Nota de Autora: ¡Hurra por mi! porque me he demorado poco en corregir este capítulo. Espero que no se me hayan pasado muchos detalles, pero ¿qué quieren que les diga? Estoy ciega, de verdad. Y me cuesta veinte kilos leer y ver las comas, los tildes, puntos y demases. ¡Y no quiero usar lentes! Así que espero que acepten mis disculpas de antemano.
Quiero darles las gracias a: Jane Malfoy-028, zoe love potter, bitchyhelly, Gabriela y J0r, quienes me han dejado sus lindos lindos reviews. ¡¡Son las mejores!! Y si pudiera regalarles a todas un avión cargado de lo que más le gusta lo haría sin pensarlo, pero como no tengo ni un peso, sólo les puedo dar este capítulo con todo mi amor.
Capítulo Catorce: ¡Tramposo!
¡James Potter es un hijo de puta! -pensó, mientras resoplaba violentamente una y otra vez.
¿Qué se cree? ¡¿Qué porque lo hicimos una vez voy a terminar revolcándome con él cuando se le antoje?!
Es un presumido, un arrogante, maldito cabrón. -¡TODO ES CULPA DE ALEX!- Gritó, para luego lanzar contra la pared una pequeña figura de loza, que descansaba sobre su mesa de noche. Su pecho subía y bajaba, aceleradamente, producto de su furibunda respiración. Y tendida en su cama, con la mirada perdida, el brillo de sus ojos aguados, comenzó a cantar muy despacio.
So, so you think you can tell Heaven from Hell,
blue skies from pain. -Y las luces celestes que giraban en torno a ella se debilitaban lentamente.
Can you tell a green field from a cold steel rail?
A smile from a veil?
Después de cantar la canción completa un par de veces, ella se sentía mucho mejor. Podía respirar sin que le doliera al costado, podía abrir los ojos sin que se le inundaran con lágrimas.
Podía ponerse de pie y salir de su habitación.
Cuando bajó a cenar, ya todo el colegio sabía que Lily iría con Sirius Black a Hogsmeade y por eso ella era el blanco favorito de las miradas de los alumnos.
- ¿Cómo lo hace? -susurró una chica de Ravenclaw.
- No lo sé, pero siempre atrapa a los buenos. Hasta nos quitó el orgullo de nuestra casa, Alex Diggory.
- Eso es porque tiene un trasero muy bueno. -dijo una niña rubia con cara de gato mientras bebía jugo de calabaza.
En cambio en la mesa de Slytherin, las chicas decían que Lily Evans estaba demasiado gorda y que se le notaba que había estado embarazada. Una chica incluso afirmó haberla visto en el baño de prefectos y les contó a sus compañeras de mesa que tenía unas estrías horribles, que le atravesaban el abdomen. Sin embargo una chica morena, de profundos ojos verdes, les contradijo.
- No es cierto, es casi perfecta la muy perra sangresucia.
Lily se sentó junto a sus amigas, las que rápidamente se agruparon en torno a ella y sin ningún reparo le preguntaron. - ¿Es verdad que vas a ir con Sirius Black a Hogsmeade?
- ¿Ah? -fue su primera reacción. -¡Demonios! – Se llevó una mano hasta la frente y en aquel momento recordó que le había dicho que sí a alguien, alguien que la había invitado al pueblo y recién sabía que aquel sujeto era nada más ni nada menos que Sirius Black. Lily mutó su cara de desconcierto a un gesto apenado. -Mary, no te preocupes. No tengo ningún interés en Black, fue sólo un error. Error que voy a solucionar de inmediato. -Continuó mientras afirmaba sus manos en la amplia mesa y se levantaba.
Cuando Sirius entró al comedor, acompañado de sus amigos, la mayoría de los chicos lo miraban con admiración y sus compañeros de séptimo le dieron unos golpes suaves en la espalda y en los hombros.
