Este capítulo no me quedo tan largo ¡Hurra! XD, el siguiente seguro será para valientes jajaja XD, nah nunca para tanto, si salé muy largo lo divido en dos, para no matar la vista de nadie jajajaja

Aclaraciones: Los personajes de este fic no me pertenecer (como lo he repetido un mil veces), sólo hago esto a modo de diversión, y para desahogarme un poco... creo XP.

Ahh debo decir que en este capítulo incluí unas pequeñas escenas de Gonzo x Tetra, nada muy sugerente, pero necesarias para la trama o para el drama mejor dicho XP

Sin más los dejo con la historia...


EL SECRETO DE LA ROSA


En el capítulo anterior...

— Ustedes lo sabían —murmuró el rubio como ido.

— ¿Qué? —Todos se sorprendieron de aquellas palabras, ¿De qué estaba hablando el chico?

Link se levantó, tambaleándose un poco y con fuerza golpeo la pared más cercana con su mano empuñada.

Recordaba perfectamente la desesperación de la muchacha justo antes de que todo se saliera de control, había algo en él que siempre lo supo, pero lo había bloqueado, había escondido ese pensamiento sin querer buscar una explicación lógica al increíble parecido físico que tenían la "ladrona" y la princesa. Había sido un estúpido todo este tiempo. La había tenido siempre delante de él y no había sido capaz de verla.

— Sabían perfectamente que Tetra era Zelda ¡¿verdad?! —Elevó su voz, sintiendo por primera vez el peso del significado de esas palabras.

El grupo de bandidos intercambio miradas confundidas y luego, Niko asintió, confirmando aquello que Link ya sabía de antemano. Los demás presentes quedaron mudos al escuchar aquella noticia, no podían creer lo que Link acababa de decir.

— No puede ser verdad —murmuró Ashei llevando sus manos a su rostro, cubriendo con ellas sus labios, sintiendo como sus ojos se llenaban de lágrimas.

¿Tetra era Zelda?

¿En verdad eso era real?

¿La princesa estaba viva?

No podía ser posible... no podían creer que la esperanza de Hyrule había estado viviendo con ellos durante todo ese tiempo.


.-.-.-. Capítulo 13: Despedida .-.-.-.


De pronto sintió como su mundo se desmoronaba, era extraño descubrir de un momento a otro que tuvo otra vida, que fue una persona totalmente diferente, que... que su vida ya nunca sería la misma.

Apretó con fuerza entre sus manos la del joven que yacía ahora inconsciente en la cama, en ese lecho oscuro, la habitación se sentía helada y serena, por la única ventana que había en el cuarto se adentraban pequeños haces de luna, reflejando la sombra de sus cuerpos en una pared cercana. Él estaba afiebrado y se veía mal, demasiado mal, en su rostro se marcaban oscuras ojeras amoratadas, sus labios habían perdido color y a pesar del bronceado curtido en su piel por toda una vida bajo el sol, ahora parecía pálido, demasiado lánguido... sin vida.

— Por favor... aguanta un poco más —le dijo al tiempo que volvía a cambiar el paño húmedo que ahora descansaba sobre la frente de él.

Se sentía impotente, frustrada, culpable, un sin fin de emociones la embargaba en ese preciso instante. Era desesperante saber que tenía el poder para hacer algo y no poder hacerlo, era responsable en gran medida de ese funesto desenlace y ahora que él la necesitaba lo había abandonado.

— Soy tan débil —murmuró sintiendo como el peso de esa realidad se materializaba en sus lágrimas, un silencioso lamento que no podía acallar— lo lamento tanto, Gonzo.

— Todo está... está bien —murmuró a duras penas, podía percibir la falta de fuerza, cada movimiento se le hacía horrendamente tormentoso, cada palabra parecía abrir un profundo hueco en su pecho. Le costaba respirar, pero no quería alejarse de ella, no quería que ella sufriera nuevamente.

— Gonzo —lo llamó sonriendo sin notarlo al escuchar su voz, por un segundo creyó que no volverían a cruzar nuevamente una palabra, y aquella pequeña luz le había dado un breve minuto de dicha. Aún una vaga parte de ella tenía la esperanza de que ahora que estaba consciente todo estaría mejor, quería creerlo firmemente, deseaba que así fuera. — No te esfuerces, estoy aquí... sé que podre curarte... dame un poco de tiempo —le rogó, sabiendo a ciencia cierta que lo que le pedía era egoísta, demasiado tomando en cuenta que ahora la vida del muchacho pendía de un fino hilo, sabía que él estaba luchando contra el poder implacable de esa dura realidad de la que era difícil escapar.

