DISCLAIMER: La mayoría de los personajes le pertenecen a S. Meyer, sólo la historia es de mi completa autoría.

El texto en negrita: pensamientos de Isabella, el contenido del libro.
El texto normal: comentarios de la familia Cullen.


Carlisle ya acomodado en el sofá al lado de Esme, abrió el libro y comenzó a leer.

Capítulo 12: Kris y Ares: control.

Carlisle suspiró - Eso no suena para nada bien.

Caminaba entre la hierba ligeramente mojada con bastante ánimo. Y mi humor se debía obviamente, a que muy pronto me encontraría con Edward. Mientras seguía el sendero recordé lo que Edward me había dicho la noche anterior: que debía arreglar las cosas con su familia y que algún día me hablaría de ellos. Esperaba sinceramente que no me equivocara al pensar que la familia de Edward era buena, que ojalá las cosas le hayan ido bien y su familia no haya sido demasiado dura con él, que lo creyeran o no; él no tenía la culpa de nada.

Rosalie hizo una mueca - Sí, eso ya lo sabemos.

Aunque me asustaba un poco al pensar en qué tan impredecibles podían llegar a ser.

Emmett se rió pasándose una mano por el pelo, orgulloso.

Estuve charlando un rato con Kris y al fin logré convencerla de que me contara, de una vez por todas, su plan. Hubiera preferido no saberlo y me negué a pensar en ello mientras seguía el sendero.

Al llegar al prado, solté un suspiro de alivio cuando lo vi a él esperándome.
Caminé lentamente sin quitarle la vista de encima, Edward también me miraba y sonreía.

Al detenerme frente a él no dude ni un segundo en abrazarle, escondiendo el rostro en sus pecho duro y frío, aspirando su exquisito aroma.

Le sentí rodearme con sus fuertes brazos y besar el tope de mi cabeza.

- Edward... - suspiré.

- Hola mi bella - susurró exhalando sobre mi cabeza haciendo que me dieran escalofríos - ¿Estás bien? - me preguntó con preocupación. Levanté la cabeza sin separarme de él para poder mirarle a los ojos. No debería sorprenderme el que él esté enterado de todo lo que me ha pasado en estas últimas horas, así que le sonreí.

- Sí, estoy bien.

Me miró sólo unos segundos más a los ojos y luego asintió.

- Me alegra mucho verte - le comenté bajando la mirada, ruborizada - Es lo que más he deseado en todo el día, pero... - suspiré con pesar - No... Deberías haber venido.

- ¿Por qué no? - preguntó intrigado.

- Es Kris. Tiene en mente llevar a cabo su estúpido y arriesgado plan y yo no estoy de acuerdo.

- ¿El famoso plan? - preguntó Edward sonriendo con una pizca de burla haciéndome sonreír también - ¿Así que ya te lo dijo? ¿Y de qué se trata? ¿O te ha prohibido decirme?

Bufé... Pero luego me detuve cuando me di cuenta de algo.

- ¿Cómo es que tu...? ¿No estás enterado?

- Emm... No, no - contestó enterrando una de sus manos en mi cabello, acariciando mi cabeza.

- Pero yo creí que tú estabas... Leyendo.

- No, es que... Cuando me di cuenta que ya venías... No pude esperar y... - dijo encogiéndose de hombros luciendo un poco avergonzado.

- Puf, nosotros sí hemos estado leyendo, y ni aún así nos enteramos de algo - rezongó Emmett cruzándose de brazos.

- Bueno, no importa. Lo que Kris quiere es...

- Cállate - me interrumpió Kris, puse los ojos en blanco.

- Estaba diciendo... - continué, ignorándola. Sin embargo...

- No te atrevas a abrir tu bocota.

- Pero...

- ¡Pero nada! eso es asunto nuestro, no de él. Si dejé que te vieras con él no fue para que le informaras de nuestros planes, así que ¡Cállate!

- Maldición - murmuré entre dientes.

- ¿Bella? ¿Qué ocurre? - preguntó Edward tirando suave y delicadamente de mi cabello para llamar mi atención.

- Es Kris. No quiere que te cuente nada - conteste malhumorada - Es una pesada

- Sí que lo es ¡Demonios! ¡Yo quiero enterarme! - gritó Emmett perdiendo la paciencia. Rosalie le miró con el ceño fruncido.

- No importa, eso da igual - contestó encogiéndose de hombros y sonriéndome.

- Oye Edward ¿Podríamos sentarnos un momento? estoy un poco cansada.

Edward asintió, me tomó de la mano dirigiéndose al borde del prado, se sentó cómodamente apoyando la espalda contra el tronco de un árbol y señaló a su lado con un gesto de su mano.

- Recuéstate - me pidió.

Me acosté donde me indicaba apoyando la cabeza en su regazo. Comenzó a masajearme la cabeza, aliviando el leve malestar que venía asintiendo desde hace rato.

- Vaya - suspiré relajándome.

- Nunca tienes descanso ¿Eh?

- No, y algo me dice que no lo tendré en un largo, largo tiempo. Mientras mis padres consideren que tengo problemas y que necesito ayuda, pues... - me encogí de hombros.

- Mmm - murmuró moviendo una mano para acariciar un costado de mi cuello, se me erizaron los vellos - ¿Si hay algo que pueda hacer... ?

Le miré.

- No hace falta Edward, ya haces demasiado con sólo estar aquí, créeme - le aseguré volviendo a cerrar los ojos y tratando de no quedarme dormida.

- Pues eso me parece muy poco, me gustaría poder ayudarte más.

Volví a mirarle ahora sonriéndole.

- Por ahora no dejes de hacer esas maravillosas cosas con tus manos - le pedí, ahora si relajándome del todo.

Dormitaba, más dormida que despierta, a punto de sucumbir a los brazos de Morfeo, cuando comencé a sentir un cosquilleo muy agradable en la frente, bajando por mis parpados y mejillas, abarcando mis pómulos, Edward hacía círculos con sus dedos. Luego se fue a mis labios para después subir hasta la punta de mi nariz y más arriba hasta llegar a la frente de nuevo. Luego de vuelta una vez más deteniéndose esta vez largo rato en mis labios, apenas tocándolos ocasionándome cosquillas y obligándome a pasarme los dedos para quitar la sensación.

Escuché su melodiosa y encantadora risa y eso me despertó del todo.

Sonreí, ojalá pudiera despertar así todos los días. Quería mirarle pero no quise abrir los ojos al sentir una deliciosa presión dulce y fría contra mis labios.

- Edward no pierde el tiempo - le susurró Jasper a Emmett ocasionando que este se riera fuertemente.

Edward me besaba tan lentamente, con tanta dulzura sin dejar de acariciarme con sus manos, yo le devolví el beso con algo más que entusiasmo. Su sabor, su aroma, su textura conseguían volverme loca, nos separamos después de unos segundos al sentir que me quedaba sin respiración, pero aún no tenía suficiente, así que tomé suficiente aire y volví a besarle, Edward se rió pero respondió a mi beso.

En ese momento pensé, y esto me sorprendió ya que Edward siempre lograba hacer de mis pensamientos algo totalmente incoherente, que si Edward y yo nos hubiéramos conocido en otro lugar, en otras circunstancias y con menos personalidades, las cosas no se hubieran dado así, mientras Edward mordía con suavidad mi labio inferior y movía su mano izquierda a mi cintura, pensé que quizás nos hubiera costado mucho más tiempo llegar a esto.

Tal vez semanas o meses para dar el primer beso o siquiera darnos cuenta de que sintiéramos algo más el uno por el otro.

Así que por primera vez me alegraba de ser quien soy.

- ¿Porque sonríes tanto? - me preguntó Edward igual de risueño.

- Me siento bien ¿Tu no sonríes cuando estás contento? - le pregunté acariciando su mejilla mirando fijamente sus dorados ojos.

- Sí, claro que sí, pero eso me dificulta un poco el besarte.

Me reí y aproveché su cercanía para pasar la punta de mi lengua por la punta de su nariz, me reí de su cara de estupefacción.

- ¿Ah, sí? - preguntó recuperándose y comenzando a hacerme cosquillas.

En toda mi vida jamás, jamás recuerdo haberme reído con tantas ganas. Y descubrí que adoro reírme, pero amo más el sonido de las carcajadas de Edward. También descubrí que si presiono rápida y alternadamente mis dedos en el cuello de Edward y de vez en cuando muerdo el lóbulo de cualquiera de sus dos orejas, él se retuerce y carcajea fuertemente.

- ¿En serio? no tenía ni idea - susurró Alice consternada.

- Al parecer hay muchas cosas que no sabemos de Edward - murmuró Esme triste.

Sé que se estaba conteniendo de levantar las manos para sacarme y acabar con la tortura.

Pero también supe que no es bueno forzar su autocontrol al límite, cuando sentí un empujón no muy fuerte pero que me lanzó a unos dos metros desde donde estaba recostada encima del pecho de Edward.

Caí de cara contra el suelo.

Emmett comenzó a reírse y Esme le miró mal.

- No es gracioso Emmett.

- Oh sí que lo es - contestó el grandote.

- ¡Puede haberla lastimado! - exclamó Rosalie pegándole en la cabeza.

Edward me dio la vuelta y suspiró aliviado cuando vio que casi convulsionaba de la risa.

- ¡Dios! Bella, me asustaste - comentó acompañando mis carcajadas.

- Tú... Tú empezaste - le acusé con voz entrecortada y una enorme sonrisa - Tenías que aguantarte... Pero hiciste trampa ¿Eh? - le reclamé mirándole ceñuda.

- ¿Por qué?

- Eres más fuerte que yo - hice un puchero - No se vale.

- Siento haberte empujado - se disculpó sonriéndome y dándome pequeños besos en la mejilla.

- Se supone que tendría que estar enojada contigo... Pero si haces eso... No podré conseguirlo.

- ¡Agh! a resultado ser igual que Emmett - se quejó Rosalie recordando las tantas veces que su Emmett la había distraído de esa manera para que no se enojara.

Soltó una carcajada.

- Lo siento - volvió a disculparse, para luego dirigir su boca a la mía para besarme cuidadosamente, impidiéndome pensar por un largo, largo tiempo.

No sé por cuanto tiempo estuvimos jugando después de eso. Dando vueltas en el suelo intentando demostrar quién podía estar encima y dominar al otro por más tiempo, él ganó la mayoría de las veces y en otras se dejó ganar. O también corriendo por los alrededores sin salirnos del prado, él persiguiéndome, le dije que si conseguía atraparme le daría un beso; mis labios se hincharon un poco. Nos hicimos más cosquillas, nos dimos más besos y abrazos, nos perseguimos el uno al otro una docena de veces, riendo y divirtiéndonos como verdaderos niños sin preocupaciones, él robándome besos en cada oportunidad y yo dándole lengüetazos en sus mejillas, la punta de su nariz o la boca que cada vez que podía, y después yo tenía que correr si no quería morir de las carcajadas ocasionadas por las cosquillas.

- Oh que dulce - susurró Esme enternecida.

Me sentía tan bien, tan feliz, tan liviana. Desee que el tiempo se detuviera, desee poder estar siempre con Edward de esta manera. Donde todo es tan sencillo y no hace falta demasiado para hacer el momento divertido.

Pero como todo lo bueno, tiene que acabar.

- Me parece que ya es tiempo de volver - escuché a Kris murmurar.

En ese momento yo estaba sentada sobre los hombros de Edward y este caminaba bastante cerca de los árboles, hablándome de los diferentes tipos que habían allí,

- Demonios Eddie, estás aburriendo a la chica - masculló Emmett negando con la cabeza.

a petición mía.

- Claro ¡Tal para cual! - se quejó Emmett poniendo los ojos en blanco.

Como Edward es alto y las ramas estaban lo suficientemente bajas, sólo hacía falta estirar un poco el brazo para alcanzar las hojas. Me estiraba todo lo que podía cada vez que alguna llamaba mi atención, y una vez la tenía en mis manos, la dejaba encima del desordenado cabello de Edward para después seguir buscando las más bonitas. Esto no parecía molestarle ya que incluso en una ocasión tuvo que dar un pequeño salto para que yo alcanzara una hoja que me había gustado. Estaba muy entretenida allí, por eso me entristecí cuando Kris dijo aquello. Me incliné y abracé la cabeza de Edward botando de paso alguna de las hojas.

- ¿Qué ocurre? - me preguntó subiendo las manos para acariciar las mías.

- Kris dice que ya es hora de irnos - murmuré con desgana. Edward suspiró a mi parecer con fastidio pero al hablar su voz era suave.

- Supongo que... ¿Podemos vernos mañana, no?

Sonreí.

- Sí, eso es lo que yo quiero.

- Lo dices como si no estuvieras muy segura de poder.

Me encogí de hombros aún abrazada a su cabeza.

- Uno nunca sabe lo que puede pasar, a menos que seas clarividente o algo por el estilo.

Los Cullen abrieron los ojos sorprendidos y tensos, sin embargo; Alice sonrió complacida.

Edward se tensó pero luego se puso a reír.

- Sí, eso es bastante acertado - comentó despreocupadamente.

- ¿En serio? - le pregunté poniendo mi cabeza cerca de mi rodilla para poder mirarle. El ladeó el rostro quedando bastante cerca.

- Uh hu - asintió mirando mis labios largos segundos antes de lanzarse a ellos.

Minutos después.

- Ya Isabella ¡Es suficiente! - reclamó Kris levemente molesta. Suspiré a centímetros de Edward.

