Hola!

Disculpen; el capitulo anterior fue clave en mi historia. Se desvió un poco del Dramione, pero esperen a ver lo que se viene.

*NOTA: Theodore Nott me parece un personaje rico en sabiduría y palpable en las historias, pocas en las que lo incluyen. He allí el hecho de que lo emparejé con nuestra Castaña. Es un personaje lleno de misterio que es uno de mis favoritos por su historia aunque fue muy poca la contada por J.K.

SujesHaleCullen De Malfoy: Gracias; tus Reviews siempre encarrilan mi historia (:

Nickdaly: Por favor, crea una cuenta. Me encantaría responder tu review!

GRACIAS A TODOS POR SUS REVIEWS, CON ELLOS HE APRENDIDO (SI, PORQUE AUNQUE YO NO LO ADMITA TODO EL TIEMPO, SOY APRENDIZ DE ESCRITORA) A LLEVAR UN VERDADER DRAMIONE, DE VERDAD TOME MUY SERIAMENTE SUS COMENTARIOS Y LOS LLEVÉ A ESTE CAPITULO. POR FAVOR, NUNCA DEJEN DE COMENTAR, SABEN QUE CON ESO SINCERAMENTE ME ALIVIA SABER LO QUE REALMENTE PIENSAN ;)

Disclaimer: J. K. Rowling/ Escenarios y Personajes ;)

Trama: ValerieMalfoyCullenHale


Chapter 14.

Hermione había pensado que todo iría bien. Pero con el nacimiento de la bebita de Malfoy y Pansy, su mundo se derrumbó.

Tenía otra noticia que dar; y cuando lo hizo, el primero en casi llorar ante el hecho, fue su esposo. Estaba embarazada desde la noche de bodas; y era la única de la familia que no parecía alegrarse con el hecho.

Le encantaba esperar un hijo de Theodore; pero sabía que no era el momento indicado, ni el lugar indicado. No sabía en dónde se encontraba. Estaba envuelta en estúpido revoltijo de emociones sofocante del que no lograba salir. Se sentía totalmente traicionada, traicionando su propia mentalidad. Y aunque se sentía feliz, se sentía triste. No era un sentimiento único, y eran demasiados mezclados.

Extrañaba inmensamente a su hijo, aunque antes le había hecho feliz su partida. Extrañaba inmensamente los celos de su amado Malfoy. Y como pensaba en él, a todas horas. Se sentía mal por engañar de mente y corazón a su esposo, pero sabía que Parkinson también hacía lo mismo.

Pasaba días sentada bajo el gran manzano que se encontraba en el jardín, recibiendo fría brisa, pues el invierno se acercaba y sus pesadillas iban volviéndose realidad. Volvía a sentirse como una adolescente confundida e incomprendida. Theodore salía todas las mañanas a trabajar al ministerio, con Ron y Harry en el departamento de Aurores, y ella se quedaba la mayoría del tiempo sola.

Hasta que un día llamó a su pequeño hijo para que le hiciera compañía y éste no pudo asistir. Esa fue la gota que derramó el vaso lleno de melancolía que delante de sus familiares y amigos podía ocultar. Lo que no sabía era que su esposo era lo demasiado listo para saber lo que le pasaba, pues le pasaba exactamente lo mismo. Quería ocultarlo, y lo hacía tan bien como ella, pero no podían ocultárselo mutuamente. Era algo demasiado obvio entre ellos, pues se conocía y dejaban sus sentimientos a flor de piel, sin necesidad de preocuparse, ambos sabían lo que sentían.

Allí no había amor; era costumbre. Era miedo a la soledad. Era miedo a estar desolado. Pero ya no había marcha atrás; las cosas hechas estaban, y a lo hecho pecho.

El tiempo estaba demasiado acelerado; como cuando retrocedía con su giratiempos en sus primeros años en Hogwarts. Todo estaba realmente mezclado y perdido, hasta el propio Ronald Weasley se sentía mal por Hermione; quien parecía demasiado deprimida. Los meses pasaron sumamente rápido, y éste embarazo no le había pegado tan mal, hasta el día en que recordó con claridad todo lo que había pasado en el anterior. Su vida había llevado tantos cambios, que éste embarazo no fue el más fuerte. Fue el último embarazo que tuvo pues con dos le era suficiente y no le importaba. Quería tener a su bebito, pero no podía seguir viviendo en el infierno de sentimientos en el que estaba viviendo.

