Oh Dios, no puede estar pasando, que se aleje si no quiere que la viole aquí mismo.
Dianna había puesto en marcha sus armas de mujer, y al parecer lo estaba haciendo bien porque solo hacía falta ver la palidez de Lea. Dianna se acercaba cada vez más con todo su cuerpo y eso no pasaba desapercibido para Lea que lo único que podía hacer es temblar y mirar los ojos de Dianna.
Dianna empezó a notar los nervios de Lea y pensó que tal vez la estaba incomodando, así que con un sutil movimiento se apartó de ella quitando con ella la mano que había posado en la mejilla de la morena.
¿Qué? No te separes, es increíble cómo me aliviaba el dolor con tan solo una caricia suya.
Di: Ponte un poco de hielo, tal vez te alivie. – Dijo con timidez.
No, alíviame tú. La has espantado con tus nervios Lea, joder…
L: Eh… Claro.
Lea pensaba en que podía hacer para que Dianna no se fuese, para pasar más tiempo junto a la rubia.
Di: Eh… ¿Quieres tomar una copa de vino en mi habitación?
L: Sí. – Dijo con desesperación.
Di: Pues vamos.
El camino hacia la habitación de Dianna fue en completo silencio. Después de ese momento Lea no sabía que decir y Dianna tampoco. Lea no se había quedado tranquila, no se había disculpado lo suficiente. Se había pasado.
L: De veras que siento mucho haberme comportado así, no sé porque…
Di: Tranquila, no me pidas más disculpas, no pasa nada. – Dijo dedicándole una pequeña sonrisa. – Además puedes estar tranquila.
L: ¿Por? – Preguntó sin entender nada.
Di: Era gay.
L: ¿Qué?
Di: Mike, era gay.
L: ¿Me estas queriendo decir que ese que no se separaba de ti ni de tu escote era gay?
Dianna río a la pregunta de Lea. La que al parecer no había quitado la vista de encima era Lea, se había enterado de todo.
Di: Vaya… Me siento vigilada. – Dijo creando un rojizo en las mejillas de Lea. – Pues sí, lo era.
L: ¿Cómo, cómo lo sabes?
Di: ¿No has visto la pulsera que llevaba? – Lea negaba. – Las dan la fiesta del orgullo gay. Además, no has visto como miraba al… Luís ese, Dios, estaba claro que le gustaba. – Dijo mientras buscaba la tarjeta para abrir la puerta en el bolso.
L: Luís era mono… - Espetó.
¿Mono? Pues claro que no me parecía mono, era un estúpido, pero quería ver como reaccionaba Dianna
Di: ¿Mono? – Lea asintió mientras que entraba en la habitación. – Dios Lea, no me imaginaba que tenías un gusto tan malo.
L: Oye, ¿y tú qué?
Di: Yo nada, ya te dije que a mí no me gustaba.
L: Pues parecía mentira cuando se te acercaba con intención de moverte todas las tripas con la lengua.
Di: ¿Lo hizo? No, pues ya está. Además ya te he dicho que no es mi tipo.
L: ¿Y cuál es tu tipo?
Di: ¿Te interesa? – Preguntó mientras que le daba la copa de vino y se sentaba en el sofá junto a Lea.
L: ¿A mí? – Río irónicamente. – Que va, pero lo digo por si conozco algún chico que le gustes, por ayudarle y eso.
Di: ¿Le ayudarías? – Preguntó con desanimo.
L: ¿Sinceramente? – Dianna asintió. – Pues no.
Dianna sonrío y Lea lo notó.
L: Oye, cuando estábamos en la cena, le dijiste a Naya que… que tenías una chica en mente…
Di: Ah, sí. – Dijo como si nada.
L: ¿Ah sí? Me lo dices como si fuese lo más normal del mundo.
Di: Lo es.
L: Sí, lo es, hoy en día sí, pero no en ti…
Di: ¿Y eso como lo sabes?
