suficiente, pero tú estabas luchando por ella y por Ana. Estaba todo tú ser comprometido para tenerlas contigo. Nosotros sabíamos que eso era más que suficiente.
-Entiendo...- murmuró él. Dejó pasar unos momentos antes de formular la siguiente pregunta -¿usted sabe qué era eso?
-No tengo mucha información- contestó María -Seguramente un demonio que se alimentaba de las personas, literalmente.
-¿Por qué con Diana fue diferente?- preguntó Martín.
-Algunos de ellos necesitan alguna conexión con el lugar en el que var a estar- dijo María -Diana era quien hacía conexión, pero finalmente era Ana la que representaba el inicio de todo. Normalmente es sangre inocente.
-Por eso hablaban de sacrificio...- dijo Martín, a lo que María asintió -Él... me dijo que Diana había elegido que yo fuera el padre de Ana...- comentó él, a lo que María sonrió.
-Ella siente algo fuerte por ti- dijo la anciana -eso quedó demostrado porque ella te aceptó a penas te vio. Con tus amigos, a penas podía soportar el rechazo. Con eso sabíamos que tú eras el indicado para ayudarnos.
-Ah, sí, y hablando de eso...- Martín miró con curiosidad a María -¿es verdad lo de los búhos que son brujos?- preguntó, María rió.
-Ese es uno de los misterios de la isla, de esos que encantan a los foráneos- contestó María, divertida -si crees en algo, tienes tu propia respuesta. Todos los que vivimos acá queremos a la isla y no dejaríamos que destruyeran todos sin poder luchar.
-Gracias por todo...- dijo él, dándose cuenta que la conversación había llegado a su fin -no se cómo podré agradecerle todo lo que hicieron por nosotros.
-Será suficiente con que prometas que vendrán a visitarnos- contestó María, poniéndose de pie -de verdad que quiero a Ana como si fuera una de mis nietas. Me gustaría seguir viéndola crecer.
-Se lo prometo- sonrió Martín.
María asintió y luego se alejó. Martín la vio alejarse hasta que la oscuridad no le permitió seguirla. Se puso de pie volvió a entrar al hospital, esperaba que Diana aún no hubiera despertado. Cuando estaba abriendo la puerta, una voz lo detuvo.
-Muy buen trabajo, agente Mystery- dijo Mom. Al voltear, Martín la vio, brazos cruzados y una sonrisa muy marcada.
-¿Agente?- preguntó él, enarcando una ceja.
-No te hagas de rogar, si sabes a qué me refiero- contestó Mom, acercándose a él -Como te dije aquella vez, las puertas estaban abiertas para cuando te sintieras listo para regresar.
-¿Cómo estás tan segura que quiero hacerlo?- preguntó Martín, con cierta ironía.
-No te engañes más- fue lo único que dijo Mom, dando media vuelta.
Martín, después de considerarlo unos momentos, le dijo:
-Uhm... La oferta sigue en pie, ¿cierto?... ¿Aunque me dedique a terminar lo de mi tesis antes de volver?
-Por supuesto- dijo Mom sin detenerse.
Martín, sonriendo, entró al cuarto. Diana no había despertado y, por la hora, dudaba que lo hiciera. Tanto Jenny como Marvin se fueron, diciéndole que al día siguiente los visitarían para saber cómo estaban Ana y Diana. Martín se sentó en una incómoda silla e intentó dormir lo mejor que pudo.
Lo primero que se preguntó a penas abrió los ojos, era dónde estaba. Luego, por qué era que había llegado a ese lugar y, por último, cómo era que llegó ahí. Además de saber quién la había llevado, por último.
Después de unos momentos que trató de despavilarse, se sentó en la cama, mirando a su alrededor. Sonrió levemente cuando se dio cuenta que con ella estaba Martín, sentado incómodamente en una silla que estaba al lado de la cama. Por algunos momentos pensó en no despertarlo, pero pronto se dio cuenta que la curiosidad era más grande.
-Martín...- lo llamó, pero él no se movió siquiera. Después de intentarlo un par de veces más (subiendo un poco la voz cada vez), hasta que por fin vio que empezaba a moverse. Lo vio abrir los ojos y mirarla como si no entendiera qué estaba pasando.
-¡Diana, despertaste!- exclamó, poniéndose de pie y acercándose a ella. Después de unos momentos en que ella no hizo comentario, su rostro contento cambió a uno de preocupación -no me digas que no recuerdas quién eres...- le dijo. Diana sonrió.
-Por supuesto que sí- le dijo, notándose contenta -claro que me acuerdo, de todo, por cierto.
Lo siguiente que supo Diana era que él la abrazaba con fuerza; fue tan sorpresivo, que ella no reaccionó por algunos instantes, pero luego, sonriendo, lo abrazó también.
-No tienes idea de cuánta falta me has hecho- le susurró él -Demonios, no había día en que no me culpara por lo que te pasó...
-Oh, vamos, Martín...- comenzó a decir ella, pero el que Martín la soltara y la quedara mirando fijamente a los ojos la hizo callar. Jamás lo había visto con esa expresión de dolor, como si una tortura de años volvía a sufrirla por enésima vez en su vida.
-No le quites importancia, Diana- le dijo seriamente y ella pensó que nunca lo había visto tan serio y mucho menos en un tema que la involucrara a ella -Estos cinco años han sido una verdadera tortura porque tú te fuiste...
-Shh...- susurró ella, dándose cuenta que ese sería un tema que tendrían que hablarlo seriamente... en otro momento -ya todo está bien. ¿Si? Ahora volvemos a estar juntos, como antes...
Martín intentó sonreír, pero no pudo. Diana había dicho que estarían juntos "como antes", pero él sabía perfectamente que eso no era posible. No con los sentimientos de los cuales era consciente, no con la presencia de Ana, la hija de ambos.
Y para dejarle ese punto bien claro, Martín se acercó a Diana y la besó. Si bien ella no correspondió durante algunos momentos, sonrió cuando sí lo hizo.
-¡Dia...!
Ambos se separaron rápidamente, completamente colorados, justo para ver cómo Anne y Gerald los quedaban viendo con la boca prácticamente abierta. Detrás de sus padres, podían ver cómo Jenny y Marvin les hacían señas, felicitándolos. Martín, tomando la mano de Diana, sonrió.
Mientras Diana conversaba con sus padres y amigos, después de un caluroso y emotvo reencuentro, Martín la observaba. Notaba cómo sus padres prácticamente caían ante los encantos de su nieta.
Había recuperado a Diana, estaba seguro que de ahora en adelante, todo iba a estar bien.
Sip, lo sé, por la demora merezco que me tiren de un puente, jejeje. ¡De verdad lo lamento!, pero me fui de vacaciones por algunas semanas y no pude avanzar (mis anteojos prácticamente se partieron en dos... estoy segura que más de alguno me entenderá)
En fin, espero que les haya gustado el fic. Disfruté muchísimo escribiéndolo y espero que ustedes también, leyéndolo.
Eso... ¡será hasta la próxima!
