Los personajes de Rurouni Kenshin, no me pertenecen. Sólo los tomo prestados para mi entretenimiento y espero el suyo.

CAPITULO XIV

.-.*.-.*.-.*.-.*.-.*.-.*.-.*.-.*.-.*.—. La Decisión .—.*.-.*.-.*.-.*.-.*.-.*.-.*.-.*.-.*.-.

Kenshin le tendió un regalo.

—Espero te guste.

Kaoru abrió el pequeño estuche y descubrió una cadena con un hermoso dije en forma de flor de sakura.

—Pensé que te recordaría a tu madre.

Kaoru tomó la cadena y observó a Kenshin.

—Gracias. Es un regalo muy especial.

Kenshin asintió y tomando otro empaque, mucho más grande, se lo dio a Kaoru. No fue hasta que ésta lo desenvolvió, que quedó claro qué era.

—Un arco. —Kaoru trazó con sus dedos los detalles en la madera, era el arco más hermoso que había visto.

—El tuyo se rompió el día que te atacaron y sé lo mucho que disfrutas de la arquería. Lo vi y supe que era perfecto para ti.

Una lágrima rodó por la mejilla de Kaoru y observó a Kenshin. Frente a ella se encontraba un hombre con la suficiente sensibilidad para regalarle una joya que le recordara a su madre; y que la aceptaba tal y como era, quedando demostrado esto, al regalarle él mismo un arco.

Y para Kaoru en ese instante, todo quedó claro.

Estaba absoluta e irrevocablemente enamorada de Kenshin Himura.

Lo amaba con todo su ser.

Kenshin, que había estado observando atentamente a Kaoru, la vio palidecer.

—¿Te encuentras bien?

Kaoru escuchó las palabras de Kenshin como si se encontrara lejos de ella, como si no los separaran simplemente unos cuantos pasos. La enormidad de lo que había descubierto la dejaba temblorosa.

Todo su ser se había paralizado. Su corazón dejó de latir por lo que pareció un instante, para luego iniciar su marcha infinita, pero no igual que siempre, pues un conocimiento pesaba ahora sobre sí. Uno que al mismo tiempo le ocasionaba alegría pero también la aterraba.

—Estoy bien —le contestó a Kenshin.

Analizar con detalle lo que acababa de descubrir, las implicaciones que traería consigo, era importante. Una revelación como esa, no venía sola. Muchos cambios tendrían que darse. Dos palabras, cortas, pero que significaban mucho debían decirse.

Tenía tanto en qué pensar y sobre qué decidir, pero éste instante no era el momento, no cuando Yahiko y sobre todo Kenshin, la observaban atentamente.

Enterró esas emociones dentro de sí. En la soledad de su habitación, las dejaría salir y pensaría que haría sobre ello.

—Gracias por el arco. —Kaoru sonrió. No quería intranquilizar a Kenshin—. Es maravilloso, me encantaría probarlo ya.

Kenshin rió.

—Lo imaginaba. Por ello te tengo las flechas preparadas e hice que acondicionaran una zona en el jardín, especial para que practiques.

—Gracias por hacer todo esto por mí —Kaoru le agradeció.

Kenshin se mostraba complaciente con sus deseos y como lo demostraban sus palabras, empezaba a conocerla profundamente. Esto, junto con sus miradas llenas de algo que ella esperaba fuera amor, junto con su pasión, le decía que había esperanzas y que amar a Kenshin no significaba que fuera a salir herida.

La cadena descansaba sobre la mesa, donde Kaoru antes la había puesto para abrir el regalo que fue el arco. Kenshin se acercó a Kaoru.

—¿Me permites? —le preguntó.

Kaoru tomó la cadena y se la dio a él.

Kenshin apartó con cuidado su cabello, que se sentía como seda entre sus manos, dominó el impulso de enterrar fuertemente sus manos entre sus cabellos e inhalar el aroma floral que desprendían. Abrochó la cadena que quedó sujeta en el esbelto cuello femenino.

Kaoru se dio la vuelta y observó los ojos dorados.

—Gracias, Kenshin. Ambos regalos han sido maravillosos.

