Han pasado 84 años...
Ok, continuemos :v
La mano cruel de un destino infiel que nunca duerme
Las restricciones sin culpa aseguradas por el engaño
¿Somos libres?
(1)
-Kiku -llamó Koei a la niña que dormía plácidamente en su futón-. Ya despierta -rió.
-Cinco minutos más -murmuró la peliazul.
-¿No fue eso lo que dijiste hace cinco minutos? -volvió a reír, haciéndole cosquillas-. ¿Se adelantó la edad de la rebeldía?
Riendo, la niña se levantó con pereza, sacando más risas a su hermano mayor.
-Ve a lavarte la cara; el desayuno esta listo.
Dicho ésto, se levantó para salir de la habitación.
Kiku hizo lo que le pidió. Después de asearse, fue a tomar desayuno con su hermano; algo pobre, como siempre, pero lo suficiente para saciar su apetito: un tazón de arroz, huevos, entre otros aperitivos. Pasaron un agradable momento conversando y bromeando entre ellos.
Ese día sólo sería uno como cualquier otro. Como en los viejos tiempos, compartiendo como los hermanos que eran antes. Antes de la crisis en la Zona X, antes de que Kiku enfermara, antes del Equipo X...
Lamentablemente, no puedes manejar el destino a tu antojo, menos retroceder el tiempo cuando la tierra comienza a sacudirse después de oír una explosión.
Koei estaba seguro de que no fue cerca de su hogar, pero aún así, todo el mundo se enteraba de todo lo que ocurría. Por lo mismo, salió a averiguar. La peliazul lo seguía temerosa.
De lejos, podían ver que una capa de humo cubría una zona cercana a la Torre X. Corrió hacia el interior de la casa para tratar de comunicarse con Arthur, pero la línea se cortaba y el caballero no podía formular una frase coherente. Indirectamente, era un llamado de auxilio, por lo que agarró su bicicleta y se marchó, no sin antes pedirle a Kiku que buscara un lugar seguro donde ocultarse, ya que no planeaba arriesgar la vida de su hermana llevándola hasta ese lugar.
Una vez que llegó, fue testigo de una masacre; el sitio estaba envuelto en llamas, gran parte de la población destruida, y ni hablar de los cuerpos que lo más seguro era que estuvieran muertos. Un accidente de esa magnitud, era imposible de sobrevivir.
Pero... ¿realmente fue un accidente?
Trató de visualizar la Torre entre la capa de polvo, pero no podía ver ni el punto más alto. Después de un tiempo buscando, logró ver a Arthur con algunos de su equipo; el muchacho se veía muy malherido, al igual que el resto y... ¿Yuki?
Soltó la bicicleta y corrió hacia su compañero, ayudándolo a incorporarse.
-¿Qué fue lo que ocurrió?
-Ellos... eran muy fuertes -siseó Arthur.
-¿Qué?
-La explosión... cuando s-salimos a investigar... ellos-
-¿"Ellos" quiénes, Arthur? ¿De qué estás hablando?
El platinado negó con la cabeza.
-Hay que ir con Yuki.
-Arthur, al menos explica qué fue lo que ocurrió.
-Eso es lo que queremos saber.
Tiempo después, todos los que lograron sobrevivir estaban reunidos en un salón de la Torre X. Ésta había recibido unos cuantos daños, y no era nada que se pudiera tomar a la ligera, por lo que sabían que tarde o temprano, tendrían que desalojar el lugar y buscar otro refugio. Eso lo había decidido Yuki, quien de paso les dio información sobre lo que ocurrió, o al menos lo que pudo decir; que se trataba de una organización asesina, y que ese ataque era una advertencia.
De todo el gentío, sólo una pequeña parte decidió tomar precauciones. El resto no lo hizo, ni aunque hace un mes fueron víctimas de algo similar.
-Chicos, esto no fue un accidente -dijo Yuki a Koei y a Arthur.
-No puede serlo, es prácticamente un ataque terrorista -dijo el caballero.
-Y probablemente siga si no ideamos algo ahora.
-Pero ¿qué propones? De mala manera, ya comprobamos el potencial de este enemigo.
