Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to LyricalKris. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.
Do The Right Thing
Autora: LyricalKris
Traductora: luzalejatb
Beta: Melina Aragón
Capítulo 13: La vida sigue
La conversación de Bella con Edward la noche anterior a su liberación del hospital hizo mucho para calmar la ansiedad que la atormentaba cada momento que pasaba despierta. Bella siempre había estado angustiada por decisiones importantes, pero una vez que se decidía, encontraba paz en su camino.
El día anterior, cuando Bella recibió una prueba irrefutable de la vida que crecía dentro de ella, se sintió arrinconada, completamente indefensa contra la situación que le habían infligido sin su conocimiento ni consentimiento. Por lo que Bella recordaba, había llegado al verano de su decimoséptimo año virgen, sin embargo, aquí había evidencia de que alguien había visto su cuerpo desnudo, de hecho, había estado dentro de ella. No había nadie, en su memoria, con el que hubiera compartido su cuerpo de esa manera, así que todo parecía como si hubiera sido terriblemente maltratada. La hizo sentirse fea y expuesta: la sensación de violación la hizo sentir mal del estómago y el corazón. Si eso no era lo suficientemente malo, algún día pronto se vería obligada a dar a luz algo que siempre sería un recordatorio de esa violación.
Cuando Edward, con su tono amable y compasivo, trajo a colación las opciones que tenía, la elección fue casi fácil. Por supuesto, se le había ocurrido el aborto, pero cada vez que lo había pensado, ella lo había empujado a lo más recóndito de su mente, fuera de su alcance. Poner palabras a sus pensamientos errantes la obligó a tratar con ellos. No eran opciones fáciles, pero sí tenía la opción de decidir si traería o no a su hijo a término. Ella tenía el control tanto de la situación como de su cuerpo.
Independientemente de si ella lo quería o no, estaba embarazada; no había mucha escapatoria. Era cierto que ella deseaba con todo lo que tenía simplemente poder alejar el embarazo, pero era un hecho. No solo eso, sino que, aunque sentía una amargura aterradora que rayaba en el odio por el ser que había secuestrado su cuerpo, también sabía que era muy querido por muchas de las personas a su alrededor: Billy y Rebecca, sin duda, y aunque habían tenido cuidado de evitar el tema, era difícil no ver la chispa en los ojos de su madre cuando hablaba de cualquier cosa relacionada con el embarazo. Bella sabía que la principal preocupación de su padre era su salud y bienestar, pero también sabía que él amaría a cualquier niño suyo.
Si bien aún no podía entender la posibilidad de ser la madre de alguien, podía proteger una vida inocente para sus seres queridos. Aunque la perspectiva era asombrosa—la idea de ver crecer su vientre y sentir la cosa moverse dentro de ella, por no hablar del horror que era el nacimiento— Bella sabía que haría todas las cosas correctas para garantizar un embarazo saludable. Ella seguiría las órdenes y restricciones del médico, tomaría todas sus vitaminas, haría mucho ejercicio, bebería mucha agua y cualquier otra cosa que se le indicara que hiciera.
Después de eso...
Bella intentó consolarse con la idea de que tenía tiempo antes de tener que tomar más decisiones sobre el bebé.
De todos modos, las decisiones más inmediatas requerían su atención.
—Ay, mamá —protestó Bella.
—Lo siento, cariño —se disculpó Renée, acariciando el sensible cuero cabelludo de Bella.
Para darle a su madre algo que hacer por ella, Bella había aceptado dejarla peinar su cabello. Era algo extrañamente maternal para ella. Más extraño aún era que Bella se sintió apaciguada por los movimientos del cepillo en lugar de molesta o impaciente. Sin embargo, ella había golpeado una maraña, y el cuero cabelludo de Bella todavía estaba dolorido donde su cabello comenzaba a crecer a lo largo de las líneas de su herida que seguía sanando.
Renée suspiró.
—Realmente desearía que reconsiderases, Bella. Siempre pensé que te encantaría Florida. Por qué te quedaste aquí en el triste Washington, nunca lo entendí. Supongo que estaba Jacob, pero...