Cuando se había enterado de que el cumpleaños de Kaoru, estaba próximo, pensó cuidadosamente sobre qué regalarle. Lo que se acostumbraba y se esperaba, era una costosa joya. Sin embargo, Kenshin estaba seguro que ese no sería el regalo adecuado para Kaoru.

Kaoru estaba sobre esas mujeres cuyo interés en sus esposos, residía en cuán generosos fueran con sus regalos. Además, para Kaoru una joya no significaría nada, no había vanidad en ella y una fría piedra, sería eso para Kaoru, una piedra sin valor.

Un observador diría que el esfuerzo que había puesto en encontrar los regalos perfectos para Kaoru, demostraban cuán importante era ella para él, quizás éstos regalos eran una forma de demostrar cuánto la amaba.

Pero para Kenshin, encontrar los regalos adecuados para Kaoru, sí era una forma de demostrarle cuánto le importaba, más que eso, era realmente una forma de agradecerle lo que hacía por él, llenar su vida oscura de luz, merecía que él tomara el tiempo y encontrara los regalos perfectos.

La luz en los ojos azul profundo y la amplia sonrisa, le demostraban que había acertado en sus elecciones. Y eso lo alegraba profundamente. Había encontrado regalos que significaran algo para ella.

Para Kaoru, este día fue diferente. No estuvieron con ella sus primas y tío, pero ahora con ella estaban dos personas muy especiales; Yahiko, el pequeño niño al que adoraba como a un hermano; y Kenshin, el hombre al que amaba.

Cuando ese día terminó y llegó a su habitación, supo que era el momento de pensar en lo que haría. ¿Debería decirle a Kenshin que lo amaba? Fueron muchos los escenarios que conjuró su mente y al final, tomó una decisión.

Fue un largo debate consigo misma y realmente no sabía si era la decisión correcta, pero desea aferrarse a la idea de que lo era, pues pensar en lo contrario, traería consigo demasiadas implicaciones, las cuales no se encontraba en condiciones de manejar.

No le diría a Kenshin que lo amaba. No aún. Una de las razones que se daba para ello, era que no pensaba que Kenshin se encontrara preparado para escuchar éstas palabras; temía que decirlas, lo alejaran, pues consideraba que aún era demasiado pronto.

Pero quizás la razón más importante por la que callaba, es que era una cobarde, temía salir herida. Que Kenshin escuchara sus palabras y no respondiera nada a ellas, significaría un duro golpe. Temía su rechazo. Kaoru no consideraba que era lo suficientemente fuerte para soportarlo.

Callaría lo que ahora era su mayor secreto: Su amor por Kenshin. Pero, ¿por cuánto tiempo? Quizás hasta que llegara el momento adecuado, o tal vez cuando la profundidad de éste amor, no pudiera seguir oculto y lo revelara aún a pesar de los temores.

La mañana comenzó como cualquier otra. Los tres se encontraban desayunando en el comedor, Yahiko comía más deprisa de lo normal, ya que quería ir a jugar con Po.

Kaoru sonrió y miró a Kenshin quien también sonreía al observar el comportamiento de Yahiko, ninguno pensó en decirle nada, pues el chico estaba siendo sólo eso, un niño.

Para Kaoru, todo se acercaba bastante a la perfección. Eran como una familia. La sonrisa cómplice que había compartido con Kenshin alegraba su corazón.

Un sirviente se acercó hasta la mesa y le dio a Kenshin una carta que recién llegó. Los gestos del rostro de Kenshin le revelaron que él mismo se sorprendía de la carta y Kaoru supo que se trataba de algo grave cuando todo gesto de diversión, se borró de su rostro.

—¿Qué ocurre? —Su silencio le había provocado una terrible inquietud.

—Kamburry ha sido atacado —le contestó Kenshin.

Kamburry era un pueblo que se encontraba en los límites del reino. No era un pueblo grande, pero sí muy tranquilo; la principal actividad de sus habitantes era la agricultura, así que un ataque a este pequeño pueblo no tenía ningún sentido para Kenshin.

—No lo entiendo —Kaoru lo miró—. ¿Por qué alguien querría a atacarlo?

