Just Made To Touch


Notas de la Autora: Feliz navidaaad! =D

HarukaIs: Sí, debería ser el turno de Rinoa de ponerse a pensar bien en serio sobre qué está pasando y qué debe hacer... Sin tanta tontería y jueguecito... Aún así, veamos qué pasa! =D

Rinoa Haatirii: Tú siempre quieres más! ò.o Pero bueno, mientras yo pueda dártelo, no te preocupes que así lo haré =w= (Hablamos de fics, no? XD) Sé que el final queda en plan... "chof"... pero ahí fue Quistis la que habló, no lo escribí yo! o.o El personaje es el que es, y tenía que hacer precisamente eso... En cuanto a que se lien ya de una vez... Bueno, eso también depende de ellas, no puedo presionarlas! XD

Neko-Tachi: Y ya van cuatro! XD Creo que se ha juntado mi épica más productiva con la tuya más ocupada! Qué cosas...


CAPÍTULO XIV: NUEVOS ALIADOS.


Shu continuaba masajeando mi espalda, con las manos sobre mis hombros, como si yo fuese algún tipo de boxeador esperando a oír el "clin", sentada en mi esquina del cuadrilátero.

- No te rindas, maldita sea – continuaba diciéndome, y yo seguía con la cabeza agachada y los codos apoyados sobre mis rodillas.

- Deja de hacer tonterías, Shu – le pedí, cansada –. No sé para qué te cuento nada...

Habían pasado varios días desde que Irvine volvió al Jardín, y lo que ocurrió después de aquello fue casi más sospechoso que el secuestro en sí. Ni Shu ni Cid ni nadie sabía nada, así que supusieron que aquello había sido una especie de broma pesada o algún tipo de venganza personal contra el vaquero. Según Shu, se estaba investigando quién podía estar detrás de aquello, y no descartaban que fuese alguien cercano. Por eso mismo nos pidieron que no corriésemos la voz.

Yo seguía viéndolo todo demasiado sospechoso, pero al mismo tiempo no quería darle más vueltas. Hacerlo seguramente me llevaría a cosas que no me gustarían, y ya había bastantes cosas en mi vida que no me gustaban. Como por ejemplo, lo que pasó aquella noche con Rinoa.

- Ella intentó algo, ¿no? - me dijo Shu, dándome un par de palmaditas en la espalda, y después se dirigió hacia su asiento – Eso significa que le interesas.

Yo negué con la cabeza aún apoyada en las palmas de mis manos, y después la miré con aire aburrido.

Rinoa había intentado algo, pero el resto de la noche fue tan absurdo que era imposible que aquello no lo fuese también. Además, nadie me sacará de la cabeza que lo único que estaba haciendo era jugar conmigo. Por el motivo que fuese. Tal vez no lo hacía por perjudicarme a mí, tal vez solo me había convertido en su nuevo entretenimiento... Sea como fuere, me parecía imposible que realmente tuviese algún tipo de interés en mí, y por supuesto, me parecía imposible que realmente hubiese alguna posibilidad de conseguir nada serio de aquello.

- Shu, no soy un pasatiempos – le dije yo -. No estoy en este mundo para que me presten atención durante unas semanas y después me desprecien durante la siguiente.

Así era como me sentía en aquel momento, y no tenía el más mínimo interés en permitir que aquella situación continuase. Por mucho que me molestase rendirme, no sería la primera vez que lo hacía. Me acostumbraría con el tiempo, igual que había hecho siempre, y poco a poco conseguiría olvidarme de todo aquello.

Shu no me contestó nada. Me miró con el ceño fruncido y los brazos cruzados, y después dejó escapar un profundo suspiro.

- No sé por qué te haces eso – murmuró, y después volvió a prestar atención a la pantalla de su ordenador. Sabía que no estaba trabajando, debía llevar gran parte de la mañana jugando a alguna tontería, como cada lunes. Solía organizar su trabajo por semanas, y según decía, prefería trabajar bajo presión.

- ¿Por qué me hago qué? - le sonsaqué yo. Sabía que cuando murmuraba algo así y luego se quedaba callada lo hacía sólo para provocarme. Y la verdad es que siempre lo conseguía.

- Cuando algo te importa te da por pensar que no eres lo suficientemente buena como para conseguirlo – sentenció -, y siempre terminas por rendirte.

