Aclaración: Harry Potter pertenece a J. K. Rowling.
Capítulo 13- Fuego ignífugo.
Hermione se dejó llevar como en una nube de silencio frío hacia el castillo. Sólo notaba que era Tom quien le rodeaba sin pronunciar una sola palabra. Ella tampoco pensaba iniciar una conversación. Su cuerpo apenas había logrado no colapsarse ante tantas emociones, obligándose a sentirlas una por una. Pero eso no era lo peor que había sentido en su corta vida. Lamentablemente ya había perdido más que en esa tarde.
Aun así y aunque jamás lo fuera a confesar, Tom, ligeramente preocupado, se dio prisa en dirigirse al cuarto que compartían. Al pasar apenas dirigió una mirada a Nagini, que parecía estar regañando al gato peludo de Hermione por acercarse a lo que decía que era su nido. Por supuesto el gato estaba aterrorizado y nada más ver a su dueña se apresuró en maullar lastimosamente.
-Tsssk. Gato cobarrrde- Nagini se volteó hacia los recién llegados. Su amo rodeaba con un brazo por la cintura a su pareja, la cual no se había quejado porque le estuvieran obligando a quedarse sentada en la cama, tapada con un nuevo abrigo tras quitarle él mismo el que llevaba. No era una buena señal.
-¿Crookshanks?
El gato salió corriendo a la llamada, aunque no tan emotiva como de costumbre, de su dueña. Ella apenas se dio cuenta de lo que había hecho hasta que sintió su pelaje bajo su mano.
Tom se sentó al otro lado de su cama una vez hubo terminado de poner las cosas en orden y le miró fijamente aunque ella no le devolviera la mirada.
-¿Qué ha passsado?- inquirió en parsel Nagini arrastrándose hacia ellos. Crookshanks tembló visiblemente.
-La pelirroja ha agotado sssu ssuerte- respondió Tom sin dejar de mirar a la bruja. Ésta todavía estaba demasiado metida en su pequeño mundo. Su mano acariciaba de forma ida a Crookshanks, atándose de cierta forma a la realidad.
-Dessseo ayudar- dijo en seguida Nagini. Su lengua vibró amenazadoramente. El mago asintió.
-Esssta noche…
-No.
Serpiente y amo se echaron ligeramente hacia atrás. Hermione no había dado muestras de haber salido de su conmoción, mas sabían perfectamente qué era lo que habían escuchado.
-¿No qué?
-Tom, por favor,- su tono era abatido- no me trates tú como una idiota. Sé perfectamente que la reacción de Nagini no puede significar nada bueno. Aunque Ginny y yo nos hayamos peleado no quiero que nada malo le suceda.
El mago parpadeó, sin perder en un solo momento la compostura.
-Te ha insultado y te ha herido- era suficiente argumento.
-Por alguna razón he dejado que ella misma se hiera y ha sacado el rencor de ello contra mí- suspiró Hermione- Ginny todavía no es muy madura y no ha pensado en lo que ha dicho.
-Lo ha pensado perfectamente, Hermione. Su objetivo era hacer daño y sabía cómo hacerlo.
La chica asintió con la cabeza.
-Está bien, pero yo me encargo de esto- se arrepintió nada más sus palabras salieron de su boca. Ahí estaba ella, tratando de conseguir que Tom no se cerrara y fuera capaz de contar su mayor secreto y no se encargara él de sus asuntos. Ella tenía que dar ejemplo- Quiero decir… no actúes tú sólo, por favor, yo también… tengo que estar en las decisiones, me gusten o no.
Tom la miró largo rato.
-Serías una gran dirigente- terminó diciendo. Increíblemente su ligera sonrisa provocó otra en Hermione.
-No lo creo El año pasado lideré un club en defensa de los derechos de los elfos- se sintió un poco incómoda al relatar un fracaso- No tuve mucho éxito.
Tom negó con la cabeza.
-Sólo hay que luchar por la causa adecuada.
-¿Y tú cual piensas que es una causa adecuada?
