Capitulo 14:

Inuyasha leía el periódico, el encabezado de la muerte de una mujer en extrañas circunstancias lo tenía algo inquieto, en la publicación no colocaban el nombre, pero un extraño presentimiento lo acompañaba desde hacía días, no le había comentado nada a los demás, no quería dañar el progreso de su paciente, en esos momentos estaba hablando con su madre, le sorprendía ver cómo podía mantener conversaciones completas sin alterarse, se había dado cuenta que Kagome era muy conversadora y una compañía perfecta para su madre y… tal vez para el… guardo ese pensamiento para sí mismo y se puso a la tarea de llamar a Kouga, no sabía porque, pero la imagen de su amigo apareció instantáneamente cuando leyó la noticia.

-¿Qué quieres?-

-Kouga, vi la noticia del periódico, ¿hay alguna relación con el caso?- la línea quedo en silencio por un momento, pensó que tal vez la llamada se había cortado y miro la pantalla del teléfono para comprobarlo -¿sigues ahí?-

-es… ella… Ayame…-

-¿Ayame? Esta…-

-si… el funeral será esta tarde… iba a llamarte… quiero la cabeza de ese desgraciado… quiero matarlos con mis propias manos y hacerlo sufrir…-

-por Dios Kouga… yo… no soy bueno para estas cosas pero… lo siento y… cuenta conmigo, te ayudare a atraparlo- la llamada se corto, el ojidorado se quedo ahí, con el teléfono en la mano, sintiendo pena por su amigo, Miroku se le acerco y le dijo algo pero él no lo escucho.

-¿Inuyasha?-

-¿decías?-

-es hora de la regresión de Kagome-

-hoy no habrá regresión Miroku, ayer encontraron el cadáver de una mujer en las afueras… es Ayame… el funeral es en la tarde- el ojiazul se quedo petrificado.

-fue…-

-si… Kouga quiere venganza, al parecer van a tomar medidas, no quiero que Kagome se entere…-

-no puedo ocultárselo a Sango…-

-bien iremos en la tarde al cementerio, le diré a mi madre que mantenga a Kagome ocupada con algo…-

Kagura caminaba presurosa por los pasillos del sanatorio, iba rumbo a la oficina de su jefe y en su mano derecha llevaba un periódico, toco la puerta y despues de escuchar un adelante en voz grave y falsamente amable entro, encontrándose de frente con su jefe enfundado en su típico traje negro.

-ya fue encontrada, aunque la prensa no menciona su nombre por seguridad… tenemos que dejar este lugar o sino…- Naraku la silencio con un siseo y le hizo un gesto con la mano para que tomara asiento.

-tenemos que ser cautelosos, las paredes de este lugar tienen oídos y ya no es seguro hablar aquí… nos encontraremos esta noche en el lugar de siempre, ahí discutiremos lo que haremos.-

-está bien… pero tengo mucho miedo, tu hijo esta como loco, al parecer el haber matado a esa policía lo dejo mas desequilibrado, anoche el desgraciado me golpeo y…- no pudo terminar de hablar porque en ese momento Naraku la tomo sorpresivamente por la garganta apretando estratégicamente la tráquea causando que la castaña abriera desmesuradamente sus ojos y empezara a luchar por alcanzar aire.

-escúchame bien zorrita… si no complaces a mi hijo en todo lo que él quiera puede que termines igual que mi hijastra o tal vez como esa policía, ¿me entiendes? – La castaña asintió rápidamente mientras respira laboriosamente después que Naraku la soltara… -ahora lárgate- se levanto rápidamente y salió de la oficina, corrió hasta el baño mientras observaba las marcas rojizas que muy pronto oscurecerían en su cuello…

-¡malditos! Me las van a pagar…-

El lóbrego lugar se encontraba atestado de personas con vestimentas oscuras, el cielo estaba nublado, el ojidorado miro el grupo reconociendo enseguida a los padres de áyame, la congoja y la pena bañaba sus rostros, a su lado estaba Kouga, su expresión era impasible pero sus ojos mostraban otra cosa, deseo de venganza, se acerco a ellos y le dio las condolencias a cada uno, cuando llego al lado de Kouga este le hizo una seña para que lo siguiera, se alejaron del grupo cerca de unos mausoleos se detuvo.

-Kouga yo…-

-no digas que lo sientes… ahora lo único que quiero es que veas a alguien que nos va ayudar en nuestros propósitos- Inuyasha iba a decir algo cuando la vio, después de tantos años la volvía a ver.