La miré en silencio, con cara de pocos amigos, y finalmente ella me miró a mí y se encogió de hombros.

- Sabes que es verdad – dijo -. Eres la mejor en tu trabajo, pero cuando se trata de personas, a la mínima complicación te convences a ti misma de que no merece la pena, y te rindes...

Miré hacia el suelo, y guardé silencio. También solía soltar las verdades que más dolían así, de sopetón. Sabía que era como mejor funcionaban, y en cierto modo se lo agradecía. Sabía que lo hacía para que reaccionase de otra manera y que consiguiera aquello que ella pensaba que sería mejor para mí. Pero en aquel caso se estaba equivocando.

- No sé si lo haces porque crees que no mereces eso que es tan difícil de conseguir, o porque es más cómodo para ti no esforzarte para conseguirlo.

- No vas ha hacerme cambiar de idea, Shu – le corté yo, y me puse en pie. Aquella mañana no dejaban de rondarme la cabeza los últimos acontecimientos con Rinoa, y finalmente decidí contárselo a Shu para desahogarme. Y ya sabía que intentaría convencerme de que aquello era una buena señal, pero aún así, necesitaba contárselo a alguien.

- Venga, no te vayas – me pidió, y yo me giré de nuevo hacia ella.

Me miraba como disculpándose, y señaló hacia la silla en la que me había sentado nada más entrar.

- Ven aquí, no seguiré pinchándote – me aseguró.

Yo le aguanté la mirada, para dejarle bien claro que esperaba justo aquello de ella, y finalmente volví a tomar asiento. Ella tecleó algo, y continuó clicando de manera desordenada. Me miró un par de veces de reojo, mientras yo la observaba con los brazos cruzados, esperando a que volviese a decir alguna chorrada. Y siendo Shu, sabía que no me decepcionaría.

- Es una pena... - murmuró – Hasta yo estaría dispuesta a montármelo con Rinoa...

Fruncí el ceño, y esta vez no hice caso a sus peticiones. Fui directa hacia la puerta y puse rumbo a la enfermería. Kadowaki sería una compañía mucho más tranquila y menos molesta, seguro.


Me echó de su habitación casi a patadas. No habría sido justo decir que fue así, porque lo hizo a empujones, pero las maneras seguían siendo las mismas.

- ¡Rinoa! - dije. Fue lo único a lo que me dio tiempo, y después cerró la puerta en mis narices.

Maldije en voz alta y le di una patada a la superficie de madera, y justo después ella volvió a abrir. Me miró, enfadada, y comenzó a murmurar algo en voz baja. Pude sentir el peso del aire cambiar, y vi un brillo extraño en sus ojos, cuando vi la escarcha que iba formándose alrededor de su mano derecha, que comenzaba a alzar hacia mí, salí literalmente corriendo. Lo que la vida me había enseñado sobre las brujas enfadadas, era básicamente eso. No convenía estar mucho tiempo cerca de ellas.

Oí un portazo a mis espaldas, pero aún así no dejé de correr ni me volví a mirar hacia atrás hasta que estuve al final del pasillo. Rinoa había vuelto a entrar en su habitación, pero había una leve neblina en frente de su puerta, como si alguien hubiese abierto una cámara frigorífica. Yo me ajusté la gabardina, dejé escapar un resoplido malhumorado, y puse rumbo al despacho de comandancia.

Como cada día, Shu y yo intentaríamos hacer balance de la situación y pensaríamos en algo que pudiese hacer cambiar a cualquiera de las dos de idea. Hasta ahora no nos había servido de mucho hacer aquellas pequeñas reuniones, hiciésemos lo que hiciésemos, ninguna de las dos parecía dispuesta a cambiar de parecer. Quistis eludía el tema, ni siquiera le había contado a Shu nada de lo que había pasado, y ella no se atrevía a sonsacarle nada por miedo a que se pusiera a la defensiva. En cuanto a Rinoa... me contó lo que ocurrió, aunque no me dejó oírlo en directo, la muy...

