¡Oh Cristo, extrañaba esto! Bien, aquí estoy de nuevo con el capítulo. Quiero volver a pedir que no me maten por el capítulo anterior, aunque a muchos les gustó ese sufrimiento… ha sido todo un notición, así que muchas gracias por el apoyo.
Soy una chica buena, soy obediente, y por eso hay que seguir las reglas: Digimon no me pertenece, y uso a sus personajes sin fines de lucro. Entre otras cosas, creo que ha sido una buena semana, este capítulo se escribió hace bastante así que corregirlo a sido una comedia para mí, ¡con comida de bebé en mi boca! ¡Yummy! ¿A ustedes les gusta? Bien, olvidemos eso, los dejo con el 14, ¿pueden creerlo? ¡Yo no! ¡No quiero que se acabe!
.Casa Casa Mia.
Por Mizh-n-Rozh.
.Dopoguerra.
Koushiro Izumi POV's
La alarma en la mesa de noche comenzó a sonar con una insistencia terrorífica y mi cabeza daba vueltas aún. Ciertamente, recordaba muy poco de la noche anterior, digo… sabía bien que las chicas organizaron una salida a Shibuya con motivo de festejar un Halloween un tantito disparejo, recordaba mi primera copa, pero el resto se me perdía en la quinta o la séptima. Tomé el reloj con furia y lo lancé al suelo pero instantáneamente me levanté porque pensé que se había roto, estaba en perfecto estado y yo con una cara deplorable principalmente por el dolor de cabeza.
Resaca.
Ya me sabía los síntomas porque los había estudiado millones de veces, y billones de veces me había prometido jamás beber, pero la noche anterior me dije trillones de veces estúpido y niña que era por no haberlo hecho antes. Ahora se me perdían los números por lo mal que me sentía.
Son de esas cosas en la vida con las que no te esperas tropezar, dices no hacer algo jamás, cuando ni te das cuenta que lo hiciste todo el tiempo. Mis síntomas fueron los mismos desde hace algunos días atrás sólo que el dolor muscular ahora se destacaba tanto como el de la cabeza. Ella se había convertido en mi dolor de cabeza, o algo por el estilo; se mareaba, el mundo se ponía a temblar, ella daba vueltas y sonreía.
Jamás me había pasado en mis 19 años de vida, y mucho menos me esperaba que fuera una niña tan… igual a Mimi.
Corrí hasta el baño para lavarme la cara y los dientes, así terminar de despertarme, en ese momento deseé tener un reloj que detuviera el tiempo como en las caricaturas de niños, y poder dormir otro rato. Pero no. La vida continuaba y mi día para trabajar iniciaba con el sol lento del otoño, casi invierno.
No tenía tanto frío a pesar de haber dormido en ropa interior, ni demasiado calor como para quitármela en la madrugada. Me vestí rápido y tomé la bata del gancho sin siquiera medio revisarla y baje con los libros en la otra mano. En la cocina se encontraban Matt y Mimi, o por lo menos solamente Matt, estaba vestido y listo para irse a trabajar mientras que la castaña dormía a diestra y siniestra sobre la mesa con el plasma a todo volumen y un video de Rihanna con muchos colores.
Yamato alzó la vista y me saludó con la sola mirada.
—¿Quieres café? —preguntó con amabilidad, y como respuesta me lancé sobre la cafetera negra para servirme una taza gigante.
Con delicadeza, Yamato le quitó a Mimi el control de entre las manos y puso las noticias del país, no estaba seguro de qué tanta atención le prestaba a las imágenes o al audio, pero no tardó demasiado en comenzar el zapping. Mimi despertó con la mano en la cabeza y una resaca mucho peor que la mía.
—¡Maldición! —masculló sin vergüenza alguna—. ¿Por qué carajo me cambias el canal, Yamato?
—Tú estás durmiendo, vuelve a sosegarte —respondió él sin prestarle atención.
Rodé los ojos de pura cómica, ellos, a mí parecer, hacían muy buena pareja, digo… Yamato era lo suficientemente creído como para no necesitar que alguien lo alabara, eso sin contar el montón de chicas que iban a su oficina todo el tiempo, Mimi no necesitaba atención de más… digo… ¿qué? Espera. Creo que el café me está cayendo realmente mal.
Glosa cerebral: Abandonar el café temprano.
—¡Izzy, dile que me lo regrese! —rugió ella con los brazos cruzados, pero yo aún estaba demasiado distraído y aislado por mis pensamientos anteriores como para captar sus berrinches.
—¿Por qué no vas a estudiar un poquito, Mimi? —sugirió Matt sin mirarla, estaba tenso, molesto, en sus ojos notaba algo peor que los días anteriores, su agonía interna y la inquietud de su alma. Todo era bastante notorio a pesar de mi resaca.
—No es tú problema, ahora te agradezco que tú sí te vayas a tu trabajito y me dejes ver televisión tranquila.
—Es cierto, Mimi —le pregunté más atento al asunto, y con un tono menos agresivo y ofensivo como el que tenía el otro dueño de la casa—. ¿No trabajas, o estudias?
Ella bajó la cabeza y volvió a descansar sobre sus brazos en la mesa. Su voz sonó ahogante y herida, quizá confundida y con una ansiedad detrás de toda ella, y no lo decía por la figura de Yamato a sus espaldas, de pie y con el control en la mano, que la había molestado con el tema de su profesión.
—Estaba haciendo un taller de actuación pero ya no quiero, estuve perdiendo el tiempo —dejó escapar un suspiro de resignación, y Matt un "Jaa!" con malas intenciones, Mimi le respondió lanzándole el salero que golpeó su hombro—. ¡Ojala te coma un gato!
Momo, el gato de Mimi, fue lo primero en lo que pensé y como si mis pensamientos hubiesen sido escuchados, el gatito entró en escena y se subió a las piernas bien formadas de Mimi, y lo decía con todo derecho pues el pequeño short ajustado dejaba volar la imaginación hasta del más inocente.
—¿Actuación? Si no te gusta ¿por qué lo tomaste en un principio? —inquirí, haciendo bailar a la cucharilla en la taza de café con azúcar.
—No lo sé, quería ser famosa… ¡Ay no lo sé! Pero perdí cuatro años de mi vida allí, eso está muy mal —admitió más fastidiada.
—¿Y qué te gusta hacer?
Pensé en intentar ayudarla a buscar algo mientras esperaba que se hicieran las diez de la mañana y poder irme a hacer guardia en el hospital. La miré al rostro y ella, aún con la cara sobre los brazos, me miraba con los ojos cristalinos y color miel. Ahora pasaba por la borrachera de siempre (no la de esta mañana), me mareaba, se aceleraba el corazón, tenía ganas de correr y comenzaba a sentirme feo… sí, como si ni siquiera fuera merecedor de mirar tanta belleza en ella.
—¿Disculpa? ¿Hacer? —me sacó de mis pensamientos, por ese momento sentí como si estuviéramos solos ella y yo, como si el ruido de canal a canal fuera parte de nuestro organismo, pero lo que me mantenía creyente con que era de día fueron sus efectos en mí.
—Sí, ya sabes… Quizá te guste la moda, te gusta plantar flores, la playa…
Ella pareció meditarlo porque alzó la vista y observó el televisor por unos pocos segundos seguido de un suspiro más… Oh, si sólo ella supiera que también suspiraba así…
—La cocina, creo que me gusta cocinar… es de lo único de lo que no me he cansado en la vida —siempre hacía eso, me daba más respuestas de las que en verdad necesitaba.
—¿A qué te refieres con eso de lo único de lo que no te has cansado en la vida?
—Pues que nunca termino algo cuando lo empiezo y me aburro de las cosas con mucha rapidez. Sé que está mal pero ya es hasta normal en mí —dijo—. Me cuesta decidir algo.
En ese último instante no me miró, por lo que lo tomé como una mentira piadosa.
