Hola mis queridas lectoras, en primera instancia me disculparé por dor cosas: la primera es por la gran demora en publicar este cap, es que he comenzado la facu y realmente he andado muy ocupada y con mucha falta de inspiración; la segunda es justamente por esto último: por la falta de inspiración que podrán leer en el siguiente cap. No es de los mejores que he escrito, pero les prometo que será mejor el siguiente, lo que no les prometo es tenerlo terminado rápidamente.

Disclaimer: los siguientes personajes no son míos, son de Takao Aoki.

Advertencias: lea bajo su propio riesgo.

Aclaraciones: estoy en contra de muchas de las prácticas mencionadas a continuación.

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Contexto General: Primer Campeonato Mundial de Beyblade

Capítulo XIII: Amigos

Residencia temporal de los Beyluchadores de Japón (Hotel)

Moscú, Rusia

2001

La luna en el firmamento era imponente. Parecía que podría ser lo más cercano a la perfección, perfección simple y redonda, rodeada de una luminosidad envidiable. No podía haber algo más bello al contemplar el cielo nocturno. Las estrellas acompañaban ese hermoso firmamento ya oscurecido por la ausencia del sol. Por suerte ese era mejor momento, podían descansar en paz, después de ese largo día que habían tenido.

Si bien ahora el equipo había recuperado a su capitán y la relación de éste con los demás se veía favorecida por la confianza que había depositado en ellos, tan sólo uno de los miembros de los BladeBreakers había notado algo extraño. Durante el día, tras la charla que mantuvieron con el señor Dickenson en la cual descubrieron la verdad de todo lo que los rodeaba, habían decidido ponerse a entrenar. Kai conocía las habilidades de sus oponentes, pero sabía que lo más probable es que eso no les sirviera de mucho, dado que Boris haría cualquier cosa porque ellos sean los ganadores. No obstante eso, hizo que el entrenamiento fuera lo más productivo posible.

Sin embargo, pese a que su mente estaba centrada en entrenar a sus compañeros, su subconsciente estaba pendiente y preocupado por el presente de sus casi hermanos en la abadía. Los había aprendido a querer como a hermanos, pero quien más le preocupaba era el futuro del capitán. Sabía que en ese momento todos deberían estar pagando por su ausencia, si bien frente al resto de los niños del lugar no debía ser gran cosa, cuando cayera la noche todo cambiaría. Con esos pensamientos y considerando el gran amor que sentía por ese pelirrojo obstinado que se cree poder con todo, no podía evitar en algunos momentos bajar la cabeza y apretar los puños, en señal de impotencia. Mas esos cambios sutiles sólo fueron notados por un solo chico.

Para Rei Kon, que era quien más tiempo había compartido con ese bicolor callado, reservado y orgulloso, escucharlo suspirar pesadamente y verlo apretar los puños con frustración cuando decía que el entrenamiento iba bien encaminado, era extraño. Algo digno de llamarle la atención por así decirle. El chino había extrañado la presencia de ese muchacho taciturno, no negaba que estar con Kai era lo mismo que estar solo, pero sí admitía que dormir todas las noches con una cama vacía al lado lo ponía nervioso. Esa noche por fin no iba a ver esa cama vacía, y con ese pensamiento iba caminando hasta la habitación, ya con su pijama puesto. Al entrar en el cuarto notó a Kai sentado en la ventana, que por suerte era bastante grande y le permitía aquel acto. Lo observó unos segundos, tenía una pierna flexionada, de manera que su pie quedaba apoyado en el marco de la ventana, y la otra no tocaba el piso.

Pero esa postura no le llamó la atención, muchas veces lo había visto así, con su pijama puesto y sentado de esa manera en la ventana antes de dormir. Lo que le extrañaba era ver que no tenía el relicario en sus manos, puesto que siempre que estaba en esa posición era para ver lo que parecía una foto en el dichoso collar. Kon lo había visto a veces pasar horas mirando ese objeto, como si buscase algo en esa foto, mas el chino nunca supo bien de quién era esa foto. Quizá si la hubiera visto antes habría notado que los chicos de la imagen eran nada más y nada menos que los Demolition Boys. No obstante, conociendo al bicolor no le preguntaría nada.

Dio un par de pasos dentro de la habitación cuando escuchó algunos gritos que provenían de afuera, por lo que caminó hacia la ventana para asomarse y ver qué pasaba. No parecían gritos de miedo o de dolor, más bien parecían gritos de quienes juegan, además después oyó una risa que pudo reconocer como la de Takao.

Kai vio de reojo como su compañero de habitación se encaminaba hacia él, de seguro movido por la curiosidad de asomarse a la ventana y ver lo mismo que él veía. Por esa misma razón se movió un poco, dándole espacio al chico para que vea cómo Takao y su padre jugaban abajo. El hombre había aparecido esa misma mañana, casi de la nada, y les había contado muchas verdades sobre las bestias bit y demás cosas que Hiwatari ignoraba en muchos asuntos. En esos momentos notaba que sus únicas preocupaciones habían sido sus compañeros de equipo, especialmente el pelirrojo.

— ¿A eso le llamas maniobras? —decía con entusiasmo el hombre ante un Takao con cara de inocente, se veía mucho más inocente que otras veces. —Ahora ven y demuéstrame.

