Disclaimer: Todos los personajes de esta historia no me pertenecen, le pertenecen a Clamp, y la historia en sí pertenece a Sherryl Woods, yo sólo la adapté sin fines de lucro porque me pareció una muy buena historia para que los fanáticos de CCS la leyeran transaldada al mundo de Sakura.
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Tomoeda Trilogy
The Backup Plan
Capítulo 14
Tomoyo estaba ya arrepintiéndose de su impulsivo y completamente impropio comportamiento en la playa. De repente, se había visto superada por el deseo de hacer algo complemente escandaloso, algo que se llevara todo el dolor y los horribles recuerdos que no era capaz de borrar de otro modo. Su instinto femenino le había asegurado que Eriol jamás la rechazaría.
En aquel momento, le había parecido completamente adecuado aprovecharse de su reputación de chico malo. Durante unos minutos, no le había importado nada más que sus propias sensaciones. Entonces le había parecido que sólo Eriol y ella habitaban el mundo, con el sol y el agua contra sus cuerpos, que vibraban completamente al unísono. Había sido un sexo instintivo, arrebatador, casi primitivo, de la clase que ella siempre había imaginado que sólo ocurría cuando dos personas se unen por la desesperada necesidad de sentirse completamente vivos.
¿No había sido así en su caso? Efectivamente, había visto demasiada muerte, había sufrido demasiadas pérdidas. Necesitaba recordar, aunque sólo fuera por un instante, que no estaba muerta, que era una mujer que se aferraba a la vida con ambas manos y que quería vivir aunque una parte de ella había muerto junto a Fye. Había creído que hacer el amor con Eriol le sacaría de la inercia en la que se encontraba.
Sin embargo, en aquellos momentos estaba teniendo dudas que se habían adueñado de ella casi con la misma fuerza que anteriormente lo había hecho la pasión. Simplemente había querido un momento aislado, pero, evidentemente, Eriol buscaba mucho más. Por muy bien que se hubiera sentido durante aquellos momentos, no estaba segura de tener más que darle. Además, aunque descubriera que así era, ¿querría hacerlo? Eriol la había traicionado a ella y a su propio hermano en una ocasión. ¿Por qué se iba a permitir tener algo más que una aventura con él?
—Para ser una mujer que insistía en que se moría de hambre, ni siquiera le has dado un bocado a esa hamburguesa. ¿No te gusta?
—No, está bien.
—¿Te apetece otra cosa ahora? —sugirió él.
—No, gracias. Esto está perfecto.
—¿Quieres un helado?
—¿Antes de terminar la comida? —preguntó ella, horrorizada.
—Por supuesto. Ahora eres una mujer adulta y no necesitas pedirle permiso a mamá. Puedes tomarte primero el postre. De hecho, podríamos compartir uno. ¿Qué te parece?
—Me parece muy bien, pero me parece una pena desperdiciar la comida así —comentó ella, señalando la hamburguesa.
—Si te ayuda a aplacar tu sentimiento de culpa, yo me la comeré. Pide tú el helado.
—Me siento muy impresionada por la nobleza de tu sacrificio.
—Deberías estarlo. Así tendré que añadir tres kilómetros más cuando salga a correr por la mañana.
—¿Sales a correr?
—Todos los días.
—Yo solía hacerlo…
No había salido a correr desde hacía meses, de hecho, desde el día en el que Fye murió. Todo lo que habían corrido los dos juntos no le había ayudado a él en nada, por lo que Tomoyo no había visto razón alguna para continuar con el ejercicio. De hecho, correr ni siquiera le había salvado a ella la vida. Había sido Fye, cuando le dio la oportunidad de poder escapar.
Cuando levantó la mirada, vio que Eriol la estaba mirando con curiosidad.
—Si te quedas a dormir en mi casa esta noche, podrías venir conmigo mañana por la mañana…
—¿Y crees que eso me va a convencer para que me quede en tu casa? Correr es duro. De hecho, odiaba cada segundo cuando lo practicaba.
—Sin embargo, te aclara la cabeza. Y te mantiene la figura. Además, ayuda a liberar las endorfinas.
—¿Acaso mi figura tiene algo de malo?
—Si quieres que te diga la verdad, sigues estando demasiado delgada.
—No te oí quejarte en ningún momento cuando estábamos en la playa.
—Entonces tenía cosas más importantes en la cabeza.
—Dejaste de pensar en el momento en el que entraste en el agua —replicó ella. Eriol se echó a reír.
