Fuimos a la habitación de Sota, mamá estaba dentro hablando con él, no sabía qué hacer y como animarle. Parecía tan confundido que fui a la cocina y preparé un buen chocolate, saqué dulces y galletas y los puse en un plato. Hice tres tazas bien colmadas y llevé todo arriba. Toqué con el pie y mamá me abrió.

- Hola, ¿puedo pasar?- se mantuvo un silencio- traigo chocolate y dulces.- Oí el ruido del colchón cuando mi hermano se sentó- Entonces me lo tendré que llevar.

- Espera- dijo suavemente.

Entré y repartí las tazas, mamá cogió la suya y nos dejó solos. Me senté en el colchón y soplé mi taza. Simplemente nos bebimos en chocolate sentados en la cama de mi hermano. Sin decir nada, esperaba que cuando se sintiera listo hablara, y me contara sus inquietudes.

- Tengo miedo.- me miró cabizbajo- No entiendo nada, tengo que cuidar a un dragón gigante y vivir bajo el agua.

- Nadie te puede obligar a nada, es normal tener miedo. Estás entrando en un mundo que no conoces.

- ¿Tú tenías miedo? Cuando cruzaste el pozo.

- Lo sigo teniendo. Cada vez que voy sé que puede ser la última, y no lo digo sólo por mi alma. Ese mundo está lleno de yokais malignos, nunca he querido que sepas mucho de esa época, siempre he tenido cuidado de contarte las cosas buenas. Los problemas en los que se mete Miroku por coquetear, las peleas con Inuyasha, las visitas de Koga, mis días con Rin y Shippo,… Los momentos felices. Pero tras ese pozo hay muchas cosas que dan miedo.

No es que se lo fuera a decir, pero realmente me han atacado, secuestrado, cortado, apuñalado, envenenado, quemado, he caído de precipicios, viajado al otro mundo,… He visto guerras, plagas, muerte,… incluso una vez nos atacaron zombis.

- Siempre tengo miedo, no puedo contar las veces que me acostaba llorando, o las pesadillas que tuve durante el primer año. Pero no todo es malo, las experiencias me han curtido, me han hecho madurar. Las personas hemos vivido con miedo desde siempre. Pero hay que elegir, si prefieres ocultarte, esperando que todo lo que da miedo se marche, mirando siempre a tu espalda con temor, o levantarte y plantarle cara al miedo.

Yo decidí levantarme, entrenar en mis poderes espirituales y defender a los míos. Recuperar la perla para evitar que su maldad llegue aquí, sé que no viajo a otro mundo, sino al pasado. Lo que haga tiene repercusiones en esta época. Si me dejo llevar por el miedo, si me rindo e intento huir, el problema que yo cree, vendrá, y lo último que quiero es que la perla llegue aquí, que cambie este futuro. Pensó Kagome.

- Lucho contra el miedo todos los días porque tengo algo que proteger.

Mi familia, Sota, okaasan y ojiisan, incluso todo el presente de este mundo, pero también a mi familia del pasado, a la que formé a través de las experiencias y peleas juntos. Shippo, Rin, Inuyasha, Sango, Miroku, la anciana Kaede,… y todas las personas que he conocido en mis viajes.

- El miedo es parte de la vida, significa que tienes algo que perder, a veces es la seguridad que da tener una vida tranquila, sabiendo que no puedes meterte en muchos problemas, a veces son las personas que te importan, a veces es la propia vida, todos tenemos miedos. Solo los locos o los inconscientes saltan de cabeza sin mirar la profundidad del agua.

+ Te han dado una oportunidad de vivir algo nuevo y diferente, no puedes evitar ciertas cosas, como los cambios que vas a experimentar, pero sí puedes elegir qué hacer con ellos.. Puedes quedarte en casa, fingir que no pasa nada e intentar ocultarlo, o puedes probar lo que la vida te ofrece. No digo que te tires al agua de cabeza, sino que mires su profundidad, investiga, averigua lo que significa ser un guardián y si es eso lo que quieres para ti. Decidas lo que decidas yo te apoyaré.

- Gracias - me abrazó. Creo que hace mucho que no tenemos estas conversaciones profundas y sinceras.- ¿Y tú que harás? ¿Te irás?- Se le notaba triste.

- Sí, entrenaré para poder curarme, ser más fuerte y deshacerme de la perla. Por lo que no podremos vernos por un tiempo. Lo suficiente para ser la miko más fuerte y patea traseros que haya habido en los últimos 1.000 años, tal vez incluso 2.000. Estaré aquí dos días enteros, luego prepararé las cosas en el Sengoku, tenemos que sellar el alma de Kikyo también.

