Disclaimer: Final Fantasy VII y todo su mundo es propiedad de Square-Enix.

.Cerrado bajo llave.

por. Bechan in wonderland.

El corazón de una bestia.

La transformación es aterradora. Como siempre. Es todo muy rápido, realmente, pero es tan visceral que da igual las veces que lo hayas visto. Cuando pasa de uno al otro, Vincent pierde partes de sí mismo. Todo cambia.

Él sufre. Tiene miedo de transformarse en la bestia. Y después, tiene medio de volver a ser humano. No sufre sólo por el dolor. De hecho, cuando esto ocurre, está tan lleno de furia y rabia que Vincent no es consciente del dolor. Tiene miedo porque con cada conversión pierde partes de sí mismo. Tiene miedo de perderse.

¿A dónde se va Vincent cuando la bestia sale? Yuffie nunca preguntó, y él nunca se lo dijo.

Vincent se convulsiona hacia delante, mientras cada una de sus vertebras se alarga más y más, repiqueteando con fuertes crujidos de huesos que se rompen, deslizan y estiran. La piel no aguanta la tensión y se separa de la carne, dejando sitio a un espeso pelo negro como el hollín, que se abre camino entre la sangre. La espalda crece doblándose en tamaño y la columna vertebral se amplía por el extremo posterior del cuerpo, formando una inmensa cola. Las piernas se arquean, se quiebran creando una forma nueva; más rápida, más fuerte, más grande. Los dientes se desplazan creciendo descomunalmente de tamaño y la mandíbula se desencaja para hacerle sitio a los colmillos. Se lleva las manos a la cabeza, y mientras su cabello se vuelve blanco –un blanco imposible de no asociar con cierto albino –, dos inmensos y curvados cuernos se alzan sobre sus sientes, coronándole. Los dedos se despliegan, prolongándose hasta que los huesos de las falanges rompen las uñas y unas enormes garras desgarran el tejido de pescuezo humano que queda.

Ya no hay Vincent, sólo la bestia. Galiana.

Se yergue ponderosa sobre sus cuartos traseros, soltando un gruñido gutural que precede el ataque de La danza loca.

Reeve, con una inerte Shalua entre sus brazos, tiembla con un escalofrío que lo hace retroceder asustado. No es la primera vez que ve a la bestia galiana, pero no es lo mismo verlo a través de los ojos de su gato robot Cait Sith que presenciarlo él mismo, sintiendo en su piel el remolino de miasma que comienza a elevarse alrededor de la criatura cuando ésta se lanza sobre Azul. Lo hace con todo el odio y la rabia con la que fue despertada.

Azul recibe su ataque con morbosa satisfacción. Es su manera de demostrar su teoría ante todos y ante el propio Vincent: que él es monstruo despojado de humanidad y sediento de sangre, como lo son los tsviets.

―¡Vamos, Vincent! ¡Muéstrame tu furia!

Azul para la cornada de la bestia, agarrándolo con sus gigantescas manos por los cuernos. Hay un forcejeo, en el que Azul pierde terreno, por lo que hace un ahínco de fuerza, clava sus pies en el suelo metálico, tensa sus músculos y lanzando un grito de guerra para derribar a la bestia enviándola al suelo.

Azul ataca, propinándole un golpe con el puño cerrado al lomo de la bestia para que no se estabilice, le lanza un segundo puñetazo pero esta vez la bestia se lo intercepta clavando sus fauces alrededor del brazo del Tsviet. Cualquier otra persona hubiese perdido la extremidad en el acto, pero la inmensidad de Azul lo ayuda a soportar la mordida, no obstante se retuerce de dolor tratando de zafarse y cae al suelo con la bestia encima que lo aplasta cayéndole como un tonel encima. Azul coloca sus botas en el pecho de la bestia y lo impulsa lejos de él, lanzándolo a un metro de distancia.

El guerrero se incorpora, con el brazo destrozado en una herida profunda que supura músculos, grasa y sangre azul. La bestia agazapada gruñe ferozmente y escupe a los pies de Azul un trozo de carne. El tsviet sonríe:

―¡Bien, bien! ¡Un excelente rival!

Alcanza su ametralladora Gatling a su espalda con el brazo bueno y apunta a la bestia, que desquiciada se vuelve a lanzar contra su enemigo.

