Capítulo 14
Desgracia con suerte
El bosque era asfixiantemente denso, húmedo y congelado.
Hermione observó a su alrededor y a pesar de llevar consigo ropa abrigada, no pudo evitar tiritar. Sopló por inercia y por sus labios salió un fino vaho blanquecino.
Quince Mortífagos habían aparecido junto con ellas en ese pequeño claro rodeado de denso follaje.
—No perdamos tiempo—apuró Scabior, sacando su varita de su largo tapado negro—. Pongamos las protecciones. Ya está anocheciendo y será mejor comenzar en la mañana.
—¿Desde cuándo te han nombrado jefe del grupo?—preguntó Bellatrix, con una sonrisa torcida y levantando su ceja—. Sabes que me gusta trabajar en la madrugada…—dijo acercándose a él, peligrosamente lento.
—Lo sé, yo sólo…fue una sugerencia, Madame Lestrange—se atajó, dando dos pasos hacia tras.
—Hazlo, coloca las protecciones—animó, haciendo un gesto con su mano, pasando por alto su atrevimiento, pero sólo por esta vez—. Esta noche descansaremos. Mañana comenzaremos con nuestro trabajo—habló claro para que todos la escucharan.
No había dudas de quién era la que estaba a cargo.
—Sí, señora—asintieron al unisonó.
Todos abrieron sus bolsos, aliviados y con sus varitas desplegaron tiendas individuales, una pegada a la otra.
Bellatrix escogió el lugar más apartado y con un giro de muñeca alzó la suya.
—¿Qué haré contigo?—dijo en voz alta, mirando de arriba abajo a su joven esclava—. No sé si fue buena idea traerte—se recriminó, torciendo la mandíbula.
Hermione pegó su mentón al pecho y aguardó asustada. Si la regresaba a la mansión, de seguro moriría a manos de Narcissa y de Draco. Apretó sus ojos con fuerza y rogó para que su ama le permitiera quedarse. Era descabellado, pero se sentía más protegida rodeada de mortifagos asesinos y en ese alejado bosque, que con su otra ama y su hijo desquiciado.
—No sé por qué accedí a traerte—siguió hablando como sopesando si debía devolverla.
Será una molestia, pensó
—No tengo tiempo para cuidarte como una niñera. Esto fue muy mala idea.
Hermione levantó su rostro suplicante. Estaba a punto de regresarla.
Tenía que decir algo. Por lo menos intentarlo. Si volvía a esa casa, para cuando su ama regresara de la misión, ella ya sería historia.
—No tendrá que cuidarme—aseguró con un hilo de voz—. Yo la cuidaré a usted, ama.
—¿Tú me cuidarás a mí?—preguntó, riendo abiertamente.
Bella volvió la vista atrás y vio como sus compañeros ya habían ingresado a sus tiendas. Era ridículo seguir de pie ahí afuera con el frío que hacía por mantener una conversación con su esclava…ahora sí que lo había comprobado, "estaba más loca de lo que había pensado".
—¿Y eso como sería?—quiso saber con curiosidad, chuzándose de brazos y esperando el disparate.
—Sé cocinar. Puedo prepararle lo que guste, si es que ha traído suministros—se apresuró a decir sin mirarla a los ojos, pero con su cabeza lo suficientemente alta para que su ama la viera.
Bellatrix suspiró hondo y tomándose un segundo para pensar, la tomó del brazo con rudeza y la ingresó en la tienda a los empujones.
A pesar del maltrato físico, la castaña se sentía aliviada. Había logrado que no la trasladara y por lo que estaba entendiendo, no la dejaría dormir en la intemperie.
La carpa estaba completamente equipada. Una enorme cama matrimonial, un pequeño escritorio a un costado; a su derecha una cocina con todo lo suficiente y en el centro, una estufa a leña que ardía como si estuviera prendida hacía horas. Las dimensiones no cuadraban, pero Hermione recordó que todas eran similares. En su cuarto año, cuando fue con sus amigos al campeonato de Quidditch, los Weasley habían montado una muy parecida y también era gigantesca por dentro. Por supuesto que no tan lujosa como la que estaba en ese momento.
—¿Así qué sabes cocinar?—le dijo Bella, empujándola hacia la cocina, haciéndola trastabillar.
—¿Qué…qué quiere que le prepare?—preguntó de espalda.
—Sorpréndeme—contestó, arrojando su bolso a la cama para luego recostarse y hurgar en él, sacando carpeta tras carpeta, repleta de información sobre el trabajo a realizar.
—¡Ama!—llamó sin moverse aún.
—¿Mmm…?—mono silabeó Bella, leyendo atenta.
—Me preguntaba si usted me permite…antes de comenzar…
—¿Qué quieres?, ¡Dilo ya!—exigió fastidiada, levantado su cabeza para mirarla, dejando la carpeta a un lado.
—Es que yo…no he ido…—tartamudeó, apretando las piernas.
—Treinta segundos—advirtió.
—Gracias, ama—dijo Hermione, quitándose su mochila de los hombros y corriendo a la salida para poder orinar.
Le dolían los riñones. Bordeó la carpa y lo más rápido que pudo, se dirigió al árbol más cercano.
Media hora después, el aroma ocupó cada rincón de la tienda.
Hermione destapó la cacerola y comprobó que ya estaba pronto. Se había esmerado y esperaba que su ama estuviera satisfecha.