+ No podremos vernos por un tiempo. Me perderé una parte importante de tu vida, los últimos 3 años apenas estuve, y los próximos 3 ni siquiera eso, cuando nos volvamos a ver tendrás 14 años. Tendrás que portarte mejor que nunca y vigilar a otosan, lleva mucho fuera, tiene que adaptarse y sé que se siente fatal, tendrán que recuperar el tiempo perdido. Ahora no se conocen mucho, pero te quiere, sácalo, conócelo, muéstrale todo de ti, que te conozca,…

- Hermana, mañana podemos hacer algo todos juntos.-

- Claro, mañana saldremos todos y haremos algo en familia y pasado también y tomaremos muchas fotos para llevar conmigo y para que no te olvides de mí.

Más tranquilos atacamos los dulces, y estuvimos charlando de mil cosas hasta que se durmió. De camino a mi cuarto me encontré con mis padres, les dije que ya que estaría dos días aquí los pasáramos todos juntos haciendo cosas en familia, estuvieron de acuerdo y me abrazaron con fuerza, antes de irse a dormir. Me puse unos tapones para los oídos antes de acostarme, ya que dormir en el Sengoku me acostumbré a estar extremadamente alerta a mi entorno, y cualquier sonido extraño podía despertarme. No es muy cómodo levantarte cada vez que alguien va al baño o le entra sed. Mientras nadie entre en mi cuarto dormiré tranquila.

Por dos días hicimos tantas cosas como pudimos, hicimos un picnic, compramos ropa nueva para papá, vimos una actuación cómica, incluso alquilamos un perro por unas horas, yo dije que con Inuyasha ya tenía suficiente experiencia entrenando perros y nos reímos todos.

Finalmente la segunda noche cenamos oden, y preparé la mochila, incluí medicinas y comida para los chicos. Sota me pidió dormir juntos, y yo no pude negarme. Me desperté antes del amanecer, me di una ducha y me vestí. Incluso preparé un desayuno para todos, no tardaron mucho en despertarse, era una despedida por un largo tiempo. Desayunamos con el sol apenas saliendo y todos me acompañaron al pozo, nos dimos abrazos y nos despedimos.


Crucé el pozo, nada más llegar busqué las presencias de mi alrededor. Sólo estaba Magatsuhi petrificado, los demás estaban en la aldea, así que salí y me dirigí allí. Cuando llegué, percibí a todos durmiendo menos Kikyo, que salió al sentirme cerca. La paré y hablé con ella, sobre lo que dijo el Oráculo y mi entrenamiento, le pedí que me permitiera mirar en su alma, si era verdad, pronto seríamos libres.

Al principio no terminaba de fiarse, pero la convencí de irnos al bosque. Encontramos un claro y levantamos una kekkai. Que Naraku estuviera debilitado no significaba que no fuera una amenaza. Nos sentamos con las piernas cruzadas y empezamos a meditar.

Al hacer esto las dos juntas y con calma fue mucho más aclarador que hacerlo solas. Nuestras energías se enlazaban y nos permitían intercambiarlas, para poder ver dentro de la otra. Al principio fue complicado, no es lo mismo verse a uno mismo que ver a otra persona, pero usando adecuadamente la energía pudimos ver nuestras almas y la ruptura en ellas, comprobamos así que lo que dijo el Oráculo era verdad.

Nuestras almas, aunque similares, no eran del todo compatibles, por eso Kikyo necesitaba almas para vivir y yo me debilitaba cada vez más. Había un borde rasposo, por llamarlo de alguna forma, y en él había rastros de la otra que se aferraban, pero a la vez intentaban volver a su lugar de origen. Pude ver las almas que Kikyo recolectaba y como rozaban a mis fragmentos impidiéndoles salir y parcheando su hueco, pero el efecto era momentáneo, éstas se iban debilitando, con el roce se fragmentaban y escapaban, por lo que necesitaba reponerlas. Cerramos la conexión y puedo decir que fue algo difícil.

- Siento como si se me fuera a partir la cabeza- resoplé con voz rasposa.

- Te creo, me duele hasta el barro.- respondió.

- ¿Eso fue un chiste? Nada mal, pero necesitas practicar, espero que para cuando vuelva te salga mejor.

- Entonces te irás por tres años.

- Sí, espero que cuando vuelva podamos acabar con esto, no te ofendas pero quiero tu alma lejos de la mía.

