Pip sintió que no podía respirar, a pesar de todo el esfuerzo que le ponía. Estaba aterrado y confuso. ¡Izzy estaba loco y había tratado de hacerle daño! Pero no lo encontraría allí, ¿verdad? Esperaba que no.

Se calmó poco a poco y comenzó a pensar con lógica. Le llevó un largo rato, pero consiguió llegar a unas pocas conclusiones. Primero: había cometido un grandísimo error huyendo. Había encontrado al sheriff y a un agente, podría haberles explicado la situación, ellos se habrían hecho cargo de todo; y él lo que hizo fue salir corriendo. Aquello había sido estúpido. Sin embargo, supuso que hasta el hombre más listo de la Tierra hacía cosas tontas cuando estaba asustado, y él estaba muy asustado. Segundo: tenía que decírselo a la señora Hart. Ella nunca le había mencioado que Izzy tuviera una enfermedad mental. Probablemente no lo supiera, de modo que tenía que advertirla. Izzy nunca le haría daño a su abuela, ¿no? ¡Oh, ya no sabía ni qué pensar!

Una ramita se quebró e hizo que Pip diera un salto. Algo se acercaba a él. Tras un segundo en que tembló porque no sabía qué hacer o adónde ir, decidió esconderse entre unos arbustos. Le arañaron la piel y la postura en la que encontraba era extremadamente incómoda, pero estaba casi seguro de que nadie se daría cuenta de su presencia.

En el primer momento en que lo vio, Pip pensó que era un oso o, aunque fuera absurdo, un gorila. Pero un débil rayo de luna reveló bajo una melena y harapos un rostro humano. No era un animal, sino un hombre. Algo difícil de imaginar, viendo cómo ese hombre olfateaba a su alrededor y gruñía, con las babas cayendo de su boca a cada sonido que hacía. Asustado, Pip contuvo el aliento y esperó ansiosamente a que esa...persona se fuera.

Entonces, el hombre-animal giró de súbito la cabeza y respiró ruidosamente por la boca, a la escucha. Unos pasos se aproximaron; Pip no pudo verlo, pero sí escucharlo.

– Me alegra ver que no soy el único que ha vuelto a su ser. Esto se estaba volviendo muy aburrido–dijo una voz rasposa de hombre.

Billy gruñó como una bestia al recién llegado.

– Sé lo que estás pensando, chico. Y no creo que sea buena idea.

Los ojos de Billy captaron un destello plateado, una pistola en el cinto del hombre. Gruñó otra vez, pero esta vez con más suavidad, frustrado, y no se movió.

– Seh, no eres tan tonto, al fin y al cabo.

Clayton también se quedó quieto; sus cejas pobladas y rojas se fruncieron mientras estudiaba al salvaje que tenía frente a sí. Quizás era un alma altamente sensible y había cambiado rápidamente, como él. ¿Habría más como ellos en el pueblo? Solamente había una forma de averiguarlo.

– Seas quien seas–Clayton alzó la voz–, no muevas un músculo si no quieres un bonito agujero en tu calavera.

Pip sintió el peso del mundo sobre él. Lo había visto. De algún modo había notado su presencia. Estaba acabado.

El niñito se encontraba a punto de salir del arbusto cuando descubrió que Clayton no se estaba dirigiendo a él.

– Yo no tengo nada que perder–replicó una voz nasal.

Si Pip hubiera podido moverse, habría visto emerger de las sombras a la criatura más extraña que hubiera podido imaginar. Era tan rara que Billy dejó de refunfuñar y se acercó a olerla. A Marvin no le importó, sus ojos grandes, el único rasgo en su cabeza redonda y negra, estaban fijos en Clayton; y su mano, sobre su pistola láser.

– Tú, en cambio...–añadió Marvin.

Clayton sonrió.

– No has cambiado–musitó.

– De modo que eres consciente de que hubo un cambio.

Marvin trató de ocultar su frustración. ¡Sí que había liado las cosas! ¡Oh, cuán desafortunado!

– Claro que sí. El pueblo entero debe de olérselo a estas alturas–respondió Clayton, y señaló a Billy con la cabeza.

Hubo una larga pausa.

– ¿Cómo lo hiciste?

– ¿Por qué crees que debería decírtelo?–preguntó Marvin.

– Una pequeña conversación estaría bien antes de que te mate.

– Como bien he dicho, tú eres quien tiene algo que perder. Las cosas ya no funcionan como antes: quizás en otro tiempo pudieras aguantar un balazo como si fuera una mera ráfaga de pólvora, pero ahora...ahora sangras y mueres.

– Sí, lo sé perfectamente. Habría terminado con ese conejo de no haber sido por un fallo estúpido. Tú estás aquí por el mismo motivo, ¿no? Eliminar a esa alimaña de una vez por todas. Le he oído a él y a sus amigos hablar sobre un bicho pequeño y aterrador, y me da que se trataba de ti. ¿Me equivoco?

Billy se acercó tanto a Marvin que éste lo echó para atrás de un bofetón y el hombre chilló primero, después rugió, pero no se atrevió a lanzarse sobre él.

– Pues malas noticias, enano: es mío.

– Lo dudo seriamente.

– Oh, vaya, ¿cómo te lo digo para que lo entiendas?–la voz de Clayton se redujo a un gruñido, y se acercó para mirar al marciano con ojos amenazantes–. Puede que te las hayas apañado para seguir siendo un dibu, pero aún puedo hacerte pasar un muy, muy mal rato. Así que ya me has oído: arrástrate de vuelta a tu madriguera.

– Amenazas en boca de un ser tan insignificante...–Marvin le sostuvo la mirada a Clayton sin inmutarse.

Nadie había prestado atención a Billy. Ni siquiera Pip, quien había estado escuchando con atención. Así que, cuando oyó un pequeño ronquido acompañado de un aliento caliente y fétido a sus espaldas, el pequeño no pudo contener un grito y salió de un salto del arbusto, lejos de él.

– ¡Vaya, mira esto!–sonrió Clayton.

Pip no perdió un solo segundo. Comenzó a correr y no se atrevió a mirar atrás. Corrió tan deprisa como pudo, tratando de usar los árboles y la oscuridad para protegerse durante su huída.

La pistola de Clayton apuntó al chico. Podría haberlo alcanzado en un par de ocasiones. Pero no lo hizo. En ese momento no podía preocuparse por un mocoso entrometido. También había reparado en un detalle crucial: el marciano había sacado ventaja de la aparición para desaparecer. Clayton dejó escapar un pequeño gruñido que podría haberse identificado tanto como uno de frustración como de diversión.

– Podría haberlo quitado de en medio. Ahora tendré que darme prisa. Y todo por culpa de ese estúpido crío...

Billy vio alejarse a Clayton a paso rápido y se quedó ahí de pie durante un momento, indeciso, antes de seguirlo rápidamente.