14. Caza carnal.
Me metí en la ducha. La mezcla de sudor, barro y sangre me daba demasiados escalofríos. Lo suficiente como para tirarme más de una hora bajo el agua sin lograr en ningún momento quitarme la sensación de suciedad que me invadía.
Desde que el Consejo de Alacante aprobase el exterminio de todo subterráneo que pudiese suponer un obstáculo para la convivencia entre las distintas razas esto era un absoluto caos. Tenía la cabeza embotada, mis articulaciones estaban rígidas como una piedra y mis músculos proclamaban a gritos unas vacaciones. Valentine se estaba pasando más de la cuenta. Cierto es que después de la muerte de su padre es normal que se lo tome más en serio, pero lo que me pilló totalmente desprevenida a mí y a todos, me atrevo a decir, es el impacto que supuso para él el asesinato de Rogart.
Jamás hubiese dicho que estuviesen tan unidos como para que él estuviese actuando de este modo y en parte, el compromiso con el que estaba afrontando toda esta situación tras la muerte de nuestro compañero… Es digna de contemplar y de admirar.
Salgo de la ducha, el vaho y la humedad manchan el ambiente y entorpecen mi visión. Me enrollo una toalla al cuerpo y empiezo a cepillarme el pelo mojado mientras me sumo en mis pensamientos. Alguien llama a la puerta.
- ¿Sí? – Preguntó antes de abrir ya que sigo en toalla.
- Soy yo – Antes de abrir ya sé quién es. Michael.
- Hola… ¿Qué quieres? – Respondo secamente, la verdad es que hoy no me apetece verle… Ni en los días sucesivos, esto me está superando física y mentalmente y no necesito otra distracción en mi vida.
- Creo que esa pregunta tiene una respuesta evidente. – Sonríe echándome un vistazo de arriba abajo.
- Michael… Ahora no, no estoy de humor, será mejor que te marches. – Me siento desprotegida ahora con esa toalla, debí haberme puesto unos pantalones al menos. Y esperando que me comprenda le sonrío y le cierro la puerta, aunque él a tiempo de que le despida bloquea el cierre con la pierna.
- Jocelyn… ¿A qué coño viene esto? Llevas una semana esquivándome. Casi ni me diriges la palabra. ¿Y ahora pretendes que me vaya sin que me des tan solo una explicación? – Me mira tan seriamente que soy incapaz de mantener la mirada. Así que le dejo pasar, ya es hora de que aclare todo.
- Michael… Siéntate, por favor. – No me hizo caso. En parte era entendible su confusión.
- Abrevia. No hace falta que adornes la realidad.
- Está bien. No te quiero. – Me ardían las mejillas, tenía un nudo en el estómago y ganas de vomitar… Ahora sabía lo que se sentía al iniciar una ruptura.
- ¿Crees acaso que no lo sabía desde el principio? No insultes mi inteligencia.
- Y entonces… ¿Qué hacías conmigo?
- A ver… Jocelyn, tú eres una mujer, y yo un hombre. ¿Qué hay que explicar?
- No puedo seguir haciendo esto, eso hay que explicar. – Respondí fríamente.
- ¿Y puedo saber qué es lo que ha cambiado desde que empezamos lo nuestro hasta este momento? – Estaba colérico… No podía entender que Michael fuese capaz de mostrarse tan… Agresivo.
- Yo, yo he cambiado. Ya no quiero esto, otras cosas son más importantes que tú o que yo y prefiero invertir mi tiempo en evitar que nos maten que en continuar una relación que no llevará a ningún lado.
- Miéntete a ti si quieres, pero conmigo ni lo intentes. – Me dejo con la boca abierta y se fue sin decir nada más y sin echar una sola mirada hacia atrás.
Me vestí con parsimonia, realmente tras este encuentro no quería fingir que la visita de Michael no me había afectado, no sentimentalmente, pero sí había afianzado una sensación de incomodidad que no me abandonaba ni por un solo instante.
Me puse el uniforme habitual de los nefilims y baje hacia el salón donde sin duda estarían esperando Valentine y Lucian para comenzar con la junta que habitualmente se realizaba después de la cena y estaba en lo correcto.
- Por favor, toma asiento Jocelyn. – Repuso gentilmente Valentine. Hacía mucho tiempo que no le veía sonreír de verás, no podía evitar sentirme responsable de él.
