Disclaimer: Los personajes de Kung Fu Panda no me pertenecen (a excepción de Kuo, Jian, Xiong, Yu y Yuga)
Capítulo 14: Una desagradable sorpresa
Después de la ducha, no se tumbó en la cama como había hecho el día anterior. Estaba segura de que si se acostaba aunque fuera un minuto, se quedaría profundamente dormida. Estaba cansada, tenía dolor de cabeza y sentía molestia en los ojos por la falta de sueño. Aunque aún no había comenzado la fiesta, estaba deseando que acabara para irse a la cama e intentar conciliar el sueño.
Esperó a secarse completamente para no mojar la ropa. Se puso sus usuales pantalones y, para ir un poco más acorde con la situación, sacó una camiseta parecida a la que solía llevar, pero con mangas largas y anchas hasta los codos. Cuando estuvo lista, Xiong la acompañó al pueblo. Padre e hija debían asistir juntos al evento.
Fuera por donde fuese, los tigres la miraban a ella y a su padre, alegres de que la heredera hubiera regresado después de tantos años desaparecida. La música sonaba en todo el pueblo y los tigres bailaban y reían. A la maestra la alegraba el hecho de que la aceptaran como a una más. No hubiera sabido qué hacer si la hubieran rechazado.
Xiong pasó un brazo por detrás de los hombros de Tigresa y la apretó cariñosamente mientras caminaban entre la multitud. Parecía feliz y orgulloso, como era normal. No solo había vuelto su hija, la tigresa que le sucedería en el liderazgo del pueblo, sino que la felina era una hermosa y gran maestra de Kung Fu. ¿Cómo no estar orgulloso?
Tigresa se sintió extraña. Nunca había recibido una muestra de cariño de ese tipo. Debería haberse sentido feliz, y sin embargo, que hubiese provenido de un padre que prácticamente era un desconocido para ella, no le había producido ningún tipo de sentimiento agradable.
—¡Qué bien acompañado le veo, jefe! —dijo la voz de alguien que Tigresa prefería no ver ni en pintura.
Veneno, acompañado de otro tigre que tenía pinta de ser de la misma calaña que él, se acercaron a la pareja.
—¿Verdad que sí? —respondió este con una sonrisa.
—Bonita camisa —comentó Veneno, mirando la indumentaria de Tigresa.
—Gracias —dijo ella por compromiso.
Xiong dirigió su mirada a un par de soldados que parecían estar haciéndole señas.
—Si me disculpáis, tengo que solucionar un asunto —dijo, soltando a Tigresa y poniendo rumbo hacia los tigres que le habían llamado.
Tigresa maldijo interiormente. Lo menos que quería era quedarse a solas con ese tigre idiota y con el estúpido de su amigo, que no dejaba de mirarla de forma extraña. Era una mirada que había visto en los ojos de muchos machos de otras especies, pero nunca dirigida a ella; un brillo en los ojos que aparecía cuando a un chico le gustaba una chica. No tenía tiempo para estupideces. Quería encontrar a Jian y arreglar cualquier malentendido con él para poder ocupar su mente únicamente en Po.
—¿Estás disfrutando la fiesta? —preguntó Veneno.
La maestra suspiró. Estaba claro que no se iba a librar de intercambiar unas palabras con ese tigre que tanto le desagradaba.
—Acabo de llegar.
—Y ¿no te gustaría bailar? —preguntó sin perder el tiempo el amigo cuyo nombre desconocía.
La maestra estaba a punto de responder cuando una tigresa delgada, vestida con pantalones cortos y una camiseta que apenas cubría el pecho, apareció por detrás de Kuo. Pasó los brazos por su cuello y le dio un lametón travieso en la mejilla; después, miró a Tigresa de arriba a abajo y le sonrió con aires de grandeza y una prepotencia que a la felina le sentó como una patada en el estómago. ¿Qué se creía, que por ir prácticamente desnuda era mucho más hembra que ella?
—Tú debes ser Tigresa, la hija de Xiong —dijo, alargando la mano —. Yo soy Yuga, la novia de Veneno.
Tigresa miró su mano y después a ella. Veneno parecía estar a otra cosa, como si no le interesara las acciones ni las palabras de la chica. Finalmente, Tigresa sonrió con malicia por los pensamientos que acudían a su mente.
No es la misma con la que estaba ayer.
—Un placer —respondió, aceptando su mano y apretando con fuerza; tanta, que Yuga no pudo evitar una mueca de dolor. Tigresa retiró la mano, satisfecha.