- Ayúdame a bajar, por favor - le pedí sin querer separarme de él. Edward asintió viéndose abatido.

Cuando mis pies estuvieron firmes en el suelo, me detuve frente a él para despedirme pero...

- Aún no - me detuvo Kris - Necesito hablar con Ares.

Fruncí el ceño.

- ¿Con Ares? - le pregunté sin importarme que Edward estuviese en frente mirándome con extrañeza.

- Sí, con él, es él quien más me conviene - terminó diciendo pensativa.

Los Cullen pusieron más atención, algo no les daba buena espina.

Negué con la cabeza.

- No, no, no. No quiero que los involucres en esto.

- Me da igual. Yo decido, hablaré con Ares, quieras o no.

Después de eso comencé a sentir de inmediato como si algo me empujara... Pero desde adentro. Era una sensación de los más extraña. Supe que Kris quería de alguna forma salir, para poder hablar con Ares. Pero yo estaba tan renuente, que no sé como pero no le permitía tomar el control de mi cuerpo.

Cerré los ojos con fuerza y comencé a respirar agitadamente por el esfuerzo. Sin embargo, sabía que todo era en vano, pues ella lograría dominarme aunque yo no estuviera de acuerdo. Y así fue como pasó... Pero...

- Edward... - no alcancé a decirle lo que Kris planeaba hacer, ya que Kris redobló sus fuerzas hasta sentir que me aplastaba.

Esta vez pasó algo diferente, Kris era quien mandaba mi cuerpo ahora, a su antojo, pero yo aún seguía allí. Podía ver, escuchar e incluso oler, pero sólo eso.

- Al parecer las dos se hacen cada vez más fuertes - murmuró Carlisle cavilando brevemente.

Edward se separó de mí al avistar el cambio, cruzó los brazos sobre el pecho y frunciendo el ceño me miró molesto. Me sentí muy incómoda bajo esa mirada, entonces tuve que recordarme que no iba dirigida a mí, sino a Kris.

- Bueno ya la viste y les dejé bastante tiempo para ustedes solos, ahora necesito hablar con Ares - ordenó Kris de forma muy grosera. Edward arrugó mucho más el entrecejo como si con sólo oír la forma de expresarse de Kris, le desagradara.

- ¿Para qué? - se limitó Edward a preguntar. Y sentí miedo por como ella podría reaccionar, pero Edward parecía no temer a su respuesta.

- Eso no es asunto tuyo - escupió Kris con frialdad.

Edward sonrió algo burlesco.

- Sí claro - dijo sarcástico - Como si pudiera pretender que todo lo que tiene que ver con Bella no es de mi incumbencia, simplemente porque tú lo dices. Es una lástima en realidad que no comprendas que lo que tú quieras o necesites me importe muy poco, eso sí que no es asunto mío.

- Eres una verdadera molestia ¿Lo sabias? - comentó Kris indiferente.

- Puf si no lo sabremos nosotros - dijo Emmett.

Esme frunció el ceño - Eso no es cierto Emmett.

- ¿Molestia yo? Esto sí que es bueno - bufó Edward con incredulidad - No puedo creer que alguien tan desagradable habite en un cuerpo que me gusta tanto - añadió en tono tan bajo que parecía hablar para sí mismo.

Si hubiese podido me hubiera sonrojado ¿Estaría él consciente de que yo estaba escuchando?

- Eso no me interesa. Sé que Ares debe estar en alguna parte, escuchando. Anda deja que salga - se impacientó Kris.

Edward levantó una ceja y negó con la cabeza.

- Si tu querido Ares quisiera hablar contigo ya estaría aquí ¿No crees? no es como si yo pudiera detener su voluntad.

Esto puso a pensar a Kris.

- Mmm... Tienes razón, supongo que hace falta un incentivo... ¡Bueno! es una lástima que no quiera hablar conmigo. Le hubiese encantado lo que tengo para ofrecerle, le convenía tanto - decía Kris con voz suave y persuasiva, comenzando a girarse de a poco pero sin darle la espalda del todo a Edward. Este se enfurruñó perdiendo la paciencia.

- Que novedad - susurró Jasper por lo bajo.

- Bah, no estoy para tus estupideces - comentó dándonos la espalda y alejándose, pero no dio ni dos pasos y se detuvo. Se dio la vuelta enfrentándonos, sus ojos ya no eran dorados sino negros, y miraban feroces y enojados. Ares miró a Kris directamente a los ojos, se cruzó de brazos y enseñó levemente los dientes.

- ¿Qué demonios quieres? - le preguntó mirándola con desprecio. Entendía que Kris no les agradara, a veces también a mí me daban ganas de estrangularla, pero no era para tanto ¿Verdad? Kris no era tan mala.

- ¡Ja! por supuesto - dijo Rosalie con rencor.

- Oh vamos - dijo Kris sonriendo y acercándose un poco más a Ares - No te pongas así, como dije esto te conviene.

Ares la miró con burla.

- ¿Y qué tienes tú, que podría ser de mi interés?

- Bueno, antes de eso. Exijo tu ayuda - Kris lo observó severamente y esto pareció divertir a Ares.

- ¿Tú? ¿Exigiéndome a mí?

- Sí, muy pronto amanecerá y quiero que vengas conmigo antes de que eso suceda.

- ¿Para hacer qué? - preguntó Ares con desinterés.

- Quiero que me ayudes a... A trasladar a alguien, digamos que... A un nuevo "hogar"

- ¿Y por qué crees que accedería? ¿Qué recibo yo a cambio?

Ante esto, Kris sonrió ampliamente viendo un triunfo fácil.

- Toda la sangre humana que puedas desear.

- ¡¿QUE?! - gritaron todos los Cullen completamente estupefactos.

- Oh mi Dios, espero que no acepte - se lamentó Esme sin muchas esperanzas. Sabía que si hubiese estado su pequeño Edward allí, él hubiera dicho que no sin pensárselo dos veces, pero era Ares quien estaba allí. Kris había elegido bien, para mala suerte de ellos.

La indiferencia de Ares de esfumó, mi miedo se acrecentó y la sonrisa de Kris se ensanchó tanto que creí que se le partiría la cara.

- Mmm - los ojos de Ares brillaron con un perverso interés - ¿Y de dónde piensas sacarla?

Kris se encogió de hombros, sonriendo misteriosamente.

- Todo a su debido tiempo. Si aceptas hacer lo que yo quiero, tendrás toda la sangre que quieras y más. Te doy mi palabra.

- Tenemos que detener esto - dijo Rosalie parándose y yendo a la puerta con decisión, los demás estuvieron de acuerdo, menos Carlisle que dijo:

- Esperen un momento, aún no hemos escuchado su respuesta, tal vez se niegue - comentó creyendo ingenuamente que las cosas no saldrían como todos temían.

- Bien adelante, sigue leyendo, estás cometiendo un error en confiar en él Carlisle - le dijo Rosalie seriamente.

Ares lo reconsideró por largos segundos. Asintió una vez para sí mismo y sonriendo con maldad se acercó a Kris hasta detenerse a sólo unos centímetros. Y yo esperaba que Ares no fuera tan estúpido como para aceptar la propuesta de Kris.

- Acepto.

¡Diablos! Me equivoqué.

Rosalie intentó salir pero no pudo, se dio la vuelta mirando a Carlisle furiosa.

- ¡Carlisle!

- Lo siento

- Ay querido - murmuró Esme apesadumbrada.

Pero lo que ninguno de ellos sabía es que lo que habían acabado de leer había pasado ya hace varios minutos, si Rosalie hubiera intentado atravesar la puerta cuando quiso hacerlo, hubiera obtenido el mismo resultado. ya nada podían hacer. Kris habían envuelto con su pared la casa entera. Volvieron a tomar asiento, Carlisle viéndose un poco avergonzado y sintiéndose culpable retomó la lectura, Jasper le calmó.

Apenas Ares dijo esa palabra, volví a tener el control absoluto de mi cuerpo. Cuando fui consciente de eso me alejé varios pasos de Ares, mirándole con desaprobación.

- ¿En qué demonios piensas? - le reproché. Él me sonrió pero de una manera muy diferente a como le había sonreído a Kris, conmigo lo hacía con una pizca de afecto el cual se esforzaba en ocultar. Saber eso me hizo sentir inexplicablemente más segura a su lado.

- En que al fin saciaré mi sed, por supuesto. Y ya que no puedo hacerlo con tu sangre... - se encogió de hombros, pero pude ver como el hecho de no poder beber de mi le estaba molestando profundamente.

- Entonces, ¿Tu, Edward y los demás...? ¿Realmente son...? - pregunté no muy convencida.

- Niégalo, maldito. Niégalo, niégalo, niégalo... - susurraba Rosalie apretando los puños.

- Sí - respondió como si fuera la cosa más natural de mundo.

- Oh, idiota, estúpido... - comenzó a despotricar Rosalie.

Suspiré, tenía mis sospechas pero esperaba que estas no fueran ciertas.

- ¿Qué? ¿Te sorprende estar de novia con un vampiro? - me preguntó carcajeándose.

- No, lo que me sorprende es que realmente existan esa clase de criaturas en un mundo donde… Se supone no deberían estar.

- Oh realmente es una verdadera pena que piense de esa manera ¿No es así? - dijo Alice con semblante triste. Jasper la abrazó y Rosalie se cruzó de brazos.

- Es injusto, tenemos el mismo derecho que ella de vivir.

- ¡Vaya! ¿Estás diciendo que somos un error y que no merecemos estar aquí? - preguntó Ares muy entretenido, le fulminé con la mirada, lo cual era muy difícil.

- No, idiota. Lo que quiero decir es que este mundo es demasiado insignificante para criaturas como ellos. Y ahora que los conozco yo creo que ustedes merecen un lugar más parecido al cielo.

Los Cullen se sorprendieron, estaban seguros de que ella les aborrecía por el simple hecho de saber que eran vampiros, pero se habían equivocado, juzgando sin saber.

- Bueno, excepto tú por supuesto. No puedo creer que aceptaras ayudar a Kris con su estúpido plan, no creí que fueras tan... Imbécil.

- ¡Oye! - Ares me apuntó con su dedo, furioso - Ya deja de insultarme y no te atrevas a cuestionarme, que no te haya matado antes no significa que no pueda hacerlo ahora.

- ¿Ah, sí? pues adelante, me ahorrarías un montón de problemas - le dije indiferente. El me miró más que furioso pero no se acercó a mí - Agh me aburres.

Me di la vuelta, comenzando a caminar hacia el sendero. Sonreí cuando escuché sus gruñidos a mi espalda.

No lograba escuchar sus pasos pero estaba segura de que me seguía.
Caminaba sin prisas y totalmente indiferente a todo cuando por el rabillo del ojo vi que Ares de colocaba a mi lado, igualando mi paso.

- Hay algo que no comprendo - murmuré sin mirarle.

- Eso no me sorprende - dijo Ares con sorna, le miré enojada.

- Vete a la mierda Ares.

Él se rió. Pero que maldito podía ser a veces.

Caminamos unos minutos en silencio hasta que Ares pareció ponerse impaciente.

- Y... ¿Qué es eso que no entiendes? - Ares pretendía sonar indiferente, como si pensara que mis dudas fueran insignificantes, pero sonreí cuando me di cuenta de que moría de ganas por saber.

- Ya no importa - si realmente quería saber entonces tendría que disculparse por su estúpido comentario.

- Oh vamos, no puedes enojarte por algo tan tonto - me regañó, no quité la vista del camino por si se me cruzaba alguna raíz.

- Al parecer sí, puedo hacerlo.

Le escuché suspirar fuertemente, al parecer había adivinado exactamente lo que yo quería.

- ¡Bien! - exclamó y yo sonreí - Lo siento, ¡Lo lamento! lamento haber insinuado que eres idiota.

- ¿Idiota como quién? - le pregunté.

- Demonios - maldijo rodando los ojos - Como yo - susurró apenas audible.

- ¿Qué? ¿Qué fue lo que dijiste? - le pregunté poniendo mi mano detrás de mí oreja como si no lograra escucharle bien. Me miró como si quisiera ahorcarme.

- ¡Como yo! ¡Idiota como yo! - exclamó fuertemente haciéndome reír.

- Ah pues, ya; está bien, acepto tus disculpas.

- Ya ¿Vas a decirme de una maldita vez que es lo que no entiendes o no? - preguntó de malhumor.

- Lo que no entiendo es por qué aceptaste ayudar a Kris a cambio de sangre, si siendo vampiro, supongo que vives de eso.

- ¿A caso no escuchaste a tu amiguita? sangre humana, eso es lo que me dará, por eso acepté.

Fruncí el ceño.

- ¿Y no la bebes siempre?

- Ojalá - suspiró - Edward y su familia se llaman a sí mismos "vegetarianos" ya que se alimentan sólo de sangre de animal - terminó diciendo irritado.

- ¿En serio? - le pregunté pasmada.

- Sí. ¿No me digas que dabas por hecho que tus correctos chicos serían capaces de quitarle la vida a una persona?

- Yo no daba por hecho nada. A ti te creo capaz de eso pero ellos son demasiado buenos como para cometer semejante atrocidad.

- ¿Y qué hubieras hecho si Edward sí bebiera sangre humana? - preguntó haciendo caso omiso del hecho de que le hubiera llamado monstruo.

- Pues... Supongo que aprendería a vivir con ello.

- Vaya, no creo que a Edward le hubiese agradado escuchar eso - comentó Alice con seguridad.

- ¿Sabes que eso te hace ver tan perversa como yo?

