Hola! Qué tal?^^
Yo con mucho calor e intentando relajarme un poco, aunque parezca mentira XD
Bueno, bueno… Tras el intenso capítulo anterior, que constituía el final de la primera parte, aquí les traigo el primer capi de la segunda parte!
Quisiera agradecer de todo corazón a aquellos que leyeron y comentaron el capi anterior, porque es la primera vez que un capi de este fic recibe tantas reviews (y eso que de por sí tampoco son mucho XD), y siento que floto en una nube de felicidad T-T Ojalá siempre fuera así… En tal caso, mil gracias! :)
Ahora sí, dentro capi!
Disfruten leyendo!^^
**..**
Parte II: Lo que no pudo evitar.
"Esa engañosa palabra mañana, mañana, mañana, nos va llevando por días al sepulcro, y la falaz lumbre del ayer ilumina al necio hasta que cae en la fosa"
Macbeth, de William Shakespeare.
Capítulo I: Quien perturba la paz de un joven.
Las luces de un sol recién salido del horizonte se colaban por entre las cortinas de su habitación, haciendo sombras sobre su rostro.
A pesar de que había amanecido no mucho tiempo atrás, Eren ya se encontraba despierto, viendo esas sombras deslizarse por cada rincón de su desordenado y pequeño cuarto. Como una amenaza vana, efímera.
Miraba como si estuviera buscando algo, aunque ni él mismo sabía qué.
Resopló y dio una vuelta en la cama, enredándose todavía más de lo que ya estaba con las sábanas.
Debía levantarse pronto, tenía trabajo que hacer, pero es que sencillamente no tenía ganas de hacerlo. Por una vez, le gustaría tomarse el día libre, estar un rato solo, tranquilo…
-¡Eren!
Cerró los ojos fuertemente y dio otra vuelta sobre el colchón.
Escuchaba los pasos acercarse por el pasillo, firmes, ligeramente rápidos. Por supuesto, era Mikasa.
-Eren-dijo ésta, entrando en la habitación tras abrir la puerta; al ver que estaba despierto, bajó el tono de voz-Si no te das prisa, no te dará tiempo a desayunar antes de hacer los encargos.
Eren suspiró, incorporándose hasta quedar sentado.
-Podrías llamar a la puerta antes de entrar, Mikasa-le dijo, obviando lo que Mikasa antes le había dicho.
-Mamá dice que vayas enseguida, o te quedarás sin desayuno-dijo, como ultimátum.
-Bien, bien, ya voy. Ahora, sal de mi cuarto-al ver que no lo hacía, añadió-Voy a cambiarme de ropa.
Al darse cuenta de ello, Mikasa se sonrojó levemente, escondió la parte inferior de su rostro en la bufanda roja que el propio Eren le regaló tiempo atrás, y abandonó la estancia sin decir nada más.
Eren volvió a suspirar cuando Mikasa cerró la puerta tras ella.
Adoraba a Mikasa, quien desde hacía años se había convertido en su hermana, pero en ocasiones era agobiante lo sobreprotectora y persistente que podía llegar a ser. A veces sentía que se asfixiaba.
No era precisamente solo por Mikasa. Sus padres también. Su vida. No sabría explicarlo, pero no se sentía del todo cómodo en esa vida, en su piel. A veces, deseaba ser alguien más.
Quizá pensaba así porque estaba harto de su rutina.
Tenía sueños y aspiraciones, pero dada su condición actual, seguirían siendo eso: sueños y aspiraciones que no podía siquiera llevar a cabo.
De mala gana y con resignación, cogió su ropa limpia y fue al baño para asearse y cambiarse.
-Aquí está el dormilón-le dio la bienvenida su madre cuando fue a la cocina; ya tenía el delantal manchado de mantequilla. De mermelada no; la mermelada era algo que solo se permitían muy de vez en cuando.
Eren contuvo una sonrisa ante aquello. Su madre hacía una comida deliciosa, pero era demasiado torpe para otras cosas, incluso cuando eso incluía la propia preparación de esas comidas.