- ¡Sí que eres el maestro! -Le dijo un niño de nariz larga y labios gruesos. – ¡La mitad de Hogwart le pidió una cita hoy!
- Ah -contestó Sirius, entendiendo recién el por qué las miradas y los afectuosos saludos. A lo que interrogó -¿Cómo supieron?
- Peter nos contó. -Dijeron los chicos de séptimo. Sirius y James le lanzaron una mirada furibunda, del tipo "más rato hablaremos, rata chismosa" a la que Peter puntualizó ágilmente.
- ¡Sirius hizo trampa! Se suponía que nadie saldría con Lily porque estaba… sensible…Yo no me he acercado a ella por lo mismo, pero tú vienes y te adelantas… ¡Así nos va a ganar con la lista, chicos!
Los tres merodeadores estaban atorados, entre el jugo de calabazas y las carcajadas provocadas por el animado descargo de Colagusano, cuando una chica pelirroja se paró frente a Sirius con cara inescrutable.
- Black, parece que te dije que iríamos a Hogsmeade juntos, pero cuando te dije que sí, no estaba pensando. Así que no iremos a ningún lado. Lo siento. -Mientras hablaba, se concentraba en no desviar la mirada hacia James. –No mires Lily, no mires, da lo mismo si se está riendo o no ¡No mires! -Por un segundo sus ojos se desviaron y sin darse cuenta ella ya estaba fulminando a James con la mirada, lanzando mil crucios por segundo, cuando demasiado tarde se percató que si estaba ahí no era por James Potter sino por Sirius Black, quien le respondió.
- Evans, no me parece justo. Yo te lo pedí, tú me dijiste que sí, y creo que tenemos un trato. Y si me dices que no ahora, tendré que vagar solo porque ya he desechado todas mis posibilidades. Además es una simple salida o ¿acaso te doy miedo? Mira que no muerdo, o sea, a veces, pero a ti no te haría eso. -James y Peter se rieron del comentario de Sirius, en cambio Remus le dijo dulcemente a la chica.
- Lily, no dejes que te chantajee. Si no quieres, no vas con él y punto. -La chica lo observó y pensó. -¡Demonios! Remus es un sol ¿Por qué no me acosté con él en vez de Potter? -Pero se respondió sola dentro de su mente. -Porque él jamás te ha tomado en cuenta, Lily. ¿Por qué no me tomó en cuenta? ¡ES CULPA DE ALEX! -Pero otra voz dentro de ella le dijo con un tono sabio y profundo. -No, todo es culpa de Remus, porque Alex existe en tu vida sólo por la indiferencia de Remus. Y no te olvides de Dumbledore.
Ahora, Lily, cálmate.-dijo una tercera voz dentro de ella.
- No te preocupes, Remus. -Señaló con una débil sonrisa en su cara. James creía que Lily cuando sonreía se le iluminaba el rostro y que se veía mucho más bonita así. Mostrando los pequeños agujeros que se formaban en sus mejillas, dejando ver sus ojos relucientes y su piel adoptando un brillo perlado. Pero Lily le sonreía a Remus y no a él. Y James sentía que su estómago había sido invadido por pequeños hombrecitos que le carcomían las entrañas y una diminuta luz amarilla le revoloteó en el hombro derecho.
Lily contempló la luz incrédula y cerró los ojos pensando que sus ojos la engañaban, cuando los volvió a abrir no había nada. Quedó en shock por un segundo, luego confundida aún, contestó. -Está bien, Black, tú ganas. Pero no te hagas ilusiones, está no será la cita de tu vida. -Y tras decir esto se giró para ir a sentarse con sus amigas.
Las semanas que siguieron fueron bastantes intranquilas para ella, el único lugar donde estaba segura, cuando no tenía clases, era la biblioteca. Ahí seguía investigando quiénes eran los Premios Anuales que seguían vivos y ya había elegido cinco modelos de pergaminos para las invitaciones. Lily no estaba pasando por sus días más desocupados, puesto que tenía en su mente una lista de cosas que parecían no acabar.