En fin, el resultado fue que Quistis la rechazó de manera más o menos elegante y le dio a entender que no tenía nada que hacer. Rinoa seguía con sus dudas, aunque estaba mucho más decepcionada de lo que alcanzaba a entender. Yo estaba convencido de que lo que la hacía sentir así de mal no era no haber conseguido lo que se proponía, si no el hecho de que Quistis la hubiese rechazado. Aún así, cada vez que se lo insinuaba, terminaba justo así, echándome como a un perro de donde estuviésemos.


¡Cómo me hubiese gustado machacarlo a golpes!

Seifer me vino hecho una furia por haber cortado aquella llamada, hacía días. ¿Y qué queréis que os diga? ¡Yo aún no entendía como había podido esperar que no lo hiciese! Lo necesitaba ahí por si el plan no salía bien, pero no para que pegase la oreja como un cotilla baboso. Y eso no fue todo, no dejó de machacarme por haberlo echado todo a perder... como si no me sintiese lo suficientemente idiota ya...

Hice el ridículo, llamemos a las cosas por su nombre. Ahora lo veía más que claro. Cuando Seifer me explicaba paso a paso lo que debía hacer, había momentos en los que tenía la sensación de que no iba a conseguir nada bueno de todo aquello. Pero ahora me daba cuenta de que lo raro era que no hubiese pensado aquello constantemente y desde el primer instante.

En ese momento creo que estaba ante dos posibilidades: Asumir que lo que había ocurrido con Quistis hacía semanas había sido algo... que simplemente había ocurrido, y que no merecía la pena buscarle motivos ni causas, porque no tenía explicación alguna. Y la segunda opción era imaginar que lo había soñado, ni más ni menos.

Ahora lo veía claro, y tenía bien asumido que tomaría uno de esos dos caminos. Sin embargo, del dicho al hecho... dicen que hay un trecho, y no lo dicen porque sí. En aquellos días no había sido capaz ni de mirar a Quistis a la cara. Había vuelto a la estrategia de evitarla siempre que me era posible, y durante las clases había sido como un fantasma. No abría la boca en ningún momento, y me limitaba a tomar algunos apuntes, y salir prácticamente corriendo cuando terminaba la clase.

Miré hacia el horario que tenía colgado en la pared, con el planning de aquella semana, y mis ojos fueron directos a las clases prácticas de aquella tarde. Ese día tocaba salir a los alrededores del Jardín, a conseguir algunas extracciones de magias más básicas. Como la mayoría de clases sobre enlaces, aquella también nos la daría Quistis.

Llené mis pulmones, y después dejé salir el aire muy lentamente por la nariz, sin hacer ruido. ¿Qué sería más fácil? ¿Pasar página, aceptando sin más que toda aquella locura con Quistis no tenía razón ni objetivo, o hacer directamente como si lo hubiese imaginado?


Me senté sobre uno de los escalones que daban al ascensor, y observé a aquel grupo de alumnos mientras se organizaban. Desde donde estaba se les podía oír perfectamente, o por lo menos se podía oír perfectamente a Quistis, con aquel tono de instructora que tan bien le salía. Rinoa estaba con el resto de alumnos, un poco apartada tal vez, y no hablaba con nadie. Se limitaba a mirar hacia Quistis, casi escondida tras sus compañeros, y comprobar una y mil veces su arma.

- Sois 24, así que cuando estemos todos podréis organizaros en grupos de tres, como mejor os vaya – dijo Quistis, mirando por encima al grupo y haciendo algunas anotaciones en una carpeta que llevaba.

Muchos de aquellos alumnos ya estaban apartados en pequeños grupos de tres personas, mientras que otros se mantenían más mezclados, y alguno que otro parecía ir totalmente por libre. A aquellos que no encontrasen grupo, se los pondría juntos, como siempre. Volví a mirar hacia Rinoa, apoyada sobre una columna, bastante atrás, y supuse que prefería quedar en un grupo cualquiera antes que intentar meterse en ninguno.

Quistis miraba su reloj constantemente, y después miraba a su alrededor, buscando a los alumnos que faltaban. Unos minutos después llegaron dos chicos corriendo, los rezagados. Quistis apuntó algo más en aquella carpeta, y después movió un dedo de uno a otro, seguramente volviendo a contarlos. Otra vez miró el reloj, y frunció el ceño. Al parecer, seguía faltando alguien.

- ¿Tú no tienes prácticas? - me preguntó alguien, y yo me giré hacia aquella vocecilla.