No hizo falta decir nada mas ya que ninguno de nosotros tres tenía algo que decir así que nos tocó esperar en silencio a que llegase el resto de integrantes de El Círculo.
- Buenas noches a todos. – Añadió el líder indiscutible una vez estuvieron todos sentados y presentes. – He de felicitaros, a todos. Estáis haciendo un trabajo formidable es por eso que el Consejo de Alacante nos ha incrementado las subvenciones lo cual es una grata noticia y todo mérito vuestro, ya sabéis. – Como siempre Valentine haciendo que todos y cada uno de nosotros nos sintiésemos absolutamente imprescindibles para El Círculo.
- Como sabréis esta noche es luna nueva, lo cual conllevará por todos nosotros gran esfuerzo para retener el sangriento asesinato de los licántropos. Hoy es un día verdaderamente complicado para nosotros ya que como imagino que supondréis tendremos que separarnos en grupos de dos a excepción de Malachi… Que bueno… Tras la muerte de Rogart esta noche se quedará en casa. – Malachi alzo la cabeza, desaprobaba en absoluto la decisión de Valentine y este se percató. – Lo siento, Malachi, pero me niego a tener que llevar sobre mi espalda otra muerte más.
- Pero no es justo, soy muy capaz solo… Y en tal caso… Podríamos ir en una pareja de tres… - Argumento este con fé absoluta.
- No estamos adiestrados para luchar de tres en tres. Nuestro modo de combate siempre ha sido dual. Tu inserción en alguno de los otros grupos sería una absoluta condena para ese grupo, así que no discutas más este asunto ya que hasta tú sabes que no es sensato. – Malachi apartó la mirada como si fuese un niño que acabase de ser reprendido por su padre.
- A cada grupo le he asignado una posición estratégica donde abundan todos los meses víctimas por culpa de la licantropía que he dejado encima de la mesa para que leáis. Los grupos serán los habituales como bien sabéis. Así que, bueno, eso es todo. Suerte. – Concluyo dando por finalizada la reunión pero para sorpresa y alegría mía alguien más se manifestó.
- Con… Mis disculpas… Pero quiero cambiar de pareja de grupo. – Añadió Michael con toda mi gratitud todo sea dicho.
- ¿Perdón? – Valentine estaba absolutamente indignado a la par que sorprendido – Imagino que estarás bromeando… Y sabes que no hay tiempo para eso.
- No… No bromea – Añadí yo avergonzada.
- La respuesta es clara y definitivamente NO. – Dijo tajantemente Valentine enrojeciendo de ira.
- Pues si esa es tu respuesta… Clara y definitivamente no realizaré la misión, me quedaré con Malachi, o que él ocupe mi lugar, me da exactamente lo mismo. – Valentine miro a Michael con un odio como jamás hubiese podido observar hacia una persona. Michael era la única persona que alzaba la voz y desafiaba a Valentine, y esto suponía para él un pulso.
El resto de miembros de El Círculo al palpar la tensión previa que se manifestaba en el ambiente buscaron excusas para salir huyendo de la estancia, incluyendo a Malachi que sentenció que no pensaba fomentar ninguna situación que le dejase entre la espada y la pared. De manera que quedásemos únicamente Valentine, Lucian, Michael y yo.
- Vale… - Hizo amago de serenarse. – Dame una buena razón para que yo tenga que cambiaros de pareja… Aunque deberías saber que nadie va a aceptar tal cambio ya que como sabéis nuestro adiestramiento consiste en protegerse el uno al otro y conocer todos y cada uno de los movimientos de tu compañero… Evidentemente al cambiaros será imposible que conozcáis la forma de lucha del otro. – Argumentó Valentine como si fuese la mayor obviedad del mundo.
- Pues entonces… Temo que tendrás que contar con una pareja menos para esta misión. – Respondió Michael encogiéndose de brazos como si no le importase en absoluto.
- Me temo… Que no lo has entendido… - Se notaba que estaba perdiendo la paciencia. – Si queda un franco libre habrá VÍCTIMAS… ¿Entiendes la importancia o es que acaso serías capaz de cargar con esas posibles muertes?
- Prefiero tener que cargar con una muerte que con la carga que me supone Jocelyn Fairchild. – Me dieron ganas de pegarle un puñetazo… Pero preferí no agravar la situación, además… Presentía que era muy probable que fuese el propio Valentine el que le atizará.