Tenía problemas con Remus, porque él cada vez la buscaba para preguntarle dónde estuvo cuando desapareció de Hogwarts, qué eran aquellas luces azulosas del otro día y no dejaba de insistir en que ella estaba comportándose de un modo muy extraño. Le decía Lily Evansiva, haciendo un juego de palabras con su apellido y ella sólo podía sonreírle sarcásticamente de vuelta.
Su amiga Loreen estaba sentida, no furiosa a mares, pero sí molesta porque Lily ya no le contaba nada, según ella. Cuando Lily lo único que no le comentó fue todo lo que concernía a James Potter, y por supuesto, ella cada vez se convencía más que era mejor dejarlo de aquel modo y olvidar todo ese asunto para siempre. Aunque cada vez se le hacía más difícil.
Severus Snape se le acercó un día en la Biblioteca, cuando Lily estaba sola. Le dijo que Diggory era afortunado por librarse de ella y que en realidad no sabía si compadecerse de ella o de Black, por todo lo de cita a Hogsmeade, y cerró aquella dolorosa conversación apuntando que quizás eran tal para cual. Dos Gryffindors extremadamente orgullosos.
James Potter cada vez la buscaba con más insistencia. Le decía que tenían cosas importantes de que hablar. Pero Lily no podía olvidar el último intento de él por hablar con ella. Llevándola a una habitación que era exactamente igual en la que habían estado los dos en Hogsmeade. Lily estaba al límite de su paciencia y creía que cualquier día de estos iba a mandarlo a la enfermería si no dejaba de ser tan terco, porque ella jamás volvería a hablar con él. Eso estaba decidido.
Tres malditos nombres de la gigantesca lista de Premios Anuales de Hogwarts le estaban dando grandes dolores de cabeza. Nicolas Flamel, Sara Flamel y Tom Riddle. De los dos primeros no encontraba la partida de defunción, y el hecho de que estuvieran vivos era casi imposible, pero habían asistido a la fiesta anterior. Y el tal Tom había desaparecido de la faz de la Tierra. Tendría que preguntarle a Dumbledore, o peor aún, a la mamá de Potter.
Y como si sus problemas fueran pocos, necesitaba el libro de Encantamientos, nivel super ultra avanzado y no estaba por ninguna parte. ¿Cómo podía desaparecer un libro que casi nadie sabe que existe? Lo suyo era una racha de muy mala suerte.
Sin embargo las preocupaciones hicieron que el calendario se deshojara con una inusual rapidez. El hecho de acostarse pensado en el monto de líos que tenia que resolver, en Alex y su doloroso silencio, en los exámenes y en cómo evitar a James Potter, tuvo sus consecuencias. El día catorce de febrero, aquel tan temido sábado en que debía ir a Hogsmeade con Sirius Black llegó antes de que ella pudiera darse cuenta.
Y esa mañana se levantó triste, porque con la última persona que le gustaría estar ese día, era con Sirius, pero pese a todo intentó animarse. Planeó darse un largo baño y ponerse tan guapa como en mucho tiempo no lo hacía, porque Lily sentía que se lo debía, era algo como un pequeño autoregalo.
Buscó dentro de su baúl algo de ropa y se decidió por un vestido rojo, medianamente corto, y se calzó unas botas altas. Se dejó el cabello suelto, tomando sólo unos mechones delanteros que los dirigió hacia un lado de su cabeza y los capturó con una pinza negra. Se miró en el espejo y le gustó la imagen que éste le devolvía, su cabello resplandecía con los rayos del sol que se colaban por los ventanales de su habitación.
Bajó la escalera lentamente, porque en el fondo tenía miedo de este día. Sus pasos sigilosos le condujeron hasta el Hall, donde Sirius Black le estaba esperando completamente solo. Remus, Peter y James ya se habían marchado.