—Sí, —le decía casi buscando la aprobación de su padre. —El abuelo me ha entrenado muy bien —alardeando de sus habilidades y provocando con ello una risilla por parte de Rei y una discreta sonrisa por parte de Kai. Los dos observadores quienes habían perdido a sus padres de pequeños y por circunstancias distintas, se sentían felices y nostálgicos a la vez con observar esa imagen.

—Vaya, y yo que pensé que era su alumno favorito —comentó el hombre risueñamente mientras seguían en esa pequeña lucha que era contemplada por los dos bladers. La mención de familiares, tales como abuelos o padres, les traía recuerdos y sentimientos que muy pocas cosas les despertaban pero lo que más deseaban era que nadie notara esa sensación que les producían. Kai porque simplemente sentía que mostrar abiertamente sus emociones le había débil y Rei porque quería parecer fuerte para superar sus problemas y recuerdos.

Así sin darse cuenta se encontraron los dos perdidos en sus emociones pero sin pronunciar palabra alguna. Ambos sin saber exactamente si sentir envidia hacia el japonés o alegría o simplemente emoción por la situación, pero simplemente comprendían que sentir algo negativo no era la solución. Después de todo el chico era su amigo, aunque Kai nunca lo diría en voz alta y frente a ellos, no podían sentir algo malo hacia él.

—Desearía tener un padre así —comentó Rei en voz alta y con una sonrisa nostálgica. Recordaba lo que había sido su infancia, como sus padres lo dejaron en esa aldea y se fueron. No tenía recuerdos de un padre, lo único más cercano que tuvo a eso fue el padre de Lee y Mao, mas le hubiera encantado haber tenido a alguien a quien decirle "papá" por ser su verdadero padre y no por cariño.

Hiwatari vio esa reacción y casi como un reflejo de protección hacia el chino, se bajó de la ventana y le miró con severidad. Se veía en sus ojos el reflejo de mando del líder, se notaba que el fénix que muchas veces era el centro de todo comando, ese bey-luchador frío y calculador ya no estaba. Pero había algo distinto, algo que había aprendido de Yuiriy y eso era la cualidad de un verdadero capitán: comprender y proteger a su equipo. Rei al principio no lo entendió, pero bastaron simples palabras para que sí comprendiera.

—Vete a dormir, mañana hay que entrenar —dijo el medio ruso con su típica voz fría y de mando. El chino dudó y ladeó la cabeza, no comprendía del todo esas palabras, Kai no era de dar órdenes a diestra y siniestra, pero siempre había tenido un humor de los mil demonios. Por ésta última razón el muchacho se alejó de la ventana, no sin antes dar un último vistazo a la escena que protagonizaban Takao y su padre.

Después de esbozar una última sonrisa nostálgica se acercó a su cama, que era la que estaba alejada de la ventana. Como ya tenía su pijama puesto se sentó en la orilla de la misma y se acostó, cubriéndose con las mantas. Kai le contempló por unos segundos, si bien siempre habían sido compañeros de cuarto, jamás había sentido esa necesidad con el muchacho, esa necesidad de protegerlo, de cuidarlo. Quizá realmente había aprendido algo muy valioso de Yuriy, sin darse cuenta estaba comenzando a ser un líder justo como lo era el pelirrojo. Pero con sólo pensar en él su mente divagaba por los temores y la incertidumbre. ¿Qué estaría haciendo? ¿Estaría bien? ¿Lo estaría extrañando? Mas no encontraba respuestas salvo en esa luna hermosamente gigante que alumbraba en el firmamento.

Un suspiro salió de sus labios con la intensidad de su amor, no era muy ruidoso, apenas sí se hubiera percibido, pero tenía la profundidad de la emoción, la alegría del encuentro y la tristeza de la separación. Así era el amor que sentía que por Yuriy, un amor callado y encubierto, tan triste como feliz, con ese deje de nostalgia y melancolía de lo prohibido y lo rechazado. Simplemente no quería hablar de él, pero su cabeza cada dos segundos pensaba en él y su cuerpo lo necesitaba, necesitaba tocarlo y besarlo con esa dulzura y tranquilidad con que lo hacía el día anterior. Pero todo había sido tan rápido que sentía que no se había despedido lo suficiente de su pelirrojo, el día había sido muy largo y a la vez cansado, tanto así que un bostezo salió de sus labios.

Cubrió su boca con la mano y dio un último vistazo a la escena que se dibujaba en el suelo: Takao estaba abrazado a su padre y éste lo abrazaba a él, era un abrazo que trasmitía ternura. Hasta el mismo Kai se conmovió con sólo mirarlos, pero tampoco podía entender del todo ese amor entre padre e hijo. Sus padres habían muerto cuando él era muy pequeño y sólo había conocido a su abuelo, que lo crió con mucha frialdad. No podía evitar sentir rencor hacia su único pariente vivo, pero con sólo ver como el muchacho japonés había perdonado la ausencia de su progenitor, en su corazón se formó la esperanza de perdonar a su abuelo algún día. Lástima que ese día no llegaría, no por falta de intención del Hiwatari menor, sino porque Voltaire no se iba a arrepentir jamás de su forma de ser, tan manipuladora y avara, al contrario. Con el pasar del tiempo demostraría que es un ser mucho más despreciable de lo que su nieto pensaba.