―¡Vinnie, no!

Yuffie lanza su shuriken contra el arma de Azul, haciendo que se desvié y las balas impactan contra el suelo a escasos centímetros de la bestia Galiana, quien se detiene bruscamente ante el vuelo circular del shuriken y se gira para gruñir a Yuffie.

Azul aprovecha este instante para correr haciendo un barrido con todo el peso de colosal cuerpo, derribando la pared de la base y subiéndose de un salto a un helicóptero de la Deep Ground que sobrevuela el exterior del cuartel general de la WRO.

La bestia lo persigue por unos instantes hasta que el helicóptero supera los muros lindantes de la WRO, perdiendo de vista Azul que sonríe despidiéndose con un gesto militar.

La bestia ruge y brama, y comienza a golpear los sólidos muros con intención de destruirlos.

―¡Vinnie! ―lo llama Yuffie.

Le bestia se acuerda de las otras presencias. Huele a presas. Muchas presas. Siempre está hambriento cuando se transforma. Hambriento y furioso.

Huele la sangre corriendo por las venas de la chica detrás de él, que lo llama. La bestia no huele su miedo. Ella tiene un olor conocido. Es de la manada. También es conocida la sangre en el hombre arrodillado en el suelo, oculta detrás de la sal de sus lágrimas derramadas sobre la mujer inconsciente entre sus brazos. Pero hay otra más. A lado hay otra chica, más pequeña.

Se acerca, gruñendo.

Shelke retrocede.

Yuffie se mueve, interponiéndose entre la bestia y la más pequeña.

La bestia se lanza encima de Yuffie, abatiéndola. Lanza un zarpazo pero ella rueda por el suelo, evitándolo.

Shelke tiembla como si ya la hubiera destripado, y su cuerpo exuda un olor que a la bestia le trae recuerdos de experimentos en un laboratorio y una mujer llamada Lucrecia. Así que vuelve a enfocar su interés en ella. Se prepara para saltar.

Yuffie salta encima de la bestia, agarrándola por el pelaje que recubre su cuello. Deslizando sus dedos, la obliga a mirarla. La saliva resbala desde sus fauces hasta el rostro de la chica.

―¡Vinnie! ―está diciendo. Una y otra vez― ¡Vinnie! ¡Soy yo! ¡Yuffie! ―afloja su agarre, que se convierte en abrazado―. Ya está. Ya acabo.

La bestia se calma entre los brazos de Yuffie, apoyando la cabeza en el hombre de la chica y recuerda qué se siente al no tener pelo cuando nota el frío de la lluvia otoñal sobre su piel desnuda.

La transformación es aterradora. Como siempre. Es visceral. Cuando pasa de uno al otro, Vincent pierde partes de sí mismo. Todo cambia.

Pero aquí ya no hay rabia. Sólo un terrible y punzante cansancio. Quizás parecido a cuando lloras tanto que ya no te quedan lágrimas en los ojos, a pesar de que el dolor aún sigue ahí.

Ya le da igual perderse.

Pero Yuffie lo abraza y le susurra que no tenga miedo, que jamás se va a perder a sí mismo, porque lo ha encontrado y que cuando se transforme ella irá buscarlo.

Porque Vincent se oculta tras el corazón de la bestia.

Notas de la autora: Esto casi se lo puede considerar un hechizo de nigromancia por mi parte, al resucitar Cerrado bajo llave con este drabble después de DOS AÑAZOS sin actualizar jajaja. Pero tras el anuncio oficial en la conferencia de Sony en el E3 del 2015 del remake de Final Fantasy VII para PS4 y PC, me he puesto nostálgica y me puse como una loca a jugar a Dirge of Cerberus (curiosamente ya me había puesto a jugar al Final Fantasy VII hace unos meses), lo cual me ha traído este trocito de inspiración, basado después de que las puertas de seguridad del laboratorio de WRO se cierren dejando a Shalua encerrada con Azul.

Pensé en poner esta historia en un fic aparte, pero ya que tengo éste para drabble pues decidí dejarlo aquí. Para que esté organizadito. Aunque no sé si ya habrá alguien que le interese seguir leyendo esto, pero bueeno, yo me quedé desahogada y eso es lo que importa jeje.

Comentarios y críticas son siempre bienvenidos, ¡un saludo y hasta el próximo!