Hola, cuanto tiempo. Pero es que he estado muy liada con la universidad, además este capitulo se me borró de mi ordenador y me frustré tanto que dejé de escribir. Pero bueno aquí tenéis otro capitulo. Disculpad la espera. Hay una canción puesta, es la única que pongo y la he puesto porque me he inspirado en esa canción para escribir. En el momento de la canción poner en el youtube" 3MSC-I can fly" Es una de las canciones de la banda sonora de la película italiana "Tres metros sobre el cielo"

Todos los personajes le pertenecen a su maravillosa escritora yo solo juego con ellos para crear una bonita historia.

13.- Pecado capital

Desolado. Desolado estaba el antiguo Reino Dorado, después de soportar dos guerras, las dos iguales de sangrientas, el Reino perdió su luz propia y se quedó sumido en la mas abisma oscuridad. Oscuridad. Y el dueño de tanta oscuridad era el Demonio. El Demonio ufano de su victoria galopaba con sus hombres dejando atrás ese triste lugar. Siempre mirando hacia delante y nunca mirando hacia atrás. Una sonrisa surcaba su rostro, una sonrisa que dejaba paralizado.

Los bosques, los ríos quedaban atrás ya que el Demonio ansiaba llegar a su hogar donde le esperaba su amado ángel. Un ángel que le esperaba ansioso, un ángel que vivía en cautividad, en donde él era su dueño.

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Ese mismo día a miles kilómetros, se encontraba Bella que jugueteaba nerviosa con su pelo mirando con nerviosismo por la ventana, esa ventana que daba al mundo exterior, en donde estaba Edward.

-Princesa.- dijo Ángela acercándose a Bella y sacando a ésta de sus pensamientos.

-Dime, Ángela, ¿Qué es lo que queréis?- preguntó Bella sonriendo.

-Su hermanito Jasper, esta muy inquieto y creo que desea verla.

-Tráemelo, por favor, Ángela.

A los pocos segundos llegó Ángela con el pequeño Jasper, que al ver a Bella empezó a agitarse en el regazo de la nodriza y Bella abrió sus brazos para coger a su hermanito. Al ver la escena de amor entre los hermanos, Ángela los dejó a solas. Bella, con el pequeño en sus brazos, salió a la terraza de su habitación y se sentó en una silla que había allí.

-Mi pequeño niño, ¿sabes tú quien fui? ¿Sabes tú que es lo que me pasa? Jasper, ojala pudieras hablar para decirme que me pasa, que es lo que pasó, por qué siento esta opresión en el pecho, porque siento que esta mal amar a Edward.- dijo Bella al pequeño mientras éste lo miraba con sus grandes ojos azules.

-Mamá.- dijo Jasper acariciando la mejilla de Bella que estaba húmeda por las lágrimas que salían de sus ojos.

-Tranquilo mi niño, ya no voy a llorar más, por ti, mi amor, eres lo que mas quiero en esta vida.- dijo Bella abrazando a su hermanito. Un abrazo lleno de calidez, de amor y de inocencia. Un amor puro de dos corazones que habían sufrido mucho.

Era media tarde de la mañana siguiente cuando a los lejos de la Fortaleza se escucharon trompetas del ejército del Demonio, Bella que en ese momento estaba jugando con Jasper, alzó la mirada y cogiendo a su hermanito salió al pasillo con paso apresurado. Con cada paso, el corazón de Bella latía con más rapidez. Salió al jardín y esperó a que las puertas de la gran Fortaleza se abrieran para dejarlo ver.

Las puertas se abrieron y dejaron ver a un gran caballero con una gran armadura negra que solo dejaba ver los grandes ojos verdes que estaban fijos en ella.

Bella sintió miedo al verlo, un miedo irracional que salía de su interior. No podía dar un paso, esos ojos, esa armadura le imponían, le hacían sentir pequeña e indefensa, como si el fuera un gran león y ella su pequeña presa. Edward se bajó de su caballo y se quitó la armadura dejando ver las duras facciones de su rostro y se acercó a Bella con la seguridad que le caracterizaba. Cuando estaba a un palmo de ella, sus fríos ojos verdes se llenaron de una calidez, de un brillo especial que acalló los miedos de Bella y con Jasper aun en sus brazos se acercó a él y lo besó en los labios con suavidad y delicadeza. Edward acarició la mejilla de Bella mientras ella cerraba los ojos y mientras Jasper lo miraba con ojos enfurecidos apretando más fuerte con sus manitas a Bella.

-Bella, cariño, entra dentro que esta empezando a hacer frío, enseguida estoy contigo.

Bella asintió y se volvió a su cuarto, mientras Edward se volvía a su ejército que acababa de entrar por la fortaleza.