—No lo sé, pero lo averiguaré. —Kenshin se dirigió al sirviente que le había dado la carta y que ahora esperaba por instrucciones—. Dile a Katzu que se prepare junto con otros 15 soldados, partiremos hoy mismo.

El sirviente se retiró, diligente a cumplir la orden que le había sido encomendada.

—Discúlpenme —pidió Kenshin, poniéndose de pie—. Debo prepararme para el viaje.

Kaoru no pudo decir ni una sola palabra, pues Kenshin se retiró antes de que supiera qué decirle.

Un denso silencio cubrió el comedor.

—Estará bien —le dijo Yahiko—. Él siempre regresa.

Kaoru supo que Yahiko ya había pasado por esta situación antes y a pesar de que sonaba seguro, podía sentir en sus palabras el pequeño temor, de que ésta vez fuera diferente.

—No te preocupes Kaoru, nadie es mejor que Kenshin. Él regresará, estoy seguro.

Kaoru realmente lo esperaba, pues no sabría qué haría se algo le ocurriera a él. Y es que como había pensado antes, su corazón no sabía amar a medias, sabía que Kenshin sería el único hombre al que amaría. Su amor por él era tan profundo y llenaba tanto su corazón, que no podría ser de otra manera.

Amaba a Kenshin con cada fibra de su ser y si algo le ocurría, sabía que ella moriría lentamente.

Se puso de pie rápidamente, necesitaba verlo, estar a su lado. Decirle… ¿Qué lo amaba?

Se despidió de Yahiko y subió presurosa hacia las gradas que la llevarían hasta la habitación de él.

Cuando Kaoru entró en la habitación, Kenshin ya casi había terminado de empacar sus ropas, mantas y aquello que ocuparía durante el viaje. Los alimentos y el agua estaban siendo preparados en la cocina.

—¿Qué ocurre?

Kenshin observó a Kaoru, apenas se había alejado algunos pasos de la puerta y se le notaba nerviosa.

—Yo…

Kaoru negó con la cabeza. Había sido un impulso lo que la había llevado a la habitación de él, pero ahora, estando frente a él, no sabía qué decirle. ¿Debería confesarle ahora sus sentimientos?

Tenía miedo de revelar lo que sentía, aún no se sentía preparada para decir en voz alta, lo que en su corazón ya era un grito. Además, ¿estaba preparado Kenshin para escucharlo?, ¿Sería lo correcto decírselo ahora, cuando él estaba a punto de partir para enfrentar posiblemente una batalla?

Su mirada se fijó en la ropa sobre la cama, tenía miedo de que no regresara, de que algo le ocurriera. Quizás algo de ese miedo se reflejó en su rostro, pues Kenshin se acercó a ella.

—Estaré bien, lo prometo.

Kaoru se pegó a su cuerpo, descansando su frente sobre el pecho masculino.

—No puedes prometer eso —le contestó Kaoru—. Nadie puede.

Kenshin la envolvió entre sus brazos. Nunca nadie había expresado preocupación por él cuando partía a una batalla. Yahiko quizás la había sentido, pero jamás le había dicho nada. Su interior oscuro se llenó un poco de luz con esto. Kaoru era la única capaz de hacerle sentir así.

Kaoru se dejó envolver entre sus brazos. Éste instante sólo era de ellos. Ella quería aferrarse a él y negarse a dejarlo marchar.

—No vayas… —le susurró.

Kenshin se tensó un momento y luego suspiró, sus ojos dorados mostraron pesar.

—Lo lamento, pero debo hacerlo. Es mi responsabilidad.

Kaoru cerró los ojos queriendo decir que no era cierto. Pero la realidad era otra, como un noble y señor del castillo, él debía ir a aquellos pueblos en los que se requiriera de su presencia, las riquezas llevaban responsabilidad con ellas.

Kenshin se separó de Kaoru, quería verla a los ojos, a pesar de que por primera vez no quería partir. Partir significaría alejarse de Kaoru, de su aroma, su calidez; se privaría de sus miradas, de sus sonrisas y del exquisito sabor de sus labios, de su piel.

Los ojos azul profundo se encontraron con los dorados.

—Nunca he roto una promesa.

La mano masculina acariciaba la suave piel de la mejilla femenina; en las noches, cuando estuviera lejos de ella, quería recordar la textura de su piel.

