- CAPÍTULO 14 -
El amargado de Spice
En la torre de Greypeor nadie pudo dormir aquella noche, circunstancia que aprovecharon Brad y Bred para terminar de hacer su Strip-tease (aunque nadie estaba de mucho humor para detenerse demasiado a mirarlos, lo que no les sentó demasiado bien). Sabían que el castillo de Jobart estaba siendo registrado de nuevo, y todos los alumnos permanecieron en la sala común, esperando noticias sobre la captura de Suburbius Blas mientras se terminaban los restos del mega botellón y hacían como si les interesase el color de los tangas de Brad y Bred (granate y amarillo, por si alguien tiene una curiosidad morbosa). La profesora MacDonalds volvió al amanecer para decirles que Blas se había vuelto a escapar y para conminar a los gemelos a que se vistieran correctamente si no querían acabar internados en un correccional para adolescentes depravados obsesionados con el incumplimiento de cierto famoso Decreto.
Por cualquier lugar del castillo al que fueran se encontraban con las medidas de seguridad más rigurosas (y que, como suelen ser estas medidas, eran absolutamente inútiles, pero bueno, los profesores eran felices aplicándolas y no se les iba a quitar la ilusión a los pobres). El profesor Flipaín empapeló las paredes de Jobart de carteles amarillentos de esos encabezados con un enorme WANTED, la foto de Suburbius Blas con cara de malo maloso y un DEATH OR ALIVE; estos carteles además estaban encantados, claro, y cada vez que alguien pasaba junto a ellos empezaba a sonar estridentemente la banda sonora de Los Siete Magníficos. Von Trap iba por los pasillos tapando con una capa de mortero, argamasa y ladrillos las grietas que se encontraba (no se sabía muy bien si era por impedir la entrada de Blas o porque el castillo estaba bastante mal conservado y había llegado un momento en el cual o se hacía algo con las grietas o la estructura podía desplomarse en cualquier momento encima de alumnos, profesores, animalitos y otros bichos mutantes que lo habitaban), y mientras trabajaba entonaba algo que sonaba como Aibó, aibó, al castillo a trabajar, lala lalara, lala lalará, aibó, al castillo a trabajar... El teniente Cagonman fue relegado del mando y se le formó un consejo de guerra, y fue reemplazado de nuevo por la tipa del cuadro con el mismo aspecto que la tía Margarita, aunque en esta ocasión estaba fuertemente custodiada por una serie de trolebuses de seguridad (una especie de monstruo humanoide que abultaba como un autobús y cuyo olor contaminaba aproximadamente lo mismo), que recorrían los pasillos cercanos a la torre de Greypeor, cantando con voces guturales y desafinadas Somos los novios de la muerteeeeee... Con lo cual el ambiente en Jobart no sólo no era tenso e insoportable sino que, de hecho, era como una verbena constante, aunque sin farolillos de papel colgados de las paredes.
Larry se dio cuenta de que la estatua de la bruja estupendísima por la que se iba a Jomemeo no estaba custiodiada, y fue capaz además de concluir que se debía a que nadie excepto Brad, Bred, Ron, Mariangélica y él mismo conocía el túnel ese raro llamado Metro.
- ¿Crees que deberíamos decírselo a alguien? - preguntó Larry a Ron -. No sé, por si es por aquí por donde se cuela Suburbius Blas...
- Bueno, macho, piensa un poco - respondió Ron -. Si hubiese entrado por Joneiduques nos habríamos enterado, ¿no?... Habría salido en la prensa y eso... Con lo que le gusta a la gente salir en los medios de comunicación... En cuanto ven un micrófono y una cámara se vuelven locos...
Ron se convirtió de repente en una celebridad (no por haber deducido lo de Joneiduques, sino por lo de Suburbius Blas, y es que a la gente no sólo le gusta contar desgracias sino también escuchar las que padecen los demás). Por primera vez, la gente le prestaba más atención a él que a Larry, lo cual a Ron le encantaba, claro, que la gente hace cualquier cosa por ser el centro de las miradas y los cuchicheos (excepto Larry, pero ya hemos dicho en alguna ocasión que él era un inadaptado, así que no cuenta). Aunque seguía bastante acongojadillo por lo de aquella noche y de hecho tenía taquicardias y cosas de esas de las que dan cuando te dan (valga la redundancia) un susto, le encantaba contar a todo el mundo los pormenores de lo ocurrido.
- Estaba dormido, soñando con... bueno, ahora no viene al caso. Entonces oí un extraño sonido como de ranntantantantantan, que es como se arranca una motosierra. Abrí los ojos y ví que la cortina mosquitera de mi cama estaba rota... Pensé que qué sueño más bestia había tenido para hacer eso, pero luego recordé que en realidad había sido un sueño más bien... bueno, dejémoslo, y me desperté del todo. Me dí la vuelta y allí estaba él... [pausa dramática... delgadísimo, con el pelo más guarro que Spice, los ojos más saltones que Tremendi, más cara de drogata que Flipaín... [otra pausa dramática... era como un siniestro cruce entre Yola Berrocal y Ernesto Sáinz de Buroaga, y parecía haber salido de las mismísimas cloacas de los suburbios más infames de la ciudad más tercermundista del planeta más desconocido. O sea: era un asco. Y llevaba una motosierra... [pausa... Me miró, lo miré... [pausa en la que los oyentes contienen la respiración... Entonces grité y salió corriendo. [aquí unos cuantos suspiros y gemidos de los oyentes, preferentemente femeninos.
- Lo que no sé es por qué se fue y no se quedó a hacer lo que quiera que quería hacer... - dijo Ron meditabundo a Larry, cuando el club de fans femenino se dispersó y los dejaron solos, sentados en la sala común, esperando al siguiente grupo de fans.
Larry se preguntaba lo mismo. ¿Por qué demonios Blas no se había cargado a Ron para después cargarse a Larry y de paso a Seamos, Lean, Diezmil y toda la torre de Greypeor? Blas ya había demostrado que no le importaba despachurrar a toda la cola del cine, así que ¿por qué no se había dedicado al noble deporte del destripamiento con Ron y, después, había seguido sacando vísceras, esta vez las de Larry (que eran las que de verdad le interesaban)?
- A lo mejor le asustaste al levantarte tan de golpe y pegar semejante berrido - dijo Larry pensativamente -. No sé, macho, con ese pelo azul y todo revuelto eres capaz de provocarle un infarto de miocardio a cualquiera...