-Vosotros dos, encargaos de que el prisionero esté encerrado en la mazmorra.

-Si señor.

Edward entró en la Fortaleza para dirigirse a la habitación que compartía con Bella. Al abrir la puerta se encontró con Bella sentada en un saliente de la ventana mientras acariciaba a Jasper con ternura el cual permanecía dormido en su regazo.

-Bella.- dijo Edward acercándose. Ella le sonrió y levantándose con cuidado puso al pequeño Jasper en la cama, donde lo arropó y le besó la frente antes de dirigirse a Edward.

-Edward.- dijo Bella besando suavemente los labios de éste.- Te he echado de menos.

-Yo también cariño. Espérame aquí mientras voy a asearme, no tardaré mi amada princesa.

Dicho esto Edward se fue a lavarse, mientras Bella se quedaba de nuevo sola pero feliz en la habitación.

En el piso de abajo, dos guardias fieles al demonio llevaban a Jake hacia las mazmorras, pero éste en una maniobra rápida pudo escaparse y empezó a correr por toda la fortaleza hasta entrar en una habitación que estaba vacía a excepción de una pequeña cuna y una cama pequeña a su lado. Se escondió en el armario que había allí mientras pensaba en la forma de salir vivo de la fortaleza, no sin antes acabar con la vida del demonio. Jacob podía ver toda la habitación por una rendija y lo que vio en un momento dado le dejó anonadado. Vio a Bella junto con el pequeño Jasper. Bella estaba increíble con un precioso vestido azul claro y su pelo suelto rizado, tenía en sus brazos a su hermano que lo dejó cuidadosamente en la cuna. Jacob no podía creérselo, Bella estaba viva. Con sigilo para no asustarla, Jacob salió de su escondrijo y se acercó a ella.

-Bella.- dijo Jacob cogiéndole de la mano. Bella se sobresaltó y lo miró. Una fuga de imágenes se le cruzaron a la cabeza sin poder clarificar alguna, del sobresalto se le nubló un poco la vista y un leve mareo le sacudió. Jacob la cogió por la cintura y la llevó hasta la cama.

-Bella, ¿estás bien?

-Disculpe, pero ¿le conozco?- dijo Bella aun un poco aturdida.

-Bella ¿no me reconoces? Soy yo Jacob, tu Jake.- dijo Jacob cogiéndole de la mano y mirándole con dulzura.

-Lo siento mucho Jacob, pero perdí la memoria hace un par de semanas y no recuerdo nada ni a nadie.- dijo Bella con sinceridad, esos ojos, los ojos de Jacob le trasmitían calor, un calor diferente al de Edward, pero era calor, un calor que en su interior quería y parecía conocer.- Me haces muy familiar, dime ¿eres amigo de mi esposo Edward?

-¿Tu esposo?

-Sí, me casé con Edward hace 5 días o así.

-No puede ser.- Dijo Jacob, ese vil asqueroso de Edward se había aprovechado de la situación de Bella para casarse con ella y poseerla a su antojo. Jacob estaba hecho una furia, y apretando fuertemente las manos de Bella aunque sin causarle dolor, la besó. Fue un besó demandante porque Bella se quedó quieta e intentaba quitarse a Jacob de encima con sus manos, pero la fuerza de ella no era suficiente. Jacob estaba cegado por la ira, por los celos, por la tristeza y solo era consciente de tener los labios de Bella entre los suyos. La cogió por la cintura y la acercó a él. Bella sintió la erección de Jacob en su barriga y abrió los ojos asustada. Intentó quitarse una vez más, pero los brazos de Jacob funcionaban como una cárcel. Jacob dejó de besarla y empezó a mordisquear su cuello.

-Para, por favor, para.- dijo Bella mientras Jacob seguía besándole el cuello.

Jacob la cogió nuevamente y la echó en la cama y él se puso encima de ella. Cogió las manos de ella y empezó a besarlas.

-Nunca, jamás, te haría daño. Bella, tú eres mi vida, eres mi sol y Edward es solo un demonio. Yo era tu prometido.

-No es cierto, Edward me dijo que él era mi prometido desde hace años y que mi padre le pidió que me cuidara.- dijo Bella con voz trémula.

-Eso no es cierto, Bella. No lo es. Créeme. Yo he estado contigo toda la vida. Hemos sido amigos mucho tiempo, hemos jugado juntos. Bella, mi Bella.- dijo Jacob mientras una lágrima cruzaba por su mejilla.- Te quiero Bella.

Bella se quedó mirando fijamente a Jake. Ella amaba a Edward, pero Jake le daba una paz que Edward no le daba, con él sentía seguridad y calidez. Con Edward a menudo sentía una sensación como de miedo y de incomodidad, pero con Jake no. Con Jake todo era seguro, era fácil y sencillo. Lo que decía parecía verdad, pero ¿Cuál era la verdad?