— Princesa... por favor... escúcheme —quería que lo oyera, necesitaba decirlo, sabía que el tiempo se le estaba agotando y con cada segundo que pasaba era peor. Trató de moverse, pero no pudo más que levantar ligeramente su brazo, no tenía fuerza para hacer más, respiró profundamente tratando buscando el preciado oxígeno, y luego volvió a cerrar sus párpados, tratando de luchar contra esa molesta sensación de cansancio, odiaba sentirse así... tan débil... tan vulnerable.

— No Gonzo... soy Tetra... siempre lo seré para ti —lo contradijo sintiendo ese fuerte nudo en su pecho al verlo abatido, notando como su rostro se contraía producto del esfuerzo al intentar moverse— aguanta por favor... sé que puedes hacerlo... sé que puedo ayudarte.

Insistía inútilmente tratando de convencerse a si misma que era así, sabía que tenía el poder para ayudarlo, pero había agotado esa fuerza mística que le había otorgado la Diosa Hylia al nacer, en aquella última batalla había invocado un potente conjuro para poder escapar del castillo y ahora... ahora no tenía la capacidad de hacer nada.

De pronto aquellos sublimes rayos de luna desaparecieron, al parecer nubes oscuras cubrirían su rostro. Las había visto venir desde las montañas, pero a nadie les tomó importancia.

— Tetra... por favor —una horrible y agobiante sensación lo embargo en ese momento, en el instante en que fue consciente que no había vuelta atrás, no quería morir— no llores —le rogó sabiendo que era él el responsable de ese sufrimiento, la causa de ese dolor. Volvió a abrir sus párpados lentamente y entonces la observó, esbozando una trémula sonrisa volvió a admirarla en medio de esa tétrica oscuridad.

Ante sus ojos aquella admirable doncella era envuelta por un solitario dolor, uno que quería compartir, pero no ahora... no hoy. Se había obligado a creer que la vida sin amor tenía un encanto único, algo especial, se había conformado con admirarla a la distancia, sabiéndose indigno de ser dueño de tan dulce corazón, aquello que ella había despertado en él era único y maravilloso, algo que no creyó tener derecho a conocer. Tontamente se había enamorado de la joven que ahora llenaba sus recuerdos de momentos triviales, instantes que vivieron juntos y lo llenaron de felicidad.

— No quiero perderte —se sinceró, sintiendo como cada palabra cavaba un profundo hueco en su alma, sabía que se estaba apagando, sabía que luchaba inútilmente contra algo que no podían vencer.

— No me has... perdido —su voz ahora era más ronca que lo habitual, su garganta se secaba con cada silaba que pronunciaba, quizás debía reconocer que estaba delirando, que aquella mirada cargada de angustia en ella no era dedicada a él— ¿Recuerdas ese día... ese día... en la isla... de las Torres? —Era un tonto, se estaba yendo por las ramas sabiendo que no había tiempo para eso, pero no podía evitarlo, no podía dejar de ver ese pasado.

— Si... lo recuerdo —le respondió con firmeza, secando con el dorso de su mano sus lágrimas.

Ella se había hincado justo detrás de él y apoyando sus brazos sobre los hombros del muchacho recargó su cabeza en la cabeza de él, abrazándolo despreocupadamente.

Es una gran vista ¿no? Le dijo sonriente con la mirada perdida en el horizonte. La magnífica visión de un mar enorme e indómito justo al frente llenó sus sentidos, eso y las olas que chocaban con fuerza bajo el acantilado y traían a sus oídos, junto al sonido del mar, el canto de las gaviotas que revoloteaban sobre ellos. En verdad era una visión increíble, el magnífico ímpetu la naturaleza transmitido a través de cada ola.

Sí... una gran vista murmuró nervioso al sentirla tan cerca, sus mejillas se habían teñido de rosa. Y aún ante su ruda y fornida apariencia su corazón dio un brinco, inquieto.

Gonzo pareces una tabla, relájate le dijo riendo divertida al notar que su compañero se tensaba más de lo normal, estaba tan tieso que parecía estar conteniendo la respiración relájate insistió hablando más suave asomando su rostro por un lado para que pudiera verla, y cuando la mirada de él estuvo sobre ella, le guiñó con uno de sus ojos de forma traviesa y coqueta.