Diezmil había caído en desgracia. La profesora MacDonalds estaba tan encabronada que le había prohibido volver a visitar Jomemeo, el lago, los jardines, el Bosque Perdido, las cocinas y hasta los cuartos de baño, por lo que el pobre Diezmil se pasaba las horas pululando por los pasillos con cara de dolor, las piernas muy juntas y gemidos de me hago pis... me hago pis... Larry se apiadó de él y le regaló la bolsa de pañales Dodotis extra-absorbentes que le había sobrado de cuando había estado en La Olla Regurgitante con el hombre feo, feo, feo, feo de huevo al que tuvo que denunciar a Amnistía Internacional.
Ninguno de aquellos castigos, sin embargo, fue tan horrible para Diezmil como el que le reservaba su abuela; dos días después del susto de Ron, llegó para Diezmil un paquete embalado en papel de estraza marrón y con una pegatina que tenía una flecha y un cartel: ESTE LADO HACIA ARRIBA. O sea, un paquete completamente normal, pero ante el cual Diezmil se quedó completamente blanco, Ron abrió la boca, Larry esbozó una media sonrisa y el resto de la mesa comenzó a reirse disimuladamente (los muy cabritos). Era lo peor que se podía recibir en Jobart a la hora del desayuno: un bocinador.
- Cógelo y vete, Diezmil - le aconsejó Ron, que el año anterior había recibido un bocinador de su madre que había acabado con su buen nombre y casi casi con sus tímpanos.
Eso era precisamente lo que intentaba hacer Diezmil, pero el bocinador pesaba tanto que no era capaz ni siquiera de levantarlo de la mesa. De pronto, la caja se abrió, dejando a la vista un antiguo gramófono de disco del cual, amplificada sotopocientasmil veces por la magia y los altavoces, surgió la voz de la abuela de Diezmil.
- ¡PERO CÓMO TE ATREVES A SER TAN INÚTIL, CACHO BORRICO! ¡IR POR AHÍ PERDIENDO LAS CONTRASEÑAS, ANIMAL! ¡VERGÜENZA DEBERÍA DARTE! ¡COMO ME ENTERE DE QUE ESCRIBES LAS COSAS IMPORTANTES EN OTRO SITIO QUE NO SEA LA PALMA DE TU MANO TE LA CORTO!
Mientras la mesa entera de Sulimoncín se partía de la risa, Larry se preguntó si la abuela de Diezmil se refería a que le iba a cortar la mano.
- ¡Y SI VUELVES A HACER ALGUNA GILIPOEZ, LE DIGO A TODO EL MUNDO QUE ERES ADOPTADO Y SE ACABARON LAS TONTERÍAS! ¡SO BRUTO! ¡INEPTO! ¡IDIOTA! ¡SUBNORMAL! ¡AGILIPOLLAO! ¡CACHO TORRAO!
El gramófono explotó, dejando a Diezmil y a casi toda la mesa de Greypeor con las caras tiznadas. Larry estaba demasiado absorto apiadándose de Diezmil por la explosión como para darse cuenta de que él también tenía correo, aunque menos peligroso y menos bochornoso: Flashback llamó su atención dándole los buenos días encima (lo cual, aparte de hacerle sentir náuseas, hizo que Larry hiciese el ridículo tanto o más que Diezmil, claro).
- Pájaro asqueroso... Anda, vete a otro lado, gaviota repugnante - masculló Larry, cogiendo su carta con una mano mientras trataba de limpiarse con la otra. La nota que había dentro, y que también tuvo que limpiar, decía:
Queridos Larry y Ron:
¿Os apetece tomar el te conmigo esta tarde? Bueno, me da igual que os apetezca o no. Venid a tomar el te conmigo esta tarde. Es una orden.
Ah, y no salgáis solos del castillo. Yo iré a buscaros, que con lo inútiles que sois, seguro que os perdéis desde allí hasta mi chabola.
Hala, a cascarla.
Roderick
- Seguro que quiere escuchar de mi propia boca lo de Blas... ¡Igual hasta quiere que le firme un autógrafo! - exclamó Ron, extasiado, mientras Larry miraba la carta frunciendo el ceño. No le gustaba el té... ¿Por qué todo el mundo se empeñaba en invitarle a té? ¿Que no sabían tomar otra cosa en ese país de locos?...
Así que aquella tarde, una vez limpitos y libres de los saludos matinales de Flashback, Larry y Ron salieron de la torre de Greypeor, esquivaron a los trolebuses de seguridad que seguían cantando Somos los noooovios de la muerteeeeeee..., y se dirigieron al Recibidor. Roderick ya los aguardaba allí.
- Bueno, Roderick - dijo Ron con aire de superioridad -. ¿Por dónde quieres que empiece, por el sueño que estaba teniendo, por la fiesta de antes, o pasamos directamente a cuando Blas apareció por mi cama con una motosierra? Verás: Yo estaba dormido...
- Ya me lo han contado, gracias - dijo Roderick, abriendo la puerta principal de madera y saliendo al campirri.
- ...entonces levanté la mirada... - continuó Ron.
- Ya me lo han contado, Ron - repitió Roderick.
- ... sonaba como ranntantantantantan...
- ¡Que ya me lo han contado, cacho coazo! - gritó Roderick, y Ron enmudeció, aunque puso cara de ofendido.
Lo primero que vieron cuando entraron en la cabaña de Roderick fue a Budweiser, tumbado en la cama de Roderick, tapado hasta los cuernos de rinoceronte con las mantas y edredones y con un termómetro saliendo de entre sus piños de tigre Dientes de Sable.
- ¿Qué le pasa, Roderick? - preguntó Larry, observando preocupado el tono verdoso de piel de Budweiser, bastante más enfermizo de lo normal.
- Nada, ha tenido una recaída por lo del juicio por Peligro Constante y Evidente Para la Salud Pública ante la Comisión Informativa de Mantenimiento de la Inocuidad de los Bichos Mágicos - dijo Roderick en voz baja para que Budweiser no pudiese oírlo -. Nos vamos a ir a Londres, ya he reservado plaza, JB, vasos, hielo,coca-cola y nana incluída de Están Chuskis en el Autobús Transportaángulos.
Larry se avergonzó al pensar que no sólo no había hecho ni caso del problema de Roderick con Budweiser, sino que encima los pobres iban a tener que viajar en el Autobús Transportaángulos, con lo malo para la salud que era eso...
- Tengo que hablar muy seriamente con vosotros - dijo Roderick, sentándose junto a ellos con cara de pocos amigos. Entre eso y la frase, la conversación no iba a ser precisamente una fiesta...
- ¿Qué pascha? - preguntó Larry.
- Mariangélica - dijo Roderick.
- ¿Qué Mariangélica? - dijo Ron.
- Mariangélica Jiuston, no te digo... - dijo Roderick exasperado -. Mariangélica Flanders, tonto el haba. Está hecha una braga, si queréis saber la verdad.