-Buenos días-se limitó a decir, tomando asiento frente a un tazón de leche y una tostada que, como comprobó al darle un mordisco, ya estaba fría.- ¿Y papá?
-Ya ha salido-le contestó Carla, su madre, mientras intentaba limpiarse las manos en el delantal, ya manchado, sin éxito.
-¿Alguna urgencia?
-No que yo sepa-Carla suspiró-Pero dijo que tenía que empezar la ronda por la parte más alejada de Shiganshina, por lo que prefería irse temprano.
-Ajá-dio otro mordisco a la tostada.
Su padre, Grisha Jaeger, era uno de los pocos médicos, sino el único, con los que contaba el distrito pobre de Shiganshina.
Si bien su padre siempre tenía pacientes a los que atender, no todos siempre podían pagarle por sus servicios (Shiganshina era un lugar pobre, y había zonas dentro de ella que eran especialmente deplorables) y Grisha, lejos de no atender a esta gente, no le importaba hacer su trabajo sin obtener nada a cambio.
-No es que no obtenga nada a cambio-solía decirle a Eren-Gano el que haya más gente sana donde vivimos. La salud antes que el dinero.
Aun a pesar de decir esto, debido a que Carla, de constitución débil, no podía trabajar fuera de casa, con el dinero de Grisha no daba para todos, menos cuando adoptaron a Mikasa Ackerman, hace ya varios años.
Por eso, Eren y Mikasa se habían visto en la necesidad de, incluso a edades tempranas, empezar a trabajar.
Desde buscar leña y arar los pocos campos de cultivo que por la zona había, a sus ahora diecisiete años, Mikasa trabajaba en la panadería del barrio, mientras que Eren se encargaba de hacer todos los pedidos que pudiera. Era el chico de los recados. Solía repartir pan, ropa lavada y planchada, que de eso se ocupaba su madre en casa, frutas y madera. Eren llevaba a cuestas todo lo que podía y le pedían. Así se ganaba unas cuantas monedas.
No había sido fácil. Podría decirse que tenía algo de mala reputación por su barrio, incluso desde que era más pequeño. Esto era debido a que Eren es muy temperamental, y si a eso se le une su poca paciencia y su cabezonería, pues casi parecía normal que estuviera un día sí y otro también peleándose con algún matón del barrio. Normalmente, hombres y jóvenes que se metían con otras personas.
Eso era algo que Eren no soportaba: la injusticia.
"Y los imbéciles"
-Eren-miró a su madre-Tengo preparada la ropa de la señora de la frutería. ¿Podrías llevarla cuando termines de desayunar?
Eren dio un último trago a su taza.
Así y con todo, debido a aquella ajetreada rutina, no tenía tiempo para otras cosas apenas.
Y eso que él lo único que quería era unirse a la milicia y explorar el mundo más allá de los muros.
Dejó la taza, ya vacía, en la mesa.
-Sí, mamá.
En ese momento, Mikasa cruzó la estancia.
-¿Ya te vas?-le preguntó Carla.
-Sí. Volveré para la comida.
-Está bien-Carla dirigió entonces la mirada a su hijo-¿Y tú, cariño? ¿Vienes a comer?
Eren sacudió la cabeza.
-No sé cuánto tardaré con los encargos de hoy. Me es más fácil llevarme la comida y comer en cualquier lado.
Era la verdad. Pero también era porque le apetecía tener tiempo para sí mismo.
-Ah…-Carla suspiró-Me lo imaginaba. Por eso te he preparado un almuerzo. Así que no te olvides de coger tu morral para llevarlo.
Eren sonrió.
-Gracias, mamá.
-Yo ya me voy-dijo Mikasa.
Pero Eren, al ver que no se movía de su sitio, supo por lo que estaba esperando su hermana adoptiva.
Se inclinó sobre ella y le depositó un beso en la frente, como cuando hacía de pequeño para calmarla o darla seguridad.
-Que tengas un buen día.