Se encontraban al borde de un gran acantilado, el mismo que terminaba junto con rocas enormes y afiladas, moldeadas por la fuerza y voluntad del mar, cada figura en esas piedras la había dibujado el paso del tiempo con el roce del agua salina que chocaba una y otra vez contra ellas, al igual que la espuma que trataba de escabullirse por los más increíbles rincones.

Todo era tranquilo.

Hacía calor, pero a esa altura una brisa agradable parecía susurrar trayendo secretos de muy lejos, los mismos que se colaban entre las hojas alargadas de las pocas palmeras que habían en esa alta formación de tierra, un poco más allá se alzaba una torre semejante y otro poco más una aún más alta y grande que las dos anteriores, todas estas "torres" de tierra y roca están unidas en su parte inferior, quizás en el pasado aquello había sido una isla grande, pero al parecer las inclemencias del clima y el poder del tiempo se habían encargado de que ahora sólo esas formaciones sobrevivieran.

Estoy relajado mintió cerrando momentáneamente sus párpados para pensar en otra cosa, para obviar el hecho de que estaban tan cerca y solos en esa peligrosa isla, al borde de un barranco pronunciado observando lo inmenso del mar.

No te deprimas Gonzo agregó la chica burlándose de él estoy segura que los chicos van a encontrarnos agregó pellizcando juguetonamente la mejilla enrojecida del chico.

¡Qué no estoy deprimido! Alegó molesto quitándose las manos de ella para levantarse, no podía dejarse llevar, no podía permanecer por más tiempo tan cerca. Quizás ella no le veía nada de malo, pero para él era toda una tortura sentirla cerca, así de cerca.

¿Te duele algo? ¿Tienes fiebre? Le preguntó insistentemente siguiéndolo con la mirada digo... estas muy rojo lo molesto levantándose para seguirlo.

Es el calor... hace mucho calor aquí arriba, se me está calcinando la cabeza había desviado su mirada a otro lugar, no quería volver a verla a ella.

La chica soltó a reír divertida, era cierto, Gonzo solía afeitarse la cabeza con una navaja, decía que no le gustaba el cabello en la cara y además según él, estar pelado le daba un aspecto más intimidante.

Volvió a sentarse bajo la escurridiza sombra de la palmera que estaba más cercana y suspiró hastiado. Pero entonces sintió que ella ponía algo sobre su cabeza.

No seas gruñón... ten le dijo al mismo tiempo que amarraba la pañoleta que solía usar en su cuello para ponerla sobre la cabeza del chico, era una anticuada pañoleta de color rojo intenso, nada del otro mundo Creo que te queda bien así sonrió admirando el nuevo aspecto del chico.

Gonzo volvió a sonrojarse e inconscientemente llevo su mano hasta su cabeza, nunca nadie había tenido un gesto así con él y menos una chica, bueno tampoco se relacionaba mucho con las "chicas", después de todo se había dedicado a ser un ladrón, como los llamaban en el continente y si estaban en el mar... eran piratas. Pero a fin de cuentas era un bandido, como fuera y donde fuera, se beneficiaba de lo que tenía que beneficiarse y sacaba buen provecho de quieres tenía que sacarlo. Vivía de las cosas simples y era un ermitaño, viajaba constantemente con su grupo buscando nuevos tesoros y grandes riquezas.

Pero... es tuya Tetra le dijo con la intención de quitársela, en verdad se sentía extraño al estar recibiendo eso de ella.

¡Que va! Ella se había hincado justo delante de él, pero agachada era más pequeña que el chico sentado tómalo como un regalo, una muestra de agradecimiento por todo lo que han hecho por mí.

Tetra yo...

No podía creerlo, ella estaba ahí justo frente a él, observándolo fijamente con una bonita sonrisa. Tetra era una chica especial, con un pasado doloroso, uno que ella misma no quería recordar, pero ahora que las cosas parecían haberse calmado y que la conocía mejor, no quería que lo recordara.

Se llevaban bien, ella y el grupo, de hecho, con la ayuda de la joven habían conseguido buenos botines, Tetra solía planear las cosas con mucha meticulosidad y estaba siempre investigando, buscando nuevos lugares, tesoros perdidos y cosas por el estilo, parecía divertirse con esa tarea y bueno... había sido la misma curiosidad de la muchachita la que había terminado llevándolos a esa isla. Lamentablemente no habían conseguido anclar bien, y producto de algunos malos cálculos habían perdido la pequeña embarcación en la que hacían su exploración.