- Ya somos dos, quiero un poco de tranquilidad.

- Otra cosa, respecto a Naraku, el Oráculo me dijo que ya no podría enfrentarme a él al ser un enemigo de esta época y como miko del tiempo tendría limitadas ciertas actividades en épocas anteriores a la mía. Básicamente cuando vuelva tendré que romper el sello de la perla y reunirla, hasta que Naraku se interponga en esa misión no le puedo tocar. Pero esto ha de quedar entre nosotras, si él se entera se podría aprovechar de ello. Lo mejor es que Inuyasha no se entere, no sabe cerrar la boca.

Kikyo se percató de la seriedad de esta declaración y sólo asintió, reconociendo que Inuyasha cuando se emocionaba no sabía medirse, antes de despedirse. Cada una partió en una dirección, yo volvía a la aldea y ella se marchaba. Cuando llegué ya se habían levantado todos y se preguntaban por Kikyo.

- ¿Dónde estará? No me dijo que fuera a marcharse- se preguntaba Inuyasha.

- Eso es culpa mía, cuando me sintió nos reunimos para hablar y ahora se marchó.- le dije.

Todos se sorprendieron al verme, mis pequeños y Sango corrieron a abrazarme.

- Yo también me alegro de verlos.- Besé las mejillas de mis bebés.

De verdad los extrañaría, Shippo ya tenía ocho años, y Rin nueve, cuando los volviera a ver tendrían once y doce. Me perderé tantas cosas de su crecimiento, seguramente no seré yo quien esté con Rin cuando se haga una mujercita, quien la calme y le explique los cambios que experimentará su cuerpo. Y Shippo, siempre fue muy maduro para su edad, ya que los yokai maduran más rápido, cuántos cambios suyos me perderé de los que ahora mismo no soy consciente.

Pero sé que tengo que hacerlo si quiero estar ahí para ellos más adelante, verlos hacerse adultos, aconsejarlos en el futuro cuando estén confusos y perdidos, verlos casarse y hacerme abuela. Me dolerá perderme esta parte de su vida y sé que nunca me lo perdonaré, pero tengo que hacerlo, por su futuro y por mí.

- Chicos, tenemos que hablar. Todos, hay algo muy importante que tengo que decirles.- Sango e Inuyasha se tensaron y Shippo y Rin me miraron preocupados, se habían dado cuenta de que algo iba mal, pero nadie les decía qué pasaba.- Sesshomaru, agradecería que te unieras a nosotros, ya que estas aquí.

Últimamente Sesshomaru rondaba mucho por la zona, tal vez le preocupara que no pudiera cuidar a Rin adecuadamente en mi estado.

Inuyasha pareció sorprenderse por mi último comentario, pero no dijo nada.

Nos reunimos fuera de la cabaña. Koga seguía por aquí, así que también vino. Me senté con mis hijos a cada lado, los demás se sentaron también, excepto Sesshomaru que aunque se acercó, se mantuvo contra un árbol cercano.

- Niños, hay algunas cosas que no les hemos dicho, sé que se han dado cuenta y es hora de contarles lo que pasa. Desde hace un tiempo me he sentido mal, al principio pensé que estaba enferma, pero descubrí que hay un problema con mi alma. –suspiré, ahora venía la parte difícil.- Cuando vino mi padre me presentó a una amiga suya, un Oráculo, que es como una miko pero mucho más poderosa. Me dijo que puedo arreglarlo pero ahora no soy lo suficientemente fuerte, por eso ella me va a ayudar, pero para eso tendría que irme por algún tiempo y entrenar mis poderes de sanación. - Pude ver la sorpresa y unas lágrimas en las caritas de mis pequeños.- Si quiero curarme tendría que irme por tres años.

- ¿Si es tan poderosa por qué no te cura? No quiero que te vayas okaasan- dijo Shippo.

- Yo tampoco cielo, pero las heridas en el alma son muy delicadas, -les sonreí suavemente y les limpié las lágrimas- y difíciles de curar especialmente la mía porque soy una miko. Si ella lo intentara mi alma pensaría que la están atacando, no la dejaría y me haría daño. Por eso tengo que hacerlo yo, pero aún no sé cómo hacerlo.

- Señorita Kagome, ¿tenía entonces su otosan razón?- preguntó Miroku.

- Sí, más o menos. Por eso fui a ver a Kikyo nada más llegar, para comprobarlo, nosotras no tenemos la misma alma. Lo que significa que no soy su reencarnación. –esta información cogió a todos desprevenidos.