Exhalé fuerte, eso ya lo sabía.

- ¿Y qué diablos esperarías que hiciera? ¿Qué lo dejara? ¿Qué le mintiera diciéndole que no podría con algo así? mira, seré muchas cosas pero hipócrita no soy y no lo seré jamás, a menos que haya buenas razones para serlo.

- Bueno, esa sería tu elección - Ares asintió.

- Lo sé - miraba su perfil y el camino alternadamente, intentando no tropezar - Y sé a dónde quieres llegar con esa frasecita - me devolvió la mirada frunciendo el ceño - Y déjame decirte que no estoy de acuerdo ni con las elecciones de Kris ni con las tuyas.

Rodó los ojos.

- Aún así no hay nada que puedas hacer.

- Lo sé - fruncí la nariz - Y eso es lo que más me enoja. Kris parece ir siempre varios pasos por delante de mí.

Ares me sonrió intentando aplacarme.

- ¿Ni siquiera piensas reconsiderar tu decisión una última vez? - le pregunté cuando divisé mi puerta roja a pocos metros.

- No, no importa lo que digas o lo que pienses sobre esto. Yo creo que deberías estar agradecida con lo que vamos a hacer.

- Sí, pero no de esa forma - murmuré tomando el pomo de la puerta abriéndola de un tirón y dejándola abierta para que Ares entrara.

- Es mejor que te apresures, si el sol sale antes de que nos pongamos en movimiento, tendré que volver - me dijo Ares impaciente.

- ¿Qué pasa si el sol te toca? ¿Te desintegras? - le pregunté incrédula, yendo hacia el velador tomando todo el dinero que tenía, que no era mucho. Lo guardé en la chaqueta.

- No. Comenzaré a brillar y no creo que llamar la atención de esa manera sea bueno.

Ares caminó hacia la puerta blanca para salir al pasillo.

- ¡Espera! - le detuve antes de que la tocara, se dio la vuelta mirándome con fastidio.

- ¿Ahora qué?

- Mi padre tiene que haber vuelto en algún momento. Estoy segura que debe haber pensado que yo regresaría precisamente aquí, y lo más probable es que haya colocado alguna alarma o algo. Si abres esa puerta mi padre sabrá que estoy aquí no importa en donde se encuentre él en este instante.

- ¿Y qué? - preguntó con indiferencia. Escuché a Kris suspirar.

- Tal vez el plan de Kris, sea cual sea, no resulte debido a la torpeza de Ares - murmuró Jasper pensativo.

- ¿Cómo qué y qué? mi padre es policía y debe haber puesto alguna alarma en cada comisaría de la ciudad, si eso no es exagerar. Estaremos rodeados en menos de diez segundos.

- Si Isabella no está de acuerdo con lo que van a hacer ¿Por qué mierda está ayudando en vez de dejarse descubrir? - preguntó Rosalie molesta, puede que se llevara un poquito mal con Edward pero no podía evitar pensar en el peligro al que quedaría expuesto, si les llegaban a descubrir.

- Mmm... Bella es inteligente - murmuró Jasper haciendo que Rosalie le frunciera el ceño, confundida - Si les descubren y Kris se entera que Bella tuvo que ver con eso ¿Cómo crees que reaccionará? aunque ahora sean amigas, más o menos, eso no quiere decir que Bella deba confiarse y pensar que Kris no le haga nada.

Rosalie consideró las palabras de Jasper por algunos segundos decidiendo al fin que él tenía razón.

Ares rodó los ojos.

- Bien. ¿Qué sugieres?

- Amm... Bueno pues, tal vez puedas salir por... - miré a mí alrededor - ¡Por allí! - señalé la ventana. Ares la miró y se acercó.

- De acuerdo, si así lo quieres. Súbete a mi espalda y vámonos ya.

- Ok - susurré, me subí a su espalda y cerré los ojos cuando vi que Ares abría la ventana. Solo pasaron unos segundos.

- Ya puedes bajarte.

Desenrosqué mis piernas de su cintura y bajé los brazos de su cuello. Me encaminé hacia el patio delantero, intenté abrir la puerta pero esta seguía cerrada con llave.

- Demonios.

- Muévete - Me ordenó Ares. Tomó uno de los barrotes de la puerta y con un mínimo de esfuerzo, arrancó la puerta con bisagra y todo.

Jadee asombrada.

- Maldición ¡¿Pero cómo se te ocurre hacer semejante estupidez?! - exclamé algo histérica.

- Por favor, deja ya de estarme chillando ¿Ves eso? - señaló hacía el techo del porche - Es una maldita cámara, no sirve de nada tener tanto cuidado si nos están grabando.

- Pero aún así no por eso tienes que hacer tantos destrozos.

Ares suspiró y envió la puerta lejos haciéndola chocar contra la pared a varios metros a nuestra derecha, provocando que varios ladrillos se desprendieran.

- Vámonos ya - me urgió Ares, tirando de mi brazo ya que me había quedado mirando fijamente la muralla con la boca abierta.

- Ares debería tener más cuidado, ella no está acostumbrada a ver a una persona hacer uso de tanta fuerza - dijo Esme con desaprobación.

Caminamos todo el trayecto en silencio. Yo bastante irritada por su comportamiento y Ares luciendo despreocupado y relajado. Qué molesto.

Kris comenzó a indicarme el camino, yo obedecía y Ares me seguía. Le expliqué el principio del plan de Kris, sólo el principio, íbamos a esperar a que él saliera para meternos a su departamento.

Cuando llegamos al condominio tuvimos que esperar que Rosh saliera y abriera el portón, afortunadamente lo dejó abierto, no quería correr el riesgo con Ares cerca y que se le ocurriera sacar el portón entero o alguna tontería parecida.

- ¿Ese es? - Ares me preguntó, mirando al tipo con curiosidad.

- Sí.

- ¿Y por qué razón no puedo ir y acabar con él ahora? - me preguntó mirándome, pero yo no le devolví la mirada, en cambio toda mi atención estaba en la puerta cerrada del piso de Rosh. Pero de todas maneras respondí antes de que Kris pudiera decirme que contestar.

- Porque eso sería demasiado suave, a opinión de Kris y porque de que sirve raptarlo ahora si ya luego saldrá el sol y no podrás salir, eso no entra en los planes de Kris.

- Demonios, me parece una idiotez esperar.

Kris murmuró algo y yo sonreí llamando la atención de Ares.

- Kris dice que puedes ir y tomar su sangre si quieres, pero es todo lo que tendrás, después de eso no hay nada más. Y yo dudo mucho que tú te conformes con eso.

- Caray, lo tienen comiendo de su mano, esas chicas podrían hacer lo que quieran con él, pobre idiota - dijo Emmett con una risotada. A lo demás eso no les divertía; les preocupaba.

Ares apretó los puños y rechinó los dientes, impaciente.

- Vamos, ya se perdió de vista - le avisé

Cruzamos la calle. Empujé sólo un poco el portón para poder pasar, sin esperar a Ares me dirigí al departamento de la derecha, subimos las escaleras hasta el segundo piso. Ordenes de Kris.

- Ya sabes qué hacer - fue lo único que dijo antes de que yo tocara a la puerta con suavidad.

Sabía con quién me encontraría en este momento. La chica demoró unos cuantos minutos en acudir y yo aproveché ese tiempo para advertir a Ares.

- La mujer que veremos ahora puede que esté herida, ella no es parte del menú así que contente.

Ares asintió y contuvo la respiración. Segundos después la puerta se abrió dejando a la vista a la misma mujer que había visto siento maltratada por Rosh, tragué fuerte. Ella era de mi porte, cabello castaño claro corto y descuidado, ojos grandes y muy expresivos de un hermoso color verde claro, uno de ellos estaba enmarcado por un feo cardenal púrpura. Sus labios pálidos y resecos tenían pequeños cortes a causa de los golpes. Sentí mi pulso acelerarse. Ella frunció el ceño al ver que ni Ares ni yo decíamos nada.

- Eh... Ho-hola - tartamudee, ella me miró con extrañeza. Suspiré silenciosamente con alivio al no atisbar ni una pizca de hostilidad en su mirada.

- Hola - contestó suavemente. Miró a Ares por unos segundos para luego poner toda su atención en mí. Fruncí el ceño ligeramente, Ares es hermoso y yo supuse que captaría un poco más su atención, pero ella no le dedicó una segunda mirada.

- Eso es porque su instinto de supervivencia le dice; que Ares es peligroso - comentó Carlisle casi sin pensar.

- Emm... - dudé - ¿Podemos... Pasar? - pregunté con timidez, ella se corrió hacia un lado para dejarnos pasar, cerró la puerta cuando lo hicimos. Inmediatamente después pude ver a unos metros por delante de mí el sofá en donde Rosh... No, no debo pensar en eso.

- ¿Así que aquí vive ese psicópata? - Ares preguntó. Me di la vuelta justo para ver como la chica ya no nos miraba con extrañeza si no que con sospecha.

- ¿Están buscando a Rosh?

Suspiré y miré por la ventana.

- El sol - le dije a Ares, eso era sólo una excusa, si tenía que hablar con esta muchacha de que se trataba nuestra "visita" no quería hacerlo frente a Ares. Este pareció entenderlo.

- Bien. ¿Te molesta si me quedo en la otra habitación? - Ares le preguntó.

- Eh...

Ares no esperaba que ella respondiera y se perdió por una puerta color celeste que se encontraba más allá del sofá y el pequeño comedor.

- ¿Pero que...? - preguntó estupefacta mirando la puerta.

- No te preocupes, estará haciendo... Nada.

Ella se volvió a mirarme con el ceño fruncido.

- Si vienes aquí buscando a Rosh tienes que saber que no llegará hasta la noche - me dijo con voz dura. Asentí.

- Es bueno saberlo. Creo que tendré que esperarlo - comenté sin pensar.

- Escúchame bien - me ordenó - Yo no sé quién seas, ya que no eres de las habituales - masculló mirándome con enfado, yo fruncí el ceño ¿Habituales? - Si sólo vienes aquí para que tengan sexo, te voy a pedir que por favor lo esperes en otro lado.

- ¿Sexo? - pregunté sorprendida y... Asqueada.

Ella debió notar eso último.

- ¿No eso a lo que vienes? - quiso saber confundida.

- ¡No! - contesté indignada. Oh maldita imaginación, quiero vomitar.

- Oh, lo lamento. No era mi intención ofenderte, pero es que yo pensé... - se disculpó pareciendo tan tímida como yo al principio. La miré bien y me di cuenta que lucía asustada como si esperara una reprimenda, esto me enfureció ya que sabía que ese comportamiento era por culpa de la bestia de Rosh. Era lo que había hecho con ella, el tener que vivir con él.

Rosalie estaba cada vez más enojada.

- No importa - le aseguré suavemente a pesar de mi enfado - Entiendo, pero quisiera saber... ¿Cómo te llamas?

- Soy... Rachel

- Rachel - repetí - Bonito nombre y ¿Cuántos años tienes?

- Veintitrés.

- ¿Hace mucho que vives aquí?

- Desde los dieciséis

Ella respondía mis preguntas con vacilación, pero al menos lo hacía.

- Mmm - asentí intentando no pensar en esos siete años de maltratos y... ¡Mierda!

- Pobre niña, cuanto sufrimiento - susurró Esme con tristeza.

- Lo que no entiendo es: ¿Como una niña de dieciséis años acepta en primer lugar, siquiera hablar con ese patán? - preguntó Alice haciendo una mueca de asco.

- Quien sabe, tal vez la haya obligado - comentó Jasper.

- ¿Pero y su madre? - se preguntó Esme, nadie respondió.

- ¿Y tú quién eres?

- Oh si, cierto... Me llamo Isabella, pero puedes decirme Bella.

- Bella... Y em... ¿Puedo saber a qué has venido? si no es a lo que yo creía, pareces muy joven, aunque creo que la edad nunca ha sido un impedimento para Rosh.

Rosalie apretó los puños.

Se me revolvió el estómago.

- Tengo dieciséis y esperaba que nos permitieras quedarnos aquí a esperar a Rosh.

- ¿Por qué?

- Vamos a llevárnoslo - le contesté sin rodeos. Ella jadeó abriendo mucho los ojos. Por un momento pensé que ella no estaba de acuerdo y que nos echaría sin demora alegando que estaba enamorada y que no le importaba tener que soportar el daño que le hacía Rosh con tal de tenerlo a su lado o alguna idiotez por el estilo.

- Bueno, es una posibilidad, hay muchas mujeres que realmente piensan así - comentó Jasper.

- Qué triste - susurró Alice.

Su pregunta me devolvió a la realidad.

- ¿En... En serio? - su voz llena de esperanza me dijo lo suficiente para saber que mis suposiciones eran equivocadas.

- Sí - le contesté. Sus ojos se llenaron de lágrimas a una velocidad alarmante, segundos después lloraba con una fuerza increíble. Pero no parecía estar sufriendo, más bien era de felicidad.

- ¿Me lo juras? ¿Puedes asegurarme que no lo volveré a ver? - preguntó entre sollozos.

Caray, sentía que mis propios ojos se humedecían en exceso. Tragué audiblemente y suspiré, recuperando la calma.

- Te lo juro. Después de este día no volverás a verlo, pero tienes que ayudarme ¿Sí? sólo tendrás que soportar verle por una última vez. Pero no te preocupes que no tendrá oportunidad de tocarte...