Mikasa sonrió imperceptiblemente bajo la desgastada bufanda roja.
-Lo mismo digo-y desapareció por la puerta.
Después de que Carla le mandara a lavarse los dientes (Eren se quejó diciendo que no era una niño al que tuviera que decirle o recordarle esas cosas; Carla se limitó a sonreír), Eren se calzó y cogió el gran cesto de mimbre que su madre le tendió, lleno de ropa blanca.
-Que no se te caiga-le dijo; a pesar de la sonrisa, Eren sabía cuándo su madre hablaba en serio, con un matiz de advertencia-Que no es fácil lavarlo todo y dejarlo bien doblado-le dio un beso en la mejilla.
Eren, que no había doblado una camisa en su vida (tampoco parecía preocuparle), se limitó a asentir.
-Me voy.
Cuando atravesó la puerta que daba a la calle, el sol, que ya había salido de entre las murallas, le saludó con un pequeño fogonazo en los ojos.
Echó un vistazo atrás, sabiendo de ante mano que Carla siempre se asomaba a la ventana para verle marchar, y se despidió solo con una sonrisa, principalmente porque sus manos se hallaban ocupadas sujetando aquel cesto, tan lleno, que temía que realmente pudiera caérsele el contenido. Rezaba por que no fuera así.
A aquellas horas, aun a pesar de ser relativamente temprano, las calles de Shiganshina ya bullían de actividad. Las personas humildes trabajando para ganarse el pan de cada día, los pícaros buscando una oportunidad para robar alguna fruta y los niños correteando, viviendo aventuras fantásticas que nunca vivirían.
-Eh, ¡cuidado!-se quejó cuando unos niños pasaron a su lado corriendo, golpeándole ligeramente las piernas, haciendo que se tambaleara; sujetó con más fuerza el cesto.
Los niños rieron.
-¡Lo siento!-dijeron al unísono, no sintiéndolo en absoluto, para salir corriendo nuevamente, alzando palos al aire como si de espadas se trataran.-¡Vamos, acabemos con los demonios!
El ceño de Eren se oscureció al oír aquello.
Solo eran niños que jugaban, pero la amenaza de los demonios era real. Tan real que cuando la luz se escondía y las sombras pululaban, corrías el riesgo de encontrarte uno de ellos en cualquier esquina oscura.
Claro que tenían los Muros. Los tres grandes Muros que la gente pudiente defendía que les protegían de los demonios: Maria, Rose y Sina.
En realidad, Eren pensaba que era una estupidez. ¿Para qué querían muros tan altos? Es cierto que la gran mayoría de los demonios era incapaz de acceder a la población humana debido a ellos, pero eso no quitaba que pudieran materializarse en las sombras dentro de las murallas, como tampoco que hubiera demonios que pudieran escalar o, incluso, volar para llegar al otro lado de los muros.
Las personas, especialmente los pobladores de Shiganshina, por estar resguardados únicamente por el muro Maria, por las noches, cuando la oscuridad lo puebla todo, se encierran en sus casas, dejando velas y candiles encendidos esperando que duraran toda la noche, así como amuletos y talismanes que repelían a los demonios; o al menos eso decía la Iglesia, que se encargaba de bendecir aquellos objetos místicos siempre que alguien lo requiriera, siempre y cuando hicieran un pequeño donativo a la Iglesia. Eren solo lo veía como una forma de sacar dinero.
Si bien él tenía varios talismanes en su casa, principalmente porque sus padres así lo querían, veía estúpido buscar protección en algo como eso.
Si uno quería defenderse y defender lo que le importaba, debía hacerlo con sus propias manos.
Por eso deseaba unirse a la milicia, para combatir a los demonios que hacían que vivieran con miedo, encerrados entre aquellos muros mientras el mundo, vasto y amplio, se extendía más allá de ellos, esperando ser explorado.
Había tanto que no sabía, y tanto que deseaba saber…
-¡Eren!
Estaba tan metido en sus pensamientos, que dio un pequeño respingo al oírse llamado.