-A juzgar por los resultados, se nota que ni siquiera el Equipo X está a su nivel -dijo Koei.
-No, es mucho peor.
Iba a decir algo, pero nuevamente comenzó a sacudirse la tierra. Varios arrancaron del miedo, debido a que parte de la estructura comenzó a caer; era algo absurdo correr si se arriesgaban en cualquier lugar, pero era la primera reacción que uno tenía.
-¿Por qué ocurre esto? ¿Tampoco saben? -Yuki y Arthur negaron-. Se suponía que la Imperial X debía mantener todo bajo control desde el Equipo X, pero al parecer, hasta esto es mucho para ella.
-Si esto continúa, tendremos que irnos de la ciudad -dijo la pelirrosa.
-¿Quiere decir...?
-Sí -cortó al caballero.
-¿A dónde iríamos?
Yuki iba a hablar, cuando un guardián llegó alarmado, avisando que algo ocurría con la poderosa y problemática bicicleta. En menos de lo que canta un gallo, la mayoría ya se encontraba en la cima de la torre para averiguar. Era algo extraño: la bicicleta seguía ahí, de lo más normal, pero su energía disminuía cada vez más y fallaba.
-¿Creen que por eso ocurrió todo esto? -preguntó Koei, viendo cómo un grupo de guardias se las ingeniaba para revisar algún daño, pues con el numerito que hubo antes, no le sorprendía que hasta el polvo la dañara.
-Es una de mis teorías -dijo Yuki, indagando en su mente sobre los posibles escenarios en los que pudieron verse envueltos en una masacre.
El emblema oscuro había desaparecido, además, los que estaban poseídos por ese objeto no eran fantasmas como para pasar desapercibidos en ese problema, pero según ella, cabía la posibilidad de que quedaran rastros de él; al mismo tiempo, le parecía ilógico, sobre todo por el hecho de que era difícil comparar gente poseída con, quizás, los entes que habían provocado aquéllo. Había pedido el testimonio a algunas víctimas, pero todos coincidían en sus versiones; sombras en medio del humo y las llamas, y ninguna era de una silueta humana.
-Señorita Yuki -el llamado la sacó de sus pensamientos, por lo que alzó la mirada para posarla en el dueño de la voz, que no era nadie más que Takeshi, el padre de Sho.
-¿Qué ocurre?
-El emblema no está.
Ok... eso no se lo esperaba.
-¿Cómo que no está?
El hombre le enseñó el espacio vacío de la Imperial X, donde se suponía, debía estar el emblema, ahora perdido. En su lugar, había un símbolo de dos serpientes entrelazadas, tragándose sus colas, hecho con sangre, o al menos eso parecía.
Asintió, entendiendo la situación.
-Sigan investigando; hay que crear un plan, y de paso, abandonar este lugar.
Nadie rechistó. Si en algo destacaba Yuki, era en su razonamiento para cada situación, y muchas veces acertaba sus teorías, por lo que no dudaron de que, si decía que debían irse, era por algo; si había que luchar nuevamente cuando recién hubo un ataque, y sin esperar a que pasara la cuenta, era porque la situación se saldría de sus manos.
Mientras una gran parte del equipo buscaba un refugio para los sobrevivientes, y se encargaban de sus heridas, otros ya estaban arreglando el escape, y otro grupo trataba de investigar sobre el ataque. Revisaron en las cámaras de seguridad, pero al parecer, se enfrentaban a un enemigo fuerte; fueron tan astutos que el video se cortaba justo en la parte donde desaparecía el emblema.
Definitivamente, no se las dejaron fácil.
-Me iré un momento -avisó Koei.
-¿Con este caos? -preguntó Arthur-. Te puede ocurrir algo.
-Kiku está ahí fuera, probablemente ya le pasó algo.
-¿Estás seguro? -siguió insistiendo, pese a que sabía que nada de lo que dijera haría al ninja cambiar de opinión, mucho menos si la situación involucraba a su pequeña e inocente hermanita. Suspiró-. Ten cuidado; de todas formas, puede que después enviemos tropas para que la busquen, junto con los demás habitantes.
-No te preocupes; si no la encuentro, volveré.