- ¿Cómo es eso posible? El parecido en aspecto y poder es demasiado grande para ser coincidencia, además yo vi que cuando resucitaron a mi hermana el alma salió de tu cuerpo- exclamó la anciana Kaede.

- Antes siempre que miraba, sólo comprobaba mi propia alma, por eso no pude verlo en un principio, esta mañana tuvimos una sesión de meditación conjunta, y les puedo decir que lo vimos -todos se quedaron callados especialmente la anciana Kaede y Miroku quienes entendían la profundidad de esa conexión.

+ Somos similares, pero no compatibles del todo. Sospecho que fue cosa de la perla, ya hemos visto que tiene un interés en mí, pero nada con lo que aferrarse, así que es probable que usara el alma de Kikyo para hacerlo. Por eso su conexión conmigo se empezó a debilitar al regresar ella. Y la bruja que la revivió hizo un trabajo pésimo, al pensar que yo era su reencarnación ni se molestó en comprobarlo adecuadamente, por eso la conexión rasgó nuestras almas dejando en ella fragmentos de la otra.

+ Voy a ser sincera, me encantaría quedarme, pero sé que es algo que tengo que hacer. Por tres años recibiré entrenamiento como miko y sanadora, lo que me permitirá recuperar mi alma y devolverle la suya a Kikyo. Por eso mañana por la noche cuando el Oráculo venga tendré que ir con ella. Me dio cuatro días, dos los pasé con mi familia del futuro y estos dos los quiero pasar con mi familia del Sengoku.

+ Voy a hacerme más fuerte porque tengo a quién proteger, no pienso ser más un estorbo. Sólo puedo pedir que en mi ausencia, se cuiden mucho, que continúen con la búsqueda de Naraku con Kikyo, ahora es el mejor momento. –miré a mis hijos- Y sobre todo, espero que se cuiden mucho ustedes dos, que siempre se mantengan juntos y no olviden por un solo segundo que son mis hijos y les quiero.

Les abracé con todas mis fuerzas y ellos a mí. Por unos instantes los tres nos mantuvimos así, ellos llorando en mi regazo por mi inminente partida y yo tratando de consolarlos como mejor pude. Los demás nos dejaron solos.

Por un largo tiempo ninguno de los cuatro se movió, y digo cuatro porque Sesshomaru se mantuvo en su lugar sin moverse.

- ¿De verdad te vas a ir? ¿Vas a dejar a Rin sola?-

- Sólo será por un tiempo, si no me voy me pondré muy enferma, pero no te voy a dejar sola. Tienes a tu hermano. ¿Verdad Shippo? Él y Sesshomaru cuidarán de ti mientras no estoy.

- Sí okaasan, yo cuidaré de Rin. Pero tienes que volver, no quiero perder a otra okaasan.

- Nunca me perderán, si me extrañan sólo tienen que abrir los collares, espero que nunca se los quiten hasta que vuelva, son un pedacito mío que dejo para que cuiden. Y cuentan con algunas sorpresas que descubrirán mientras no esté.

- Lo prometemos- dijeron los dos a la vez.

- Muy bien, ahora qué quieren hacer, tenemos dos días para disfrutarlos juntos. Haremos lo que quieran.

Por dos días jugamos, charlamos e hicimos coronas de flores, incluso Inuyasha accedió a ponérselas sin quejarse mucho. Me aseguré de empaparme de estas imágenes, pues sabía que para mí serían quince años de soledad sin mis amigos ni mi familia.

Al anochecer del cuarto día pude sentir la tensión, mis pequeños me abrazaban con fuerza y Shippo enterraba su nariz en mi cuello, siempre decía que le gustaba mi olor, que le hacía sentir seguro. Pude sentir el poder del Oráculo, y creo que la mayoría, Koga e Inuyasha se erizaron y enseñaron los dientes, Miroku y la anciana Kaede levantaron la cabeza sorprendidos por la magnitud de su poder, que era de una gran pureza. Shippo y Rin se abrazaron a mí con fuerza.

- ¿Estás lista?

- Un segundo. –Miré a mis niños- Volveré, nunca lo duden, les quiero. Cuiden el uno del otro mientras no estoy.- Les besé en la frente y les di un último abrazo.

El Oráculo me extendió la mano y se la tomé, sentí un pulso de energía y con ello el cambio en el sello de mi alma, también vi cómo un poco de su energía salía de ella, pude sentir cuando llegó a Kikyo, sellándola a ella también.

- Nos despedimos, al menos por ahora.

Desaparecimos en un pulso de luz blanca y cegadora.