- Vaya, vaya ¿Te he dicho que Diggory es un imbécil?
- Creo que lo has mencionado.
- ¡Bah! Será que no me canso de decirlo. Es un imbécil.
Y cuando iniciaron el camino hasta el pueblo, Lily se llevó la gran sorpresa de que le resultaba fácil y agradable hablar con Sirius Black. El le preguntaba cómo era su casa, dónde vivía y que describiera cada cosa que él no conocía.
- ¿Pero por qué me preguntas todas estas cosas?
- Porque siento curiosidad.
- No es que no quiera contarte, pero ¿por qué no le preguntaste a alguien más?
- La verdad, Lily ¿te puedo decir Lily, cierto? -la chica asintió- es que no conozco muchos nacidos de muggles. Y no me da vergüenza preguntarte a ti.
- ¿Quién lo hubiese pensado? -La sonrisa de Lily era amplia y brillante. -Sirius Black no quiere hacer el rídiculo.
- ¡Claro que no! Tengo una reputación que cuidar, Lily.
Cuando llegaron al pueblo Lily le pidió a Sirius que la ayudara a buscar una revista o libro que hablase sobre fiestas y cenas mágicas y él la guió hasta una tienda especializada en ese tipo de suplementos. Ella salió con siete ejemplares, distintas revistas para las madres brujas, todas recomendadas por Sirius. Ambos estaban de acuerdo que su castigo erra horriblemebte agobiante y hubiesen preferido ayudar a Hagrid, como los demás castigados del colegio.
- ¿ Y por qué te castigaron?
- ¿De verdad no te acuerdas?
- No.
- Cuando me fui del colegio
- ¿Y a dónde fuiste?
- No preguntes estupideces, Black.
- Tú también puedes decirme Sirius.
- Está bien...Sirius...Me suena tan raro llamarte así. -El le sonrió y le dijo con las palabras filtrándose entre sus labios.
- Suele ocurrir. Oye, ¿por qué no vamos a las Tres Escobas? Invito yo, por supuesto.
- Uhm– Hay que decir que a Lily no le entusiasmaba la idea. La última vez que había estado ahí fue después de dejar a James solo en aquella habitación, por lo que no tenía muy bonitos recuerdos. Sin embargo, la mirada juguetona y la amplia sonrisa de Sirius hicieron que ella terminara cediendo. -Pero tú pagas, porque me he quedado pobre como una rata.
Una vez adentro, Lily vio el salón repleto. La mesa donde ella se sentó aquella vez fue como un golpe a sus recuerdos porque podía sentir toda la pena y la angustia quemando en sus venas de nuevo. Cuando estaba dispuesta a darse la vuelta, Rosmerta la abrazó afectuosamente, tomándola por sorpresa. Sirius estaba extrañadísimo por aquel saludo tan efusivo. Hasta donde él sabía ella y Rosmerta no eran cercanas. Con suerte se conocían.
- ¿Mejor? preguntó la mujer de tacos de colores a Lily.
- Mucho mejor. -Contestó la chica de pelo rojo.
- Oigan, ¿ustedes son amigas? -Dijo Sirius mirándolas con los ojos entrecerrados.
- Intimas. -Respondió Rosmerta con una sonrisa en los labios, besó al chico en las mejillas y se fue para atender a otras personas porque el bar estaba que reventaba.
Se fueron hasta una de las pocas mesas desocupadas que habían. Hablaron de muchas cosas, pero el tema más recurrente eran las nuevas y extrañas parejas que se habían formado para San Valentín. Sirius estaba convencido que aquel día debería llamarse San Calentín, porque parece que todos estuvieran ciegos y extremadamente necesitados de compañía. Pero de pronto algo en el ambiente entre ellos dos cambió y Sirius mirando a Lily a los ojos le preguntó.
- Lily ¿qué pasa entre tú y James?
- Nada, ¿por qué? ¿te ha dicho algo?