—Supongo que tienes razón. Bueno, ¿qué te parece, Tomoyo? ¿Te vas a venir a mi casa esta noche? No te estoy pidiendo un compromiso eterno si es eso lo que te preocupa. Sólo me gustaría tenerte entre mis brazos durante una noche.
—¿Con una noche te bastará? —preguntó ella, muy divertida.
—Depende de si roncas o me robas las sábanas…
Tomoyo pensó en todas las razones que apoyaban que no sería una buena idea aceptar contra la única por la que merecía la pena… Dormir con Eriol garantizaría la clase de agotamiento que podría conducirla a un descanso sin sueños, algo de lo que no había disfrutado en lo que le parecía una eternidad.
—Estás bien —dijo por fin, dejándose llevar por sus impulsos por segunda vez en aquel día—, pero se lo vas a tener que explicar tú a mi madre.
—¿Está segura de que quieres que lo haga, cielo?
—Creo que resultará completamente fascinante ver lo que se te ocurre. Si puedes conseguir que la explicación sea apta para todo público tendrás mi respeto eterno.
—Está bien.
Tomoyo se quedó atónita al ver que Eriol se sacaba su teléfono móvil y que marcaba un único número.
—¿Tienes el número de mi madre en marcación rápida?
—Claro. Ella dirige todo lo que ocurre en Tsukimine —le explicó. Entonces, su rostro se iluminó con una expresión de alegría cuando, presumiblemente, su madre contestó—. Hola, señora Daidouji, ¿cómo está?
Tomoyo sintió que se le hacía un nudo en el estómago mientras esperaba a ver si Eriol se ceñía a las reglas o le decía algo completamente escandaloso a su madre.
—Su hija me ha pedido que la llame para decirle que va a pasar la noche con una amiga. No quería que usted se preocupara —comentó, sonriendo ante lo que decía su madre—. Sí, señora. Se lo diré. Que pase un buen día.
Cuando colgó, Tomoyo frunció el ceño.
—¿Qué quería que me dijeras?
—Que te aseguraras de utilizar protrcción.
—¡No! —exclamó Tomoyo, atragantándose con el sorbo del refresco que acababa de dar.
—Cielo, tu madre es una mujer de mundo. Creo que no le das el suficiente crédito.
—En todo caso, has roto las reglas.
—¿Yo? ¿Acaso escuchaste que saliera de mi boca algo que un niño de seis años no fuera a decir si iba a dormir en casa de un amigo?
—¿Y lo del preservativo?
—Yo no lo dije. Fue tu madre. No soy responsable de que ella tenga la capacidad de imaginarse lo que tú vas a hacer. No irás a echarte atrás ahora, ¿verdad?
Tomoyo negó con la cabeza. ¿Cómo iba a echarse atrás, cuando se había reído más y se había sentido más viva en las últimas horas de lo que se había sentido en meses?
—Debo de estar loca —le dijo. Entonces, miró a Eriol—, pero no, no voy a echarme atrás.
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Sonomi colgó el teléfono con una sonrisa en los labios. Menos mal que su hija estaba empezando a mostrar un poco de sentido común. Hacía diez años, Eriol seguramente no habría sido el hombre que habría elegido para su hija, pero los tiempos, y las personas, habían cambiado.
Eriol no sólo era un hombre respetable y trabajador, sino que había demostrado preocuparse mucho por Tomoyo. Si conseguía sacarla del estado de depresión en el que evidentemente ella se encontraba, Sonomi sólo podía estar en deuda con él.
—¿Era Tomoyo? —preguntó su esposo.
—No, era Eriol. Llamaba en nombre de Tomoyo. Creo que están convirtiéndose en algo más que amigos —añadió, con evidente placer.
Fuuma bajó el periódico y observó a su esposa por encima de las gafas.
—¿Me estás diciendo que nuestra hija tiene una relación sentimental con Eriol Hiragizawa?
—Así es —respondió ella, con una cierta nota de desafío.
—¿Y tú lo apoyas?
—Por supuesto que sí. Ni tú ni yo hemos podido hacer nada para sacar a Tomoyo del estado en el que se encuentra. Si Eriol puede hacerlo, tiene mi bendición.
—No te comprendo, Sonomi —declaró Fuuma, con un inconfundible tono de desilusión en su voz. Entonces, volvió a levantar el periódico y dio por terminada la discusión.
—No hay nada nuevo en eso —replicó ella en voz muy baja.
Aparentemente, Fuuma la oyó, porque apartó inmediatamente el periódico.
—¿Qué diablos se supone que significa eso?
