Edward POV.

Bella se tensó al sentirme así de cerca, esperaba sinceramente que se le quitase el enojo conmigo, pero no quería presionarla, así que me alejé lentamente.

—Te amo, cariño —sonreí.

—No vuelvas a hacer eso —reclamó ruborizada ante nuestra cercanía.

—Lo siento, pero es irresistible mantenerse lejos de ti —le cerré un ojo.

—Debo irme, Edward —sus ojos estaban quizá tan tristes como los míos —. Ángela me espera.

No quería dejarla partir, me era imposible imaginarme sin ella.

—Esta bien, te iré a dejar —tomé las llaves del coche y salimos.

Tal cual como me habita dicho, la casa de Ángela quedaba a tan sólo una cuadra del trabajo.

Bella tocó el timbre y Ángela no tardó en salir, me hizo señas desde la puerta. Sin más que hacer y viendo como mi novia se alejaba de mí, marché hasta mi departamento.

No pude dormir en toda la noche, la cama era muy espaciosa y a momentos buscaba sus pies, su piel, pero no encontraba nada más que el resto de la cama fría.

¿Qué haría en estos 3 días libres? Sin Bella, no tenían sentido.

Así que en la mañana decidí ir a trabajar al hospital, era más útil allí que quedándome sentado sin hacer nada.

—¿Qué haces acá? —dijo Carlisle al verme sentado en su despacho.

—Gracias por el caluroso recibimiento —bromeé.

—Deberías estar cuidando a Bella —reclamó.

Gracias papá —pensé.

Como si no fuese suficiente el dolor que ya sentía sin ella para que me lo recordasen… ¿Bella sentiría lo mismo cuando me recordaba?

—Bella y yo, nos dimos un tiempo —dije mirando el suelo.

—¿Por qué? Si ustedes se llevan tan bien.

—Larga historia, pero Tanya esta de por medio —reconocí.

Dr. Cullen, se le solicita en pabellón —sonó el altavoz.

—Debo irme.

—Antes que salgas corriendo, volveré a trabajar.

—Ok ¿Nos vemos al almuerzo? —dijo poniéndose la bata.

—Si, será genial —sonreí.

Me fui a mi oficina y saludé a Jane, quien se sorprendió al verme.

—Dr. Cullen —sonrió —. Gusto en verlo.

—Gracias, Jane —le devolví la sonrisa —. ¿Podrías por favor volver a darle hora, a los pacientes que tenemos en espera?

—Será un gusto.

Ingresé a mi oficina y me puse la bata.

Iría a visitar a los niños a la sala pediátrica.

Me alegró mucho saber que Charlotte, la niña que tenía displacía de cadera había salido bien de su operación y que ya estaba en su casa.

Había muchos niños nuevos en la sala, me dolió mucho pasar a la sala de Oncología pediátrica.

Estuve de visita toda la mañana, pues en la tarde tendría pacientes que atender.

Antes de salir a almorzar le envié un mail a Bella.

Amor me quedan 29 palabras te amo con toda mi alma.

Te extraño demasiado, espero que tu día sea estupendo, pero que me extrañes mucho.

Te ama, TÚ Edward.

Conté las palabras y se lo envié.

Recordé mi plan sorpresa, así que llamé a la florería más cercana a su trabajo.

—Flower Shop, atiende Anabella —dijo una chica.

¡Esto no puede ser! La chica tenía un nombre muy similar al de Bella. Si todo en este mes estaría martirizándome no sería capaz de soportar —pensé.

—Hola, mira quiero enviar un ramo de 29 rosas rojas a la siguiente dirección: Calle Lincoln 270.

—¿Cuántas rosas rojas? —dijo confundida.

—29 rosas rojas —respondí.

—¿Algún recado?

—No, ninguna tarjeta —no me era posible escribirle más palabras.

Envié el dinero vía Internet, una vez lista la transacción la chica dijo que en dos horas más estaría listo el reparto.

Colgué. No pasaron más de dos minutos cuando volvió a sonar mi teléfono.

—Hola —dije sacándome la bata.

Edward, hola —era Tanya.

—¿Cómo estas? —pregunté por cortesía.

Mejor, me gustaría saber si hay novedades con mi hermana.

—No la he ido a ver, pero en la tarde iré, quizá podrías venir y te conseguiré una visita —me comprometí.

¿De verdad? —chilló.

—Claro, simplemente ven a las 16:30 y te prometo que verás a tú hermana —sonreí al oír su reacción.

Quedamos en vernos en mi oficina.