Por poco se le cae el cesto, pero un segundo par de manos lo evitó.
-Oh, por poco-un chico le saludó al otro lado del cesto.
Eren le devolvió la sonrisa.
-No habría pasado nada si no me hubieras asustado, Armin.
-En realidad, te he estado llamando varias veces, pero no me respondías-se puso a su lado, y ambos retomaron el camino.
-Ah… Lo siento. Estaba distraído.
-¿En qué pensabas?
Eren sacudió la cabeza.
-En nada-Eren se fijó entonces en que su amigo de la infancia, Armin Arlert, llevaba algo bajo el brazo-¿Y ese libro?
La sonrisa de Armin se ensanchó ante la pregunta.
-Es otro de los libros que he encontrado en la biblioteca de mi abuelo-dijo, pasando páginas-Mira.
Se detuvieron para que Eren pudiera echar un vistazo.
Los ojos de Eren se abrieron más de lo normal ante la sorpresa.
-¡Es el océano!-exclamó, entusiasmado-No me lo puedo creer. ¿Has encontrado otro libro sobre el mundo exterior?
Armin asintió efusivamente, contento con su descubrimiento.
-Sí. No es muy extenso como alguno de los anteriores que encontramos, pero es el que más ilustraciones tiene-volvió a pasar páginas-Mira-repitió.
-Las praderas de arena…-murmuró Eren, maravillado.
-Así es. Hay un montón de descripciones de todos esos sitios. ¡Es tan increíble que no parece real!
-Ja, ja. Y que lo digas.
-Bueno, ¿qué me dices? ¿Le echamos un vistazo?
Eren dirigió una mirada tentativa al libro. Si por él fuera, se pasaría horas enfrascado en una lectura como esa.
-Lo siento, tengo tareas que hacer.
-Sí, me lo imaginaba. En realidad, yo tengo que ir a ayudar a mi abuelo a arar la tierra en un rato.
Armin nunca fue un chico demasiado fuerte y atlético para ese tipo de trabajos, pero era lo mínimo que podía hacer por su abuelo, su único pariente vivo que le cuidaba y daba un techo bajo el que vivir y comida con la que llenar el estómago. Por no hablar de los tesoros que parecía esconder la pequeña biblioteca.
-Tengo que llevar esto a la frutería-dijo, señalando el cesto de ropa con la cabeza-Si puedes, acompáñame, y luego ojeamos el libro un poco.
-Claro.
Ninguno planteó la idea de que pudieran ir leyendo el libro en voz alta mientras caminaban. No, claro que no. Aquello no era una opción. A fin de cuentas, ese tipo de escritos estaban vedados desde hacía años.
Las fuerzas del orden y los más acaudalados no querían que la gente pudiera desear algo más allá de las murallas; los disturbios por intentar salir o por que se hiciera algo más respecto a los demonios no se harían esperar.
En realidad, bastante riesgo estaban tomando ya al haber sacado aquel libro a la calle. Pero nadie hacía caso a un par de chavales de diecisiete años que solo intentaban ganarse unas monedillas y algo con lo que matar el tiempo.
Pasaron al lado de los restos de una gran hoguera. Las personas pasaban a su lado como si nada, acostumbrados ya a su presencia, el olor a quemado, el humo disipado y las cenizas que levantaba el viento.
Una gran llamarada de luz en mitad de la oscura y tenebrosa noche, a modo de barrera y aviso a los demonios. Y una gran pila de cenizas cuando el sol sustituía a las estrellas.
Solían ponerse hogueras en los puntos de vigilancia, especialmente en los muros, pero al estar Shiganshina tan solo protegida por uno de los muros, también se distribuían esas hogueras por las calles, en los rincones donde apenas llegaba la luz.
-Oh, buenos días, Eren, Armin.
-Buenos días, señora. Aquí traigo su pedido.
-Gracias, gracias-dijo la frutera, rechoncha (quién lo diría llevando una frutería y viviendo en Shiganshina, donde la comida más bien escaseaba) y sonrosada, como algunos de los productos que vendía-Dale las gracias también a tu madre.