Se tomó una semana en un hotel y reorganizó todas sus ideas. Volvió fresca como lechuga y cayó en el mismo agujero del que le había costado tanto salir. Cada que podía, iba a visitar a sus amigos y pasaba horas hablando con Ginny, Luna y Daphne siempre del mismo tema. El embarazo. Pues a todas les había pegado en el mismo momento y en la misma época.

Era algo demasiado extraño que todas hubiesen concebido al mismo tiempo; pero no les importaba. Iban todas juntas al mismo obstetra y su grupo selecto de amigas aceptaban por lo que estaba pasando, no la juzgaban ni la insultaban por estar así, la entendían más bien.

La misma semana del mes de agosto; todas dieron a luz a sus bebitos. En la misma clínica; y los cuatro esposos pasaron la semana acompañándose los unos a los otros. Los Gemelos de Luna eran hermosos, rubios y angelicales; Lorcan y Lyssander. En cambio, Ginny sorpresivamente daba a luz a otro varón, a su pequeño hijo de tres años James Sirius le encantó la idea de tener un hermanito pequeño llamado Albus Severus. Daphne dio a luz a una hermosa bebita pelirroja llamada Abril y por último, la bebita de cabellito oscuro, con los ojos verdes más hermosos que jamás había visto.

Su nombre fue escogido por el mismísimo Theodore, quién la acompañó durante todo el trabajo de parto; antes y después, tomando su mano mientras ella soportaba el dolor de las contracciones, todo. Su nombre, fue Violet.

Violet los unió mucho más como matrimonio y consumió cada momento de sus días. Creció rápidamente, jugando con los otros bebés que habían nacido y crecido con ella. Tenía una firme amistad con Abril, y le encantaba corretear a Lorcan. Era una niña lista, hermosa y sobretodo suspicaz.

Invitaron un centenar de veces a Liam a ver a su pequeña hermana, y Hermione accedió a que Layla, la otra bebita de Malfoy, también se quedara a jugar. No era un problema, a veces Malfoy se quedaba charlando con Theodore y ella con Pansy, como personas normales, como conocidos. Pero a Hermione le latía el corazón más rápido cada vez que sabía que su hijo venía de visita. Y lo mismo ocurría con Theodore.

En un santiamén, los cuatro años que faltaban para el ingreso de Liam a Hogwarts ya habían pasado. Y Theodore y ella, con la pequeña Violet acompañaron al rubio de once años al andén 9 y 3/4. Fue una partida genial, dónde le explicó que le escribiría cada semana y que le enviaría regalos. Le dijo que no se preocupara si quedaba o no en Gryffindor o en Slytherin. A ella no le importaba, pero sabía que Malfoy podía morir si quedaba en la casa de los valientes.

En un momento, Theodore avisó algo sobre un viaje, que Hermione no terminó de entender. Y extrañamente, Pansy avisó de otro viaje exactamente en la misma época. Así que las visitas de juegos que hacía la pequeña Layla, eran aprovechadas para verse. Violet y Layla se encerraban en el cuarto de juegos; y quedaban solos, en la cocina. Siempre hablando de la misma cosa.

-Tenemos que terminar con esto, Draco- dijo Hermione, suspirando sonoramente –Ya estamos lo suficientemente grandes para andarnos con juegos. Mira cómo por nuestros problemas, Liam ha estado, lo hemos hecho sentir el culpable. Pero es el culpable de que en mi naciera un amor por ti tan grande. No quiero extrañarte más; quiero borrar todos los recuerdos y seguir con mi vida. Pero eso es imposible. Liam quiere; desde que tiene tres años, que tu y yo estemos juntos… Ojala pudiese ser así- mencionó; Malfoy se acercó a ella y le tomó una mano, la cual puso sobre el lugar en dónde se encontraba su corazón, que latía sin parar; y con el contacto latía aún más fuerte.

-Hermione; tengo algo que decirte. Estoy harto del drama en que vivimos, parece telenovela. Yo te amo, y lo sabes. Por muy cortante que suene. Yo fui el que financió el viaje de Pansy y Nott; es demasiado obvio que se fueron juntos. Y de seguro uno de estos días me enviará un acta de divorcio. Layla no es mi hija biológica, es hija de Nott. No quise mentirte pero tuve que hacerlo, fue inmaduro y fue demente. Pero no tuve más que hacer, estaba desesperado- dijo Malfoy, mirándola con ganas de un 'perdón'. Pero Hermione se dio media vuelta y caminó unos cuantos pasos.