-La ordenación del mundo en busca de estabilidad perpetua.
Hermione parpadeó, creyendo saber hacia dónde se acerca aquella conversación.
-No creo en la estabilidad a largo plazo del ser humano- respondió observando atenta su reacción-. Las civilizaciones se asientan y al mismo tiempo el progreso es inminente. El ser humano no puede vivir avanzando y siendo retenido. Ante esto, sólo queda la revolución para lograr el cambio. Aunque no por ello tiene que haber necesariamente guerras. Hay varios tipos de revoluciones,…- su pensamiento se cortó de golpe. Abrió los ojos pensando demasiado rápido como para poner sus ideas en palabras.
-¿Sabes qué es lo que es capaz de lograr que ese cambio avance al mismo tiempo que la civilización?- respondió Tom con un tono de voz más bajo que normalmente- Magia.
-¿Qué estás proponiendo exactamente, Tom?
Al ver su rigidez, el mago se apegó a ella, rodeándola y obligándola a quedar tumbada en la cama de forma que sus ojos no rompiesen la conexión. Crookshanks no se atrevió a quejar por la ausencia de caricias. Parecía estar también atento a la conversación.
-Estoy proponiendo un cambio, Hermione- dijo finalmente.
-Todo esto tiene que ver con tu objetivo, ¿no es así?
Sólo hizo falta un asentimiento. Hermione le abrazó fuertemente.
-¿Me lo contarás?
Tom le envolvió en sus brazos, apretándole más contra él.
-Sí, pero hoy no. Ya has pasado por suficientes cosas.
-¿Me he quedado sssin cena, mi ssseñor?
La comisura de Tom se elevó. Sobre ellos Nagini se extendió para que pudieran hacer contacto visual con él y ver su molestia.
-Sssin cena humana me temo que sssí.
Nagini siseó indignado.
-Iré entoncess a bussscar otro alimento.
Crookshanks relajó todos los músculos del cuerpo cuando la serpiente hubo salido del cuarto. Saltó de la cama al suelo y se dirigió a investigar el curioso nido que había en una esquina.
-Tom- Hermione se giró en sus brazos- No me quiero separar de ti- por primera vez no se sonrojó.
-No lo tendrás que hacer.
La besó casi de forma violenta, colocándose sobre su cuerpo y hundiendo su peso en el colchón, apretando ambos cuerpos en un intercambio que pretendía corroborar sus palabras. El calor no tardó en aparecer. Luchando por recobrar la respiración, Hermione se dio prisa en deshacerse del abrigo de Tom, al tiempo que él hacía desaparecer la ropa de la bruja, al menos de cintura para arriba, sin siquiera la necesidad de la varita. Su magia crecía cada día más y más con los conocimientos que ambos estaban descubriendo. Él no tardó en encontrarse con ella. Tocó su piel, provocándole escalofríos allá donde su blanca mano pasaba. La bruja se quedó sin respiración cuando llegó a su pecho, su corazón latiendo con ardor. Sus manos salieron en busca de hacerle sentir lo que le estaba provocando a ella. Y ninguno pensó. Sólo se preocuparon por sentir ese fuego, porque eran con los únicos con los que podían dejar descansar a su mente, sentir lo que nunca sentían y, en definitiva, vivir. Porque ésta era su debilidad, y la única forma de protegerla era adentrarse en ella.
Los rayos del sol cosquillearon su piel. Una sonrisa tonta se colocó en su rostro nada más sentir el cuerpo desnudo de Tom tras ella. No habían llegado más allá de unos apasionados besos y caricias exploradoras, pero se sentía más cercana de lo que se había llegado a sentir con Tom. Su mano le apretó la cintura, demostrando que él también se había despertado y se había dado cuenta del momento en el que ella lo había hecho. Se dio la vuelta y le besó lentamente, simplemente disfrutando de la tranquilidad. El sonrojo volvió en intensidad máxima.