-ha pasado mucho tiempo… Inuyasha-

-Kikio…- no había cambiado mucho, llevaba el cabello negro y lacio, largo como recordaba, su rostro como siempre, con su mirada fría y calculadora, y el largo abrigo de cachemira negro no dejaba distinguir si había subido o bajado de peso.

-quiero ver a Kagome- el ojidorado apretó las puños y asintió.

-solo debo advertirte que no es como la recuerdas-

-¿Qué quieres decir?-

-cuando la veas lo entenderás, solo te pido que no le cuentes más de lo necesario, ella no debe enterarse de nuestro plan- la pelinegra asintió, luego de que se despidieran de Kouga se dirigieron al auto y emprendieron el viaje, no le aviso a Miroku, Kouga se encargaría de eso, necesitaba aclarar las cosas con Kikio antes de que llegaran a casa, desvió por una calle no muy transitada y estaciono un momento.

-¿Qué haces?- pregunto extrañada.

-necesitamos hablar Kikio… solo quiero una explicación-

-¿para qué? Han pasado muchos años, aunque quisiéramos ya no volveremos a ser los mismos de antes…- el ojidorado la observo, era obvio que había cambiado, ahora era más fría, con su oscura mirada calculadora, ya en sus ojos no había ese brillo y esa vulnerabilidad que activaba todos sus instintos protectores… encendió el auto y se dirigió a casa de su madre, cuando llego antes de que salieran del auto le advirtió sobre su hermana.

-Kikio- ella lo miro un momento antes de preguntar un exasperado ¿ahora qué? –Quédate aquí un momento mientras le digo a Kagome que estas aquí… ella está acostumbrada solo a nuestra presencia, el verte a ti va a ser un impacto muy grande…-

-está bien- el peliplateado entro por la puerta que conducía de la casa al garaje, encontró a su madre y a su paciente decorando un hermoso pastel de chocolate.

-Hijo, mira qué bien se le da la pastelería a Kagome, creo que podemos empezar desde mañana con pastelería francesa- término la frase sonriendo de oreja a oreja.

-¿lo hiciste tu sola?- la pelinegra asintió tímidamente –te felicito, mas tarde comeremos un gran pedazo de ese pastel, para probar si esta tan bueno como se ve… ahora necesito que vengas conmigo-

-¿pasa algo malo?-

-no- el peliplateado la guio a la sala –hay alguien que quiere verte, solo no te olvides de respirar ¿sí?- Kagome frunció un poco el ceño y asintió no muy convencida, vio como su doctor abría la puerta que daba al garaje y en el umbral apareció una figura que hacía muchos años no veía, pero a pesar de todo la recordaba igual, abrió enormemente los ojos y susurro su nombre.

-¡Kikio!- la pelinegra corrió y abrazo a su hermana efusivamente, no podía creer que después de tanto tiempo la volvería a ver con vida y se sentía dichosa por eso, para Inuyasha era gratificante ver la espontaneidad de Kagome, pero lo decepcionaba un poco la aptitud fría de Kikio…

-vaya Kagome, parece que tienes mucha energía… has crecido mucho- atino a decir Kikio, la joven delgada, demacrada y con ropa holgada no parecía la misma adolescente vivaz que había sido su hermanastra unos años atrás…

-tú te ves… hermosa como siempre… te he extrañado mucho… Naraku me hizo creer que tu… que tu… estabas… muerta-

-Naraku no es lo suficientemente listo para encontrarme… deberías de darme más crédito Kagome-

-me dio un collar exactamente igual al tuyo.-

-¿no te pudiste dar cuenta que era un engaño?- en ese momento Inuyasha interrumpió a Kikio, la conversación estaba alterando a Kagome…

-basta Kikio… si hubieras visto las condiciones en las que estaba… ella simplemente no…-

-¡Inuyasha! No hables como si no estuviera aquí… ella tiene razón… lo que importa es que estamos juntas de nuevo-

-bueno… no puedo llevarte conmigo… aun Naraku representa una amenaza, además… hace poco me case, no creo que a mi esposo le guste que lleve de un día para otro a una hermana de la que él nunca supo su existencia.- Inuyasha se quedo de piedra, sospechaba desde hace mucho que ella no sentía un cariño genuino hacia su paciente, ahora esto comprobaba sus suposiciones… vio como su paciente trataba de procesar toda la información, se acerco a ella y la ayudo a sentarse en uno de los sillones, vio como inspiraba profundo y trataba de articular algo.

-yo… ah… te felicito Kikio… -

-así… que te casaste… felicidades- la pelinegra le dedico una mirada con

Una ceja enarcada ante el tono sarcástico del ojidorado, el por su parte le llenaba de rabia el saber que prácticamente estaba desentendiéndose para siempre de su indefensa hermanastra.