—Perdona—se disculpó de forma hipócrita.
—Tranquila, no me has hecho daño —le dijo, entre dientes, intentando mantener la sonrisa.
Él es un bastardo, y ella, una pobre desgraciada, pensó la maestra.
Miró al tigre que le había propuesto bailar.
—Ahora mismo tengo algo que hacer. Tal vez más tarde —declinó su oferta y, sin despedirse, continuó con la búsqueda que había comenzado esa tarde.
Po oyó el ruido de unos pasos por las escaleras, el sonido de unas llaves y cómo alguien abría la celda en la que se encontraba. Quiso hacer algo, pero estaba todo tan oscuro que apenas vio la silueta de sus captores. Una vez más, a pesar de que se resistió, consiguieron ponerle la bolsa de tela en la cabeza y sacarlo de la prisión atado de manos.
—¿Quiénes sois? ¿Adónde me lleváis? —preguntó el oso entre asustado, enfadado y desesperado.
No sabía a qué se estaba enfrentando ni qué pensaban hacer con él. ¿Acaso iban a matarlo? ¿A torturarlo? ¿Qué demonios se les estaría pasando por la cabeza? Y lo que era más importante: ¿por qué? ¿Qué había hecho él para tal castigo? Y Tigresa...¿qué habrían hecho con Tigresa?
—Deberías sentirte afortunado —dijo una de las malignas voces —. Vas a ser una gran sorpresa.
A continuación, ambos secuestradores empezaron a reír a carcajadas. ¿Qué había querido decir?
Jian se encontraba sentado en el escalón de la entrada de una casa, sumido en sus pensamientos. Miraba a su alrededor y no entendía el motivo de la fiesta. No había nada que celebrar. Él no veía ninguna razón para celebrar en todo aquello.
Entre la multitud, vislumbró a la causa de gran parte de sus preocupaciones y resopló con cansancio. Tigresa caminó hasta él, relajada. Quería demostrarle con su expresión corporal que iba en son de paz y que lo único que quería era hablar.
—Te he estado buscando —habló —. Quiero hablar contigo. ¿Puedo sentarme? —preguntó, señalando el trozo de escalón libre.
Jian dejó algo más de espacio, dándole permiso, y ella, sin dudar, se sentó a su lado. Dejó correr unos segundos de silencio hasta que decidió cómo empezar la conversación. Lo mejor sería ir al grano.
—¿Crees que quiero quitarte tu lugar con respecto a Xiong?
—¿Qué? ¿De dónde sacas eso? —preguntó, sorprendido.
—No me has respondido.
—Por supuesto que no —negó él —. ¿Por qué iba a creer eso?
—Entonces, ¿por qué me odias?
—No te odio. Simplemente, pienso que no deberías haber venido.
—¿Por qué?
Jian pareció pensarlo durante unos instantes.
—Porque este no es tu sitio —respondió, finalmente.
Tigresa soltó una amarga risa nasal. Otra vez lo mismo que había vivido en el orfanato y en el Palacio de Jade. Siempre era igual. ¿Es que fuera donde fuese no encontraría un lugar adecuado para ella?
—¿Entonces cuál es mi sitio, Jian? Si no es un lugar rodeado de los de mi especie, ¿cuál es? Si tienes la respuesta, dila. Me gustaría saberla —lo instó ella, algo enfadada.
—Este pueblo no es tan bueno como tú crees —opinó él.
—No he tenido tiempo de comprobarlo.—Jian desvió la mirada hacia otro lado. No tenía ganas de dar razones cuando estaba tan preocupado—. Mira, lo único que quiero es un hogar. Si he venido a aclarar las cosas es porque no quiero problemas contigo ni con nadie.
—Está bien.—El tigre se volvió hacia ella, apoyando su espalda contra la pared. En su cara había aparecido una sonrisa poco sincera. Para eso, Tigresa prefería su habitual seriedad—. Si has venido a aclarar las cosas, dime: ¿alguien te ha dicho que estoy en contra tuya o lo has deducido tú sola?
Tigresa miró a Veneno, que bailaba con su supuesta novia de forma escandalosa, y Jian siguió su mirada. Esta vez, fue él el que soltó una risa amarga.
—Lo suponía. Siempre intentando crear problemas. Jamás creas lo que salga de su boca; todo son mentiras.
—¿Es por eso que le llaman Veneno? —curioseó la maestra.
—No exactamente. Su lengua es viperina, pero no tan venenosa como sus garras.