—Significa que hace años que no me comprendes. De hecho, hace décadas desde la última vez que lo intentaste. Si yo fuera una mujer menos segura de mí misma, tendría que preguntarme si no estarías teniendo una aventura.
Para sorpresa de Sonomi, una expresión herida transformó el rostro de su esposo. Se quitó lentamente las gafas y la miró fijamente. Ella le devolvió la mirada y esperó a ver si él confirmaba sus sospechas. Estaba segura de que sería un alivio saber la verdad.
—¿Estás enfadada conmigo porque no veo lo que tú ves en Eriol Hiragizawa o acaso estás tratando de conseguir que yo admita algo?
—Ninguna de las dos cosas. La verdad es que no estoy enfadada contigo. Simplemente muy triste.
—¿Sobre qué? ¿Sobre Tomoyo? —preguntó él. Parecía completamente confundido.
—No, idiota. Sobre nosotros.
—¡Nosotros! ¿Qué nos pasa a nosotros? Sabes perfectamente que no estoy teniendo una aventura.
—De hecho, no sé nada. Al menos, eso explicaría por qué simplemente vivimos juntos, Fuuma. Tú vas por tu camino y yo por el mío. Yo espero algo más del matrimonio, ¿tú no?
—¿Acaso quieres el divorcio? —preguntó él, con un gesto que era una mezcla de tristeza y miedo—. ¿Se trata de eso? ¿Acaso quieres terminar nuestro matrimonio después de tantos años?
—No —afirmó ella—. Quiero arreglar nuestro matrimonio, si todavía es posible. Aún no estoy preparada para romperlo. Sin embargo, las cosas tienen que cambiar, Fuuma. Tenemos que poner un pequeño esfuerzo en nuestra relación. ¿Estás dispuesto a hacerlo?
—No tengo ni idea de lo que crees que tendríamos que hacer que no estemos haciendo ya.
—¿Acaso soy yo la esposa que querías que fuera? —le preguntó.
—Por supuesto que sí. Te amo, Sonomi. Eres una mujer sorprendente. Eres capaz de hacer malabares con cien bolas y lo haces con tanta elegancia que me quedo perplejo.
Ella lo miró atónita.
—Jamás me habías dicho algo así. De hecho, creía que ni siquiera prestabas atención a lo que yo hacía.
—Por supuesto que sí y lo digo todo el tiempo… Bueno, tal vez no a ti —añadió, con expresión pensativa.
—Entonces, ¿a quién se lo dices?
—No hago más que presumir sobre ti ante mis compañeros.
—¿De verdad? —replicó ella, completamente emocionada—. Siempre pensé que te hacía feliz que yo me ocupara de otras cosas para que te dejara en paz.
—¡Tonterías! ¿Es eso lo que crees que nos falta? ¿Algunos cumplidos?
—Ojalá fuera tan sencillo, pero creo que, en estos momentos, estamos realizando un buen comienzo, Fuuma. Estamos hablando y nos estamos comunicando por primera vez en años.
—Hablamos todo el tiempo —protestó él.
—No sobre cosas importantes. Jamás hablamos sobre lo que sentimos o lo que queremos. ¿Te das cuenta de que estás acercándote a la edad de jubilación y que jamás hemos hablado de lo que quieres hacer o incluso si tienes intención de jubilarte?
—Para serte sincero, no lo he pensado. He estado demasiado ocupado.
—Tal vez deberías empezar a hacerlo. Es decir, no creo que deberías empezar a planear tu jubilación ahora mismo, sino simplemente pensar un poco en el futuro. Tal vez los dos deberíamos hacerlo.
—Puede que no sepa muy bien lo que quiero hacer en el futuro, pero hay una cosa que sí sé con absoluta certeza.
—¿Cuál?
—Que te quiero a mi lado. Haré lo que quieras que haga o lo que creas tú que tenemos que hacer juntos para conseguirlo.
Los ojos de Sonomi se llenaron de lágrimas.
—¿Y si no lo conseguimos?
—Lo haremos. Entre los dos, gracias a Dios, aún tenemos un buen par de cabezas pensantes. Si las unimos, seguro que se nos ocurrirá algo. ¿Qué te parece si, de ahora en adelante, dedicamos una noche a la semana para los dos solos? No habrá ni fiestas, ni reuniones con socios, ni galas benéficas, ni juntas de trabajo… Sólo nosotros.
Sonomi sonrió, emocionada por el esfuerzo que él estaba dispuesto a realizar.
—¿Estás seguro de que no nos aburriremos?