Dicho ésto, Koei se montó en Aero Scissors y se marchó.
Claro, al cabo de unas horas, él regresó, sano y salvo, para milagro de cualquiera, pero no había rastro de la peliazul, por lo que Yuki le pidió el favor a las tropas de búsqueda, para que Koei no se arriesgara más.
Los ataques incrementaban con el paso de los días, y ni aún así pudieron visualizar qué o quién lo producía. Cuando trataron de hacerlo, fueron atacados; una niña pequeña que jugaba con un balón de tenis cantaba una canción deprimente, de la que no sabían si era una forma de distraerlos o advertirles para atacar.
Y mientras se dirigían a la isla que utilizarían como refugio, el padre de Sho se quedó atrás, investigando al enemigo. Grave error; le habría costado la vida de no ser porque reaccionaron a tiempo.
-Chicos, necesito que me hagan un favor.
Koei y Arthur se encontraban en la pequeña oficina de Yuki, quien los había citado, al ver que todo iba de mal en peor.
-¿Qué sucede? -preguntó Arthur.
-Necesito que vayan al mundo real.
-¿Al mundo real?
-¿Quiere que vayamos al mundo de Sho y los demás? -preguntó Koei.
-Se me ocurrió algo, pero nada asegura que funcione; aún así, me gustaría intentarlo -admitió la pelirrosa-. Ustedes ya salvaron el mundo una vez, quizás ésa sea la solución.
-¿Cree que podemos hacerlo? -preguntó Arthur-. Sho pudo derrotar a su padre, pero él, al lado de esta organización, es un cero a la izquierda.
-No lo sabremos si no lo intentamos -se encogió de hombros-. Creo que es hora de que el Equipo Idaten se reúna.
-¿Y si fallamos?
-Es cosa de trabajar en equipo. Ustedes han trabajado con Shido antes; él es como una máquina cuando de análisis se trata, además de tener un buen sentido de liderazgo; Sho es de los que actúan y después analizan el terreno donde están parados, igual que Ayumu, o lo analizan mientras corren; Gabu tiene una gran potencia; y Makoto, aunque lenta, es analítica, como su hermano, y no duda a la hora de luchar. Si unen fuerzas, quizás los resultados sean favorables.
Los dos hombres compartieron una mirada antes de asentir.
-¿Cuándo partiríamos? -preguntó Arthur.
-Lo antes posible.
Dime que mañana no será lo mismo
Y dime que ésto es sólo una etapa
¿Mi historia no termina de esta manera?
(2)
Sólo era un sábado como cualquier otro. Como cualquier día. Como toda su vida. ¿Lo que lo hacía diferente? Era su cumpleaños; cumplía catorce años, pero no lo habría recordado de no ser porque su pequeña familia, como cada año, se había organizado para irrumpir en su habitación con un muffin y cantándole la dichosa canción a media noche. A las doce en punto.
Aún así, Kyoichi sólo pudo forzar una sonrisa en ese pequeño minuto de felicidad, para que después de unas horas, la realidad lo golpeara y ahora se encontraba sentado frente a su escritorio, resolviendo los ejercicios matemáticos que le dejaron de tarea. Diez páginas de distintos ejercicios era más bien estar en un campo de batalla; y aunque estaba acostumbrado al ritmo de Kurosaki, no quitaba el hecho de que era agotador. Y encima tenía que hacer un informe para la clase de Historia, que ni siquiera había comenzado.
Suspiró agotado, por enésima vez, mientras hacía garabatos en una esquina de la hoja.
-¿Kyoichi? -escuchó la voz de su madre, a la vez que ésta golpeaba la puerta.
El chico arrancó la hoja y la arrugó en una bola, al mismo tiempo en que la mujer, de quien era la masculina copia, entró, sin esperar respuesta de su parte.
-¿Qué haces? -se acercó a su hijo. Después de ver el cuaderno, dirigió la mirada al chico-. Anda arreglándote; más tarde, tienes cita con el psicólogo -dijo, antes de caminar hacia el armario y hurgar entre cada rincón de él.
Qué buen regalo de cumpleaños: una cita al psicólogo. De todos modos, no le gustaba celebrarlo, ¿para qué celebrar un día menos de vida?