Cerró la ventana para que el viento helado de Rusia no se colara en el cuarto, no por él que siempre había dejado la ventana abierta, sino por Rei que siempre tiritaba de frío en las noches. Sí, se había vuelto más considerado con los demás. Se acostó en la cama y se cubrió con las mantas, pero por el calor debió de quitarse un par de ellas. Miró el techo unos segundos y los recuerdos de Yuriy regresaron, cada día que lo besó le parecía lejano y el haber perdido la virginidad con él le había hecho sentir un vacío importante en su corazón ahora que no estaba. Temía que estuviera en peligro, aunque sabía que recibiría un castigo porque Boris estaría furioso. Pese a todo, el pensar y maquinar tanto en el pelirrojo le hacía muy mal y la culpa le atacaba, mas estaba seguro de que había tomado la decisión correcta. Quizá era contradictorio, pero le reconfortaba.

Con ese pensamiento tan ambiguo y oscilante entre la culpa y la seguridad, Kai fue cerrando de a poco sus ojos. La imagen de Yuriy mirándolo desde atrás, con esa sonrisa de alegría y satisfacción, esas palabras dulces que quizá nunca dijo pero que le hizo saber con sólo una sonrisa, con esa dichosa imagen que le hacía sentirse en el cielo se quedó dormido.

– – –

— ¡No! ¡Basta! —los gritos desesperados del muchacho resonaban en toda la abadía, aterrando a los más jóvenes, que no comprendían a la perfección lo que pasaba en la habitación del abad, y provocando la rabia de sus compañeros de equipo que habían sido encerrados en la habitación de tres más cercana a la habitación del abad para que escucharan cómo éste torturaba a su mejor amigo y compañero. Mas sólo dos de éstos últimos estaban consternados, el último nada mas estaba sentado en la cama con la rabia de no ser él el que estuviera en esa habitación del horror.

Ninguno podía imaginarse lo que Yuriy estaba sufriendo, todo porque Kai se había marchado de la abadía. Esa mañana, cuando las computadoras fueron destruidas por el nieto de Voltaire y que casi todos los datos importantes fueran destruidos, salvándose porque contaban con un respaldo, el dueño de BioVolt llamó a Boris. Estaba furioso porque su propio nieto le había comunicado, en un llamado para nada amable, que abandonaba la abadí. Todas las rabias del viejo cayeron sobre el abad, toda la culpa recayó sobre él, e inclusive su empleo se vio tambaleando gracias a la ineptitud que había tenido. Valkov no le pudo replicar nada, no pudo contestarle nada, en realidad no tenía argumentos para defenderse. Lo único que pudo hacer fue implorar por una segunda oportunidad.

Voltaire dudó, pues había perdido la confianza en ese hombre a quien le había encomendado seguir con el plan de hacer de su nieto el bey-luchador perfecto, pero después que el muchacho abandonó nos Demolition Boys pensaba que sus planes se habían arruinado. Boris le prometió que haría al blader perfecto con alguien más y usando los avances tecnológicos de las industrias BioVolt, que no todas sus investigaciones habían sido en vano y que le diera una segunda oportunidad. A regañadientes y con la sensación de decepción, así como también con la amenaza despido en la última frase, el dueño de la empresa aceptó. Una vez la videollamada finalizó, el abad convocó a una reunión completa, es decir, de toda la abadía. Dio un discurso que todos los niños creyeron, menos los cuatro que habían quedado de los Demolition Boys. Para ellos esa era simplemente una fachada que encubría sus verdaderas intenciones.

El resto del día transcurrió con normalidad, con entrenamientos y demás, lo único diferente era la ausencia de Valkov. Nadie lo vio en todo el día, ni siquiera los científicos, y es que lo que menos se pudieron haber imaginado que el hombre estaba en su oficina bebiendo vino, cerveza, vodka, champaña y cualquier otra bebida alcohólica encontrase. Tenía una reserva en su nevera personal, pero que sólo usaba de vez en cuando, mas en esta ocasión su rabia era tal que sólo el alcohol saciaría sus problemas. Mas lo que realmente hizo que su mente divagara por rumbos inesperados fueron un par de pastillas y un paquete de cocaína que había comprado hacía ya mucho tiempo y que no había probado desde hacía años.

Durante la noche la calma era extraña, todo estaba silencioso y tenso, incluso el aire parecía más pesado que otras veces. Esa noche los cuatro muchachos más fuertes de la abadía se juntaron en le baño y acordaron irse todos juntos hasta el dormitorio. En realidad, todos acompañarían al pelirrojo hasta su habitación, Ivan había aceptado a regañadientes. Para Yuriy era una sensación rara, sentía que algo malo iba a pasar, no a todos, sino a él, estaba asustado y tenía miedo, aunque no lo admitiese y se mantuviese con un semblante serio y autosuficiente. Se bañó mucho más rápido que otras veces y se vistió como si el mismísimo diablo lo persiguiera, aunque esta metáfora no estaba para nada lejos de la realidad.