Dejé de hablar cuando sentí que algo cálido me envolvía apretándome fuertemente, me llevó varios segundos darme cuenta que era ella quien me estaba abrazando, sus frágiles y delgados bracitos rodeaban mi cuello sujetándose de mí como si su vida dependiera de ello.

- Gracias, gracias, gracias, gracias... - la escuchaba murmurar en su llanto con su rostro escondido en la base de mi cuello. La abracé por la cintura intentando confortarla, de alguna manera podía imaginarme como se sentía. El alivio y la alegría la colmaban sabiendo que muy pronto se liberaría de ese monstruo. Y allí mientras estábamos abrazadas me di cuenta de que lo que kris tenía planeado hacer, era lo correcto.

Después de unos largos minutos, Rachel logró calmarse. Cuando se separó de mí y se disculpó por su efusivo comportamiento, sólo allí me di cuenta que ella vestía ropas muy parecidas a las que llevaba la noche anterior, hace sólo algunas horas. Bajé la mirada levemente sonrojada.

Ella pareció darse cuenta y se rió. Su camiseta y short eran tan ligeros y pequeños que no habría sido mucha la diferencia de haber estado ella desnuda.

- Lamento si esto te incómoda - dijo señalándose a sí misma - Pero es que él no me permite vestir nada más, toda mi otra ropa es muy parecida a esta - murmuró avergonzada con la cabeza gacha. Apreté los dientes maldiciendo mentalmente a Rosh e insultándolo con mi pequeñísimo repertorio de improperios.

- Rose podría ayudarle con eso - comentó Emmett riéndose levemente al escuchar a su lado a Rosalie murmurar entre dientes.

Me saqué la chaqueta gris que portaba e hice que se la colocara, ya que éste era uno de esos pocos y rarísimos días en donde el cielo se nublaba y el viento corría raudo y veloz. Ella se vio bastante sorprendida y quiso negarse alegando que una prenda tan bonita no debía mancharse con una basura como ella, eso me enfadó y le dije que la única basura aquí era Rosh. De todas formas logré ponerle la chaqueta, después de subirle el cierre di un paso atrás y la miré.

- Te queda mejor que a mí - le dije sonriendo, ella negó con la cabeza devolviéndome la sonrisa.

- No es cierto, pero te lo agradezco - murmuró mirándome con intensidad y supe que no sólo me agradecía por lo de la chaqueta, en realidad librarnos de Rosh se lo debíamos a Kris, ella era la cabeza de todo esto pero no podía decirle eso a Rachel.

- Es mejor que no se entere - escuché a Kris decir.

- ¿Y porque no? - le preguntó Emmett a Jasper.

- Supongo que Kris debe pensar que si le dicen a Rachel que Bella sufre de una enfermedad mental, eso suena mal, si le dicen que tiene doble personalidad: es muy posible que ya no esté muy de acuerdo en ayudarlas.

- Pero eso es idiota, loca o no; Bellita hará que la rata salga de su vida, no creo que le importe - refutó Emmett. Jasper se encogió de hombros.

- Kris no parece pensar así, y tengo la leve impresión de que si Rachel se hubiese rehusado a colaborar, eso no hubiera sido un inconveniente para Kris.

- Sí, no creo que haya nada ni nadie en el mundo que sea capaz de interponerse y evitar realice sus planes - aportó Carlisle volviendo la vista a la página que estaba leyendo.

- No es nada - murmuré - La verdad es que esto no sólo lo vamos a hacer por ti.

- ¿Es... Por ti también, verdad? - preguntó con sutileza.
Asentí.

Apartamos dos sillas de la pequeña mesa y las colocamos cerca de la ventana, allí le conté lo que Rosh me había hecho, omitiendo por supuesto que mi cuerpo fue sólo una cáscara vacía después de eso.
Ella no parecía tener la necesidad de preguntar cómo es que tenía el valor para hacer esto, siendo a los ojos de muchas personas, una niña; y no lo tenía. Todo era gracias a Kris. Nos quedamos unos minutos en silencio cuando escuché a sus tripas rugir, ella se sostuvo el estómago y me miró avergonzada.

- Lo siento.

Reí suavemente.

- No te preocupes ¿Qué quieres comer?

- Am... Eh es que... Aquí no hay... Comida - contestó con tristeza.

- Eso ya lo sé - murmuré pacientemente - Pero por eso te pregunté.

- Em... Lo que sea está bien.

- Pero algo en especial, piensa en algo - le pedí.

- Bueno, extraño bastante el cereal.

- ¡¿Sólo cereal?! - me escandalicé - Pero eso es muy poco.

- Qué bueno que piense eso, también debería darse cuenta que no ha comido en muchas horas ya - comentó Carlisle preocupado.

Ella se encogió de hombros luciendo tan desvalida. Suspiré y me levanté.

- Ares - apenas susurré, él salió por la puerta celeste y se apoyó en el marco de la misma.

- Sabes que ya no puedo ir - comentó sin esperar a que le dijera nada, se cruzó de brazos - Tú tampoco puedes, y ella menos.

- Eso ya lo sé - puse los ojos en blanco, me volví hacia Rachel - ¿Quien vive aquí al lado?

- Una prostituta con sus tres amigas - contestó de inmediato con desagrado.

- Um - fruncí el ceño y miré a Ares - ¿Crees que puedas salir por alguna ventana y escalar hasta la habitación de alguna de ellas?

- Sí, no veo por qué no.

- Bien, hazlo. Y trae... Busca ropa... No demasiado llamativa o pequeña.

Ares alzó una ceja pero asintió, luego volvió a meterse a la habitación. Sabía que no existía ningún peligro ya que los rayos del sol no llegaban a la parte trasera del pequeño edificio, que es por donde Ares saldría.

- ¿Qué piensas hacer? - me preguntó Rachel con curiosidad.

- Ir a comprarte comida, por supuesto.

- ¿Y la ropa?

- No puedo salir así, podrían reconocerme, mi padre o... Alguno de ellos.

- ¿De ellos? - preguntó, cierto que no le había dicho que era buscada por la policía.

- Mi padre es policía y me está buscando, y a pesar de no haberme visto en estos últimos días ni saber si realmente he ido a casa y me he cambiado de ropa, él de todas formas sabrá exactamente lo que llevo ahora y no puedo arriesgarme.

- ¿Cómo podría saberlo? - preguntó incrédula. Le sonreí.

- Mi madre está a un pequeñísimo paso de estar obsesionada por la moda, además es ella la que siempre se va de compras y la que me compra la ropa - hice una mueca - A mí no me gusta ir, ella tiene conocimiento de todas y cada una de mis prendas. Con solo echar un vistazo a mi armario sabrá si he estado allí o no y lo que llevo puesto. Entonces se lo dirá a mi padre, y será más fácil para él encontrarme.

- Es una suerte que los conozca tan bien - susurró Alice.

- En las circunstancias en las que ellas están y lo que piensan hacer, yo no lo creo - dijo Rosalie frunciendo los labios.

- ¡Vaya! Ellos sí que se complementan ¿Eh? Pero te están buscando porque... - ella se veía un poco alarmada ahora, seguro pensando que era una asesina o algo así. Le sonreí.

- No te preocupes. Que no es porque sea una criminal, es solo que creen que... Estoy perdida.

- Y aún no estás lista para ser encontrada - concluyó, con su confianza restaurada.
Asentí.

- Puedo ir yo, si quieres - se ofreció poniéndose de pie frente a mí - No me molesta ponerme la ropa de una prostituta.

- Rachel yo no creo que eso sea una buena idea...

- Por favor, no me cuesta nada.

Dudé por unos segundos, exhalé.

- Está bien, pero ten cuidado.

- Sí, en realidad no es posible que la dueñas reconozcan la ropa ya que a esta hora deben estar en el trabajo

- ¿Trabajan de día? pero yo pensé que...

- Y así es - me interrumpió - De día y de noche. Solo se pasan por casa unas cuantas horas.

- Vaya - murmuré atónita.

Justo en ese momento salió Ares de la otra habitación con varias prendas en las manos, se mantuvo allí cerca de la puerta lejos de los rayos del sol que libremente entraban por la ventana a mi derecha.

- ¿Qué hay allí? - le pregunté a Rachel apuntando a la puerta por la cual había salido Ares.

- Mi habitación.

- Ah... Bueno, ¿Segura que no quieres que vaya yo? - le pregunté dándole la oportunidad de arrepentirse, algo me decía que Rosh no le tenía permitido salir, ella no me lo había dicho pero yo lo sabía.

Negó.

- No te preocupes - respondió. Se acercó a Ares tendiendo las manos para que le pasara la ropa, murmuró un gracias bastante tímido y se metió a su habitación.
Yo volví a sentarme en la silla, apoyando parte de la espalda y la cabeza contra la ventana. Podía sentir la penetrante mirada de Ares fija en mi rostro, pero yo no abrí los ojos.

Después de unos minutos Rachel salió, calzando unas zapatillas negras y vistiendo unos jeans muy ajustados a la cadera.
Miré a Ares.

- No había mucha diferencia entre uno y otro - me dijo con un encogimiento de hombros.
Volví mi vista a Rachel y me di cuenta de que no se había quitado mi chaqueta, esta le tapaba la piel que hubiese quedado descubierta de haberse colocado cualquier otra prenda.

- Espero que no te moleste.

- Para nada - le aseguré sonriéndole - En el bolsillo derecho está el dinero.

Rachel asintió y caminó hacia la puerta pero antes de salir se dio media vuelta y me miró.

- ¿Qué debo traer?

- Um... Pan integral, ocho huevos , tocino, dos salsas, pastas, tres tomates, cinco naranjas, jugo, leche y cereal.

Ella asintió mirándome con estupor, luego salió.

- ¡Vaya! Que apetito - dijo Emmett riéndose.

- ¿Serás capaz de comerte todo eso? - Ares me preguntó, me giré para mirarle.

Negué sonriendo - Todo es para ella.

- Ah que dulce es, pero espero que ella también se alimente - murmuró Esme.

Cuando Rachel llegó con todas las cosas que le pedí, le preparé el desayuno, como era mucho me pidió que comiera con ella y ya que también estaba muriéndome de hambre accedí. Le dije que guardara las pastas, las salsas, los tomates y el jugo para el almuerzo y me quedé pensando y preguntándome desde cuando sería que ella no comía decentemente. Ares se había metido al cuarto de Rachel otra vez, ya que las ventanas estaban cubiertas por cortinas lo suficientemente oscuras para dejar la habitación en penumbras, y así si Rachel entraba no viera nada que la hiciera asustarse, aunque por alguna razón ella ni se acercó a la puerta, ni me preguntó por qué Ares no salía de la habitación y eso fue un alivio ¿Que podría haberle contestado?

- Que es alérgico al sol y ya, no hay para que complicarse tanto - dijo Emmett rodando los ojos.

Estuvimos charlando largo rato. Yo le preguntaba qué es lo que hacía aquí para no morirse del aburrimiento y me contestó que lo único que podía hacer era limpiar, desacomodar y acomodar las cosas. Hasta que en la noche Rosh llegaba y si había suerte, el estúpido se acordaría de traerle comida.

Después de almorzar hablamos sobre lo que nos gustaba hacer y me estuvo contando lo que haría después de que el maldito de Rosh saliera de su vida. Se veía tan feliz y hablaba con tanto entusiasmo que olvidé por completo que debíamos prepararnos para la llegada de Rosh, ya habían pasado unas cuantas horas y estaba a punto de anochecer.

Ares salió de la habitación interrumpiendo nuestra amena conversación.

- Ya viene - anunció con una enorme sonrisa.

Rachel jadeó mirándome asustada y yo me puse nerviosa. Intenté calmar a mi corazón.

- Tranquila - le susurré a Rachel.

- ¿Estás completamente segura de que no se nos acercará? - preguntó tomándome de las manos - Tal vez las cosas no salgan bien. Él es demasiado fuerte y...

- Shh... No pasa nada - levanté una mano y le acaricié el rostro intentando tranquilizarla, yo había sufrido muchas veces esos horribles ataques de pánicos que no dejaban pensar con claridad y afortunadamente sabía lo que ella necesitaba en estos momentos: seguridad - Escucha, estaré contigo en todo momento, y no hay ninguna posibilidad de que algo salga mal, porque créeme, no hay nadie más fuerte que Ares - apunté con mi pulgar hacía mi espalda, en donde sabía que Ares observaba todo con atención - Así que tranquila, tú confía ¿Sí?

Ella asintió un poco más calmada después de echarle una rápida mirada a mi acompañante vampiro. Me levanté y me acerqué a él, pasé los brazos por su cintura abrazándole como si yo también necesitara algo a lo que sostenerme, pero no necesitaba nada de eso, porque estaba lista, sólo no quería que Rachel me escuchara darle instrucciones Ares de alguien que aparentemente no se encontraba aquí.

- Kris quiere que te escondas detrás de la puerta principal, para que Rosh nos vea a nosotras y no a ti, así no tendrá oportunidad de escapar - le expliqué, él se separó de mí, me sonrió y asintió levemente. Fue a posicionarse en donde le había indicado.
Me puse al lado de Rachel la cual se había puesto de pie, las dos mirando a la misma dirección pero observando a diferentes lugares. Ella a la puerta principal y yo a Ares al lado de ella.

Ares levantó los cinco dedos de su mano derecha y fue bajándolos uno a uno y justo cuando su puño quedó cerrado la puerta se abrió dejando a Ares fuera de mi vista.

- Aquí vamos - dijo Emmett frotando sus manos. Esperando saber pronto lo que pasaría, y los demás estaban muy lejos de sentirse tan entusiastas y saber.