-¿Tengo elección?
-No quiero que me apunten porque mi hijo tiene tendencias suicidas -Kyoichi rodó los ojos-. Deberías ordenar este chiquero.
Volteó sobre la silla giratoria, tratando de ver el "chiquero" que veían todas las madres. Él siempre era pulcro con sus cosas, no entendía cuál era la imperfección.
-Deja ahí -su madre lo ignoró y siguió "ordenando".
Sí, para ser la masculina copia, eran en muchos aspectos, muy diferentes. La rubia podía ser muy agradable, pero él ya se rindió con tratar de entenderla. El perfecto alumno, el perfecto hijo, la perfecta persona, pero parecía que todo lo que hacía molestaba a su madre. No trataba de complacerla, pero al menos quería que lo respetara.
Bueno, quizás sí había una imperfección; era otro japonés más, víctima de la depresión, y las paredes de su habitación estaban cubiertas de dibujos que su madre odiaba ver. Simplemente, todo lo que él representaba era una molestia para ella, excepto por el ciclismo, pero sentía que el deporte no llenaba ese espacio vacío.
No quería sonar como el infaltable que quería llamar la atención, pero a veces se preguntaba si a ella le importaría si un día se iba, ya sea por abandonar a su familia o morir. Las veces en que ella lo había tratado con cariño se contaban con los dedos.
-Ya, es mi "desorden", como tú dices -espetó-. Yo sé cómo ordeno mis cosas, tú no tienes nada que hacer.
-No me hables así, jovencito.
-Entonces, lárgate; debo seguir estudiando y no puedo contigo.
-Tienes cita en una hora.
-Cuéntame más -rió irónico, antes de voltear a seguir haciendo la tarea.
-Kyoichi, no has ido a las últimas sesiones; nos estás haciendo gastar tiempo y dinero.
-¿Te lo pedí acaso?
Sin ánimos de discutir, la mujer se marchó, enfadada.
Kyoichi soltó un suspiro que no sabía que estuvo reteniendo. Trató de concentrarse en la tarea, pero simplemente esa pequeña discusión le había quitado los ánimos. Buscando con qué distraerse, observó el collage de fotos en la pared, memorizando la fecha y el momento de cada una. Había una que llamó su atención, aunque no quería; era un ambiente invernal, con sus amigos, rodeados de nieve en la azotea del instituto, y uno de los rostros estaba perforado.
"¡Chicos, saquémonos una foto!"
Unos golpes en la puerta lo sacaron de su ensoñación.
-Pollo -reconoció la voz de Taiga, y le siguieron tres golpes-. Pollo -tres golpes-. Pollo.
-Te la parto si no entras ahora -lo amenazó antes de que siguiera imitando a Sheldon.
Taiga abrió la puerta y entró, seguido de Hitomi. Ambos iban con una mochila.
-Eso suena mal.
El rubio se quedó pensando en lo que dijo, y sí, efectivamente, sonó bastante vulgar.
Sus amigos rieron cuando mordió su labio inferior, un gesto que siempre hacía cuando se avergonzaba de algo que hizo.
-Como sea -el pelinegro dejó su mochila en la cama, donde reposaba todo lo que su madre quería ordenar; incluso ropa que le regalaron y nunca usó-. ¿Qué es todo esto?
-Mi mamá queriendo ordenar mi desorden.
-Bueno, nos ahorró trabajo -comenzó a hurgar entre la montaña de ropa. Le lanzó una remera roja de mangas cortas-. Levántate y ponte algo lindo.
Kyoichi agarró la prenda para examinarla y volteó a verlo-: ¿Y eso por qué?
-Bueno, no te gusta celebrar un día menos de tu puta vida -el pelinegro recibió una patada en el trasero, que le hizo caer de cara en el colchón, por lo que la platinada soltó una risa-. Si no fuera tu cumpleaños, te golpearía.
-Nada te lo impide.
-Olvídalo, te quiero mucho para hacer eso -rió, y siguió hurgando entre la ropa.
-Sabes que se saldrá con la suya, de todas formas -dijo Hitomi, abriendo su mochila para lanzarle al cumpleañero un objeto, el cual atrapó sin problemas-. Nada que las chispas y los colores no puedan arreglar.