Caminaron por los pasillos casi corriendo y el silencio era atronador, nada más sus pasos eran oídos en medio del silencio. El capitán tragaba saliva disimuladamente, estaba nervioso y aún más mientras más caminaba, lo único que lo calmó fue ver la puerta de su cuarto a sólo un metro de distancia. Tanto Bryan como Sergei dieron un suspiro más audible que el de Ivanov, ellos también estaban un poco más calmados por ver esa puerta. Caminaron un poco más rápido, más deprisa, sintiendo que algo los iba a alcanzar en cualquier momento y sintiendo que sus labios se resecaban por los nervios, sus manos temblaban sutilmente y no podía evitar sentir desesperación con sólo pensar en ser alcanzados por algo o alguien. Imploraban seguir solos, que nada pasara, pero sus súplicas no fueron escuchadas.

—Demolition Boys —les llamó una voz grave, erizándoles la piel y haciendo que se detuvieran en seco. La puerta de la habitación de Yuriy quedó apenas a un paso de distancia, sintieron que caían al abismo, que ese era el final de todo, que habían sentido la victoria con los dedos y no habían podido alcanzarla completamente.

Se voltearon para encontrarse de frente con algunos guardias que parecía que los habían seguido en silencio un buen tiempo. El pelirrojo tragó saliva y dio un paso al frente, colocándose de nuevo delante de su grupo, ofreciéndose como carne de cañón en lugar del resto.

— ¿Qué ocurre? —dijo el joven.

—Sus habitaciones han sido reasignadas —contestó uno de los hombres. —Sígannos —ordenó otro y de inmediato dos hombres se colocaron detrás de los jóvenes mientras otros dos se quedaban delante de estos.

Sin decir nada más los ochos, es decir, los Demolition Boys fueron escoltados por los cuatro guardias en la dirección opuesta donde habían dormido siempre. Temblaban pero ninguno se animaba a preguntar a dónde iban, para todos era el camino hacia un castigo, aunque para Ivan era más castigo saber que dormiría en la misma habitación que el pelirrojo de ojos celestes. El aire era tenso, la atmósfera densa y el silencio hacía que todo se mezclara en un conjunto de masa de un sabor agrio.

Caminaron durante un tiempo por pasillos que Bryan, Sergei e Ivan jamás habían ido, pero por donde Ivanov sabía perfectamente su destino. Estaba asustado, porque no iba a mentir y decir que no pasaría nada, pero tampoco podía decir que no lucharía. Ya había probado lo que era hacer el amor, no se dejaría violar tan fácilmente. Y es que le muchacho sabía que estaban yendo hacia la habitación de Boris Valkov, esa habitación donde tantas veces se había dormido, donde tantas veces había padecido, esa habitación que le causaba horror.

Los hombres caminaban a paso firme, casi empujando a los muchachos para seguir avanzando, el único que avanzaba como convencido de su destino era Yuriy Ivanov. Con la misma calma andaban hasta que una silueta salió de una de las habitaciones, esa habitación aterradora se había abierto para dejar salir a su ocupador. Boris caminó apenas dos pasos y se quedó mirando a los hombres presentes en el pasillo, sus mejillas estaban ligeramente sonrosadas y sus pupilas dilatas, además sostenía una petaca de whisky en su mano izquierda. Miró a los muchachos y después a los guardias.

—Pensé que tardarían más —comentó el hombre, su voz sonó igual de autoritaria que cuando estaba cuerdo. —Muéstrenles su cuarto —le ordenó a los guardias.

—Sí, señor —dijeron los cuatro al unísono. En ese momento, dos de los hombres se aproximaron a una puerta que estaba en frente de la habitación de Boris, sólo con una habitación de separación.

—Esta será su nueva habitación —dijo uno de los hombre mientras abría la puerta lentamente, la habitación que les mostró no era muy diferente a la anterior, sólo un poco más pequeña. —Adelante —les dijo con todo autoritario.

Bryan y Sergei intercambiaron miradas, como si se preguntaban el uno al otro qué hacer. Había un deje de duda en su mirar, había algo extraño en toda la situación. Mas no pudieron seguir maquinando, puesto que uno de los guardias les gritó para que reaccionaran y avanzaran, quizá si ellos hubieran reaccionado habrían hecho algo para defenderse de tamaña orden, pero no se dieron cuenta en el momento. Los dos rusos avanzaron dentro de la habitación, donde ya Ivan estaba parado mirando las camas.

Para el más bajo de los rusos donde durmiera le era indiferente. Simplemente no le interesaba para nada lo que hicieran lo demás o lo que pensaran, Ivan sólo deseaba hacer feliz a Boris. Si Valkov daba una orden, él la acataría lo mejor posible. Mas al ver cómo los demás oponían resistencia le daba cierta molestia que ellos fueran sus compañeros. Pero había algo que le llamó la atención, no dijo nada, pero desde donde estaba podía ver cómo Yuriy seguí parado fuera de la habitación y cómo una mano de Boris se colocaba en la espalda del pelirrojo, más precisamente a la altura de su cadera. La sangre Ivan hirvió de puros celos, ¿qué tenía Yuriy que no tuviera él? ¿Por qué Boris no lo tocaba como hacía con su capitán?