—¿Nunca? —Kaoru preguntó en un susurro.

—Jamás, y prometo que regresaré a tu lado.

Kaoru atesoró en su corazón éstas palabras. Confiando en que él jamás tuviera que romper una promesa.

Kenshin vio que sus palabras habían tranquilizado a Kaoru, y se sintió aliviado, no deseaba verla afligida por su seguridad.

—Confía en mí, soy demasiado bueno para dejar que alguien me hiera —Kenshin le dijo con una sonrisa.

Kaoru también sonrió.

—¿No es un poco engreído ese comentario?

Kenshin se encogió de hombros.

—Es la verdad.

Kaoru dejó de sonreír y tomando la mano de Kenshin entre las suyas, lo miró a los ojos.

—Cuídate mucho, por favor… —le rogó Kaoru.

—Shhh… —Kenshin puso un dedo sobre sus labios—. No te preocupes más. Antes de que te lo imagines, estaré de regreso y continuaremos con nuestras citas.

—Y yo te estaré esperando impacientemente —Kaoru le sonrió.

Kaoru guardó para sí las palabras de amor. No era el momento, lo sentía dentro de su corazón. Pero también sentía que muy pronto, ese momento llegaría. Y cuando ese momento llegara, ella ya no callaría más su amor.

Las palabras fueron insuficientes ya. Las emociones demasiado intensas y a flor de piel. La necesidad de contacto más exigente. La distancia que los separaba, desapareció, hasta que sus labios se encontraron.

Kaoru expresó con su cuerpo, con sus labios, lo que su voz calló. Su amor por él. Se entrego a sí misma en éste beso. Lo dio todo de sí y se sintió estremecer cuando Kenshin le respondió de la misma manera.

Kenshin mordió levemente el labio inferior de ella, logrando que Kaoru gimiera suavemente por el bombardeo que sus terminaciones nerviosas sufrían.

Kaoru regresó el gesto y sonrió internamente cuando Kenshin gimió también, y la muestra de su deseo, se apretaba contra su vientre. Dura y caliente. Excitado por ella.

Kenshin se alejó de Kaoru, su respiración agitada. Su cuerpo tenso, lleno de deseo y frustración. Deseaba tomar a Kaoru y llevarla a la cama. Quitarle cada prenda y enterrarse profundamente en ella, hasta que fueran uno. Enterrarse en su cuerpo, una y otra vez, hasta que ya no hubiera nada más que sus cuerpos, en perfecta sincronía, hasta alcanzar la cima y dejarse ir.

—Debo parar… —Kenshin murmuró—. Si no lo hago en este instante, no podré hacerlo después.

Kaoru se estremeció por sus palabras. Su respiración también estaba agitada, su cuerpo temblando por la intensidad de sus emociones. Su cuerpo gritaba que se olvidara de todo y se entregara al momento, que deseaba sentir las manos masculinas sobre su cuerpo, revelando los misterios que se encontraban en cada rincón del mismo. Pero su corazón, le decía que no era el momento, no ahora cuando aún no habían sido revelados sus sentimientos por él, no ahora cuando él pronto tendría que partir.

Después, calmó a su cuerpo, después…

Kaoru se acercó hasta Kenshin y se enterró fuertemente en su pecho. Cerró los ojos e inspiró fuertemente llevando muy dentro de sí, el aroma masculino.

—Regresa pronto —le dijo Kaoru.

Kenshin sonrió.

—Lo haré.

*—*—*—*—

Había tratado de mantenerse ocupada, se había dado cuenta que apenas se había involucrado con las personas del pueblo, pues al principio su relación con Kenshin era demasiado tensa y luego se encontró ocupada, tratando de construir su relación con él.

Así que, la primera mañana después de que Kenshin partió y en cada segundo se encontró pensando si él estaría bien, supo que no sería saludable para su mente no ocuparse de otras cosas. Estaba en el pueblo caminado junto a Hirashi, pues Kenshin lo había asignado para su cuidado, cuando un pequeño niño había chocado contra ella.

Y así conoció a Anji Yūkyūzan, quien era el encargado de llevar el orfanato, al cual el pequeño pertenecía.