-Lo haré, señora.
-Pero qué encanto. Toma-dijo, dándole la paga correspondiente y, además, un par de manzanas-Para los dos. Con el sol que hace, no quiero que os dé una insolación o algo por el estilo. Aún estáis creciendo, muchachos.
-Muchísimas gracias-dijeron al unísono los dos jóvenes.
-Por cierto, Eren, ven un momento a la trastienda. Tengo un encargo para ti.
Eren lo supuso, y aun así, no pudo evitar desinflarse. Contuvo un suspiro y siguió a la mujer.
Para cuando volvió al lado de Armin, cargaba una caja de madera con cinco kilos de frutas variada.
Tras darle las indicaciones de adónde debía llevar aquel cargamento, y recordarle de no perder y/o comer ninguna de las piezas de frutas, Eren y Armin retomaron su camino.
-No paras, ¿verdad?-dijo Armin, dándole un mordisco a su manzana; no todos los días se conseguía una pieza de fruta fresca a primera hora de la mañana.
-No-Eren esta vez sí suspiró. Al tener las manos ocupadas, la manzana de Eren reposaba en el bolsillo del pantalón, esperando por un momento de paz para poder hincarle el diente.
El cesto de la ropa, ahora vacío, lo llevaba Armin para facilitar el transporte a Eren.
-Bueno, no es como si pudiéramos hacer otra cosa-comentó su amigo.
-Siempre nos quedará unirnos a la milicia.
Armin clavó la mirada en Eren.
-¿Aún sigues pensando en eso?
Eren frunció el ceño.
-¿Acaso no debería?
-Teniendo en cuenta que tus padres te lo llevan prohibiendo desde… ¿los quince años?, creo que no.
-Armin, sabes perfectamente que eso no habría sido un impedimento. Es simplemente que me necesitan en casa, para esto-miró la caja llena de comida-Y no pienso abandonarles.
-Lo sé, lo sé. Ya te dije que a mí tampoco me importaría unirme-Eren le miró con cara de circunstancias-Oh, ya sé que no soy bueno en nada físico, pero podría desempeñar otro tipo de tareas. Cartógrafo, estratega, cosas así.
-La verdad es que eso te pega más-Eren rió.
Armin le dio un codazo.
-Para, o se me caerá la fruta.-dijo, aún sonriendo.
Poco después de que Eren cumpliera con su segundo encargo del día, Armin se despidió.
-Tengo que ayudar a mi abuelo. Nos vemos en otro momento.
-¿Te traerás el libro?
Armin asintió.
-Que te vaya bien el resto del día.
-Igualmente.
El resto de la mañana fue bastante ajetreada, pero nada fuera de lo normal. En su barrio ya era conocido como el chico de los recados, por lo que nadie ponía reparos en ponerle encargos, y si bien cuanto más trabajo tuviera más dinero ganaba, eso no quitaba que acabara exhausto.
Pasó un par de veces por casa, devolviendo el cesto de la ropa de su madre. Él lo devolvía vacío, y ella se lo llenaba.
A veces el día no parecía tener fin.
Eren casi cacareó cuando llegó la hora de la comida. Era el único momento del día en que estaba liberado, y podía hacer lo que quisiera. Aunque estaba tan cansado, y por la tarde tenía que seguir trabajando, que al final se limitaba a comer y descansar un poco.
Sí, la misma rutina de siempre.
Con el flequillo pegado a la frente debido al sudor del esfuerzo y al calor del mediodía, con el morral con su comida esperando ser devorada, junto con la manzana, Eren se encaminó a la periferia de Shiganshina.
Hacía tiempo que Eren había encontrado, por casualidad, un sitio al que, al final de su jornada matutina, terminaba yendo.