No obstante la atención del más bajo, los otros dos caminaban mirando al frente hasta que escucharon la puerta cerrarse a sus espaldas. Un sonido seco hizo eco en el silencioso pasillo, la puerta al cerrarse se hizo notoria de manera involuntaria. Con ese ruido la sangre se les heló, el temor les atacó y la culpa por no haberse percatado antes de la trampa los hizo voltearse y ver con sus propios ojos como habían quedado encerrados en el cuarto. Antes de que pudieran correr hacia la abertura y abrir para hacer entrar a su capitán, oyeron el ruido metálico de las llaves al ser colocadas en la cerradura y giradas para dejarlos encerrados literalmente.

Giraron la manija con desesperación, empujaron la puerta mientras gritaban porque los dejaran salir. Los sonidos de sus frustraciones era emitidos y llegaban a los oídos de los de afuera como ecos molestos y estremecedores. Pero nada de eso servía, el día había sido demasiado agotador como para que sus cuerpos contaran con la fuerza suficiente para derribar la dichosa puerta. Mientras tanto Ivan nada más contemplaba a sus compañeros hacer esfuerzo en vano, no podía sonreír porque sabía que nuevamente lo habían desplazado.

Al tiempo que dentro del cuarto se armaba el revuelo de la impotencia, afuera Boris ordenaba a sus guardias alejarse mientras seguía pasando descaradamente sus manos por el trasero del pelirrojo. El muchacho estaba tieso en su lugar, sentir esas manos sobre su cuerpo lo habían paralizado completamente y no era capaz de realizar movimiento alguno. Quería correr, gritar, golpearlo y alejarlo, pero se sentía pequeño delante de esa figura. Finalmente se armó de valor para enfrentarlo y negarse a ser tocado de aquella manera.

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El insomnio lo había despertado a mitad de la noche, por esa misma razón, a pesar de todo, se había levantado de su cama e ido a la cocina. Bebió un poco de agua en ese lugar, pero con sólo eso se sintió mejor y sació su sed, por ello regresó a su habitación. Con pasos ágiles y silenciosos se fue acercando a la puerta, no quería despertar a nadie y mucho menos al capitán de su equipo. Sin embargo, grande fue su sorpresa al entrar a su cuarto y encontrarse con su líder algo inquieto.

Con cierta curiosidad, esa curiosidad que rara vez le atacaba, pero que siempre le causaba muchos problemas, se acercó a la cama de Kai Hiwatari y lo vio fijo. El chico se removía entre las sábanas, daba suaves quejidos y gemidos, al principio pensó que estaba teniendo un sueño húmedo y no pudo evitar reprimir una suave risita, pero al ver su rostro detenidamente se dio cuenta de que no era eso. El bicolor se movía con incomodidad, estaba alterado y gemía y se quejaba pero de dolor, quizá de impotencia, todo indicaba que era una pesadilla. Además de eso, repitió un par de veces el nombre "Yuriy", Rei pensó que se estaba refiriendo a una chica.

Al principio pensó en dejarlo, pero al ver el sufrimiento por el que estaba pasando su compañero, se acercó un poco más y le tocó el hombro. El muchacho no reaccionó y se siguió removiendo descontrolada y casi desesperadamente, y al pobre chino le dio la sensación de que mientras más lo sacudía para despertarlo más soñaba cosas horribles. Pasó unos segundos así, hasta que al final lo tomó al chico por los dos hombros y lo sacudió mientras le gritaba su nombre. Mas lo que causó con ello, no sólo fue despertarlo, sino que el ruso le diera un fuerte puñetazo en el estómago, porque fue ese el primer lugar al que atinó a dar el joven.

El beyluchador cayó al suelo y quedó sentado en él, con un fuerte dolor por el golpe. Kai quedó sentado en la cama, mirando sin comprender lo que había hecho. En su sueño, había visto a Yuriy de de adolescente pidiéndole ayuda, recalcándole que lo había abandonado y por momentos podía ver, como una suerte de flashblacks, a ese pequeño pelirrojo siendo violado por Boris. Eran las imágenes que él había vivido cuando era apenas un niño y esos recuerdos regresaron, sumados a la impotencia de no poder ayudar. Por esa misma razón, al sentir que él mismo estaba siendo agredido, su primera reacción fue defenderse. Sin embargo, al notar que estaba despierto y no era Boris sino Rei a quien golpeó un sonrojo tiño sus mejillas, mas no se notó porque estaba oscuro.

Rei no cabía de su asombro, pero no estaba enojado con Kai, sólo adolorido. Con cierta dificultad se puso de pie y caminó hacia la cama, notando que el bicolor estaba sobándose la frente y con los ojos cerrados, al parecer estaba arrepentido de su acción. En el fondo le causaba curiosidad saber quién era Yuriy, quizá era una niña, pero le preocupaba el hecho de que la mencionara en el contexto de una pesadilla. No obstante, simplemente se acercó a chico y se sentó a su lado.

— ¿Estás bien, Kai? —le preguntó mientras le miraba fijamente, porque por falta de luz y siendo la luna su única fuente de luminosidad, tenía que fijar la vista en la silueta del bicolor para poder verlo medianamente bien.

