Bloodlines, Lineas de sangre.

Colaboración con Apheront.

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14: El amor prohibido.


."Encontré esto demasiado fácil para ser verdad, me encontré a mí mismo en soledad cada día, y si, admito, que estoy loco por ti, porque eres mía, cruzo la línea" I walk the line, Johnny Cash.

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—Espero que Finnick no haya sido demasiado… Tosco —agregó aflojando levemente el nudo de su corbata y dando media vuelta. Judy inmediatamente bajó la mirada al verlo, cosa que Nick no pasó por alto

— ¿La he ofendido? —preguntó con pesar.

—No, no, es solo que —suspiró antes de soltar las palabras—.Por favor perdóneme señor Wilde —sollozó.

— ¿Yo? —habló confundido.

—Usted… Ha sido el único animal que me ha visto con esos ojos en mucho tiempo, tan llenos de cariño, la manera en que me trata, en cómo me habla… Y yo solo busqué alejarme de usted —decía mientras regresaba al interior de la habitación. El zorro fue tras ella pero se detuvo en el umbral—. Parecía imposible, después de Noah, creí que ningún macho podría mirarme así y ser sincero… No quería caer en cosas así otra vez y sin embargo usted lo logró, logró hacerme creer que sentía algo —la coneja se sentó en la cama, ya no podía soportar el cansancio de permanecer en pie tanto tiempo. Nick por su parte permaneció en silencio aunque acercándose a ella.

—Por supuesto que la quiero —interrumpió tomando las manos de Judy—. Y no tengo pena alguna en decirlo al mundo, estoy enamorado de una coneja, estoy enamorado de usted Judy.

Las lágrimas empezaban a brotar de los ojos de la coneja, su voz se entrecortaba y sentía que se ahogaba, todo en un intento fallido de contenerse.

—Lo sé —musitó recordando la última declaración hecha por el señor Wilde.

— ¿Entonces por qué huyó de mí? —le preguntó dolido.

La coneja aguardó unos segundo antes de poder responder, sabía que ella huía de él por miedo, pero no sabía si su temor era dirigido al zorro, a su depredador natural, a la idea de morir por sus garras y colmillos o si temía a enamorarse de nuevo —Porque buscaba un defecto en usted.

— ¿Qué?

—Quería encontrar su engaño señor Wilde… Si era tan bueno, claro que debía haber algo mal y me esmeré tanto en encontrarlo pero al mismo tiempo seguí cayendo por usted —Nick sonrió con satisfacción ante la declaración, los sentimientos de la coneja hacia el no eran tan indiferentes como el imaginaba—. Cuando al fin lo descubrí, fue doloroso para mí aceptarlo, aceptar que me había mentido todo ese tiempo… No quería creerlo, no quería alejarme de usted, pero debe entenderme, todo esto que me ha ocurrido es…

—Lo sé, Judy —justificó el zorro tomándola del rostro.

—Perdóneme por ser grosera...

—Judy no —la interrumpió.

— ¿Por qué no pudo ser un conejo? ¿Por qué no pude conocerlo antes que Noah? ¿Por qué estos hijos no son suyos? —decía no pudiendo soportar más todo ese dolor—. ¿Por qué, dígame por qué? —clamó empezando a llorar.

Para el zorro era un tormento por igual; verla así, tanto dolor en un animal tan pequeño era imposible de creer. Tragó un bulto muy grueso y con delicadeza la abrazó; la sentía temblar y la humedad generándose en su ropa. Nick acariciaba su cabeza con suavidad, buscaba hacerla sentir segura, hacerla sentir querida.

—Yo me he hecho esas preguntas también —habló—. Y la respuesta es muy simple… El amor no es fácil Judy, la vida no es fácil ni justa tampoco.

— ¿Por qué debo estar tan asustada de amarlo? —preguntó aun con el rostro clavado en el pecho del zorro.