Bella frunció el ceño, no le gustaba la idea de que ella basara sus decisiones según dónde estaba Jacob.
—Washington ha sido mi hogar durante mucho tiempo, mamá.
—Lo sé —aceptó Renée, dándole palmaditas en el brazo para calmarla—. Es solo que ahora es un buen momento para cambiar las cosas, si eso es lo que quieres. —Ella sonrió, parecía emocionada—. Es como si tuvieras una segunda oportunidad, cariño.
De pie, Bella se alejó un poco, hurgando en su bolso, aunque no tenía nada que empacar.
—No quiero una segunda oportunidad. Quiero recuperar mi vida. —Frunció el ceño—. No importa la vida que tenga.
—Al menos quédate con tu padre entonces.
—Mamá —interrumpió Bella, exasperada—. Tengo que volver a mi vida real. A mi casa. Tal vez el ambiente me sirva de algo.
Era raro ver a Renée tan preocupada, pareciéndose tanto a una madre.
—Solo pensar en ti ahí sola...
Bella no dijo nada. Esa mañana, ella había informado a sus quejosos padres que solo pasaría una noche en la casa de su padre. Había pasado la mayor parte de la noche anterior reflexionando sobre el curso de acción correcto y decidió que necesitaba volver a lo que le quedaba de su vida anterior. Ella era mayormente independiente de sus padres a los diecisiete, estaba segura de que era completamente autónoma a los veinticinco, incluso si la idea de vivir sola la ponía un poco nerviosa.
—¿Hola?
Automáticamente, los labios de Bella se arquearon en las comisuras y sus mejillas se sintieron más cálidas. Se volvió hacia la puerta para encontrar a Edward apoyado en el marco. Cuando la vio, él le devolvió la sonrisa y la calidez que corría por sus venas pareció aumentar de temperatura.
—Hola —saludó, sintiéndose a la vez tímida y envalentonada. Aunque se sentía completamente ridícula con este hombre, era extraño todavía tener una esperanza con alguien que nunca podría estar interesado en una niña de escuela como ella, aun así, descubrió que, en su presencia, era más valiente.
La sonrisa de Edward se ensanchó antes de que sus ojos se movieran hacia Renée.
—Buenos días, Renée —saludó. Él se puso serio cuando entró en la habitación, y Bella se preguntó por qué su madre lo estaba mirando con dureza.
Edward levantó su mano, y por un momento, Bella contuvo el aliento, pensando que él podría acariciar sus mejillas. En cambio, él tocó su brazo ligeramente.
—Entonces, me enteré de que te están dando de alta hoy.
—Sí, supongo que están cansados de esperarme.
Él frunció los labios, aparentemente divertido.
—¿Qué sigue? —preguntó en voz baja, su expresión abierta y preocupada.
Bella sintió que se le cerraba la garganta.
—Vamos al cementerio primero. —De alguna manera, ella deseó que él fuera con ella y poder tomar su mano.
Sus ojos se tensaron, y él asintió.
—Comprensible.
—Esta noche, me quedaré con mi papá, pero mañana... —Ella respiró hondo. El futuro parecía tan insuperable—. Mañana, intentaré irme a casa.
—Sigo diciéndole que no tiene que presionarse tan rápido —agregó Renée.
—No es como si estuviera haciendo algo extenuante —dijo Bella, ligeramente molesta. Su reserva de paciencia se estaba agotando rápidamente.
—Bella debería estar bien —dijo Edward firme—. Si ella se siente abrumada, ni tú ni Charlie estarán lejos. —Miró a Bella —. Y tienes amigos cerca, también.
—¿Ves? Estaré bien —aseguró Bella con firmeza.
Con el respaldo de Edward, realmente sintió que podía poner algo de convicción detrás de esa afirmación.
~0~
Cuando Edward salió de la habitación del hospital de Bella, no le sorprendió en absoluto que Renée lo llamara.
—Espere un momento, agente Cullen.
