Por Siempre Mía.
Acto Catorce
Por Siempre Mía
--------------
La espada de Shishio atravesó a Kaoru quien lanzó todo el peso de su cuerpo contra Aoshi derribándolo y salvándole. Sin embargo, a pesar de las malas intenciones de Shishio, él no deseaba matar a Kaoru realmente y cuando vio que ella era alcanzada por el arma, se detuvo e intentó retirarla de su cuerpo. Pero demasiado tarde fue, porque Kaoru fue atravesada en el lado izquierdo de su torso hasta su espalda. Shishio retiró el arma.
Kaoru no gritó ni se dejó caer. Tapando la herida delantera con sus manos, miró desafiante a Shishio.
-Vete... maldito seas... - le dijo antes que la voz empezase a fallarle, sintiendo como ese temor por él regresaba... no quería flaquear ante él.
Shishio en tanto no se lo pensó mucho para darse a la fuga. Keishi solo era capaz de pensar en Kaoru y en que estaba muriendo y la joven, por su parte, descubrió a Keishi en la puerta, paralizado ante lo que acababa de ver. Así como Misao y Aoshi que comenzaba a incorporarse.
Kaoru en tanto, no dejaba de mirar a Keishi. Este se acercó a ella lentamente, como si todo lo que había visto fuese solo una ilusión. Ella le sonreía incluso, con su vestido blanco y sus mejillas sonrojadas un poco por el esfuerzo de empujar a su padre.
-Keishi... perdóname por estropearlo... - susurró Kaoru.
Entonces Keishi notó alarmado como todo era una terrible realidad. Asi lo evidenciaba la sangre que ya no podía ser contenida por las manos de Kaoru y empezaba a escapar por entre medio de sus dedos. La joven entonces sintió como sus piernas ya no respondian y lentamente empezó a caer. Keishi la sostuvo antes de que llegara al suelo y notó como la sangre que salía de su torso era nada comparado al gran manchón que había en la pared, donde ella se había apoyado y por donde el riachuelo rojizo corría libremente hacia el piso.
Misao se quitó la chaquetita que traía y la colocó sobre las heridas de Kaoru, a modo de tapón. Aoshi en tanto, a pesar de las ganas de gritarle a Kaoru que era una estúpida, corrió hacia su auto. Keishi, llevando a Kaoru en brazos, subió con ella en el asiento de atrás y Misao llamaba a la policía finalmente, dando las señas de Shishio, avisando que iban al hospital y que allí los encontraran los agentes policiales para la declaración.
Kaoru abrió los ojos y vio sobre su rostro el de Keishi, sollozando al mirarla.
-¿Por qué lloras?... yo no he muerto, amor...- le dijo ella débilmente.
Lo mismo que le había dicho muchos años atrás siendo una pequeña después de su primer accidente. Pero ahora era distinto... Keishi no podía calmarse viendo toda esa sangre empapando ya la chaqueta de Misao y parte de las ropas de él.
-Claro que no morirás, mi amor... - dijo Keishi, intentando animarse un poco por ella.- Vivirás y nos casaremos... incluso, si lo deseas, nos podemos regresar a Nara, y podemos vivir con Aoshi y Misao, como tú querías.-
Kaoru escuchó claramente lo que él decía.
-Lo... ¿lo sabías?- sus ojos entonces empezaron a llenarse de lágrimas debido a la vergüenza. Kaoru sintió entonces un mareo terrible... ya bastante le costaba sorportar el dolor de su herida sin quejarse y además de la insoportable sensación de que su sangre escapaba de ella sin poder evitarlo. Luchaba por mantenerse conciente yhablar con Keishi, pero sabía que no duraría mucho asi: ya le costaba enfocarlo.
-Claro que si, mi amor... lo supe hace algún tiempo... pero... pero no podía hacer mucho todavía. Hace una semana contacté con mi madre, que es corredora de bienes raíces, para que nos buscara un lugar en Nara y viera qué hacía con el dojo... después de casarnos y de la luna de miel nos mudaríamos.... Estarías cerca de tus padres, Kaoru...- Keishi escuchaba su propia voz mucho más calmada de lo que él mismo se sentía. Pero era mejor así, no quería asustar a Kaoru.
Aoshi trataba de retener las lágrimas para que no le empañaran el trayecto al hospital. Hacía sonar la bocina del vehículo e iba con las luces encendidas para que los demás autos le dieran el paso. Un policía le dio alcance para detenerlo hasta que vió a Kaoru en el asiento trasero y comprendiendo la gravedad del asunto, los escoltó hasta el hospital, logrando abrirles el paso con más efectividad gracias a la sirena policial de su moto.
Ya en el hospital, Misao salía del auto antes que este se detuviera por completo y gritaba a las enfermeras de la recepción que traía una herida grave. Pronto entraron Keishi y Aoshi al lugar. El policía comprobaba que varios de sus colegas ya estaban en el lugar como les había pedido Misao y se retiró, prometiéndose preguntar por la chica a uno de sus amigos que trabajaría en el caso.
Kaoru fue trasladada de inmediato a la sala de urgencias, donde los médicos prácticamente le destrozaron el obi y el kimono para llegar directamente a su cuerpo. Afortunadamente contaban con sangre de su tipo en el banco de sangre... solo esperaban poder mantenerla viva hasta la trasfución, porque había llegado inconsciente y con anemia aguda...
Una enfermera notó que Aoshi también sangraba de diversas partes de su cuerpo y mientras lo ingresaban a "Curaciones", él encargaba a Misao, que lo seguía, ir a donde Kaoru, quien estaba evidentemente mucho más grave. Además, ella tenía que hablar con los policías. Asi fue como Misao, a pesar de sus ganas de querer gritar como histérica, logró controlarse para ayudar a la captura de Shishio.
Keishi en tanto notó como el cuerpo de su amada era asistido frenéticamente por los médicos para estabilizarla, porque había entrado con ellos a lasala de urgenciasy a pesar de que una enfermera trató de sacarlo, él dijo que era esposo de la joven y que le prometía "portarse bien". Como la enfermera tenía cosas realmente más urgentes que hacer que sacarlo de allí, juró por lo bajo y se acercó al cuerpo de la chica, ayudando en lo que se le solicitaba.
Viendo a Kaoru, sin mirarla realmente, Keishi rememoró en cosa de minutos toda su vida con ella, como si fuera una película. Su temporada de muletas, cuando él escribía cuentos en la escuela para contarle en la casa, sus noches tratando de desahogar su frustración escribiendo en el computador hasta altas horas de la noche, sus pastillas para dormir, la sonrisa de Kaoru, el día de la fiesta de Enishi... su primer beso... el primer beso que él le diera.
Su casa, su perrito... Keishi pensó que todas esas cosas tenían sentido mientras ella estuviera aquí, con él... que tal vez no importaba tanto si ella quería vivir donde se le ocurriera aunque fuera sin él, porque él podía vivir en la medida en que ella lo hiciera, aun sin verla, pero sabiendo que vivía.
