(En España ya estamos a 27, así que...) ¡Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, te deseamos, Meri, cumpleaños feeeliiiizzzzz! Hoy es el cumpleaños de MeriAnne Black, y como ya anuncié, estos capítulos son mi regalo para ella. Sí, capítulos en plural, porque en unas horas publicaré también el 15 :D


SIN COMPROMISO


Capítulo 14

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Parte XXX

La boda se celebraría en el inmenso jardín de los Malfoy. Ya habían instalado una carpa y centenares de sillas y mesas para acomodar a los más de doscientos invitados que asistirían a la boda más esperada del año. Además, habían acordado que limitarían al máximo el uso de la magia, para no tener que obliviar luego a la enorme familia de Hermione. La mitad de sus familiares se habían desplazado hasta lo que consideraban «la nada», pero todos habían cerrado la boca al contemplar la enorme mansión de los Malfoy. Además, Narcissa ―para consternación de su marido― ofrecía una habitación a todos aquellos demasiado cansados o demasiado borrachos para coger el coche cuando la celebración terminara.

Hermione, sus padres y su abuela, en cambio, se Aparecerían. Ella sufría por su abuela, por si su cuerpo no aguantaba un viaje así, pero la mujer se había mostrado entusiasmada. «¡Si yo pudiera hacer eso, creedme que ya me habría largado a ver mundo hace mucho tiempo!», había asegurado.

Ahora mismo, Hermione estaba mordiéndose las uñas, sentada en el sofá en uno de los saloncitos de la planta baja de la mansión de sus suegros.

―Hija, deja de morderte las uñas, que a este paso te harás sangre ―regañó cariñosamente su madre.

Hermione se detuvo de golpe y dejó las manos en su regazo, pero se dio cuenta de que le sudaban las palmas y lo último que quería era ensuciar ese vestido tan bonito que llevaba. Nunca había sido una persona vanidosa, pero aquel vestido… La primera vez que lo vio, se enamoró al instante de él. ¿Podían culparla por querer sentirse la mujer más hermosa de la Tierra en el día de su boda?

―¿Por qué no podemos casarnos ya? ¡Llevamos media hora esperando! ―exclamó Hermione, levantándose y dando vueltas por la sala―. ¡Si lo llego a saber, digo que no!

―No digas eso muy alto, no me gustaría tener que consolar a un hijo deprimido ―dijo Narcissa, que acababa de entrar. Se detuvo a los pocos pasos, mirándola con asombro.

―¿Qué? ―Hermione se giró hacia un espejo, alarmada―. ¿Qué está mal?

Comprobó rápidamente que todo estuviera en su lugar. Llevaba el pelo recogido en un peinado intrincado, basado en pequeñas trenzas aquí y allá, rizos recogidos y pequeñas flores rosa en forma de semi-corona. El vestido era blanco, al estilo muggle, con un escote en forma corazón, tirantes gruesos de encaje y un cinturón de pedrería que rodeaba su cintura. Era un vestido sencillo, como ella.

―Oh, querida, estás preciosa. ―Narcissa se cubrió la boca con una mano; parecía emocionada―. Qué joyas tan exquisitas ―señaló, acercándose a admirar de cerca la gargantilla y los pendientes de diamantes de Hermione.

―Son de mi madre ―respondió la señora Granger. Que alguien como Narcissa Malfoy, que tenía todo lo que alguien pudiera soñar, estuviera impresionada era motivo de orgullo.

―Draco me dijo que el anillo era suyo ―dijo Hermione, levantando la mano en la que lucía su anillo de compromiso―. No sé si querrá recuperarlo…

Narcissa negó con la cabeza.

―Ese anillo ha pertenecido a la familia Malfoy desde hace tres generaciones. Bienvenida a la familia. ―Su suegra sonrió―. O no, porque puede que a mi hijo le dé un infarto cuando te vea y no tengáis tiempo a casaros.

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Parte XXXI

―Draco, si sigues haciendo eso, terminarás agujereando el reposabrazos. Y no creo que eso le haga mucha gracia a tu madre ―señaló casualmente Lucius Malfoy.

El aludido puso los ojos en blanco, pero detuvo el tamborileo de sus dedos contra el reposabrazos del sillón en el que estaba sentado. Se levantó y fue hacia la mesa de los licores. Se sirvió un poco de brandy, pero cuando intentó bebérselo, Theo lo interrumpió:

―¿Vas a besar a Granger apestando a alcohol?