Carlisle pasó por mí y nos fuimos a la casa a almorzar.

Mamá cocinaba ravioles.

—¡Eddie! —me abrazó —. ¿Dónde haz dejado a Bella?

Y vamos de nuevo explicando…—pensé.

—Nos dimos un tiempo mamá —respondí con pesar.

—¿Qué has hecho Edward? —me reprobó.

—Tonterías, pero lo arreglaremos mamá, lo sé —sonreí.}

Me reprobó con la mirada.

—Más te vale, Edward —me reclamó.

Almorzamos tranquilamente, extrañaba tanto estar con mis padres, pero la verdad es que ellos tenían que tener sus momentos juntos y merecían su espacio al igual que yo.

Al volver no tuve mucho tiempo de esperar, cuando a las 16:30 apareció en mi oficina Tanya. Se veía bastante mejor a pesar de que aún sus ojos denotaban tristeza y cansancio.

—Hola, Edward —dijo abrazándome.

—Hola.

—¿Qué has sabido de Kate?

—Sigue muy mal, pero he conseguido una visita de cinco minutos —sonreí.

Tanya chilló y volvió a abrazarme.

—¡Oh! ¡Eddie muchas, pero muchas gracias! —sollozó a mi oído.

Nos dirigimos hasta la habitación de Kate que aún estaba en coma y permanecía conectada a ventilador mecánico.

Pude notar como los ojos de Tanya se humedecían e intentaba esconderse detrás de la mascarilla, posé mi mano sobre su hombro, ella puso su mano sobre la mía.

—Sé que es difícil, pero piensa que si te lo tomas así de mal ella podría sentir tus malas vibraciones —dije intentando calmarla.

—Lo sé.

Se acercó a la cama de Kate y la tomó de la mano.

—Tanya, te dejaré sola unos instantes para que te sientas más cómoda con ella, pero pronto volveré en caso que ocurra algo —dije saliendo de la habitación.

Me fui directamente a hablar con el médico que atendía la UCI.

—Hola, Eric ¿Cómo estas?

—Bien, Edward ¿No estabas visitando a la Srta. Denali?

—Si, la he dejado con su hermana, aún esta muy mal por todo—respondí.

—Ya veo, no debes dejarla mucho tiempo —añadió.

—Dime, ¿Realmente cómo esta?

—Muy mal, no ha respondido bien al tratamiento y realmente hemos decidido que debemos inducirle el estado de coma, quizá despierta este mucho peor —declaró Eric.

Ya veía, si no respondía bien a los medicamentos, no quedaría más que esperar un milagro.

Lo lamentaba sinceramente por Kate, era una chica tan alegre, llena de vida.

—Gracias, Eric —le dí la mano.

—De nada, colega. Para eso estamos —sonrió tristemente.

Tanya salió gritando desde la sala de Kate.

—¡Edward, Edward! —gritó desesperada.

Eric automáticamente corrió hacía la habitación de Kate, mientras que yo contenía a Tanya.

—¡Edward, Edward! —sollozó apegándose a mi pecho.

La recibí acogiéndola entre mis brazos.

—¿Qué ha pasado? —pregunté separándola de mí, para oírle mejor.

—Ha dejado de latir su corazón, la maquinita esa, dejó de sonar —sollozó.

Eric salió rápidamente de la habitación de Kate.

—Edward, ven por favor —me solicitó.

Las enfermeras ya estaban dentro con el equipo de reanimación.

Ingresé a la habitación para ver como le daban shocks eléctricos para revivirla. Eric estaba revolviendo el gel en las placas.

—Edward, necesito tu cooperación —dijo Eric reanimando a Kate.

—Por supuesto —dije tomando el mando de órdenes.

Mientras Eric dejaba caer el voltaje, yo me encargaba de dar las órdenes a las enfermeras para que aumentaran el voltaje. También veía la reacción del cuerpo de Kate.

Realizó la operación 2 veces al mismo voltaje y no funcionaba, la tensión se sentía en el aire, pero no dejaría ir a Kate, por supuesto que no lo haría.

—¡Vamos de nuevo! —exigí.

Volvió a colocar gel en las placas y me hizo una señal de estar listo.

—1, 2, 3 ¡Ahora! —le ordené, entonces Eric dejó caer las placas en el cuerpo de Kate.

—¡Aumenten el voltaje! —le exigí a la enfermera.

Nuevamente repitieron el proceso, pero Kate no respondía.

—¿No hay signos aún? —chilló Eric sin mirar los aparatos

—No aún no Dr. —señaló una enfermera.