- Bueno, nunca fue gran cosa... - susurró Ron a Larry.
- Ha venido a verme muchas veces desde que dejásteis de hablarla por una puñetera fregona de carreras, ¿sabéis? Y ahora os ponéis tontos por el gato...
- ¡Esa bola de pelo verde llevó a Mikimaus al suicidio! - exclamó Ron, malhumorado.
- ¡Su gato hizo lo que deberías haber hecho tú hace mucho tiempo! - refunfuñó Roderick -. Aunque la Eutanasia no esté reconocida en este país, creo que para los animales sí es legal... Y Mikimaus estaba para el arrastre, el pobre. Mariangélica lo está pasando mal, estudia sotopocientasmil asignaturas, tiene deberes, ensayos, pruebas teóricas y prácticas, exámenes sorpresa, y encima me ha ayudado con lo de Budweiser... Me ha preparado la defensa con unas tesis muy bien estructuradas, me ha hecho un recurso de interposición y me ha redactado el recurso al Supremo por si acaso, y también la petición de clemencia y de indulto para el último caso...
- Nosotros también teníamos que haberte ayudado, Roderick... - dijo Larry, sintiéndose tan culpable que le entraron ganas de vomitar otra vez.
- Casi es preferible que no lo hayáis hecho - dijo Roderick con una total falta de fe en sus cualidades jurídicas -. Ya sé que habéis estado muy ocupados, y todo eso, pero creí que valorábais más a una amiga que a una mielda erizo de los coones.
Larry y Ron se miraron, compungidos, con esa expresión que pone la gente cuando está viendo el final de una película de esas de Basadas en Hechos Reales o un momento cumbre de una telenovela.
- Mariangélica se asustó mucho cuando supo que Blas había estado a punto de repetir la escena de La Matanza de Texas contigo, Ron. Y tú no quieres ni verla, la pobre...
- Si enviase a esa bola de pelo verde al zoo, entonces volvería a hablarla - dijo Ron, rencoroso -. Pero es que todavía dice que no tuvo la culpa de la muerte de Mikimaus... Que Mikimaus estaba afectado psicológicamente por no sé qué, o qué se yo...
- Bueno... Ya sabes, los de la Protectora de Animales y Greenpeace pueden ponerse un poco tontos con eso de la defensa de los bichos y tal - dijo Roderick.
Después de unas horas más de constructiva y educativa conversación, Roderick les acompañó de vuelta al castillo.
Cuando volvieron a la sala común de Greypeor, todos los alumnos se agolpaban junto a la pizarra de los anuncios.
- ¡Una excursión a Jomemeo el próximo fin de semana! - exclamó Ron, poniéndose de puntillas para leer las letras garabateadas con tiza de colorines -. ¿Vas a venir? - le preguntó a Larry en voz baja,cuando se sentaron en un par de sillas junto a la ventana.
- Bueno... - dijo éste lentamente -. VonTrap no ha tapiado el pasadizo de la cacho bruja...
- Debe estar bien cimentado - dijo Ron.
- Larry - dijo una voz en un susurro, junto a su cabeza. Larry se volvió, aunque no le habría hecho falta: era, inconfundiblemente, la voz que ponía Mariangélica cuando quería convencerlo de algo. Sin embargo, su tono cambió hasta volver a su habitual voz de empollonademielda responsable un segundo después -. Larry, si vuelves a Jomemeo me chivaré a la profesora MacDonalds de lo del dispositivo GPS.
- ¿Oyes algo, Larry? - dijo Ron con su voz de tocapeotas más conseguida.
- Ron, ¿cómo puedes dejarle que vaya? ¡Después de que Blas estuvo a punto de destriparte con una motosierra!
- Mis tripas son asunto mío, y si me gustan dentro o fuera no tiene nada que ver con...
- Hablo en serio, me chivaré...
- ¿Para qué, para que lo expulsen y le formen una Comisión Informativa, una Audiencia Disciplinaria y un Consejo de Guerra? - dijo Ron, furioso -. ¿No tienes bastante con llevar a Mikimaus al suicidio que quieres que Larry se tire por el viaducto también?
Mariangélica abrió la boca para replicar, pero entonces Crunchñam soltó un maullido agudísimo y saltó de su regazo, y corrió por toda la sala común hasta llegar a la escalera. Mariangélica se asustó de la cara de asesinato preventivo de Ron y salió corriendo detrás de la bola de pelo verde.
- Bueno, entonces qué vas a hacer? - preguntó Ron a Larry en tono casual, como si no hubiese habido ninguna Mariangélica ni ningún Crunchñam -. Va, tío, vente... No te van a pillar ni de coña, me apuesto los deberes de Posesiones de aquí a final de curso. Tienes que ver muchas cosas, tronko, ni siquiera has estado en la Tienda de Artículos de Coña y Coñas Marineras de Gonzo...
Larry miró a su alrededor para asegurarse de que nadie miraba ni les prestaba más atención de la debida (cosa que ocurría a menudo).
- De acuerdo - dijo -. Pero esta vez llevaré mi arma infalible.
El sábado por la mañana Larry metió en la mochila la Capa Infalible y el dispositivo Genial Pensado para Saraos y bajó a desayunar al Refectorium. Mariangélica no dejó de mirarlo con cara de sospecha durante todo el desayuno (era una avispilla, la tía), pero Larry evitó su mirada y se aseguró de que lo viese subir la escalera hacia la torre de Greypeor mientras todos los demás se dirigían hacia las puertas, donde VonTrap cantaba Iba un pastor por el monte solo, leiro la leiro la le hi húúú...
- ¡Hasta luego, Larry! - chilló Mariangélica. Ron sonrió y le sacó la lengua a sus espaldas (olé la madurez...).
Larry subió corriendo las escaleras y, después de tropezar con unos cincuenta escalones, resbalar en uno de los rellanos y dejarse la uña de un dedo del pie en la barandilla y un diente en el segundo piso, llegó hasta la estatua de la bruja imponente. Sacó el dispositivo GPS, lo extendió y lo tocó con la varita.
- Te lo juro por Arturo y por la Gloria de mi Padre: hoy la voy a liar.
Una motita de entre las sopotocientas mil que pululaban por los pasillitos, salitas y escaleritas se dirigía hacia él, con la inscripción "Diezmil Locompro".
Larry sacó la varita rápidamente, murmuró ¡Ese cuerpo, cordera! golpeando el trasero de la estatua y metió la mochila en el hueco que se abrió, pero antes de que pudiera meterse él también por el agujero Diezmil apareció por un recoveco del pasillo.
- ¡Larry! Vaya, me había olvidado de que tú tampoco puedes ir a Jomemeo... - dijo Diezmil con cara de confusión -. Claro que no es raro, últimamente me olvido hasta de cómo me llamo...