- Valentine… Déjalo. Yo iré con Wayland. Las semanas que estuviste liado con lo de las Salvaguardas entrené días sueltos con él y más o menos nos entendemos… Y bueno… Tú con Jocelyn… - De repente miro hacia el suelo… Como si estuviese molesto conmigo por algo. – Bueno, ya sabes, son muchos años, os entendéis a la perfección en el combate, casi tanto como conmigo, no supondrá mayor problema y lo sabes.
- ¡NO, Lucian! No pienso ceder ante esto. Michael quieras o no quieras irás con Jocelyn, y no se hable más.
- No, Valentine, te equivocas. Quieras o no quieras, NO iré con ella, y no hay más que hablar. Puedes aceptar la propuesta de Lucian o puedes quedarte sin nada. Tú eliges. – Sentí como Valentine masticaba la bilis en su boca… Sus segundos de tardanza ante una reacción solo podían suponer que había perdido, que daba la victoria, con suerte para mí, a Michael… Y no me equivocaría al decir que era su primera derrota.
- Tú ganas Wayland. – Recalcó las palabras mostrando verdadero odio en ellas por primera vez… Solo con Michael le había visto reaccionar de esta manera. – Vamos. – Me dijo indicando que saliésemos de ahí antes de que se abalanzase para pegarle una paliza al subnormal de Michael. Tuve que correr para alcanzarle y siguiéndole a trompicones nos adentramos en un portal cuyo destino desconocía, pues con todo el lio del cambio de pareja no sabía que misión me habían atribuido finalmente.
Tras salir del portal solo podía adivinar que se trataba de una ciudad, muy monumental, seguramente estuviésemos en algún país de Europa, con mucho encanto, eso sí. Valentine siguió caminando a un paso que yo no alcanzaba a no ser que corriese en algunas tandas, con aquel trote acabe teniendo flato y respirando dificultosamente.
- ¡Valentine! O andas más despacio y acabarás yendo tú solito. – Grite su nombre cinco metros detrás suya mientras me ponía la mano en el estómago debido a las tremendas punzadas del flato. Al menos resulto porque giro de inmediato mirándome fríamente de pie. - ¿Qué demonios te pasa? Vale, Michael es un capullo, pero al menos no lo pagues conmigo.
- ¿Qué no lo pague contigo? ¡No le paraste! Por tanto reafirmaste su inconformismo restándome autoridad y demostrando que esto es para vosotros como un juego.
- ¡No! Esto no es para mí un juego, y que tú me acuses de esto me indigna… Pero es evidente que no quería estar con él, me incomoda su presencia… Y me extraña que no averigües el por qué tras lo que te dijo Lucian de nosotros.
- ¿Decirme el qué? – Preguntó extrañado Valentine. – Y no sé absolutamente nada de vosotros. De hecho me ha pillado totalmente de sorpresa teniendo en cuenta que últimamente estabais todo el rato juntos, creía que compaginabais y de pronto, en vistas a la misión más importante desde que aprobaron la caza de los subterráneos me asaltáis con estas. Si eso no es tomárselo como un juego… ¿Qué lo es?
- Un momento… - Empecé a relacionar, no me podía creer que Lucian no le hubiese comentado nada, pero estaba más que claro que no lo había hecho y no sabía ni podía entender el por qué. - ¿No sabías que Michael y yo estábamos… Juntos? – Y entonces vi la confusión en su rostro.
- Evidentemente… No. ¿Acaso tenía que ser de otra manera? – Ironizó jactancioso. No le culpaba.
- Teóricamente… Sí. Pero eso ahora no tiene importancia, supongo. Y está anocheciendo, así que supongo que no tenemos mucho tiempo para esta conversación y además tampoco creo que quieras escucharla. – Quise que él dijese que sí, que quería escucharla… Pero su frialdad y el hecho de que no dejase de mirar el reloj deseando que esta incomoda conversación no se prolongase demasiado me hizo ver su enorme grado de enfado.
- Primera cosa sensata que te oigo decir hoy, porque no, no hay tiempo para conversaciones absurdas de peleas de enamorados.
Y comenzó a andar mientras yo le seguía, al menos el ritmo disminuyo claramente.