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-¿Entonces con este hechizo podría curar los rasguños?- resumió Harry comprendiéndolo por fin. Hermione le sonrió feliz porque sus esfuerzos dieran fruto.
-¡Exacto! Y apenas tardarás unos segundos.
Su amigo asintió con una gran sonrisa. Que a esa hora Tom tuviera clase y ellos una hora libre servía para adelantar mucho trabajo de la prueba, sobre todo porque no se ponía tan nervioso sólo con su amiga allí para explicarle. Así no tenía que estar atento de lo que hacía el-que-no-debe-ser-nombrado.
Mientras anotaba en su pergamino de apuntes lo que acababa de entender, lanzó miradas de reojo a Hermione.
-¿Qué sucede, Harry?- terminó por preguntarle, percibiendo cada una de las miradas.
-Nada, nada. Es sólo que… me preguntaba si sabrías qué le sucede a Ginny. Antes de ayer volvió muy rara de las Tres Escobas y lleva unos días… no sé, como si no fuera ella.
La bruja suspiró.
-Puede que hayamos discutido, pero no te preocupes- intervino antes de que le interrumpiera- Nosotras lo resolveremos.
-¿Cosas de chicas?- probó su amigo. Hermione rodó los ojos.
-¿Qué son cosas de chicas, Harry?
Éste se sonrojó.
-Pues no sé… ya sabes… cosas… sobre chicos, ¿no?
Hermione se llevó una mano a la barbilla.
-Así que las cosas de chicas son cosas sobre chicos…
-Vale, vale, no volveré a probar suerte.
Ambos soltaron unas carcajadas que hicieron que algunos de los habituales alumnos de la biblioteca les mandaran miradas asesinas.
-Oh, vaya, hemos llamado la atención de Krum- susurró rápidamente Harry. Hermione se volteó, y en efecto Viktor Krum se dirigía hacia ellos con el libro que acababa de cerrar bajo el brazo.
-Hogla, Herrrgiome.
-Hola, Victor- saludó la chica un poco tensa- Te presento a mi amigo Harry.
No quería romper su promesa con Tom, pero tampoco ser maleducada. Además, Harry también estaba allí, no había peligro de quedarse sola con el búlgaro.
Viktor le saludó con un asentimiento tosco de cabeza. Le reconocía como otro de los campeones del Torneo, aunque ahora no estaba allí por eso. Harry le devolvió el saludo sin apartar la vista de ellos.
-¿Podggemos hagblar?
Tragando saliva, Hermione asintió. Se levantó y se alejó un par de pasos, mas no pensaba dar más. Ella había dado su palabra y no pensaba abusar.
-Dengtro de pgoco será el bgaile del Sluggg Club- comenzó hablando con cada vez más acento- Hay que llevgar pareja y me preggguntaba si tú seríags la mía.
-Oh- ahí sí que se quedó sin palabras. En cierta manera Tom no se lo había pedido, y por un momento tuvo que admitir que estuvo muy tentada de aceptar para demostrarle que aunque fueran novios se lo tenía que pedir y no creer que era algo dado por descontado. Pero ella no era así y Tom no se lo merecía.
-Lo siento, Viktor, pero tengo novio y…
-¿Élg ya te lo ha pegdido?
-No, pero…
-Te demosgtraré que puegdo ser mejor. Dgame ésta oporgtunidad.
Hermione negó con la cabeza.
-Lo siento, Viktor, pero le quiero.
El búlgaro giró la cabeza de golpe. Terminó soltando un grave suspiro, asintiendo.
-Un búlggaro nunca se ringde, pero ggracias por tu singgceridad, Hermione.
Ella también asintió, sonriéndole antes de despedirse y volver con Harry.
A ver cómo le explico esto ahora a Tom, pensó con cansancio. Era muy duro no mantener secretos.