—Mamá, no... hagas lo que sea que vayas a hacer —advirtió Bella.
—Está bien, cariño —rechazó Renée, saliendo al pasillo e hizo un gesto a Edward para que la siguiera.
Una vez que estuvieron fuera del alcance de la audición de Bella, Renée se apoyó contra una pared, con los brazos cruzados.
—Mira, no soy de las que se ponen parental con frecuencia. Pero sigo siendo la madre de Bella y puedo ser tan madre como esos padres locos en la guardería donde enseño.
—Señora Dwyer, no estoy seguro de lo que le preocupa.
—Te lo dije antes. No estoy ciega. Veo la forma en que la miras. Y es una adulta, no lo ignoro, pero al mismo tiempo, ella es muy vulnerable ahora mismo. No lo sé. Creo que es injusto que aproveches eso.
Edward miró sus pies, horrorizado y avergonzado. Él no podía reclamar completa inocencia. Podía decir por lo menos que Bella le gustaba. Mentiría si no admitiera que intentaba hacerla sonreír; él amaba tanto su sonrisa. Se podría considerar coqueta, supuso, aunque realmente no había sido su intención.
—Charlie piensa que fue Sam Uley quien pagó la habitación de Bella, pero no creo que sea así. Dime la verdad —exigió Renée en voz baja—. Te importa mi hija.
Por un momento, Edward pensó en mentir, pero eso parecía equivocado. Él eligió sus palabras cuidadosamente.
—Bella... Bueno, es difícil no admirarla, lo admitiré. Ella es muy valiente e inteligente. —Sabía que estaba sonriendo, simplemente no podía evitarlo.
—Ella también se siente atraída —insistió Renée.
Los labios de Edward se endurecieron en una línea apretada.
—Mire, señora Dwyer.
—Oh, ya te dije que me llamaras Renée. No hay razón para ser tan formal, por el amor de Dios.
Los labios de Edward se movieron hacia arriba.
—Renée, tal vez tengas razón de que mi... atracción por tu hija fue producto de la situación en la que nos encontramos. Dicho esto, realmente disfruto de la compañía de Bella. Ella es, ante todo, mi amiga y solo quiero lo que sea mejor para ella. Créeme, no soy ajeno a lo difícil que debe ser esta situación para Bella. No puedo imaginar cómo no ha tenido un ataque de nervios con todo lo que ha pasado. Es tan fuerte. Nunca haría algo que ponga en peligro su salud mental o recuperación.
»Si bien entiendo completamente tu preocupación, si me pides que me mantenga alejado, simplemente no puedo y no haré eso. En mi opinión, Bella necesita a todos sus amigos y familiares para apoyarla en este momento —dijo Edward resueltamente.
»Por favor, perdona mi rudeza, pero no me iré hasta que ella me diga que lo haga.
Renée lo miró fijamente por varios momentos tensos, y Edward se obligó a mantener una expresión firme. No había nada como mirar fijamente a una madre protectora.
Pero entonces, los labios de Renée se arquearon hacia arriba y estalló en carcajadas.
—Oh. Me gustas, Edward. —Ella le sonrió, dándole palmaditas en el brazo—. Relájate. Tenía que saber tus intenciones. —Se llevó las manos a sus mejillas, riendo de nuevo—. Oh, querido. Escúchame. Parece que hemos retrocedido al 1800.
Suspiró, mientras se sentaba en una silla, luciendo estresada y triste.
—Sabes, siempre he confiado en que Bella tomaría mejores decisiones que la mayoría de los adultos, demonios, mejores decisiones que yo, ya que en realidad era una adolescente. No puedo decirte lo extraño que es estar tan preocupada por ella ahora. Está luchando por enfrentarse a la realidad en la que se encontró y no tengo idea de cómo ayudarla. —Ella rio con ironía, mirando hacia el techo como buscando respuestas allí—. Nunca pensé que sabía lo que estaba haciendo como madre. Nunca entendí cómo decir qué era lo mejor para Bella. Supongo que... —confesó lentamente, frunciendo los labios— nada ha cambiado mucho en ese frente.