Un pito espantoso sacó a Keishi de su ensimismamiento y notó como un médico decía algo que él no entendía y pedía que prepararan el desfibrilador. Cuando finalmente alguien logró sacar a Keishi del pabellón, notó, antes de salir, como el cuerpo de Kaoru saltaba un poco de la camilla ante la descarga eléctrica del aparato que intentaba reanimar su corazón en paro.
----------------------
Keishi crecía junto a ella y años después, cuando se fue, se sintió muy tonta por dejarlo ir sin pedirle explicaciones para después, rogarle que se quedara.
Kaoru veía toda su vida pasar ante ella. Vio a Shishio, su primer padre, cariñoso, dándole regalos y diciéndole que era ella su niña y su adoración, mientras Okón la miraba seriamente. Okón nunca fue cariñosa, y por eso ella quería tanto a su papá.
Recordó una discusión en la que Okón decía que ella no era hija de Shishio. Se vió a sí misma en un rincón de la habitación, tapándose los oidos y escuchando, muy a su pesar... luego entraba Shishio y la miraba enfurecido. Y ella escondía su rostro de él.
Después vino la violencia... su padre golpeaba a Okón y le decía que se fuera de la casa... y entonces Kaoru vio, como después de irse él, Okón la golpeaba a ella y luego, ante todos, decía que había sido su padre...
Luego vendría el accidente de automóvil... el cambio de casa. El conocer a tío Keishi... él siempre fue tan amable con ella.
Y ella escuchaba decir a mamá Misao cosas horribles de su padre... que ella sabía no eran ciertas. Pero no la sacaba de su error ni contaba la verdad... por eso, tiempo después, cuando vió a su papá, por vergüenza quiso escapar de él cuando vino por ella a la escuela.
Oscuridad, inmovilidad durante meses... y todos lo culpaban y ella empezaba a creer que realmente había sido él, cuando en realidad la culpable fue ella, por no defenderlo y por sentirse así, por seguir la mentira... y mientras sus padres hablaban mal de Shishio, ella iba al único lugar donde podía olvidarse de eso. La habitación de Keishi. Y le inventaba mentiras para explicar su estancia allí: "Es para practicar por el largo pasillo hasta tu habitación, ahora que debo aprender a caminar con bastones".
Y Keishi la acogía, como no... y ella se aferraba a él. Solo con él, el mundo era perfecto. Incluso recluída en una habitación.
Con el tiempo olvidó la verdad... y los años pasaron.
Y apareció su padre... y la confundió. Ella sintió terror. Él debía odiarla por no ser su hija. Y él ahora la atacaba sin contemplaciones. La mordía... luego desapareció para, años más tarde y finalmente, clavarle una espada.
Keishi aparecía nuevamente y Shishio ya no estaba más. Ya no servía lamentarse por las omisiones... quizá ella merecía lo que le sucedía por callar tantos años... quizá ella no debería luchar esta vez por su vida.
Y se sentía tan bien, descansando... sin pesadillas, sin secretos... todo estaba en paz.
Pero Keishi le tomaba una mano y le enseñaba una nueva casa. Su hogar... todos sonreían... empezarían de nuevo... y ella diría que Shishio no siempre fue el malvado que creían... ahora ella recordaba todo.
Kaoru caminó hacia Keishi... traspasaron el umbral de su casa y ella se acomodó entre sus brazos. Y en ese momento, entre ellos, se permitió descansar, cerrando los ojos.
---------------------
Kiyosato observaba a Tomoe despedirse amablemente de todos. La clase había concluído y él deseaba decirle algo. Pero Tomoe se dirigió a la sala de profesores, dejándolo solo.
Salió caminando con sus bastones. Ella era tan amable... había organizado al grupo de adultos por equipos con el fin de ayudarle a ordenar su casa, ver sus comidas y hacer sus compras si era necesario. Además de escoltarlo hasta su casa. Y como la amabilidad de Tomoe era contagiosa, todos ayudaban con entusiasmo en esos quehaceres.
Pero ese día, él decidió pedir a sus "escoltas" que lo dejaran solo ya que él tomaría un taxi hasta su casa, porque tenía que hablar con la maestra durante un buen rato.
Realmente lo exasperaba un poco, porque uno nunca podía saber en qué pensaba Tomoe. Su expresión era siempre serena... no podía imaginársela teniendo un ataque de histeria y sin embargo su actividad mental favorita antes de dormir, era intentar imaginar esa expresión deformada por la fuerza del deseo que él pudiera despertar en ella con sus caricias. Sin marido que se interpusiera y siendo él un hombre libre, no veía por qué no podía al menos, intentarlo.
Pero ella nunca le decía nada... después de ese domingo en que ella lo asistió como solo una esposa podía hacerlo, siguió el trato respetuoso y formal en la sala de clases cuando él pudo regresar dos semanas después.
Tomoe en tanto, salió de la sala de profesores tras despedirse de sus colegas que tambié se retiraban. Ahora que Sanosuke estaba de luna de miel, ella se iba con un grupo hasta su casa.
Al salir, Kiyosato se acercó a ella. Vestía una chaqueta desgastada de mezclilla (la tela de los jeans) porque ya era Septiembre y hacía un poco de frío.
Tomoe enseguida se puso alerta, dispuesta a no bajar la guardia ante él. Le gustaba sobremanera su alumno, pero por eso mismo, no podía permitirse relación alguna con él hasta que hubiera terminado el curso. Y ella ante todo era una profesional que se regía por la ética propia de los maestros.
-Señor Kiyosato... pensé que estaría camino a su departamento a esta hora.-
Kiyosato se balanceó sobre sus muletas, para acercarse a ella.
-Quería compartir algo muy importante para mí con usted. Ya que es la única persona que lo sabe. ¿Podría dedicarme diez minutos de su tiempo?-
Tomoe por toda respuesta se despidió de su grupo. Ya tomaría un taxi hasta su casa más tarde. Por ahora se permitiría un poco de compañía de Akira.
Pero Akira sugirió ir a casa de ella. Asi que caminaron quince minutos hasta llegar, en completo silencio. Y sin embargo, ambos estaban emocionados.
Ya en la casa de Tomoe, ella sirvió una taza de te a Kiyosato y entonces, acomodándose en el sofá frente al que ocupaba él, decidió iniciar la conversación.
-¿De qué quería hablarme, Kiyosato?-
El hombre se movió un poco en su asiento, sin saber por dónde empezar. Entonces sacó un sobre arrugado de su chaqueta. Pero antes de entregárselo a Tomoe, se arrepintió.
-No debería estar aquí. Será pronto la una de la mañana... estoy molestando.-
Tomoe sonrió. En su casa ella siempre se relajaba mucho.
-En realidad, Kiyosato, usted no me estorba. Mañana se casa una niña que fue alumna mía hace un año y dentro de un rato pasará mi hermano y su nueva familia por mí para viajar a Tokio. Es preferible viajar de noche para evitar congestiones y estar temprano en Tokio. Además... yo conversaba mucho con mi hermano hasta muy tarde el viernes por la noche, como ahora. –
Kiyosato se puso bastante contento con la explicación de la maestra. Asi que le extendió el sobre sin verguenzas.
Tomoe abrió el sobre y extrajo una carta de él.