Larry sonrió forzadamente, reprendiéndose por no haber pensado que, si no dejaban a Diezmil ir ni al cuarto de baño, mucho menos iban a permitirle ir de excursión a Jomemeo... Bueno, claro, es que a Larry nunca se le había dado muy bien eso de pensar o sacar conclusiones rápidas. El método inductivo-deductivo no era precisamente lo suyo, vaya.
- Hola, Diezmil - dijo Larry, separándose rápidamente de la estatua de la cacho hembra y guardándose el dispositivo GPS en el bolsillo -. ¿Qué haces?
- Bué, nada interesante - dijo Diezmil, encogiéndose de hombros -. ¿Te apetece jugarte una partida al Tres en Círculo?
- Este... No, nunca me ha gustado ese juego, me parece absurdo...
- ¿Al Monopoly Mágico?
- No, tampoco...
- ¿Al Magimús? ¿Al Pókemagia?
- No, verás...
- ¿Al Trivial Pozí?
- Bueno, es que...
- ¿Al Parchís? - dijo Diezmil suplicante.
- No, Diezmil - dijo Larry -. Es que tengo que ir a la biblioteca a terminar el trabajo sobre la Niña del Exorcista para Spice...
- ¡Ah, qué bien! - exclamó Diezmil -. ¡Entonces lo compro! Quiero decir... ¡voy contigo! ¡Yo tampoco lo he hecho!
- Este... - dijo Larry, buscando una buena excusa rápidamente y, por supuesto, sin encontrarla -. Ah, pero... Pero si ya lo he acabado! Se me había olvidado...
- Chachi - dijo Diezmil alegremente -. Así me podrás ayudar. No acabo de entender muy bien eso de la posesión diabólica. ¿Es un diablo de los buenos, o es un diablillo del tres al cuarto? ¿El diablillo becario? ¿Tiene contrato temporal o indefinido? ¿Es el diablo recepcionista o el diablo Diablo? ¿Es tan feo como Spice o...?
Diezmil se detuvo y se estremeció, mirando por encima del hombro de Larry. Éste se volvió, con los ojos desorbitados, esperando ver a sus espaldas a la niña del exorcista gritando guturalmente alguna frase del estilo de ¿Has visto lo que ha hecho el guarro de tu profesor de Posesiones, que no se lava el pelo?. Pero no era la niña del exorcista sino algo muchísimo más terrorífico: el mismísimo profesor Spice.
- ¿Qué hacéis aquí los dos? - preguntó Spice con una voz tan desagradable como si tuviera algún diablillo cachondo revoloteando por sus intestinos -. Vaya, vaya... Así que reunidos y contraviniendo el Decreto para la Moderada Limitación de las Reuniones de Menores de Edad Fuera de Horario Lectivo y de las Salas Comunes del Colegio...
- No nos hemos reunido aquí - contestó Larry -. Sólo nos hemos encontrado por casualidad.
- ¿En serio? - dijo Spice con cara de pocos amigos -. Ya, claro, Motter. Y yo voy y me lo tengo que creer. Volved a vuestra sala común antes de que me entren ganas de castigaros o sea de aquí a dos nanosegundos ya no vale castigados!!!
Pero Larry y Diezmil ya habían salido corriendo hacía un par de palabras, y se encontraban junto al retrato de la doble clónica de la tía Margarita para cuando Spice pronunció el castigo.
Larry puso una excusa tan estúpida para librarse de Diezmil que no merece la pena ni siquiera reseñarla en estas páginas (recurso pa no tener que pensar en la excusa) y volvió a salir inmediatamente por el bujero del retrato, con el subsiguiente berrido indignado de la hermana gemela perdida de la tía Margarita. Sacó el dispositivo GPS y comprobó que Spice estaba de vuelta en su despacho. Sací la varita y golpeó el pergamino con la punta.
- ¡Ya la hemos liao! - susurró, y el pergamino volvió a quedar en blanco.
Corriendo, llegó a los pocos minutos hasta la estatua de la bruja tiobuenorra, que todavía tenía abierto un agujero donde la espalda pierde su casto nombre, y se deslizó por la rampa parecida a las del Aquapark pero sin agua.
Aterrizó de nuevo sobre el coxis en el túnel del Metro, y, después de levantarse y de frotarse vigorosamente la rabadilla, anduvo a buen paso hasta llegar al cartel cuadrado que decía Jomemeo; subió la escalera mecánica paralizada y llegó a la puerta giratoria, la traspasó, subió las escaleras de piedra hasta la tienda de chucherías, esquivó al dueño de la tienda, esquivó a la dueña de la tienda, esquivó al perro del dueño de la tienda, esquivó al hijo de la dueña de la tienda, esquivó al sobrino del hijo del dueño de la tienda, esquivó a Malody (que de alguna manera tenía algo que ver con la historia escabrosa de aquella familia tan singular) y, por fin, se mezcló con los alumnos de Jobart, que no le prestaron la más mínima atención, lógicamente, porque en esta ocasión había tenido la prudencia de cubrirse antes con la Capa Infalible (que era infalible para que no lo viesen a uno, es decir, que era una capa que te hacía invisible pero que no se llama Capa de Invisibilidad porque sería demasiado plagio, y que además tenía la ventaja de que, aunque te hiciera invisible, no te producía ganas de entregarla a los nueve siervos del Enemigo, ni otro tipo de manías esquizoides Tolkinianas).
El caso es que Larry, cubierto por la Capa Infalible, se acercó hasta donde permanecía Ron, expectante, esperando que se le acercase alguien cubierto con una Capa Infalible. Larry golpeó a Ron en la espalda con el codo, lo que hizo que éste casi cayera de morros al suelo de la tienda de golosinas y le produjo un dolor de riñones bastante incómodo.
- Soy yo - dijo Larry innecesariamente.
- Vaya... Creí que sería la Mula Francis - dijo Ron con cara de cabreo, frotándose la espalda -. ¿Por qué has tardado tanto?
- Spice estaba metiendo las narices.
- Una fea costumbre que habría que quitarle. ¿Dónde estás?
-Aquí.
- Jobar qué rollo de capa... - dijo Ron, mirando a su alrededor con los ojos muy abiertos -. No me gusta hablar contigo cuando llevas eso puesto... Parezco un idiota.
- Siempre pareces un idiota, Ron - dijo Larry con sorna.
- Y tú eres un idiota - contestó Ron.
Echaron a andar por la calle Mayor, y llegaron a la oficina de Correos. Ron fingió que preguntaba el precio de un envío transoceánico (unos dos mil luros), para que Larry pudiera cotillear y levantarles las patitas a las gaviotas y una serie de tonterías semejantes, que habrían suscitado las protestas de la Sociedad Protectora de Animales Voladores y Aves Mensajeras.