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Tom no se lo tomó tan mal como había creído. En vez de ir a buscar a Krum, varita en mano, se ocupó de pasar más tiempo al lado de su bruja, como si aquello fuera posible. Para lograrlo había pasado a compartir la mayoría de las comidas y cenas en su cuarto. Como argumento había usado la incomodidad de la chica con sus tres amigos contra ella. Entre el enfado de Ron y Harry, que la obligaba a escoger bandos, y el de Ginny con ella, desde luego que estaba más cómoda sin tener que aguantar tanta tensión y al mismo tiempo poder compartir más momentos con Tom e incluso Nagini, quien no dudaba en acompañarla cuando le veía sola. Ya eran conocidos sus paseos por el castillo espantando alumnos nada más veían a la serpiente.
De esa manera fueron pasando los días, hasta el Torneo estuvo tan cerca que ella ya no era la única con nervios.
-Lo harás bien Harry- Hermione le dio el tercer abrazo a su amigo. Le estaba llevando al límite a Tom, lo sabía, pero su amigo le necesitaba.
-¿Ron sigue sin venir?- preguntó mirando por encima de la gente antes de entrar en la carpa.
-Cuando vea lo que tienes que hacer estoy segura de que volverá a ser tu amigo- trató de animar Hermione. Le dio un último abrazo antes de despedirse- Venga, Harry, es hora. ¡Recuerda lo que hemos practicado!
El mago asintió viendo que su amiga iba en dirección del-que-no-debe-ser-nombrado, el cual la rodeó lanzándole a él una mirada de advertencia.
-Vamos a las gradas, Hermione- susurró besándole en la oreja para que lo viera Potter. Un escalofrío desconectó a la chica del mundo, haciendo caso de aquellas sugerentes palabras que casi ni sabía lo que habían dicho.
-Estoy tan nerviosa- murmuró. Agradecía que Tom les fuera abriendo el paso hacia un lugar donde pudieran ver bien. Los más pequeños se apartaban ante su sola presencia y los mayores daban un paso instintivo hacia atrás, por lo que era fácil atravesar el conjunto de alumnos.
-Hoy no va a morir nadie, Hermione- aseguró observando la zona de la grada donde los profesores y directores estaban sentados. Ya era la segunda vez que la bruja escuchaba aquello.
-¿Cómo estás tan seguro?
Se detuvieron en una grada donde colocó a Hermione frente a la barandilla y él apoyó un brazo a cada lado suyo, resguardándola del resto de la gente y quedando con su pecho pegado a su espalda.
-Es la primera prueba de un Torneo que no se celebraba desde hace trescientos años. No van a dejar que nadie muera. Generaría una polémica que no podrían soportar y el Ministerio tendría que intervenir.
-Tiene sentido- asintió la chica observando a Barty Crouch, el representante del Ministerio en las pruebas. Se le veía nervioso, atento a cada rincón del estadio casi improvisado que se había montado cerca del castillo.
Un cañonazo les sacaron de su conversación. Dumbledore lanzaba una mirada acusatoria a Argus Filch al mismo tiempo que iniciaba la primera prueba.
En general los participantes estuvieron a la altura suficiente para atrapar el huevo de oro antes de que los dragones les consiguieran atrapar. Tom mandó una mirada asesina hacia Krum cuando éste saludó con demasiado entusiasmo hacia su zona al conseguir el huevo. Si antes le parecía una tontería el Torneo, ahora más valía que la prensa no le preguntara por su opinión. Cuando por fin llegó el turno de Potter, se tuvo que contener para no coger a Hermione en brazos y llevársele fuera de Hogwarts, donde su atención sólo estuviera en él. Maldecía al dragón por no haber hecho su trabajo y dejado que cogiera el huevo. Ahora tendría que ir con Hermione y Potter a Hogsmeade a celebrar la superación de aquella prueba. Y por lo que estaba viendo a su alrededor, no iban a ser los únicos.
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-¿Quién lo iba a decir, eh?- dijo Fred en voz alta- Un Slytherin celebrando la victoria de un Gryffindor. ¡Brindo por ello!- alzó su copa de cerveza de mantequilla y brindó con su hermano. Hermione rodó los ojos.
-Harry representa a todo Hogwarts, y no está aquí por eso.