—No si nos esforzamos al máximo.
—Supongo que podríamos turnarnos para planear esas veladas. Así, habría un elemento de sorpresa en cada una de ellas.
Fuuma sonrió y le dedicó una picara mirada que Sonomi no había visto desde hacía años.
—Asegúrate de tomar tus vitaminas, Sonomi. Tengo intención de hacértelo pasar muy bien.
—¿Crees que aún puedes? —lo desafió ella, muy divertida.
—Supongo que ya lo veremos. ¿Qué noche ponemos? ¿Y quién va a planear la primera?
—Déjame que consulte mi agenda —dijo ella, levantándose.
—Ni hablar. Si vamos a hacer esto, tiene que ser una prioridad. Sea lo que sea lo que tenemos en nuestras agendas, tendrá que cambiarse. Escoge una noche.
—Dado el brillo que noto en tus ojos, creo que debería ser el fin de semana. Vas a tener que descansar al día siguiente —bromeó ella—, aunque, en realidad, no debería ser la noche del sábado. Seguramente empezaríamos a tener problemas con varias cosas que no podemos cancelar.
—Estoy de acuerdo. Entonces, está decidido. Será el viernes. ¿Qué te parece?
Sonomi vio una larga lista de problemas potenciales con el viernes, pero ninguno de ellos merecía perder aquella posibilidad de volver a darle vida a su matrimonio.
—Muy bien y, dado que tú eres el que tiene todas las ideas, ¿por qué no planeas tú la primera noche? Sólo quiero que tengas en cuenta que espero que me dejes asombrada.
—Siempre me pusiste el listón muy alto, pero te prometo que será una velada que no olvidarás jamás. Dado que tienes una impresión tan buena sobre el modo en el que Eriol está ocupándose de Tomoyo, tal vez le pida a él consejo.
—Es mejor que no. Si los dos tratamos de imitar a Tomoyo y a Eriol, podríamos estropearlo todo…
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Alguien muy decidido estaba intentando sacar a Tomoyo de la cama.
—Vete —musitó ella. Abrió un ojo y vio que aún no había amanecido—. Ni siquiera hay luz.
—La habrá dentro de unos minutos —dijo Eriol, apartando de un tirón las sábanas.
—A menos que tengas la intención de volver a meterte en la cama y de hacerme el amor, eres hombre muerto, Eriol —replicó ella, ocultando el rostro en la almohada.
—Una oferta fascinante, pero anoche accediste a acompañarme a correr esta mañana.
—Te mentí.
—Es una pena. Yo te creí y no pienso abandonar esta casa sin ti —comentó, dándole un azotito en el trasero—. Muévete, cielo.
—No tengo zapatillas para correr.
—Pasaremos por tu casa para que puedas recogerlas.
Tomoyo abrió los ojos ante lo absurda que resultaba aquella sugerencia.
—¿Quieres ir a mi casa a estas horas de la mañana para que nos interroguen mis padres sobre nuestra relación? —preguntó ella. Sólo pensarlo hacía que ella se echara a temblar.
—Dudo que tus padres estén ya levantados. Venga, deja de poner excusas, a menos que, por supuesto, creas que no puedes seguir mi ritmo.
—De eso se trata, Eriol. No puedo —dijo ella, sin morder el anzuelo—. Sólo conseguiría retrasarte y no harías nada de ejercicio.
Eriol se echó a reír.
—Creo que en esta ocasión no me importará ir más lento.
—Pero si dijiste que tenías que bajar toda esa comida que tomaste ayer.
—¿No crees que ya hicimos bastante ejercicio durante la noche?
Tomoyo estaba empezando a comprender que no iba a ganar aquel debate, dijera lo que dijera. Por eso, se colocó de espaldas, esperando que la visión de su cuerpo desnudo le sugiriera a Eriol otra forma de ejercicio.
—Tengo los ojos tapados. Ese truco no te va a funcionar.
—Si los tienes tapados, ¿cómo sabes lo que estoy haciendo?
—Ya sé cómo funciona tu perversa mente —dijo él. Entonces, la agarró de un tobillo y empezó a tirar de ella hacia el borde de la cama.
—Creo que te odio —afirmó Tomoyo, cuando los pies le tocaron el suelo.
—De acuerdo.
—Sé que no quiero correr.
—De acuerdo también. No te tiene que gustar. Simplemente hay que hacerlo.
—Pero yo he estado haciendo mucho ejercicio. He nadado mucho.