—Entonces… ¿te aburres rápido de tus amistades? —pregunté y ella subió la cabeza con los ojos abiertos con desmesura, allí me arrepentí de la pregunta—. Lo siento, olvídalo, ¿sí? —Mimi asistió y cerró los ojos para seguir escuchándome—. ¿Algún tipo de comida que te guste cocinar?
—Hago lo que sea, cuando sea. ¿Por qué me preguntas eso ahora Izzy? ¿Acaso te ha caido tan mal un poco de whisky? —ella se levantó y puso su mano sobre mi frente, sentí el calor puntear en mi entrepierna y otras punzadas más veloces en mi pecho, maldición… ¿por qué ahora?—. Estás algo calientito, no deberías tomar café.
—¡Nutrición! —grité y me levanté de la silla, Yamato y Mimi voltearon a verme, pero el zapping jamás se detuvo.
—¿Cómo?
—¿No te gustaría ser nutricionista? —le dije ahora con un poco más de vergüenza, pues sí, seguro me había visto como un estúpido al saltar así.
—Oh… —se detuvo—. Oh… Bueno, jamás lo había considerado… yo…
—Puedo conseguir un cupo para ti en la universidad, ¿no te gustaría? Al menos así harás algo mientras te quedes aquí en Odaiba, luego regresarás a la actuación o a otra cosa —seguí animándola—. Nunca es malo saber de todo un poco.
Mimi volvió a tardar en responder, pero entonces ella también se puso de pie con un ánimo y entusiasmo más notorio, su alegría y su mirada entretenida podían mantenerme despierto todo el día aunque me estuviera quedando sin alma, justo como ahora.
—No, ¿sabes qué? No volveré a actuar. Es más, sí, me encantaría aprender algo y ser doctora, debe ser divertido ayudar a los demás. ¿Cuándo puedo comenzar?
Se me iluminó el cielo con su sonrisa y la idea de poder acompañarla todos los días a la universidad, aunque claramente iría más adelantado que ella, eso no me impedía salir entre clases y visitarla dondequiera que estuviera. Mi gloria tuvo una nube gris relampagueando, y el fuerte sonido se estrelló en mi mejilla por la bofetada de Hikari, que acababa de llegar con los ojos hechos nada, ahora yo me preguntaba qué le había hecho.
—¡Eres un animal! ¿Qué te hice yo? —vociferó ella con un tono de voz agudo.
—Yo no he hecho nada, ¿por qué me golpeas?
—¡Por qué me golpeas! —se burló ella con una voz insultante y luego hizo sonidos estúpidos más el golpe sobre mi pecho que me hundió el corazón que antes Mimi había logrado que comenzara a latir—. ¿Por qué te golpeo? Oh, disculpa Sr. Inocencia, sabes bien lo que hiciste.
Ella estaba irritada, molesta y destrozada. ¿Qué clase de criatura pudo haberle hecho tanto daño una niña tan dulce como la hermana de Tai? Sabía bien que no le agradaba del todo, pero eso no le daba derecho de acusarme sobre algo de lo que en verdad yo no era culpable, entonces fueron sus ojos, su boca, la nariz, su voz lo que hizo llegar al punto de que en verdad estaba muy mal y necesitaba ayuda urgente, pero no mía, porque terminaría siendo comida china.
—Te juro que no sé de qué hablas.
—¡Pues de esto! ¿A qué otra cosa me podría referir?
Ella lanzó el montón de tiras de papel en mi cara, algunas de las puntas de ellas me rasguñaron pero aún seguía sin entender, hasta que volteé un pedazo de una de las fotografías y me encontré con parte del rostro de Tk y su cabello. Sus fotos. Aunque eso aún no tenía lógica.
—Quiero saber qué te hice —pidió ella de brazos cruzados con la mirada tan dura y fría como una piedra.
—A ver, Kari —le dijo Mimi, intentando ablandar la situación, aunque ella tampoco entendía nada de la situación—. Primero cálmate. Segundo, explícanos qué sucedió, sin agredir verbalmente a nadie.
—¿Por qué no le preguntas al Sr. Responsabilidades —su tono amenazador y el odio reflejado en cada gesto me hacía temblar internamente, esperaba que no se notara.
Recogí otro poco de pedazos de fotografías, a medida que las tomaba me daba cuenta que eran todas imágenes de ella y el hermanito de Yamato, todas cortadas en millones de partes pero no sólo eso… sino que también un pedazo de papel. A penas lo tomé con las manos, ella me la quitó con furia y se apegó a Mimi como protección.
—No sé ni para qué vengo a intentar aclarar las cosas contigo.
Pero no, antes de que se fuera Takeru apareció para tomarla y allí se desmoronó. Lo abrazó con fuerza y él nos miró pidiendo explicaciones, que por supuesto yo no iba a dar porque no me las sabía, no sabía qué había hecho.
Lo que fuera, estaba seguro que no estaba conciente al hacerlo… No señor.
—Kari, escúchame —rogué con un tono bastante conocido en mí—. De verdad no sé qué tienen que ver estas fotografías cortadas conmigo… no sé en serio lo que pasa, siento que me perdí de algo.
Ella se volteó aún aferrada a Takeru.
—Entraste a mi habitación en la madrugada, pero no te dije absolutamente nada porque no me escuchaste y no tenía ganas de correr tras de ti a las cinco de la mañana; pero cuando fui a tu habitación esta mañana todo estaba en la basura, mis fotografías más preciadas y mi cámara, todo estaba echado a perder, ¡por tú culpa! —descontrol—. ¿Qué te hice Koushiro? ¿Tanto me odias? ¿Pensé que habíamos hecho las pases?
Eso era demasiado. Me estaba culpando de algo que ni no recordaba haber hecho, no podía quedar como el acosador que entraba a su habitación para robar fotografías con su noviecito y romperlas todas, hasta su cámara. ¡Eso no sonaba a mí!
—¡Me estás culpando de algo que no soy responsable!
—¡Todo tiene que ver con tus responsabilidades! Aterriza, Koushiro, eres tan niño como yo, no puedes manejar ni tu propia vida solito, tienes que vivir de molestar a los demás…
—Hikari, cálmate un poco —pidió Takeru pero ella estaba salida de sus cabales, muy salida.
—¡No, no! No me voy a calmar nada, tuve mucha paciencia con él. Yo tampoco soy tan linda y dulce, ¿sabías? Puedo ser más cruel que Sora y Mimi juntas.
Takeru acariciaba su brazo con demasiado apuro como para poder relajarla, seguro él tampoco entendía nada. Mimi, quien permanecía taciturna, tampoco comprendía nada pero estaba pensando demasiado, como si en serio fuera a levantar una acusación en contra de mí.
—¡Se acabó! —aulló Yamato y estrelló su taza de café contra el mármol—. Parecen unos niñitos discutiendo, si ambos se van a quedar aquí deberían aprender a soportarse, o por lo menos no se busquen problemas entre sí mismos que incluyan a los demás. Quién sea que tuviera la culpa, ya no importa… solamente dejen de discutir por cosas estúpidas.
Yamato no terminó de dar su discurso cuando Kari ya se había marchado pisando con fuerza en cada pie, el chico de las fotografías se fue detrás de ella y yo me lancé vencido en mi silla. Matt tampoco tardó mucho en marcharse sin decir más nada, estaba tan molesto como Kari pero sin razón aparente.
Ya nadie tenía razones para nada.
Todos amanecieron molestos. O bastante extraños.
Lo confirmé con Sora, que bajó con lentes Uzzlang de sol, con un vestido pequeño y un pantalón de nylon negro. Su humor estaba decaído y tomó un Gatorade de la nevera, no dijo más nada y se marchó. Al salir, sólo escuché que se despedía con una voz deprimente y el sonido de la puerta al cerrarse; allí comprendí que era bastante tarde y había perdido tiempo con la discusión de Hikari, ahora ¿qué me diría Taichi por haberle hecho algo así a su hermanita? Podía defenderme porque en verdad no recordaba nada.