—Porque es algo prohibido, pero yo no tengo miedo de hacerlo, y jamás lo tendré —aseguró apartándola levemente, pudiendo así verla a los ojos; esos destellos violetas llenos de lágrimas, de temor, pero también de ingenuidad. Era extraño, curioso en realidad, después de todo lo que pasó, después de tanta desgracia en su vida ese destello de inocencia no había abandonado sus ojos aún— En contra de mi familia, de la sociedad, de la naturaleza… Yo quiero estar con usted… Pero no puedo forzarla a querer lo mismo ¿Entiende? Y me duele como no tiene idea el pensar que… Que no me ama, que no siente lo mismo —suspiró tragándose su orgullo.

—Lo amo —respondió temblando viendo el semblante de su señor Wilde—. Claro que lo amo.

Sin remordimiento, sin pensar, sin culpa, sin temor, solo amor. Palabras tan sinceras, tan tristes y alegres a la vez. Ya ambos habían esperado demasiado, no lo harían más. Nick acarició con suavidad la mejilla de Judy, limpió sus lágrimas y lentamente acercó su rostro para al fin conseguir lo que tanto tiempo había anhelado, el amor de la presa que lo tenía despierto toda la noche. Todo unido en un largo y profundo beso.

Judy se perdió entre el beso lleno de anhelo y alivio, rodeó el cuello del zorro con sus brazos aferrándose a él, no quería soltarle nunca más, a su lado se sentía a salvo, se sentía completa. Ambos tenían que separarse para recuperar el aliento, seguido de eso unieron sus frentes sonriendo ligeramente.

—El depredador se enamoró de la presa —comentó Nick acariciando la mejilla de su coneja.

—Que presa tan torpe —respondió Judy sonriente.

—Que masoquista y débil es el depredador —vaciló el zorro para de nuevo atraparla en otro beso.

—Agh, por favor no hagan eso en mi presencia —bromeó Finnick en la entrada de la puerta

Judy y el zorro se separaron con un fallido disimulo, no logrando ocultar el rubor recién generado en sus mejillas.

—Tranquilo, galán —vaciló Finnick entrando a la habitación—. No los acusare con papá —se burló.

— ¿Qué quieres Finn? —Nick se rascó la nuca.

—Padre quiere verlos —respondió mirándolos—. A ambos.

— ¿Pasa algo? —preguntó Judy con un tono de angustia.

—Vayan a averiguarlo —apuntó el índice al aire.

Judy y Nick se miraron con cierta preocupación. ¿Habrá pasado algo malo?

—Hay que ir —Nick ayudó a la coneja a bajar de la cama.

— ¿Será algo acerca de esto?

—Tranquila —la calmó—. Creo saber qué es lo que va a decirnos.

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Los cuatro animales yacían en el despacho; Judy aguardaba sentada en una mullida silla, Finnick estaba sentado junto a la ventana mientras jugueteaba con un revólver y Nick estaba de pie justo detrás de la silla en donde Judy se encontraba, mientras que Greco estaba sentado frente al escritorio golpeando con sus dedos sobre la mesa. Habían pasado algunos minutos de silencio, nadie decía nada y la tensión que la coneja sentía aumentaba a cada segundo, no sabía lo que sucedía en la mente de ese viejo zorro.

—Y bien Pa —el zorro rompió el silencio mientras jugueteaba con sus dedos—. ¿Para qué nos llamaste?

—Veras Nicky —finalmente su padre habló—. Ya que Judy va a formar parte de nuestra familia, me parece lo más sensato que esté al tanto de lo que sucede en esta casa.

—Creo que quedo claro lo que sucede —contestó Nick con desgano.

—No siempre pasa eso aquí, Judy —se dirigió Greco a la coneja—. Lo que has presenciado hace días fue algo... inusual. Pero quiero que estés consciente de todo.

La coneja asintió al ver al padre de Nick.

—Bien, somos unos matones —aseguró Greco sin siquiera titubear—. No somos santos, pero lo que es seguro es que jamás dejaremos que algo malo te ocurra a ti y a esos niños.

—Entiendo —respondió Judy.