La joven acomodó un rebelde mechón de cabello detrás de su puntiaguda oreja, aún esbozaba una sonrisa despreocupada y alegre. El viento sopló con fuerza desordenando su claro cabello atado en una alta coleta.

Gonzo observó como ella respiraba profundamente reflejando una grata sensación en su rostro al percibir esa brisa marina, estaba como atontado mirando en cámara lenta cada imperceptible movimiento de su parte, veía como sus labios se movían pausadamente diciendo algo que por un instante no pudo escuchar.

No tienes que darme las gracias Gonzo insistió la Hyliana aun sonriendo, apoyando una de sus manos en el hombro del joven dándole unas pequeñas palmaditas para que despabilara, había notado que parecía estar en otro mundo somos una familia, ¿no?

¿Eh? Aquello lo había tomado por sorpresa.

De pronto sintió que todo el "encanto" del momento se desmoronaba, quizás para ella eso nunca había sido algo romántico, estaba claro que la joven no lo miraba con esos ojos, de hecho, le tenía tanta confianza que hasta diría que lo veía como un familiar cercano, un íntimo amigo, pero nada más. Suspiró resignado al notar que estaba remando sólo una embarcación que no tenía rumbo, o quizás lo tenía, pero su destino se alejaba con cada brazada que daba.

¿De verdad te sientes bien?

¡Claro qué si! ¡Eres como mi hermana! mintió sintiendo que esas palabras la alejaban aún más de su corazón, sabiendo que esa mentira mantendría su relación como siempre. Y entonces, sonrió. Estoy bien, en serio.

No me asustes le pidió golpeando suavemente la frente del chico con uno de sus dedos, para luego volver a levantarse y clavar su mirada en el horizonte.

Y nuevamente sus pensamientos se perdieron observándola a ella, quien parecía quitarse la pereza de encima entrelazando sus dedos y extendiendo sus brazos hacia el cielo al tiempo que bostezaba.

— Ese día... ese día... te dije algo —agregó a duras penas, acercando su mano a la de la muchacha que reposaba sobre la cama.

Zelda al notarlo se apresuró a sujetar la debilitada mano del chico con la suya, tratando inútilmente de darle fuerzas. No sabía a donde quería llegar, pero más que revivir ese recuerdo, le preocupaba que Gonzo se esforzará más de la cuenta.

— No tiene importancia —quería que dejara de hablar, sentía que con cada palabra lo perdía.

— Si la tiene —insistió él, debía decirle aquello de lo que nunca tuvo valor, aquello que había ocultado por largo tiempo por temor al rechazo— ese día... ese día te mentí.

— ¿Qué? —No lo entendía o quizás muy en el fondo no quería entender, pero no había tiempo para preguntas, no había más tiempo para explicaciones.

— ¿Sabes? —Estaba en otra parte, en un lugar lejano donde el viento sopaba con fuerza y el aroma del mar cautivaba sus sentidos con un placentero vaivén de olas... de espuma que se perdía en el horizonte donde podía ver el sol, y entonces lo escuchaba a ella, llamarlo una y otra vez a la distancia, se sentía embelesado por ese hermoso instante, uno que ahora lo veía claramente aún en medio de esta oscuridad— siempre soñé... con un beso... un beso que te robaría... a orillas del mar...

No hubiera podido ser de otra manera, después de todo era un ladrón, como todo buen ladrón pensó inclusive robar su corazón.

Y entonces exhaló fuertemente, su mirada estaba perdida en el techo de esa habitación, pero ella sabía que él no estaba ahí, su mente había viajado a otro mundo... a otro lugar muy lejano y ahora su alma lo acompañaría.

Su corazón se detuvo un instante, se sentía ahogada, incapaz de poder respirar, había visto como en un instante el tenue brillo en los ojos del joven se perdía, sus ojos se habían opacado perdiendo esa luz... ya todo se había acabado.