—¡Vuelva a aumentar el voltaje —reclamé.

—Dr. Cullen no es posible, si se le aumenta…

—¡Haga lo que le ordeno, Enfermera!

—Discúlpeme, pero no haré algo en contra de mis principios —reclamó la chica que demostró bastante valor.

—Edward, déjalo así, la hemos perdido —dijo Eric dejando de lado las placas.

Me negué ante la idea de dejar partir a Kate.

Aumenté yo mismo el voltaje y tomé las placas.

En mi mente realicé el conteo… una vez… y Kate no respondía… lo realicé por segunda vez… y no respondió. Era demasiado el voltaje, lo sabía… no me rendí, volví a dejar caer la carga eléctrica sobre su inerte cuerpo y al tercer shock, el corazón de Kate volvió a latir débilmente, marcando nuevamente su ritmo cardiaco.

Me limpié el frío sudor de mi frente y salí de allí ante el evidente estado de shock.

—¡Dr. Cullen! —me llamaron desde la sala.

—¿Si? —me devolví a mirarlo.

—¡Felicitaciones! —dijo Eric.

—Solamente mantenla con vida ahora —le rogué.

Al parecer no se tomó muy bien el comentario.

A mi parecer no tenía nada heroico mi acto, pues sabía perfectamente que el voltaje utilizado era prácticamente ilegal. Me saqué los guantes y los dejé caer en un basurero, con el estrés ni siquiera me había dado cuenta cuando me los había colocado.

Busqué a Tanya, pero no se encontraba en el pasillo.

—¿Ha visto a la Srta. que estaba aquí hace unos momentos?

—¿La Srta. que estaba llorando? —dijo la enfermera tras el mostrador.

—Si, la misma.

—La han tenido que llevar a otro sitio para calmarla, estaba muy nerviosa y descompensada —declaró.

—¿Dónde la llevaron?

—Realmente no lo sé, pero al parecer a la cafetería —señaló la enfermera.

Le agradecí la información y corrí hasta la cafetería.

Lo que me había imaginado, Tanya tuvo un estado de histeria frente a lo acontecido y se de desmayó. Estaban a mitad de un pasillo tratando de hacerla volver en sí.


Bella POV

—Srta. Swan —dijo un chico de pie en la oficina.

—Soy yo respondí.

—¿Podría firmar esto? —dijo el chico.

—¿Para qué? —dije desconfiada.

—Me ha llegado un envío para usted —dijo el joven.

Tomé la tablilla y firmé.

—Espere un segundo Srta. Swan —dijo el chico.

Salió de mi oficina.

Al volver traía un enorme y hermoso ramo gigante de rosas rojas.

—Esto es para usted —sonrió.

Jacob y Ángela abrieron la boca en señal de sorpresa.

—¿No trae nota? —reclamé.

El chico se encogió de hombros.

—Al parecer lo único que dijo el hombre que las envió fue que las contara —sonrió y se fue.

—¡Que emocionante! De seguro fue Edward —dijo Ángela.

—No lo creo. Ese idiota ni siquiera vino a almorzar con Bella —bufó Jacob desde su asiento.

—Tú no sabes nada —reclamó Ángela.

Comencé a contar las rosas, tuve que hacerlo un par de veces por que me perdía.

Eran 29, sonreí. Obviamente desde un principio supe que era Edward, pero ahora sonreí al ver la delicadeza del detalle.

—Son 29 —sonreí.

—¿Y eso qué? —chilló malhumorado Jacob desde su asiento.

—Son los días que quedan —sonreí sintiendo el aroma de las rosas.

—¿Que quedan para qué? —preguntó Jacob.

Él no podía saber lo que ocurría, si se enteraba sería una catástrofe para mí, no dejaría de molestarme e insistir en que saliéramos juntos.

—Para que Bella presente a Edward formalmente como su novio, ante su padre —mintió rápidamente Ángela.

Cuando Jacob dejó de mirarme le di las gracias en un susurro.

—Es muy romántico tu chico —sonrió Ángela — Yo que tú adelantaría la… presentación, creo que es necesario. Después de todo ¿Para qué tanto martirio? —me sonrió.

Sabía a que se refería con eso de la presentación y si… tenía razón. Extrañaba demasiado a Edward como para continuar con esta estupidez.

—El Sr. Robbins ha salido y no regresará a la oficina, quizá alguien pueda ir a agradecerle a su Romeo por tan lindo detalle —dijo Ángela riendo.

—No es correcto Ángela, debo terminar un par de cosas —reclamé.