Luego visitaron la tienda de Gonzo, que estaba hasta arriba de estudiantes de Jobart, por lo que Larry tuvo que andar con mucho cuidado (en contra de su naturaleza) para no pisar a nadie. Había artículos de coña y coñas marineras para satisfacer los gustos más exóticos, incluso las apetencias más absurdas de Brad y Bred Whisky. Larry le susurró a Ron lo que quería que comprase y le pasó los luros por debajo de la capa, y los luros cayeron al suelo con gran estrépito, porque Ron no podía ver ni el monedero ni la mano de Larry y no fue capaz de sujetar las monedas. Al final, Ron decidió pagar con la tarjeta de crédito (era un duplicado de la de Larry, pero éste ni se enteró, el muy inocente). Así pues, salieron de Gonzo con los bolsillos llenos de bombas de hidrógeno, obuses, misiles inteligentes y una taza que mordía la nariz (¿?).
Hacía un tiempo estupendo, no hacía nada de frío y la brisa que corría era muy agradable, de forma qu daban ganas de tirarse en una piedra a tomar el sol como los lagartos. Como no tenían muy claro si había algún tipo de legislación ministerial en contra de los baños de sol fuera de la temporada veraniega, siguieron caminando y dejaron atrás las Cinco Fregonas.
- ¿Quieres que vayamos a ver la Choza de los Berridos? - preguntó Ron, mientras subían la calle comercial, repleta de escaparates y de estudiantes deseosos de gastarse la paga del mes.
- Fale - respondió Larry bajo la Capa Infalible, y siguió a Ron calle arriba, esquivando alumnos de Jobart y animales más o menos famélicos. Llegaron a un camino forestal muy empinado y muy mal peraltado, vamos, que cuando caminaba notaba que se iba desplazando hacia un lateral. Tampoco estaba bien asfaltado (de hecho no estaba asfaltado en absoluto), de forma que Larry iba tropezando con sus propios pies según subían. Al final del camino, en lo alto de una colina que dominaba la aldea, se erigía una casucha bastante vieja, hecha de madera, con la pintura de la pared descascarillada, manchas de humedad por todas partes, las ventanas y puertas cegadas con tablones de madera y bastantes tejas desperdigadas cerca de las paredes, y un cartel con tipografía decimonónica y aspecto de haber sido pintado por Toulouse Lautrec o incluso por su abuelo que decía: SE ALQUILA.
- Dicen que es el edificio más encantado del continente - dijo Ron, levantando la mirada hacia el tejado de la casa -. Parece ser que la habitan unos fantasmas mega-brutos, de esos que no sólo hacen Uuuh, uuuh, sino que también se dedican a masticarle el pancreas a cualquiera que se atreva a entrar... Vamos, que hasta la Niña del Exorcista se acoonaría si tuviese que vivir aquí.
- Curioso - dijo Larry, sonriendo -. Pensé que eso sólo pasaba con el despacho de Spice...
- A nadie se le ocurriría entrar aquí... - dijo Ron -. Bueno, a Brad y a Bred sí, claro, pero nunca me han contado lo que había dentro...
En ese momento oyeron unas voces que se acercaban ladera arriba. Larry se aseguró de que la Capa Infalible lo cubría completamente, mientras el sonido de las voces se hacía más y más fuerte, hasta que tanto Ron como Larry fueron capaces de reconocerlos.
- Malody - dijo Ron, torciendo el gesto como si hubiese olido algo putrefacto.
- Sí - dijo Larry innecesariamente.
Las voces de Malody, Cras y Voy se acercaron aún más, y, segundos después, los tres aparecieron en la cima de la colina, charlando animadamente, hasta que vieron a Ron y se hizo el silencio. (A Larry no lo vieron, claro, que pa eso estaba bajo la Capa Infalible).
- ¿Qué haces aquí, Whisky? - preguntó Malody con voz desagradable.
- Esto es un país libre, ¿no? - respondió éste sencillamente -. Estoy dando un paseo.
- ¿Comprobando que esta casa vale mucho más que la tuya, Whisky? - rió Malody, y Cras y Voy le hicieron eco -. Si quieres te puedo poner en contacto con mi agente inmobiliario... Claro que no creo que te dé más de dos luros por esa pocilga en la que vives.
Ron hizo una mueca de furia, se abalanzó hacia delante e hizo ademán de sacar la varita de la túnica, con una cara capaz de asustar incluso al Humpfrey más mamón. Larry le contuvo sujetándolo del brazo, aunque claro, Malody no lo vio porque estaba muy ocupado riéndose de su propia gracieta y porque Larry estaba todavía debajo de la Capa Infalible.
- Déjame a mí - susurró Larry, pensando (por muy increíble que parezca) que, si dejaba a Ron seguir sus impulsos, su amigo era capaz incluso de echarle a Malody una de las Maldiciones Impepinables, ya fuese la Maldición Imperioso, la Maldición Crucero, la Maldición Abracadabra, o incluso las tres. Luego recordó que, en realidad, él no sabía absolutamente nada sobre las Maldiciones Impepinables, ya que aún faltaban unos meses hasta que el profesor Ojoflojo Mudín se las explicase. Después pasó por su mente la loca idea de que el profesor Ojoflojo Mudín, a quien aún no conocía y de quien no había oído hablar, no era el auténtico Ojoflojo Mudín, sino Party Crunch, un Comemuerte al servicio de Lord Boquerón de quien tampoco había oído hablar... También tuvo una imagen de sí mismo atado a una cruz de piedra en un cementerio, y sacudió la cabeza pensando que se había excedido con los Choco Tripis del desayuno.
Larry abandonó su ramalazo adivinatorio y se acercó sigilosamente a Malody, Cras y Voy, que seguían riendo a mandíbula batiente, ajenos a que junto a ellos acababa de tener lugar una exhibición de Visión Infradentral en toda regla.
Larry cogió un puñado de barro y se lo estampó a Malody en plena nuca, lo cual, evidentemente, le cortó la risa de golpe. Ron, sin embargo, hacía esfuerzos por no partirse la caja, como si la bromita de Larry hubiese sido lo más gracioso que había visto en su vida en lugar de una chorrada como una casa (grande). Malody, desconcertado, miró a su alrededor.
- ¿Qué ha sido eso? - gruñó -. ¿Quién ha sido?
- Bueno... - dijo Ron en tono casual -, esto está lleno de fantasmas, ¿no?...
Malody cambió el gesto de desconcertado a realmente acongojado, y siguió mirando a su alrededor, aunque un poco más ansioso. Larry venció también las ganas de reir, y cogió otro puñado de barro, dispuesto a lanzárselo a Malody.