Selphie había salido del ascensor, a mis espaldas, y me había encontrado allí observando a aquellos alumnos de otro curso.

- Nah... - dije yo, quitándole importancia – me han castigado sin jugar con mis compañeros.

Sonaba a broma, pero era cierto. Me habían sancionado con dos semanas sin clases prácticas por un pequeño accidente que había tenido durante un entrenamiento con un par de compañeros un poco nenazas. Al final ellos habían terminado en la enfermería, y yo había terminado aburriéndome más todavía durante las tardes.

- ¿A los alumnos castigados sin prácticas no los mandan a las aulas de castigo? - me preguntó ella, agachándose a mi lado para estar a mi altura. Yo la miré levantando una ceja. Prefería no tener que explicarle que me había saltado aquellas sesiones de detención.

- ¿Y tú no tienes un novio recién secuestrado al que dar mimitos? - le pregunté yo como contestación. Ella mi miró con los ojos como platos, y se apartó un poco de mí.

- ¿Cómo... - balbuceó – Cómo lo sabes? ¿Has tenido tú algo que ver en todo eso?

Reí en voz baja, y volví a mirarla con aire intrigante.

- Yo lo encontré en la puerta, ¿no te lo ha dicho?

Se relajó un poco después de pensar sobre lo que acababa de oír, y finalmente asintió un par de veces y miró hacia la escena que yo mismo estaba observando. Al parecer todos estaban listos para irse, pero Rinoa y otro muchacho continuaban apartados del resto del grupo.

- Bueno, no podemos esperar más – dijo Quistis, aún mirando hacia su reloj – Vosotros dos iréis conmigo.

Por un momento, Rinoa la miró con la expresión algo descompuesta. Estaba más que claro que no le hacía ninguna gracia. Mientras Quistis iba explicándoles el recorrido que harían, ella se acercó al grupo que tenía más cerca y les dijo algo en voz baja. Los demás le contestaron, al parecer negándole lo que ella les hubiese pedido, y finalmente todos se pusieron en marcha. Quistis iba detrás, junto al otro chico que había llegado tarde, y Rinoa miró a su alrededor. Por un momento hubiese jurado que saldría corriendo, y finalmente terminó siguiendo a su instructora, sin mucho ánimo.

- Y aún esperan que me crea que entre esas dos no ha pasado nada... - murmuró Selphie. Después hizo un ruidito de desaprobación con la lengua, y se marchó.

Por fin, la bombillita se encendió, y de repente se me ocurrió algo que podía ayudarnos a Shu y a mí. Me levanté de los escalones, y salí corriendo hacia el ascensor.


Para conseguir que un plan salga bien, hay que saber cómo llevarlo a cabo. Se debe tener bien claro el objetivo final, pero no puedes permitir que ese objetivo acapare toda tu atención y te impida ver el camino a seguir hasta él. Lo mejor es tener bien claros los pasos que debes ir tomando, y tomarte cada uno de ellos como un pequeño plan, con un pequeño objetivo, que te ayudará a llegar a la verdadera meta. Mi primer pequeño plan, era conseguir información.

Shu había hecho llamar a Selphie a su despacho, diciéndole que tenía una misión para ella. Algo la mar de normal, así que seguramente ni siquiera le habría dado mucha importancia a ese pequeño hecho. Lo que Selphie no sabía era que primero tendría que esperar un rato antes de entrar al despacho de Shu, y allí estaría yo con cualquier excusa para darle un poco de conversación.

Al parecer, Quistis ya le había hecho algún comentario a Shu sobre Selphie en plan suspicaz con ella y Rinoa. Al pareces la muchacha se olía algo, aunque Shu no sabía exactamente qué había pasado para que sospechase, ni qué era lo que sospechaba realmente. Para eso estaba yo allí, y según la información que consiguiese de ella, el plan sería de una manera o de otra de ahí en adelante. Si lo que Selphie sabía nos permitía utilizarla de manera segura para nosotros, le pediríamos la ayuda que considerásemos oportuna; si no, Shu la mandaría con otros dos Seeds a la primera misión que tuviese en su montoncito de "peticiones" de aquella semana, y desistiríamos en tomar aquel camino.