Tentativamente, Edward se sentó a su lado.
—No te culpo por desconfiar de mí —aseguró en voz baja—. No es que mi opinión deba importar, pero creo que estás siendo una muy buena madre en este momento.
Renée resopló, pero sonrió.
—Bien, gracias por tu voto de confianza —agradeció a la ligera.
—Tenías razón, sabes —admitió Edward después de un momento—. Como dije, nunca haría nada para confundirla o manipularla dadas las circunstancias. Pero sí... me importa tu hija.
~0~
—Entonces dime honestamente, ¿cómo están las cosas?
Edward suspiró, resistiéndose al impulso de golpearse la cabeza en el tablero frente a él. Estaba preocupado por la posibilidad de dejar que Alice lo llevara de regreso a Seattle, sabiendo que probablemente ella sacaría a relucir preguntas que no sabía cómo responder o que no quería responder. El problema fue que su auto estaba en casa. Tenía que llegar allí de alguna manera.
—Están tan bien como pueden estar, supongo. Pudimos mantener a Uley en la cárcel, eso es una ventaja, pero los hermanos Wolfe siguen eludiéndonos —respondió rotundamente.
—Sabes que no me refería a eso —reprendió Alice ligeramente.
Girando la cabeza para mirar ciegamente por la ventana, Edward respondió en una voz sin tono.
—Básicamente le dije a su madre que estoy enamorado de ella.
Obviamente, sin esperar eso, le tomó unos momentos a Alice pensar en una respuesta.
—Me he estado preguntando por qué no le cuentas la situación a sus padres. Quizás quieran ayudar.
Edward se obligó a contar hasta diez antes de responder. Esta era la pregunta exacta que esperaba evitar.
—Alice, de la forma en que lo veo, sus padres reaccionarán de dos maneras. O se enfadarán y querrán que me aleje de su hija o querrán decírselo.
—¿Y decirle es algo malo?
Cruzando sus brazos sobre su pecho, Edward se acurrucó en su asiento, la tristeza atemperaba su irritación.
—Si le digo que estuvimos juntos, que nos hemos besado y hecho el amor... y que el bebé es mío... —Sacudió la cabeza—. No está bien, Alice. No es justo. Se sentirá más atrapada de lo que ya se está sintiendo o intentará encajar en el papel que se le ha asignado. ¿Cómo sería eso justo para cualquiera de nosotros? Si ella puede amar otra vez, quiero que sea su elección, no su obligación.
—Entonces, ¿es mejor dejar que intente ajustarse al papel de la viuda embarazada de Jacob, por así decirlo?
Él se estremeció, apretando aún más sus brazos alrededor de sí mismo.
—Lo siento. Eso fue innecesario —dijo Alice rápidamente—. Estaba pensando en voz alta. Entiendo tu punto. Quieres que su amor sea genuino, no fabricado.
—Sí —aceptó Edward en un suspiro, impresionado por el poder de ese pensamiento.
—Pero, ¿qué pasa con el bebé? —interrogó Alice suavemente después de otros momentos de silencio—. Sigue siendo cierto, lo que te dije. Si se deben tomar decisiones, eso sucederá muy rápido.
El corazón de Edward se retorció, dividido entre la mujer que amaba y su hijo.
—Ahora que está despierta, ¿no tendría el cien por ciento de voz sobre las decisiones del bebé?
—Por supuesto, pero ella podría tener en cuenta tus deseos.
—Voy a tener que cruzar ese puente cuando llegue ahí —contestó Edward en voz baja. Se pasó una mano por los ojos—. Esto se siente como si estuviera caminando en un campo minado con los ojos vendados. —Frunció el ceño—. Hay muchas maneras en que todo esto podría explotar en mi cara y no tengo idea si estoy haciendo lo correcto. —Haciendo una pausa, Edward respiró profundamente, tratando de expulsar todos sus miedos—. Simplemente no quiero que termine odiándome.
Alice se volvió hacia él el tiempo suficiente para acariciar su brazo.