—Otra cuestión es que cuando estés en condiciones vamos a enseñarte a defenderte...

—No, Padre —interrumpió Nick, esta vez sin vacilar, era claro que hablaba muy en serio—. No quiero que ella se involucre en esto.

—Nicky esto no está a discusión, si ella estará con nosotros está en riesgo de que alguien atente contra ella —aclaró Greco.

—Yo estaré para protegerla.

—No dudo de eso Nicky —dijo mirando a su hijo—. Es para prevenir que alguien intente hacerle daño, si aprende a defenderse no podrá darle esa ventaja.

—Haré lo que sea necesario —la coneja estaba de acuerdo, en cierto modo, ya no quería seguir siendo la tonta coneja indefensa.

—No, no voy a ponerla en riesgo.

—Wilde, se sensato —le habló Finnick—. La chica debe saber defenderse, no siempre podrás estar tras ella, te recuerdo que constantemente tenemos que salir de la ciudad por trabajo.

—Está bien —Judy tomó la mano de Nick—. Creo que es lo mejor.

—No quiero que tenga un arma en sus manos... de nuevo —recordó el zorro bajando la mirada.

—No es como que vaya a dispararte, Nicky —rio Greco levantándose de la silla— No lo harás ¿Verdad? —se dirigió a Judy quien soltó una pequeña risa.

—Padre...

—No va a hacer ningún trabajo con ustedes, Nick, solo quiero que esté preparada para protegerse cuando no se encuentren cerca, recuerda que no solo se estará cuidando a si misma —miró a la coneja, evidentemente faltaban días para que diera a luz.

El zorro rodó sus ojos no teniendo más opción que resignarse, tenía que darle gusto a su padre, aunque la idea no le agradaba era algo que sin duda iba a ayudar, Noah podría aparecerse tarde o temprano.

—Otra cosa que quería discutir con ustedes es la próxima celebración —el zorro se paseaba por el despacho.

—Tan pronto ha pasado el año —comentó Finnick.

—Así es, pequeño Finn —Greco miraba su reloj—. El tiempo pasa rápido.

— ¿Celebración? —preguntó la coneja confundida.

—El cumpleaños de mi padre es la próxima semana —respondió Nick—. Cada año se hace una gran celebración.

—Padre no creo que sea prudente hacerla este año —habló Finnick.

—De hecho creo que no deberíamos dar a entender que algo malo sucede —sugirió Nick—. Debemos aparentar que nada ha cambiado.

— ¿Qué hacen en esa celebración? —indagó Judy.

—Es una gran cena, se invitan a personalidades importantes, hay música en vivo y es una gran fachada para concretar negocios —el zorro hizo un gesto de comillas con sus dedos.

—Negocios —insinuó Judy pensando en el tipo de negocios.

—Nicky no te mintió del todo, pequeña —sonrió Greco—. En realidad si tenemos un comercio textil.

—Y lo usan para cubrir el negocio real —intuyó.

—Exacto —contestó Greco.

—De hecho padre —interrumpió Finnick—. Ella puede ayudar.

—Finn —Nick miró fulminantemente a Finnick.

—Ella puede estar en el escenario —explicó el pequeño rubio.

— ¿Yo cantando? —adivinó la coneja—. No, no —dijo avergonzada.

—No es mala idea —Nick lo pensó mejor—. Creo que ella haría la velada más disfrutable.

—No me siento con ánimos de hacerlo —expresó Judy con melancolía.

—Oh vamos —la animó Nick—. No le niegue a mi padre el privilegio de escuchar su voz.

La coneja desvió su atención hacia Greco, sonreía mientras miraba a través de la ventana, se le notaba algo pensativo y disperso también, sumido entre fantasías y recuerdos quizá. Finalmente la chica accedió a hacerlo, desilusionar a un jefe de la mafia no parecía una decisión muy sensata.

—Está bien, lo haré —dijo resignada.

—Espléndido —agradeció Nick—. Solo no olvide brindarme las canciones que interpretará, así los músicos podrán prepararse con anticipación —agregó.