—¿Sus garras, venenosas?
Jian asintió. La gravedad había vuelto a la expresión de su cara.
—Cada mañana, al despertarse, baña sus uñas en veneno de serpiente. Si en un combate saca las garras, su adversario puede darse por muerto. Es famoso por esa táctica. Su padre la practicó antes que él, y cuando murió, él le sucedió. El veneno actúa con rapidez y en cuestión de segundos, o minutos si la herida es muy pequeña, su rival cae en redondo.
—Es increíble —jadeó Tigresa, impresionada. Jamás había oído algo como eso. Era ingenioso, pero a la vez le parecía tan...
—Rastrero —la corrigió Jian —. A mí me parece algo patéticamente cobarde.
Los dos observaron los viciosos movimientos de Kuo. Tigresa aún alucinaba. Cada vez le caía peor ese tigre. Jian tenía razón: luchar de esa manera era una vergüenza, una forma fácil de ganar sin esforzarte demasiado. No era algo justo ni mucho menos.
Jian vio cómo la multitud empezaba a despejarse para dejar paso a algo. Entre el centenar de cabezas pudo advertir un par de lanzas y en seguida supo lo que se avecinaba.
—Me ha dicho Yu que tu amigo es un panda, ¿es eso cierto?
—Sí —respondió ella, sin darle demasiada importancia al asunto.
—Entonces, prepárate. Las cosas se van a poner muy feas.
La felina estuvo a punto de preguntar a qué se refería, pero Xiong, que se encontraba en el centro de la multitud, la llamó para que se acercara. Antes de levantarse, Jian le dio ánimos. Tigresa caminó con parsimonia hasta su padre sin entender de qué iba todo aquello: la gente se congregaba alrededor del jefe, Xiong la llamaba, los soldados se arremolinaban detrás de los pueblerinos y Jian apretaba los puños y miraba hacia el suelo como si no quisiera ser testigo de lo que estaba apunto de acontecer.
—Amigos —comenzó Xiong con su improvisado discurso—: Ayer fue un día especial. Ayer, se unió a nuestra manada una gran maestra: mi hija. —Los tigres aplaudieron al ver a su jefe tan sumamente dichoso —. Pero no solo fue un día fuera de lo común por este inesperado regreso, no. Ayer, amigos, pasó algo que no había pasado en años. Un enemigo, uno de esos monstruos, entró en nuestro territorio. —Las mujeres soltaron pequeños gritos y los niños abrazaron a sus padres, asustados. Yu, que se encontraba con sus padres, escuchó la noticia, emocionado, y se dirigió rápidamente hacia donde estaba Jian para comentar lo sucedido con él. —Por suerte, fue capturado y reducido en seguida por nuestros soldados. —Xiong hizo una seña con la mano a un par de ellos, que asintieron y se acercaron a donde estaban padre e hija. Tigresa pudo intuir que entre ambos llevaban agarrado al prisionero, pues a medida que se aproximaban, los pueblerinos se apartaban del camino, temerosos. Xiong sonrió con malicia—. Creo que será un bonito regalo de bienvenida para mi querida hija.
En cuanto los soldados se dejaron ver, a Tigresa le dio un vuelco al corazón. El cautivo llevaba la cabeza tapada con una bolsa de tela, pero su cuerpo era inconfundiblemente grande y corpulento, de unos característicos colores blanco y negro. No podía ser...
Los guerreros empujaron al enemigo para que este cayera de rodillas, y le quitaron la bolsa. El panda tomó una bocanada de aire, como si esa bolsa no le hubiera dejado respirar con facilidad. Asustado, miró a la manada de tigres que se hallaba alrededor de él, a pesar de que gran parte de ellos también le observaban a él con temor. Otros, sin embargo, parecían con ganas de echarse a su cuello.
Po escudriñó con la mirada al pueblo. Necesitaba saber qué demonios estaba pasando. Finalmente, dio con unos ojos que estaban tan confundidos e impactados como los suyos.
—Tigresa...—murmuró.
La felina tenía los ojos abiertos como platos. Ella tampoco entendía lo que estaba pasando. ¿Qué hacía Po allí, atado? ¿Por qué decían que era el enemigo? ¿A qué se refería su padre con "regalo"? ¿Era eso lo que le había advertido Jian?
Yu observó inocentemente el aspecto del monstruo del cual tanto había oído hablar durante años, y aun así, no consiguió ver en él la maldad que tanto le habían señalado desde pequeño.