Pero como ya hemos dicho en varias ocasiones, el muchacho era un pelín torpe, si no bastante desmañado, y, mientras tiraba el barro hacia el rostro de Malody, se le resbaló la Capa Infalible, dejando su cabezón al descubierto.
- ¡AÚA! ¡ZUTO, ZUTO! - gritó Malody, mirando la cabeza de Larry, que flotaba a metro y medio del suelo (es que Larry no era demasiado alto...). Malody se dio la vuelta y salió corriendo colina abajo dando alaridos, seguido por Cras y Voy, que también daban alaridos porque no tenían la inteligencia suficiente para hacer nada que no hubiera hecho antes Malody.
- Será mejor que salgas pa Jobart a toda leche, Larry - dijo Ron, todavía controlando la risa -. Si Malody llega antes que tú...
- Sí, tienes razón - convino Larry, y, volviendo a cubrirse con la Capa Infalible, salió corriendo por el mismo camino que Malody, Cras y Voy acababan de bajar despendolados. Corrió a toda prisa hasta Joneiduques, esquivó al dueño de la tienda, esquivó a la dueña de la tienda, esquivó al perro del dueño de la tienda, esquivó al hijo de la dueña de la tienda, esquivó al sobrino del hijo del dueño de la tienda, se metió en el túnel por la puerta giratoria, siguió corriendo hasta la estación de Metro de Jobart, subió la rampa resbalando cada pocos centímetros y salió por el agujero de la estatua de la bruja. Dejó la Capa Infalible en el hueco y, golpeándolo con la varita, lo cerró.
Anduvo deprisa hacia la sala común de Greypeor, jadeando, pero no llegó ni siquiera a acercarse al pasillo del retrato del clon de Tía Margarita, ya que una figura lo interceptó a mitad de camino. Una figura que, desde luego, no sólo no tenía ninguna gana de ver, sino que además le dio más pánico del que le habría dado encontrarse a la Niña del Exorcista en pleno pasillo: el profesor Spice.
- Vaya, vaya... - dijo Spice, con un rictus incluso más horrible de lo habitual en el rostro -. Acompáñame, Motter.
Larry siguió a Spice por los corredores y escaleras hasta su despacho, sintiendo una extraña opresión en el estómago, que en principio asoció con la cantidad de chucherías que había ingerido. Pero después se dio cuenta de que, en realidad, no tenía nada que ver con el empacho de gominolas: se debía a que tenía la certeza de que, aquella vez, la había fastidiado pero bien.
Entró en el despacho de Spice y se sentó en una silla, mirando a su profe con bastante aprensión. Spice cerró la puerta y permaneció de pie.
- Vaya, vaya... - repitió Spice, con una sonrisa irónica bailoteando en sus labios -. El señor Malody acaba de venir a verme y me ha contado una historia muy interesante, Motter.
Larry no abrió la boca.
- Me ha dicho que se ha encontrado con Whisky, solo, en la Choza de los Berridos.
Larry siguió con la boca cerrada.
- El señor Malody dice que estaba hablando con Whisky cuando, de repente, una gran cantidad de barro le golpeó en la cabeza - dijo Spice -. ¿Tienes idea de cómo ha podido ocurrir?
Larry trató de hacerse el sorprendido (aunque fracasó estrepitosamente, porque no era precisamente un buen actor):
- No lo sé, profesor.
- Y entonces el señor Malody presenció una increíble aparición. ¿Se te ocurre cual, Motter?
- No - dijo Larry, tratando de hacerse el inocente (eso sí que lo consiguió, aunque la mueca estuvo más cercana a la estupidez más absoluta que a la inocencia propiamente dicha).
- Malody dice que vio tu cabeza flotando junto a la Choza de los Berridos - continuó Spice.
Larry sostuvo su mirada, pero, prudentemente, no dijo nada.
- ¿Qué hacía tu cabeza en Jomemeo, Motter? - preguntó Spice -. Tu cabeza no tiene permiso para ir a Jomemeo. Bueno, en realidad ninguna parte de tu cuerpo tiene permiso para ir a Jomemeo, ya que nos ponemos a ello, pero mucho menos tu cabeza sola, así, hala, a la aventura, para ir dando sustos a cualquiera que la vea por ahí flotando...
- Malody se ha debido pasar dándole a la Marijuana - dijo Larry, poniendo su mejor cara de niño bueno (que en realidad era más bien una mueca de dolor de muelas).
- Malody no tiene necesidad de ingerir, inhalar o inyectarse sustancias psicotrópicas de ningún tipo, Motter - dijo Spice.
- Sí, porque ya está bastante flipado sin chutarse...
- ¿Por qué has dejado a tu cabeza irse de paseo a Jomemeo, Motter? ¿Y dónde estaba el resto de tu cuerpo mientras tanto?
- He estado todo el rato en la sala común, profesor... - dijo Larry -. Con la cabeza pegada al cuerpo, claro.
- Claro - asintió Spice -. A ver, enséñame el cuello, Motter... - Larry abrió mucho los ojos, pero luego pensó que Spice nunca había dado muestras de sentir gusto por morder yugulares y que, de hecho, olía bastante a ajo, así que, encogiéndose de hombros, se descubrió el cuello. Spice lo observó detenidamente.
- No, la verdad es que no tiene pinta de haber sido cercenado y luego pegado de ninguna forma... - dijo Spice -. Tampoco hay señales de bisagras, ni de cremalleras. Así que tu cabeza ha debido permanecer pegada a tu cuerpo, claro...
- Ya se lo he dicho, profesor - dijo Larry -. Mi cabeza y mi cuerpo han estado todo el día en la sala común...
- Sí, claro. Y yo voy y me lo tengo que creer - dijo Spice sardónico.
- Es la verdad, profesor...
- Ya -. Spice se levantó de su butaca, sin dejar de mirar a Larry. Su rostro se endureció -. Mientes bastante mal, Motter. Vaya, vaya... - sonrió -. Así que el famoso Larry Motter ha hecho una excursión a Jomemeo, o al menos su cabeza, a pesar de no tener permiso... - su sonrisa se hizo más pronunciada -. Así que hasta el Ministro de Magia está preocupado por la salud de Larry Motter, todos estamos en vela día y noche para proteger su cabeza, y él sin embargo permite que se vaya de juerga a Jomemeo - hizo una mueca -, precísamente el pueblo donde el asesino más famoso de nuestra época, que casualmente quiere ver la cabeza de Larry Motter en una bandeja, espera... Muy bien, señor Motter - rió -. Ya que Blas quiere tu cabeza, ¿por qué no enviársela directamente, sin el resto del cuerpo, para que no tenga que molestarse en cortártela? Eso es dar facilidades y pensar en el prójimo, sí señor...
