CAPÍTULO XIV
Se lo dedico a una amiga muy especial para mi. ¿Por qué a una? A todas mis amigas
Vania subió a su cuarto lo vió tan grande y vacío, justo como se sentía. No tenía nada que hacer o con quien platicar, decidió quedarse a contemplar desde su escritorio el cual daba a su ventana el paisaje nevado y hermoso. Recordaba navidades pasadas y las mejores y más bellas eran aquellas en donde el secreto de su identidad estaba aún oculto. Sin preocupaciones y cuando aún la trataban como su hija y no como un objeto.
Sacudió la cabeza y decidió vagar por el castillo.
Ahí fue cuando se sorprendió al verla sola y vagando por el castillo ¿Y su hermano? Se preguntó sintiendo una gran curiosidad por hacerle esa pregunta a cierta personita.
Vaya que se veía diferente sin uniforme, esos jeans azul obscuro y ese suéter azul claro lograban el contraste perfecto. Como me gustaría verla de frente seguro que ese atuendo hace que sus ojos resalten con su tez blanca. Su cabello era uno de sus grandes atractivos se veía tan hermoso sobre todo cuando daba la vuelta y éste se movía junto con ella. Supongo que estará triste por no estar con su hermano.
Y justo cuando se estaba acercando para hablar con ella desapareció es como si se hubiera desvanecido. Así que el chico de ojos verdes se quedó con las ganas de cruzar palabra con la chica de ojos azules.
El día transcurrió de lo más aburrido Vania paseaba como zombi sin un rumbo fijo, no quiso comer ni tampoco cenar, simplemente vagó hasta que era hora de irse a dormir. Subió a su habitación y se puso su camisón de seda plateado cuando miró demasiado bien su habitación, grande y vacía.
Sintió un escalofrío recorrerle la espina dorsal es como si su sangre fuera fría y al recorrerle todo el cuerpo el miedo estaba más presente que nunca. Sintió tanta angustia y desesperación que decidió salir así, sin bata ni zapatos ni nada sólo salir porque el miedo se había apoderado de ella.
El castillo estaba muy obscuro así que decidió crear una esfera pequeña de luz que iba delante de ella mientras corría como si su vida dependiera de ello.
No supo a donde ir y sabía que no podía pedirle a su hermano que viniera, así que suspiró y fue al único lugar donde se sentía segura: la torre.
Llegó corriendo y aunque el aliento le faltaba se sentía mejor y más segura, estaba tan absorta en eso que nunca sintió el frío.
Mientras tanto en la torre de los leones un chico con ojos como las esmeraldas logró ver a su enigmática amiga. Ahí parada en la torre y supuso que algo andaba mal porque lo sintió y no supo bien porque. Tal vez sería porque ella estaba rogando con todo su ser por un protector y al parecer iba en camino.
Ella estaba viendo la Luna tan concentrada que esta vez no notó cuando Harry se acercó a ella y la tomó por los hombros, estaban helados y ya tenía un leve tono de azul en su blanca piel. Ella al sentirlo volteó para mirar a quien había mandado el destino y se sorprendió tanto de quien era que no supo que decir.
Harry supo que ya llevaba tiempo ahí puesto que sus labios estaban algo amoratados e instintivamente la abrazó. La sorpresa creció cuando ella le correspondió el abrazo y lo hizo tan fuerte que Harry comprendió que definitivamente algo le ocurría.
-¿Estás bien?-
Silencio fue todo lo que obtuvo de ella así, que abrazado a ella la empezó a encaminar a las escaleras cuando Harry vió la obscuridad que reinaba esa noche en el castillo.
Ella sin salir de los brazos de Harry volvió a aparecer la esfera de luz, Harry estaba sorprendido con la facilidad con la que usaba la magia. Ella lo miró como esperando su aceptación él la abrazó más fuerte y así bajaron las escaleras.
Cuando estuvieron en el centro de la escaleras pues Harry dudaba a donde llevarla o ir, si a su cuarto o Vania querría ir al suyo pero, esa duda desapareció cuando ella movió su cuerpo jalándolo hacia una dirección desconocida para él. Supuso que quería ir a su cuarto, así que no puso resistencia y la siguió, notó como ella lo abrazaba con miedo y temor. Mismo miedo que veía en sus ojos cuando recorrieron los pasillos y notó como se aferraba más a él.
Ella dijo las contraseñas como si nada, como si quisiera que no hubiera secretos entre ellos, Harry no comprendió a donde iban puesto que no pensaba que fueran a la sección de chicas y así fue.
Harry supo que sus suposiciones eran correctas Malfoy gozaba de ciertos privilegios y esa habitación era la prueba más tangible que tenía.
Con cuidado la sentó en la cama.
-Este es tu armario, ¿Verdad?-dijo mientras señalaba un armario
Ella asintió.
El abrió el armario y buscó las pijamas no le costó trabajo, y sacó una de franela color violeta así que supuso que ese era su color favorito. Vió una puerta y supuso que era el baño y cuando iba a entrar las luces se prendieron aunque algo tenue. Llevó la pijama al baño, ella comprendió que quería y cuando se levantó vió como Harry se alejaba y se dirigía a la puerta del cuarto.
-No, por favor-
Él se detuvo y se asombró de que pronunciara palabra y más que nada que pronunciara tres de corrido. La miró interrogante esperando un porque, Harry quería escuchar de sus labios que le pidiera quedarse pero, no sabía porque.
Ella supo que tendría que decirle la razón del porque quería que se quedara y la vergüenza la invadió porque lo que menos quería era verse débil pero, su miedo era mayor que su orgullo.
-Es que . . .nunca . . .he dormido . . .sola-dijo mientras Harry notaba como sus mejillas a pesar del color azul del frío se tornaban rojas.
-¿Nunca?-
Ella negó con la cabeza
-¿Le tienes miedo a algo?-
Ella asintió con dificultad
-Está bien, voy a ponerte la tina para que te bañes si no morirás de una pulmonía- olvidando que en el mundo mágico las enfermedades se curaban más fácilmente que en el muggle.
Ella vió con mucho agrado como Harry la cuidaba y se preocupaba por ella, ese miedo que sentía de no importarle a nadie iba siendo olvidado.
Harry llegó dándole el paso, ella entró en el baño, se desnudó y se metió a la bañera. No sabía en que pensar o como actuar simplemente le daba miedo mostrarse débil y más con su enemigo.
No quería tardarse mucho así que en cuanto su color de piel volvió a la normalidad salió oliendo como siempre a lavanda. Se puso la pijama y al salir se asombró de ver que Harry aún estaba ahí, parado frente a la ventana observando algo en la obscuridad. El rechinido de la puerta al abrirse hizo que volteara, se asombró tanto de verla parecía una niña pequeña que buscaba a su madre, la vió de arriba abajo y después atrevió a hablar.
-Bueno vamos a dormir es tarde-
Ella asintió
-¿En que cama duermes tú?-
Ella señaló la pegada a la ventana.
-Está bien entonces yo dormiré en la otra-
Ella no contestó y es que la verdad pocas veces dormía sola en su cama, es más señaló como cama propia la de Draco.
-Ven vamos-y le abrió las mantas y le hizo el gesto de que se acercara.
Ella se acercó y se acostó, Harry la arropó y entonces ella se acercó y le dio un beso en la mejilla mientras le susurraba un tierno
-Gracias-
-De nada-
Y se fue a dormir a la otra cama.
Vania estaba a pocos metros de su enemigo oportunidad perfecta para . . .