- No, no me ha dicho nada, pero yo no soy imbécil y puedo ver que algo pasa o que algo pasó. James intenta, desesperadamente, hablar contigo, tú no lo dejas El no me cuenta nada y está muy triste. Como si se pudriera por dentro. Y yo supongo que no me ha dicho nada porque tú se lo pediste ya que nosotros no tenemos secretos. Pero no más mentiras Lily porque sé que algo ocurre, puedo olerlo.
- Tienes pésimo olfato y una imaginación muy prolífica, Sirius. No deberías leer tantas novelas ni ver tanta televisión. Puedes tener pesadillas. -Señaló guiñándole un ojo e intentando disimular su nerviosismo.
- ¿Eso es esa extraña caja que me explicaste, cierto? -Preguntó Sirius, refiriéndose al televisor.
- Sí. -contestó Lily, sonriente. A esa altura, todo valía para cambiar de tema. Pero Sirius miró alrededor de ellos y tras comprobar que no había nadie lo suficientemente cerca para escuchar su conversación, se aproximó más a Lily y puso una mano sobre la mesa, muy cercana a los vasos y con una voz profunda y sedosa dijo. - Te cambio información por información, Lily.
- No sé qué información puedas tener que me interese.
- Más de la que crees, señorita encantamiento Evero. -La cara de Lily palideció inmediatamente y moviendo su cabeza de un lado para otro, con movimientos suaves, casi imperceptibles, preguntó.
- ¿Cómo...? ¿cómo sabes eso, Sirius?
- Tengo mis recursos,Lily. -Y echándose sobre el respaldo de la silla, miró a la chica con expresión de suficiencia. Subió las piernas hasta la superficie y las abrió de aquel modo tan peculiar que tenía, como si quisiera abarcar todo el espacio entre ellas. Cuando hizo ésto, un grupo de chicas de cuarto que estaban sentadas próximas a ellos, no pudieron ahogar un suspiro de admiración y enamoramiento.
- Está bien, ¡Pregunta! -dijo ella, totalmente molesta.
- ¿Dónde y con quién te fuiste cuando desapareciste del colegio?
- ¡No puedo responder eso! -Protestó Lily, tomando un largo trago de su vaso.
- ¡Qué pena! Con las ganas que tenía de hacer un favor a Cúpido hoy. -exclamó mirándose la punta de los dedos. La chica lo contempló un segundo, con expresión de frustración y le dijo finalmente.
- Tú ganas, Sirius. Te contaré. Salí con Potter y vinimos a Hogsmeade. -Pero Lily se descubrió diciendo la verdad cuando ella pensaba decir que había salido al bosque prohibido con Marc Power. -Y tras confesar involuntariamente lo que en realidad pasó, se llevó la mano a la boca.
- ¡Lo sabía! ¡Lo sabía! -Gritó Sirius. Todos los del bar los observaban con cara expectante, ávidos de nuevos chismes para soltar a correr por los pasillos. -Maldito, Jimmy que no me quería contar nada.
- Baja el volumen, por favor. ¿Cómo...? ¿Qué...? ¡Sirius Black! ¿Qué hiciste?
- Ya sabes, unas gotas de veritaserum. Tenía que asegurarme que no me engañaras. -Lily en ese instante descubrió por qué Sirius se había acercado tanto a la mesa y a ella hace unos momentos.
- ¡Eres un tramposo! -Y le pegó en el brazo. -Ahora dime todo lo que sabes con respecto a eso.
- ¿Qué cosa? Te digo la verdad, James no ha contado nada.
- No te hablo de Potter. Te habló del encantamiento. ¿Cómo lo supiste?
- Ah, es eso. Diggory me lo dijo
- ¡Perdón! ¿Quién? -Lily se atoró con un sorbo de su cerveza de mantequilla porque no podía creer las palabras de Sirius.
- Alex Diggory, tu ex novio. Lo vi el mismo día que te desapareciste del castillo, en realidad en la noche del día de tu desaparición.