Ahora sólo podía ver a Rosh el cual caminaba con la cabeza gacha y se tambaleaba levemente, sus ropas andrajosas estaban sucias y daban asco, sus pantalones estaban desgastados y tenía todo el muslo derecho mojado con... Algo. Su camisa, en antaño blanca era demasiado pequeña para él, revelando así partes de su abultado abdomen. Como pensé, un asco. Rosh caminó un par de pasos adentrándose en el departamento sin darse cuenta de quien ocupaba la habitación a parte de Rachel. Levantó la mirada de improviso, las dos contuvimos el aliento, él se detuvo quedando a un par de metros de nosotras. Sólo le tomó un par de segundos para reconocerme y al hacerlo sonrió con lascivia, se llevó una mano a la hebilla del cinturón que sujetaba su pantalón el cual se había abultado nada más vernos. Rachel se estremeció a mi lado mirándolo con pavor y yo apreté los puños mirándole con odio puro.

- Al fin... - susurró con su asquerosa voz llena de anticipación. Ares cerró la puerta sin hacer ningún ruido, sonrió con entusiasmo guiñándome un ojo y me fue imposible no sonreírle de vuelta imaginando lo que venía a continuación. Mi sonrisa pareció envalentonar a Rosh quien dio unos cuantos pasos hacía nosotras - No sabes cuanto tiempo he imaginado con poder terminar de hacerte mía - comentó comenzando a bajarse los pantalones con impaciencia.

- Asqueroso - susurró Rosalie, deseando estar allí también para darle su merecido.

Rachel retrocedió pero yo me mantuve en mi lugar demostrándole que no le tenía miedo. Antes de que alcanzara a siquiera levantar el brazo para tocarme, Ares se le acercó por la espalda.

- Pues es una lástima para ti, que ella pertenezca a alguien más.

Rosh se detuvo y se dio la vuelta mirando a Ares con furia.

- ¿Y quién demonios eres tú?

Ares no contestó si no que le pegó un puñetazo que lo dejó inconsciente de inmediato. Suspiré aliviada cuando lo vi tendido sobre el piso, inmóvil.

- Iré a por un auto - me dijo Ares. Asentí.

Me giré hacia Rachel quien lloraba en silenció tapándose el rostro con sus temblorosas manos. Me acerqué a ella y la abracé.

- Tranquila, ya pasó, todo está bien.

- Lo sé, gracias Bella - dijo con la voz amortiguada por las manos pero enseguida las bajó para devolverme el abrazo - No sabes cuánto agradezco todo esto y me gustaría poder... De alguna manera pagarte porque me hayas liberado. Pero creo que me faltarán años para poder saldar esta deuda.

Negué suavemente con la cabeza.

- No hace falta - la solté para mirarla a los ojos - Bueno, de hecho sí hay algo que puedes hacer.

- Dime, haré lo que quieras - prometió secándose las lágrimas.

- Vive tu vida y sé lo más feliz que puedas - ya que yo no podré hacerlo. pensé. Ella se rió y asintió con una gran sonrisa.

- Lo haré, te lo prometo.

- Bien

Me giré justo para ver a Ares entrar, acercándose a Rosh para acomodarle los pantalones (haciendo un gesto de asco) ni siquiera se molestó en levantarlo, lo tomó de la muñeca y lo arrastró con facilidad hacía fuera. Me reí.

- Adiós Rachel - me despedí girándome para besar su mejilla y luego encaminándome a la salida.

- A tenido más contacto físico con esa joven que con su propia madre ¿No es eso extraño? - se preguntó Esme.

- Ni idea, quizás sea porque, como las dos han pasado por lo mismo, Bella inconscientemente se siente más segura y a gusto - le contestó Jasper.

- Ah - dijo Esme frunciendo el ceño pero asintiendo.

- ¡Espera! - me detuvo antes de que cruzara la puerta - Eh... - vaciló por un momento - Tu chaqueta... - comentó al fin comenzando a sacársela, tuve la leve impresión de que había cambiado lo que iba a decir justo a último momento por eso me reí.

- No, quédatela. Como dije antes, te queda mucho mejor que a mí - le respondí dándome la vuelta otra vez para salir pero...

- Oye...

- ¿Mmm?

- Si algún día necesitas algo, cualquier cosa; no dudes en venir a buscarme ¿De acuerdo? - murmuró con las mejillas sonrojadas.

Su gesto me sorprendió y enterneció a partes iguales, le sonreí.

- Lo tendré en cuenta, gracias.

Ella asintió y yo salí.

Bajé las escaleras con cuidado de no tropezar. Crucé el patio y caminé hacia el portón el cual estaba abierto, allí en la calzada estaba estacionado un Volvo, me acerqué a él.

Ares bajó la ventanilla del conductor. El Volvo era un s60 rojo flamenco, y tenía ventanas polarizadas, fruncí el ceño no entendiendo por qué demonios había reconocido el tipo de auto que era si apenas se reconocer una rueda.

- Sí ¿Cómo demonios sabe de Volvos? - quiso saber Emmett.
- Creo que ya lo sé - comentó Carlisle luego de pensar un par de segundos en ello - ¿Recuerdan que Kris dijo que cuando Bella volvió a su cuerpo de siete años, teniendo mentalmente cinco, la mente de Bella estaba llena de toda nuestra historia? Eso quiere decir que todos y cada uno de los recuerdos y pensamientos de Edward quedaron en la memoria de Bella. Edward adora su Volvo y también sabe tanto como Rosalie sobre autos, no me parece extraño que ella reconozca un Volvo cuando lo vea.

- Sí, pero Kris dijo que ella lo había olvidado - refutó Emmett, lo demás seguían la conversación con atención.

- No, todo eso quedó en su subconsciencia, la mente humana no olvida nada, son ellos los que creen olvidar - le dijo Carlisle volviendo la vista al libro, dando así terminada la conversación.

- ¿No pudiste buscar un coche menos llamativo? - le pregunté levantando las cejas y observando el vehículo en su totalidad.

- No te pongas quejosa, este coche es genial y rápido, en caso de que la policía nos persiga, será bastante fácil perderles - musitó como si la idea le fascinara. Miraba el volante y el salpicadero casi con adoración, puse los ojos en blanco. Rodee el auto y me subí al asiento del copiloto. Miré hacia los asientos de atrás y fruncí el ceño al encontrarlo vacío.

- ¿Y Rosh?

Ares señaló hacia abajo, agaché un poco la cabeza y solo así pude ver a Rosh sobresaliendo ligeramente por debajo de los asientos.

- ¿Cómo carajo lograste meterlo allí? - le pregunté asombrada, Ares se rió con maldad encendiendo el auto - Espero que no le hayas roto nada importante - le dije acomodándome en el asiento y abrochándome el cinturón de seguridad. Ares volvió a reír pisando a fondo el acelerador.

- ¿Dónde? - preguntó Ares después de recorrer unas cuantas calles.

Escuché a kris con atención.

- Vamos a la cárcel - le dije a Ares - Kris ya sabe a cual, quiere que sigas derecho, después de doce semáforos dobla a la derecha, tres semáforos y a la izquierda, cinco semáforos y a la derecha, sigues derecho por otros doce semáforos y doblas a la derecha, rodeas el cementerio y después de atravesar el doble cruce, dos semáforos más allá a la derecha... Allí es.

Ares asintió mostrándose muy tranquilo. En ningún momento durante el trayecto me pidió que le repitiera por donde debía ir. Que memoria se gastaba.
Cuando estábamos a media calle de llegar, Ares se estacionó y apagó el motor.

Me giré a mirarle y el me devolvió la mirada, esperando instrucciones.

- Tendrá que deshacerse de los guardias, pero antes debe apagar las cámaras y las alarmas - susurró Kris.

- Apaga los sistemas de seguridad y noquea a los guardias, luego regresa - le comuniqué. Ares asintió y luego nos bajamos del auto. Nos reunimos adelante.

- Estaré aquí en menos de un minuto.

- No ataques a nadie - le advertí y él volvió a asentir. Sentí una brisa fresca acariciar mi rostro y Ares desapareció.

Me quedé allí esperándole. Aún habían personas transitando por esta oscura calle y esperaba que nadie hubiese visto a Ares.

- ¿Y Emily? - pregunté.

- Ella ya está lista, sabe perfectamente lo que debe hacer ya que ella misma fue la que lo propuso.

- ¿Hablaste con ella?

- Sí

- ¿Cuándo?

- Unos momentos antes de que fueras a encontrarte con Edward al prado.

- Ah, ¿Sabes? las personas están poniéndome demasiada atención - murmuré nerviosa, ya dos hombres y una chica se habían girado para verme fijamente mientras pasaban por mi lado. Luego de comentar eso, los próximos transeúntes ni siquiera se atrevían a levantar la cabeza.
Me senté sobre el capó del auto... A esperar. Bostecé y me saqué el cabello de la cara, corría un viento tibio, eso sólo me decía que iba a llover pronto.

Como Ares prometió no pasó ni un minuto cuando ya estaba de vuelta. Caminó directo hacia mí colocándose delante del coche.

- Listo.

Asentí y me bajé de un salto. Caminé por un costado del auto y abrí la puerta de los asientos traseros.

- Es mejor que lo saques ya, no deberíamos quedarnos tanto tiempo por aquí - Ares se acercó a los asientos inclinándose sobre ellos para tirar de Rosh.
Mientras él hacía eso, yo comencé a caminar hasta el portón principal de la prisión, casi llegaba cuando escuché la puerta del auto cerrarse.

Ares ya venía.

Empujé la gran puerta de fierro la cual Ares había forzado para que pudiera entrar. Al dar dos pasos me detuve y miré el lugar. Tragué saliva y me abracé el torso fuertemente con los brazos. Casi todo a mi alrededor era lúgubre y casi tenebroso. Todo estaba tan oscuro. La luz del poste de la otra esquina alcanzaba a alumbrar un poco la estancia, pero no era mucho. En donde estaba parada, era un especie de patio, como un pasillo muy largo, no podía ver el final de este ni a izquierda ni a derecha. A los lados de la gran puerta que había cruzado se observaban unas imponentes murallas de concreto, monstruosamente gruesas y altas, con un metro de alto de alambre de púas.
¡Cielo santo!

- Interesante, me pregunto cómo sería estar allí, en vez de tener que imaginarlo - comentó Emmett con una mirada soñadora, los demás le miraron y negaron con la cabeza, solo a él podría resultarle interesante un lugar así.

Escuchaba el sonido amortiguado como de arrastre, cada vez se hacía más fuerte y se oía más cercano. Segundos después Ares apareció atravesando el espacio entre los dos muros, remolcando a Rosh.

Ladee la cabeza y fruncí los labios.

- ¿Estás seguro de que no dejaste a ningún gendarme deambulando por allí? - le pregunté a Ares haciendo que se detuviera frente a mí y me mirara ceñudo.

- No soy un incompetente ¿Lo sabías?

- Sé que no lo eres. Si los dejaste inconscientes alguno podría despertar.

- Créeme, ninguno lo hará.

Abrí mucho los ojos mirando a Ares horrorizada, él puso los ojos en blanco mirándome molesto.

- Oh vamos, si lo harán... Pero dentro de muchas horas.

Suspiré con alivio.

- Bien. Esto está demasiado oscuro y no quisiera irme por el camino equivocado - balbuceé retorciendo las manos y mirando hacia todos lados, aunque no pudiera ver nada.

- No te inquietes, ten esto - del bolsillo interior de su chaqueta azul, sacó una pequeña linterna la cual me entregó - Es suficiente para que no te pierdas.

- Ok - la encendí y alumbré el rostro de Rosh el cual estaba un poco amoratado y rasmillado, seguía inconsciente. Luego me di la vuelta otra vez y apunté hacia el interior de la inmensa prisión. En el frente se encontraba un edificio de tres pisos, pocas ventanas se podían apreciar en los dos pisos de arriba, y supuse que serían celdas, pero intuía que esas no se trataban de las celdas habituales, supuse que solo se trataban de celdillas provisionales en donde dejaban a los presos antes de traspasarlos a las que serían sus " habitaciones" permanentes.

Frente a nosotros había otra puerta la cual era doble, reja de fierro por un lado, de acero por el otro. Ares la sacó del camino de una patada. Ahora no me sorprendí tanto al verlo utilizar su fuerza, ya que sabía cuan peligrosamente fuerte podía ser. Ante nosotros había un pasillo el cual atravesaba todo el edificio principal. Al caminar entre medio de esas sombras me recorrió un escalofrío de arriba a abajo. El aire era tan denso que me costaba un poco respirar.
Comencé a tiritar del frío que hacía, o era yo la que sentía las leves y ocasionales brisas tibias que se colaban por algún lugar, como témpanos de hielo por el miedo que estaba sintiendo.
A los lados, ocasionalmente podía ver puertas de metal aseguradas con grandes cerrojos y candados. Me imaginé viviendo en un lugar así por un periodo corto de tiempo... Y comencé a sudar frío. Y eso que ni siquiera había visto las verdaderas celdas en las cuales vivían los reos, y esperaba no tener que hacerlo.

- ¿Se imaginan? no creo que Bellita salga de allí por sus propios pies si se le ocurre dar una vuelta por esos lares - se rió Emmett tontamente
- Ya cállate Emmett, esto es serio - le regañó Jasper.
- Oh vamos, se preocupan demasiado.

- Ya pasamos las oficinas - murmuró Ares de pronto haciéndome saltar del susto. Mi corazón comenzó una alocada carrera en la cual mi respiración se le igualó. El susurro de Ares fue muy bajo pero en medio de tan silencioso y taciturno lugar, para mí fue más como un grito.