—Sí —dijo con firmeza y aparentando una seguridad que no tenía. —Ve a dormir —le ordenó sólo para que Rei pudiera descansar y estuviera listo para el día siguiente.

Rei no pareció convencido, estaba algo incómodo, él no quería irse a dormir, quería ayudar a su amigo porque lo veía tan solo en Rusia como él. Al menos Max y Takao habían encontrado parientes en ese país y estaban acompañados, mas ellos dos no tenían parientes cercanos ni siquiera vivos. Por eso el asiático comprendía perfectamente el dolor de su amigo, no obstante le molestaba que no fuera sincero con él. Así simplemente se paró de donde estaba y caminó un poco hacia su cama.

Si tan sólo el muchacho supiera que no estaba solo, que simplemente debía abrirse un poco, confiar en alguien, todo se le haría más fácil. A veces hablar las cosas sirve para superarlas, pero en la mente de ese obstinado semi-ruso no había otra cosa que no fuera ego y altanería, hasta le parecía que se cerraba en sí mismo sólo para poner esa coraza que nadie debía atravesar, quizá como un método de protección. Rei no sabía lo acertado que estaba, en esos momentos otro de los mayores temores de bicolor era que sus compañeros descubrieran su homosexualidad.

Para Hiwatari, la posibilidad de perder su respeto, de volverse el hazme reír de todo el mundo del beyblade sólo por estar enamorado y no sólo enamorado, sino de amar a un chico, le daba casi pánico. Quería mantener todo en secreto, sólo quería hablar con el señor Dickenson para que ayudara a Yuriy, mas también sentía que si le decía todos se enterarían de sus problemas. ¿Cómo decir todo lo que sabía, hablar de sí mismo, sin miedo al rechazo? Esa era una pregunta para la que no tenía respuesta, o bien le asustaba probar la posibilidad. El gran Kai Hiwatari, el muchacho que no le teme a nada, un chico tan frío como el hielo, temiéndole a la verdad, para él eso era patético. Aunque en el fondo pedía a gritos ayuda y ser escuchado.

— Pareces preocupado y consternado —dijo la voz suave y tranquilizante de Rei, quien estaba de espaldas y se había volteado al verlo tan consternado. —Siempre que yo me siento así voy al tejado a respirar un poco, las alturas y la calma de ver la luna y las estrellas me calma.

Kai lo miró con cierta atención, el chino a veces tenía buenas ideas, por no decir siempre. Rei Kon era un muchacho sólo menor que él por un año, bastante maduro para tener sólo trece años. Muchas veces admiraba esa calma que tiene, hasta a él le trasmitió calma con esas simples palabras, hasta confianza le llegó a inspirar. Ellos dos siempre habían sido compañeros de habitación, lo que quizá había hecho que sus lazos sean más fuertes que con el resto del equipo. Pero aún así no conocía mucho al chino, sólo algunos detalles de su vida.

Sin notarlo, el bicolor se puso de pie, haciendo que Rei lo viera de pies a cabeza, ¿cómo hacía para dormir así y no sentir frío? Kai tenía puesto una camiseta sin mangas y unos shots apenas más largos que sus bóxers, incluso le dio un escalofrío de verlo así. El chico chino tenía un pijama de mangas largas y pantalones largos, y aún así tenía frío, por eso mismo tuvo que ponerse una campera para ir por agua. Los dos compartieron miradas y por un segundo Kai vio el los ojos dorados del chico al pelirrojo, lo vio reflejado en esa mirada que trasmitía seguridad y confianza, era increíble cómo, siendo tan diferentes, los dos le inspiraban sentimientos profundos. En el caso del ruso, le inspiraban amor, confianza y un deseo de protegerlo bastante considerable; en el caso de Kon le inspiraban amistad, también confianza y tranquilidad, el chico era tan centrado que hasta el mismo Yuiry parecía desequilibrado a su lado.

Caminó al lado del chico y siguió hasta la puerta, no le dirigió la palabra y giró el pomo de la misma, abriéndola en el acto. Una vez estuvo parado en el umbral de la puerta, se detuvo y se volteó dirigiéndole una mirada al otro chico, éste estaba parado junto a la cama y sostenía otra campera entre sus manos, le estaba sonriendo de manera que esos colmillos de su boca sobresalían. El bicolor le devolvió una suave sonrisa, apenas perceptible y se le acercó, tomando la campera y regresándose a la puerta siendo seguido por el muchacho de ojos dorados.

Los dos caminaron por el pasillo silencioso, porque sólo se oían de vez en cuando los ronquidos de alguno de los ocupantes de las habitaciones. Al cabo de unos segundos llegaron a la escalera de da al tejado, Kai tomó la iniciativa y avanzó él primero, después le siguió Rei. Los dos iban en silencio, pero no era un silencio incómodo. Para el chino esa ausencia de sonido significaba que el bicolor tenía que pensar y era verdad, porque la mente del ruso trabajaba a mil por hora. Sentía de nuevo esa presión que había sentido cuando debió de abandonar a Yuriy. Pero al final todo desapareció en cuando abrió la puerta de la azotea.

