Capítulo XIII
Mikado Ryuugamine permaneció quieto cuando Izaya dejó de hablarle a él. Sin duda, el informante pensaba que estaba conversando con alguien «real» y Mikado entendió de golpe qué era lo que estaba pasando. De todo lo que murmuraba Izaya entre dientes, el joven sólo llegó a captar alguna que otra palabra.
«¿Shizuo?»
«¿Por qué Shizuo?»
Aunque el joven trató de evitarlo, Izaya perdió el equilibrio y terminó por caer sobre el suelo. Mikado miró las marcas que sus palmas habían dejado en la mesa de trabajo, pero no tardó en prestarle nuevamente toda su atención al informante. ¿Seguiría experimentando lo que él llamó «sueños psicodélicos»?
—¿Orihara-san…?
—¡Izaya! ¿Qué has hecho? —Mikado pegó un brinco cuando Shinra Kishitani entró al laboratorio sin previo aviso. Pero, tan pronto como el joven superó el sobresalto, agradeció el que Shinra hubiera llegado justo a tiempo, o ese fue su pensamiento inicial. ¿Cómo supo Shinra dónde estaban o que algo malo estaba sucediendo siquiera? Mikado no logró entender y guardó en sus adentros cada una de sus preguntas.
—¿Kishitani-san? C-creo que Orihara-san estaba alucinando antes de… de que se desplomara —dijo Mikado a toda prisa. Ambas manos las llevó a la correa de la mochila.
Mikado se hizo a un lado y miró anonado cómo Shinra se dejó caer de rodillas para sujetar al informante. El joven encontró curiosa y quizá inesperada (aun cuando estaba al tanto de la profesión de Shinra), la mirada preocupada del médico pues no conocía de antemano que este mantuviera una relación afectiva con Izaya. Lo pensó de ese modo porque leyó en el rostro del médico la misma expresión angustiada que sabía alguna vez puso él mismo cuando Kida Masaomi decidió hacerle frente al pasado.
—Eh, Izaya —Shinra mantuvo al informante sobre su regazo y después escudriñó el cuarto, en busca de algún «culpable». Sus ojos se detuvieron en el frasco, al parecer casi vacío, que estaba al lado de la mesa de trabajo—. Mikado-kun, ¿cuánto se ha tomado? ¿y cuánto tiempo desde que lo tomó?
—Y-yo… en realidad… no me di cuenta… no sé cómo pasó —respondió el joven con sinceridad y de manera atropellada. Quizá temeroso de que fuera a ser reprendido por su descuido.
—Izaya... —el médico no comentó nada sobre el desconcierto del joven. En cambio, contempló al otro que, de rato en rato, daba breves muestras de lucidez y, era posible, que también de reconocimiento a quién había llegado.
Tras mostrarse dudoso, Shinra buscó algo en el interior de su bata.
Mikado miró como Shinra, sin soltar a Izaya, arremangó su abrigo y la remera negra hasta dejar al descubierto el pálido brazo del informante. Después, el médico se las arregló para inyectar en él alguna sustancia que esperaba fuera a funcionar y, apenas la aguja hizo contacto con la piel, Mikado apartó la mirada.
«Ha sido una suerte que no se me haya ocurrido entregársela a Shiki-san»
«Y también que yo sea bastante serio con mis encargos y muy curioso.»
«No formaba parte de mis tareas buscar una manera de contrarrestar la droga.»
«La mitad del trabajo está hecho, por eso tienes que ser afortunado, Izaya, ¿vale?»
—Está bien, estará bien —dejó escapar Shinra mientras aguardaba cualquier reacción por parte de su amigo, al igual que Mikado. El joven miró de reojo el pasillo por si alguien rondaba cerca. Para suerte de todos, las clases habían concluido hacia un par de horas y seguramente sólo unos pocos estudiantes continuaban en las instalaciones.
«Lo que sea que le haya llevado a sentirse de este modo, puede arreglarse.»