—Ya está listo. Cuando quiera le sirvo—dijo la castaña, esperando la orden.
—¿Qué has preparado?—quiso saber, olfateando.
—Bueno…unas de mis comidas favoritas cuando era niña—contó, sosteniéndose las manos.
—¿Algo que te preparaban a ti tus padres Muggles?—preguntó con cara de asco—. Debe ser una maldita broma, ¿no es así?—casi chilló, sentándose en la cama.
Hermione no supo que decir. No había considerado ese pequeño detalle: su ama odiaba todo lo relacionado a los Muggles.
—Yo…lo lamento mucho—dijo a punto de llorar, arrodillándose en señal de sumisión.
—Si no fuera porque me estoy muriendo de hambre, te lanzaría la cacerola completa en el medio del rostro—gruñó, tratando de controlarse.
¿Por qué no lo había hecho? ¿Por qué no se había levantado a introducirle la cabeza completa en esa roñosa comida?, se recriminó preocupada por su comportamiento.
—Perdóneme, ama—sollozó—. Le prepararé algo distinto, prometo que será algo que le guste—intentó suplicar.
—¡No!—negó—. Me servirás un plato de eso—dijo señalando la cacerola con su dedo—. Más vale que sea bueno…ruégale a todos los magos para que me agrade, sino dormirás atada a un árbol—amenazó con su rostro completamente endurecido.
Hermione se levantó despacio, tomó un plato hondo y obedeciendo, sirvió con un cucharon el ensopado de carne y verduras que había preparado para ella.
Se acercó con lentitud y lo depositó en una pequeña mesa ratona, al costado de la cama. También trajo un trozo de pan fresco y una jarra de vino tinto.
Retrocedió unos pasos y esperó con el corazón en la garganta.
De sólo imaginar pasar la noche a la intemperie, ya le daban escalofríos. De seguro que si amanecía con vida, su ama la dejaría en ese mismo sitio porque no habría forma de volver a reanimar sus músculos.
Bella masticó con parsimonia y después de unos cuantos segundos, que para Hermione parecieron horas, asintió secamente.
—No está mal—dijo, introduciendo en su boca la segunda cucharada.
Hermione suspiró mentalmente, de pie y sin moverse.
—Ve y sírvete lo que ha sobrado—ordenó—. Puedes comer allí—señaló el rincón más cercano a la salida.
—Gracias, ama.
La castaña se dio la vuelta y con el cucharon, raspó hasta la más pequeña gota de ensopado. Tomó el plato y una cuchara, y sentándose en el suelo, al costado de la entrada, engulló todo en menos de dos minutos.
Después de la cena, se dispuso a lavar, secar y dejar todo en perfectas condiciones.
Bella se levantó, dejó sus papeles en el escritorio, se cambió de ropa y volvió a introducirse en la cama. Mañana sería un día muy largo y debía reunir fuerzas.
Cuando vio que todo estaba pronto, Hermione se adelantó al centro de la tienda donde la estufa seguía crepitando y esperó paciente.
La azabache rió de lado y apuntando con su varita al suelo, pegado a la cama, hizo aparecer los cuatro famosos diarios.
Hermione asintió sin sorprenderse y caminó hacia ellos.
Mejor adentro que afuera y mejor arriba de esos cuatro diarios, que en el suelo helado, se dijo.
Sin sacarse la ropa y rogando mentalmente para que su ama no se lo pidiera, se arrolló, sosteniéndose las piernas. Las botas de invierno que le había dado Silvia eran sumamente calentitas y agradecía llevarlas puestas.
La carpa había quedado en silencio, estaba a punto de dormirse cuando sintió un ruido. Y pudo observar por el rabillo del ojo que su ama buscaba algo.
Bellatrix extendió su mano para rebuscar en su bolso, al costado de la cama. Tomó lo que estaba buscando y se lo arrojó a Hermione. Sin decir nada, se dio la vuelta y se tapó con la frazada, durmiéndose al instante.
La castaña sonrió. Se acomodó lo mejor que pudo. Los diarios debajo de ella crujieron y haciéndose un ovillo, se cubrió con la fina manta que su ama le había lazado, segundos antes.
Aunque le dijeran que estaba irremediablemente loca, se sentía agradecida. Su estomago estaba satisfecho, se encontraba abrigada y extrañamente protegida….pero lo más importante, aún se encontraba con vida.
Colocando una mano para dejar descansar su cabeza, cerró los ojos pensando que de todos los destinos que pudo haberle tocado, caer en las manos de Bellatrix Lestrange había sido una desgracia con suerte.
Regresé! Nuevo capítulo. Espero que les guste.
Abrazos y como siempre, comenten.
Dualsould: Gracias, sí tendrán un largo camino por recorrer.
Guest: Gracias, Este es un poquito más largo, espero que te gustara también.
Guest: Bella ya comienza a reprenderse mentalmente por no seguir su instinto asesino…es un comienzo.
Dios17: Ya llegaron al bosque, la misión no tarde en realizarse.
Negesis25: Sí, ya llegará la hora que Draco pague por meter sus narices. Bella no dejará el asunto olvidado.
Sterlin: Muchas gracias, espero seguir leyendo tus comentarios. Abrazos.
Lurena. black: Draco no se la espera, y por supuesto no sabrá por donde llegará la venganza.
Old Direction: Está aflojando de apoco. La dejó comer en su presencia y le lanzó una manta para que se cubra…es un avance, jeje.