L: No sé… Nunca has mostrado interés amoroso en ninguna…
Di: Eso es lo que tú te piensas… - Dijo bebiendo de la copa.
L: ¿No me piensas decir quién es?
Di: ¿Tú que crees?
L: Que sí que me lo dirás.
Di: Te he equivocas.
L: Venga Di… Dianna. – Corrigió.
Dianna río al ver como la chica corregía.
Di: Venga, pregúntame algo y depende de lo que sea te contesto o no.
Lea piénsate bien la pregunta, piensa.
L: ¿La conozco?
Di: Sí, y bastante bien.
¿La conozco y bastante bien?
L: ¿Rubia o morena?
Di: Morena con algunas mechas.
L: ¿Es del cast de Glee?
Di: Sí.
Todas estas cosas solo apuntaban a una persona.
L: Eh… ¿Está libre?
Di: No, por desgracia parece que está enamorada.
Ya está, ya sé quién es… ¿Cómo no me he dado cuenta antes? Mira que lo sabía, mañana la mato, pienso presentarme en su habitación y matarla mientras duerme.
L: Creo que debería ir marchándome, ya es tarde. – Dijo con incomodidad.
Di: Vale, ya, ya hablamos mañana. – Dijo dándole dos besos a la morena. -¿Estas bien?
L: Eh… Sí, claro… - Dicho esto salió de la habitación.
Es que mira que lo sabía, cuerpo alucinante, inteligente, simpática, buena amiga, guapísima y… joder que es alucinante. Y encima ahora como también le van las tías pues seguro que intenta algo, y como le han rechazado a Naya seguro que también intenta algo con Dianna, porque quien en su sano juicio no intenta algo con ella… Mira, porque son las tres de la madrugada, porque si no me iba ahora mismo a su habitación a matarla.
C: Hola amor. – Dijo Cory al ver entrar a la morena.
Estaba en la cama acostado con el iPad en las manos y una pequeña lamparita encendida.
L: Hola cariño. –Dijo dándole un tierno beso en los labios. - ¿Qué haces despierto?
C: Hemos estado los chicos jugando a la Xbox de Mark en su habitación y entre disparos y disparos se nos ha hecho un poco tarde así que no hará ni media hora que he vuelto.
L: Que obsesión tenéis con el juego ese… - Dijo riendo mientras que se desmaquillaba.
C: Pues que sepas que les he dado una paliza a todos alucinante. – Lea río por la actitud de niño que había mostrado en ese momento. - ¿Qué tal lo habéis pasado?
L: Bien, hemos ido a cenar y luego a un pub que estaba al lado, no estaba mal la verdad.
C: Me alegro, ¿Naya ya está mejor?
L: Sí, mucho mejor, era esto lo que necesitaba. – Dijo pensando de nuevo en las palabras de la rubia.
C: Pues genial. – Dijo apartando las sabanas para que Lea se metiese en la cama.
L: ¿Qué ves? – Preguntó al ver que el chico tenía puesta una película en el iPad.
C: Desayuno con diamantes. – Dijo pasando el brazo por los hombros de la morena para que esta se apoyase en su pecho.
L: Oh, me encanta. – Dijo mientras que se acomodaba entre los brazos del chico.
C: ¿Quieres que la veamos?
L: Sí. – Dijo dándole otro beso, pero este más apasionado.
Y así pasaron la noche, Lea viendo Desayuno con diamantes con su chico, Dianna pensando en el comportamiento que había tenido Lea después de contestar aquellas preguntas, ¿Se habrá dado cuenta de que es ella? Se preguntaba una y otra vez.