Shinra atisbó que algo sobresalía del bolsillo de Izaya y no tardó en tomar entre sus dedos un naipe. Cuando le dio la vuelta y leyó lo que estaba escrito en la cara trasera, soltó un suspiro. Un suspiro que Mikado pensó no estaba muy lejos de ser un sollozo.
—Estarás bien, Izaya. Es una promesa —dijo Shinra en un intento de convencerse a sí mismo de sus palabras. Estrechó a Izaya en sus brazos y luego se dirigió a Mikado—. Que nadie venga. Apenas haga efecto lo que le di, nos iremos (he llamado a Celty). ¡Siento haberte causado tantas molestias! —añadió con la sonrisa que siempre acostumbraba poner, pues tenía la intención de calmar el ambiente.
Mikado asintió y le sonrió de vuelta.
Luego, bajó la mirada hacia Izaya, quien se removió ligeramente.
—Kishitani-san, me pareció que pidió por Shizuo Heiwajima. Lo mencionó más de una vez, aunque no creo que él se haya dado cuenta.
—¿Podrías creer que no encuentro el gesto como algo raro? —dijo Shinra con mayores ánimos al notar que el informante había recuperado un poco de color en el rostro—. Izaya es todo un personaje. Cuando despierte, lo someteré a un interrogatorio. Y, claro, esto no volverá a pasar.
—Sea suave con él —dejó escapar Mikado sin terminar de entender muy bien el porqué de su petición.
—Ah, ya veo que tú también de has dado cuenta de su naturaleza, ¿cierto? Sabes el tipo de persona que es —Shinra miró la ventana antes de continuar—. No te preocupes por él. Izaya recibirá lo que merece aun si opone resistencia. Al fin y al cabo, ese es mi trabajo.
«Es mi trabajo como médico, pero también como su amigo.»
«Ahora más que nunca lo creo así.»
«Quizá lo haga una cuestión difícil, pero hay gente que se preocupa por él.»
«Es un ser humano antes que un observador imparcial.»
—Sé lo que pensó para haber decidido venir aquí, por sobre todos los lugares posibles.
«Lo que desconozco es ¿por qué?»
«¿Actuó de este modo porque sabía que yo me daría cuenta?»
«¿O lo hizo porque pensó que, aun sabiéndolo, yo no haría nada?»
—¿Qué viste, Izaya? Tendrás que contármelo en algún momento. Lo que me ha dicho Yagiri-san puede hacer que suponga lo que está pasando contigo. Aun si no te habías percatado.
«¿Qué podía haber hecho?»
«Entiendo muy bien el por qué huye de los demás.»
«Yo busqué ser su amigo y aun así respetar lo que piensa.»
«Por doce años fue de esa forma.»
«Pero tal parece que buscó saltar hace días y ahora esto.»
—Cometí un error. Lo siento, Izaya.
—Je, ¿me he equivocado, Shinra…?
Shinra no se atrevió a enfrentarse a su amigo. No todavía.
—No.
«Quiero pensar que no.»
—Sé paciente… la verdad saldrá a relucir.
«Para bien o mal nuestro.»
—Seré paciente si no hay remedio. Sin embargo, no le demos más vueltas al asunto, Izaya. Cuéntame, ¿estás falto de ánimos?
«O más preciso aun, ¿te sientes afligido? ¿triste?»
—…
—¿Izaya?
Mikado encontró doloroso entender la expresión de Orihara y se giró incómodo.
«Orihara-san es muy parecido al resto.»
«Es humano.»
…
Notas:
Gracias por leer. ¡Te mando un abrazo!
Saludos,
~Itaria-chan~ (°◡°)
Emil K, ¡hola! Ya lo ha dicho Izaya-kun: la verdad saldrá a relucir. ¡Gracias por seguir la historia!
Karasu-shiro, ¡tú sí que conoces a la pulga. Yo querría saber que sucedió en su «viaje». ¡Besos!
Trataré de hacer los capítulos más largos a partir de ahora.
