Advertencias: Ninguna
Nota de Autor: Qué estrés de exámenes, señores, ¡qué estrés! Pero bueno, aquí estoy otra vez con otro nuevo capítulo. Es cortito, lo se, pero es lo máximo que puedo hacer hasta que me liberen un poquito, así que disfrutarlo! Jejeje! Y pasito a pasito seguimos avanzando con esta historia :)
Capítulo 13: Volando libre
— ¿Puedes abrir eso?—preguntó el rubio, señalando con la cabeza al candado de la jaula de Juliet.
Alex asintió con la cabeza, rebuscando en el bolsillo de sus pantalones vaqueros desgastados hasta que dio con unas llaves que había sustraído de uno de los puestos de seguridad antes de acudir en rescate de los dos rubios.
En apenas unos segundos el candado cayó al suelo y la puerta de la jaula se abrió de par en par, dejando a Juliet de nuevo en libertad.
—Mi barco no está demasiado lejos de aquí—informó la morena—Hay que darse prisa—añadió antes de adentrarse de nuevo en la selva, corriendo a buen ritmo en dirección a la playa.
— ¿Puedes correr?—preguntó Sawyer, con cierta preocupación en su voz.
—No—respondió Juliet. Sin embargo, no tardó ni dos segundos en comenzar a trotar detrás de Alex, despareciendo tras la vegetación a toda velocidad y con una mueca de dolor dibujada en su rostro.
El trío corría a toda velocidad por la selva, Alex a la cabeza y marcando el camino, seguida de cerca por James y en último lugar Juliet, que a pesar de sus esfuerzos por seguirles el ritmo, no podía evitar irse quedando más y más rezagada a medida que los minutos seguían pasando y sus ya excasas energías seguían agotándose.
Después de recorrer una distancia bastante considerable, pudieron escuchar a lo lejos la alarma de emergencia de La Hidra, indicando que Los Otros se habían percatado al fin de la huida de sus prisioneros. Por suerte para ellos, habían logrado conseguir una buena ventaja frente a sus captores.
— ¿Cuánto queda para llegar a la playa?—preguntó Sawyer con la voz entrecortada, sin dejar de correr.
—Si seguimos a este ritmo puede que menos de dos horas—contestó Alex tras dudar durante unos segundos.
James no dejaba de mirar de reojo a la rubia, observando como seguía quedándose atrás a pesar de sus esfuerzos más que visibles por mantener el ritmo de carrera de sus dos compañeros. La expresión tensa de su rostro reflejaba a la perfección la delicadeza de su estado físico, por más que ella se esmerase en ocultarlo.
—Tenemos que parar.
— ¿Qué?—exclamó Alex, mirando al sureño como si de repente le hubieran salido dos cabezas— ¡No podemos pararnos!
Sin embargo Sawyer ignoró sus palabras y se detuvo en seco, por lo que la morena también terminó su carrera. A lo pocos segundos Juliet alcanzó a su posición, situándose al lado del rubio con gesto interrogante y respiración descontrolada.
— ¿Por qué paramos?
—Estoy cansado y tenemos bastante ventaja frente a ellos, así que podemos permitirnos andar durante un rato y recuperar fuerzas—se excusó.
—Eso es muy arriesgado—replicó Alex, frunciendo el ceño levemente.
—Ya lo se, Xena, pero todo en esta jodida isla lo es, por si no lo habías notado.
Dando por finalizada la conversación, Sawyer reanudó su camino, andando a paso rápido. Alex no tardó demasiado en adelantarle y aunque Juliet ahora si que era capaz de seguirles el ritmo, era evidente que estaba haciendo un sobreesfuerzo bastante grande.
Después de unos segundos la rubia hizo una pequeña mueca mientras que disminuía un poco la velocidad, pero en cuanto se percató de que James la estaba mirando de nuevo rehizo la expresión de su rostro y apretó el paso.
Con el paso de los minutos, la selva fue dejando paso a la playa, sustituyendo la vegetación abundante por arena cristalina y olor a sal. Alex volvió a correr de nuevo, acercándose hasta unos arbustos que había junto a unas rocas.
Perfectamente escondido entre la escasa vegetación, se encontraba un pequeño bote de madera con un par de remos en su interior. La adolescente se apresuró en apartar todas las ramas rápidamente.
—Y por fin apareció el Titanic…—comentó Sawyer, acercándose para echarle un vistazo a la pequeña embarcación.
—No es la gran cosa, pero os llevará hasta la otra isla sin problemas—aseguró Alex con gesto serio, pasando la palma de la mano por la superficie del casco.
—Bueno, ¿pues a qué estamos esperando?
En silencio, para poder guardar las pocas energías que les quedaban, Sawyer, Juliet y Alex comenzaron con la tarea de empujar el bote hasta el agua, arrastrándolo por la arena de la playa. Si bien la distancia no era demasiada, el cansancio de días y días había hecho demasiada mella en todos, por lo que la tarea se estaba volviendo un verdadero infierno.
Por suerte, a medida que se iban acercando al mar la arena comenzaba a estar más humedecida, por lo que el casco del barco resbalaba con mayor facilidad, teniendo que realizar un esfuerzo algo menor para empujarlo.
Cuando finalmente el bote tocó el agua, Sawyer sintió ganas de dejarse caer de espaldas sobre la arena. Sin embargo, no había tiempo para descansar, tenían que salir de allí lo más pronto posible.
—Gracias por todo, Alex—dijo Juliet, mirando a la chica con cariño, a pesar de su aspecto debilitado.
—Cuidate mucho, ¿vale?—pidió la morena, haciendo una mueca para evitar que su barbilla temblase, al tiempo que sus ojos empezaban a llenarse de lágrimas que no llegaron a caer, aunque no por falta de ganas.
Al fin y al cabo, Juliet había sido su única amiga en los últimos tres años. La única que la entendía y que se había preocupado realmente por ella. Y en circunstancias como estas, decir adiós no era tarea fácil.
Juliet abrazó a Alex con fuerza, pasándole una mano por el pelo de manera afectuosa, sintiendo como un nudo seguía firmemente colocado en la boca de su estómago.
—Es hora de largarnos de aquí—interrumpió Sawyer.
Juliet asintió un par de veces, tragando saliva pesadamente, y abrazó a la adolescente por última vez antes de correr al lado del sureño. James por su parte se limitó a despedirse de la muchacha haciéndole una pequeña señal con la cabeza.
La rubia se subió al bote, colocando los remos en posición mientras que Sawyer se encargó de empujar la embarcación para introducirla de lleno en el mar. Cuando el agua estaba cerca de alcanzarle las rodillas, el sureño se subió a la barca de un salto ágil y rápidamente comenzó a remar en coordinación con Juliet para que la corriente no les arrastrara de vuelta a la orilla.
En cuestión de minutos, Alex pudo ver como poco a poco se iban alejando de la isla Hidra hasta casi desaparecer en el horizonte.
Continuará...