-Por favor, léala.- le pidió Kiyosato, con los ojos brillantes. Tomoe empezó a leer.
"Queridísimo pap
-Pero... esta carta es suya, Kiyosato...- dijo Tomoe, asombrada.
-Usted es la única persona que sabe que tengo una hija. Y quiero compartir mi alegría con usted.- dijo Akira, haciendo ademán de que siguiera leyendo. Y asi lo hizo Tomoe.
"Esta semana he hecho un trato con mamá, porque mi papá desea ir con nosotras y Tenshi (hermanito de Sakura) de día de campo, porque dice que pronto el tiempo se pondrá feo. En dos semanas más estaré libre, porque en mi escuela se celebrara la semana del pueblo y nos la han dado. Mamá me ha dado permiso para ir a verte y estar contigo desde el lunes al domingo. Dice que has cambiado mucho y que me puedes enseñar valores. Yo por mi parte pienso que tú no has cambiado, que siempre has sido un buen padre para mí aunque nos veamos tan poquito y estoy muy orgullosa de que termines de estudiar. Mi otro papá también es bueno, pero yo te quiero más a ti. Asi que iré a verte. Mamá me irá a dejar. También me han dicho que si me porto bien, podré ir a tu graduación cuando salgas de la escuela. ¿No te parece maravilloso?
Espero ansiosa que lleguen esos días, papá. Nos veremos muy pronto.
Tu hijita Sakura."
Tomoe entonces comprendió la emoción de Akira.
-Es estupendo, Akira... habla muy bien de usted el que su hija lo quiera tanto.- Tomoe dobló con cuidado la carta y se la entregó a Akira.-
-Ella es toda mi adoración. Mi Sakura... cumplirá doce años en Noviembre... ya he pedido libre es día en mi tabajo para ir a verla.-
-Ya veo.- dijo Tomoe. Debía ser maravilloso tener un hijo. Pero ella aún no tenía... bueno, tenía a sus muchos alumnos en la escuela, pero hasta ese momento no se había planteado lo de ser madre.- Estoy muy alegre por usted, Kiyosato. Espero que cuando su hija esté aquí, la lleve a la clase para conocerla.-
-¿Y por qué no viene usted a mi casa a comer con nosotros un día?-
La pregunta fluyó de un modo tan natural en Akira que Tomoe enseguida respondió que no había problema. Eso, hasta que sintieron fuertes bocinazos afuera. Tomoe pensó que Akira había llegado con una hora de antelación.
-Por lo visto ya han venido por mí, Kiyosato.- la joven maestra se dirigió a la puerta y en cuanto lo hizo, Sanosuke, seguido de Megumi, entraron apresurados.
-Hermana, nos vamos ahora mismo a Tokio. Trae tus cosas.-
-Pero... qué... ¿qué ha pasado?- preguntó Tomoe con cierta alarma al ver la expresión de su hermano. En ese momento Sanosuke notó a Akira.
-He... Hola, Kiyosato... bueno, Tomoe... debemos irnos ahora... Kaoru está internada en el Hospital General de Tokio y se está muriendo. Debemos apresurarnos... -
Tomoe comprendió enseguida y sacó su bolsa preparada con antelación. Pero esta vez sacó la ropa formal y metió en ella a la rápida, ropa casual acorde a la ocasión.
-¿Pero... como ha sido?- preguntó Tomoe. El dia anterior Kaoru la había llamado alegre para confirmar su asistencia a la boda.
-Ese bastardo maniático de Shishio... mira, no le entendí mucho a Misao, pero ese infeliz apareció e intentó matar a Aoshi, pero Kaoru saltó al medio... ¡Maldición... por hacerse la heroína va a morir!-
-Keishi está muy mal... - agregó Megumi apretando el brazo de Sanosuke para que se calmara.-... salió del hospital corriendo y nadie sabe donde está. Por eso debemos irnos ahora mismo.
Tomoe estaba lista para cuando Megumi pronunció lo último. Iban saliendo cuando Sanosuke miró a Akira.
-Hey, amigo, ven con nosotros... creo que te vamos a necesitar. Si tienes algo de ropa que recoger... -
Akira pensó en que no vería a su hija este fin de semana de todas maneras, asi que asintió. Media hora después, un auto, conducido por Yahiko llevando a Saito, Tsubame, Tokio, Tomoe y Akira, tomaba la carretera interestatal. Mucho más adelante, una moto con Sanosuke y Megumi intentaba llegar a la capital para iniciar la búsqueda de Keishi antes que éste cometiera alguna locura.
-------------------
Las nubes se acumulaban sobre el cielo de la capital, traídas por un fuerte viento. La noche se hacía más oscura aún y su silencio era interrumpido por alguna sirena policíal o por las risas que salían de alguna casa en fiesta.
Keishi caminaba como ido por las calles de la ciudad. Había salido del hospital directo al dojo con una sola idea en mente. Se colocó un abrigo negro sobre el pantalón de tela del mismo color y la camisa celeste manchada con la sangre de Kaoru. Pasó antes por el dojo de kendo y sacó una de las reliquias que tenía guardada allí. Una espada con el filo invertido que por lo que sabía, era herencia de Kenshin Himura, su antepasado. Ató la funda de la espada a su cinturón y salió a toda prisa a la calle con su objetivo muy claro.
Encontrar y eliminar a cualquier costo el rostro de Shishio del modo que sea de este mundo. Haría justicia a su Kaoru.
Shishio... Shishio... siempre interponiéndose, siempre dañándola... entegándosela destrozada... Keishi siempre fue paciente para recuperar a la joven, pero ahora, en que ella.... No, no más... Shishio no volvería a dañarla nunca más y con sangre limpiaría la osadía de volver a tocarla y causarle tanto daño.
Habían pasado ocho horas desde que iniciara su búsqueda frenética. Ya eran la una con cincuenta de la madrugada del sábado y todavía no daba con el maldito. Sabía que llovería de un momento a otro... asi se lo indicaba la brisa que corría...
Se detuvo y compró algo de beber de una máquina expendedora. Habiendo saciado su sed, siguió la búsqueda. Sabía que daría con él y más que nunca Keishi se guiaba por su instinto.
Caminó por las calles de la ciudad a paso seguro. Nadie lo detuvo, nadie se interpuso en su camino. Un anciano que lo había visto a las once de la noche, murmuró que esa mirada solo era propia de quien buscaba problemas o bien, eliminar uno.
Estaba agotado horas después, pero no retrocedía... finalmente, cerca de la ribera del río divisó la figura de quien tanto odiaba y el aceleramiento de su corazón le indicó que era él a quien buscaba.
Bajo el puente, Shishio se había hecho una fogata. No pudo dormir por lo sucedido al llegar a su casa. Decidió salir entonces. La policia lo estaría buscando. Pero... buscarían a Shishio... no a un vagabundo de esos que viven bajo los puentes y con esa idea en mente buscó su nuevo refugio vestido como tal.
Keishi miró a Shishio fijamente. Esos andrajos que se había puesto no servirían de nada. Si comprobaba que efectivamente tenía la enorme quemadura en el cuello, acabaría con él.