—Cariño, no creo que nadie pueda odiar a alguien que obviamente la ama tanto.
~0~
Las reglas de Bella para sus padres eran muy específicas. Se les permitió ir con ella a Seattle. Eso era una necesidad, ya que no estaría autorizada a conducir hasta que probara que no había perdido esos recuerdos. Podrían llevarla a la puerta. Sin embargo, no se les permitía estar dentro de su casa hasta que Bella específicamente les pidiera que fueran.
No era que Bella no apreciara la posición en la que se encontraban. No podía culparlos por estar preocupados. Eso era parte de su problema. Bella se sentía tan mal por lo que estaba haciendo pasar a sus padres que le resultaba difícil concentrarse en sus propios problemas. Mientras pensaba que su casa tendría la mayor cantidad de pistas sobre la mujer en la que se había convertido, realmente solo quería la oportunidad de contemplarlo todo en solitario, donde podría tener cualquier reacción que quisiera.
De mala gana, Charlie y Renée aceptaron sus términos. Bella pasó un viaje sin incidentes, aunque un poco incómoda, hasta Seattle montada en el auto de su padre con su madre y Phil en la parte trasera. Incluso fue algo divertido la manera en que Charlie seguía arrojando sonrisas al espejo retrovisor al ver a su ex esposa y su nuevo marido, bueno, no tan nuevo, en la parte trasera del auto de policía.
—¿Qué pasó con mi camioneta? —preguntó en voz alta, la idea se le ocurrió repentinamente mientras conducían.
Charlie realmente rio.
—Bella, esa cosa se rompió hace años.
Frunciendo el ceño, Bella cruzó los brazos sobre su pecho, sintiéndose irracionalmente gruñona por ese hecho. Hubiera sido bueno si hubiera algo familiar en su vida. Suspirando, Bella apoyó su cabeza contra la ventana, cerrando los ojos.
Lo siguiente que supo fue que su padre la llamaba suavemente por su nombre. Bella levantó la cabeza, parpadeó y miró a su alrededor.
—¿Qué pasó? —preguntó somnolienta.
Bella saltó un poco, sorprendida cuando su puerta se abrió. Alzó la vista y vio que su madre parecía avergonzada.
—Lo siento, cariño. Estamos aquí. —Ella se rio entre dientes—. Recuerdo aquellos días. Cuando estaba embarazada de ti, podía dormirme de pie.
Dejando que su madre la ayudara a salir del auto, Bella miró a su alrededor. El complejo de departamentos era agradable, con césped bien cuidado y unidades modernas. Nada sobre eso parecía familiar, pero al menos no se sentía incómoda aquí.
—¿Estás segura de que quieres hacer esto sola, Bells? —preguntó Charlie—. No es necesario.
—Sé que no —aseguró, agarrando las llaves que había estado sosteniendo durante la mayor parte del viaje. Ella tomó una respiración profunda y estabilizadora—. Estaré bien —se dijo tanto a ella como a los demás.
—Volveremos. Solo llama cuando estés lista para la cena o para cualquier cosa que necesites.
—Lo tengo, papá. Estaré bien.
Sus padres y Phil volvieron al auto de policía, pero no se alejaron hasta que ella abrió la puerta. Bella los saludó con la mano, mirando hasta que el auto se alejó por completo. Tratando de calmar la sensación de estar a punto de hiperventilar, Bella abrió la puerta de su departamento.
Billy había admitido que no había podido entrar en el departamento después de la muerte de Jake. Por lo que ella sabía, nadie había estado aquí durante las tres semanas desde el accidente. Al menos eso explicaba por qué la casa se veía tan habitable. Había platos en el fregadero de la pequeña cocina que estaba a la derecha de la entrada, y revistas (sobre todo de Jacob por su aspecto) dispersas en la mesa de centro de la sala de estar. Los estantes llenos de libros salpicaban el departamento al azar. La torre de DVD contenía una gran cantidad de películas, la mayoría de las cuales Bella nunca había escuchado, pero las que sí recordaba, parecían reflejar tanto los gustos de ella como los de Jake.