—Nada, que sea con urgencia. Además una vueltecita no le hace mal a nadie —dijo extendiéndome mi bolso.

—Prácticamente me estas echando —sonreí.

—Lo sé, es que en tu caso, yo, ya habría salido volando de este lugar, para agradecer personalmente el hermoso gesto—sonrió.

—Pero… si alguien me delata —dije haciendo alusión a Jake.

—Ese alguien no dirá nada, pero no por el idiota de tu novio, si no por que desea seguir teniéndote como compañera de trabajo —dijo sin mirarme.

Entonces sin pensarlo dos veces salí del edificio y me dirigí hacía el Hospital. El ramo era muy grande y la gente me miraba en la calle, sobre todo las mujeres. Seguramente pensaran en quién fue el hombre que me las envió. Sabía perfectamente que se sentía mirar a una chica con un ramo de flores.

Tomé el taxi y no tardé en estar en el vestíbulo del hospital.

Jane estaba en la oficina.

—Hola, Jane —la salude con una sonrisa.

—Hola Srta. Swan —sonrió.

—Dime Bella.

—Hola, Bella. Veo que le llegó el regalo de mi jefe —dijo al ver el ramo de flores.

—Si, es precioso. ¿Está Edward acá?

—No, el Dr. Cullen ha ido a la UCI —me respondió.

—¿Algún paciente grave? —me preocupé. Edward siempre se ha ligado mucho a sus pacientes y sé que le duele verlos así de mal.

—Si, pero no un paciente pediátrico. De seguro no tarda en llegar —sonrió —Si quieres lo esperas en su oficina.

Accedí al ofrecimiento de Jane.

La oficina de Edward estaba mucho mejor decorada de la última vez que había estado allí, ahora había colgado fotos de su familia y en el escritorio tenía una foto nuestra. Sonreí al verme ruborizada en ella. Ese día habíamos estado discutiendo por que no quería sacarme la foto.

Edward estaba tardando demasiado en volver. Así que salí a la cafetería.

—Jane, iré a la cafetería, si Edward vuelve dile que estoy allí —le pedí.

—Por supuesto —dijo Jane.

Bajé las escaleras y en el mostrador pedí un café.

Subí con él y comencé a recorrer el hospital.

Me entretuve largo rato en una sala pediátrica, había muchos niños enfermos que estaban allí. La mayoría tenía visitas a excepción de un niño.

Me acerqué a él.

—Hola —le sonreí.

El niño tenía una mirada triste.

—Hola —dijo mirándome —. ¿Eres enfermera?

—No, sólo vine a ver a mi novio —volví a sonreírle, pero él no sonrió —. ¿Cómo te llamas?

—Daniel ¿Y usted?

—Bella. ¿Cuántos años tienes?

—Seis.

—¿Y tus padres?

—Hoy no han venido por que trabajan.

—Bueno, pero he venido yo —sonreí —. ¿Por qué estas acá?

—Tengo apendicitis.

—¿Sabes que es eso?

—No ¿Qué es? —dijo curioso.

—La apéndice es una cosita que no sirve para nada, que se inflama y cuando se inflama hay que sacarla —sonreí.

—¿Me la van a sacar? —dijo Daniel asustado.

—Supongo que si, no sirve de mucho y no te dolerá —sonreí.

—Pero ¿Y si quiero quedármela?

—No se puede, por que te podrías enfermar más.

—Pero, es mí apéndice y es mí apendicitis, no quiero que me la saquen —reclamó.

—¿Quieres mejorarte Daniel? —le pregunté.

—Claro que si.

—Entonces tienes que sacártela para que te puedas ir con tus amiguitos.

Daniel se cruzó de brazos.

—Entonces tendré que sacármela —dijo no muy convencido.

—¿Cómo se llama tu doctor?

—Tío Eddie —rió.

—¿Tío Eddie?

—Si, no le gusta que le diga Dr. —sonrió —. Es mi amigo.

—Ya veo. Sabes, yo conozco a tu doctor —reí.

—¿Si?

—Claro, el y yo somos novios —sonreí.

—Tú eres muy bonita —dijo acariciándome el pelo —. ¿Por qué no eres mi novia?

Sentí como me ruboricé, intenté no reírme, pero fracasé.

—No te rías, ¿Te gustaría ser mi novia?

—Pero, es que yo ya tengo novio —sonreí.

—Pero, si Tío Eddie no se enterará, será un secreto de los dos —me guiñó un ojo.

—Pero tiene que ser un secreto, por que si no mi novio se enojará —me reí ante la idea de serle infiel a Edward con un niño.