El pequeño grupo abandonó el despacho dejando a Greco a solas, envuelto entre sus pensamientos; la situación de Nick y Judy se le hacía de una manera muy familiar. Ellos se amaban, no había duda de ello, su hijo amaba tanto a esa presa como él había amado tanto a la madre de este.

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Nick aguardaba en la terraza a la espera de la cena, había pasado un breve período de tiempo desde que llegó al lugar, no había hecho nada más que admirar el paisaje y sentir la brisa hondear su pelaje. Dejó escapar un pequeño suspiro y sonrió a la suerte que había tenido en los últimos días, no solo de haber salido con vida de aquél incidente, sino que ahora volvía a estar con Judy, y ésta había correspondido sus sentimientos, de alguna manera debía celebrarlo.

Llevaba en su mano un puro desde que llegó a la terraza, aunque había permanecido apagado desde entonces, ahora finalmente lo había llevado a su boca, sacó su encendedor y la llama estaba por encender la punta, pero entonces se detuvo.

—¿Lo interrumpo? —preguntó Judy detrás de él.

—Para nada —respondió el zorro dando media vuelta, aun con el puro en la boca y por supuesto apagado.

—¿Sabía que era yo?

—Mi sentido del oído no es tan bueno como el suyo, pero reconozco a casi todos los que están aquí, en cambio usted Judy, sigue siendo todo un misterio, así que fue fácil determinar que era usted—explicó.

—¿Sabe? Creo que la manera correcta de usarlo, es encendido —comentó Judy con una sonrisa.

—Es cierto —rio Nick, finalmente sacando el cilindro de su boca—. Lo haré más tarde.

—¿Por qué no ahora?

—No tengo intención alguna de perjudicar a mis hijos, y mucho menos a usted —le dijo con gentileza—. El humo puede ser muy dañino ¿Sabe?

—En ese caso procuraré estar cerca de usted más tiempo—insinuó Judy mientras caminaba hacia él.

—¿Y eso por qué?

—Así jamás volverá a fumar —le respondió mirándolo.

—Oh ¿No le gusta que lo haga entonces? —le preguntó sonriente.

—Claro que no, podría matarlo tarde o temprano y yo no quiero eso —contestó.

—Haré mi mejor esfuerzo entonces —quería darle gusto a su coneja—. Pero no puedo prometerle mucho.

—Puedo obligarlo entonces —coqueteó con inocencia.

Ahora había un pequeño silencio aunque para nada incómodo, a decir verdad era algo más placentero que hablar, no se lo explicaban pero se estaban diciendo mucho más sin siquiera abrir la boca, se entendían a la perfección.

— ¿Puedo preguntarle algo? —la coneja rompió el silencio.

— ¿Va a dejar de hablarme de usted? —sonrió el zorro que estaba de pie a unos metros de ella.

—No lo sé —rio con dulzura—. Supongo que es costumbre.

— ¿Cuándo vamos a dejar los formalismos?

—Me gusta así, señor Wilde —sonrió Judy.

— ¿Y es lo único que le gusta de mí? —insinuó el zorro.

Ese zorro sí que lograba hacerla sonrojar en un instante —No —se ruborizó ligeramente—. No es lo único —acariciaba su barriga.

— ¿Sucede algo? —preguntó el zorro al notar el gesto—. ¿Se siente bien?

—Sí, estoy bien, solo... —hizo una pausa para sentir a sus pequeños—. No paran de moverse.

—Puede ser que adoran escuchar su dulce voz —mencionó.

—O tal vez la suya —se atrevió a decir mirándolo a los ojos.

El zorro sonrió y se acercó a ella, la miró por unos segundos para hincarse y poner una de sus manos sobre el vientre de la coneja.

— ¿Seróá cierto? —preguntó Nick—. ¿Me escuchan?

—Le escuchan —dijo Judy, no dejaba de sentir pequeñas patadas en todo el vientre.

—Nunca había sentido algo así —murmuró el zorro.

—Quisiera que desde un principio ellos fueran...