Faltaban solo unos momentos para la llegada del amanecer, empañado por la gran cantidad de nubes que no permitirían apreciarlo. El rugido de una moto cortó el silencio, aunque Keishi no lo notó. Sanosuke había llegado a la ciudad y tenía orden de buscar a Keishi. Una fogata bajo el puente llamó su atención al pasar. Notando algo familiar en el gesto de una sombra que se acercaba al fuego, aguzó la vista y comprobando el rojizo de aquellos cabellos cortos ahora, encargó a Megumi que se quedase allí y llamara a Saito dando su ubicación. Él bajaría a la ribera para evitar que Keishi cometiera alguna locura. Pensaba que se quería arrojar al caudal.
Shishio volteó al sentir a alguien tras él.
-Toma tu arma y prepárate- le dijo Keishi con una voz fría capaz de hacer tiritar a una piedra. Shishio ni se inmutó. Sólo sonrió.- No soy como tú, que atacas a una niña indefensa.-
Shishio camino tranquilamente hacia un montón de papel de periódico y cartón y sacó el sable que pensaba enterrar dentro de un rato.
-Un error de cálculo me ha privado de obtener un exquisito manjar... - dijo el hombre harapiento, mofándose de la solemnidad de Keishi.
-Tu error de cálculo me ha privado de lo que mas he amado.- dijo Keishi.- ¡Tus malditos errores de cálculos afectan a la gente y la hacen infeliz!... ¡¡y el cielo es testigo de que me encargaré de que no vuelva a suceder!!-
Como si realmente se tratara de justicia divina, la lluvia comenzó a caer como torrente sobre la ciudad, precedida de un trueno.
Sanosuke finalmente se acercó a Keishi, escuchando la última frase que pronunciara éste. Y supo que Keishi no acabaría con su vida, sino con la de otro pobre diablo. No había que ser muy inteligente para darse cuenta que se trataba del tal Shishio y decidió observar lo que sucedía.
-No te metas, Sanosuke. Sé que estás tras de mí y por favor... esto es un asunto personal entre este malnacido y yo.- dijo el pelirrojo presintiendo a su amigo tras él. Los sentidos de Keishi estaban al máximo desde que se dedicara a buscar a Shishio y a pesar del cansancio, lejos de dismunuir, estaban aumentados.
-Está bien, amigo... pero... recuerda que tu familia conserva una costumbre que la primera Kaoru impuso... proteger la vida... -
Keishi no lo escuchaba. Concentrado en Shishio al cien por cien, se lanzó al ataque.
El primer golpe Shishio lo esquivó con cierta dificultad. No asi el segundo que le dio en la garganta, empujando hacia atrás. Si la espada hubiese estado por el lado afilado, Shishio no hubiera vuelto a ver amanecer.
-¡LEVÁNTATE, MALDITO SEAS!- gritó Keishi a Shishio caminando alrededor de él, mirándole desafiante.- ¡Te doy la oprotunidad de defenderte y de morir mirando de frente!-
Saito llegó en su auto hasta donde Megumi le esperaba. Las sirenas de la policía se escuchaban. Buscaban a Keishi y no tenían idea de que acabaría encontrándose con el hombre más buscado del momento. Enseguida bajaron al notar que una batalla se desarrollaba en la orilla del río. Megumi entonces fue abrazada por Tokio, su madre, diciéndole que entrara al auto y no siguiera mojándose.
-No, madre... por que he entendido que esta es una venganza por Kaoru... por lo que le hicieron, por haberle arrebatado su vida hermosa. Y por ella, voy a observar hasta el final.- dijo la ahora doctora.
Tomoe se acercó a Megumi.
-Yo te acompañaré, Megumi. Por Kaoru.-
Las dos mujeres bajaron por la ladera hacia el río sin importar el agua ni la oscuridad. Akira, en el auto, observaba a las mujeres desaparecer de su vista al bajar. Saito se quedó en la calle, mirando hacia el río. Por su pierna enferma, no podía bajar. Pero observaría también. Yahiko y Tubame estaban acompañando a Misao y Aoshi en algun lugar de la gran ciudad.
-Tenemos público- sonrió Shishio, incorporándose. – En ese caso, vamos a darles un buen espectáculo, ¿no?.-
Keishi le miraba impasible. Los policias trataron de acercarse a él, pero Sanosuke los detuvo.
-Por favor... permítanle arreglar este asunto a mi amigo. Les prometo que nadie morirá... pero él tiene derecho a vengarse por el hecho de que el tipo de la gabardina solo ha causado desgracias en la mujer que él más ha amado en el mundo y con quien iba a casarse mañana.-
Megumi y Tomoe llegaron junto a Sanosuke. Los policías decidieron esperar a que terminara la pelea que se estaba desarrollando frente a ellos.
Shishio bloqueaba los golpes de la espada de Keishi, pero no tenía tiempo de responder los ataques. Keishi en cambio asestaba golpe tras golpe, sin advertir que a pesar de todo se estaba cansando.
"No... no pelees a lo tonto, amigo Keishi" pensó Sanosuke. El agua seguia cayendo sin piedad sobre sus cabezas.
Un segundo... sólo un segundo y Shishio aprovechó el leve descuido de defensa en Keishi al demorarse un poco más en soltar su ataque.
Keishi cayó a tierra con una herida leve en el brazo. La espada se le hacía por momentos muy pesada, asi que optó por darla vuelta de una vez para matar a Shishio en el último golpe.
Pero al voltearla para usar el filo, ya no la pudo mover más porque se tornó sumamente pesada. Shishio se dio cuenta de que algo pasaba y aprovechó de dar un golpe al hombre estando éste indefenso. Keishi saltó hacia el costado, pero su pierna fue herida.
-Maldición... me equivoqué de arma.- se dijo el pelirrojo frustrado. No podía sostenerla y finalmente la espada cayó al piso. Shishio entonces se acercó a él. Sanosuke no podía comprender lo que sucedía, hasta que un mareo de esos que le daban producto de su diabetes y en los que generalmente recordaba cosas de "Sanosuke Sagara" le dio la respuesta.
-¡Keishi... gran estúpido... esa espada no está hecha para matar... si no para proteger!!...-
Keishi solamente podía esquivar los golpes de Shishio. Sanosuke aún no permitía que interviniera la policía. Confiaba en que ese era el deseo de Keishi y no se equivocaba.
Pero las palabras de Sanosuke trajeron una serie de nuevas palabras a la mente de Keishi. La prohibición autoimpuesta de matar. No podía hacerlo... no podría manejar la espada en la medida que su deseo siguiera siendo asesinar a Shishio... porque esos fuertes sentimientos no estaban acordes a los que la espada tenía en si.
Se olvidaba de su esencia... la protección. Él debía proteger a la sociedad de Shishio... a Kaoru... para procurar su descanso. Shishio le asestó un nuvo golpe, y Keishi con el salto que usó para esquivarlo nuevamente, se lanzó hacia su espada en el piso. La tomó y la guardó en su funda. Y se puso en una posición Batto.