A partir de entonces había visitado cada día el orfanato y compartido unos momentos con los niños.

—Los niños disfrutan mucho de su compañía, Sra. Himura.

—Anji, por favor ya le he dicho que me llame Kaoru.

Anji asintió.

—Siempre lo olvido. Kaoru, quería agradecerle el tiempo que dedica a los pequeños, usted y su esposo nos han ayudado mucho.

Kaoru asintió. Pues había descubierto que Kenshin realizaba grandes donaciones al orfanato, y permitía que los pequeños tuvieran ropas y buena comida. Según las palabras de Anji, nadie lo sabía, pues el Sr. Himura le había pedido que lo mantuviera anónimo. Si se enteró, fue porque Anji pensó que al ser la esposa de Kenshin, ella lo sabría.

—No tiene nada que agradecerme —le dijo Kaoru—. Yo también disfruto estar con los pequeños.

—Oru, oru —la pequeña Himori de tres años se acercó a ella, llamándola por su nombre, bueno, al menos lo que podía pronunciar.

Anji asintió.

—Especialmente Himori la adora.

Kaoru la tomó en brazos y la sentó en su regazo.

—El sentimiento es mutuo. —Kaoru miró a la pequeña de cabellos negros y ojos del mismo color, su sonrisa era amplia, mostrando sus pequeños dientes.

La pequeña inmediatamente la abrazó fuertemente.

—Tento oru, tento oru.

—Así que quieres un cuento.

Himori movió su cabeza de arriba hacia abajo.

—Sí.

—Está bien —la bajó de su regazo y la tomó de la mano—. Reunamos a los demás, sé que a ellos también les gusta escuchar cuentos.

Kaoru les contó un cuento, los pequeños la escucharon atentamente, muchos rieron cuando ocurría algo gracioso, o hacían sonidos de tensión, cuando el héroe se encontraba en problemas.

Nunca antes había compartido tanto con niños pequeños, en el castillo Kamiya o en sus alrededores, no había ningún orfanato, y las familias atendían a sus pequeños, por lo que la situación le era nueva, pero le agradaba.

Los niños, que en total eran unos 12, jugaban en su mayoría en el jardín, todos a excepción de Himori, que dormía una siesta sobre una pequeña manta cerca de ellos. Había de varias edades, que iban desde los 6 a los 12 años, Himori era la más pequeña, pues solo contaba con tres añitos.

Hirashi, permanecía pacientemente en un rincón del jardín. Nunca se separaba de ella cuando salía del castillo. Kenshin le había dado la orden de que cuidara de ella. Kaoru estaba un poco molesta por ello, pues no estaba acostumbrada a tener un guardaespaldas, pero por más que trató de decirle a Hirashi que no necesitaba que estuviera con ella, este se negó a dejarla sola.

El señor me pidió, que fuera de las paredes del castillo, yo debía protegerla con mi vida. —Fueron las palabras del soldado ante su petición.

Ella no volvió a decirle nada a Hirashi, hacerlo sería una pérdida de tiempo. Kaoru supo que ese era el precio que tenía que pagar por tener a un esposo sobreprotector, aunque si pensaba en todos los incidentes que había tenido, Kenshin tenía algo de razón. Sin duda, al tener que partir y dejarla sola había temido por su seguridad y dejar a uno de sus mejores soldados a cargo de protegerla era lo único que estuvo en sus manos para tranquilizarse a sí mismo.

Escuchó unos pasos aproximarse y sonrió al hombre que se acercaba. Anji se sentó a su lado.

—Hace una grandiosa labor con ellos, Anji.

El hombre miró a los pequeños.

—Soy afortunado por hacer esto. Los niños son buenos y me llenan de felicidad.

—Es usted un buen hombre —Kaoru lo miró—. Si alguna vez necesita algo, no dude en pedírmelo.

—Gracias.

Kaoru escuchó las palabras de Anji, mientras miraba a los niños jugar, ella también sonrió.

*—*—*—*—

Cuatro días, cuatro largo días habían pasado desde que Kenshin se había marchado. Los pequeños del orfanato le brindaban un poco de paz en las tardes, las lecciones con Yahiko mantenían su mañana ocupada.