- ¿Y te dijo "Hola, Black. Yo y Lily tenemos un encantamiento que se llama Evero"?
- No, no fue tan así. Todo empezó a raíz de la nueva novia de Diggory.
- Novia que no es tal. -James Potter intervino, sentándose entre Sirius y Lily, dejando el respaldo de la silla por delante y continuó- Te lo intento decir hace semanas, Lily. -Y ella ahora parecía la hermana perdida de Casper, el fantasma, porque no podía creer que él quisiera explicarle aquello desde tanto tiempo. Y James había utilizado su tono de voz más grave y maduro y se sentó con tanta seguridad que la descolocó. La sola idea de pensar en cómo se había comportado con él, mientras que James sólo quería decirle que Alex seguía soltero la hizo sentir ridícula. Su mente le decía – Vamos Lily, reacciona. Di algo-.
- Que se joda Alex y sus mentiras. -Frase que iba a continuar con un "No me interesa que tenga o no nueva novia" pero el veritaserum no le dejó pronunciar aquello. Porque sí le interesaba, sobretodo a su ego que volvía a ser el de antes, por fin tenía la seguridad que creía perdida en alguna sucia calle. Su ex no la había reemplazado tan rápido. La chica prosiguió. -Sólo me gustaría saber por qué anda contando nuestras cosas a los primeros con orejas que ve, pero eso es algo que ni tú ni Potter pueden responder.
Los dos chicos se quedaron callados, ambos sabían perfectamente cómo y por qué Alex les había hablado de Lily.
- Dijo que Romeo te extrañaba. -Agregó Sirius, después de un momento. -¿Quién es él?
- Mi perro / su perro. -Respondieron a la vez Lily y James, quienes se miraron y sonrieron.
En ese instante, Lily se dio cuenta de que James recordaba el nombre de su perro y ese detalle la hizo sentir el doble de estúpida porque hasta el momento él había sido un sol, ni siquiera le había contado que se fueron juntos al pueblo a Sirius. Sin embargo, recordó aquella habitación que era una copia del motel y ya no se sintió tan mal por tratar de aquel modo a James.
Y a la vez se sentía tan feliz, pero no sabía a ciencia cierta si era porque su ex no tuviera novia, ya que eso lo único que traía a su vida era una nueva confusión.
- Sirius, ¿sólo para hablarme de Alex me invitaste a salir? o ¿era un super plan que tenías con Potter para hacerse el señor interesante?
- ¡No! Ninguna de las dos cosas. Soy yo quien necesita tu ayuda.
- ¿Mi ayuda? ¿Para qué?
- Para que me acompañes a un centro comercial muggle.
- Si te interesa el LSD, los ácidos o lo que sea, no tengo idea donde venden. Pero te aseguro que no en un centro comercial muggle.
- Para las vacaciones de Semana Santa ¿te irás a tu casa?
- La chica asintió. -Pero aún no me dices qué quieres comprar-
- Quiero comprarme una moto.
- ¿Una moto muggle? -Intervino nuevamente James.
- Sí, y con unos pocos arreglos que ya tengo en mente, será la mejor princesa del mundo.
- ¿Mejor princesa que Lily? Lo dudo. -Una mujer de aproximadamente cincuenta años, muy bien conservada, se acercó a la mesa que ocupaban los chicos y sonrió a Lily con expresión maternal. Lily se quedó clavada en la silla ante la aparición de aquella mujer. Era su ex suegra que la miraba con gesto radiante y con un brillo acuoso en los ojos. -¡Pequeña!, te he extrañado tanto. He sufrido mucho con lo que pasó entre ustedes -la mujer cerró fuertemente los ojos al tiempo que murmuraba. -Ha sido horrible.
Lily por fin logró reaccionar y se levantó abrazando a aquella mujer que la trataba con tanto amor. La mujer se aferró fuertemente a ella y sollozaba con profundidad.