Durante toda la caminata hacia donde quiera que fuésemos, ya que no me atrevía a preguntarle, no pude dejar de pensar en Lucian. ¿Por qué me engaño? ¿Por qué me dijo que sí se lo había contado cuando no lo había hecho? No quise pensar mal de él, jamás me atrevería, a fin y al cabo era mi mejor amigo y si no lo había hecho estaba claro que habría tenido un buen motivo. Pero claro, también era el mejor amigo de Valentine y aunque me jodiese sabía que el cariño que tenía por él era 100 veces superior que el que pudiese tener por mí, así que solo tenía un certeza sobre el asunto. No le contó nada para protegerle de mí. No le podía reprochar absolutamente nada, ya que nuestros constantes dramas tal vez afectasen más a Valentine de lo que yo pudiese saber y a Lucian si se atreviese a contar.
Al fin Valentine paro enfrente de un bar llamado "Perte de conscience", francés "Perdida de conciencia", JA, buen nombre para un bar, no me cabía duda.
- Está bien, Joce. Estamos en Francia, como te habrás llegado a imaginar, para ser más exactos en Orleans. – Genial, siempre quise ir a Orleans… Pero hoy no era un buen momento para hacer turismo predije. – Lleva 10 meses seguidos registrándose mensualmente alguna extraña muerte o desaparición provocada por extrañas y peculiares mordeduras de "lobos". Además, cuento con fuentes que atestiguan que en este bar abundan presencias subterráneas de cuando en cuando.
- Así que lo idóneo es que empecemos por aquí, si alguien sabe algo sobre licántropos este será el lugar. – Termine la explicación por él mientras este me regalaba una sonrisa imperceptible que rápidamente oculto.
Al entrar al local mi desconcierto juraría que acompañó al de Valentine. Lejos de ser el típico bar con mala apariencia y lleno de personas que posiblemente hubiesen matado a alguien o que diesen la impresión de ser capaces de hacerlo, ahí estaba este pequeño bar de Orleans. Un sitio entrañable. La típica cervecería donde ponen música rock melódica y donde se reúnen grupos de mundanos para beber entre risas acompañados de un buen licor y el humo de sus cigarrillos.
- No sé si esto me da buena espina… - Respondí con la misma confusión que podía experimentar el propio Valentine.
- Bueno… Preguntemos a ver si alguien sabe algo.
- Pero… Valentine… Aquí solo hay mundanos. Ni un solo subterráneo. No podemos ir preguntando como si nada sobre existencia de licántropos en la ciudad sin que nos tomen por locos.
- Está bien, actuemos con naturalidad antes de llamar la atención de todas las personas del bar – Añadió al tiempo en que el que sin duda sería el dueño del establecimiento nos miraba dudando sobre nuestra honestidad o intenciones. Nos dirigimos hacia una de las mesas, la que estaba al lado de la caja musical, y nos sentamos esperando a que se acercase la camarera para pedir algo y actuar con normalidad, como mundanos.
- Que faut-il? – (¿Qué van a tomar?) Preguntó la camarera vocalizando más de la cuenta al percibir que claramente no éramos franceses.
- Deux pintes, s'il vous plaît. – (Dos pintas, por favor) Respondió Valentine con un perfecto francés a tiempo de que la camarera se marchase dedicándole una sonrisa con intenciones claramente deshonestas. Irremediablemente la mire con prepotencia, ¿de qué demonios iba pavoneándose de esa manera cuando él estaba conmigo? Bueno, no estamos juntos, pero ella no tenía manera de saberlo. La risa de Valentine me devolvió a la realidad.
- ¿De qué demonios te ríes tú? – Respondí malhumorada.
- De nada de lo que debiera sentirme orgulloso. – De pronto volvió a mostrarse frío como el témpano. – Finjamos que hablamos de algo sumamente interesante hasta que veamos algún movimiento extraño ¿te parece?
- ¿Pero qué mosca te ha picado ahora? A veces me gustaría estar dentro de tu cabeza para saber en qué piensas o a qué vienen tus constantes cambios de humor. – En cuanto dije esto me miro de tal manera que en seguida me sentí desprotegida. – Vale, perdón, me he pasado, tienes tus motivos para estar cabreado tras lo que paso con Michael. Tendría que haberme manifestado en contra del cambio de pareja. No es justo para vosotros.
- Déjalo, en serio Jocelyn… No es el momento para hablar de esto. Bebamos y crucemos palabras para actuar con normalidad y esperemos nuevas. – Decidí acceder en silencio hasta que la camarera nos trajo las cervezas.