- ¿Y hacia dónde vamos? - pregunté tomando rápidas bocanadas.

- No lo sé. Tal vez Kris pueda decirte donde lo quiere - respondió Ares halando del brazo a Rosh aún acarreándolo por el frío suelo e ignorando mi miedo.

- Necesitaremos mucho espacio - comentó Kris.

- Cuando recorriste el lugar - le susurré a Ares - ¿Viste algún espacio abierto o algo así?

- Sí, claro. Hay un patio gigantesco dividido en dos que se encuentra justo en medio de las galerías, detrás de ellas se encuentran las "calles" allí están las celdas. El patio del que hablo se encuentra justo detrás de esa puerta - dijo apuntando frente a nosotros a unos tres metros - Bueno, no lo verás de inmediato ya que un poco más allá hay otra puerta de acero que protege a esta.

Asentí. Nos acercamos a la puerta que Ares mencionó, la cual era solo de fierro con una pequeña ventana en medio. Me alejé unos cuantos pasos para que Ares pudiera deshacerse de ella, una patada y listo. Seguimos caminando y tal y como dijo Ares, a dos metros formando un cuadrado se encontraba una reja con barrotes de acero, a mi izquierda y derecha, lo mismo. Pero sólo la de enfrente obraba como puerta y Ares no tuvo problemas para deshacerse de ella. Continuamos caminando y ya lo único que podía alumbrar era el pavimento por el que caminábamos ya que a nuestro alrededor no había nada más, no a unos cientos de metros a la redonda por lo menos. Torcimos hacía la izquierda después de unos cuantos minutos topándonos casi de inmediato con una gran reja de alambre.

- Supongo que Kris querrá que saque esto - comentó Ares soltando a Rosh dejándolo desparramado sobre el asfalto para pegar una pequeña palmada a la alambrada.

- Sí, que lo haga. Necesitamos todo el espacio - dijo Kris.

- Hazlo - murmuré alejándome otra vez.

Busqué a Ares cerca de la alambrada pero no le encontré, me asusté bastante cuando la cerca se movió bruscamente. Otro tirón más y la reja se ladeó hasta el piso, cayendo del lado opuesto al que estábamos Rosh y yo. La alumbré con la linterna y vi como era halada hacia la izquierda, en dirección al edificio principal. No tenía idea de donde colocaría Ares esa larga reja.
Cuando estuvo completamente fuera de mi vista y el sonido de arrastre se detuvo, Ares apareció a mi lado en unos segundos.

- Ya está - anunció sonriéndome muy entusiasmado. Fruncí el ceño y entonces comprendí que se acercaba el gran momento, y por gran momento me refería al gran festín que se daría Ares después de esto. Hice una mueca. Ojalá Ares hubiera accedido sin tener que aceptar ese, llamémosle, soborno de Kris.

- Yo pienso lo mismo - susurró Carlisle con pesar, Esme apoyó la cabeza sobre su hombro, confortándole de alguna manera.

- Bien - susurré suspirando.

- ¿Qué? ¿Ya te arrepentiste? ¡Esta es tu gran venganza! - exclamó con una enorme sonrisa, yo me limité a torcer los labios en respuesta y esperé a que Kris diera más instrucciones.

- Me parece bien todo. Ahora sólo necesitamos dos cosillas y podremos empezar.

- ¿Y esas cosas son?

- La primera: luz.

Suspiré y me giré hacia Ares.

- Kris quiere luz, supongo que para esta zona en específico - murmuré, apuntando hacia el lugar en donde estábamos parados que era el centro de todo.

- Mmm... No hay problema, vi uno focos bastante grandes conectados a algunas torres.

Ares volvió a desaparecer y y esperé. Unos segundos después luces con forma redonda alumbraban justamente a Rosh. Eran cinco y se prendieron una detrás de otra. Ares era rápido y con esa misma rapidez volvió a mi lado.

- ¿Así estará bien? - preguntó.

Me encogí de hombros - Supongo que sí.

- Y la segunda, necesitamos algo alto en donde colocarnos, pero sin alejarnos mucho de aquí.

- ¿Qué? ¿Y pretendes que me quede aquí a... Observar? - le pregunté a Kris en un susurro escandalizado, Kris estaba loca.

- ¿Y por qué se escandaliza tanto, si ella no sabe que es lo que...? ... Ah demonios, si lo sabe, que injusto - comenzó Emmett a quejarse.

- Por supuesto, si no que caso tendría hacer todo esto - respondió como si fuera obvio.

- No puedo creerlo y definitivamente no quiero ver nada de lo que tienes planeado, ni en las alturas ni pegada al suelo - protesté cruzándome de brazos.

- Creo que ya se para dónde va esto - murmuró Ares para desaparecer de mi lado otra vez.

- Oh no ¡No! ¡Ares! ¡Vuelve aquí! no me hagas esto por favor - gruñí entre dientes.

- Vamos que no es para tanto - su voz divertida provenía de detrás de mí, me di la vuelta furiosa.

- ¡¿Pero qué demonios crees que estás...?!... ¿Qué es eso?

- Me parece que estas mini torres las usan los gendarmes para vigilar. Pesa bastante - me explicó, sin embargo pese a lo último que dijo movía la "mini torre" con mucha facilidad - Y hace falta más que la insignificante fuerza de un humano para mover una de estas; no, ni siquiera cien hombres podrían.

- Que interesante - comenté sarcástica, recuperándome del asombro - Pero ¿Que te hace pensar que me subiré? - le pregunté con las manos en la cintura. Él se encogió de hombros.

- Si no lo haces por las buenas... Siempre puedo hacerlo a mi manera - se acercó a mí levantando los brazos con la intención de levantarme pero yo retrocedí.

- ¡Ya! ¡Ya! está bien - murmuré rindiéndome y lanzándole la linterna, la agarró en el aire sin problemas.

Me acerqué a la escalera pero antes de subir le miré.

- Eres un verdadero fastidio, y un bruto... Y bestia también - después de eso empecé a subir, escuchando los suspiros ocasionales de Ares.

- No creo sea buena idea que lo insulte, conociendo la naturaleza de Ares - comentó Esme nerviosa.
- Él no le hará nada - dijo Alice bastante segura - Ya no puede - y se calló como si eso lo explicara todo.

Cuando llegué arriba me di cuenta de que no era muy grande. La torre era cuadrada, de unos dos metros de diámetro, con una silla y una pequeña banquita a su lado en donde unos binoculares grandes de color negro estaban acomodados. Me senté en la silla e inmediatamente Ares apareció a mi lado.

- Dime algo ¿Tú apareces del aire o qué? - le pregunté todavía de mal humor, Ares frunció el ceño y luego se rió.

- No, claro que no boba. Lo que pasa es que soy muy rápido, por eso pareciera que me materializo, pero en realidad es solo por la velocidad.

- Ah... - asentí, mirándolo asombrada y... Maravillada.

- Iré a reacomodar esas luces, casi no podrás ver nada si todas apuntan a la misma dirección.

- ¡No! ¡Ares así está...!... bien - intenté detenerle pero ya se había ido. Maldito demonio que no me escuchaba. Crucé las piernas y los brazos mirando al frente enfurruñada. Ares acomodó las luces de modo que solo una apuntara directamente a Rosh y las otras cuatro a su alrededor, a unos tres metros de distancia entre una luz y otra y el mismo Rosh.

- ¿Queda algo más por hacer? - me preguntó Ares ya muy impaciente cuando volvió. Le fulminé con la mirada y no le contesté... Porque no tenía idea.

- Bueno Emily, puedes empezar - dijo Kris y yo no tenía la menor idea de lo que quiso decir con eso si se suponía que primero tenía que... No pasó mucho tiempo en el que mis dudas quedaron disipadas. Gritos, era lo que se escuchaba, eran tantos y sonaban tan desesperados. Me levanté y me acerqué al borde, Ares me sujetó de la cintura sólo por si acaso, pero yo apenas fui consciente de que él estaba a mi lado.

- ¿Quieres volverlos locos antes de dejarlos libres? - pregunté en un susurró bajo y asustado.

- Sí, bueno. Con Emily creímos que así actuarían mucho más rápido, estarán concentraditos. En cambio si los dejamos salir primero estarán confundidos y eso será una pérdida de tiempo, no subestimes las habilidades de Emily, Isabella y las mías tampoco.

- No... No creo que esto sea... Sea una buena idea... - comenté con la voz entrecortada poniendo toda mi atención en esos gritos impacientes. Pero... Sorprendentemente, mi mano derecha se levantó y con el índice comenzó a deletrear palabras en el dorso de mi mano izquierda, era Emily. Ares seguía los movimientos con la mirada aún abrazándome.

- Tú sabes que ese desgraciado se lo merece, piensa en Rachel, en otras miles de mujeres que sufrieron a causa de las perversiones de ese infeliz. Y las otras tantas que sufrirán en el futuro de quedar ese monstruo, suelto en las calles. Piensa en ti, Bella.

- Bueno, viéndolo así, creo que lo que sea que vayan a hacer, no está mal - dijo Alice con timidez como si esperara que sus padres, quienes odiaban cualquier tipo de violencia, la regañaran por decir aquello, pero estos solo la miraron y le sonrieron.

Mi mano dejó de moverse. Sin pensar apoyé mi costado contra Ares, recargando la cabeza contra su duro y frío pecho y las manos en su brazo el cual rodeaba mi estómago.

- Tranquila mi pequeña, todo estará bien - susurró suavemente.

- ¿Apolo? - levanté la cabeza para mirarle sorprendiéndome de verle a él.

- Sí, princesa.

- Pero ¿Pero tú estás de acuerdo con...?

- No te mentiré, eso es obvio. Así que tengo que confesarte que sí, estoy de acuerdo. No con la parte en la que tienes que presenciarlo, pero tú, Kris, Ares, yo y todos los demás sabemos qué es lo correcto.

Sé que tienen razón y que yo debería ser la más interesada en todo esto, pero aun así...

- Ya lo sé, está bien... De todas formas, Kris no pararía esto aunque se lo rogara.

- ¡Pero velo de una manera diferente! - exclamó Momo para nada afectado con la situación - Como una liberación, ya no estará esa constante pesadilla - apuntó a Rosh - Pendiendo sobre tu cabeza.

Besó mi frente y luego Ares volvió a aparecer.

- Escúchales, no tienes nada que perder, al contrario... Todos salen ganando.

Ares se acercó y me dio un corto beso en los labios, luego sin decir una palabra se bajó de la pequeña torre y se colocó a un lado de Rosh, volvió la mirada hacía mí.

- ¡Dime cuando quieres que lo despierte, cielito! - gritó.

- Que lo haga ahora, no hay necesidad de esperar más - susurró Kris con voz tranquila. Ojalá pudiera sentirme igual, en cambio estaba que me moría de los nervios.

- Ares...

- ¡NO! ¡Espera!

- ¿Ahora qué?

- Dile a Ares que no lo despierte del todo, que lo deje algo atontado.

- Ok ¿Algo más?

- Que luego vaya lo más rápido que pueda a abrir todas las celdas y que les deje el camino limpio hasta llegar aquí.

Tragué saliva.

- Bien, Ares... - apenas subí un poco el tono de voz y aún así supe que él me escuchaba - Haz que despierte pero no lo despabiles. Después ve y despeja los caminos para que les sea más fácil a los reos llegar aquí, abre todas las celdas, cámaras y calabozos... Luego regresa.

Ares me sonrió y asintió.

Miró a Rosh por algunos segundos y luego le dio una pequeña patada en el costado. Rosh comenzó a moverse levemente y entonces Ares desapareció. Los gritos aumentaron y en pocos minutos empezaron a sonar más cerca.

Contuve un estremecimiento y ni siquiera me di cuenta cuando Ares volvió a mi lado.

- Espero que se den prisa - murmuró cuando comenzamos a ver a los primeros prisioneros salir por las puertas que Ares había arrancado. Esos hombres corrían y se empujaban, no parecían pensar con claridad. Y no parecían ser capaces ni siquiera de abrir una puerta aunque tampoco hubieran podido, o tal vez si, parecían algo... Enloquecidos.

El óvalo se llenó bastante rápido, para ser ¿Cuantos? cuatro mil, cinco mil hombres... Por ahí. se formó un circulo alrededor de Rosh. Algo les impedía acercarse. Golpeaban y pateaban pero no conseguían nada hasta que de pronto sólo uno consiguió cruzar la impenetrable pared de cristal invisible de Kris, o ella le dejó pasar que es más posible que el hombre ese tan desesperado lo hubiera logrado por su propia fuerza. Los otros se quedaron fuera empujando, gritando e incluso algunos peleando.

- ¿Qué les tiene así? - le preguntó Emmett a Rosalie en un susurro.

- Emily - le contestó volviendo a poner atención a Carlisle

Desde aquí pude ver como aquel hombre vestido con una camiseta gris vieja y un roto pantalón de mezclilla, respiraba agitadamente mirando a Rosh de una forma que... Me produjo unos fuertes temblores. Aquel hombre canoso y de aspecto andrajoso sólo estaba allí de pie observando. Rosh estaba casi despierto del todo, lo sabía porque estaba recostado en el piso, agarrando su cabeza como si quisiera arrancársela. Supuse que aún debía dolerle a causa del golpe de Ares. Rosh aún no abría los ojos, por lo tanto aún no se daba cuanta de en donde se encontraba ni de quienes lo rodeaban.