Oí el ascensor al llegar a aquel pasillo-recibidor, y después las puertas se abrieron para dar paso a mi presa. Cuando Selphie me vio allí no me prestó especial atención, me saludó con un movimiento de cabeza breve y una sonrisilla casual, y continuó hacia la puerta.

- Shu está ocupada, te va a hacer esperar seguro – le dije yo, y ella se paró en seco.

Parecía que dudaba de mi palabra, y al instante tocó a la puerta, ignorándome. Yo reí en voz baja, y al ver que Shu no contestaba, Selphie terminó por volver a girarse hacia mí esperando, suponía, que le diese más información sobre por qué debía esperar cuando la habían llamado pidiéndole que fuese a su despacho.

- A mí también me han pedido que subiese para regañarme un poco, pero está al teléfono – le expliqué –. Me ha dicho que me avisaría cuando terminase.

Pensó durante algunos segundos más, y finalmente se encogió de hombros, se acercó a la pared en la que yo estaba apoyado, y se sentó en el suelo. Durante el primer minuto se mantuvo callada, murmurando una estúpida cancioncilla, pero finalmente no pudo evitar mirar hacia mí sonriendo.

- ¿Y qué has hecho esta vez? - me preguntó.

Yo me encogí de hombros.

- Resulta que sí que tenía que ir al aula de detención esta tarde – dije sin más.

Ella movió la cabeza de lado a lado, dejando bien clara su opinión de desaprobación al respecto, y yo me separé de la pared y comencé a pasear de un lado a otro.

- ¿Y tú? ¿Te has metido en algún lío? - aquella pregunta podría considerarse genérica, era simplemente la manera de cerrar aquella parte de la conversación.

- Hoy no – dijo sonriendo -. Parece que tienen una misión para mí.

Dicho esto, podía comenzar con el interrogatorio sin más. Shu me había advertido que lo hiciese con sutileza, poco a poco y con precaución, no debíamos poner a Selphie a sospechar de nuestras intenciones también, pero a decir verdad, yo prefería seguir mi propio guión.

- ¿A qué te referías antes en las escaleras? - le pregunté, y ella esperó a que concretase algo más – Has hablado como si creyeses que pasaba algo con Quistis y Rinoa, no lo he entendido...

Sí, aquello no era ni sutil ni cauto, pero conociendo a Selphie, sabía que prestar atención a lo que hubiese dicho en algún momento sería suficiente para cegarla por completo. Cuando tenía algo que decir, atención era lo único que requería, y de hecho ella había comentado algo sobre Quistis y Rinoa, así que tampoco era tan descabellado que yo tuviese algo de curiosidad por lo que había dicho.

De repente sus ojos se abrieron mucho más de lo normal, y la sonrisa pasó a ser una expresión sorprendida y emocionada a la vez. Desde ese instante, empezaba la partida.

- ¿Tú también lo has visto? - dijo, irguiéndose un poco.

Viendo aquel brillo en su mirada, podía estar seguro de que iba por buen camino. Tenía que hacer ver que estábamos hablando de lo mismo, y me diría todo cuanto necesitaba.

- Bueno... - hice una pausa, como si dudase de contarle o no algo – A ver, no lo digo por nada... - mi voz y mi manera de actuar dejaban más que claro que sabía algo que no me atrevía a compartir con ella – A mí Rinoa no me ha contado nada, es sólo que...

- ¿Qué te ha contado? - me cortó, echándose hacia adelante y quedando apoyada sobre rodillas y manos.

Yo me quedé con la boca entreabierta mientras mantenía la respiración, como si me viese en un apuro al oírla preguntarme algo así. Evidentemente, parecía que Rinoa me hubiese contado algo.

- Nada, no me ha contado nada – le aseguré, y se notaba claramente que mentía – Es solo que... eso que has dicho antes... Parecía que sospechabas que había pasado algo entre ellas...

- Hay que estar ciego para no verlo – me aseguró, levantándose –. Irvine y los demás me dicen que imagino cosas, pero tanto ella como Quistis están rarísimas, y cuando intenté hablar con ellas las dos lo negaron, pero Rinoa mentía clarísimamente.

Yo alcé ambas cejas y reí en voz alta, mientras asentía enérgicamente.

- Se le nota tanto cuando miente... - dije, y ella asintió también.