El rubio miraba atentamente la bengala en su mano, mientras la chica se unía a la búsqueda con Taiga.
-¿Es muy necesario? -guardó el objeto en el morral, cuando una chaqueta bomber negra aterrizó en su cabeza. Frunciendo el ceño, la quitó para echarle un vistazo, y claro, desordenando un poco su cabello.
-Ponte eso.
-Taiga...
-Calla y obedece.
Compartió una mirada con Hitomi, quien se encogió de hombros. Suspiró resignado.
-Con la condición de que tú ordenarás todo este chiquero.
-Trato hecho -dejó decentemente unos jeans oscuros sobre la colcha.
-¿Es en serio, Taiga?
-Muy en serio -siguió buscando, en caso de que encontrara algo mejor que lo que eligió-. Pollo, tienes más ropa que yo.
-Llévate algo, me regalan cosas que ni uso.
-¿Te he dicho que te amo?
-Poco más y te obliga a cambiar de ropa interior -rió Hitomi.
-Uh, no lo había pensado.
-Ni siquiera lo intentes.
-Por favor, Kyoichi, no tienes nada que no haya visto.
-Puedo tener metástasis y no lo verías.
-Listo, es inteligente; irá a Harvard -dijo Hitomi, a lo que Taiga rió.
-Como sea; salgan, o no iré a ninguna parte.
Sin chistar, los dos amigos salieron, a juzgar por el mal genio del rubio. Se notaba que no estaba de ánimos, así que lo mejor era soportarlo y darle en el gusto en todo, casi como a una embarazada.
Bueno, eso si es que no derramaba lágrimas porque las cosas no resultaban como quería.
Unos golpes al otro lado de la puerta fueron la señal de que podían entrar. Taiga, literalmente, abrió la boca cuando lo vio con el conjunto que eligió. Hitomi sólo sonrió, mientras sus mejillas se teñían de rosa.
-¿De verdad cumples catorce? Porque ya eres todo un hombre -lo halagó-. La próxima vez, te daré una bolsa de basura; te verías espectacular en ella -Hitomi rió.
-¿Me ves cara de ídolo K-Pop o algo así? -frunció el ceño por lo extraña que era esa situación.
Kyoichi realmente pensaba que estaba exagerando, a pesar de que constantemente la gente le recordaba lo guapo que era. Digo, ¡sólo era ropa sencilla! Tampoco era como si estuviera usando una camisa con botones desabrochados y pantalones de cuero.
Y tampoco pensaba usar algo tan provocativo. Por suerte, lo que eligió Taiga no lo era.
-De hecho, sí. Ahora -le dio un codazo a Hitomi, que abrió su mochila para que el pelinegro sacara unas botas marrones con cordones y se los tendió- póntelos.
-Taiga, eso no era necesario.
-Te los pones o te los pongo -de todas formas, lo obligó a sentarse en la cama, sin esperar respuesta. Le hizo un pequeño dobladillo al pantalón y luego, prácticamente, lo obligó a calzarse el zapato. Le quedó perfecto-. ¿Te he dicho que adoro tus pies de bebé?
-Exageras.
-Quizás; ahora, el otro pie -hizo el mismo procedimiento-. Voilà!
-Idiota.
-Lo sé, soy el mejor. Ya vámonos, se nos hace tarde.
Como era habitual en ellos, pararon en la estación desolada, la que quizás nadie conocía, salvo ellos; todo porque un día se perdieron y, mientras buscaban el camino a casa, encontraron esa tranquila playa, a la que bautizaron como su guarida. Mientras Hitomi y Taiga acomodaban una manta en la arena, Kyoichi estaba de pie sobre unas rocas, mirando el horizonte colorido y escasamente luminoso.
Esa amistad era bastante especial. No era normal en ellos celebrar cumpleaños, porque a uno no le gustaba y el resto era indiferente a ello, por eso siempre tenían un plan B para organizar algo que no se acercara a ser una fiesta. Ese grupo prefería ir a ver el atardecer a la playa, encender una fogata y caminar por todo el sitio, incluso perseguirse unos a otros mientras coloreaban el aire con el humo y las chispas de las bengalas.