—¿Estabas borracho? —la voz de Mimi me sacó de mi nube de mis hipótesis. Debía apresurarme y llegar a la universidad—. Quizá sí hiciste lo que Kari dice, ella no miente nunca y tú no te acuerdas de nada.
—Espera, ¿qué? ¿Me estás acusando? ¿No me crees cuando digo que no lo hice nada?
Ahora también tenía un poco de ese malhumor. Me costaba creer cómo mi relación con Mimi había avanzado en tan poco tiempo y cómo se deterioraba tan rápidamente…
—No te acuso, estoy intentando buscarle lógica a lo que pasó —se defendió sin agredir.
—¡No puede ser, Mimi! Ella acaba de decir que es mucho peor que tú y Sora juntas.
—¡Por favor, Izzy! Ella sólo lo dice porque está irritada y enojada, ¡ella jamás será más agresiva que Sora! —gritos otra vez, ahora ella también estaba en mi contra y eso era más difícil de asimilar que Hikari me odiara, porque en sí, ella me odiaba desde mucho antes—. ¿Insinúas acaso que Kari es una mentirosa?
—Puede llegar a serlo… como todo el mundo.
—¡Este es el colmo, Koushiro! —ella se dispuso a irse y yo ya no tenía ganas de salir corriendo, estaba estresado y cansado de tanta gritería a las nueve de la mañana—. Puedes llamarme boba, puedes meterte con mi orgullo, y todo lo que se te ocurra, pero jamás Koushiro, jamás te metas con mis amigas…
Ella se fue moviendo sus caderas al son de su rabieta y las ganas de correr a ayudar a Kari, como lo estaba haciendo Takeru, y Tai no tardaría, prefería irme de una vez que esperar una nueva gritería que formaría el jefe de la casa.
—Y para que te lo sepas ¡Guárdate la dichosa inscripción de la universidad! No necesito nada de ti.
Tomé mis cosas, y sin pensar en más nada salí por la puerta trasera, subí a mi auto y me marché directamente a la Universidad. En la facultad todo transcurrió con extrema normalidad y mucha rapidez, que no me gustó en lo absoluto porque implicaba que el momento de regresar a casa se acercaba, Tai me diría millones de cosas y yo no podría defenderme como debía ¡Si tan sólo Hikari dejara hablarse! Ella no quería escucharme y mantenía la teoría de que era yo el culpable.
¿Y si Mimi tenía razón? ¿Y si estaba borracho al hacerlo?
Jamás había estado en un estado semejante y eso me tensaba otro poco, comenzaba a dudar hasta qué punto me podía mantener conciente y por qué no sabía cómo responder mis propias preguntas, pero entonces recordé una frase que dijo mi propia madre: "Cuando ya no encuentres respuestas a algo, hazte nuevas preguntas"
Grandes y sabías palabras. Mi familia era un gran apoyo en mi vida; mi madre era sumamente joven y mi padre no se quedaba atrás de esa juventud, ambos se criaron en Okinawa igual que yo, pero eran originarios de Odaiba. Mi hermana era la locura en vida, principalmente por sus ataques de rabia semejantes a los de Hikari, pero con más ira.
No sabía por qué debía recordarlos ahora, no era necesario, no ahora. Mi mente debía estar ocupada en qué decirle a todo aquel que me preguntara acerca de lo ocurrido en la mañana. Excusas buenas y creíbles.
Cuando ya estuve dentro, el ruido de la sartén y el olor a comida despertaron mi hambre y la curiosidad. Matt estaba en la cocina con Takeru, que hacía mi labor. El televisor estaba programado en un canal de música Coreana y no entendía ni el "Yog". Para mi suerte, ninguno de ellos dos estaba molesto conmigo, me sonrieron y comencé a ayudarlos como un escondite de lo que podrían ser palabras de Tai. Me sorprendió mucho que, cuando él bajó, tomara sólo un plato de comida, me saludara con la mano muy gentilmente y se marchara escaleras arriba ¡Y seguían los ánimos sin sentidos en todos!
No había rastro de las chicas, ni siquiera su olor. Por lo que no corría tanto riesgo preguntándoles a los chicos.
—¿Y las muchachas? —inquirí tragando el arroz. Sólo comíamos los tres allí, aún con la música coreana al fondo.
—Arriba.
Me respondió Takeru. En eso Matt se puso de pie y musitó algo parecido a "no tengo hambre" y lanzó la comida a la basura con una velocidad peligrosa, también se fue de la cocina.
—Todos están arriba —reiteró Tk.
—¿Por qué? —yo hacía preguntas muy tontas últimamente.
—Bueno, Sora ha estado sin ganas de hablar, Taichi está preocupado porque no quiere comer, no duerme y se la pasa vomitando en el baño, estábamos esperándote para que le dieras una revisada a su estado físico, incluso le ofrecimos el psicólogo de Taichi pero también se rehusó.
Takeru también dejó de comer al momento que yo dejé de hacerlo y miramos la comida con lástima. No había apetito por ningún lado y el delicioso olor había sido reemplazado por angustia y agonía. Pensaba que Sora era tan enfermiza como lo fue Tai en aquel momento, al menos ella lo era últimamente; ya comenzaba a sospechar que no podía tratarse más de un virus.
—¿Y las demás? —continué indagando en los pensamientos de Takeru, esperando que se abriera a mí.
—Hikari está deprimida y no ha dejado su habitación, ahora está durmiendo porque llegó de la universidad cansada. Mimi…
Su nombre hizo que mis oídos se afinaran y una parte muy centrada en mi pecho comenzó a lanzar veneno que se expandía por cada vena en mi organismo.
—¿Qué pasa con Mimi?
—Estuvo muy mal, por alguna razón que sólo Hikari sabe, y sospecho que Sora también, no quiere estar fuera de su habitación. Si te acercas sólo escuchas su voz, lleva cantando desde muy temprano. Al parecer eso no molesta a ninguna de las dos en cama.
Eso fue duro. Algo pasaba. Los ánimos y humos seguían alterados, no sé porque todos los lunes les caían mal a todos.
Subí inmediatamente a revisar a Sora, no fue una sorpresa que Taichi no le soltaba la mano en ningún momento pero ella estaba en completo estado de salud bueno; una temperatura regular pero con mucho cansancio muscular, por lo que opté por darle suero y así recuperar lo que había perdido con los vómitos.
Al verla a los ojos, podía notar como su mal estado era más anímico que físico. Taichi tuvo un descanso y fue despedido de la habitación por la misma Sora, allí decidí que era tiempo de transformarme en el psicólogo, aunque ya había uno en casa, sabía que era mejor que yo mismo me ocupara de este asunto.
—¿Quieres hablar conmigo? —ella levantó su cabeza que estaba baja, sus ojos rojos de tanto llorar me partieron el alma desde adentro, como si pudiera conectarme a ella y compartir parte de esa agonía—. Digo… que creo hay algo que hay algo que te está perturbando.
Ella asistió.
—¿Es por alguna amiga? —pregunté esperando que fuera por Mimi o Hikari pero negó rápidamente—. ¿Un hermano?
—Soy hija única —al fin habló.
—¿Un chico que te gusta?
Bingo. Tardó otro rato en responder.
—Izzy, a mí no me gusta nadie, no te ofendas, pero los hombres son unos idiotas —respondió con voz quebradiza, ella quería mentir pero desgraciadamente (y para sorpresa mía) podía leerle el pensamiento.
—Un hombre es idiota cuando quiere serlo Sora —dije—, pero supongamos que lo somos, ¿por qué deberías preocuparte por algo así?
—Porque vivo en una casa llena de filósofos que siempre tienen la razón.
Fría y tímida.
—¿Y tú no la tienes nunca? —negó—. ¿Segura?