El primer paso en aquella pantomima era hacer que Selphie confiase en mí plenamente en aquel asunto, y estaba más que claro que ya me la había ganado como aliada. Sin embargo, le había dado una migajita de información que la haría ser ella misma la que indagase en aquella nueva alianza, la sospecha de que yo sabía algo que ella no sabía.

- Dime qué te ha contado... - mi pidió, acercándose a mí y agarrándome de una manga con ambas manos. Yo la miré como si aquella pregunta me pusiera en un compromiso, y esperé. Estaba tan impaciente que casi podía sentirlo en el aire, a su alrededor.

- ¿Tú qué crees que ha pasado? - le pregunté finalmente, como si no quisiera zanjar el tema, pero como si no me viese con el derecho de contarle nada más.

- Creo que ha pasado algo con Squall – dijo, y mi fachada casi se desmontó. Por un momento estuve a punto de poner cara de mosqueo, como si aquella me pareciese la respuesta más estúpida posible, pero creo que ella solo vio un silencio dudoso en mí, así que continuó explicándome – Hace bastante que pasan temporadas sin hablarse o evitándose, a lo mejor durante tres días desaparecen, y luego parece que no ha ocurrido nada... - se cruzó de brazos, y frunció el ceño, como si rememorase detalle a detalle lo que me iba contando – Yo creo que se han peleado, y mi instinto de intrépida investigadora me dice que Squall tiene algo que ver.

- ¿Se han peleado por Squall? - conseguí balbucear al fin. Ella había hecho una pausa para añadir intriga a aquella emocionante conversación, y mis pensamientos sobre lo absurdo de aquella teoría casi no me permitían ni continuar siguiéndole el rollo.

- ¡Todo encaja! - Me aseguró ella, alzando ambos brazos en el aire – A Quistis siempre le gustó Squall, ella misma lo ha confesado, y justo cuando él y Rinoa rompen, de repente las dos dejan de hablarse.

Bueno, a decir verdad yo tenía bastante más información que ella, así que tampoco parecía tan descabellado pensar así si se partía desde aquellos indicios. Recompuse mi actuación, decidiendo que si ella pensaba aquello, ya nos bastaba para poder dar el siguiente paso. Cogí aire de manera sobreactuada, y después miré hacia la puerta de Shu. Antes faltaba una última pregunta, asegurarme de que ella se ofrecía voluntariamente para ayudarnos, y después podríamos entrar a aquel despacho.

- ¿Nos ayudarías... - pregunté, en voz baja – a ayudarlas?

Había algo de curiosidad en sus ojos, seguramente por oírme hablar en plural, pero siendo la más ferviente defensora de la amistad de todo el Jardín, sabía que plantearle aquello como el ayudar o no a un amigo sería suficiente para que nos siguiese a Shu y a mí al mismísimo fin del mundo.


Debía reconocer que Seifer sabía como conseguir lo que se proponía. Sus métodos eran un tanto peculiares en muchas ocasiones, pero mientras tuviese un mínimo de motivación en lo que hacía, podías contar con él.

- ¡Lo sabía! - dijo Selphie de nuevo, apretando los puños y mirando hacia el suelo con determinación. Habíamos dado en el clavo con ella.

Seifer entró con ella en el despacho, y los dos hicimos una pequeña actuación para la pobre muchacha. Tal y como él me aseguró, sólo tuve que asentir y seguir el hilo de lo que él fue diciendo. Y el escenario de la actuación quedaba tal que así:

Yo, como una de las más íntimas amigas de Quistis, me encontraba en la inmensa necesidad de ayudarla, ya que la veía sufrir por aquella extraña situación de la que no podíamos darle demasiados detalles porque ambas chicas habían sido muy cuidadosas con lo que nos habían dicho. Supuestamente Quistis me había contado que había discutido con Rinoa, aunque no me había dicho el motivo, y desde entonces tenía problemas para enfrentar la situación y el día a día como su amiga e instructora. Al mismo tiempo, me había pedido que no hiciese nada al respecto ni hablase con Rinoa, y por eso me encontraba atada de manos. En cuanto a Seifer era una historia casi calcada, pero en su caso él era el viejo amigo al que Rinoa había acudido para confesarle todo aquel asunto con Quistis, y el chico quería ayudarla a superarlo porque la veía arrepentida por aquella discusión.