—No. Has estado relajándote en la piscina. Si te has hecho un solo largo, me sorprendería. Se lo puedo preguntar a Makiko o a tu madre, por si me he equivocado.
—De acuerdo, de acuerdo… Ya me levanto, pero te aseguro que no te daré las gracias por esto.
—Jamás esperé que lo hicieras. ¿Quieres algo de beber antes de que nos marchemos?
—Sólo un café.
—Nada de cafeína.
—¿Acaso se ha muerto alguien y te ha nombrado mi entrenador personal?
En el momento en el que aquellas palabras salieron de sus labios, se le vino a la cabeza una imagen de Fye. Antes de que pudiera contenerse, un sollozo se le escapó de muy dentro. Inmediatamente, lo siguieron muchos más. Se llevó las rodillas al pecho y se dejó llevar.
Eriol la contempló completamente atónito. Entonces, se agachó junto a ella y la tomó entre sus brazos. No dijo ni una sola palabra hasta que ella dejó de llorar. Entonces, le entregó un pañuelo de papel.
Tomoyo se sonó la nariz y le pidió otro. Trató de secarse las lágrimas que le caían por las mejillas, pero sin conseguirlo.
—Supongo que te estás preguntando a qué se debe todo esto.
—Sólo si estás preparada para contármelo, pero mi instinto me dice que no es porque no te guste correr.
—No tiene nada que ver con correr… Es… es… No puedo —añadió. Le parecía mal hablar sobre Fye cuando estaba desnuda al lado de otro hombre—. Te prometo que lo haré, pero ahora no puedo. ¿De acuerdo?
—Lo que tú digas —dijo él. Entonces, se puso de pie y se inclinó para darle un beso en la frente—.Vístete. Te traeré un poco de agua. Si no bebes un poco, te deshidratarás enseguida.
—¿Aún quieres que vaya a correr contigo? ¿Con todo lo que he llorado no sientes ni un ápice de compasión por mí?
—Tú no quieres mi compasión. Además, algo me dice que ahora es más importante que nunca que vengas a correr conmigo.
—¿Por qué no eres el hombre perezoso que siempre creí que eras? —protestó Tomoyo.
—Porque entonces no te haría ningún bien tenerme a tu lado. Algún día me darás las gracias.
—Espero que lo esperes sentado —replicó ella, frunciendo el ceño.
—En lo que a ti se refiere, Tomoyo —comentó él, con una sonrisa—, espero muchas cosas. Aún no me has defraudado.
Tomoyo pensó en todas las personas a las que había defraudado en los últimos meses, principalmente a ella misma y miró a Eriol con incredulidad.
—¿Lo dices en serio?
—Por supuesto que sí.
Las palabras de Eriol no eran suficientes para hacerle recuperar su autoestima, pero eran un comienzo. Por primera vez en mucho tiempo, se sentía esperanzada. Aún no estaba curada, pero al menos tenía esperanzas de poder estarlo.
Tal vez, después de todo, le tendría que dar las gracias algún día.
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Capítulo catorce, tarde pero seguro!
Espero que ninguno de los lectores me odie y haya iniciado algun ritual vodou para matarme por todo lo que tardé en volver a aparecer. Para ser sincera, mi Febrero es un caos! No tengo un segundo libre y cuando lo tengo, lo uso para dormir jajaja. Espero sepan comprender mi situación y no estén muy enojados. Igualmente sepan que les pido mil disculpas por la tardanza.
En fin, aca les dejo el cap 14, espero les haya gustado. No voy a decir fecha en la que voy a subir el próximo capítulo porque puede ser mañana, como puede ser dentro de dos semanas, asi de incierta esta mi vida. Voy a tratar que sean más temprano que tarde igualmente.
Millones de gracias por los reviews que me dejaron, voy a tratar de responderlos la próxima vez que actualice porque hoy ya mi cerebro no funciona y veo triple, por ende, soy capaz de escribirles cualquier cosa.
Espero que, si tuvieron, hayan tenido unas hermosas vacaciones y que hayan empezado el 1012 con una sonrisa en la cara, el corazón lleno de emociones y la cabeza repleta de ideas nuevas.
Ah! y espero también que hayan pasado un muy lindo San Valentín. La verdad es que San Valentín no es una de mis fechas favoritas, pero eso no quita que le desee lo mejor al que le importa y lo celebra. Por eso, espero que todo aquel que ama y/o es amado por alguien haya pasado un hermoso día.
Un beso muy grande a todos los lectores, viejos y nuevos, por seguir la historia.
Nos leemos en cuanto tenga un ratito libre!
XOXO
Mel