—Yo soy un error de Dios, Koushiro —mi nombre en su boca se escuchó agotado y como una palabra de auxilio, con la manta cubría su rostro del mío, y el mismo cabello le servía como cortina para tapar su sufrimiento—. Debería de estar a seis metros bajo tierra
—¿Quién te metió esa idea en la cabeza?
Sora agachó la mirada y se miró las manos finas, eran del mismo tono de su piel pero se veían más suaves que el terciopelo, Sora me gustaba de un modo muy distinto al que me gustaba Mimi, era parte de las ganas que me daban de conocerla y abrazarla, de estar a su lado siempre, así como el impulso de querer hacerla sentir mejor aunque este no fuera mi problema.
—Nadie.
—Puedes confiármelo —pedí.
Se abrazó a sí misma, sola… seguro se sentía sola.
—Un chico… —respondió ella—. Tienes razón, estoy así por un muchacho y estoy dolida de que así sea, me siento desdichada de ser rechazada y golpeada en el corazón.
Rompió en llanto y se quitó las sábanas de encima, allí se lanzó a mis brazos y me abrazó con fuerza, llorando… un llanto que jamás había pensado ver en mi vida, cargado de dolor y despecho, de odio a sí misma y ganas de correr del destino que no le gustaba.
Me quedé con ella un rato para que se calmara, dejándola lagrimear otro rato más, que no duró menos de 2 minutos y más de 3.
—Sora, escúchame —ella levantó su cabeza y me miró con cuidado, lejana pero a la vez abierta a mí—. No sé cuántos te lo han dicho, pero hay muchos que esperan por ti, no puedes lanzarte al vacío sólo porque no funcionó con quien fuera que estuviste antes. Tú necesitas mirar un nuevo amanecer y comenzar a ignorar el atardecer, no esperes a que se haga de día, disfruta de la noche también.
Ella recostó su cabeza sobre la almohada de nuevo y miró al balcón con algo nuevo en los ojos, un pequeño punto brillante que se metía en su sangre y la alimentaba a partir de ahora, sonrió de medio lado y sin mostrar sus dientes blancos.
—Tienes razón, no debería dejar que todo se me cayera.
—Exacto, ahora toma ese ánimo y siémbralo, te aseguró que no pasarán más de cinco minutos para que sientas el efecto —se carcajeó tenuemente—. Te lo dije.
—Pareces un niño, Izzy, estoy pensando que puedes ganarle a Tk.
Cambiamos un poco el tema y comenzamos a hablar de su trabajo, estaba en un receso que pronto llegaría a su final y que en serio debía estar sana y sin preocuparse por cosas minúsculas. Sora tenía un gran corazón, pero alguien le estaba haciendo crecer del lado incorrecto y sin conocerla, me veía en la obligación de hacer que a partir de ahora, las hojas crecieran saludables.
Me despedí y la dejé dormir, pues tendría un examen con Kido dentro de dos días y necesitaba estudiar mucho. Tomé una bocanada de aire y toqué en la puerta de Mimi, ya había restado bastante tiempo hablando con Sora (no podía decir que lo perdí porque al menos ella confiaba más en mí). La puerta de Mimi se sentía con menos presión y más suave, aunque más frágil a mi tacto.
Mimi abrió la puerta con la cara dura, las luces estaban prendidas y el estéreo encendido con un poco de la música parecida a la que Yamato y Takeru tenían abajo… aunque su voz, su voz era hermosa, jamás había oído a alguien cantar tan bien como ella.
—Hola —la saludé.
—¡Mira a quién tenemos aquí! ¡Koushiro Izumi! —bramó con sorna, seguía molesta.
—No soy un holograma.
—Los chistes son míos, cariño —anotó con odiosidad—. ¿Qué quieres?
—Disculparme —me sinceré, ya estaba bueno, sabía que con Hikari no llegaría a nada pero al menos correría con suerte si Mimi decidía escucharme—. Sé que me alteré un poco y no te escuché… estuve pensando que… tal vez, sí… entré borracho pero no explica mis conductas, yo no soy así.
Mimi abrió toda la puerta de su habitación y guardó silencio, pero al ver que yo no me movía me pidió que pasara amablemente, yo moví un pie, luego otro, y otro mecánicamente aunque estaba más pendiente de lo femenina que era su habitación.
—Te disculpo. Yo también me alteré por la gritería.
Silencio.
Un viento frío me llegó a la nuca y bajó hasta mi espalda baja, Mimi estaba igual de incómoda que yo y seguro también buscaba algo para hablar y que no me fuera, lo sabía por como jugaba con su almohada y cómo se había pegado a la puerta para que no saliera.
Vacío.
Pero ella rompió eso.
—Oye… lo de la universidad…
Saqué un papel doblado de mi bolsillo ancho y se lo extendí, ella lo leyó con rapidez y me miró con los ojos abiertos.
—Debes ir a firmar unos cuantos papeles, es todo. Si quieres puedo acompañarte mañana.
—¡Koushiro, eres un milagro!
Mimi se lanzó a mí en un abrazó, pero para mí significó más que eso, pegada así de cerca, sentí su corazón latiendo de felicidad sobre el mío y como el apretón en el abrazo se iba desgastando pero aún no se despegaba de mí.
—No quiero volver a hacerte enojar, no me gusta pelear con la gente —alcé mis manos para posarlas en su fina espalda y acariciarla dulcemente; me gustaba verla feliz, sonreír, como cuando la había visto en frente de la puerta hace casi una semana y como la recordaba de algún lado extraño.
—Me gusta como eres Kou —se aceleró—. Eres muy dulce y preocupado, atento y… y ¡yo soy una loca que no sabe qué hacer con su vida! —no se apartaba seguía allí. Mimi era notoriamente más alta que yo, incluso descalza lo era, pero su cabeza se ajustaba perfectamente en mi hombro ¿por qué? ¿Por qué ella se sentía tan bien? ¿Tan calurosa y acaramelada? Sentía que no podría tenerla jamás.
Para terminar aquel instante soñado, su gato en recuperación, Momo, se arrulló en sus pies y ella se tuvo que apartar por las cosquillas que hacían de la cola de este. Quería matar al gato, pero no literalmente, sólo meterlo en una jaula y que no saliera jamás.
Mimi tomó al gatito y lo levantó acercándomelo.
—¿Quieres ir con Kou? —le preguntó al gatito, éste hizo movimientos raros con las patitas abiertas, mostrando las garras afiladas, demasiado afiladas— ¡Ándale!, no seas grosero, Izzy no te hará nada —tomé al gato con cierta repelencia, nunca me agradaron mucho los animales, y Momo no era la excepción.
Lo llamé varias veces por su nombre, pero luego se fastidió y saltó hasta Mimi.
—Solamente quiere estar contigo… tiene un caso agudo de Mimitis —yo también tenía esa enfermedad.
—No, con Kari y Sora se lleva perfectamente, pero hasta con Takeru pasa lo mismo que contigo, un momento y se fastidia.
—No le gustan los chicos… es raro, un gato hombre suele apegarse con sus dueños masculinos.
Mimi sonrió y me miró con timidez.
—Nunca revisé qué era —dijo como bomba, su mejillas se incendiaron en vergüenza y realidad marcándola con una hermosura anormal en ella.
Me ofrecí a ser quien mirara el sexo del gato, aunque luego de tomarlo me arañó la mano entera y comencé a sangrar, genial, ahora se me infectaría por el estúpido gato, mejor dicho, gata, porque ya no me quedaban dudas de que me odiaba. Mimi explotó en risa y acarició a su preciada gatita.
—¡Te odia!
—Tú también, te estás riendo.
—¿Desde cuándo reírse es odiar?
—Desde que la gata me mordió y me hizo sangrar.
Me pude limpiar sin apuros acompañado del tema gatuno hasta que se hizo bastante tarde y tuve que irme, aunque hubiera deseado poder verla dormir como el ángel que era, pero ya la noche hacía de las suyas en ella misma y su sueño y bostezos me hicieron alejarme rápido.