El rubio tomó su mano y la acercó a su cuerpo, robándole un beso que ella tanto necesitaba; se separaron unos segundos y Hermione volvió a su andar, hacia el living. Molesta. Demasiado molesta.

-¿En qué mierda estabas pensando, Draco?. No sabes todo lo que sufrí porque te llevaras a Liam... Yo….- dijo Hermione, pero un sollozo ahogó sus palabras.

-Liam me pidió que lo llevara conmigo. Me dijo muchas cosas que me hicieron dudar; estaba seguro de que no quería seguir aquí. Sufrió, ¿sabes?. A cuesta nuestra siempre ha sufrido y no quiero que siga ocurriendo, no ahora que es casi un adolescente-dijo muy suavemente el rubio con cabellera reluciente. Hermione lo miró de reojo, con dificultad por las lágrimas que brotaban de sus ojos. –Estaba atormentado; totalmente. No sabes todo lo que me contó la semana después de llevármelo. Y no lo puedes saber, porque Liam me rogó que no te lo dijera- dijo y la miró directo a los ojos.

Hermione hizo un gesto decepcionado, se acomodó en el sillón y miró hacia otro lugar. El rubio; exasperado, se acercó peligrosamente y cuando estaba a centímetros de su boca, se escuchó el azote de la puerta del cuarto de juegos. Malfoy se alejó rápidamente y Hermione se limpió las lágrimas.

En ese momento, cuando Layla y Violet aparecieron bajando las escaleras a escondidas, Hermione notó el parecido que había entre ellas, solo que los ojos de Layla eran un poco más verdes y tenía las el cabello más liso que el de Violet, que en las puntas se rizaba un poco. Hermione comenzó a aceptar que fue ella la culpable de todo. En sentido figurado; Malfoy nunca la había traicionado como lo hizo ella. Pero ya no quería seguir viviendo esa dramática historia.

Malfoy comenzó a dormir varias veces en casa; Layla y Violet se divertían y querían ser hermanas. Era lógico, se parecían tanto que no podrían negar que eran hijas del mismo hombre. El mismo debilucho que envió una carta de su abogado para que Hermione firmara, gustosa tramitó su divorcio y por demanda de Nott; Hermione poseía la total custodia de Violet. Lo cual la alegró demasiado. Violet comenzó a dejar de preguntar por Nott, hasta que un día, completamente inesperado, optó por decirle papá a Malfoy, así como hacía Layla.

Con Layla fue algo mucho más difícil. Aunque ella no se enterara, su madre y Malfoy tenían una inmensa riña. Pues cómo Pansy afirmaba que era hija de Nott y Malfoy decía que no para quedarse con la niña, todo fue un caos. Pero lamentablemente, Layla pagó las consecuencias de una relación desastrosa. Pansy y Nott recogieron sus cosas en su presencia sin percatarse el sufrimiento que le causaban. Layla lloró demasiado cuando Pansy la obligó a subirse al automóvil y de inmediato, Malfoy colocó una demanda por maltrato a menores.

Pasaron meses para que Layla fuera procesada y devuelta a su padre postizo. Malfoy, Violet y Hermione, quién había aceptado a Layla como hija propia, comenzaron a vivir felices como familia. La tensión aumentaba con cada visita de su madre biológica, pues Nott siempre la acompañaba, y aunque Hermione sabía la situación en la que el matrimonio de Nott y ella había estado, le dolía inmensamente que Theodore nunca le dijese nada.

Pero Theodore nunca tuvo intensiones de dejar a Hermione en la calle, y nunca quiso que Violet lo viera cuando venían a ver a Layla, así que Hermione y Draco se quedaban en las habitaciones de arriba con ella mientras Layla hablaba con sus padres biológicos y aun no encontraba perdonarles llevársela.