-como te decía antes Kagome, aun no puedes venir conmigo, sin embargo le pagare a Inuyasha sus honorarios y por tu estadía aquí…-

-¡eso no será necesario!- la interrumpió el ojidorado provocando que Kikio frunciera el ceño…

-¿perdón? Me vas a venir con la escusa de estas haciendo todo esto gratis, me niego a aceptarlo…-

-en ningún momento te he cobrado, esto lo hago únicamente por Kagome…- la mayor de las Higurashi lo miraba entre asombrada y desconfiada y su paciente con una expresión de asombro y de mudo agradecimiento, miro otra vez a Kikio y se dio cuenta que la mujer de la que antes estuvo perdidamente enamorado, no era la misma, detuvo su batalla mental, cuando su cerebro proceso la información ¿estuvo?

yo las dejo solas para que se pongan al día- el ojidorado salió con expresión exasperada de la sala, subió las escales y entro a su habitación, había estado perplejo cuando la vio, seguía siendo hermosa y era obvio que tenía una posición económica bastante solvente … lanzo una camiseta al suelo y estuvo a punto de tirar una silla.

-debí lucir como un estúpido- no supo cuanto tiempo estuvo recordando y analizando hasta que unos suaves golpes en la puerta lo alertaron –adelante- giro ligeramente su cuerpo para ver quien tocaba y se sorprendió de ver la figura de su paciente, que traía en la mano un pequeño plato con una rebanada del pastel de chocolate que ella misma preparo.

-Sango dice que las penas con pan se sienten menos-

-no estoy triste- la pelinegra lo miraba dudosa, extendió le plato y él ni corto ni perezoso lo tomo y empezó a comerlo.

-se… sé que no es de mi incumbencia, pero… pude darme cuenta que te molesto, que Kikio estuviera casada- dejo de comer un momento y miro a su paciente.

-eres perceptiva… apropósito, esto esta delicioso, deberías dedicarte a la pastelería, yo sería tu cliente número uno, creo que Miroku también- ella sonrió ante eso, el termino de comer lo que quedaba y la miro fijamente, ella no soportaba que él la mirara de esa forma y bajo la vista avergonzada –tienes razón… me molesto mucho saber que hizo su vida… que se caso, yo la ame mucho… pero eso fue hace tiempo, ahora lo que realmente me enoja es el hecho de que ella consiguió lo que quería, seguridad, terminar una carrera y mucho dinero, dejándote a ti fuera de ella-

-no la culpo… ella también sufrió y…-

-¡no la justifiques!- interrumpió a la pelinegra sobresaltándola – ella busco la seguridad de otra persona, mientras ¡tú! Permanecías en manos de ese malnacido- la pelinegra empezó a lloriquear y trato de salir de la habitación, pero Inuyasha no se lo permitió, la agarro por el antebrazo y la obligo a mirarlo -¡mírame! ¡mírame Kagome! ¿Esto es lo que quieres? Huir para siempre, darles a todos la satisfacción de saber que nunca podrás valerte por ti misma…-

Esas últimas palabras dejaron a la pelinegra sin aliento, sintió como una rabia se arremolinaba en su interior, abrió la boca para hablar, pero el nudo en su garganta no la dejaba emitir una sola palabra, la visión empezó a nublársele, sentía que el aire le faltaba, empezó a hiperventilar, sintió como las manos de Inuyasha la guiaban a sentarse en la cama y le bajaba la cabeza, pronto sintió como el mundo volvía de nuevo a ella, la visión se le aclaro y el pitido que se había instalado n sus oídos disminuyo, sintió como la presión de la mano de su doctor en la nuca disminuía poco a poco, se incorporo y se limpio las lagrimas, pudo respirar con mayor facilidad y pudo visualizar el rostro preocupado de Inuyasha.

-¿puedes oírme?- ella asintió lentamente. –debes controlarte Kagome-

-realmente lo intento… pero cuando mis emociones se alteran… aparecen los recuerdos-

- y la ansiedad… ahora que analizo, llevas mucho tiempo sin las drogas, por eso te pasan estos ataques de ansiedad, debes siempre repetirte el mantra que te enseño Miroku ¿si?- la pelinegra asintió, se quedaron durante unos segundos mirándose mutuamente en silencio, Kagome se sintió un poco nerviosa por la mirada penetrante de Inuyasha, no entendía porque la miraba así…