- Ahora sé por qué razón Kris eligió esta prisión - comentó Ares de pronto.

- ¿Y cuál es esa razón? - le pregunté, sin quitar mi vista de Rosh, el cual ya había abierto los ojos y miraba a su alrededor asustado y confundido.

- Adivino lo que están por hacer. Y pienso que este es el mejor lugar en el que se puede hacer justicia - siguió murmurando Ares con voz tenue, mientras veíamos como Rosh observaba hacía nosotros y luego al hombre frente a él. Rosh retrocedió en el suelo arrastrándose de espalda mirando a su semejante con horror - Porque los que caen aquí... - murmuró Ares, al mismo tiempo que el reo desabrochaba sus pantalones y los bajaba dejando a la vista una gran erección - ... Son depravados.

- ¡Oh por dios! ¿Ellos van a...? - preguntó Esme viéndose horrorizada.

- Sí, ya lo creo - murmuró Carlisle suavemente considerando seriamente no leer lo que venía a continuación, miró a su familia y ellos le devolvieron la mirada.

- Tú eres el que tiene el libro, tú mandas viejo - le dijo Emmett relajado. Carlisle suspiró y decidió seguir, si algo le pasaba a Bella, la única forma de saber era por el libro, aunque eso significara tener que leer y enterarse de algo que jamás querría saber.

- Dios mío - susurré sujetándome de Ares, cuando vi a Rosh levantarse tambaleante y tratar de huir. Intentó pasar por en medio de toda esa muchedumbre pero extrañamente no pudo ni siquiera tocarlos, la pared de Kris, la cual mantenía a los otros reos fuera del círculo, no lo dejaba salir.

Él otro hombre con los pantalones abajo se acercó como pudo a Rosh y lo abrazó por la espalda, frotándose contra él. Rosh se retorcía e intentó alejarse pero lo único que consiguió fue que el otro se desesperara y lo tirara boca abajo contra el suelo, se le tiró encima aplastándole las manos con las rodillas, inmovilizándolo. Rosh sabía lo que venía, porque él mismo había sentido esa ansía, ese deseo irrefrenable y esa oscura y sucia lujuria que lo dominaba antes de que él sucumbiera a su propio monstruo interior.

Rosh gritaba y se retorcía pero no lograba nada. El otro era mucho más fuerte y como pudo bajó los pantalones de Rosh empujándolos fuera de su camino lo mejor que pudo dentro de su desesperada necesidad.
Apreté al brazo de Ares con tanta fuerza que mis dedos se agarrotaron, una persona normal hubiera protestado por el dolor, pero Ares ni siquiera se dio cuenta.
El reo se frotaba fuertemente contra Rosh cuando se detuvo de pronto, solo para tomarlo de las muñecas, apoyándolas a cada lado de la cabeza de Rosh en el pavimento para después apoyarse completamente en él. Se hincó sin soltarle y de una sola patada arrancó los pantalones de Rosh completamente. Rápidamente intentó acomodarse entre sus piernas, pero Rosh ya lloroso y desesperado aún daba pelea, pero eso tampoco sirvió de nada. El reo abrió las piernas de Rosh con las suyas, se posicionó en el lugar exacto... Y empujó enterrándose profundamente de una sola estocada.

Pude ver las expresiones de los dos hombres casi al mismo tiempo. El reo mordía sus labios y mantenía los ojos cerrados sin dejar de moverse, cada centímetro de su rostro parecía decir cuánto estaba disfrutando de aquello, gemía y jadeaba totalmente envuelto en ese placer. No soy totalmente ignorante, sí ponía atención a mis clases en la escuela y sé que hacer eso en seco debía resultar molesto y doloroso para los dos, pero en esa cara no se reflejaba dolor, en la de Rosh sí. Al momento de ser penetrado abrió los ojos desmesuradamente para después pegar un grito que me hirió los oídos y que empequeñecía por mucho los gritos de los demás.
El acto en sí no duró mucho tiempo, el reo terminó a los dos minutos después, deslizándose fuera de Rosh y quedando recostado a su lado.

Rosh estaba también tendido, sin moverse para escapar, ahora solo sollozaba. Si pensaba que esto se había acabado, estaba muy equivocado. Otros dos reos entraron, para uno ocupar el mismo lugar del que ya había acabado y el otro tomó a Rosh del pelo, jalándolo para que levantara la cabeza. Sus pantalones ya estaban abajo y con un más que audible quejido de satisfacción se introdujo en la boca de Rosh moviéndose frenéticamente. Y así fue por un largo rato, entraban unos pocos: saciaban sus deseos carnales con el cuerpo de Rosh, terminaban: y salían del círculo. Pero no solo hacían eso, había algunos que lo golpeaban igual a como había visto a Rosh hacerlo con Rachel. Muchas veces lo obligaron a tomarse todo lo que ellos pudieran darle en sus liberaciones. Otros ni siquiera lo tocaban pero el solo hecho de observar como sometían a Rosh era suficiente para pasar sus manos por sus partes más despiertas y explotar. Hubo un momento en el que Kris dejó que entraran cinco de un viaje, dos de ellos ocuparon de inmediato los únicos lugares en los que podían enterrar cierta parte de sus cuerpos excitados, pero para los otros tres no había lugar, o eso es lo que había pensado yo, uno de ellos comenzó a restregarle su... Eso, por el costado de Rosh. El otro se inclinó y mordía y le besaba la espalda. No sé cómo hizo el último para meterse debajo de todos, poniendo la cara entre las piernas de Rosh, soportando el peso de todos los demás, en un determinado momento empujó con sus manos las caderas de Rosh obligándolo a apoyarse en sus rodillas y manos. Rosh forcejeaba pensando que ahora estando en esa posición podría serle más fácil escaparse pero sus agresores le tenían bien agarrado, casi por todos lados. El que estaba debajo comenzó a estimular a Rosh con sus manos y boca, quizás esperando que sus caricias provocaran algo, eso no pasó y esto pareció enojar mucho al reo. Tendría que haber dejado de mirar desde el primer momento y ahora me arrepentía profundamente de no haberlo hacho a tiempo, cuando vi al reo tomar el miembro flácido de Rosh para meterlo en su boca y comenzar a... ¡Cielos!... A mascar.

- ¡Oh demonios! - exclamó Emmett con una mueca de dolor colocándose una mano en su propia entrepierna. Los demás varones tenían muecas similares.

Yo me había sentado en la silla, cuando había sido atacada por unas enormes ganas de vomitar. Tendría que ir a terapia de por vida después de esto, estaba segura. Ares estaba apoyado en la barandilla y miraba todo con desinterés, como si ver esto fuera algo de todos los días.

- Nada de eso, lo que pasa es que es un insensible - susurró Esme
- No lo es teniendo en cuenta quien está siendo castigado - dijo Rosalie con una pequeña sonrisa. Esme no le contestó de vuelta, pensando en que dijera lo que dijera no sería tomado en cuenta.

Negué con la cabeza sintiéndome muy asqueada y los gritos de Rosh no se detenían, excepto cuando su boca era ocupada para otra cosa.
Emily debió de aumentar la lívido de todos los que quedaban ya que no hacía falta mucho tiempo para que acabaran. Aun así pasaron más de dos horas en las cuales yo no me atreví a volver a mirar a Rosh.

- Dime exactamente cómo funciona la habilidad de Emily - me pidió Ares dándose la vuelta para mirarme, se recostó en la baranda cruzando los brazos sobre el pecho.

- Ah que bueno, justo lo que yo quería saber - murmuró Carlisle con renovado entusiasmo

- Pues, por lo que entendí, básicamente lo que hace es hacer que un grupo de personas, no importa cuántas sean, sientan la misma emoción por una misma persona. Como allí, Emily hizo que todos ellos sintieran el mismo fuerte deseo por Rosh, exceptuándonos a nosotros por supuesto y es una suerte que sea capaz de hacer eso.

- ¿Sólo emociones negativas? - me preguntó.

- No lo sé, no lo creo. Hasta el momento es lo único que... Ha hecho, es producir emociones... Malas; como el temor que es lo que hace para que las personas se alejen de mí. Pero yo supongo que si ella quisiera también podría provocar buenos sentimientos aunque a mi parecer esos son igual de malos que los otros.

- ¿Por qué? la alegría, el amor, el... Sano deseo, son buenos ¿No? - preguntó con extrañeza.

- Claro que sí, los verdaderos son buenos, los que podría provocar Emily no lo son porque son falsos, inducidos por la habilidad de Emily no es más que una ilusión. Y eso puede ser tan dañino como... A mi parecer, lo que le están haciendo a Rosh - terminé diciendo, cerrando los ojos y masajeándome los cienes.

- Piensas de una manera bastante extraña - comentó Ares. Por su tono de voz supe que no buscaba ofenderme.

- Es lógica, nada más - le respondí sin abrir los ojos ni levantar la cabeza - Imagina esto. Emily hace que una chica se enamore de ti y aunque tú al principio no le prestes la menor atención, termines igual o quizás más enamorado que ella. Que la ames y la desees más que a la sangre, que incluso eso pase a un segundo plano. Pero Emily no siempre estará cerca para reforzar e inducir ese amor por ti, y cuando eso pase, la chica se dará cuenta que no siente nada y piense que tal vez solo estaba confundida e inevitablemente se aleje, dejándote. Porque lo que ella creía sentir por ti no existe, no es real y tu amor sí lo es. Y entonces quedarías destrozado, anhelándola y extrañándola, soñando con tenerla a tu lado, pero sufriendo tremendamente cuando al regresar a la realidad te des cuenta... Que ya no está.

- Vaya, eso es increíble - murmuró Carlisle, deseando sin poder evitarlo, estar allí frente a Bella para poder hacerle todas las preguntas que se le estaban acumulando en la cabeza.

Mi pequeño discurso del amor barato quedó allí. Se hizo un profundo silencio entre nosotros, sólo roto por los ocasionales gritos de los reos.

- Eso no pasará jamás - sentenció Ares con voz firme. Me encogí de hombros.

- Era solo una suposición Ares, un ejemplo para mostrarte que no importa como utilice Emily su extraño poder, conseguirá siempre el mismo fin.

Levanté al fin la cabeza para mirarle sólo para ver la ancha espalda de Ares.

- Ya terminaron, y yo ya las ayudé con todo lo que me pidieron - Ares se dio la vuelta y sus negros ojos brillaban... Peligrosos.

- Puede cenarse a esos parásitos, así le hace un favor a la humanidad - comentó Kris con indiferencia y levemente satisfecha.

Me levanté y me coloqué al lado de Ares, mirando a los reos, él también miró.

- Allí - les apunté, Ares sonrió - A Kris no le importa lo que les pase y si te soy sincera... - mi voz tembló un poco, intentando convencerme a mí misma con las próximas palabras - ... A mí tampoco.

- Sí, claro - murmuró Ares sarcástico, saltando en medio de todos ellos. Me senté para no tener que ver lo que venía a continuación, no me creía capaz de soportar tanto, y de todas formas si quisiera tampoco podría ya que Ares se había encargado de apagar los focos dejando el lugar en penumbras, no veía ni escuchaba nada e intuía que Kris me rodeaba con su pared y se lo agradecí profundamente.

- Qué bueno, eso sí que Bellita no podría soportarlo - susurró Emmett seriamente.

Perdí la noción del tiempo. Como la torre carecía de techo, me pasé todo el tiempo mirando hacia el cielo medio recostada en la silla. No había luna, tampoco nubes. Y todo a mi alrededor estaba tan oscuro, que mis ojos distinguían las estrellas con muchas más facilidad. Si me esforzaba en olvidar en donde me encontraba, tenía la sensación de estar sentada en la nada, rodeada de silencio y las lejanas y brillantes estrellas. Y allí sin nada que llamara verdaderamente mi atención, el remordimiento por lo ocurrido comenzó a comerme lenta y tortuosamente.

- Era de esperarse - dijo Alice en voz baja.

- Debemos irnos ya - murmuró Kris de pronto sobresaltándome.

- Pero y Ares...

- Él ya ha terminado. Además solo faltan un par de horas para que amanezca y no podemos arriesgarnos - contestó Kris - Anda baja ya.

Me levanté y comencé a tantear para encontrar la barandilla.

- ¿Es seguro? - pregunté no muy convencida de que bajar fuera lo mejor.

- Sí, lo es.

Comencé a bajar con extremo cuidado, ya que empezaba a sentirme cansada y con mucho sueño. Al llegar abajo me di la vuelta dándole la espalda a la escalera. Era escalofriante estar en medio de tanta oscuridad, aún así comencé a caminar pero al dar unos cuantos pasos casi caí de bruces al tropezar con algo.

- Mierda... ¿Pero que...?

Las luces se encendieron de pronto dejando a la vista un horrible y sanguinario escenario.
Frente a mí... Un mar de... Cáscaras vacías... Es en lo que se habían convertido aquellas personas. Miraba con horror y asombro todo aquello cuando pude distinguir a Rosh siendo aplastado por tres o cuatro... Me parecen que era cuatro... Cadáveres.
Me acerqué a él, estaba aún boca abajo, desnudo completamente, los ojos cerrados, la boca abierta, el rostro inexpresivo, pálido e inmóvil... Muerto. Rosh estaba muerto.

Rosalie suspiró con alivio sin darse cuenta.