Violet y Layla crecieron muy rápido. Sin pensarlo, ya el tiempo había pasado aun más rápido. Liam ya regresaba de haber terminado su primer año en Hogwarts y se sorprendería cuando viera a Su madre y padre juntos, con Layla y Violet esperándolo en el andén. Y su reacción no fue nada normal. Bajó del tren color escarlata y observó con incredulidad la escena. Las dos pequeñas, Layla de cinco años y Violet de cuatro años y medio; jugaban alrededor de el alto y maduro rubio, mientras Hermione los miraba con una sonrisita orgullosa y divertida. Su hijo corrió hacía ella y la abrazó como nunca lo había hecho. Le hacía demasiada falta su madre y su padre aun más, que había sido su ídolo por años mientras vivía con él y Pansy.

-¡Liam! ¡Cuánto has crecido, hijo!- dijo Hermione emocionada, abrazándolo fuerte, y su hijo le devolvía el abrazo.

Detrás de Liam, estaban lo que parecía ser su banda; su grupo de amigos. Dos de ellos, eran altos y una chica los acompañaba.

-Ma, Pa, ellos son mis amigos.- dijo el chicuelo, señalándolos. –Suzanne- dijo señalando a la rubia, de aspecto angelical y sutil. Vestida con ropas poco serias, una chica tan linda, que los demás chicos se sentían incómodos a veces. –Marcus; Steven y Aaron- dijo señalando, primero al rubio cobrizo, de cabellos rizados, alto y fuerte. Luego al flacucho, moreno de ojos verdes y cabellos lisos largos, por último a un chico muy parecido a Cedric Diggory, debía ser un pariente cercano, pues era muy parecido.

Hermione y Draco se acercaron a presentarse y cuando estuvieron tan cerca como para oírlos, escucharon a la rubia decir:

-¡Ohh, miren!; ¡son Hermione Granger y Draco Malfoy, no puedo creer que Liam nos haya presentado!- dijo ella, sonrojándose al notar que ellos estaban escuchándola.

-No te preocupes… Suzanne, mucho gusto, soy Hermione Granger y él es Draco Malfoy- dijo Hermione señalando al rubio. La chica sonrió aun sonrojada mientras la castaña y el rubio mayor les estrechaban las manos a los demás.

Después de la presentación, Liam corrió al deportivo con sus hermanas a quienes abrazaba constantemente diciendo que las extrañaba demasiado, pero aun así el chicuelo iba demasiado sonrojado y no era a causa de los rayos del sol.

Bajaron en la mansión que ya no estaba a nombre de Theodore Nott, sino de Hermione y las pequeñas le mostraron a Liam la habitación de juegos, que él mencionó como divertida y se quedó por horas con ellas. Bajó a cenar y el interrogatorio comenzó.

Por cierto, el rubio Liam había ingresado a Gryffindor, y Hermione estaba demasiado feliz el día en que lo supo, mientras Malfoy refunfuñaba.

Se sentó en la mesa del comedor, cuando ya las niñas habían terminado de comer y él había terminado de desempacar. Sus padres se sentaron con él a la mesa y Malfoy fue el que inició la conversación.

-Entonces… ¿Qué tal Suzanne?- preguntó divertido mirando de reojo a Hermione. El rubio menor se ruborizó de repente como si hubiesen encendido un botón que lo tornaba de color rojo.

-¿De...De qué hablas, Pa?- preguntó casi atragantándose con un poco de jugo. Hermione soltó una risita nerviosa.

-Liam; esa chica es muy obvia, está enamorada de ti- dijo Hermione, riendo por lo bajo, mirando a su concubino Malfoy.

-¿Te has vuelto loca?, es mi mejor amiga… Ella… Está enamorada de Steven- explicó cabizbajo el rubio menor, mirando con asco el ramillete de espárragos que estaban en su plato.

-Eso es una total mentira; te lo ha dicho, de seguro, porque no quería revelarte que le gustas tú- dijo su madre guiñándole un ojo.

-Es cierto; mira como cayó tu madre a mis pies- dijo señalándola y ella rió a carcajadas.

-No fu exactamente amor a primera vista; en realidad nos odiábamos- dijo Hermione riendo suave.

-No se preocupen que su historia me la sé de memoria… Pansy me la contó cuando tenía nueve años y me siento orgulloso de ello- dijo el rubio, creando una reacción en cadena, primero la boca muy abierta de Hermione y luego el chorro de vino tinto que Malfoy escupió.

-¿Cómo que te ha contado todo?- preguntó exaltada Hermione. Mirando a Malfoy con reproche.

-Pues sí; me ha contado cada detalle- dijo el rubio, asintiendo con la cabeza.