En mi habitación también estaba esa calidez que experimenté en la suya, al parecer me la había traído conmigo, sentía esa anormal felicidad y la estúpida sonrisa en mis mejillas al recostar mi cabeza sobre la almohada, esperando que mis días continuaran para seguir viéndola… aunque en verdad no fuéramos nada.
La siguiente mañana no fue igual a la del día anterior, no tenía dolor de cabeza y al menos estaba seguro dónde estaba, pero mi estado era un misterio, una especie de estupidez con ansiedad. Me aseé y vestí para bajar temprano y encontrarme con todos en la cocina, Sora aún tenía los lentes oscuros y la cabeza pegada al plato de comida pero aún así cuchicheaba con Hikari, escondida a sus espaldas. Takeru miraba entretenido una película de acción justo con Mimi, que miraba con cierto deseo a Orlando Bloom
Debía tenerlo en cuenta, yo no era como Bloom.
Taichi iba de un lado acomodándose la corbata y Kido se tomaba el café prestándole atención al gatito a los pies de Mimi. Seguro buscaría la manera de sacarlo sin parecer asesinato.
Tenía que admitir que Kido guardaba miradas que me hacían temer, él no era una mala persona, sólo muy reservado y atento a sí mismo. Lo conocí ya que por un tiempo fue tutor de mi hermana, aunque a ella tampoco le caía demasiado bien y teníamos el mismo tipo de miedo; debía vigilarlos aunque él siempre fuera educado con ella. Era un hombre inteligente y muy centrado en lo que quería, pero "lo que quería" seguro no era vivir con un montón de niñitos. Había algo que lo mantenía en esta casa.
Como mi razón. Cuando Taichi llegó al hospital malherido, hace casi un año, yo estaba en mi turno de guardia, estudiando el postgrado. Me contó su historia, sin demasiados detalles, lo que había pasado con su familia y la chica de su vida, sin evitarlo nos hicimos muy buenos amigos, así que, entre su psicólogo y yo, logramos animarlo a intentar vivir una vez más. Más tarde surgió el tema de su herencia y el terreno que Yuuko le había dejado como el primogénito que era, invitando por fin a Yamato a quedarse con él y seguidamente a mí, el hermano de Ishida también vino a vivir con nosotros ya que él no quería que se quedara solo.
Después de todo, todos teníamos razones para estar aquí pero bien podíamos irnos. Yo podía irme si así lo deseaba, Yamato podría tener 20 casas como está y Takeru podría ser heredero de la fortuna de su padrastro pero no. Ninguno se iba de la casa. En cuanto a las chicas, sólo esperarían a que repararan el departamento que les pertenecía, aunque no entendía porque mejor no simplemente Hikari le pedía un préstamo a Taichi, o lo más normal, que Tai lo ofrezca.
Joe Kido no se iría hasta conseguir algo ajeno, aunque a veces hasta yo mismo olvidaba que él vivía en nuestra casa. La mansión era realmente quienes éramos, nos representaba a cada uno de los que vivíamos aquí… menos a él; sereno, agitado, sin sentido.
También me senté y les sonreí a todos, pronto Kari se movió y le anunció a su hermano que se iría, este le dijo que fuera con cuidado y besó su frente. Así se despedían los hermanos Yagami. Sora le siguió con una calma anormal, llamó a Taichi con la mirada y se retiraron de la habitación, los dos hacia la sala.
Yamato, Takeru y Joe también; de una manera distinta cada uno. Mimi estaba allí y se levantó apagando el televisor, se estiró toda y sonrió. ¡Ah, qué hermosa se veía hoy!
—¿Estás listo para acompañarme? —preguntó ella, yo tardé en entender a lo que se refería porque no dejaba de mirar sus labios bañados en bálsamo.
—Eh, sí —dije—. ¿Vamos en mi auto?
Ella asistió y salimos por la puerta trasera, dejando la casa sola, por… segunda vez en la semana, pero con Momo allí. Abrí la puerta del copiloto para que ella pasara pero en lugar de subirse, Mimi gritó con pánico en cada nota.
—¿Qué sucede? —la tomé por los hombros y ella se escondió detrás de mí, saltando.
—¡Una… una… rata!
—¿Que qué?
—¡Eso, esa cosa peluda que está en el asiento! —señaló con repugnancia al roedor, Mimi no paró de gritar y a mí tampoco me agradaba la idea de tener una rata en mi auto, y mucho menos que Mimi gritara—. ¡Otra rata! —y gritara otra vez—. Koushiro, ¡mátalas, mátalas!
—¿¡Cómo las mato! —pánico, había toda una familia de ratas en mi auto nuevo: 10 ratas gordas, negras y peludas.
—¡No sé, no sé! ¡Has algo! —ella estaba espantada, y la musofobia era bastante notoria ahora.
Mimi corría despavorida por toda el estacionamiento intentando alejarse de los animalitos hasta que una de esas ratas salió del auto y pasó por sus pies, allí me quedé sin tímpanos. Por suerte, Sora y Taichi aún estaban dentro y salieron a revisar qué sucedía. Mimi corrió, se lanzó en brazos a Sora y ésta la cargó como si fueran una pareja recién casada, una escena muy cómica si no estuvieran las ratas dentro de mi auto.
—¡Qué pasa aquí! —Sora dejó caer a Mimi al suelo de la impresión y al ver la segunda rata salir del auto—. ¡Oh por Dios! Voy a tener que matar a alguien por meter la pata así, ¡le dije que no se metiera con Kou!
Yo también, yo también.
Comencé a prestarle un poco más de atención a las palabras de Sora mientras ayudaba a Mimi a ponerse de pie y Taichi, Sora y yo (con una valentía enorme) tomábamos a las ratas que quedaban y las metíamos en una caja. ¿Quién podía meterse conmigo y que Sora conociera al mismo tiempo? Mimi, le tenía pánico a las ratas. Yamato jamás; quizá Tk pero a él no le había hecho nada por lo que una sola persona me quedó.
Hikari Yagami.
… Niña traviesa…
… Muy traviesa…
Mimi no quiso subir a mi auto luego del ataque de los roedores, y yo tampoco, pero tuve que aguantar el olor de sus eses y orina que, aparte de ser tóxico y nocivo, apestaba peor que los desechos de un perro callejero en el basurero.
Tachikawa optó por ir en su automóvil y seguirme en el camino. Logramos inscribirla y empezaría a estudiar en un mes, por ese lado todo estaba bien. Ahora por el otro… yo no era vengativo, jamás lo fui, pero tenía en mí ese impulso de regresarle el golpe a la hermana de Tai, aunque menos fuerte y sin heridos, porque la espalda de Mimi no terminó perfecta luego de que Sora la dejara caer.
¿Y quién más podría ayudarme en la venganza?
—A ver Izzy, déjame ver si entendí —él cerró los ojos pidiendo paciencia—. ¿Tú quieres que te ayude a vengarte de la hermanita pequeña de Tai, sin violencia?
—¡Bájale a la voz Yamato! —lo chisté y miré a todos lados para que nadie nos estuviera observando, o escuchando; había caido bajo, muy bajo… pero tenía mucho por caer aún—. Además, sólo será una vez, si ella quiere guerra con Koushiro Izumi, habrá guerra.
Yamato rodó los ojos y desató una sonrisa, extendió su mano para estrecharla, y lo hice.
—Trae refresco, cola y galletas. Te veo en el jardín a las mil.
Asistí y esperamos pacientemente hasta que fuera la hora indicada, Matt, para ninguna sorpresa mía, tenía una llave maestra, así que abrir el auto de Hikari no fue cosa de trabajo. Él estaba demasiado relajado y yo cuidaba mucho que no nos vieran, porque aún pasaban autos por la calle e iluminaban nuestros cuerpos envueltos en ropa negra, creando sombras.
—Yamato, apúrate —susurré mientras me escondía y él seguía de pie.