- Tranquila, Kate. Que Alex y yo ya no estemos juntos no significa que nosotras no nos volvamos a ver. Sabes que siempre contarás conmigo.
- No me respondiste mi último pergamino, pensé que me odiabas -dijo entrecortadamente.
- No sabía qué escribirte. Estaba muy confundida. -A Lily los ojos se le estaban anegando en lágrimas, si había un encuentro triste en su historia con Alex era aquel. La madre de Alex era una mujer separada. Su marido, un brujo que trabajaba en el ministerio, la había abandonado por otra, una tipa horrible con cara de sapo de apellido Umbrigde y que tenía muchas influencias. Kate, era una mujer sola en el mundo, que sólo tenía a sus dos hijos: Alex y Amos y ninguno de ellos le prestaba mucha atención a su madre. Cuando Lily llegó a su vida, sintió que por fin tenía la tan ansiada hija. Era una compañera ideal, la escuchaba, la acompañaba, comprendía, aconsejaba, animaba, etc. Si Kate era fanática del cine, era por obra de Lily.
- Estás igual de hermosa, un poco delgada, pero hermosa de todas maneras. ¿Cómo están las cosas por casa? -Preguntó limpiándose la nariz con un pañuelo bordado.
- Están todos bien. ¿A qué no sabes que Petunia se casa con Vernon el próximo año? -Apenas Lily dijo esto, las dos mujeres se pusieron a reír animadamente.
- ¿De verdad? ¿Y tus padres que han dicho?
- Uhm, no mucho. Ya los conoces y creen que debemos tomar nuestras propias decisiones, pero cuando yo dije que no quería ir a esa boda, me respondieron que para mi eso era una obligación de hermana.
- Me esperaba una respuesta como esa de tus padres. -La mujer miró a Lily intensamente, pero como la chica no decía nada, le interrogó. - ¿Y?
- ¿Y qué? -Dijo Lily mirándola directo a los ojos.
- ¿Has hablado con Alex?
- No, tampoco quiero. -aseguró Lily. -No estoy segura de que haría si lo tuviese al frente. Creo que todavía no sé si lo descuartizo manualmente o con un cuchillo. -Y ahí, enfrente de casi medio colegio y muchos clientes de las Tres Escobas Lily empezó a resplandecer levemente de un tono azul. -Lo siento, pero aún tengo mucha rabia. -Agregó rápidamente, logrando que se apagará todo signo luminoso de su entorno, antes de que alguien lo notara.
Pero James que no se perdía detalle de la conversación de las dos mujeres, observó que las luces celestes se despertaron e iluminaron el cuerpo de Lily Recordó la tan desafortunada escena donde había aparecido la sala de los menesteres, y todo encajó para él como un gran puzzle. -Una luz menos. -Se dijo asimismo.
- Sirius ¿te molesta mucho si te dejo con Potter?
- No es mi tipo, Lily, pero te perdono con una condición.
- ¿Cuál?
Que me recibas en tu casa para semana santa y que me ayudes con lo que te pedí. -Y sus ojos bailarines resplandecieron coquetamente.
- Trato hecho. -Respondió Lily y se fue con Kate Diggory de aquel lugar.
/
Debo reconocer que mis capítulos favoritos parten desde aquí en adelante. Creo que la historia se vuelve más entretenida y con más contacto entre Lily y James. No es que no me gusten los otros capítulos, pero quizás me hubiese gustado asumirlos desde otro ángulo. A la gente que ya ha leído antes esta historia, no sé cuales son los capítulos que más les agradan. Podrían contarme sólo para saber. (Sí, soy muuuy copuchenta)
Y los que son nuevos, tengo menos idea aún, pero siempre quiero saber su opinión. Sea buena o mala, aunque no lo crean, ayuda un montón.
Espero traerles lo que sigue pronto. Mientras tanto mis disculpas y muchos besos