-¿Qué te ha dicho?- preguntó Malfoy a punto de quebrar la copa de vino con una mano.

-Que mamá quedó embarazada de ti cuando estaba en último año, y que fueron a vivir a un colegio extrañamente muggle. Allí se graduaron cuando yo apenas había nacido y me explicó al pie de la letra cada una de las peleas que obvie y las tantas veces que los uní. Luego la pelea en Ottawa y por último, que Layla es hija de Theo- dijo. Hermione no encontraba como cerrar la boca y Malfoy estaba que explotaba.

-Esa mujer me va a escuchar- dijo Hermione cuando recobró la compostura.

-Ella no tiene nada que ver, yo le rogué que me lo contara, mamá- dijo Liam, intentando sacarle esas ideas de la cabeza.

-¿Pero no podías preguntarnos a nosotros?- preguntó razonablemente.

-Le pregunté a papá, pero… No quiso decirme.- mencionó con la voz más baja que había pronunciado en todo el día.

Hermione refunfuñó en la silla y se levantó molesta, recogió su plato y lo llevó a la cocina.

-¡Ma!, por favor, no te enfades con papá… Tal vez no era el día en que debía decírmelo- dijo Liam levantándose de la mesa.

-Pero acudiste a Pansy- dijo ella herida. El rubio de doce años recién cumplidos la miró con súplica y ella lo abrazó de inmediato.

Todo mejoró al día siguiente, y todo el verano. Cuando al final de éste, Malfoy le pidió matrimonio a Hermione y ella aceptó. De una forma en la que jamás había imaginado, su vida cambió de una forma u otra, una forma demasiado descabellada.

Prometieron al muchacho rubio que ya entraba en su segundo año en Hogwarts, casarse el verano siguiente. Pero oficialmente frente a cámaras ya era la prometida del Draco Malfoy que desde el día en que se la llevó de Hogwarts amaba.

Comenzaron a compartir más gustos, y como siempre tenían tiempo libre luego del trabajo, el rubio mayor se dedicó a enseñarle a tocar el gran piano de cola negro que estaba en el living, y ella se dedicó a darle consejos en las empresas. Poco a poco se volvieron más unidos y gustaban de compartir los días sentados en el jardín mientras Hermione leía un libro y el rubio jugaba con las niñas después de la escuela muggle. No importaba el tiempo, solo cuando empezaba a hacer frío.

Hermione respondía las cartas de su hijo y le enviaba golosinas cada vez que podía. Pero por supuesto que Liam nunca les hablaba de Suzanne, aunque sintiera algo por ella que nunca había sentido. Todo con respecto a la escuela andaba bien, pues las notas de Liam, desde el primer año hasta el último siempre fueron excelentes. No solo eso; sino que el rubio siempre tuvo tiempo para meterse en problemas y muchas veces lo hizo, por eso su padre estaba orgulloso.

Como siempre en la vida de ambos; los meses pasaron demasiado rápido y la planificación de la boda estaba totalmente lista. El vestido fue aun más hermoso que el de su boda anterior, y los vestidos de sus damas de honor y acompañantes eran aun más elegantes. Los colores variaban entre los azules y turquesas hasta los amarillos. Pues los vestidos eran diferentes, pero con esos tres colores. Las corbatas de los acompañantes combinaban con los vestidos de las damas de honor. Las sillas y mesas, vestidas con finos manteles blancos y con centros de mesa con flores exóticas.

Después de dar el sí, en el altar, viendo fijamente a los ojos de su amado Malfoy. Mirando la profunda felicidad que de ellos emanaba en forma de lágrimas silenciosas. Hermione no se lo podía creer. Pero muy emocionada y nerviosa, como quinceañera, estaba cuando el sacerdote dijo: Puede Besar a la Novia. Se acercó suavemente a su nuevo esposo y amado desde siempre y selló el momento con un beso discreto y suave, cargado de emociones que hacía poco no dejaba de sentir.

Observó poco a poco como la multitud aplaudía, entre ellos, su hijo, quien estaba de primero en la fila de sillas adornadas, aplaudiendo con una sonrisa de oreja a oreja marcada en su rostro. Junto a él, estaban Violet y Layla, vestidas de color amarillo claro, se reían mientras los veían, divertidas.