Cuando nos quisimos dar cuenta ya habíamos bebido cuatro pintas cada uno y sin ser plenamente conscientes de nuestras facultades ya no actuábamos con distanciamiento alguno, no podía evitar reír por cualquier cosa. Ya fuese por el acento francés de la barra, por la pareja de al lado que sin duda estaban teniendo su primera cita o por los horribles programas televisivos que echaban por la televisión que había colgada en el bar.
- ¿Te acuerdash de… Del día esse? - Antes de terminar una frase, que por cierto tenía tremendas dificultades en pronunciar exactamente bien, no podía evitar reírme y era una sensación agradable que Valentine hubiese dejado atrás la seriedad que le llevaba particularizando últimamente. – ¿Cuándo Blackwell intentando eshcupir a la profesora Poppins termino reshbalando sin querer y termino eshcupiendose en la cara? – Los dos estallamos en risas.
- Eh eh eh… Que GRANDE fue ese día, encima le tuvieron que dar cuatro puntos en la cabeza. – Remato para descojone final. Al terminar la cuarta ronda volvió la camarera a lo que Valentine termino pidiendo dos vasos de chupitos y una botella de whisky para los dos, a lo cual yo accedí con total entusiasmo.
Al paso de una hora nos encontrábamos con la mayor borrachera de nuestras vidas. No había duda que al día siguiente no podríamos movernos prácticamente de la cama… Y realmente ya no recordábamos casi por qué ni para qué estábamos en Orleans.
Así que comenzamos a hacer timbas de billar con dos parisinos que también estaban embriagados seriamente en alcohol.
No, por si dudáis… Perdimos. La mayoría de veces al dar con el palo acabábamos rozando la bola sin llegar a darla en el centro pues al intentar golpearla podía percibir visualmente como esta se movía por propia voluntad… Ahora entiendo lo denominado visión túnel.
- Joselyn Fairrrrchild – Vocalizo Valentine con la botella en la mano. – Vamonosh a una fuente. – Empecé a reír automáticamente.
- ¡Pero yoooo quiero bailarr! – Acabe subida a una mesa, no sé cómo, ni por qué pero hasta el propio dueño del bar acabo dedicándome las canciones que ponían por la minicadena… En fin, del resto no recuerdo absolutamente nada hasta que salimos del bar "Perte de conscience" (cuánta razón tienen) dirigiéndonos hacia la fuente.
- Jocelyn… - Consiguió articular lentamente Valentine, se notaba que había puesto gran esfuerzo en ello. – Eres una estupenda compañía para salir de juerga. Tantos años… Y lo descubro ahora.
Aunque quisiésemos no podíamos quitarnos la estúpida sonrisilla de la cara y para no caer, ya que ambos íbamos tambaleándonos, nos apoyábamos el uno en el otro, mientras íbamos por toda la calle pegando gritos, pobre vecinos.
- ¡Mierda! – Me sobresalto Valentine de golpe. – La puta misión… Nos hemos olvidado por completo de ella. – Era como si la borrachera se le hubiese pasado de golpe. – Y todo por tu culpa, con Lucian nunca hubiera pasado cosa parecida. – Me reprocho como si yo fuese la que le obligo a beberse esas cuatro pintas y media botella de whisky… Eso era realmente injusto.
- ¿Cómo cojones tienes tanto morro? – No, en el estado en el que estaba no podía ser muy educada, tampoco es que lo fuese muy de costumbre. Y le empuje desafiándole.
Valentine me miró desafiante y acto seguido me empujo él. ¿De qué cojones iba? Sin pensar detenidamente en ello me quite un zapato y se lo tiré al estómago. Él se quedó totalmente blanco y con la cara desenfocada vino corriendo a mí y me cogió como si fuese un saco de patatas. Yo comencé a patalear pero él en cambio cuando hubo llegado a la buscada y ansiada fuente me tiro en ella.
Chorreante de orgullo como estaba y con ansias de venganza cogí a tiempo su estela del bolsillo trasero.
- Eh. Devuélveme eso de inmediato.
- ¿La quieres? – Pregunté provocándole. – Pues o te metes en la fuente en la que tan amablemente me has metido tú o la tiro con todas mis fuerzas hasta hacerla pedazos.
Si las miradas matasen esta sin dudas sería una de ellas. Tal vez solo lo hiciese porque estuviese lo suficientemente borracho como para no pensar en la reputación intachable de líder que profesaba por todos los rincones pero tras descalzarse acabo metiéndose en la fuente. Cuando pude ver con enorme satisfacción que él también se había mojado por completo le di la estela sin poder reprimir la risa.