-Por Kaoru... por su vida y por la mía.- murmuró como en una plegaría. Cuando Shishio se acercó para darle un nuevo golpe, Keishi sacó la espada a una velocidad imposible para su falta de filo, trazando frente a él un arco perfecto, alcanzando a Shishio en el brazo derecho y mandándolo literalmente a volar. Los policías no daban crédito a sus ojos. Sanosuke y Saito, desde sus puestos, sonreían. Megumi y Tomoe seguían solemnemente la pelea.
-Su vida siempre ha sido hermosa, siempre nos ha dado solo felicidad... y tú... tú nos la arrebataste- dijo Keishi, acercándose al cuerpo de Shishio. Éste se incorporaba con el brazo derecho roto.
-Por culpa de la existencia de esa "niña" yo no alcancé mi felicidad.- dijo Shishio- y así como tú quieres acabar conmigo por quitarte tu felicidad, yo quería acabar con la de ella por lo mismo. Asi que como ves, somos iguales.- sonrió Shishio.- Somos iguales, tratando de eliminar lo que se interpuso en nuestros caminos. Aunque de alguna manera las circunstancias te han favorecido... pero no me arrepiento de nada, porque este es el camino que he elegido. No pensaba matarla, sino saborearla un poco y divertirme, pero todo se ha torcido y aquí estamos... -
Keishi escuchaba atentamente a Shishio. Y se acercó a él con la espada en la mano.
-Vamos... mátame... me has roto un brazo... estoy listo para que acabes conmigo. Al menos tú eres más afortunado que yo y lograrás tu objetivo, ¿no?- El hombre acabó con una risa histérica que acalló al contemplar a Keishi al rostro.
-Nunca seré como tú. – escupió, dándose la vuelta. Quería matarlo, era cierto, pero eso no sería suficiente y de alguna manera entendió que la muerte para Shishio sería un descanso que de momento, no merecía.- Kaoru no buscó destruirte asi como tú a ella. Por eso no existe comparación alguna entre ustedes. Tal vez si entre nosotros.- reconoció.
El pelirrojo hizo un ademán a la policía para que se acercaran. Asi lo hicieron los oficiales, esposando a Shishio y murmurando que en la enfermería de la cárcel le enyesarían el brazo.
Al acercarse a Sanoske, se encontró con su mirada. Su amigo le puso una mano sobre el hombro y Keishi se permitió apoyarse en él.
-Estoy orgulloso de ti, Keishi. Kaoru no sería feliz si supiera que acabaste manchándote con sangre de ese animal.-
Keishi empezó a sollozar.
-Kaoru... Kaoru...-
Sanosuke lo separó un poco de él. Notó sus ropas manchadas de sangre bajo el abrigo. Tomoe y Megumi se acercaron al pelirrojo.
-¿Qué pasó con Kaoru, Kei? No alcanzamos a pasar al hospital, pero sabemos que la viste antes de venir aquí.- preguntó Megumi.
Entonces Keishi cayó sobre sus rodillas, llorando.
-Kaoru... mi Kaoru...-
Y acompañándolo, el cielo lloraba con él.
Arriba, los oficiales le leían sus derechos a Shishio. Saito, en tanto, enseñaba su carpeta con los papeles del caso anterior de agresión cuyo protagonista era el recién arrestado. Ahora que lo tenía... lo refundiría en la cárcel.
--------------
Keishi caminaba con un enorme ramo de flores blancas entre sus manos. Vestido impecablemente con un terno y corbata negros y una camisa blanca, los anteojos oscuros ocultaban sus ojos húmedos -debido a la emoción- ante sus amigos que en ese momento lo acompañaban. Su cabello corto y rojo brillaba bajo el sol de la tarde otoñal a medida que se acercaba al lugar donde reposaba Kaoru.
El silencio general se hizo cuando él llegó donde estaba el grupo esperándolo. Todos respetaban ese momento que era sólo para él y nadie hizo comentarios. Y precediendo al grupo de gente, Keishi finalmente ingresó con paso decidido y calmado al recinto.
Nadie faltaba. Estaban sus amigos y Keishi agradecía genuinamente su compañía en ese día. Sanosuke, adentro, acompañaba a un hombre vestido muy formal. Keishi se acercó a él.
- Está todo listo. Podemos empezar cuando usted diga, señor Himura.- le informó el hombre.
-Ahora me parece bien.-
El hombre ingresó a la habitación de paredes color crema donde estaba todo preparado para la ocasión. Las rosas, lirios y jazmines frescos y de colores vivos despedían un aroma especial, no pesado, ya que estaban en la medida justa para ser disfrutados. Cuando entró Keishi, seguido de los demás, Misao y Tsubame esperaban adentro, pues se habían encargado de preparar a Kaoru, quien lucía muy linda sentada en su camilla, esperando al amor de su vida.
Tenía el cabello recogido en una trenza adornada con las mismas flores que decoraban la habitación. Y para ser una habitación de hospital, no se veía para nada fría. Pues el color de sus paredes se veía muy animado con las flores junto a ellas. La joven vestía además una bata muy bonita de color blanco sobre el pijama. Ya que aún debería esperar una semana para salir del hospital, no podía usar otra cosa. Keishi pronto se acercó a ella, entregándole sus flores. Misao había hecho un trabajo notable en su cara, ocultando la palidez de su rostro mediante el maquillaje. Y se veía más bonita que nunca.
Keishi hubiera esperado a que Kaoru saliera del hospital para casarse, si no hubiera sido porque el juez con el que había hablado tenía solo ese día libre. Lo otro era esperar hasta el próximo año y Keishi de eso no tenía ganas. Y como Kaoru por esos días se recuperó lo suficiente, estuvo de acuerdo con Aoshi y los médicos en realizar el matrimonio civil allá. Pero los médicos pidieron a los invitados guardar silencio para no perturbar a los demás enfermos. Afortunadamente Kaoru estaba sola en la habitación de dos personas ese día.
El juez se acomodó las gafas y leyó de su libro los deberes conyugales de apoyo mutuo y esas cosas. Luego pidió a los novios que firmaran el libro, después de lo cual, Keishi colocó una alianza dorada en Kaoru y recibiendo la propia. Después firmaron los testigos, entre los que se contaban Sanosuke, Tomoe, Kakunoshin y Misao. Entonces el juez dijo que estaban legalmente casados desde ese momento y les deseó prosperidad y paz. Todos los presentes aplaudieron, a pesar de las súplicas de los doctores. Pero con la emoción, hasta ellos acabaron vitoreando a la pareja.
Bebieron sake e hicieron una mini celebración por la pareja. Keishi dispuso el dojo para sus amigos para que celebraran por él allá. Él se quedaría esa tarde con Kaoru.
Todos se despidieron de la pareja de recién casados y se retiraron al dojo, donde Aoshi sería el anfitrión. Diciendo que cuando se casaran a la manera tradicional, todos hablarían de la fiesta que él daría y que sería, como diríamos nosotros, a todo reventar.
Cuando se dirigían al dojo, Tomoe escuchó a Sakura dirigirse a su padre.