— ¿Gonzo? —Lo llamó esperando que sólo fuera una ilusión, que aquello que había visto fuera una mentira, una tonta jugarreta como muchas otras que le había hecho en el pasado, pero no obtuvo respuesta, seguido de sus palabras no hubo más que silencio... un desolador silencio— ¿Gonzo? —insistió levantándose de golpe, haciendo que el banquillo donde había estado sentada cayera de bruces al suelo, un sonido pesado y hueco acompañó ese acto y luego... luego nuevamente todo enmudeció— ¡Gonzo! —Exclamó moviendo con fuerza desmedida el cuerpo ahora inerte del muchacho, sintiendo que eso no era real, que aquello no había sido su último dialogo— ¡No te vayas, no me dejes! —Soltó ese llanto que había estado conteniendo por largo rato, pero no había caso, no había consuelo. Se había lanzado sobre el joven para abrazarlo con fuerza, queriendo retroceder el tiempo.

La puerta se abrió de bruces y al cuarto ingresaron con prisa desmedida gran parte del grupo que había estado hasta ese momento "conversando" en la sala de estar.

— No puede ser —Ashei ahogó un grito de horror al ver la escena.

— ¡Gonzo, Gonzo! —Gran parte de los compañeros del chico se adelantaron tropezando entre ellos para tratar de ayudar.

Impa corrió para sacar a la chica de la escena, y sujetándola de los hombros la jaló para que se separara del hombre, ella no decía nada, pero se aferraba con fuerza a Gonzo como si su vida dependiera de ello.

Link observaba horrorizado, estaba pasmado en el umbral de la puerta, no podía creer que el joven que yacía sobre esa cama ya no se levantaría, pero muy en el fondo tenía claro que él estaba muerto, que ella no lloraría de esa manera si no fuera así. Una fuerte punzada en el pecho lo hizo retroceder un paso, de pronto la culpa comenzó a agobiarlo como lo habían hecho durante años esas infernales pesadillas. Respiró profundamente y recorrió con su vista y un semblante pálido las reacciones que acompañaron a los camaradas de Gonzo, en un comienzo lo movieron esperanzados e incrédulos, se detuvieron inclusive a revisar sus signos vitales y entonces sus rostros reflejaban aquella verdad a gritos que nadie se había atrevido a pronunciar. Despegó su mirada de aquella escena y volvió a buscarla a ella, para ese momento Impa ya había conseguido separar a la Princesa del chico, pero no alcanzó a dar más de tres pasos antes de caer abatida al suelo respirando con dificultad, Impa le hablaba, pero ella no respondía, al parecer no podía hablar.

— Respira pausado —insistía la mujer apoyando su mano en la espalda de ella. No había palabras que pudieran consolarla, lo sabía, pero al menos podía tratar de conseguir que ese amargo peso la dejara recuperar el aliento.

— Impa... yo... —estaba en shock, quería decir tantas cosas, pero no podía, no había forma de verbalizar lo que ahora estaba sintiendo y de pronto aquel conocido sentimiento de culpa volvió a embargarla, una vez más, no sabía si lo soportaría... no sabía si estaba dispuesta a vivir así. Ella tenía el poder para salvarlo, pero no lo había hecho ¡No había podido hacer nada! — ¡Maldición! —Gritó con fuerza golpeando el suelo con sus manos empuñadas presa de la desesperación.

— Debes tranquilizarte —le dijo apoyando una de sus manos en la de ella, no quería verla sufrir de esa manera, y le dolía entender que ahora el peso que cargaba sobre sus hombros se hacía cada vez más grande, más aplastante. Había tenido la esperanza de recuperar a la Princesa, había pensado que si ella recuperara lentamente sus recuerdos todo andaría bien, ella los asimilaría de forma lenta y pausada y podría seguir, mirando el pasado como lo que era, pero no había sido así, todo se había precipitado de forma vertiginosa y ahora ella se veía enfrentada no sólo a esa explosión de información, sino que además acababa de revivir el peso que deja consigo la muerte. — Todo estará bien —quería llorar, pero no lo haría, no podía ser tan débil, no podía dejar que ella la viera abatirse de esa forma.

¿Todo estará bien? ¡¿De verdad le estaba diciendo algo como eso?! ¿Acaso era eso lo que le hubiera dicho si la hubiera vuelto a ver después de perder a su padre, a sus amigos, a su gente? Ella no la entendería, nadie aquí podría entender lo que estaba sintiendo, nada estaría bien, ni nada sería como antes... no podía recuperar aquello que había perdido, nunca más volvería a ver a Gonzo, aquello... aquello era un adiós, un hasta siempre.