- Eres estúpida. – Añadió acorralándome cada vez más contra la estatua que habitaba en el centro, una de Poseidón, Dios del mar.
- Y tú eres insoportable.
- Y tú una engreída.
- Te odio. – Tercié exhausta ya con el cuerpo totalmente apoyado a la estatua.
- Me alegro, al menos coincidimos en algo.
Podría decir que estaba absolutamente planeado, pero mentiría. También podría decir que fue algo premeditado… Pero tampoco sería cierto. El caso es que me cogió de la cara y empotrándome aún más a la estatua nos besamos con pura necesidad. Empapados como estábamos en una preciosa fuente de Orleans, una noche de luna llena y besándonos con absoluta pasión como hacíamos, estoy segura de que podríamos haber ocupado perfectamente bastantes postales sobre Francia, país del amor.
Nuestras respiraciones lejos de ser normales eran de lo más agitadas, y a medida que pasaba el tiempo subía la tensión. Pronto cogió uno de mis muslos empapados y lo utilizo para rodearse con él, evitando así que hubiese un solo milímetro de distancia entre nosotros. Pronto Valentine comenzó a bajar, dándome besos primero por el cuello y luego por el canalillo.
En un intento de abrir los ojos me percate de una luz, una luz que venía hacia la fuente. Genial, Le Police.
- Valentine… - Susurré muerta de vergüenza ya que el coche acababa de frenar enfrente de nosotros, pero él debió entenderlo como una incitación porque tuve que separarle para que me hiciese caso. – La policía francesa… Estar en una fuente es un delito… No quiero ni imaginar lo que será estar retozando en una fuente.
- Tenemos que correr – No, correr no, no íbamos a huir como criminales. - Recuerda que para los mundanos nosotros no existimos, no estamos fichados. – Vale, visto de esa manera lo mejor sería huir como criminales.
Salimos corriendo de la fuente hacia arriba antes de que la policía llegase a la fuente. En cuanto estos nos vieron correr salieron tras nosotros. Por desgracia para nosotros haber estado en el agua hacia que nuestras ropas pesasen el triple y que al pegarse a nuestra piel a medida que corriésemos dar cada paso se volviese más duro, por suerte para nosotros contamos con estelas así que al primer callejón que llegamos rápidamente nos adentramos con estela en mano a tiempo de ponernos una runa de invisibilidad justo cuando la policía llego al callejón. Ver la cara de incertidumbre de estos no tenía precio y más teniendo en cuenta que se trataba de una calle cortada.
Esperamos a que se fuesen y nos dirigimos hacia el portal, no sin antes volver a la fuente para que Valentine recogiese sus zapatos.
Al llegar a la casa solariega no nos encontramos con nadie en absoluto. Lo cual era raro ya que habitualmente solían esperar hasta que todos llegaban.
- ¿Por qué no hay nadie esperándonos? Serán las 3 aproximadamente, no entiendo dónde están. – Repuse nerviosa.
- No, Joce. Son las 6 de la madrugada… Todos están durmiendo. - ¿Tan tarde? No me lo podía creer. - Y sígueme, vayamos a por una toalla para secarnos. – Le hice caso sin oponer resistencia, tal vez debido a que aún me sentía como si estuviese en una nube.
En silencio nos secamos en su habitación sin dejar ni tan siquiera de mirarnos un solo segundo. Parecía uno de esos documentales donde el animal mira durante horas a su presa hasta que decide atacarla, pero a diferencia ninguno de nosotros dos se abalanzaba a la presa.
- Vaya… El destino siempre nos juega estas pasadas ¿verdad? Si no es una cosa es otra. Estamos condenados a ser… Amigos. – Respondió Valentine dejándome pasmada. No hablaba con amargura, al contrario.
- ¿Amigos? Si eso es lo que crees que llevamos siendo todo este tiempo debes tener pocos amigos. – Respondí riendo.
- Bueno, lo que sea es una putada. – Y suspirando se tiro con los brazos extendidos en cruz sobre su cama.
- No, me niego a pensar que nuestra relación está en manos del destino. – Dije a tiempo que me quitaba el vestido sentándome en la cama a su lado mientras él sin apartar la sorpresa de su rostro me agarraba por la cintura y me ponía debajo suya.
Entre besos y caricias nos hicimos el amor.