—Pero si yo soy tu novio y no me enojo —me abrazó.

Era un niño muy tierno.

—¿Qué te parece si como tú novia te voy a comprar algo? —le animé.

—¡Ya! —le gustó mi idea.

Entonces salí de la sala y miré que número tenía, con mi sentido de orientación seguro que no volvía a llegar allí.

Justo iba a entrar una enfermera a la sala por lo que la detuve.

—Disculpe señorita, pero quería saber ¿Qué puede comer Daniel?

—¿Es su familiar?

—Ehh… Algo así —mentí.

—Que bueno que lo hayan venido a ver, el niño no recibe visitas desde hace días y nadie ha firmado la autorización para la operación —reclamó.

—En realidad familiar no soy, pero sólo quiero saber que le puedo comprar para comer, ya sabe algún regalito —sonreí.

—No puede comer nada, esta en un estricto régimen —dijo la Enfermera.

—Ok, me las arreglaré para comprarle otra cosa.

Bajé nuevamente las escaleras, al llegar a la cafetería no sabía que comprarle.

Entonces vi una maquina de peluches, sabía que nunca funcionaba, pero había un reponedor o técnico que la estaba arreglando.

—Disculpe —interrumpí.

—¿Si? —dijo el hombre que andaba con un overol plomo.

—Necesito un regalo para un niño que esta hospitalizado. ¿Podría usted venderme uno de los peluches que están en la máquina?

—Debe jugar para ganar uno —respondió.

No era exactamente lo que quería.

—Esta bien, dígame usted cuanto me costará uno de esos peluches para que usted lo saqué y me lo venda —dije sin paciencia.

—Ya le dije, debe jugar para sacarlo.

—¡Vamos! No sea cínico, usted y yo sabemos perfectamente que las pinzas lo sueltan antes de ganarlos y ¡Lo necesito con urgencia! —reclamé.

—2 dólares —dijo al fin el hombrecito.

Saqué mi billetera y se los pagué.

A cambio obtuve un hermoso Bugs Bunny de aproximadamente unos 30 cm.

Corrí hasta la sala y allí estaba esperándome Daniel. Escondí el conejo detrás de mí.

—Hola, cariño —me dijo Daniel. Sonreí ante su atrevimiento.

—Hola, Daniel —sonreí.

—¿Qué me has traído?

—Tú enfermera me dijo que no podías comer cualquier cosa, así que te traje compañía para que cuando no este, no te sientas solo —sonreí.

Le extendí el conejo y no pude evitar sonreír al ver que su rostro se iluminaba. Me lo agradeció una y mil veces.

Entonces caí en cuenta de la hora.

—Daniel debo irme —me disculpé.

—¿Irás a ver a tu otro novio? —se cruzó de brazos.

—Si, pero prometo volver a penas puedas —me comprometí.

—¿Te cuidarás?

—Claro que sí ¿Por qué no habría de hacerlo?

—Tú pierna —señaló.

¡Que observador!, a pesar de tener el fijador bajo el pantalón, él lo había notado.

—Por supuesto —le besé la frente.

—¿Te veré mañana? —suplicó.

—No lo sé, intentaré venir después del trabajo —sonreí.

Nos despedimos y me fui rápidamente a la oficina de Edward.

Para colmo, me perdí. Tuve que pedirle a una enfermera que me orientara.

Caminé por largo rato hasta que me ubiqué, tenía que doblar en el pasillo a la izquierda y encontraría la oficina de Edward.

Bebí otro sorbo de mi café que estaba tibio, casi frío.

Y vi a Edward de pie, junto… junto a Tanya abrazados, casi no había distancia entre ellos. Ella acarició su cabello mientras que él la sostenía. En un momento se miraron y mi pulso comenzó a fallar y sin querer se me calló el café desparramándose por todo el piso. Edward me vio allí, estúpidamente de pie junto a la posa de café.

Salí corriendo, dentro de lo que podía, con los ojos humedecidos y maldiciéndome al creer que este tiempo nos serviría para fortalecernos.


Hola Chicas, perdónenme por no actualizar pronto, pero seré sincera, la inspiración se había esfumado, mi Notebook no tiene cargador y me cuesta un mundo escribir rodeada de tanta gente que estorba en el proceso…

Bueno, les dije que no se arreglarían pronto…

No me maten.

Muchos besos y cariños a todos, espero actualizar más pronto.

Les recomiendo que lean mi nuevo fic (me hago un poco de promoción)

Y como les dije: Su review es mi propina y mi crítica

Cariños a todas

Manne.