-Está vigilando a Hermione- concordó Harry. En seguida le llamaron en otro lado de las Tres Escobas y se tuvo que ir hacia allá, lo que le salvó de una segura maldición. El bar estaba lleno de estudiantes que celebraban la primera victoria y de cervezas siendo servidas por todos lados. Tom mantenía a Hermione sentada sobre él, lo que le había costado conseguirlo prácticamente la primera hora que llevaban allí. Los estudiantes no podían evitar mirar de reojo hacia la pareja, lo que ponía a la chica sumamente incómoda. Tom le colocó un poco mejor su abrigo para llamar su atención.
-Hermione, este viernes está la fiesta formal del Club del profesor Slughorn- dijo a un volumen que sólo ella escuchara. Facilitaba tenerla sobre él- Querría que fueras mi pareja.
Hermione se le quedó mirando, todavía sin estar acostumbrada a esas situaciones. Tenía ganas de reír ante lo feliz que esa simple "pregunta" le había puesto. Aunque le diera vergüenza admitirlo, que se lo hubiera pedido, o tal vez demandado, le había hecho radiar de alegría.
-Claro que sí- le sonrió. Tom se acercó para besarla. Sus labios se unieron lentamente, dejando de existir el resto del mundo para ellos, un mundo un tanto conmocionado ante la escena.
Harry observó la escena de reojo sin prestar demasiada atención a su charla con otras alumnas de Hogwarts. Vio la felicidad de Hermione y no pudo evitar sentirse muy intranquilo por ser justamente Tom el que pudiera dársela. Trató de centrarse en su propia conversación y en relatar la fiesta que habían dado sus padres y tíos sin él para celebrar que era el campeón de Hogwarts. Su madre se había encargado de contársela al detalle.
Alguien aclarándose la garganta le sacó de su conversación. Al ver de quién se trataba sus compañeros se echaron hacia atrás como si nunca hubieran estado hablando con él y les dejaron hablar en "intimidad".
-Ron- asintió Harry finalmente reconociendo su presencia. Su amigo no levantaba la mirada del suelo, algo inmóvil y más rojo que de costumbre.
-Te vi en la prueba- comenzó lentamente- y quiero decirte que he visto lo cerca que has estado de morir y… eso me ha hecho darme cuenta de que he sido un idiota y no debería haberme enfadado contigo. Lo siento- terminó elevando la mirada. Se encontró con la sonrisa de Harry.
-Gracias, Ron. Me alegro que por fin te hayas dado cuenta. ¿Amigos?- alzó la mano para estrechársela.
-Amigos- sonrió Ron apartándosela y yendo a darle unos golpes en la espalda. Se separaron como si esos últimos días no se hubieran producido, la única prueba el rastro de alivio en sus rostros- Además, vas a necesitar ayuda para vigilar a esos dos- señaló con la mirada a Hermione acurrucada en el-que-no-debe-ser-nombrado.
Harry asintió, su sonrisa ya no tan amplia.
Unos chillidos les sacaron de sus pensamientos. Se volvieron para ver a un alumno de quinto entrar gritando a la sala y dejando a todo el mundo en silencio. Tom apretó a Hermione contra él, preparado desde hacía rato frente a cualquier amenaza.
-¡Ha habido otro ataque en el castillo!- gritó paralizando la fiesta- ¡Han atacado a Myrtle Morseferth!
Otra hija de muggles.
¡Hola! La tranquilidad no puede durar mucho, de eso me encargo jaja.
Para aquellos que a lo mejor les resulte raro el título del capítulo, quería hacer referencia a la reflexión de Tom sobre su relación con Hermione, en que para que la debilidad que "se ha permitido tener" no le afecte, tiene que adentrarse en ella. Por ello lo del fuego ignífugo (que se protege contra sí mismo).
Una vez más, muchas gracias por todo vuestro apoyo. Cada sugerencia la tengo en cuanta y trato de mejorar el fic capítulo a capítulo, así que me alegran.