Recordó las palabras de Tigresa. La maestra le había descrito a un amigo muy parecido a esa criatura.
—¿Ese es uno de los monstruos? —le preguntó a Jian, confundido —. Pero, ¿Acaso no es un panda?
Jian no contestó. Aunque no lo pareciera, su corazón latía con fuerza. Estaba nervioso e inquieto. Era como si una gran agonía lo estuviera aplastando interiormente.
Genial, y ahora ¿qué?, pensó.
—Adelante, hija —la incitó Xiong, poniéndole una mano en la espalda—. Eres la invitada de honor. El primer mordisco es tuyo.
¿El primer mordisco?, repitió en su mente la felina. Eso no podía estar pasando.
—¡Eh, eh, un momento! ¿Cómo que primer mordisco? ¡Yo no soy comida! —exclamó Po, algo nervioso —. Además, tengo mucha grasa y os sentaría mal —añadió rápidamente.
—¡Cierra la boca, panda! —ordenó Xiong —. Vamos, hija, ¿a qué esperas?
Tigresa continuaba sin moverse. ¿Le estaban pidiendo que matara a Po? ¿Que se lo comiera?
Viendo la duda en su expresión, Yuga salió de entre el público y se acercó al panda, relamiéndose.
—Bueno, ya que la maestra no se decide, tendré que darle yo el primer bocado —dijo.
Con esta frase, Tigresa reaccionó.
¡No!
Yuga ya estaba prácticamente agachada al lado de Po. Este, con una expresión de terror al ver sus afilados colmillos, intentó moverse, pero tenía las manos atadas detrás de la espalda y solo consiguió caer de culo. Tigresa se abalanzó sobre él, cubriéndolo con su cuerpo. Inmediatamente, mostró sus dientes y gruñó a la otra felina, quien retrocedió sin pensarlo dos veces.
—Tranquila, hermana, no voy a quitarte tu comida —dijo, cautelosa.
Tigresa ayudó a Po a incorporarse ante los atentos y anonadados ojos de los demás tigres.
—¿Estás bien?
—Sí —respondió él sin estar muy seguro de ello —. ¿Qué está pasando, Tigresa?
—Ojalá lo supiera, Po.
—Tigresa, ¿se puede saber qué haces? —quiso saber Xiong, que no comprendía el proceder de su heredera.
—La pregunta es: ¿qué hacéis vosotros? ¿Qué significa todo esto? —exigió una respuesta Tigresa. Xiong frunció el ceño. —¡Nadie hará daño a este panda!
—¡Pero es el enemigo! —exclamó Xiong.
—¡Es mi amigo!
Los aldeanos se miraban unos a otros, sin poder creerlo. Xiong no sabía qué decir o hacer. Nunca se había visto en una situación como esa. La tensión del aire se podía cortar con una sierra. Veneno era el único que parecía estar pasándolo bien, intentando no echarse a reír. La cosa se ponía interesante.
—Oh, Dios...—murmuró Yu, alarmado.
—Esto no ha hecho más que empezar —dijo Jian.
Continuará...
Hi! :D What's up?
Hola, chicos. ¿Qué tal? Bueno, bueno, bueno...¡Se ha liado! xD Bueno, mejor dicho: la he liado. Los he metido en un buen lío a todos. Jajajaja. ¡Qué mala soy!
Acoatl: Eso es lo que pensé yo. Todos vegetarianos para que no haya canívales. xD En este fic se le va a dar mucho juego a ese concepto. Ya veréis, ya...Y bueno, si tú lo dices, tendré que mirar los capítulos de KFP. XD Al final, termino viendo la serie. Jajaja.
MasterTigress01: Kuo, o Veneno, es mil veces más malo que Shan. Es retorcido, mezquino y no está de parte de nadie, solo de sí mismo. Busca su propia satisfacción y beneficio. xD Bueno, ya iréis viendo. Ah, y ya vi a medias ese capítulo. Odio a la cerdita esa, pero lo que más coraje me dio fue que pusieron a Tigresa haciendo el ridículo, bailando y cantando. ¬¬
Gaby2307: No tengo ni idea. xD En España no la echan (o eso creo. O.o). Yo veo los capítulos por internet.
rolos21mf: Ya se descubrió qué pasó con Po. Ahora la cosa es: ¿se lo cenarán? xD jajaja Lo veremos en el siguiente capítulo.
En fin, me voy a seguir escribiendo. A ver si puedo tener listo el capítulo para antes del fin de semana.
¡Hasta la próxima!
Pétalo-VJ