La fiesta continuo como estuvo dicho, la música comenzó a sonar, y los primeros en bailar fueron los novios. Con elegancia, Malfoy la paseó por la pista de baile y demostró sus dotes de bailarín frente a sus padres, sí; Lucius Malfoy y Narcissa habían asistido, al igual que Henry y Jane Granger también. Pero la señora Granger aun estaba molesta y había asistido solo porque su esposo la había obligado. Asistieron todos sus amigos; de diferentes casas de Hogwarts, de distintos lugares. Las amigas de Hermione Canadienses y los amigos del trabajo de Malfoy.

La cena fue espléndida; con tres platos y el pastel fue cortado a la hora indicada. La música siguió por un buen rato y por último, los novios dieron algunas palabras y se fueron a su luna de miel. Los niños se quedaron con su abuelo Henry en la mansión, mientras Malfoy y ella regresaban.

La luna de miel fue vivida en un lugar lejano, una mansión de los Malfoy en Marruecos. Donde el día era muy caluroso y la noche demasiado fría, aunque en realidad ellos ni cuenta se dieran. Estaban tan distraídos y preocupados en otras cosas, si saben a lo que me refiero. Pero el punto es que eso realmente era algo normal y nada comparado con las lunas de miel que habían tenido antes. Esta vez sentían verdadero amor por su acompañante y no les importaba el ayer o el mañana, solo el 'hoy'.

Volvieron una semana luego, justo el tiempo para comprar los regalos navideños y adornar la casa para la fiesta. La gran fiesta que desde ese año, Los Malfoy; incluyendo a la nueva esposa, dieron para celebrar la navidad. Un inmenso árbol adornaron las niñas y Liam, que se la pasaba aburrido o escribiendo a sus amigos, los invitó a pasar la noche buena con él.

Suzanne fue la primera en llegar aquella noche fantástica. Luego arribaron Marcus, Steve y Aaron. Todos muy formalmente vestidos, con sus padres. Suzanne con un vestido espléndido, digno de una señorita elegante y los chicos con ropas Informalmente elegantes. La noche se desenvolvió como estaba planificado y la mayor de las diversiones fue charlar con la madre de Suzanne, o por lo menos así fue para Hermione. Sus padres eran simpáticos muggles que trabajaban en una gran empresa exportadora de vehículos.

En cambio, Malfoy pasó la noche charlando con los papás de Aaron, Steven y Marcus, muy entretenidos estaban sentados en el living bebiendo champagne. La noche se fue en eso, la cena estaba realmente deliciosa y Henry Granger asistió a la celebración trayendo regalos a sus nietos.

Esa navidad fue una de las más felices. Sobre todo para Liam, quien no celebraba una navidad con sus padres juntos desde mucho tiempo atrás y era lo que sin duda lo emocionaba.

Volvió a Hogwarts cuando las vacaciones ya habían terminado y Malfoy, Hermione, Layla y Violet volvieron a casa, con un estúpido y extraño vacío en el corazón. El tiempo pasaba lento a los ojos de Hermione, pero a Malfoy los días se le hacían cada vez más cortos.

EL trabajo ya no era aburrido, porque hacían las diligencias tan rápido y los deberes tan perfectos que Hermione no solo obtuvo un aumento, sino que cada vez podía pasar más tiempo en casa o en algún lugar con su esposo, su hija y Layla, a quien quería tanto como a Violet.

Las pequeñas siguieron asistiendo a la escuela muggle y siguieron creciendo con rapidez.

Un día, las pequeñas, Liam y Hermione, decidieron organizar el ático. Sin saberlo, Hermione aun guardaba cartas de cuando iba a Hogwarts y sus hijos tuvieron todo eso a su alcance.

-¿Mami?... ¿Quién es él?- preguntó un día Violet, mientras Hermione limpiaba el ático, que estaba atestado de objetos y libros viejos.

-Su nombre es Viktor Krum- dijo Liam cuando observó la foto –Un jugador de Quidditch, Violet-

-Le dije a mamá, Liam- dijo ella indiferente, Liam rodó sus ojos color mercurio y siguió con su trabajo.

-Fue el primer chico al que tu madre besó- dijo Malfoy entrando por la escalerilla, con una sonrisa altiva, de medio lado, mirando con complicidad a Hermione que se ruborizaba de pies a cabeza.


¿Qué creen?; ¿Será que Draco les cuenta la historia de amor entre ellos?

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