¿Y si se ha dado cuenta que hago? Ella tiene su vida hecha, novio, trabajo y lo más importante, es feliz, no me puedo meter entre medias de algo, y menos con Cory entre medias, he de reconocer que me he alejado bastante de él, pero es que no puedo evitarlo, me duele que esté con Lea, pero pensándolo bien, Lea es feliz con él, es un chico único, no debería estar jugando con Lea… Esto se ha acabado. En cuanto pase este mes todo volverá a ser como antes y quedaré con el amigo que me presento Ashley, era mono, así que vete olvidando de Lea y rehaz tu vida Dianna. Hablando de Ash, no he hablado con ella desde que estoy aquí, mañana la llamo y de paso también quedo con Cory, el pobre no tiene la culpa de mis enamoramientos y realmente me cae bien así que le diré de dar una vuelta por el pueblo y comer algún helado. Ya está, decidido mi día de mañana…
Pero no todo iba ser tan fácil como Dianna se pensaba que sería…
C: Buenos días amor. – Decía un Cory sonriente con una bandeja en la cual portaba de todo, zumo, café, fruta, cereales y tostadas.
L: Cory… - Dijo mientras que miraba la gran bandeja que llevaba el chico y que ahora la había puesto en las piernas de Lea.
C: Es para que desayunes un poquito.
L: ¿Un poquito? Tú lo que quieres es atiborrarme a comida. – Dijo haciendo reír al chico.
C: Venga, que te ayudo.
Es que mira que es mono, me encanta. No podía empezar el día de mejor forma.
L: ¿No será que quieres algo a cambio?
C: Eh… ¿Yo? No, no, que va. – Dijo intentando evitar que Lea le pillase. Lea ante esto solo pudo reír.
L: Venga, dime. – Dijo dándole un trozo de fresa al chico.
C: Es que… Mark ha dicho de hacer un torneo de fútbol en un campo de que hay no muy lejos de aquí, y no sabía si querrías hacer algo conmigo, pero si quieres les digo que no y no pasa nada…
L: Tranquilo, estamos de vacaciones, hace tiempo que nos los vemos y nosotros estamos siempre juntos, así que vete a ese torneo y dedícame un gol. – Dijo dándole un beso iniciando así una larga ronda de besos.
C: Te prometo que mañana vamos a la playa y estoy contigo. – Dijo mientras Lea le daba pequeños besos por la mandíbula.
L: Te tomo la palabra eh. – Dijo riendo.
C: Sí, sí.
L: Me voy a la ducha, ¿vale? – Dijo dándole el último beso.
C: Vale, ¿tú que harás? – Dijo en un tono más alto ya que lea ya se había metido en la ducha.
L: Supongo que quedaré con estas y os iremos al spa o algo por el estilo.
C: Vale, pues que lo pases genial cariño. – Dijo asomando la cabeza por la cortina de la ducha para darle un beso. – Yo me voy ya.
L: Vale, acuérdate de dedicarme ese gol eh.
C: Ni lo dudes, pienso dedicarte todos. – Dicho esto salió dejando a Lea en la habitación que ya se estaba secando con la toalla.
Se vistió con unos vaqueros, botines y una camiseta fresca, ese día iba hacer calor. Eran las once de la mañana y sabía que Naya aún estaría durmiendo, y más cuando la noche anterior había bebido, así que cogió su bolso y salió camino a la habitación de Naya. En ese momento agradeció la manía que tenía Naya de darle a Lea una copia de todas la llaves o tarjetas por seguridad, así que en este momento no dudaría en usarla.
Metió la tarjeta y desde la entrada pudo divisar que la morena se encontraba aun durmiendo.
L: Lo sabía… - Dijo en susurro.
Si había algo que le molestaba a Naya era que la despertasen… Lea fue a la cocina y busco en los armarios alguna cazuela.
L: Aquí está…
Ahora que ya la tenía volvió por sus propios pasos e hizo una cuenta atrás en su cabeza.
3, 2, 1… La cazuela caía al suelo haciendo un ruido ensordecedor.
N: ¿¡Qué cojones…?! – Dijo saltando de la cama. - ¡Lea me cago en todos tus ante pasados! ¿¡Se puede saber que cojones estás haciendo?!