-¡Kyo! -el chico volteó cuando Taiga lo atacó con una ola de humo violeta, por lo que comenzó a toser-. Quita esa cara de amargado.
Tras eso, sonrió inocente. Eso no daba buena espina, Taiga lo sabía, y también sabía que debía correr cuando el rubio agarró otro cilindro y lo prendió con la fogata, comenzando a expulsar humo rojo, con lo que le devolvió el ataque. Hitomi reía desde donde estaba sentada; esos dos juntos eran como niños pequeños.
-¡Hey, Hitomi! -exclamó el pelinegro-. ¡Vamos, agarra una bengala y únete!
Contrario a ellos, Hitomi decidió arriesgarse y sacar un grupo de varas, acercándolas al fuego para comenzar a soltar chispas. Luego, caminó hacia ellos para entregarles unas cuantas y ella se quedaba con otras.
Así pasaron lo que quedaba de día, pintando e iluminando el aire, entre locuras, risas y fotografías para el recuerdo.
Kyoichi derramó las pastillas en la fogata y se olvidó del mundo. Esa noche y varias más...
-Bueno, chicos -dijo Koei-. Fue un placer perder el tiempo con ustedes.
-Eso debería decirlo yo -bufó Kyoichi.
-Lo único que hacías era dormir -rió Arthur, ayudándolo a levantarse.
-Para no escucharlos pelear.
Por alguna razón, el ambiente comenzaba a sentirse liviano. Quizás ya era hora de salir de ese lugar, o eso querían creer. El más joven, sin embargo, vivía con su aura oscura, por lo que no estaba seguro de que algo bueno saliera de ahí.
-Shido, recuerda lo que hablamos -miró al ninja-. Nos debes explicaciones, y hablo por todos.
-No te salvarás esta vez -dijo Arthur-. Además, todavía nos debes una demostración.
El chico medio sonrió, y con las manos en los bolsillos, comenzó a caminar por el campo nevado, pasando de ellos, quienes lo siguieron sin decir nada más.
Cuando el grupo se acercó a la sección de cuarentena, les sorprendió ver a Makoto sentada en el suelo, hecha un ovillo, ocultando su rostro en sus brazos apoyados en sus rodillas. A su lado, reposaban los auriculares oscuros que su hermano acostumbraba a usar, y eso no les dio una muy buena señal.
Había pasado una semana. Recién llegaban y ya el ambiente estaba tenso. Sólo esperaban porque al equipo se le hubiera olvidado su promesa.
-¿Qué ocurre, Makoto? -Sho se acuclilló frente a la niña, posando una mano en su hombro. Le preocupó sentir que convulsionaba.
-Makoto -Kakeru se acercó lentamente, procurando no alterarla más de lo que ya estaba.
-No está... -musitó la pelinegra, levantando la cabeza para cubrir sus rostro húmedo de lágrimas.
-¿Qué...?
-Mi hermano no está...
Dicho ésto, los chicos corrieron a comprobarlo por sí mismos. Dentro de la habitación, sólo podían ver a los sujetos de traje blanco rodeando las camillas donde debían estar los dos adultos del grupo, pero la tercera camilla, donde debía estar el rubio, no estaba ahí.
-No puede ser... -musitó Sho.
-Pero si apenas empezamos el día -dijo Kakeru.
-¿La señorita Yuki sabrá de esto? -preguntó Ayumu.
Voltearon a ver a Makoto, que lloraba en los brazos de Gabu, éste sin saber cómo tranquilizarla más que con caricias a su cabeza. Quería decirle que todo estaba bien, que quizás estaba adelantando conclusiones, que quizás no lo habían desconectado, pero ni él estaba seguro de ello, y al final, si se lo decía y resultaba ser lo que todo estaban imaginando, entonces habrá sido en vano.
-Chicos -pocos se giraron a ver a Gia-. Siento interrumpir, pero Yuki los necesita en el laboratorio.
-Si no son por buenas noticias, ¿por qué deberíamos ir? -chilló Hosuke.
Seh, después de mucho tiempo, iba con ellos.