Definitivamente habían vivido aquí juntos.
Bella tragó el doloroso nudo en su garganta, deseando no llorar. La presencia de Jacob impregnaba ese lugar. Incluso reconoció que algunos de los tapices eran de su antigua habitación en La Push.
No fue la primera vez que se sintió horrible porque no los recordaba.
Sintiéndose un poco más desesperada por algún tipo de confirmación, Bella continuó explorando el espacio acogedor. Abrió cajones y puertas, esperando encontrar algo concreto, tal vez una imagen. No había fotos de ellos por ahí.
Frunciendo el ceño, Bella localizó el dormitorio principal. ¿Seguramente tenía que haber al menos una foto allí? La habitación que recordaba en su casa, en la casa de Charlie, estaba llena de fotos de sus amigos, incluido Jacob. Parecía extraño que no hubieran acumulado más juntos.
En el dormitorio principal, Bella se encontró distraída, y mucho más feliz. Este era definitivamente su espacio. Había libros en ambas mesas de noche y las fotos que no había en el resto del lugar estaban pegadas en los bordes del espejo de la cómoda. Había una de ella en la graduación entre sus orgullosos padres. Bella tuvo que admitir que era bueno saber que había terminado la escuela secundaria. Otra foto la mostraba posando con unos niños de su misma edad o la edad que recordaba haber tenido. Había otra con Angela.
De todas las imágenes, solo había una de Jacob. Estaban sentados alrededor de una hoguera en La Push, rodeados de amigos. La única pista de que habían sido pareja era que sus dedos estaban entrelazados, pero eso no era tan revelador. Eso era solo Jacob. Él era una persona muy cariñosa.
Tocando su barbilla mientras miraba la foto, por la forma en que Jacob la miraba, Bella se preguntó si ella había confundido sus toques inocentes como parte de lo que él era cuando en realidad, podría haber guardado ilusiones con ella. ¿Eso fue lo que pasó? ¿Había admitido finalmente su enamoramiento en algún momento?
Bella suspiró y el movimiento en el espejo llamó su atención. Ella había estado evitando los espejos por una buena razón. Todo lo demás había cambiado, estaba aterrorizada de que no se reconociera a sí misma.
Había una marcada diferencia en la imagen reflejada de ella. Fue a la vez sorprendente y no tan malo como ella esperaba. Su rostro estaba más definido, sus mejores rasgos acentuados. Antes ella se hubiera dicho a sí misma: simple. Ahora, aunque estaba indudablemente enferma de su reciente hospitalización, podía pasar por hermosa.
Bueno, al menos eso había. ¿Quién hubiera pensado que su madre tenía razón? Que ella crecería para ser hermosa.
Deslizando sus manos por sus costados, Bella admiró las curvas de su nuevo cuerpo. La persona en el espejo era definitivamente una mujer. Fue increíble todo lo que estaba reforzando su confianza. Discordante, pero no desagradable.
Las manos de Bella se posaron en su vientre. Girándose de costado en el espejo, trató de imaginar su estómago sobresaliendo, rodeando la pequeña unidad alienígena que llevaba. La vergüenza y la pena le cerraban la garganta y le quemaban las mejillas. La cosa ya le había robado la capacidad de beber bebidas con cafeína. Pronto también le quitaría su nuevo cuerpo.
Cerrando los ojos, Bella buscó algo de calma para evitar el ataque de pánico que sintió crecer al borde de su conciencia. Se apartó del espejo y salió por la puerta. Al final del pasillo, encontró otra habitación: la habitación de invitados que su madre insinuó que quería usar.
Al entrar, Bella inmediatamente olvidó su ansiedad previa cuando vio que la cama de la habitación estaba arrugada. Alguien había dormido aquí. Recientemente. Automáticamente miró a su alrededor, con los pelos de punta mientras consideraba que no estaba sola en el departamento. Se presentaron varios escenarios, cada uno ligeramente más terrorífico que el anterior.