Se trataba de una pequeña pradera en uno de los resquicios del bosque que rodeaba la parte sur de Shiganshina, alejada de la puerta que comunicaba Shiganshina con el resto del muro Maria, y un poco más allá, el muro Rose y el distrito Trost, y además estaba a bastantes manzanas de su casa. En realidad, había que adentrarse un buen trecho en el bosque para llegar a la pradera, y eso que de por sí cerca del bosque había pocas viviendas, lo que significaba que se trataba de un lugar tranquilo, ajeno, donde él podría disfrutar de un buen descanso y dejar su mente vagar.
Pasando por entre los árboles, esquivando raíces salidas de la tierra y ramas que le entorpecían el camino, sonrió inconscientemente al ver cómo los rayos de sol se empezaban a colar por entre los árboles, claro aviso de que se acercaba a la pradera.
Cuando llegó al claro del bosque, visualizó el árbol en el que solía protegerse bajo su sombra, para comer y echarse una siesta.
Pero cuál fue su sorpresa, tras dar un par de pasos al frente, al ver que ya había alguien bajo la sombra de su árbol predilecto.
Por puro acto reflejo, se escondió tras el tronco del árbol más cercano.
"¿Pero qué estoy haciendo?", se reprendió entonces.
Echó un vistazo nuevamente desde su improvisado escondite.
No estaba demasiado lejos, por lo que pudo apreciar que se trataba de un hombre, que se encontraba recostado contra el tronco del árbol, al parecer leyendo un libro.
Eren frunció el ceño.
A juzgar por las ropas de aquel sujeto (demasiado limpias y de calidad) no pertenecía a Shiganshina (¡Ni siquiera tenía los zapatos desgastados!).
"Seguramente sea de Trost", pensó Eren.
Habrá conseguido algún permiso especial para pasar la frontera entre muros. Las personas más adineradas de Trost tenían muchas más posibilidades para llevar aquello a cabo que cualquier persona humilde de Shiganshina. Más bien, era poco probable que alguien de Shiganshina saliera del distrito.
Aquello enfureció a Eren hasta límites insospechados. ¿Qué hacía allí el que seguramente no era más que un maldito niño rico y consentido? ¿Acaso no tenía suficiente con todas sus comodidades que tenía que venir a uno de los pocos sitios con vegetación del distrito más pobre de Maria?
Se fijó en un caballo que pastaba no muy lejos del que debía ser su amo. Claro, había venido a caballo (Eren nunca había siquiera montado en uno), uno que parecía de buena raza, por no hablar de la buena silla de montar.
Si bien le molestaba la presencia de aquel individuo, pensaba que quizá era algo fortuito. Quizá tenía algo que atender en Shiganshina y había venido aquí a perder un poco el tiempo (al igual que Eren) y seguramente mañana ya no estaría.
Convencido de eso, Eren dio media vuelta y volvió a adentrarse en el bosque.
Sacó la manzana de su bolsillo y le dio un buen mordisco.
Al parecer, la rutina del día de hoy se vio ligeramente variada.
A Eren no le preocupó. A fin de cuentas, estaba demasiado acostumbrado a ella como para saber que al día siguiente todo volvería a ser igual.
*.*.*
"Igual"
Así se supone que debía ser. Entonces, ¿¡por qué demonios aquel hombre seguía exactamente en el mismo lugar que ayer!?
Eren le maldijo en su fuero interno. ¿Es que acaso había perdido el único sitio que le proporcionaba un poco de paz?
"Ah no, de eso ni hablar"
Y sin pensárselo más, salió de entre las sombras de los árboles a la pradera, dirección al árbol en el que siempre descansaba y que se veía invadido por otra persona.
Si había algo que le caracterizaba, eso era ser impulsivo.
Pasó de largo el caballo y en una cuantas zancadas se situó frente al hombre, mirándolo desde arriba.
-Oye-habló.
El hombre levantó la vista del libro y clavó su mirada en Eren, el cual sintió un pequeño escalofrío al devolverle la mirada a aquellos ojos, grises y afilados como un cuchillo recién pulido. No recordaba haber visto una mirada tan cautivante nunca, mucho menos en Shiganshina, lo que le hizo recordar el motivo por el que había hablado a aquel intruso en su remanso de paz.