El viento helado de Rusia chocó contra los cuerpos de los dos muchachos, para Kai ese fue un gran alivio. Sentía que su temperatura, que estaba bastante alta gracias a las preocupaciones, bajaba considerablemente, por esa simple razón dejó salir un suspiro. Rei sonrió levemente al ver eso, parecía que por fin había hecho algo bien y transmitido la tranquilidad que él necesitaba. De paso para su propia mente ese viento le era una relajación considerable, él sabía que pronto debería beybatallar con el equipo ruso y eso, aunque no lo demostraba, lo ponía algo nervioso.

Caminaron unos pocos metros y se apoyaron en la baranda, para observar las calles poco transitadas del país. Por momentos las mentes de ambos viajaban hacia sus infancias, cuando jugaban con sus ex compañeros de equipo, cuando el beyblade era sólo un juego y no debía de temer el perder la batalla porque eso significaba el dominio mundial. Se sentían nostálgicos y bastante extraños, estaban los dos solos en medio de un silencio bastante bueno, porque les permitía pensar tranquilamente.

Al cabo de unos segundos Kai emitió un suspiro, la imagen del pelirrojo se le había venido a la cabeza. Esa piel suavemente blanca, con ojos tristes y celestes como el cielo, ese cabello pelirrojo que se molestaba en acomodar cada día y que había tocado mientras su dueño dormía, esos labios que probó durante tanto tiempo y que ahora extrañaba más que nada en el mundo. Bajó la cabeza, quizá ahora su amando muchacho estaba siendo abusado, golpeado, incluso violado, no podía saber que esa era la verdad y que en la abadía los Demolition Boys gritaban y se movían como animales enjaulados movidos por la desesperación de escuchar gemir y llorar a su líder.

Cuando volvió a elevar la vista, se topó con los ojos dorados que lo contemplaban con cierta curiosidad. Esos ojos felinos se quedaron fijos en los rubíes, intercambiando miradas se comprendieron un poco mejor. Por esos leves segundos, esos orbes dorados se volvieron celestes y la imagen de Yuriy se materializó a su lado, tuvo que sacudir la cabeza para alejar esas imágenes de su conciencia. Recién en ese momento regresó a la realidad y vio a Rei Kon parado a su lado, emitió una risa muy leve, casi imperceptible, casi mofándose de sus sentimientos, y regresó su vista la calle rusa.

—Kai —le llamó Rei, pero no le miró y con un bufido le dio a entender que le escuchaba. —No te enfades y si no quieres no me contestes, pero… —hizo una pausa, mas al notar que Kai no replicaba nada, volvió a hablar —, ¿quién es Yuriy?

La mente de Kai hizo un quiebre, ¿de dónde había sacado Rei ese nombre? Para Hiwatari eso era un tema que quería evitar, pero al escuchar ese nombre se volteó y miró a su compañero. Le examinó con cierta atención, dudando de su responderle o no, pero en el fondo quería contarle a alguien, necesitaba confiar en alguien. Quizá ese alguien podía ser Rei Kon, él quizá le comprendería pero las dudas le tenían sumamente preocupado. Mas no le respondió en ese momento.

Rei esperaba la respuesta, pero volvió su mente al frente. Quería que el muchacho confiara en él y forzándolo a hacer algo que no quería, no lo lograría. Sabía que ese joven era mucho más cerrado de lo que realmente mostraba, no iba a abrirse con cualquiera, pero él no era cualquiera, lo tomaba como un amigo. Le dolía verlo tan triste y simplemente se quedó callado para no presionarlo, pero en realidad quería que le contara y se desahogara con él.

Finalmente, después de unos segundos de meditarlo y de sentir que su mente iba a colapsar de tanto pensar y dudar, se decidió. Kai decidió que le diría a su amigo lo que pasaba, no quería mentirle y sentía que no podría seguir con eso por más tiempo, Rei era su amigo. Sin darse cuenta notó que estaba haciendo lo mismo que hizo Yuiry con él, iba a confiar en alguien más y lanzarse al abismo para que alguien más le atrapase antes de caer.

—Yuriy es… uno de los Demolition Boys —contestó ante la sorpresa del chino, quien le miró y ladeó la cabeza con una expresión de desconcierto, no recordaba quién era. Pero lo que más le sorprendió fue el hecho de que fuera un hombre, a menos que hubiera una chica en ese equipo. —Tú lo conoces, es Tala —comentó de nuevo el muchacho, haciendo que la sospecha de Rei se viniera abajo.

— ¿Pero Yuriy no es nombre de chica? —dijo sin poder contener su incertidumbre.

—No, en Rusia en nombre de hombre —contestó algo fastidiado. Le molestaba esa clase de preguntas, ¿por qué insinuaba que Yuriy era chica? ¿En qué contexto había mencionado al ruso?

—Ah, ya veo —respondió con una inocencia realmente molesta. — ¿Y por qué está registrado como Tala si se llama Yuriy? —preguntó de nuevo con esa inocencia que en ese momento le produjo ternura, pero no por eso la dejó traslucir en sus acciones o gestos.