—Silencio —no susurró—, me desconcentras. Acepté ayudarte porque no tengo nada más bueno que hacer con mi vida.
Escuchamos un "clic" y la sonrisa de triunfo se asomó por la comisura de sus labios: lo conseguimos. Yamato pidió la coca, así la untó por todo el volante del auto y la silla del piloto, siguiendo de la cola que sólo colocó en el volante y las galletas en migajas por todo el asiento pegándose, y en el volante. No era la gran venganza pero era lo que quería, sólo un poco de maldad.
—Si querías una buena venganza le hubieras roto los neumáticos pero no, tenías que ser tan bueno —acusó Yamato, cerrando la puerta molesto.
—Tú eres el que tenía la libre elección, yo no te pedí que hicieras esto precisamente.
—Ve a dormir, y espera la venganza mañana —me palmeó la espalda y se fue directo por las escaleras. Yo lo seguí sin más nada que decir, estaba cansado y debía esperar la venganza como bien había dicho.
Antes de dormir, recordé que jamás me había comportado así pero con ella debía hacerlo, estaba dejándome ser golpeado y en la vida las cosas no son así. Las batallas siempre hay que acabarlas ganando de la mejor forma, pero cuando no se puedo, el contraataque es la única salida.
En mi caso, muy divertida.
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Hikari Yagami POV's
Tenía que gritar, tenía que golpear algo y lo hice. La corneta de mi Tucson resonó con fuerza en todo el jardín, y activó la alarma de los otros autos creando un escándalo aún mayor, mis manos se pegaron al maldito volante y olía a rayos. Se estaba pasando de la raya.
Bien, bien, ya estaba bueno, debía admitir que yo era la culpable por querer vengarme pero era injusto; si bien Koushiro jamás fue de mi agrado ni yo del suyo, no entendía por qué tenía que hacerme la vida cuadritos. Primero, el día de nuestra llegada, luego en Halloween y al muy idiota se le ocurrió entrar a mi habitación a las cinco de la madrugada. Recuerdo aquel susto, fue tanto mi pánico que no pude pedir auxilio. Él entró en calzoncillos a mi habitación, ¿qué otra reacción iba a tener? Aunque claro… si hubiese sido otro habitante en la casa posiblemente no lo hubiera hecho, pero era él.
Me alejé lo más que pude de la puerta hasta que caí de la cama y me escondí tras ésta, el de cabellos rojizos metió las manos en unos de mis cajones y se cayó al suelo, para sorpresa mía, siguió arrastrándose hasta llegar a la puerta e irse.
Mi cabeza procesaba las imágenes con agonía y mi cerebro le dijo a mi corazón que había sido suficiente, y mis miedos con ese loco en la casa se hacían más grandes, ni la puerta con llave me salvaba de ese acosador despistado.
Tenía que actuar.
Si bien al despertar corrí a su habitación, no estaba él, pero lo que había tomado de mi habitación sí. Takeru y yo tomamos esas fotografías en nuestra cita de Sega Joypolis, y él las había dañado con cortes rectos y verticales, cada imagen hecha nada, y mi cámara rota y desarmada. Lo que veía era un castigo y la gota que rebasó el vaso. Fin de la niña buena. O actuaba, o actuaba.
Mimi sugirió que quizá él estaba borracho, y Takeru aprobó esa posibilidad ya que él lo "conocía" mejor, y sabía que jamás había probado el licor hasta la noche anterior. ¿Me podría servir de algo? ¿Calmaría mi enojo? No. Yo seguía sin tener culpa, pudo molestar a cualquiera pero no, tenía que ser yo la víctima de todo eso.
En el primer momento sentí ira e impotencia, Taichi no podía saberlo. No podía. En esas fotos estaba mi dolor de que aún me importaba Takeru, que me gustaba cuando él había pedido alejarnos. Ya sabía que en algún momento tendría que llenarme de valor y decírselo pero el momento no era ahora, y mucho menos que estaba deprimida y cegada por la irritación.
Así como también estaba segura que sólo una persona iba a ayudarme con la venganza. Esa misma noche, ella nos contó a Mimi a mí lo devastada que estaba (aunque antes fui la primera en soltar la sopa y decir el problema con Koushiro), lloré con ella… podía sentir su pena y la herida aún abierta en su pecho mientras contaba todo lo que pasó la noche anterior.
Yamato.
Sudor.
Gritos.
Lágrimas.
Muerte.
Yamato había dicho que la quería ver muerta, eso no era fácil de escuchar para mi madre sustituta. Sora nunca fue una mala muchacha, ni tampoco podía ser sólo la victima de la novela, ella también era culpable de muchas cosas… como que yo me mudara y tuviera que dejar a Taichi, y que éste tuviera que ir a rehabilitación. Son cosas grandes, pero han sido más las que ha sufrido, que las que le hemos perdonado.
Siempre se sintió en deuda con los Yagami (la familia conformada sólo por Taichi y yo, y tal vez, muy escondido, mi padre) por ser quienes más la ayudamos en el funeral de Haruhiko. Sora sufrió mucho más cuando pasó el tiempo y conoció a Kouji, él la había hecho tan feliz, se le veía más alegre cada día y la había transformado en una gran jovencita pero unos meses después la fantasía se volvió de cristal templado y un solo golpe en lugar indicado quebró su vida, literalmente, Sora estaba muerta en vida.
No podía salir, no podía moverse. No era ella, no era nadie. Dentro no sucedía nada.
Hasta que llegó Taichi… pero las cosas no mejoraron demasiado. Aunque la felicidad duro más, Sora siempre decía que prefería tener una vida entera a su lado que un final feliz, porque no podía terminar ese amor. Pero ninguna de las dos cosas pasó, fue un homicidio mutuo, yo te destruí, destrúyeme a mí.
Me di cuenta que Sora comparaba ambas situaciones, la diferencia:
Ella no iba a matar a Yamato.
No hablaba de darle un tiro o clavarle un puñal por la espalda. No quería ser tan importante en su vida como para destruírsela, nosotras, Mimi y yo, notábamos a Yamato con una normalidad fría de todos los días.
Porque Matt no era igual a Tai.
No podía combinar helados con nachos, o chocolate y parrilla. Estaba mal. Pero Sora estaba destinada a permanecer en el medio, y ella no quería, no pretendía que así fuera. Él le pidió que lo olvidase, que intentara no mirarlo, que no tenía que conocerla, que ella no tenía que mudarse en un principio, que ni siquiera debía vivir.
Fue duro escucharlo. Mimi no tardó en maldecirlo y odiarlo un poco más, aunque notaba que tenía cierto contacto extraño con el rubio que me ponía los pelos de punta, gracias a Dios no era mi rubio.
A penas arreglamos las cosas con Sora, Mimi nos soltó parte de su agonía al recordar con más fuerzas a Takuya, luego ésta última tuvo que retirarse y nos dejó en soledad a Sora y a mí. Allí hicimos el pacto.
—¿Vas a vengarte en serio? —preguntó alzando un poco la vista rojiza.
—¿Tengo cara de mentirosa?
—No estoy diciendo eso… digo… ¿quieres ayuda? Ya me cansé de estar llorando, aquí sentada, y seguro me vuelvo gorda estando todo el día en cama.
Me reí de su comentario, aún era muy temprano para vengarnos, Koushiro no había llegado, no podíamos tomar venganza aún. Luego de unas cuantas llamaditas, localicé lo que necesitaba, no iba a salir de mi habitación hasta que todo estuviera listo. Mi amigo de la universidad, Tomoki, las trajo, quince preciosas ratitas que él mismo había criado, no existía garantía de regreso pero pude darle un poco de dinero y dos ensayos de la morfología para poder quedármelas. Nadie sabía de esta parte.