-¿Por qué me miras así?-

-¿eh? ¿Así como?-

-pues así… tan fijamente, me pones un poco incomoda-

-perdón… es solo que viendo hoy, viendo hoy a las dos… me di cuenta de que son muy parecidas, no digo idénticas, pero si se nota a leguas que son familia- Kagome bajo la mirada y su semblante se entristeció un poco -¿dije algo malo?- ella negó con la cabeza e hizo un ademan para levantarse de la cama, pero Inuyasha no se lo permitió. – a mi no me engañas Kagome… ¿te molesto?-

-si… es como volver al pasado-

-¿de qué hablas?-

-Naraku… el… el siempre me decía… que no era tan bonita como Kikio… que solo era una copia barata…-el ojidorado veía como ella apretaba fuertemente las manos, tanto que sus nudillos se tornaban blancos.- y eso siempre me hacía sentir triste… fea-

-¡tú no eres fea Kagome!- la pelinegra miro a su doctor asombrada, ella nunca había tenido tiempo para pensar en chicos, en la vanidad o en el amor, esas tres cosas las veía tan lejanas y mucho más cuando su padrastro la encerró en aquel lugar sin esperanzas de salir algún día, pero desde que Inuyasha la saco de ese lugar… la vela de la ilusión de vivir tantas cosas que se le habían sido negadas hasta ahora estaba encendida, pero ese día la visita de su hermana le recordó muchas de las degradaciones de Naraku, donde le repetía hasta el cansancio que ella solo era una pobre copia barata de su hermana.

-no tienes que decírmelo para consolarme-

-yo no lo digo para consolarte, ese no es mi estilo- ella lo miro concediéndole algo de crédito por eso, si algo había aprendido de Inuyasha era que hablaba con sinceridad.- es cierto que guardan un gran parecido… pero, por ejemplo tu cabello- al decir esto tomo una de sus suaves mechones que caía desordenadamente cerca de su oreja. –es de un tono de negro, que si lo ves al sol… se verá casi azul, no es liso ni simple, tiene ondas, tiene vida.-

Ella lo miraba sin dar crédito a sus palabras ¿a él le parecía hermoso su cabello rebelde?

-tu piel… no es tan pálida, digamos que Kikio es más parecida a una de esas Geishas antiguas, hermosa, pálida y fría… en cambio la tuya a pesar de todo tiene un leve tono rosa, supongo que con el tiempo y la buena alimentación se irá acentuando… no como la piel de ¨cadáver¨ como dice Sango que posee ella- esto último la hizo reír dándole la razón mentalmente a Sango. –ves, ya te hice reír… tienes una bonita sonrisa, así que de ahora en adelante lúcela más y olvida las comparaciones, nunca serás igual… porque eres única- Kagome sonrió mas ampliamente y abrazo efusivamente a Inuyasha, este se sorprendió con la reacción de la pelinegra e inmediatamente le correspondió al abrazo, se quedaron así un rato, absortos en la sensación de paz y seguridad por estar en los brazos del otro, Inuyasha se extraño un poco por como una extraña calidez estaba embargando su pecho, hacía mucho tiempo que no se sentía así y le preocupo el hecho de estar albergando sentimientos más profundos por su paciente, Kagome por su parte se sentía dichosa, nunca le habían hecho un cumplido, mucho menos un hombre como su doctor, porque eso era Inuyasha, un hombre en todo el sentido de la palabra, darse cuenta de eso hizo que su corazón empezara una loca carrera y que su rostro se calentara por la cercanía, de repente unos golpes en la puerta los saco a cada uno de sus cavilaciones, ambos se separaron e Inuyasha susurro un adelante lo suficientemente fuerte para que se escuchara del otro lado.

-hijo, abajo hay alguien que quiere verte-

-¿Quién es mama?-

-es mejor que bajes y lo veas por ti mismo-

Ambos salieron de la habitación, Kagome agradecía mentalmente la interrupción, se había empezado a poner nerviosa sin razón alguna y eso la desestabilizaba, cuando llegaron al salón para ver quien estaba esperando a Inuyasha.

-¿Rin?-

-¡Inu!-

Continuara…

Hola! creo que lo siento seria muy poco no? pero ni se imaginan el trabajo que me costo sacar este capi, lo tenia listo desde el sábado pero todos los días que me disponía a postearlo algo pasaba, al fin pude sacar tiempito y subirlo sin contratiempos, espero que les guste el rumbo que están tomando las cosas, tratare de avanzar mas con el siguiente capi para traer la conti lo mas pronto posible, ;)

Como siempre gracias a quienes siempre me leen, me añaden a sus favoritos y alertas en especial a: Crazy94, Faby Sama, peachilein, sonieettaa97 y sarys mil gracias *.* me alegran con sus revs, ánimos y subliminales xD para que suba conti rápido jejejejeje...

Cuídense, byeeeeeeee...