L: Despertarte, ¿no lo ves?
N: Te voy a matar. - Dijo tapándose la cara con la almohada.
L: La que te voy a matar voy a ser yo. – Dijo cambiando su gesto por uno serio.
N: ¿A mí? Pero si no he hecho nada… Estas mal de la azotea Lea. – Dijo levantándose de la cama dirigiéndose al baño.
L: Sí… ¿Dónde vas?
N: ¿A ducharme tal vez?
L: No, tú te quedas aquí.
N: ¡Lea, me duele la cabeza, me voy a tomar una aspirina, luego un café y me ducharé, luego si quieres me cuentas lo que he hecho!
L: Te doy diez minutos para hacer todo.
Cinco, diez, quince, veinte minutos y Naya aún estaba en la ducha.
L: ¿Qué parte no entiendes de diez minutos? – Pregunto un tono elevado para que le oyese.
N: Qué ya estoy pesada, ¿qué quieres? – Preguntó ya arreglada de pies a cabeza.
L: Después de que te fueses a tu habitación anoche, hable con Dianna, le pedí disculpas y ella a mí también, todo bien, pero después se acercó a mí y me acarició la mejilla en la cual me dio una hostia, y poco a poco se fue acercándose más, y yo empecé a temblar, no es que estuviese incomoda, tal vez un poco sí, pero bueno, el caso es que la espanté y después de un silencio incomodo fuimos a su habitación…
N: ¿¡No me jodas que te la has tirado?!
L: ¡Ala! Que bestia eres… Solo estuvimos hablando, entonces yo le pregunté sobre lo que había dicho en la cena, lo de que tenía una chica en mente. – Naya solo se dedicaba a asentir. – Me dijo que era verdad, entonces yo le empecé a hacer preguntas, que si era morena, que si trabajaba aquí… Ya sabes, bueno, el caso es que llegué a una conclusión…
N: ¿Cuál?
L: Le gustas tú.
N: ¿¡Qué!?
L: lo que oyes, estaba claro, todas las respuestas indicaban a ti, además anoche cuando estábamos en el restaurante ese, no le importó que hicieras carantoñas con ella…
N: Pero que no puede ser joder, que no, Dianna es mi amiga y ya está… - Dijo dando vueltas por la habitación.
Lea empezó a darle varios motivos por los cuales estaba claro que ha Dianna le gustaba Naya, y esta, que al principio no quería creerlo poco a poco le iba convenciendo.
N: No, no, no, no puede ser, ¿cómo va estar Dianna…? Definitivamente, no.
L: Naya, todo concuerda.
N: Ya… Pero… Me voy a desayunar. – Dijo nerviosa mientras buscaba su bolso.
L: ¿A desayunar? Naya, son las doce.
N: Bueno, pues… yo que sé, ya veré. – Dijo abriendo la puerta. – Cierra cuando salgas, luego hablamos.
Naya no paraba de comerse la cabeza, era imposible, ella siempre fue su amiga y… además, estaba claro que la que le gustaba era Lea, no ella, pero con la cantidad de cosas que le había dicho Lea, tenía que reconocer que podía ser verdad… Después de diez minutos dando vueltas sin rumbo fijo se dirigió al pequeño chiringuito que estaba cerca de la piscina.
N: Buenas.
-Hola, ¿te pongo algo? – Preguntó el camarero mientras secaba una copa con el trapo.
N: Sí… Eh… Ponme lo que quieras, pero que no lleve alcohol, por favor.
-Enseguida. – Dicho esto se puso a prepararla.
En realidad, todo concordaba. El que le dijera que estaba destrozada por Lea era mentira para que ella fuese y la consolase, además, siempre la había mirado con ojitos y alguna que otra vez al escote, pero nunca le dio importancia, había que reconocer que cuando Naya sacaba a pasear sus armas de mujer no había ser humano en el mundo que se le resistiese… Qué confuso era todo.
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