Draco fulminó a Theo con la mirada, abrió la botella de brandy y vertió el líquido que se había servido de nuevo dentro.

―¿¡Contento!? ―dijo, mirando a Theo; este se encogió de hombros, reprimiendo la risa―. ¡No me dejáis hacer nada! ¡Como siga así, me volveré loco! ―exclamó, exasperado.

―Creo que es la primera vez que veo al novio más estresado que a la novia ―apuntó Blaise con una sonrisa ladeada―. Y eso que ni siquiera he visto a la novia todavía.

―Créeme, Granger está igual que él ―intervino Pansy.

―Vaya par… ―suspiró el padre de Draco.

Draco lo miró de reojo, analizando con desconfianza si lo había dicho en tono crítico. Desde que le había contado que estaba saliendo con Hermione Granger y posteriormente que quería casarse con ella, había estado esperando alguna reacción negativa por parte de su padre. Alguna charla sobre la pureza de sangre. Pero nada. Cuando se lo contó, Lucius se limitó a responder: «Mientras sientes la cabeza…». Draco sospechaba que se comportaba así porque su madre había mantenido una charla intensa con él, lo cual agradecía: no le apetecía estar constantemente discutiendo con su padre. Ambos sabían de sobra a quien preferiría si le daban a elegir.

Se oyeron dos golpes en la puerta. Draco miró hacia allí, esperando que fuera alguien que anunciaba que la boda se adelantaba, pero solo era la abuela de Hermione, Olivia. La mujer entró con una sonrisa beatífica y los miró a todos.

―¿Podríais dejarme un momento a solas con mi futuro nieto, queridos? ―Draco tragó saliva; nunca sabía por dónde le saldría la mujer. Pansy y los demás se levantaron―. Tú también, Lucius, hijo. ―El hombre miró a la anciana atónito, pero hizo como se le había ordenado y se encaminó hacia el pasillo, no sin antes lanzar una mirada a Draco de «¿En qué familia nos estás metiendo?».

―¿Ocurre algo malo? ―preguntó Draco.

Olivia rio ante su preocupación.

―Aflójate un poco el nudo de la corbata, querido. Te veo acalorado.

La mujer se sirvió un whiskey de fuego y se lo bebió de un trago. «Menuda mujer», pensó Draco con admiración. Acto seguido, se acercó a uno de los enormes ventanales y lo examinó.

―¿Qué… Qué hace?

―Oh, nada. ―Olivia se giró hacia él y lo miró con los ojos ligeramente entornados y una sonrisa―. Solo me aseguro de que estés bien. Y aquí.

Draco soltó una carcajada al darse cuenta de su intención.

―No voy a fugarme, Olivia.

La expresión de la anciana se relajó ligeramente.

―Bien. Más te vale. Hermione es la única nieta que tengo, y no quiero verla triste por ningún motivo. ―Le lanzó una mirada significativa.

Draco sonrió.

―Olivia, hace más de un año que sé que Hermione es la mujer de mi vida. Si por mi hubiera sido, me hubiera casado con ella entonces, pero decidimos que queríamos tomarnos las cosas con calma. De hecho, no sé qué me frena de llevarla en estos momentos al altar e irnos a la luna de miel directamente.

―¡Ah no, eso sí que no, con lo guapa que me he puesto…! ―bromeó la mujer, pasándose una mano por el pelo. Miró a Draco con ternura―. Serás un buen marido para mi nieta. ¡Y ahora ven aquí, que te dé un beso!

Draco se inclinó hacia la mujer, que era una cabeza y media más baja que él, y dejó que lo cogiera de la cara y le estampara un sonoro beso en su mejilla.

»Y ahora, casaos y dadme muchos nietos ―ordenó Olivia.

Draco sonrió. No era mala idea: el proceso de hacer niños era divertido. Que no se dijera que no lo intentaban.

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Que sí, que Lucius es muy prejuicioso y todo eso, pero no escribí este fic para meterle drama, así que he decidido aligerar las cosas y hacer como que Lucius apenas está molesto por eso de romper la tradición familiar de mantener la pureza y todo eso. No podréis quejaros, que me estoy controlando con el drama, eh xD

¡Estamos a nada de llegar a los 300 reviews! No me lo creo, la verdad :O

¿Sabéis lo que viene en el próximo capítulo, verdad? LA. BO. DA. Lloro de emoción.

MrsDarfoy