—Porque fue Boris quien lo registró con el nombre de Tala Ivanov —dijo y miró la gran luna que embelesaba con las estrellas del firmamento. Una calma le atacó, sintió que volaba por los aires y que su peso era igual al de una pluma. Sintió que se elevaba y que la voz de Rei estaba lejana, como el coro de ángeles que oía cada vez que Yuriy le hablaba con una suave sonrisa en sus fríos labios.

Pasaron nuevamente esos segundos de silencio que tanto les gustaba, no necesitaban palabras para ayudar al otro. El chino sólo miraba a su líder con una sonrisa comprensiva, quizá si él quería guardar silencio debía respetarlo y dejarlo, sus intenciones eran buenas, pero tal vez no era la mejor forma para poder ayudarle. Con esos pensamientos se giró y estaba por caminar de regreso al edificio, cuando una mano en su muñeca le detuvo.

El bicolor al verlo alejarse reaccionó y le tomó de la mano, no quería admitirlo pero no quería quedarse solo. Quería hablar con alguien, confiar en alguien porque su Yuriy pudo confiar en él, ¿por qué no podría él también confiar en alguien? Kai estaba casi gritando por ayuda y comprensión, no iba a dejar que alguien que se ofrece voluntariamente ayudarle y escucharle se fuera sin antes llevar a cabo su cometido.

—No te vayas… yo —dijo y se quedó callado al ver los ojos dorados mirándolo fijo. Por ese breve instante dudó, de nuevo sentía que todo su mundo se quebraba y que a la vez sólo eran él y Rei, nadie más. Si bien en fondo de su corazón estaba el pelirrojo sonriéndole, casi parecía que era él quien le empujaba a seguir hablando.

— ¿Qué pasa Kai? —dijo finalmente el de cabello negros.

—Rei… ¿crees que… sentir algo por alguien… de tu mismo sexo… está mal? —comentó entre cortamente y se volvió hacia la baranda para mirar con la cabeza gacha los autos pasar.

La mente de Kon no logró comprender del todo lo que le había dicho, pero no por eso se iba a quedar con la duda. Caminó un poco y se colocó al lado de Kai, dándole la espalda a la calle poco transitada y apoyando la espalda en la baranda.

— ¿Te refieres… a amor? —preguntó a lo que el bicolor asintió simplemente, ante la sorpresa del otro chico. — ¿Te gusta Yuriy? —casi gritó habiendo hilado los cabos que le quedaban sueltos. Kai se sonrojó fuertemente, haciendo que Rei tomara eso como un sí y emitiera una suave risilla, casi burlona. —No puedo creerlo, el gran Kai Hiwatari enamorado —comentó al aire y sin dejar de reír.

— ¡Cállate y contesta la maldita pregunta! —le casi gritó al sentir enojo al escucharlo decir esas cosas.

—Sí, lo siento —contestó riendo un poco menos. Entonces se quedó callado y pensó por un momento. —En mi pueblo me enseñaron que el amor mientras sea puro es correcto. ¿Eso responde tu pregunta? —dijo con una sonrisa inocente en su rostro.

—Sí… gracias Rei —dijo desviando la mirada para no verle a la cara, estaba sonrojado, pero con una suave sonrisa en su rostro. Sentía que había encontrado a alguien en quién confiar.

—Pero dime Kai… ¿qué era lo que soñabas? —volvió a hablar Kon, haciendo que Kai lo mirase. Entonces las dudas regresaron y volvió a observar los autos ir y venir, al mismo tiempo que su mente iba y venía por las imágenes que se formaban en su cabeza. —Puedes decírmelo, confía en mí.

Esas simples palabras hicieron que le volviera a mirar, estaba atónito pero no sabía qué hacer todavía. Sus miedos, sus dudas, todo plasmado en ese momento tan extraño para él. Mas lo siguiente que pasó ni él mismo se lo imaginaba, comenzó a hablar sobre su infancia, sobre de las violaciones hacia Yuriy, sobre lo que había recordado, lo que había olvidado, le contó todo sin omitir detalle alguno. Inclusive el rostro de Rei se deformó en horror al escuchar el relato, pero no iba a hacerlo callar, parecía que Hiwatari necesitaba desahogar todo lo que había guardado dentro de sí. Al fin comprendía todo, lo que había pasado en esa abadía y mientras más le hablaba más odiaba a aquel hombre de nombre Boris.

Una vez Kai hubo finalizando el relato una lágrima revoltosa rodó por uno de los ojos dorados de su oyente. No sabía porqué, pero el conocer las miserias que habían pasado esos muchachos, saber que los Demolition Boys tenían razones para ser tan malos como ellos eran, todo contado de los labios por lo general frío de su capitán le habían hecho estremecerse de pies a cabeza. Se limpió la lágrima con la manga y vio el rostro pensativo y deprimido del bicolor, sin darse cuenta colocó una mano en el hombro del chico.

—Hay que decirle a Sr. Dickenson —habló Kon y Kai asintió.

—Acompáñame… sólo tú —dijo por iniciativa el bicolor, a lo que Rei asintió.

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Nota final: *me arrodillo ante ustedes* lamento lo horrores de ortografía, pero la verdad no pude fijarme bien antes de publicarlo, por eso les ruego no me maten por eso n.n' Por otro lado muchas gracias por leer y mil y un gracias si comentan :D