Ya había visto a Sora abrir las puertas de los carros anteriormente así que ella sólo colaboraría en esa parte. Cuando se hizo de madrugada las dos salimos al jardín, con una moneda ella fue capaz de forjar la cerradura y así la venganza se hizo táctil. El asiento de Koushiro, el auto abierto. Sora no se la creía aún, pero no le pareció nada dramático cuando le dije que no quería que se involucrara más, pues la guerra era entre Koushiro Izumi y Hikari Yagami, no podía haber alguien más. El lunes, llené su auto de ratas.
Pero ahora me encontraba maldiciendo la creación y error de Dios: Izzy.
Me bajé del auto y mi pantalón estaba igual de pegajoso y con ese olor a rayos. ¡Excelente! Acababa de sacar mi auto del taller y ahora debía regresarlo para que limpiaran el tapete y toda la mueblería, ¿qué podía ser mejor?
Tenía que vengarme, así que esta vez lo haría sola. Luego de limpiar mi atuendo y el auto, comencé a trabajar en la venganza, más fuerte. ¿Podía confiar en Yamato? O más bien… ¿Yamato confiaría en mí? Me acerqué a él mientras preparaba la cena y deposité en el jugo de mi enemigo una buena cantidad de laxante y tapador, tenía que verlo retorciéndosele el estómago, llorando de la ira por no poder sacar todo lo que tenía en el intestino.
¡Bravo Hikari! Eres malísima.
Los siguientes días se me fueron entre risas por verlo levantarse y correr al baño, tal vez me había pasado un poquito de cantidad pero eso lo detuvo un buen tiempo, incluso pensé que las cosas se quedarían así para siempre y podía declararme ganadora, pero no. La guerra no terminaba, aunque me daba un receso para ocuparme de la universidad, otro poco a Sora y aconsejarla en sus citas con… Taichi.
Era extraño volver a verlos juntos, aunque ambos daban por seguridad que sólo salían como amigos, una noche de bolos, otro poco en la heladería, la continuidad en la habitación de Sora me dejaba menos tiempo para poder visitar a Takeru en su habitación mientras Yamato no estaba, y también que él pudiera venir a la mía. Otras veces acostumbrábamos a ir a la terraza, me sorprendía que hubiera una parte dónde podíamos ver la claraboya del comedor, y mejor aún, poder sentarnos encima de los vidrios sin peligro a que se cayeran y rompieran pues eran resistentes a todo. Claro. Mi abuelo siempre fue refinado y buscaba las cosas de mejor calidad, es decir, costosas.
—Es increíble cómo todo ha mejorado. Sora ha cambiado su estado de ánimo desde que Taichi la invita a algún lugar para pasar el rato —comentó mientras acariciaba mi espalda y mirábamos el atardecer—, ella se arregla más y no sale sin maquillaje.
—Es como dicen: "El amor nos hace arreglarnos para alguien" —dije con una sonrisa en el rostro.
En momentos así, donde sólo existíamos él y yo, borraba de mi cabeza la venganza y la agonía que a veces me daba ver a Tai tan apegado a Sora, pero eran grandes y los supervisaba del modo bueno, con que Sora estuviera feliz era suficiente para calmarme y aguantar otro poco. Ahora, podía ocuparme de mi chico, Takeru significaba todo para mí, a pesar de tener una agenda un poquito loca y escasa de sentido, había una parte que se iluminaba con una luz rosada pasión, esos eran los ratos que vivía con él.
Los desayunos a solas a tempranas horas en la mañana, los días en su habitación y cuando me besaba acariciándome el cuerpo entero. Tk y yo comenzábamos a tener una relación un poco más seria, aunque… nadie había mencionado qué éramos formalmente… ¡Ni siquiera éramos aceptados! Nos faltaba mucho por experimentar pero… una parte de mí que crecía velozmente… deseaba que él detuviera sus experimentos (o que yo lo detuviera) y poder concordar algo decente, ¿pedía mucho?
Esta inquietud de cada día me dejaba viva por la idea de que mañana podía ser peor. Esa era mi frase de vida: "Vívelo ahora, aunque no sea lo que desees"
No podía olvidar eso.
—Ah, pero es que a ti no te hace falta arreglarte, ¿verdad?
Siempre me ponía nerviosa con sus halagos caballerosos, aunque con este me atrapó, no sabía qué responder, porque ambas respuestas, sí o no, se escucharía mal.
—¡Deja de confundirme!
—Yo no dije que comenzaras a hablar de Márquez —se defendió él, en respuesta pude regresarle un pequeño beso para callarlo.
—Cuando hablo contigo a veces olvido pensar…
—Kari, no tienes porqué pensar siempre lo que haces —él puso ambas manos sobre mi rostro y acercó sus labios a los míos para volver a sentir esa emoción dentro de mí, como si un pequeño animalito se moviera en mi pecho y me hiciera cosquillas que se extendían a los dedos de mis pies, y pedía más y más. Más besos de Takeru—. Tú eres mi único amor verdadero…
Enredé mis dedos en su cabello que quedaba en la nuca y sin querer cayó de espaldas conmigo sobre él, pero no nos levantamos, se sentía tan bien estar allí solos… aunque claro, no era un lugar tan privado, no quería ni imaginarme qué hubiera ocurrido si hubiésemos estado en su habitación, o mucho peor (mejor), en la mía.
Era increíble creer todo lo que sentía por ese pequeño rubio de apenas unos meses mayor que yo, se hubiera desarrollado tanto en tan sólo casi un mes en esta casa. ¡Casi un mes! O quizá uno completo, porque las semanas se me iban volando entre mi corazón que latía a demasiada velocidad y mis pensamientos que ardían en llamas con él.
—¡Hey! —Takeru abrió los ojos y me quitó de encima, él se volteó y miramos debajo de la claraboya, Matt estaba con una escoba toqueteando el vidrio para que nos quitáramos, seguidamente nos hizo señas para que nos fuéramos con ambas manos. Quizá lo escuché mal, pero sus labios dijeron:— ¡Taichi va para arriba! —y siguió haciendo señas.
Takeru se bajó corriendo y se escondió detrás de la rampa de la piscina. Me quedé sentada allí con los nervios de punta. No, Tai no.
Para sorpresa mía, quien atravesó la puerta fue Sora y corrió hasta mí mientras me bajaba.
—¿Y Tk? —preguntó cuando me tuvo más cerca.
—Escondido por allá —señalé el lugar, pero en seguida quité mi mano porque mi hermano se apareció más atrás. Nervios, mareos. ¡Qué horrible se sentía mentirle!
No había superado eso… Que él y yo tuviéramos algo en secreto, para nuestra suerte, Sora y Mimi nos ayudaban como mis cómplices y Matt, como cómplice de Takeru.
Y eso no me hacía sentir mejor, porque ellos se meterían en problemas también.
—¡Hikari! Pensé que te habías ido, pero Koushiro me dijo que sí estabas aquí.
Ese niñato…
—Sí, estaba harta del aire de mi balcón, es que todo el mundo me ve y no… es horrible. Preferí tomar un poco de sol aquí —respondí temblorosa y dudosa, seguro notó que estaba mintiendo.
—¿Vestida así? ¿Sin bloqueador solar? —preguntó, mientras se acercaba a Sora y la abrazaba con cuidado.
—¡Ay pero qué tonta! ¡Lo dejé en la habitación de Sora! —grité fuerte, esperando que Takeru captara el plan.
Luego de eso, hubo un almuerzo tranquilo y silencioso, podía notar cómo la semana pasada entera había bajado la incomodidad y la tensión en el ambiente; notaba como Yamato ya no miraba a Sora con ese desprecio de los primeros días y Sora tampoco se preocupaba porque él lo hiciera o no, aunque por otro lado, ella intentaba ignorar las invitaciones "oscuras" de Tai. Lo que sí no cambió fue la mirada precavida de Koushiro y la mía, ahora me debía otra por andar de lengua floja y decir que estaba arriba, aunque bien pudo decir que Takeru estaba conmigo y eso me lanzaría directo al infierno.
Pero no lo hizo.