- Profesor, yo...
- Cállate, Motter - dijo bruscamente Spice -. Que eres tan gilipoas como tu padre, cachorro. Desde luego... A quién se le ocurre...
- Mi padre no era gilipoas - dijo Larry fríamente.
- He dicho que te calles, Motter - repitió Spice -. Si yo digo que tu padre era gilipoas, es que era gilipoas y punto. Vaya par de gilipoas...
- ¡No hable así de mi padre! - se enfureció Larry.
- Hablaré de él como me dé la gana, Motter. Al fín y al cabo, yo soy tu profesor, así que yo tengo razón, y si digo que era gilipoas es porque lo era.
- ¡Mi padre no era gilipoas! ¡Y ya sé por qué lo dice!
- ¿En serio? - Spice levantó una ceja -. Ilústrame, Motter. Hoy no ponen nada interesante en la tele, y no me vendría mal un cuentecito para dormir la siesta.
- ¡Mi padre le salvó la vida una vez cuando estaban en el cole, Chitichitibangbang me lo contó, y por eso usted me tiene tanta rabia y me odia tanto, porque no soporta que mi padre sea el responsable de que usted esté ocupando su despacho y no criando nomeolvides bajo un pedrusco, porque usted es un rabioso y un envidioso y un guarro y...!
- Suficiente - dijo Spice con una voz que hizo que a Larry se le bajase la sangre de la cabeza y se instalase toda en un lugar cercano a los tobillos. Larry observó a Spice, asustado de su propio arranque, pensando que quizá había puesto un pie, o los dos, más allá de la línea.
- No me gustaría que tuvieses una idea equivocada del gilipoas de tu padre, Motter - continuó Spice -. Porque era un gilipoas, de eso que no te quepa la menor duda. Tu padre me salvó la vida, sí, pero ¿te dijo el director cómo lo hizo?
Larry negó con la cabeza.
- El gilipoas de tu padre, que además de gilipoas era un cegato, me salvó la vida porque me confundió con tu madre. ¿Contento?
Larry abrió mucho los ojos.
- ¿Qué... qué ocurrió? - se atrevió Larry a preguntar.
- Eso me lo guardo para mi memoria - dijo Spice, soñador, y Larry, prudentemente, dejó de hablar, aunque siguió mirando a Spice con una mezcla de furia, rabia y curiosidad. Lames había confundido a Spice con Lula... ¿Y eso cómo se comía?...
- ¿Y qué tienes en los bolsillos, Motter? - dijo repentinamente Spice.
- ¿Yo? Nada... - dijo Larry, aunque se dio cuenta de que nadie se lo iba a tragar, porque tenía los bolsillos de la túnica abultados y con formas muy extrañas.
- Entonces enséñamelos, Motter - exigió Spice -. ¡Enséñame los bolsillos o te voy a enseñar yo lo que es bueno!
Larry se encogió, asustado, pensando que Spice quizás tenía la intención de obligarle a hacer algo en contra del Decreto Para la Moderada Limitación de las Relaciones Interpersonales en Menores de Edad, lo cual era de por sí bastante aterrador. Así que se levantó y dio la vuelta a sus bolsillos. Un chaparrón de caramelos, chicles, chocolates, palomitas y otras chuches cayó al suelo del despacho de Spice.
- Er... Me los trajo Ron de Jomemeo - dijo Larry -. La última vez que estuvo...
- ¿Y los llevas en los bolsillos desde entonces? - dijo Spice con voz suave -. Deben estar caducados, entonces... ¿Y qué es esto? - preguntó, levantando un pergamino que Larry reconoció como el dispositivo GPS, aunque, por suerte, estaba desconectado y parecía un pergamino en blanco.
- Na-nada... - farfulló.
- ¿Nada? - dijo Spice -. ¿En serio? Entonces no te importará que lo use, ¿verdad?... Es que tengo ganas de ir al baño.
- ¡No! - dijo Larry. Después se mordió la lengua (y se hizo bastante pupa).
- ¿No?... Vaya, vaya... - Spice se lo estaba pasando en grande. Sacó la varita de la túnica y golpeó el pergamino -. ¡Qué eres! - susurró.
El pergamino siguió en blanco.
- ¡Qué eres! - dijo Spice, un poco más fuerte, golpeándolo con la varita tan fuerte que Larry pensó que iba a hacer un agujero en el papel.
El pergamino no contestó.
- ¡Que qué eres, coo! - gritó Spice -. ¡Contesta! ¡Sucillus Spice, profesor de Posesiones, te lo ordena!
Unas líneas comenzaron a dibujarse en el pergamino, escritas con tinta negra.
El genial y único Chalao saluda al profesor Sucillus Spice y le presenta sus respetos, aunque sólo por buena educación, ¿eh?
El magnífico e insuperable Cornudo conmina al profesor Sucillus Spice a que deje de hacer el chorra con pergaminos en blanco y se concentre en sus clases, que falta le hace.
El afamado y nunca bien ponderado Porrete cuestiona la habilidad docente del profesor Sucillus Spice y se asombra de que semejante crápula haya llegado a obtener el Graduado Escolar.
El elegante y espléndido Coca-Cola recomienda al profesor Sucillus Spice que se lave el pelo con champú H&S, que con túnica negra la caspa queda fatal de la muerte, y que se haga una limpieza de cutis, que falta le hace, al muy guarro.
Larry se encogió aún más en su silla, temiendo una explosión de furia de Spice. Pero éste simplemente sonrió aún más y se dirigió lentamente a su mesa. Levantó un trozo de plástico con botoncitos, apretó algunos de los botones y se colocó el chisme en la oreja.
- ¡Lobatón, ven acá pacá inmediatamente! - gritó Spice al trozo de plástico -. ¡Quiero hablar contigo!
En ese instante se abrió la puerta del despacho y apareció el profesor Lobatón, caminando tranquilamente.
- ¿Querías algo, Sucillus? - preguntó amablemente.
- ¡Quiero hablar contigo!
- ¿Y no podías haberme mandado una gaviota? ¿Tenías que utilizar ese cacharro mugre?
- Me lo regalaron con los puntos de Bodafoun... - dijo Spice, acariciando el cacho plástico con cariño -. Mi nuevo móvil multimedia con cámara de última generación, con bluetuz y conexión a internet capaz de transmitir datos a gran velocidad gracias a su tecnología turbo...
- Vale, ha quedado claro. ¿Y qué querías? - preguntó Lobatón.
- ¡Mira esto! - dijo Spice, olvidándose del teléfono móvil y blandiendo el GPS ante la cara de Lobatón. Éste lo cogió con cuidado y lo observó, frunciendo los labios.