-Papá... ¿notaste lo linda que se veía la novia?-
-Claro que si, hijita. Ella es linda porque es muy buena.-
-Oh... entonces tú debes ser el hombre más bueno del mundo, ¿verdad, Tomoe? A que mi papá es un hombre muy guapo.-
Tomoe miró con simpatía a Sakura. Era una chica muy abierta.
-Claro que lo es, Sakura.- dijo la maestra, dejando boquiabierto a Akira quien ni siquiera se atrevía a mirarla.
-Oye, Tomoe... gracias por invitarme a mí también a esta boda. Ha sido extraña... no es como las que se ven en la tele, pero me ha gustado mucho.- dijo la chica entusiasmada mirando a Tomoe. Era tan bonita... ya quería ser ella así al crecer.
-Me alegro, Sakura, que te haya gustado. Quienes se casaron se aman mucho desde hace tiempo y pienso que merecen, más que nadie, ser felices. El hombre pelirrojo es el mejor amigo mío y de mi hermano. Y la joven fue alumna mía durante algun tiempo.-
-¿Ya... entonces los conoces hace mucho?el pelirrojo se veía jovencito... ¿Cuántos años tiene? ¿21?-
-No... tiene 31.- respondió Tomoe. En ese momento Sanosuke la llamó para que se uniera a él y a Enishi quien también había asistido, para tomarse una foto. Ella se adelantó, dejando a Sakura y Akira solos.
-Es muy bonita, ¿no papi?. Hace muy buena pareja contigo.-
Akira se atragantó con algo.
-No digas esas cosas, Sakura. Ella es mi maestra. Eso no puede pasar entre nosotros.-
-Papá... no creas que soy tonta... si ella no fuera tu profesora, hace rato que hubiera saltado sobre ti. Te mira de la misma manera en que mamá mira a mi otro papá.-
-Sakura... - dijo Akira más animado.- en junio termina mi semestre con ella. Te prometo que desde el día que terminen las clases, la cortejaré como es debido. Pero ahora, si lo hago, puedo meterla en problemas. Además, de momento requiero toda mi energía para montar mi ferretería y tener algo más que ofrecerle. Y para contribuir a tus estudios.-
----------------------
Keishi se acomodó en la cama del hospital, junto a Kaoru. Hacía dos días le habían quitado el respirador artificial. Pero aun mantenía en sus manos las agujas del suero que recibía. Estaba más delgada, sin duda. Pero viva, como nunca antes. Y bella con su extraño atuendo para casarse.
La joven se apoyó en él. Estaba cansada.
-Fue lindo, Keishi. Gracias por todo.- murmuró.
-Es poco comparado con lo que te mereces realmente.- respondió el pelirrojo.
-No quiero nada más que estar contigo el resto de mi vida... -
Kaoru cerró los ojos y acomodó la cabeza en el pecho masculino.
-Cuando te pongas bien, nos iremos a ver casas a Nara.- dijo Keishi.
-No es necesario, amor... de verdad. Nuestro hogar está en el dojo Himura. ¿Sabes? Antes yo pensaba que no quería casarme porque sentía que no podría hacer frente al hecho de estar sola, contigo lejos de mis padres. Pero papá me abrió los ojos. Ahora empiezo una vida nueva, en un lugar donde formaremos a nuestra familia. Sé que extrañaré a la mía, pero... sé que tú eres feliz en tu dojo dando clases. Yo me adaptaré a ti y haré de Tokio mi hogar. Tal vez todo lo que ha sucedido me ha hecho darme cuenta de quien soy, de cómo soy y de mis errores. Siento que he madurado un poco más y por eso he podido aceptarte sin dudas ni temores. Hasta antes de volver a verte y un poco después, te consideraba en cierta forma un monstruo, por haber tenido relaciones conmigo. Pero después supe que yo te obligué, sintiéndome otra persona. Ahora entiendo que eres quien, a pesar de sus errores, intentaba hacer mejor el mundo para mí... sé que me cuidas, me proteges y me guias... y yo pensaba que era tu deber... pero ahora, con lo que sé sobre mí, quiero cuidar de ti y protegerte también. De mis defectos... de todo lo malo que pueda suceder. – dijo Kaoru con calma, viendo como poco a poco la oscuridad invadía la habitación y la noche caía sobre la ciudad. Keishi, conmovido, la abrazaba con cuidado. Él día anterior ella le había contado sus recuerdos sobre Shishio, la verdad sobre él y Keishi se alegró más que nunca de no haberlo matado –Keishi, esa es mi promesa para ti.-
El hombre cerró los ojos, relajándose. Y comprendiendo que finalmente había llegado el día que por tanto tiempo esperó.
El día en que Kaoru se entregara a él por voluntad propia. No por sus recuerdos de niña, ni por ser reencarnación de otra Kaoru. Ni porque él la amara. Kaoru quería estar con él porque así era su deseo. Porque así nacía de ella. Porque cuando tuvo que escoger entre luchar por vivir o dejarse descansar del dolor, ella decidió seguir adelante, sin importar los dolores que vinieran ni las operaciones, para tener el placer de volver a sentir a su ahora esposo cerca de ella.
Había valido la espera, la paciencia, la educación... el dejarla ser ella misma, el verla crecer y madurar. Keishi pensó en sus deprimentes escritos sobre ella cuando empezaba a amarla. Y de pronto entendió que en él no cabía tristeza alguna y que toda la angustía y lágrimas por él vertidas se cambiaban en sonrisas de las que abundarían en el futuro. Él era afortunado, más que ningún otro, porque estuvo en todo el proceso de madurez de Kaoru y además, disfrutaba de ello.
La joven se quedó dormida. Uno de los médicos entró al cuarto y mirando a Keishi, le hizo entender que ya se había acabado su tiempo con la joven. Levantándose con cuidado de la cama y rozando los labios de Kaoru, salió de la habitación del hospital murmurando innumerables promesas.
----------------
Antes de salir del hospital, Kaoru pasó a despedirse de sus queridos niños.
-Regresa pronto, Kaoru.- le dijo una de las enfermeras del nivel de pediatría.- Les haría mucho bien a esos niños si te pasas por aquí nuevamente y les enseñas a pintar.-
-Será un placer.- le sonrió Kaoru. Guiada por Keishi en la silla de ruedas, la joven sentía como su pecho se hinchaba de emoción al salir a la calle nuevamente y regresar a su casa. Aun tendría que pasar por lo menos una o dos semanas más en cama. Y después, durante más de seis meses no podría hacer esfuerzo alguno, además de portar una faja cuando estuviera incorporada, porque ese tiempo tardaría la herida de su abdomen en sanar, en parte. Y era muy peligoso que se abriera nnuevamente. El médico le recomendó usar con cuidado los anticonceptivos, porque de momento, no era recomendable que se embarazara.
Kakunoshin, su "abuelito", la esperaba en el auto. Kaoru se incoporó con cuidado de la silla de ruedas, ayudada por Keishi e ingresó al vehículo.
Ya en casa, Kaoru aspiró el aire. El día anterior había llovido nuevamente. La tierra húmeda del jardín despedía aromas agradables para ella. Keishi la acomodó en la habitación y agradeció a su padre el haberlos traído. Éste prometió regresar al día siguiente con Omasu para atender a la convaleciente mientras Keishi estuviera trabajando. Por lo demás... dentro de una semana más sería el juicio contra Shishio y se requería la presencia de Kaoru allí, como testigo y víctima.