—Lo son, Judy —la interrumpió en seco—. No vuelva a mencionarlo, estos niños son míos, yo me haré cargo de ellos.

—Aprecio su gesto pero...

—Shh —puso un dedo sobre los labios de ella—. Ya hablamos de esto Judy.

—Lo sé —bajó su mirada.

— ¿Qué le he dicho de bajar esa mirada? —insinuó Nick.

Judy se volvió a mirarle y le dedicó una sonrisa —Gracias.

—Gracias a usted, por aparecer en mi vida —le dijo sonriente mientras le acariciaba la mejilla.

—Hay algo que me da curiosidad —la coneja intentaba cambiar el tema.

—¿Qué cosa?

— ¿Dónde está su madre? —preguntó impertinente.

Nick se quedó estático por escasos segundos, en cuanto recobró conciencia de sí mismo, se levantó y dio la espalda a Judy.

— ¿Dije algo malo? —dijo avergonzada y llena de culpa.

—No, no —respondió—. Solo que hace mucho que nadie me preguntaba por ella.

— ¿Dónde esta? —indagó más.

Nick tardó varios segundos antes de poder contestarle —Murió.

Judy sabia esa respuesta pero su duda era como fue que murió —Oh, lo siento, creo que entiendo cómo se siente.

—Sí, irónico eh —se giró a verla al pensar como las madres de ambos fueron asesinadas, una coincidencia tan desafortunada —. No importa, pasó hace 27 años.

— ¿Qué fue lo que le sucedió? —Judy simplemente no sabía cuándo detenerse—. ¿Estaba enferma?

—No —contestó con indiferencia—. No estaba enferma —miraba hacia el jardín recordando ese suceso de hace 27 años. Su madre en aquella habitación discutiendo con Greco, Nick abajo de la cama, solo escuchando el estruendo del arma y seguido de eso, ella cayendo al suelo creando un charco de sangre.

— ¿Qué pasó? —los pensamientos del zorro fueron interrumpidos por esa última pregunta.

—La asesinaron —no había ni la más mínima pizca de dolor en su voz.

Judy en cierta forma comprendió, Nick siempre ha estado en ese ambiente de balas y persecuciones, era lógico que la vida de alguno de sus padres terminara de manera trágica.

—Y su padre no...

—Por favor, Judy —interrumpió Nick—. Prefiero dejar ese tema por ahora, no es algo que me guste recordar.

—Lo lamento, discúlpeme.

—Está bien, entiendo que quiera saber de mi pasado, está en su derecho, pero podremos tener esta conversación en otra ocasión.

—Sí, no se preocupe.

—Iré a ver a qué hora tendrán la cena lista —se despidió de ella tomando su mano para besar sus nudillos.

Judy lo observó retirarse, sintiéndose algo apenada por su zorro y la manera en que reaccionó ante todas esas preguntas, sin duda era un tema algo delicado para él.

—Aún tiene resentimiento —habló una voz detrás suyo.

Judy dio un pequeño salto al ver a Greco en la entrada de la terraza.

— ¿Qué fue lo que le ocurrió a su esposa? —la curiosidad aun invadía a la coneja.

—Nunca fue mi esposa —comentó Greco acercándose para tomar asiento en una de las sillas.

—Nunca fue… —murmuró.

—No creo que Nicky vaya a contarte la historia.

— ¿Historia?

—Aún es demasiado para él.

— ¿Qué ocurrió?

Greco suspiró para mirarla, Judy le recordaba en cierto modo a Jenna, la madre de Nick, ambas llenas de dulzura e inocencia, con los ojos repletos de ternura y amor.

—Al igual que Nick, yo también me enamoré de alguien prohibido —el recuerdo de Jenna aun invadía sus pensamientos.

—¿Terminó muy mal? ¿Quién pudo ser tan desalmado para dejar a un pequeño sin su madre?

Greco suspiró, respiró profundamente y alzó la mirada al cielo, en cierta manera buscando algo de "Redención" por lo que respondería a continuación.

—Yo.