- ¿Qué quieres que mire? Sucillus, creo que debería regalarte un calendario... Hoy no es el Día de las Bromitas Pesadas, eso es en diciembre...
- Está claro que es un objeto maldito, y que debe ser exorcizado con un ritual anti-posesiones y con un hechizo contra los Trucos Sucios... - dijo Spice -. Y eso es tu especialidad, ¿no?
- ¿Exorcizado? ¿Trucos Sucios? - dijo Lobatón, sonriendo -. A mí me parece un simple artículo de coña, Sucillus... De hecho, creo que ya no tienes edad de ir por ahí gastando inocentadas a tus compañeros... - dijo, con tono de reprobación, aunque la risa todavía bailaba en sus labios -. Supongo que Larry lo compraría en la tienda de Gonzo...
- ¿Tú crees? - dijo Spice, con una cara de cabreo que asustaba -. ¿De verdad crees que una tienda de artículos de coña vendería un producto así? A mí me parece más probable que el señor Motter lo consiguiese de los propios fabricantes...
Larry no entendía lo que Spice quería decir (lo cual no era muy extraño; lo que sí era extraño es que Lobatón tampoco parecía comprenderlo).
- ¿Quieres decir de Coca-cola, Porrete, Cornudo y Chalao? - preguntó Lobatón -. Larry, ¿conoces a alguno de estos señores?
- No - respondió rápidamente Larry.
- ¿Lo ves, Sucillus? - dijo Lobatón, volviéndose hacia Spice.
En ese momento se abrió la puerta del despacho de Spice. Ron penetró en la estancia, respirando agitadamente, con la túnica torcida y el pelo azul totalmente enmarañado.
- Yo... yo... yo... - balbució.
- Cuando quiera que vengas a decirme incoherencias, Whisky, te lo haré saber - dijo Spice con una sonrisa irónica -. Mientras tanto, abstente de entrar en mi despacho. Adiós.
- No, yo...
- ¿Qué te he dicho?
- Déjalo hablar, Sucillus - dijo Lobatón -. A lo mejor tiene algo interesante que decir...
- Yo... - repitió Ron -. Yo... le regalé ese pergamino a Larry... Lo compré en la tienda de Artículos de Coña y Coñas Marineras de Gonzo... Me costó cuatro luros con sesenta... Tiene cincuenta años de garantía, excepto para roturas producidas por el mal uso, y se puede sumergir a cinco metros de profundidad... Es anti-choque, tiene un acabado metalizado, dirección asitida de serie, frenos ABS...
- Suficiente, Whisky - le cortó Spice fríamente.
- ¿Lo ves, Sucillus? - dijo Lobatón tranquilamente -. Es un artículo de coña... Me lo llevo, si no te importa.. Es que me apetece gastarle una broma a... Bueno, a una vieja amiga. Larry, Ron, venid conmigo, que tengo que comentaros algo de vuestro trabajo sobre las babosas mutantes chupasangre.
Spice puso cara de haber comido algo en mal estado y le lanzó el dispositivo GPS a Larry a la cabeza, aunque a Larry no le dolió porque era un pergamino y los pergaminos no duelen aunque te impacten en el torrao con la fuerza de un obús. Lobatón lo cogió y salió del despacho, seguido de Ron y de Larry. Estuvieron en silencio todo el camino hasta que llegaron al Hall, y entonces Larry se volvió hacia Lobatón.
- Profesor, yo... - dijo Larry, pero Lobatón le interrumpió.
- No me des las gracias, Larry - dijo bruscamente y con cara de cabreo.
Larry lo miró con la boca abierta.
- No me mires así - continuó Lobatón -, que te pones muy feo. Y olvídate del dispositivo GPS.
Ante esto, claro, Larry abrió la boca todavía más (y, consecuentemente, se puso más feo todavía).
- Sí. Sé que esto es un mapa, Larry, y da la casualidad de que sé que fue confiscado por VonTrap hace muchos años. No quiero saber por qué métodos poco claros ha llegado a vuestras manos, pero lo que me tiene cabreado de verdad es que no lo devolviérais, sobre todo teniendo en cuenta lo que le pasó a ese - señaló a Ron con la cabeza - la última vez que alguien dejó por ahí perdida información relativa al castillo en un papel cuadrado - señaló el GPS -. No te lo puedo devolver, Larry.
- Pero... profesor...
- Ni pero ni leches. Me tienes muy cabreado, Larry - dijo Lobatón con cara de estar cabreado de verdad -. No puedo conseguir que te tomes en serio a Suburbius Blas, pero pensaba que te importaba lo que opinasen de tí tus padres, y por eso estabas aprendiendo a defenderte contra los Desertores... ¿Qué crees que pensaría Lames si te viese haciendo la cabra por el prao, cuando hay suelto un mago psicópata que quiere entretenerse contigo y magopsicopatear? Desde luego, hay que ser gilipoas...
Se marchó, y Larry se sintió todavía peor que en el despacho de Spice. Así que Lobatón pensaba que era gilipoas... Ese insulto le dolió unas tosopocientas veces más que el del propio Spice.
- Es culpa mía - dijo Ron -. Yo te convencí para que fueras a Jomemeo... Fue una gilipoez. No debimos hacerlo.
- Me tienes que hacer los deberes de Posesiones de aquí a fin de curso - dijo Larry a Ron, secándose el sudor frío que le corría por la frente y que empapaba su túnica y que le quitaba el poco atractivo sesuar que podía haber tenido en algún momento de su preadolescencia.
- Bueno... - dijo Ron -. No te han castigado, macho, así que creo que deberías hacerme tú mis deberes de Posesiones... Además, te has librado gracias a mí, ¿no?...
- Como no cumplas tu apuesta te juro que cojo mi Ouija y te mando una manada de súcubos para hacerte más felices las noches de Primavera - amenazó Larry, ante lo cual Ron cerró la boca.
Dejaron de hablar. Habían llegado al pasillo donde los trolebuses de seguridad acompañaban a la tipa del cuadro, cantando Somos los novios de la muerteeeee, y vieron que Mariangélica avanzaba hacia ellos. Al verle la cara, a Larry no le cupo la menor duda de que estaba enterada de la bronca que se acababa de llevar, y se acoonó bastante. ¿Se habría chivado a la profesora MacDonalds?
- ¿Has venido a descoonarte? - preguntó Ron cuando ella se detuvo -. ¿O acabas de chivarte de que Larry se ha escapado del colegio con mi ayuda?
- No - dijo Mariangélica, que aferraba una carta en las manos y temblaba visiblemente -. Sólo creí que debíais saberlo. Roderick ha perdido el caso. Van a castrar a Budweiser.