Visto desde fuera y sabiendo lo que ocurría realmente y conociendo a Seifer, estaba más que claro que era todo una farsa, pero tal y como él me había asegurado, Selphie estaba tan metida en el asunto que parecía no darse ni cuenta de los pequeños detalles que encerraban sus sonrisas compasivas y sus gestos exageradamente emocionados.

- ¿Y ya habéis pensado en qué hacer? - nos preguntó, tomando asiento frente a mi escritorio y entrelazando los dedos sobre él.

- Creemos que bastará con conseguir que hablen de lo que ha ocurrido con tranquilidad – dije. Una vez Seifer había terminado de preparar el terreno, mi misión era simplemente describir lo que se nos había ocurrido.

- No creo que baste... - dijo Selphie, y yo alcé una ceja -. Aunque se eviten se ven por el Jardín y las he oído hablarse en más de una ocasión... No creo que el problema sea que no hayan hablado sobre lo ocurrido, si no que están intentando hacer como que no ha pasado nada, simplemente.

Yo asentí, y fingí estar de acuerdo, pero el plan iba a ser el que iba a ser, creyese Selphie lo que creyese.

- El problema es que estando en el Jardín siempre hay más gente alrededor... Están en una situación que les permite hacer como que no ha pasado nada... - le expliqué – Imagínate conseguir que estén las dos solas en una situación un tanto... incómoda... durante un cierto tiempo. Nosotros te podemos proporcionar la ocasión de conseguir esa situación incómoda, y tu misión es hacer todo lo posible porque sea lo más incómoda que puedas imaginar.

Selphie me miraba con concentración, y parecía no entender lo que decía.

- Como... ¿por ejemplo...? - preguntó. Yo suspiré, y me rasqué la frente.

- Es como cuando... - dije, buscando alguna comparación – Imagina que estás molesta con Seifer por... no sé... - señalaba a Seifer, y él esperaba en silencio a que continuase hablando.

- ¿Porque voló por los aires mi antiguo Jardín? - preguntó Selphie - ¿Porque intentó matarme en repetidas ocasiones cuando se puso de parte de Artemisa? ¿Porque es un tipo desagradable y mezquino por naturaleza? ¿Porque se mete con mis amigos y se burla de mí cada vez que organizo algo genial con el Consejo Estudiantil? ¿Porque sigue peinándose hacia atrás cuando hace años que pasó de moda?

Seifer parecía algo ofendido por alguna de aquellas cosas, y Selphie se giró hacia él con una sonrisilla de disculpa.

- Sin rencores, sólo son suposiciones. Realmente no estoy molesta contigo. – le aseguró - ¡Lo pasado, pisado! - éll bufó y miró hacia otro lado.

- Bueno, sí. Cualquiera de esas cosas vale – concedí yo, intentando que volviese a prestarme atención – Tal vez puedes eludir hablar seriamente con él sobre lo que te molesta o te ha molestado durante el día a día, pero imagina que te quedas atrapada en el ascensor con él durante... no sé... un par de horas. Cuando pasa tanto tiempo en un sitio pequeño y sin poder huir de esa persona, es más probable que la tensión y la incomodidad te pongan de mal humor, y entonces es mucho más probable que decidas enfrentar la situación y hablar seriamente sobre lo que ha ocurrido o lo que piensas de él.

Selphie asintió, pensando con la mirada perdida. Parecía que ahora entendía a qué me estaba refiriendo.

- El problema es Quistis – dijo Seifer, y Selphie le prestó toda su atención – Está muy a la defensiva, y por eso necesitamos tu ayuda. Tenemos que hacer algo, pero no puede quedar un sólo cabo suelto, y si sabe que Shu tiene algo que ver, sospechará que es cosa de ella.

- Así que debo actuar yo, para que no os pillen a vosotros – dijo, frunciendo el ceño. Después de todo, no era tan tonta.

- No se trata de que nos pillen o no, se trata de que Quistis no se cierre antes de que pongamos el plan en marcha – Miró de uno a otro por un instante, pero Seifer parecía totalmente tranquilo.

- Bueno... en ese caso está todo clarísimo... - dijo finalmente, dejando escapar un gran suspiro y poniendo cara de determinación - ¿Cuándo empezamos?