-¿Qué quieres, mocoso?
Eren frunció más el ceño ante el apelativo que el otro usó con él. Oh, genial.
-Quiero que te largues-dijo sin contemplaciones.
Sus ojos parecieron afilarse más.
El hombre cerró el libro, pero no hizo amago de levantarse.
-¿Y por qué demonios iba a hacer eso?-replicó, con voz profunda.
Eren se cruzó de brazos.
-No entiendo que hace aquí un maldito pijo de Trost. Este no es tu sitio, así que lárgate-repitió.
-¿Crees que esa es manera de hablar y tratar a tus mayores, mocoso de mierda?
-Váyase, por favor-dijo, con sarcasmo claramente marcado, haciendo pose de reverencia.
Apenas había intercambiado un par de frases con aquel hombre, y ya no era capaz de aguantarlo.
El hombre no se inmutó. Quizá su ceño se había fruncido más (difícil de decir, dado que parecía tenerlo de manera permanente) debido a la molestia de tratar con Eren. Se le pasó por la cabeza levantarse y darle un puñetazo en la quijada (quizá así dejaría de joderle) pero no le daría la satisfacción al mocoso de levantarse de ningún modo, aun si fuera para pegarle.
Por eso, volvió a apoyar la espalda contra el tronco del árbol, abrió el libro e intentó retomar la lectura.
Eren le contempló con fascinada molestia. No podía creer lo que estaba viendo.
-¿Acaso no me has escuchado?
-Perfectamente, mocoso. Pero no esperes que te haga caso-le contestó, sin levantar la vista del libro.
Aquel comportamiento hacía que la poca paciencia de Eren se tambaleara, amenazando con desatar una tormenta, si es que no se había desatado ya.
-No vas a irte, ¿verdad?-dijo, cansado, evidenciando lo que pasaba.
-¿Acaso eres tan estúpido como para no verlo?
-Pues yo tampoco pienso irme. Este era mi sitio antes de que tú lo invadieras.
-Haz lo que quieras, mocoso, aunque no veo tu nombre por ninguna parte-contestó, aún con la vista clavada en el libro, lo cual hacía más bien para molestar al joven, ya que debido al escándalo que montaba era imposible concentrarse para leer; esperaba que así se fuera de una puta vez.
-Tampoco es como si supieras mi nombre-replicó Eren de mala gana.
-Tampoco es como si me interesara.
Entonces la cabezonería de Eren se hizo presente de otra manera. No le daría el gusto de dejarle tranquilo. Quizá con esto conseguiría que no apareciera en la pradera ningún otro día.
Se dejó caer al lado del hombre. Se sentó bajo el árbol y clavó su mirada en él, quizá aún con la esperanza de echarle, pero el otro no se movió. Eren se fijó a esa altura en el pelo azabache del otro, con cierto corte militar. Su porte, denotaba tranquilidad.
Eren masculló entre dientes y se quitó del hombro el morral para abrirlo y sacar su comida. No iba a permitirle que le amargara la comida aquel día también.
Y un extraño silencio reinó entre ellos entonces.
Solo se escuchaba el viento, pájaros que pasaban cerca volando, algún que otro relincho del caballo del hombre y, claro, a Eren comiendo.
En la tranquilidad que había, el masticar y tragar de Eren era claramente audible, especialmente si le tienes al lado.
-¿Es que ni siquiera sabes comer?-bramó entonces el hombre que tenía a su lado.
-¿Mm?-Eren le miró, con la boca llena; ¿y ahora qué quería?
-Pareces un maldito animal sin modales comiendo.
Eren frunció el ceño y tragó.
-Oh, lo siento si mis modales no cumplen sus expectativas, buen ciudadano de la clase alta-Eren volvió a hacer uso de su sarcasmo; nunca admitiría que le encantaba meterse con los adinerados de aquella manera. Bastante mal le habían tratado a lo largo de su vida. Definitivamente, no le caían bien en absoluto.
-No tiene que ver con clases ni mierdas de esas. Es tener un mínimo de civismo.