-Yo… No se que pensar.- dijo Bella mirándolo.

-Lo siento Bella, pero te quiero y te he deseado por mucho tiempo, déjame que te ayude a recordar.- dijo Jacob, mientras sujetaba con fuerza las manos de ella con una mano y él se quitaba la camisa.

-¿Qué vas a hacer?- dijo Bella asustada.

-Voy a hacerte el amor, voy a ayudarte a saber que tu único amor soy yo. Voy a limpiar tu cuerpo de su presencia.-dijo Jacob mientras le desgarraba el vestido por la altura del pecho dejando ver sus dos pechos blancos.- Eres tan preciosa Bella.

Bella intentó quitarse, luchaba contra él, pero Jacob era demasiado fuerte y pesaba demasiado. Su boca demandante se apropió de un pecho suyo y empezó a succionar. Bella empezó a llorar silenciosamente, la sensación de su lengua con su pezón era agradable y excitante, pero ella no quería eso. No quería. "Edward por favor ven"

Edward salió de darse un baño y fue a la habitación donde él creía que estaba Bella, pero se encontró la habitación desierta. Extrañado empezó a caminar por el pasillo hasta la habitación en donde dormía Jasper y Ángela. Por el camino le interceptaron dos de sus hombres.

-Mi señor, el prisionero ha escapado.

-Buscadlo, rápido.- dijo Edward antes de echar a andar por el pasillo, tenía un mal presentimiento.

Se acercó rápidamente hasta la puerta de la habitación y la abrió sigilosamente y lo que encontró le cegó. Abrió la puerta de un empujón y con la fuerza de un león cogió a Jacob por el brazo y lo tiro hasta la pared mas alejada de la habitación. Se acercó a Bella, la cual tenía los ojos cerrados y las mejillas inundadas de lágrimas. Al verla así, Edward ciego de la ira se acercó de nuevo a Jacob y le asestó varios golpes, mientras Bella sin para de llorar se tapaba con una sábana para ocultar su desnudez.

Los hombres del demonio, al escuchar el ruido, fueron corriendo a esa habitación y cogieron a Jacob mientras Edward seguía golpeándolo. Bella lo miraba mientras Ángela cogía una bata para ponérsela.

-Llévenselo, llévenselo de aquí, que se pudra en la más asquerosa de nuestra celda.- dijo Edward furioso.

Los soldados se lo llevaron pero cuando llegaron a la altura de Bella, quien seguía llorando, Jacob alzó la cabeza y le dijo:

-Tienes que recordar Bella, tienes que recordarme.

Edward gruñó fuerte cuando esas palabras salieron de su boca. Cuando los soldados se fueron con Jacob, Edward cogió con fuerza a Bella y la abrazó mientras ella lloraba desconsoladamente en su pecho. Edward la cogió en brazos y se la llevó a la habitación de ellos.

-Bella.- dijo Edward cuando deposito a Bella en la cama mientras ella seguía abrazada a él con mucha fuerza.- Bella cariño ya estas a salvo.

-He pasado mucho miedo Edward, rezaba para que vinieras.

-Ya estoy aquí mi ángel, ya estoy aquí.- dijo Edward mientras le besaba la frente.- Bella, dime, ¿Qué te ha hecho?

-Él quería hacerme el amor, yo intentaba quitármelo de encima pero él era demasiado pesado. Pero no llegó a hacérmelo, tú viniste antes.- dijo Bella mientras nuevas lágrimas al recordar lo que le había pasado afloraban.

Edward intentaba apaciguar su ira para no asustar a Bella, ella estaba ya muy asustada. Fue dándole besos por toda la cara hasta llegar a su cuello, en donde se encontró que ella tenía una marca roja en él. Edward empujó a Bella sobre la cama y se puso encima de ella.

-Edward ¿Qué ocurre?- dijo Bella extrañada del repentino cambio.

Edward no contesto sino que se acercó al cuello de Bella y succionó con fuerza en el lugar en donde estaba la marca, para poner la suya encima. Por que Bella era suya y solo él podría marcar su cuerpo. Edward sintió a Bella tensarse y se retiró de ella.

-Perdona Bella, ve a asearte y a cambiarte de ropa.- dijo Edward mientras ella asentía con la cabeza y se dirigió a la puerta en busca de Ángela.

Edward se levantó y fue hacia las mazmorras en busca de Jacob. Lo encontró en una de las celdas encadenado a la pared. Abrió la celda y Jacob lo miró a los ojos con furia.

-Eres un maldito, te aprovechas de que no recuerda nada y le metes en la cabeza tus asquerosas mentiras, solo para aprovecharte de ella. Eres un maldito bastardo.- dijo Jacob con furia.