— Esta muerto —declaró como en trance, ya ni siquiera tenía lágrimas para derramar— Gonzo está muerto —y por primera vez sintió el peso que conllevaban aquellas palabras, esa realidad implacable con la que ahora tendría que lidiar— ¡Eres un estúpido! —Gritó levantándose de golpe, tropezando al avanzar, quería alcanzarlo, pero sus piernas le fallaron una y otra vez— ¡Eres un maldito estúpido! ¡Me prometiste que no me dejarías ¿lo recuerdas?! ¡Era una promesa! —Una vez junto al joven golpeó su cuerpo, como si fuera un muñeco, trataba aún inútilmente de traerlo de vuelta— ¡Maldición Gonzo abre los ojos! ¡Mírame una vez más! —La chica lloraba mientras los ladrones trataban de calmarla inútilmente, el silencio del cuarto se había perdido, y con ella la engañosa tranquilidad— ¡Hazte hombre y mírame ¿me tienes miedo? ¿Qué demonios te pasa?!

— Tetra... el no responderá —Niko trató inútilmente de contenerla, pero la chica lo empujo con fuerza desmedida, alejándolo.

— Vamos Gonzo... yo se que estas ahí... tienes que despertar... no me asustes así... —su voz parecía suave, extrañamente más tranquila, pero a ojos de todo se notaba que la chica había enloquecido, algo en ella no estaba bien— este juego no me parece divertido —insistió sonriendo apoyando sus dos manos en el rostro del bandido— ¿Gonzo? —Lo llamó nuevamente sintiendo como sus manos temblaban.

Pero él no iba a responder, nunca volvería a hacerlo.

Link consiguió algo de valor y entró al cuarto, sentía que debía hacer algo, que parte de esto era su absoluta responsabilidad, su mente era inundada por una sensación de culpa y remordimiento que trataba de contener, en verdad quería mantener la calma, pero aún así sentía que debía hacer algo, que no podía dejarla sola, no ahora. Mientras avanzaba Impa intentó detenerlo, sujetándolo de uno de sus brazos.

— No vayas —le dijo seriamente, tenía un mal presentimiento. — No es buen momento para eso.

— Tengo que ir Impa —insistió con una determinación que ni la mujer pudo detener, por lo que al cabo de unos momentos el Hyliano volvió a avanzar. En verdad no le importaba la reacción de ella, sólo sentía la imperiosa necesidad de estar a su lado, de darle esa fuerza que sabía ella necesitaba, quería demostrarle que estaba ahí para lo que fuera, tal como él hubiera deseado que alguien lo hiciera cuando se había sumido en ese profundo abismo de su mente al perderle hace años atrás.

Odiaba verla así, destrozada, pero en el fondo podía entender cada sensación, cada molesto pensamiento, cada desgastante sentido. Con cada minuto la culpa y el remordimiento crecerían, sabía que se odiaría, que lo odiaría a él, que luego sentiría el deterioro de su mente, la misma que afectaría indudablemente a su cuerpo, envolviéndolo en oscuridad... conocía todo eso y más.

— Estaré aquí —agregó deteniéndose justo detrás de ella aún con ese semblante sombrío, sin tocarla, sin decir un "todo estará bien" "el tiempo curará el dolor" "él se ha ido, pero seguirá viviendo en ti" "no sabes como lo siento", sabía que todo eso no eran más que palabras vacías que no se harían realidad, frases que no apaciguarían su dolor.

No existía tiempo que curara ese padecimiento, por más que este pasara y la vida siguiera su curso, siempre aquel malestar regresaría, quizás con el paso del tiempo podría sobrellevarlo con altura de miras, pero aún así le dolería. No había nada peor que perder a un ser querido, un familiar, un amigo, alguien realmente importante y trascendental en tú vida. Y por más que quisiéramos sentirlo cerca, por más que deseará imaginarlo a su lado, nunca sería igual, él nunca regresaría, lo sabía perfectamente porque también lo había vivido, había deseado olvidar, luego recordar, después sentir... pero al final nunca fue igual, no hasta que descubrió que la Princesa estaba justo delante de él, como si fuera una mentira, una ilusión o quizás un grandioso sueño. Pero sabía que eso no se repetiría para ella.

— Sólo vete —le dijo con voz apagada, no quería hablar con nadie, no deseaba ver, escuchar, ni sentir nada. Sólo estaba ahí observando como el cuerpo del chico perdía lentamente su calor, pronto no sería más que una entidad fría e impávida, era... era una visión horrenda y ella... ella no podía dejar de temblar.