Poniendo los ojos en blanco sobre su imaginación hiperactiva, Bella se recordó a sí misma que en realidad había pedido estar sola aquí. Obviamente, había una explicación más razonable de por qué la habitación estaba así. Miró a su alrededor, asimilando toda la escena.
Revistas de autos y motos en la mesita de noche, una lata de Coca-Cola a la izquierda, y ropa muy masculina, muy parecida a la de Jake esparcida al azar en el piso.
Le recordó a la pequeña habitación de Jake en la casa de Billy.
Bella frunció el ceño, tocando sus labios, sintiendo como si algo extraño sucediera.
El dormitorio principal se sentía muy suyo mientras el dormitorio de invitados gritaba a Jacob. ¿No era extraño?
¿Qué se estaba perdiendo?
Frotándose las sienes, Bella trató de alejar la frustración automática. Todo en esos días parecía ir directo a su cabeza. Recordando el consejo de los doctores, Bella se obligó a relajarse, esperando que estuvieran en lo cierto: recuperaría sus recuerdos en un tiempo.
~0~
El resto del día pasó sorprendentemente pacífico. Bella agarró una pila de libros de uno de los muchos estantes que estaban regados por el apartamento y se acomodó en la reconfortante cama, rodeada de almohadas. Estaba algo cautivada al encontrar su escritura en cada uno de los libros. Siempre había tenido el hábito de subrayar pasajes y garabatear pensamientos en los márgenes. Como no recordaba haber leído muchos de esos libros, sintió que su futuro yo estaba hablando con ella. Ayudó a cerrar la brecha que sentía entre la persona que recordaba ser y la persona que había olvidado que era.
Hacia la noche, entró en la cocina, observando el deplorable estado de la nevera. Muchas cosas ya estaban podridas. Le llevó una buena hora limpiar y organizar el asunto. Una vez que terminó con eso, a falta de algo mejor que hacer, comenzó a preparar la cena. Había spaghetti y salsa en la despensa y panecillos Pillsbury en el congelador. Era un poco inusual, pero con un poco de mantequilla, parmesano y condimentos italianos, hizo pan de ajo con los panecillos mientras los espaguetis se cocinaban.
Bella estaba a mitad de la preparación de la comida cuando se congeló justo en el medio de la cocina.
¿Cómo sabía ella dónde estaban todos los platos?
Pensando hacia atrás, Bella se dio cuenta de que se había estado moviendo por la cocina, la cocina completamente desconocida, con confianza, buscando las cosas que necesitaba sin tener que buscar.
Ella contuvo el aliento, poniéndose a prueba.
¿Dónde están los vasos?
Bella apretó los dientes un minuto después cuando se dio cuenta de que no tenía idea.
Tenía que ser memoria automática. Los doctores habían hablado de eso. Habían dicho que algunas cosas que aprendió en los últimos ocho años estarían almacenadas, no fácilmente accesibles en un pensamiento, sino programadas en su cuerpo. Otras víctimas de amnesia podían tocar el piano o hablar diferentes idiomas, aunque no recordaban haber aprendido. Sus cuerpos todavía recordaban los movimientos o cómo convertir los sonidos que escuchaban en palabras.
Bella no podía decir si debería estar feliz o más frustrada. Una cosa era saber que sus recuerdos se habían ido y otra muy distinta entender que estaban almacenados en algún lugar, encerrados en lo más profundo de su cerebro, y que no podía acceder a ellos.
—Tortura china —murmuró para sí misma, volviendo a cocinar antes de que se le quemara el pan.
Esa noche organizó una cena improvisada para sus padres y Phil. Todos hicieron comentarios cuidadosos sobre lo bueno que era verla tan activa después de haber estado tan angustiada en el hospital.
Después, ella los echó de inmediato, decidida a encontrar la paz por su cuenta en su casa. Casi tan pronto como se fueron, Bella sintió la molesta incomodidad de la soledad asentarse sobre ella. Cuanto más pasaba el tiempo, más se sentía fuera de lugar en el espacio a su alrededor. Tal vez la gente que vivía aquí sería agradable de visitar, pero no se sentía como su hogar.