Así que sólo quedaban las noches, cuando estaba en la soledad de su cuarto, no podía evitar pensar en Kenshin y su seguridad. Cada noche rogaba que estuviera bien, que nada le ocurriera y pedía que pronto estuviera a su lado.

Una mañana ella se encontraba con Yahiko entrenando con la espada, cuando uno de los soldados la interrumpió.

—Se acercan carruajes, señora.

—¿Kenshin?

El soldado negó.

—No es el señor, traen un estandarte consigo, es el de la familia Kamiya.

Kaoru se asombró de sus palabras.

—¿Mi familia? —Era una sorpresa y sonrió ampliamente, pues los había extrañado mucho. Dejó la espada a un lado y llamó a Yahiko para que fueran a recibirlos.

Esperó con impaciencia a que los carruajes se detuvieran frente al castillo, la puerta de uno de los carruajes se abrió, descendiendo de él rápidamente sus primas Misao y Megumi.

Kaoru se lanzó contra ellas y las abrazó fuertemente.

—Las he extrañado.

—Y nosotras a ti —le respondió Misao.

—Logramos convencer a papá de que nos permitiera venir —continuó Megumi—. Él desea venir, pero está muy ocupado en estos instantes y no puede venir hasta dentro de otro mes.

—Y nosotras no queríamos esperar tanto —Misao comentó—. Así que con la ayuda de nuestros prometidos, lo logramos.

Kaoru miró hacia el lugar al que Misao miraba y encontró a Sanosuke y Aoshi, bajando de otros caballos.

—Me alegra verlos a ustedes también —les sonrió Kaoru.

Los abrazó fuertemente, pues los conocía muy bien, además de que eran buenos hombres y sentía mucho cariño por ellos.

—Estas mujeres estaban impacientes por verte y comprobar que estabas bien —le dijo Aoshi.

Sanosuke sonrió.

—Aunque Aoshi no es totalmente sincero, pues nosotros también queríamos ver que te encontrabas bien.

—Gracias por preocuparse por mí y acompañar a mis primas, sé que mi tío no hubiera permitido que vinieran hasta aquí si no fuera por ustedes.

—No tienes por qué agradecernos —Aoshi le dijo.

—Sí, es bueno verte —continuó Sanosuke.

—Vengan, entremos.

Yukina, que había salido al enterarse de que tendrían visitas, se dirigió hacia Kaoru.

—Yo me encargaré de que las habitaciones estén listas.

—Gracias, Yukina.

Kaoru les presentó a Yahiko, quien se mostró un poco tímido, Kaoru se había dado cuenta de que adoptaba la misma actitud frente a alguien que le era desconocido, pero después de unos instantes al ver que los cuatro eran personas amables, se relajó visiblemente.

Conversaron alegremente de las cosas que habían pasado en el castillo y le comunicaron que los preparativos para la boda doble estaban ya en camino y que pronto se casarían.

Kaoru se alegró por ellas y prometió asistir. Insistiendo en que no se lo perdería por nada.

—¿Dónde se encuentra Battousai? —preguntó Aoshi.

Kaoru lo miró.

—Partió hace cinco días. Se dirigió a Kamburry, que fue atacado.

—Había escuchado de conflictos en la zona —comentó Sanosuke—. Pero no de que algún pueblo en específico fuera atacado.

—Las cosas parecen volverse inestables —Aoshi comentó—. No tanto como hace algunos años, pero es preocupante.

Sanosuke asintió.

—Sí, lo es, pues las cosas pueden empeorar.

Kaoru se sintió un poco mal al escuchar los comentarios de los hombres, pues Kenshin se encontraría sin duda en medio de cualquier lucha que se pudiera dar.

Era pequeña para recordar con claridad todo, pero sabía que hacía unos años, las cosas no iban bien, fue en estas batallas cuando Kenshin ganó fama y fue conocido como Battousai. Kaoru esperaba que las cosas no llegaran a ser tan graves como lo fueron entonces.

Megumi y Misao se miraron una a la otra.

Kaoru observó el extraño comportamiento de sus primas.

—¿Qué sucede?

—Misao y yo queremos hablar contigo a solas —Megumi le respondió.

—Es cosas de chicas —dijo Misao.