-¿Cómo van a saber si son buenas o malas noticias? -espetó la joven-. No me dio detalles, sólo quiere que vayan; es su problema si quieren o no quieren ir. Yo sólo cumplo con avisarles.
Dicho ésto, se marchó, dejando a... bueno, a los que estaban atentos, con la boca abierta. Esa joven tenía un carácter difícil; ahora entendían por qué nadie quería trabajar con ella. Sin embargo, tenía sus motivos para responder como lo hizo.
Incluso Hosuke casi se hace mierda por dejar de aletear de la impresión.
Mierda~ El mamut se hizo mierda~ (?)
-Está todo en orden -Haru le entregó una carpeta a la pelirrosa-. Hasta el momento, no se ve ningún tipo de daño, por lo que pueden continuar con normalidad.
-Entiendo -la pelirrosa, con una pequeña sonrisa, volteó a ver a ambos adultos a su lado-. Es un alivio tenerlos de vuelta, chicos.
El ninja y el caballero fueron contagiados por su sonrisa.
-¡Señorita Yuki! -los cuatro mayores voltearon al oír la voz de Sho, quien venía con su equipo-. ¿Qué está ocurrien-? Chicos...
-Al fin nos volvemos a ver -sonrió Arthur.
Esta vez, los que sonrieron fueron ellos. Sin embargo, a un grupo no lo abandonaba el aura de melancolía.
-Todo salió bien -escucharon la voz de Sawada y pasos acercarse a donde se encontraban.
El grupo volteó y el asombro adornó sus expresiones.
-¿De verdad? -preguntó Yuki.
-Sí, pero no hay que confiarse.
Makoto empujó a Kyoichi en un abrazo. Por suerte, el chico tenía buen equilibrio, por lo que pudo impedir que terminaran en el suelo. Habría sido distinto si sus extraños amigos se hubieran lanzado en lugar de la niña, y vaya que pensaron en hacerlo, pero después de tres meses prácticamente muerto, era normal que el chico apenas tuviera fuerza.
Si antes era delgado, ahora era como ver un fideo; no sólo por él, pues Koei y Arthur también habían perdido algo de peso, y ni hablar de sus expresiones cansadas. Al rubio le había crecido un poco el cabello, pero estaban tan acostumbrados a ver esa cortina cubriendo parte de su cuerpo que lo pasaron por alto.
¿Y el resto? Sólo sonrió. No sólo por la escena, sino porque al fin, después de lo que parecieron años, sus tres compañeros estaban de vuelta.
(1) Silence Speaks - While She Sleeps ft. Oliver Sykes
(2) That's Just Life - Memphis May Fire
Capítulo caca. He dicho. Caso cerrado (?). No quise escribir más, ni corregir, y ya despertaron los tres mosqueteros (?)
Sé que me demoré más de tres meses en actualizar, no pensé que tardaría tanto. Seré sincera... no sabía qué mierda escribir :v a veces se me venían ideas, a veces venían otras más, y al final se me enredaba todo :v iba a poner unos flashback's, onda algo del pasado de cada uno, pero a medio escribir, sentí que me desvié de la historia, y que lo único que concordaba con ella era la historia de Kyo; sé que este tipo no es de mostrarse deprimido ni nada, pero es un FANFIC, y en el anime tampoco tenía mucho protagonismo que digamos, además, quería darle un toque más realista y el tema de la depresión es polémica en Japón, al ser un país bastante estresante. Como ven, su historia tiene menos teorías que los videos de BTS :3 que llevan como tres años creando sus mensajes subliminales (?)
Así que... I'm so sorry, but it's Fake Love (?) ok no jdsfsdjfshk
Tuve que juntar a Arthur y Koei; si escribía algún pasado para ellos, simplemente sería relleno, además, no se me ocurriría nada para ellos porque son personajes más secundarios que la misma Yuki :P
Ya, no los agobio más. Gracias Chilensis por comentar xD diría algo más, pero tengo el cerebro seco :v
Como recompensa por tardar... pídanme lo que quieran para el próximo capítulo. No sé, un especial; no necesariamente tiene que ver con la historia :v
Chao Chao!