Eren puso los ojos en blanco. ¿Qué más le daba al otro cómo comía, si se ensuciaba o lo que fuera? No era su problema.
-Lo que tú dig…-Eren se cortó a media frase al ver el libro abierto sobre el regazo del hombre de Trost; Eren pronto se olvidó de lo que estaba haciendo o iba a decir-¿Es un libro sobre el mundo exterior?-murmuró, sorprendido.
Fue a replicarle, pero se sorprendió por lo que el joven había dicho, si bien su rostro no denotaba sorpresa alguna.
-¿Cómo lo has sabido?
-¿Lo es?-Eren no pudo evitar sentirse emocionado, como cada vez que veía algo referente al mundo que anhelaba explorar-¿En serio?
Entonces, sin contemplación alguna le quitó el libro y empezó a ojearlo ante la incomprensión del hombre, que no podía evitar quedarse mirando cómo Eren parecía maravillado con lo que había encerrado entre esas páginas.
-El océano…-murmuró, mirando una imagen que adornaba una de las páginas-También vienen descripciones sobre posibles animales que habitan esas aguas… ¡Es increíble! ¿No lo crees?-se giró para encarar al otro; sus ojos parecían brillar.
El hombre se quedó un momento estático, sin saber cómo reaccionar. Era la primera vez que conocía a alguien tan interesado en el mundo exterior, y que no fuera para quemar todo lo referente a ello ni para injuriar por blasfemia.
-¿Te gusta el mundo más allá de los muros?-era una pregunta estúpida; más que nada, porque era imposible que el muchacho lo hubiera visto, y, aun así, se le veía emocionado hablando de ello.
-¡Me fascina!-exclamó, ojos y sonrisa radiante.
Sus ojos se quedaron mirando los contrarios por quién sabe cuantos segundos, pero poco después Eren cayó en la cuenta de lo que estaba pasando.
Se supone que odiaba a aquel tipo, quien había perturbado su remanso de paz, por no hablar de lo mal que había hablado de él. Poco importaba que tuviera un libro prohibido sobre el mundo exterior o lo interesantes que fueran sus ojos.
Eren se incorporó de golpe, dejando caer el libro al suelo.
-Eh… Yo…-no sabía qué decir, y se sentía estúpido.-Tengo que irme.
Terminó por coger su morral y salir de allí corriendo, sintiendo cómo la mirada de aquel misterioso hombre se clavaba en su nuca hasta que se perdió en la profundidad del bosque.
Y, mientras corría, alejándose de la pradera, preguntándose por qué lo hacía en primer lugar, se preguntó por qué ahora una parte de él deseaba que aquel extraño volviera a estar bajo la sombra de aquel árbol al mediodía.
Aquella, desde luego, no era su rutina.
**..**
Espero que les haya gustado! Dejen sus comentarios para que sepa su opinión!
Bueno, antes de nada, no, no me he equivocado de capítulo ni de fic XD Jajaja, sé que puede parecer confuso, pero este es el primer capi de la segunda parte de "Cursed". Según avance la historia, todo irá cobrando sentido (o al menos esa es la intención XD).
Me alegra ver que ya hay teorías y suposiciones respecto a la trama del fic, pero como han podido comprobar, parece que de momento no se resolverán (hay que avanzar más la historia, lo siento :P), por lo que no diré nada al respecto todavía ;) Creo que por el momento yo me conformaría con ver que aquí Eren está vivo! XD
Y bueno, creo que es obvio quien es ese hombre malhumorado y malhablado, no? XD
En tal caso, ha sido un capítulo bastante introductorio, pero teniendo en cuenta lo intenso que fue el capi anterior, un capi más tranquilito creo que no viene mal jajaja.
Prometo que en esta parte del fic habrá más romance ;)
Por lo que, si quieren saber más, ya saben, dejen sus reviews y hagan feliz al fic y a su autora (osea se, yo) XD
Como siempre, muchas gracias por leer y comentar!
Bye~!^^