Kaoru se extrañó de su comentario. Pues la actitud de sus primas le decía que sus palabras no eran completamente ciertas, pero no podía estar completamente segura hasta escuchar lo que tenían que decir.

—Vamos a la habitación entonces —les contestó Kaoru.

—Aquí los esperaremos nosotros —les dijo Sanosuke.

Las tres mujeres asintieron y subieron las escaleras hacia la habitación de Kaoru.

—Ahora me pueden decir, ¿qué se traen entre manos? —Kaoru miró a Megumi y Misao—. No me tragué el cuento sobre una charla de mujeres.

—Hemos estado pensando —habló Megumi—. Sobre ti y la situación en la que te encuentras y lo que podríamos hacer nosotras para ayudarte.

—Se no has ocurrido un plan —sonrió Misao.

—¿Un plan? —Kaoru miró confundida a sus primas— ¿De qué hablan?

—Sí —Misao continuó—. Ven con nosotros, haremos como si te secuestraran y luego desapareces, así ya no tendrás que estar con Battousai.

—Sanosuke y Aoshi, no saben mucho, pero estarán de acuerdo —Megumi le dijo a Kaoru—. Misao y yo, podremos convencerlos.

Kaoru sonrió. A pesar de lo loco que sonaba ese plan, además de lo innecesario de él, pues no tenía ningún deseo de alejarse de Kenshin, la locura de sus primas le decía cuánto la querían.

—Aunque agradezco que hayan pensado en ese plan, no es necesario, pues no quiero irme.

Misao la miró extrañada.

—¿No quieres irte?, ¿Cómo puedes decir eso?

Megumi interrumpió.

—Si es por temor a Battousai, no te preocupes, te ocultaremos bien y jamás podrá encontrarte.

—Megumi tiene razón —Misao le dijo a Kaoru—. Además, dices que Battousai se fue a una batalla, tal vez tenemos suerte y muere en ella.

Kaoru dejo de sonreír y palideció al escuchar el comentario de Misao, sobre Kenshin muriendo.

—Jamás vuelvas a decir eso, Misao.

Megumi miró a Misao, pues no entendía el comportamiento de Kaoru, ni la aflicción que se dibujó en su rostro al escuchar el comentario de su hermana.

—¿Por qué te importa lo que le suceda a ese hombre? Es un asesino —Megumi dijo enfadada.

—Te obligó a casarte con él —continuó Misao—. Es despreciable.

Kaoru negó.

—No. El está cambiando, ha prometido jamás volver a tomar otra vida, ya no es un asesino —les contestó Kaoru—. Además, el sólo cumplía las ordenes del rey, él tampoco tuvo en sus manos la decisión de casarse o no.

—¡¿Por qué lo defiendes?! —Misao le preguntó enfadada—. Vi cómo sufrías cuando tuviste que casarte con él.

—No lo conocía entonces— les dijo Kaoru—. No sentía lo que siento ahora por él.

—¿Sentir? —Megumi le preguntó.

Kaoru la miró.

—Lo amo.

Era la primera vez que decía en voz alta, lo que en su corazón hacía ya algunos días se agitaba. La verdad de sus sentimientos había salido a la luz. Y mientras pensaba en esto, sonrió, pues era maravilloso poder decir cuán importante era Kenshin, cuánto lo amaba.

—¡No puedes amarlo! —Replicó Misao— ¡Él no te merece!

—Él es bueno Misao, sólo ha tenido una vida dura y ha tomado malas decisiones —Kaoru las miró—. Él está dispuesto a cambiar por mí, y lo ha hecho, soy testigo de ese cambio.

—¿Él te ama? —preguntó Megumi.

Kaoru la miró.

—Él ha sufrido mucho y ha sido traicionado muchas veces. Él cuida de mí, le importo, estoy segura.

—Pero no te ama —protestó Megumi.

—Aún no. —Kaoru la miró, en sus ojos brillaba el amor que sentía por Kenshin—. Pero yo le enseñaré a amar nuevamente.

—Pero…

—Misao —la interrumpió Megumi, después miró a Kaoru y le preguntó:

—¿Eres feliz, Kaoru?

—Lo soy —Kaoru sonrió.