— No me iré, me quedaré aquí... contigo... el tiempo que sea necesario —insistió dudando un segundo si apoyar su mano sobre el hombro de la muchacha o simplemente seguir en esa misma posición, sólo observándola.

Ashei había bajado, al igual que una parte de los ladrones, la mayoría estaba demasiado devastados como para permanecer en ese cuarto. Pero Niko se había quedado y observaba sintiendo que su cuerpo también perdía calor, odiando esa molesta sensación que ahora llenaba el aire y los asfixiaba.

— ¡Largo! —Gritó molesta, aferrándose a todo lo que le quedaba para poder elevar su voz, casi no tenía fuerzas.

— No te dejaré sola —la contradijo Link, quien al fin había alcanzado el hombro de la muchacha con su mano.

— ¡Déjame en paz! —Volvió a gritarle mientras alejaba la mano de él con un brusco movimiento, girándose para poder enfrentar su mirada— ¡Por tú culpa Gonzo está muerto! —No quería culparlo, en verdad no quería, pero necesitaba un responsable, necesitaba imperiosamente quitarse ese horrendo peso de encima. En verdad lamentaba que aquel dolor y confusión que sentía recayera en el chico, pero no pudo contener sus palabras, no podía simplemente callar.

Link sintió una fuerte punzada en su pecho al oírla, al ver las lágrimas caer por su rostro, al notar que ahora lo miraba con desprecio. Él sabía que algo así iba a suceder, se creyó preparado para oírlo, para sentirlo, pero no era así, aún a pesar de su fuerte deseo por querer darle un salvavidas, sentir que esa culpa volvía a caer sobre sus hombros era un peso que no sabía si podría cargar solo, pero tendría que hacerlo, debía hacerlo por ella.

— Lo siento —se disculpó bajando su mirada apretando con tanta fuerza sus puños que casi se hirió, era extraño estar del otro lado, pero ¿Qué más podía hacer? ¿Había alguna forma de ayudarla realmente? En realidad, era el responsable de este funesto desenlace. Fue entonces cuando deseo morir, quería reemplazar el cuerpo de Gonzo por el suyo y olvidarlo todo.

— Ya basta —Impa se había adelantado para intervenir, si seguían con esta discusión abrirían heridas que quizás no podrían sanar, no había magia que curara las llagas del corazón. — Nadie tiene la culpa de nada, y aunque así fuera ¿algo cambiaría? ¿De verdad piensan que culparse traerá de vuelta a este chico?

— ¡Si ellos hubieran hecho lo que yo les dije nada de esto hubiera pasado! —En verdad no importaba las razones, pero las necesitaba, quería comprender en parte como todo había terminado tan mal— ¿Por qué me siguieron? ¡¿Acaso no comprendieron que estaba dispuesta a morir, que ya no quería seguir luchando?! ¡Estoy harta de ustedes, del maldito Rey, de esta vida! ¡Sólo quiero que todos desaparezcan y me dejen en paz! —Ya no soportaba estar ahí, necesitaba respirar, quería estar sola. — No quiero volver a verte —ahora jalaba al chico de la camisa y luego lo empujo, apartándolo. Quizás en el pasado se hubiera lanzado a sus brazos a llorar, pero ahora no podía, sus pensamientos y acciones se veían impulsadas por la irá, por el resentimiento, por un profundo dolor que calaba un hueco profundo y doloroso en su pecho.

Y entonces huyó, salió corriendo de ese lugar tan rápido como sus piernas y ese molesto vestido que usaba se lo permitieron, no quería seguir dañándolo, no deseaba verlo, no en este estado, no con esta anarquía que ahora gobernaba su mente y amenazaba con vencerla. Link quiso seguirla, a pesar de todo la seguiría, pero Impa volvió a detenerlo.

— Dale un respiro Link —insistió muy a su pesar— déjala asimilar todo lo que ha ocurrido, su mente es un caos en este momento... ella ni siquiera sabe quien es en realidad.

Impa tenía razón.

Suspiró cansado y apoyando una de sus manos en la pared más cercana trató de respirar, trato de alejar la oscuridad que ahora rodeaba ese cuarto, la misma que inundaba sus pensamientos con ideas infaustas.