-Hola, amor.- saludó Keishi al entrar en la habitación con una gran sonrisa. Traía varias revistas entre sus brazos.
-Hola, pelirrojito.- dijo Kaoru recostada.
-Te traje diversión mientras preparo algo de comer. Aunque si quieres solo dormir, no me enfadaré.-
-Gracias, mi amor.-
Keishi se sentó junto a ella.
-¿Crees que sobrevivirás a la convalecencia?... bueno, ya has pasado por esto antes, ¿no?-
Kaoru entonces recordó. Y agregó luego.
-Cuéntame cuentos y sobreviviré a lo que sea. O léeme tu último libro.- pidió la joven. Keishi asintió.
-Después del almuerzo empezaré. Prepárate, Kaoru, porque... en este último tiempo he estado muy creativo y he escrito más que nunca. Sobre mi último libro... mi editor revisó los dibujos que enviamos antes de... de lo de Shishio y prometió incluírlos. Por ahora te leeré de mi copia personal.-
-¿Es la historia del pelirrojo que me cuidaba de niña?-
Keishi se sorprendió.
-Pensé que lo habías olvidado... después de que te pensabas ser otra Kaoru, no lo volviste a mencionar.-
-Pero lo recordé nuevamente. Él era el héroe de mis sueños... y tan pelirrojito como tú. Pero tenía el cabello más largo. Oye... ¿por qué no te lo dejas crecer? Yo te lo peino.-
--------------------
Shishio fue condenado a cuarenta años de prisión, por intento de violación e intento de homicidio contra la ciudadana Kaoru Kamiya de Himura. Además, intento de Homicidio contra el ciudadano Aoshi Shinomori. Esto se agravó ante la premeditación de los últimos delitos y el haberlo hecho en la residencia de Kamiya.
A Kaoru se le quebró varias veces la voz mientras contaba al jurado que Shishio no siempre fue el demonio que era actualmente. Sin embargo, no justificó sus acciones violentas contra ella. Menos aún al evidenciar las secuelas sicológicas después del intento de violación y de lo que había sucedido ahora último. Además de las físicas.
Shishio escuchaba la declaración de Kaoru con la cabeza baja. Aunque miraba a Keishi con un odio justificado por el yeso de su brazo. Los policías declararon que esa herida se la provocó Keishi haciendo uso de su derecho a defenderse contra el ataque.
Cuando Shishio fue esposado, se volvió para mirar a Kaoru por última vez.
-Adios, Kaoru.-
-Adios, Shishio.-
-Hubiera sido diferente, realmente, si ella me hubiera amado. A mí no me importaba que no fueras mi hija... pero tu madre hizo su elección y yo hice por eso las mías. No te pido perdón, porque es también parte de mi elección. Pero este es el adios definitvo entre nosotros.Tengo cuarenta y dos años. De aquí, vivo no voy a salir. Pero como lo dije antes... es mi elección. Un error de cálculo, pero elección mía al fin y al cabo.-
Shishio entonces se volvió. Y los policías se lo llevaron hasta la que sería su nueva morada de ahora en adelante.
Kaoru por su parte, desde entonces, no tuvo más pesadillas con él. Todo había terminado y la falta de Shishio formaba parte de su nueva vida.
-------------
Rurouni le ladraba a la luna, como siempre que la veía en lo alto del cielo. Keishi besaba a Kaoru, sobre la cama, y le repetía lo feliz que era con ella. Y ella intentaba quitarse la faja de una vez para ponerse el pijama y dormir cómodamente.
Pero él no se la ponía fácil.
Finalmente Kaoru logró vestirse para dormir. Su vida aún era limitada, pues no podía reírse a carcajada limpia como le gustaba, pero al menos, estaba muy viva, recuperándose bien.
Keishi pensaba lo mismo. Eran afortunados, sin duda. Vivían en un lugar tranquilo, estaban haciendo nuevos amigos y tenían, entre ellos, la verdadera fuerza del amor.
-¿Qué cuento me lerás esta noche? Quiero uno romántico y con final feliz.- dijo con inocencia Kaoru.
Keishi alargó una mano bajo la almohada, dando con un montón de hojas impresas esa tarde.
-Bueno... hay mucho que leer, realmente. Muchas palabras, muchas historias. Pero ninguna, Kaoru, como la nuestra.-
Kaoru se olvidó de su cuento nocturno. Abrazó a Keishi por el cuello.
-¿Y la nuestra tiene final feliz? Quiero que tú tengas un final feliz.- murmuró, posando sus labios sobre los de su esposo.
Keishi guardó las hojas nuevamente.
-En la medida que estés conmigo, mi presente y mi futuro son felices. Y por haberte conocido, sé que mi final, sea como sea, será feliz, porque mi último pensamiento será sobre ti. Porque sé, Kaoru, que tu nombre, tu imagen y recuerdos sobre ti significan para mí "por siempre mía". Y eso, para mi, es una verdad tan cierta como que el sol saldrá mañana nuevamente.-
Keishi se fundió en un beso con Kaoru. Y apagando la lamparita de noche, se dedicó a demostrarle la verdad de sus palabras con sus caricias, logrando unirse a su cuerpo y ser momentáneamente uno con ella. Luego le repitió cuanto la amaba.
Y no fue tan solo entonces, sino en cada una de las noches y días que siguieron.
---------------------
El día del Amor
Día gris, sin ilusión
donde va mi corazón.
Necesito descansar,
Este no es un día más...
Sola, desolada...
esperando el sol.
Anímate, que lo malo pasa.
Así es la ley, esa es la verdad.
Porque no hay mal que cien años dure..
Espera con valor, el día del amor..
Qué más da como te va.
A veces bien, a veces mal
Nada que hacer, sólo esperar,,
sabe Dios lo que vendr
Sola, desolada...
esperando el sol.
Anímate, que lo malo pasa..
Así es la ley, esa es la verdad.
Porque no hay mal que cien años dure.
Espera con valor, el día del amor.
Oh,oh... Oh,oh...
Roxette.
Disco "Baladas en Español"
-------------------
Enero. Año 1892.
Kenshin terminaba de acomodarse para dormir. Enseguida sintió sobre su brazo la cabeza de Kaoru. Ese día el hombre de 40 años estaba especialmente meditabundo.
Su esposa pronto lo notó.
-¿Te sucede algo, Kenshin?-
-Ehh... bueno... - el hombre volvió el rostro hacia ella.- tuve un sueño anoche.
-¿Y qué soñaste?- le preguntó.
-Soñaba que te buscaba. Te buscaba siempre. A veces eras diferente de cómo eres hoy. Pero yo te reconocía igual.-
Kaoru rió quedito.
-Tienes sueños extraños, Kenshin... pero me gustaría pensar asi. Que siempre podrás encontrarme.-
La mujer sintió su mano sobre el pecho de Kenshin, ser atrapada por una de las de él.