Megumi también sonrió.

—Eso es lo importante para nosotras.

—¡Ahhhh…! —Protestó Misao—. Desistiré de mi plan —miró a Kaoru—. Pero dile a tu esposo, que si te hace sufrir, encontraré la manera de hacer su vida miserable.

Kaoru rió.

—No te preocupes, Misao. Estaré bien.

Después de ese momento, las cosas se relajaron entre ellas. Kaoru les entregó los collares que había comprado para ellas en el torneo, a ambas les gustaron mucho.

Conversaron largamente y sonreían mucho. Ya era hora de la cena, cuando bajaron a reunirse con los demás. Yahiko ya había dejado su timidez y se mostraba bromista, sobre todo con Sanosuke, quien tenía un carácter relajado.

Compartieron una cena maravillosa, a Kaoru le apenó que solamente pudieran quedarse con ella dos días, pero aún así, apreció el hecho de verlos nuevamente. Y gracias a la confesión que les había hecho a Misao y Megumi, había tomado una decisión.

Cuando Kenshin regresara, le diría que lo amaba. Dejaría de lado sus temores. Además, ¿como podría enseñarle a amar a Kenshin, si no revelaba sus propios sentimientos? Si Kenshin no estaba preparado para escuchar su confesión, ella se encargaría de que lo estuviera.

No quería seguir callando por más tiempo su amor por Kenshin.

*—*—*—*—

Mientras tanto cerca de Kamburry…

El doctor Genzai, era conocido por ser un excelente médico. Su habilidad natural y los años de experiencia, le permitían sentirse capaz de ayudar a muchos.

Pero sabía que a sus 60 años, ya no le quedaban muchas energías para seguir ejerciendo la medicina que tanto adoraba.

Entre sus manos muchos hombres, mujeres y niños, se habían debatido entre la vida y la muerte. Había salvado a muchos, pero también había perdido a algunos.

—Colóquenlo en la mesa —les dijo a los dos hombres que sostenían a otro herido.

El hombre fue colocado sobre ella, y Genzai, rezó para ser capaz de ayudarlo. Ese hombre había salvado lo único que le quedaba en la vida, sus dos nietas: Ayame y Susume.

Puso sus utensilios sobre la mesa y se dispuso a trabajar sobre la herida del costado, esperaba que ningún órgano hubiera sido afectado. Sus manos pronto se llenaron de roja sangre, casi del mismo color que el de los cabellos del hombre.

Battousai, así era llamado por sus hombres.

Continuará…»»»

Notas: Hola. Nuevamente con otro capítulo. Uno menos intenso que los anteriores. Pero necesitábamos de este capítulo para introducir personajes que luego tendrán gran relevancia. Y también como dice el dicho antes de la tormenta esta la calma, el próximo capítulo estará muy intenso.

Gracias a Bombon007, quien me ayuda con la edición y ortografía. ¿Qué sería de este fic sin ti?

Y gracias a ustedes: Eelii. DULCECITO311, AdaZu, Lila Lilith, Kirana Taisho, serena tsukino chiba, himurita, Angie-Chiba, Ranka Hime, GnR-Tatu, jimenachan, Bombon007, Iris . Por sus comentarios y Reviews. Me alegra saber de ustedes. Y espero que esta vez también me den a conocer sus comentarios a través de un review.

Les dejo un adelanto para el siguiente capítulo:

Kenshin deseaba enterrarse profundamente en el cuerpo femenino. Su pantalón apretaba su erección, resultando doloroso. Era la única barrera que le impedía poseerla tal como deseaba. Pero no se despojaría de ella, no hasta que Kaoru le confirmara que estaba segura de continuar.

¿Estás segura?le pregunto. Su voz ronca, pesada, por la pasión.

Kaoru lo miro a los ojos, supo cual era su pregunta, y supo su repuesta, la supo desde el instante en que se dio cuenta que lo amaba. Deseaba continuar, deseaba ser completamente suya

Te deseo Kenshin

¿Con ansias para el próximo capítulo?. ; ) Espero que sí. La buena noticia es que ya empecé a trabajar en el, así que espero tenerlo terminado dentro de poco.

¡Hasta pronto!