La mujer volvió a avanzar, y luego de cerrar los párpados del bandido lo cubrió por completo con la sabana, ya no había más que ver. Luego camino hasta Niko y lo ayudo a levantarse, el chico también respiraba a duras penas y estaba tan pálido que parecía que en cualquier momento iba a caer.

Fue sólo entonces cuando Link pudo sentir como las lágrimas volvían a caer por su rostro, dejando escapar aquello que había estado tratando de contener.

— ¡Maldición! —Gritó frustrado por la situación, por perderla a ella, por que Gonzo fue una víctima más de Ganondorf. Deseaba vengarse, en verdad tenía una imperiosa necesidad de buscarlo y acabar con todo esto que habían comenzado hace años.

Un fuerte trueno rompió con el silencio y con sus más profundos pensamientos, una inesperada tormenta se desató en medio de ese clima cálido y primaveral, no era tiempo de lluvias, pero eso era algo de lo que no tenían control, igual que sus destinos marcados por la lucha y las despedidas.

¿Por qué todo había terminado así?

Ese instante donde habían vuelto a encontrarse duró tan sólo unos minutos, esa efímera felicidad había sido arrancada de su alma a tirones y nuevamente esa tenue luz comenzaba a titilar... pronto se extinguiría al igual que sus esperanzas. La había perdido, había vuelto a perderla.

Los pasos de alguien acercarse con prisa no lo sacaron de ese hoyo en el que él mismo se había metido, pero pronto la muchacha que apareció por el umbral de la puerta si lo hizo.

— Zelda se ha ido —Informó muy alterada.

— ¿Qué? —Impa también se alteró al escucharla.

— Intenté detenerla, pero no me escucho... se fue... momentos antes de que la tormenta comenzara.

— No puede ser —Ahora se sentía culpable, ella misma había sido la que había detenido a Link para que no la alcanzara.

— Tenemos que encontrarla —declaró el chico limpiando sus lágrimas y sacándose el molesto corbatín que tenía en el cuello, ese disfraz ya no tenía utilidad en donde estaban.

Continuará...


Sé que T-T me van a matar por matar a Gonzo, XD sonó como rima jajaja, debo ser sincera... en la versión original (osea en la idea que tenía hace años cuando empecé a escribir el fic) XD no moría, pero se fueron dando las cosas de forma diferente y esto va a hacer un clic en la Princesa y en Link, creo que era lo que faltaba para que ambos reaccionaran. Antes había una discusión, pero se suponía que iba a ser por el "beso" entre Ganondorf y Zelda, pero ahora sentí que eso era una idea algo tonta para una discusión después de todo lo que estaba pasando XD, así que necesitaba una mejor razón para la "pelea". ToT Perdóname Gonzo... en verdad... no sabía lo que hacía 9-9

También hay un pequeño "GonzoxTetra" en este capítulo, creo que es el primero que hago en mi vida XP, ¡Viva! Algo nuevo para mi XP

Antes de despedirme, quiero hacer una pequeña dedicatoria, quiero dedicarle este capítulo a todos aquellos que han perdido algo importante en sus vidas, a mis primos, que perdieron a su mamá, a mi padre que también perdió a los suyos, a mi pareja que perdió a su pequeño hermanito, a mis amigas (ustedes saben de que hablo), y bueno... sólo eso... quiero que sepan que todos compartimos un mismo sentimiento, que quizás siempre estará ahí, pero hay que seguir, lamentablemente el tiempo no se detiene y la vida sigue avanzando y uno... puede dejar simplemente que pase o seguir luchando, dar gracias de estar aquí y aprovechar cada instante con aquellos que amamos para que el día que tengamos que despedirnos sintamos que hicimos todo y más, que compartimos todo lo que pudimos, que les dijimos todo lo que había que decir.

También quiero agradecer a todos los que siguen esta historia y mis otras historias, la siguiente que actualizaré será "Mi verdadera Identidad", que después del capi que subiré, empezará ya con el climax XD, en algún minuto tenía que llegar a la parte donde Link ya tiene que ponerse los pantalones y cumplir con su cometido ¿no?, la verdad es que la famosa escena donde Link va a matar a Zelda la tengo escrita hace... ufffff jajajaja XD voy a buscar la fecha del archivo y cuando la suba la pondré, para no olvidarme de cuantos milenios han pasado hasta que al fin llegue a la dichosa escena jajajaja

Ya ahora sí que me despido.

Saludos!