-Claro que siempre podré encontrarte. Lo hice un poco tarde quizá en esta vida. –
-¡Pero si hubieses llegado antes, me hubieras visto en pañales!-
Kenshin rió.
-Espero que para nosotros nunca sea tarde. Y el cielo me cuide de no reencarnar y encontrarte como una niña siendo yo un adulto.-
-Jajajaja... Kenshin... ¿y si soy yo mayor que tú?-
-Bueno... me da igual si eres mayor o menor que yo. Aunque si eres menor, yo esperaría a que crecieras.-
-¿De verdad?-
-Si. De verdad.-
Kaoru miró fijamente a Kenshin.
-No me había dado cuenta antes...-
-¿De qué cosa?-
Kaoru entonces sonrió.
-De que tus ojos tienen el color de un atardecer en el mar.-
-------------
Junio, año 2121.
El pequeño Koru de diez años era un chico muy alegre. Cuando sonreía, que era la mayoría de las veces, sus ojos azules despedían chispas. Su cabello negro estaba siempre revuelto y ya se notaban sus sentimientos nobles. Siempre defendia a sus compañeritos más débiles de los matones que no faltaban.
Ese día, durante el recreo, decidió ponerse en un escenario virtual de samuráis para entretenerse. Era su fantasía favorita al jugar y con sus amigos hicieron equipos para recrear una de las guerras del fin de la era Edo. Él pertenecería a los Ishin Shishin. Pero había dicho que él no mataría a nadie. A pesar de cumplir su palabra y de solo defenderse con la espada de luces (cuando la luz inofensiva permanecía dos segundos sobre su cuerpo, se supone que era "herido" y dejaba una marca roja sobre la ropa y cuatro segundos era "muerto"), cayó herido.
Dos de sus amigos, Sagara y Makimashi, lo arrastraron hasta una cabaña, también virtual, donde estaba la enfermera que cuidaría de él.
Cuando apareció la enfermera, Koru la miró con curiosidad. Tenía el cabello tomado en una coleta baja y era de color rojo. Cuando ella se volvió a mirarlo, Koru notó el inusual color de sus ojos. Violeta.
-Hola. Soy Kenko y te atenderé.- dijo la niña de ocho años, sonriendo. Puso unas hierbas sobre la "herida" de Koru, quien recordó el mar que había visitado hacía una semana con sus padres al mirar nuevamente esos ojos.
De pronto la fantasía virtual terminó abruptamente y la enorme sala de juegos volvió a ser de color azul. Un profesor anunció el fin del recreo.
-¿Eres nueva, Kenko? No te había visto antes.- dijo Koru, acompañando a la niña hacia la salida.-
-Si. Hoy es mi primer día de clases aquí. Fue un agrado ser tu enfermera aunque haya sido por diez minutos.-
La niña le ofreció la mano. Koru se la estrechó. Y dijo:
-Lo mismo digo. En el próximo recreo la historia continúa. Yo volveré a la cabaña porque estoy "herido". ¿Seguirás siendo la enfermera?-
-Te aseguro que cuando vuelvas, me encontrarás. Y estaré contigo.- respondió la niña, entrando a su sala de clases.
Koru pensó que era muy amable y bonita. Más que sus fastidiosas compañeras de curso. Esperó ansioso el recreo y cuando se inició, corrió a la enfermería virtual que se veía en el escenario, en el salón de juegos. Kenko ya estaba allí.
-¿Me esperabas?- preguntó intrigado. Kenko sonrió.
-Te lo prometí, ¿no? Y cuantas veces vuelvas, me vas a encontrar aquí, esperándote.-
Koru miró a Kenko. Y de alguna manera especial supo que decía la verdad. Y sonrió también.
---------------------
¿FIN?
---------------------
Fin acto 14. Noviembre 19, 2004
Intento de final historia "Por Siempre mía".
Notas de Blankaoru.
No diré nada. Solo que dudas, preguntas... aclaraciones, todo será respondido en el epílogo de esta historia. Sobre la canción que incluí, me pareció apropiada para el fic en general... es muy bonita y la escuché durante el tiempo que redactaba el final.
Aun no decido si pondré el epilogo la proxima semana o seguiré con el orden que debieran tener mis historias para aparecer con un capítulo nuevo. Como notarán, excepcionalmente publiqué en vez de poner la historia de Misao, una chica en apuros que es la que corresponde a esta semana. Pero cuando llega la inspiración, es mejor no cuestionarse y aprovechar el momento.
Sobre el epílogo, sería sobre Keishi y Kaoru, en el año 2004, en nuestros días.
Bueno, no me extiendo más. Porque toy cansadita y esas cosas. Otra cosa. El domingo me confirmé... creo en Dios y profeso la fe católica. Fue un momento muy lindo para mí y creo que hasta estoy feliz. Un beso a todos.
Reviews.
little mary-chan, gracias por tus halagos y acá tienes el final... uf... creo que son los capítulos que más me cuestan mientras pienso en como sería mejor... en fin... lo intenté, ¿no?.
Mari: Bueno, me tenté de matarla, pero, yo había prometido final feliz y tengo que atenerme a a mis promesas. Asi que la niña vivió... y parece ser que van a ser bien felices.
Kaoru Hino: jajaja... tu review me sacó algunas risas, está muy lindo. Gracias, gracias.
Onashiru: JAJAJA... fue sin querer otro intento de song-fic. Pero esa canción de Roxette me pareció adecuada para expresar lo que fue el fic en general. Un besote. Ojalá que te guste.
Kaoru Himura: qué bueno que te gustó el dibujo. Espero que este capítulo no desmerezca y llene en algo tus expectativas. Un beso y gracias por tus palabras de aliento en el review.
Giuliana: jejejej... dice que no hay mal que por bien no venga y si asi Kaoru ha descubierto que su lugar, sin duda alguna es junto a Keishi, no estuvo tan malo, ¿o si?-
Saiko Katsuka: Qué bueno que te gustó el capítulo aunque Sano y Meg no hubo tanto. Ahora menos... pero en fin... jejeje, besos!!
Karura: bueno, acabó más o menos feliz, ¿no? Atenta al epílogo.
Mikomi Shinomori: Guaus... y no terminó en tragedia. Me gustan los finales felices todavía. Un besote, amiga.
Gaby (Hyatt: Deseo concedido. .
Kao Chan: ojalá y te llegue en el correo. Un besote.
Kaoru Himura: sep... aunque quizá en el epílogo ponga el ultimo lemon de la historia.
Naoko L- K: gracias a ti por tus comentarios. Y me alegra saber que el dibujo también te hizo feliz. Un besito, amiga.
Chi2-chan: Bueno, puedo acabar el capítulo donde me plazca y hacer infelices a las lectoras. Como luego me viene el arrepentimiento, escribo finales tan largos como este, haber si asi me redimo. Un abrazo.
Mer1: jejejeje... guaus... que review... o.o. gracias por el tiempo que te tomaste al escribirlo. Realmente lo aprecio mucho. También las palabras de ánimo. Ya estoy mucho mejor.Un besote y un abrazo.
Saludos a Justary san, Kirara26 y bueno... a todos quienes leen y no dejan review. Un besote.
Blankaoru.