Ella no tenía hogar, estaba fuera de lugar y probablemente se estaba quedando más de lo esperado. Y debido a que era muy consciente de que estaba sola en este apartamento semi extraño, de repente comenzó a sentirse incómoda. El ambiente confortable parecía desvanecerse junto con la puesta de sol.
Trató de ignorarlo, pero cada ruido se hacía cada vez más fuerte y mil veces más espeluznante. La paranoia que ella simplemente había aplacado ese día volvió con fuerza.
Agarrando el nuevo teléfono que sus padres le habían regalado, Bella buscó los botones por algunos minutos. «Quienquiera que haya decidido que los teléfonos celulares debían ser ridículamente complicados y con pantalla táctil debería recibir un tiro», reflexionó. Habían dicho que era una réplica del teléfono que se había arruinado cuando cayó al agua. Francamente, Bella estaba decepcionada consigo misma. La idea de que los celulares ahora parecían ser utilizados para todo, pero no para llamadas telefónicas no tenía sentido para ella.
Sus manos temblaban levemente cuando finalmente descubrió cómo marcar un número. Hizo una pausa, dándose cuenta de que su teléfono solo contenía cinco números. Sus padres y Phil no eran una opción; ella todavía no quería ser sofocada. Ella realmente no quería molestar a Angela. Solo había otro número. Edward.
Solo pensar en su nombre la hizo sentir más segura.
Cuando él guardó su número en su teléfono esa mañana, había repetido varias veces que podía llamar en cualquier momento para cualquier cosa.
Aún no podía creer que él tuviera un interés real en pasar el rato con ella.
No estás pensando en molestar a ese pobre hombre, ¿verdad?
Parecía infantil. Seguramente ella podría sobrevivir sola una noche. Además, ¿realmente quería mostrarle a Edward qué tan niña era en realidad? Ella había llorado en su hombro con tanta frecuencia los últimos días. Él debía estar enfermo de ella lloriqueando para entonces.
Por otra parte, él era un agente del FBI. Seguramente estaba acostumbrado a mantener a la gente a salvo.
Era su primera noche. Tal vez debería, como todos la habían estado aconsejando, darse un descanso. Si alguna vez ella pudiera ser perdonada por necesitar de alguien, seguramente ahora era el momento.
Y ella quería verlo. No tenía sentido negarlo. Su enamoramiento estaba vivo y coleando... y alrededor de mil veces peor ahora que no solo era un niño de colegio, sino que también era un hombre rudo con una placa. Ella estaba infinitamente curiosa de lo que su yo de veinticinco años tenía en común con el hombre cuyas palabras la consolaban más de lo que nadie había podido. Parecía tan genuino en su oferta; tal vez estaría dispuesto a decirle más acerca de cómo habían llegado a ser amigos.
Aun así, ella debería ser más valiente. Él era un agente del FBI. Seguramente estaba demasiado ocupado como para cuidar a una chica asustadiza.
Un ruido de arañazos contra su ventana hizo que Bella gritara. Tardó un momento antes de darse cuenta de que era solo el viento que soplaba contra la ventana.
Gruñendo para sí misma, Bella cedió. Si Edward pensaba que ella era una niña molesta, que así fuera. Solo necesitaba un poco de compañía hasta que su hiperactiva imaginación se calmara.
¡Hola!
¿Nos cuentan qué les pareció el capítulo?
Muchas gracias por los comentarios en el capítulo anterior: Techu, saraipineda44, cavendano13, tulgarita, Liz Vidal, jupy, ana mel, Pili, rjnavajas, Tata XOXO, twilight-love1694, Melina, Karina, debynoe12, bbluelilas, Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn, patymdn, Melany, Tecupi, kaja0507, Yoliki, Lady Grigori, carolaap, alejandra1987, cary, Adriana Molina, somas, Adriu, Jade HSos, nydiac10, Maryluna, freedom2604, Nadiia16 y los Guest.
¡Hasta el próximo capítulo!