Le debía esa, o mejor, contrarrestaba la otra, aún así esperaba su contraataque, que por supuesto no tardó demasiado en llegar. A la mañana siguiente, como el resto de los días, había tomado la costumbre de revisar bien el auto antes de irme y no encontré nada, como el resto de la semana. Encendí el motor y ronroneó como todos los días, cuando ya estaba a unas cuantas cuadras decidí prender el estéreo y escuchar una canción para relajarme pero en lugar de mi música serena, una sirena comenzó a escucharse alterándome completamente, no se callaba ni podía bajar el volumen, el equipo no se apagaba, estaba más que estropeado… y ahora sí.
Venganza para mí.
¿Hasta cuando duraría la guerra entre él y yo?
Luego de bajarme y desconectar el aparato de la batería, entendí que debía ser un poco más ruda por mi cuenta. Así decidí hacer una visita corta al C.C Aqua City… Le pondría final, pero no sé por qué sentía que mis maldades eran más grandes que las de él, Koushiro sólo se limitaba a irritarme y yo le hacía daño y lo destruía, ¿o era eso lo que quería que yo creyera?
—¡Detente Hikari! ¡Ahora! —me dije a mí misma, el dependiente volteó a mirar y me hundí en mí misma de la vergüenza.
No podía ablandarme ahora que tenía la guerra ganada. No ahora que podía demostrar que era tan fuerte como Mimi y Sora. Ellas eran lindas, con cuerpos magníficos y caracteres fuertes, de familias unidas… No era que las envidiara, pero sentía que era menos al lado de ellas, que era demasiado dulce e inocente, necesitaba desatar toda esa chica mala que tenía dentro y desgraciadamente la víctima era Koushiro.
Cuando llegué, verifiqué que su auto no estuviera estacionado y proseguí con mis compras de la tarde a entrar a la casa. En la azotea, preparé la mezcla de gel balístico, el que usaba la policía para imitar la carne humana. Sora ya estaba en casa, así que para esto sí tuve que pedirle cierta ayudita.
—Hikari —llamó ella y yo presté atención—. ¿No crees que con esto te estás pasando un poquitito de la raya?
—Tonterías, Sora.
—Lo digo en serio, inundar su habitación con gel es un golpe bajo —Sora estaba preocupada, seguro parecía una mujer salida del psiquiatra por el sudor del taladro removiendo la mezcla y los baldes ya llenos—. Se volverá loco.
—¡Él tiene la culpa! Quiere guerra y la tendrá.
Me ocupé de hacer bien la mezcla y decidí que la voz de mi casi madre pasará a un segundo plano, como el cantar de los pájaros y el viendo fresco de invierno chocando con los vidrios de la claraboya; me estaba comportando tremendamente infantil, esta sería la última jugada, luego le pediría perdón y la tregua, ¿estaba bien?
Eso esperaba.
—No quiero involucrarme demasiado, Kari…
—No te preocupes, tú sólo vas a ver si hay alguien por el pasillo, y yo vaciaré los envases, quédate tranquila. Ya tanta junta con Tai te pone igual de preocupada que él.
Ella puso los ojos en blanco y abrió la puerta de la azotea, bajamos las escaleras del tercer piso y la dejé pasar primero para que revisara, Sora dio luz verde y me pasé directamente al pasillo de la habitación de Izzy.
Había olvidado mi promesa de: "esta es la última" porque sólo pensaba en la venganza que me comía desde adentro, abrí la puerta con cuidado y luego le di una patada. Allí desaté el grito más terrorífico de todos. Sora corrió a asomarse por el marco de la puerta y tampoco creyó lo que veía.
Mis ojos, mi cerebro y nada… nada, me dio miedo volver a la nada, o que ella se fuera a la nada. Mimi en brazos de Koushiro, besándose, ella compartía la misma reacción de asombro que Sora, sólo que la susodicha reaccionó primero.
—¿Mimi… con Izzy?
Él le quitó las manos de encima a la castaña que estaba en ropa íntima y Koushiro sin camisa, bien, se me quitaron las ganas de vengarme, seguro había notado lo que traía en el balde y ahora debía escuchar sus regaños por ser una chica vengativa, eso sí… Mimi y él nos escucharían primero a Sora y a mí.
No sé si mi casi madre compartía mi molestia, y es que nosotras le habíamos platicado de todo a Mimi… pero ella jamás nos contó que le atraía el muchacho, o bien sentía algo por él, nada, nada. Estaba muy mal.
Nada.
Me convencía más de eso cada día: Cada quien ve el nada de una manera distinta.
La manera de Mimi, me aterrorizaba, y me hacía enojar también.
Notas de Autora.
¡Hola! ¡Volvemos a mis notas gigantescas! Se preguntarán: ¿Por qué esta loca siempre nos hace esto? ¡Dejarnos con la duda en los peores momentos…! A ver, es que sí, soy horrible, lo siento, a mí también me dolió lo ocurrido con Sora, por eso aquí se calman las cosas un poco para ella y nos ocupamos en cómo ve Hikari la situación, y cómo, extrañamente, pasamos a centrarnos en Mimi.
Me encantó poder narrar como Koushiro por primera vez, es que… como sólo yo sé qué pasará con él entonces me cae TAN bien que ya lo amo, es un muchachito dulce y de pensamientos cuidadosos, uno no espera eso de un chico como él, que comenzó el fic lanzándose sobre Hikari cuando en verdad tiene un corazoncito muy acaramelado. Y por supuesto… su lado maléfico lo hace merecedor de un FAIL gigante.
Posteriormente, el pequeño Takari que me dio por hacer… es la pareja de oro… Todavía no conozco a nadie que los odie, digo, ¿qué le vemos de malo a que unos niñitos dulces se amen? ¡Eso mismo estás pensando tú! En cuanto a las trampitas y jugarretas, le debo la idea a Mythbusters, ¿alguien más los ve? Si es así, déjenme decirles que admiro a Kari pero que amo con locura a Tory y a Adam.
Como siempre, les agradezco a mis lectores por sus comentarios: Takeru fang, Aldinn, Ichijouji Kany-chan, Puchisko, rockpink94, SoraTakenouchii & Black Sweet. Y aclaremos algo… no les disparé a las chicas amenazadas cariñosamente en el capítulo pasado, ustedes saben que yo soy tan inocente como la mente de Yamato ¡Jah! ¡Y que las quiero un montón a las dos! :3
Selene: Mil disculpas por no responderte antes, es que como no estaba en mi computadora no me concentraba para leer bien todo los reviews, son cosas mías. Respondiendo tu pregunta del capítulo 12, pues la verdad… aún me lo estoy cuestionando yo misma, hahaha no, en serio… pues no es que no quiera decirte, sino que es más interesante leer y ver cómo las cosas cambian, los altibajos, cómo Sora va de un lado a otro. No te preocupes, prometo que será un buen final ;)
El nombre para este capítulo: Dopoguerra; en español: Posguerra; ya pasamos por la discusión de Matt y Sora, y esto es lo que queda de aquella guerra, Izzy y Hikari.
Por favor, dejen reviews, esos mensajitos me ponen, muy, muy feliz… Así que los espero con ansias como cada semana. Sin embargo, ahora no cantaré ni bailaré para ustedes… ¡hagamos la prueba, a ver qué sale! Entre otras Digimonadas que ocurrieron en mi semana, fue que limpié mi habitación y, además de conseguir mi video con las tres primeras películas de Digimon, conseguí un rompecabeza que tenía de DA de 150 piezas, lo armé y pegué en un cartón. ¡Fue emocionante! Sólo que me quedé hasta las 03.00 am en ese plan.
Buenas noches a todos, (en Venezuela: 8.00 pm) Ah, por cierto… felicitaciones a los Mexicanos por la corona del Miss Universo, ¡otra muestra de que las Latinas somos las más hermosas! Listo, con esto le doy fin a mi larga nota de autora de la semana. ¡Nos leemos!
Besos.
Rosesita.