-Pobre Jacob, pero soy yo la que la tiene, es a mí quien da sus besos, es conmigo con el que va a hacer el amor esta noche.- dijo Edward con una sonrisa mientras veía como Jacob se ponía rojo de la furia.- Tendría que matarte por lo que le has hecho a ella. Tendría que hacerlo, pero prefiero que sufras, quiero que sufras en cada célula de tu piel, quiero que recuerdes en cada momento que ella es mía, que su cuerpo, su alma y su corazón son míos. Que es mi nombre el que sale de sus labios cuando le hago el amor, que son mis labios los que busca ella, que son mis abrazos los que ella quiere, que es mí calor lo que ella busca todas las noches al dormirse. No te voy a matar, porque eso sería quitarte esa tortura. Quiero que vivas, que vivas mucho tiempo. Disfruta de tu instancia aquí porque va a ser muy larga.

-Ella recuperará la memoria, ¿Qué harás? ¿La ataras en tu cama para que no escape?- dijo Jacob antes de que Edward saliera por la puerta.

-Cuando eso ocurra, ella tendrá un hijo mío y esperará a otro en su vientre. Estamos casados ante Dios y la Iglesia, así que no podrá huir de mí. Ella me pertenece.- dijo Edward saliendo de la puerta y dirigiéndose de nuevo hacia su habitación, mientras dejaba a una abatido Jacob en una celda oscura.

Bella se encontraba en la habitación de su hermano aseada y vestida con un camisón de color violeta claro. Intentaba consolar al pequeño Jasper que lloraba sin parar.

-Princesa, debe cantarle su canción.- dijo Ángela.

-¿Su canción?- preguntó Bella extrañada mientras le daba a su hermanito.

-Era la canción que vuestra madre os cantaba a vos cuando erais pequeña.

-Cántala por favor, quizás con eso pudiera recordar a mi madre.- dijo Bella entusiasmada.

"I can fly
But I want his wings
I can shine even in the darkness
But I crave the light that he brings
Revel in the songs that he sings
My angel Gabriel

I can love
But I need his heart
I am strong even on my own
But from him I never want to part
He's been there since the very start
My angel Gabriel
My angel Gabriel

Bless the day he came to be
Angel's wings carried him to me
Heavenly
I can fly
But I want his wings
I can shine even in the darkness
But I crave the light that he brings
Revel in the songs that he sings
My angel Gabriel
My angel Gabriel
My angel Gabriel"

La letra de la canción hizo que Bella recordara la voz de su madre, su rostro, alguna experiencia con ella. Las imágenes aparecían en su cabeza como una película.

Bella quedó muy sorprendida y con una sonrisa feliz le dio un beso a su hermanito y salió de la habitación en busca de Edward. Por el camino hacia su habitación encontró un objeto que brillaba, con curiosidad lo cogió y fue hasta la habitación ya que la luz del pasillo era muy tenue.

Al llegar a la habitación, se acercó a una de las velas y cogió el objeto de su bolsillo. El objeto era un escudo de armas de algún reino, con la forma de media luna. Una media luna un poco maltratada, se la puso en el cuello y se miró en el espejo y cuando vio su reflejo, abrió los ojos con fuerza y lo dejó caer. Bella se puso de pie rapidamente y se apoyó contra la pared mientras el corazón le latía rápidamente y muchas imágenes se le pasaban por la cabeza. Se llevó las manos a la cabeza intentado controlarlas hasta que cesaron y ella abrió de nuevo los ojos. Se levantó de nuevo, miro a su alrededor, miro el anillo que llevaba en su mano, cogió su colgante y empezó a llorar.

Había recordado todo.

Ya sabía quien era pero lo más importante es que ya sabía quien era Edward, el hombre con el que se había casado. Edward era el demonio, su enemigo y ella se había casado con él. Ella se había entregado a él. Ahora ella le pertenecía. Ella era suya. Ella estaba en manos del Demonio.

La puerta se abrió dejando ver a Edward y ella lo miró a los ojos. Edward la miró, su mirada había cambiado, era la misma mirada de orgullo mezclado con miedo que antes poseía Bella.

-¿Qué me has hecho?- dijo Bella mientras se levantaba y Edward cerraba la puerta para ponerse a la altura de Bella.

-He hecho lo que tenía que hacer, como las cosas tenían que haber sido desde un principio.- dijo Edward mientras abrazaba a Bella y ella negaba con la cabeza.

-No, tú me has engañado, te has aprovechado de mí.

-Puede ser Bella, puede ser. Pero ahora eres mía y no puedes escapar de mí.- dijo Edward antes de besarla.

Lo que había dicho Edward era verdad. Ella era suya. Para toda la vida.

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Nos vemos en el próximo.

***Lynx***