Me levanté ya que me había hincado para poder mirar a Rosh de cerca. Volví a mirar a mi alrededor viendo tantos cuerpos sin vida, desmadejados con sus extremidades doblados, tirados sin cuidado sobre el asfalto. Me pude fijar que en algunos lugares el pavimento estaba manchado con una cosa oscura, supuse que allí tendría que haber sangre pero parecía como si... Como si la hubiesen succionado para dejar solo eso, manchas.

No pude evitar fijarme en los cuerpos de los reos, sus ropas estaban rasgadas y ensangrentadas, la piel imposiblemente pálida y maltratada, con cortes abiertos pero que obviamente no sangraban.

- Mierda, Ares sí que estaba sediento - comentó Jasper. Carlisle exhaló intentando no pensar demasiado en lo que estaba leyendo, cosa que no estaba funcionando muy bien.

La diferencia de esto comparado con mis recuerdos era... Aterrador. Unas horas antes todo estaba... Tan lleno, tan lleno de vida, movimientos desenfrenados y gritos y ahora...

- ¿Por qué demonios habré dejado que todo esto pasara? - me pregunté, de pronto sintiéndome tan... Miserable.

- Porque era lo correcto - comentó Ares. Me di la vuelta y le enfrenté apretando los puños: furiosa. El abrió los ojos sorprendido.

- Ya dejen de decirme esa estupidez - le gruñí conteniéndome de ponerme a gritar, cosa que no conseguiría por mucho tiempo.

- Pero si es la ver...

- ¡NO! ¡NO ES LA VERDAD! - le chillé a penas consciente de las lágrimas empapando mis sonrosadas mejillas - ¿No te das cuenta? no lo haces porque lo único que te importa es la maldita sangre.

Ares hizo una mueca.

- ¿Y eso qué? ¿Por qué te martirizas, si sabes que todo esto lo he hecho yo? - preguntó mirándome con desdén.

- Eres... Un... ¡ESTÚPIDO! ¡¿COMO MIERDA ESPERAS QUE NO ME SIENTA CULPABLE?! ¡AUNQUE NO LO HAYA HECHO YO, SOY CÓMPLICE DE ESTA ATROCIDAD! ¡ESTO ES HORRIBLE!... - sollocé - ... Y yo no hice nada para detenerlo... ¡¿CÓMO ESPERAS QUE PRETENDA QUE NO HA PASADO NADA?!... Todas esas personas cometieron errores y destrozaron la vida de muchas personas... Pero ya lo estaban pagando.

Ares me miró con desprecio.

- No puedes estar hablando en serio, ese infeliz arruinó tu vida, ¡Todas esas basuras arruinaron la vida de niñas y niños como tú! - exclamó abriendo los brazos intentando abarcar todo - ¡Sabes que se merecían esto! ¡Y más!

Bajé la mirada y negué con la cabeza, llorando en silencio. Todo el cansancio se me vino de golpe al cuerpo, me senté en el suelo y enterré las manos en mi cabello tirando levemente de él.

Suspiré cerrando los ojos.

Y dentro de mí se llevaba a cabo una batalla campal. Por un lado estaba lo moralmente correcto y por el otro, justicia.
¿Que si no es lo mismo? no, no lo es. Lo moralmente correcto hubiera sido que dejáramos aquí a Rosh, para que lo apresaran y lo hicieran pagar por todos sus delitos, estaría vivo, pero sufriendo por su arrebatada libertad.

Y justicia: supongo que esto era justicia, que Ares los matara a todos mientras ellos mataban a Rosh. Y depende de quien lo viera, por supuesto, las victimas de Rosh y de todos los demás violadores pensarían que esto es lo correcto y es justicia. Pero los que no lo eran, pensarían que estar privados de la libertad, lejos de la familia, sufriendo carencias y humillaciones es suficiente castigo.

¿Dónde quedaba yo? Aún no lo sabía.

Pero esto no tenía que ver ni con los violadores ni sus víctimas.
Era yo la del problema... Y posiblemente Ares también.
Pero yo... Era demasiado débil y ni siquiera era capaz de alegrarme por la muerte de la persona que más me ha hecho daño.

- No es débil, es buena; es muy diferente - murmuró Esme.

Si no lo odio, soy un monstruo.
Si lo odio y me hace feliz su sufrimiento, soy un monstruo.
y si soy indiferente a sus actos, soy un monstruo.
Una encrucijada, allí mismo estaba.
Y también me sentía terriblemente culpable por haber dejado que Ares matara a mas de cinco mil personas, eran basuras; sí, pero seres humanos al fin y al cabo. ¡Dios! no quería saber lo que pensarían de mí los Cullen cuando leyeran esto, posiblemente se convenzan al fin de que soy muy poca cosa para Edward.

Los Cullen estaban más que sorprendidos, no sabían, ni imaginado si quiera, que Bella podría estar preocupada o le interesara lo que ellos pudieran pensar de ella. Podía estar tranquila ya que ellos después de todo lo que han leído sobre ella, estaban convencidos de que es la persona perfecta para alegrar el solitario y entristecido corazón de Edward.

Mientras me hundía en mi miseria, sentí que algo helado tocaba mi mano, levanté la cabeza y allí estaba Ares.

- Oye, sé que soy muy egoísta, pero así soy yo, si no puedes soportar mi naturaleza, es una lástima. No puedo cambiar y no lo haré - su voz era firme y autoritaria pero no hostil, vi que se estaba esforzando - Mi obsesión es la sangre, sangre humana, no esa mierda de la cual tu Edward nos ha obligado a tomar. Y aunque no lo creas posible... Sé cómo te sientes - suspiró - Estuviste de acuerdo con todo esto y crees que está mal y por eso te aborreces, no tienes idea de qué pensar. Pero es estúpido que te culpes por esto ya que si hubieras hecho lo imposible por detenernos a Kris y a mí, esto estaría pasando de todas formas.

- Eso no lo puedes saber... - le contradije, él sonrió de lado y me pareció que escondía algo.

- Oh claro que sí, sólo piensa un poco en esta frase: lo hecho, hecho esta.

- Yo no creo que...

- Ya no puedes hacer nada - insistió Ares - Lamentándote y culpándote no vas a regresarle la vida a todo ellos - murmuró tomándome de las manos y jalándome para levantarme.

- Pero aún así no puedes esperar que yo...

- Oh sí, eso es justamente lo que se espera de ti - me interrumpió sonriendo socarrón - Olvídate de esto.

- Ares, no puedo ignorar que... - volvió a interrumpirme pero esta vez con un beso, solo fue un rose de labios cerrados, pero de todas formas sentí el sabor metálico de la sangre el cual no me agradó para nada.

- Que truco tan sucio - comentó Emmett frunciendo los labios

- Emmett, tú lo haces todo el tiempo - le dijo Jasper rodando los ojos. Emmett le miró y arrugó el entrecejo.

- Es pasado cariño, tienes que olvidarlo - murmuró Ares riendo y dándose la vuelta caminando hacia la salida. Me limpié la boca con el dorso de la mano, poco faltó para que me pusiera a escupir. Maldita sea el sabor no se quitaba.

- Maldito seas Ares, no esperes que olvide lo que acabas de hacer. Eso sí que no. Cabrón - murmuré entre dientes, siguiéndole mientras aún me limpiaba los labios y escuchaba su risa.

Cuando llegamos al auto, me subí de inmediato al asiento del copiloto. Queriendo irme lo más pronto posible de allí.

- Espérame aquí - ordenó Ares sin subirse al auto, mirándome seriamente parado al lado de mi puerta.

- ¿A dónde vas? - le pregunté queriendo salir.

- Sólo a deshacerme del desastre que he dejado.

Y se fue.

Maldición ¿Que tenía planeado hacer?

No tuve que esperar mucho tiempo para averiguarlo, me incliné a través de la ventana, casi sacando medio cuerpo del auto. De pronto se podía ver mucho humo y una tenue luz anaranjada, demonios. Ares les había prendido fuego. De repente hubo una explosión, tiene que haber sido en el patio, ya que no lo vi en su totalidad, sólo las llamaradas que se alcanzaron a ver por encima del edificio principal.
El auto estaba lo suficientemente lejos dejándome a salvo del peligro, pero lo bastante cerca para escuchar todas las explosiones que le siguieron a la primera. Me tapé las orejas con las palmas de las manos y de un momento a otro el auto aceleraba, alejándonos a toda velocidad del gran incendio.

Bajé las manos y me volví hacia Ares con los ojos desorbitados del susto.

- ¿Por qué? - le pregunté apenas.

- No puedo dejar ninguna evidencia, sería demasiado sospechoso que cinco mil cuatrocientas cuarenta personas estén reunidas, muertas y sin una gota de sangre. Son demasiadas muertes incluso para mí. Esto podría llegar a los oídos de los Vulturis y créeme... Eso no le conviene a nadie.

- Oh demonios, no había pensado en eso - dijo Rosalie cubriéndose la boca levemente por el asombro.

- Ares no resultó ser tan torpe después de todo - murmuró Alice tranquila.

- ¿Quiénes son los Vulturis? - le pregunté agarrándome fuerte del asiento, mirando fijamente el rostro de Ares.

- Los Vulturis son vampiros, viven en Italia. Los tratan y se tratan entre ellos como si fueran de la realeza, pero no son más que unos imbéciles sedientos de poder. Métete con ellos y estarás muerta en menos tiempo de lo que te tomará darte cuenta de que la has cagado.

- ¿Así que son peligrosos y temibles? ¿Por eso Rosalie no los quiere cerca?

- Ignoro lo que la rubia pueda querer - respondió con una sonrisita - Pero lo que sí sé, es que vivir en el anonimato para ellos es la ley. Si se enteran de que un humano sabe de nuestra existencia, entonces lo buscan y se lo cenan - dijo con un encogimiento de hombros, ignorante de la turbación que me estaba causando - Si se enteran de que un vampiro se ha puesto en evidencia frente a algún humano, bueno... Matan al estúpido vampiro y se cenan al humano.

- Pero... Pero... Yo... Sé... - balbuceé, comenzando a entrar en una crisis de pánico, sin embargo fruncí el ceño cuando vi a Ares sonreírme, eso me dio la suficiente curiosidad como para olvidarme del miedo.

- A ti no te matarían, cielito.

- ¿Cómo puede estar tan seguro? Claro que la matarían, si no lo hicieran estarían rompiendo sus propias reglas - comentó Jasper.

- Creo saber por qué está tan seguro - dijo Carlisle.

- ¿Por qué? - preguntó Emmett, sin embargo Carlisle no le respondió, si no que volvió la vista al libro.

- ¿Ah, no?

- Nop, como te dije antes, aman el poder y es lo que buscan para su guardia, vampiros poderosos con dones formidables. No serían capaz de matarte, para ellos sería como desperdiciar algo de gran valor.

- Ah, eso tiene sentido - dijo Emmett asintiendo.

- ¿Y entonces? - le pregunté expectante y temblando levemente.

- Te convertirían por supuesto. Luego te ofrecerían un puesto entre sus filas y tu estarías obligada a aceptar. Consciente o no, lo aceptarías.

- ¿Por qué? ¿Me matarían si me negara?

- Es una posibilidad, pero esa es la más improbable. Lo más factible es que te obliguen a aceptar, tienen como hacerlo.

- Cuando dices "consciente o no" ¿Te refieres a...?

- Todos los vampiros de allí tienen un don, o es excepcionalmente fuerte. Alguno de ellos debe tener esa habilidad de hacer que sientas el deseo de unirte a ellos, de permanecer y de servir a sus grandes reyes como los perritos falderos que son - terminó diciendo lo último con burla y yo me quedé preocupada. Me pasé una manos por la frente recordando algo.

- ¿Que eran todas esas explosiones?

- ¡Ah! galones de gas - murmuró con tranquilidad - La cocina era grande y había suficientes galones como para volar todo.

- ¿Esa es tu forma de deshacerte de la evidencia? - Le pregunté, pensando que algo así igual podría llamar la atención de esos vampiros italianos.

- ¿Es posible, Carlisle? - le preguntó Alice mirando a su padre con atención, este le devolvió la mirada encogiéndose de hombros.

- En realidad Alice, no estoy seguro, aunque es posible. Pero no creo, digo... Han habido incendios mucho más grandes en diferentes partes del mundo y no he sabido si ellos merodean por allí o no - respondió con inseguridad. Alice asintió levemente sin preguntar nada más.

- ¿Y qué querías que hiciera? - preguntó molesto.

Me encogí de hombros acomodándome en el asiento. Dentro del auto reinaba la oscuridad y estaba tan cansada que supuse que no estaría mal echarme un sueñito.

- No te duermas - murmuró Ares zamarreándome un poco, ahora yo le miré molesta, observando con atención su rostro levemente iluminado por las luces del salpicadero.

- ¿Y por qué no?

- Porque... Ya llegamos - dijo abriendo la puerta para salir, yo hice lo mismo y miré a mi alrededor con el ceño fruncido.

- Aún no hemos llegado a casa, de hecho estamos a varias cuadras - le dije, rodeando el auto para reunirme con Ares.

- Eso ya lo sé - dijo poniéndose gruñón - Pero no podemos llegar a tu casa con este auto, recuerda que es robado y lo más probable es que ya lo estén buscando.

- Ah sí - concordé.

- ¡Ja! y yo la tenía por lista - se rió Emmett.

- Idiota, está cansada y con sueño - le dijo Alice cruzándose de brazos.

- Ah si.

Comenzamos a caminar calle abajo. Pasando justo por debajo de un poste de luz se me ocurrió mirar a Ares, ahogué un grito. Ares estaba hecho un desastre, toda la ropa con manchas de sangre, sobre todo la parte del pecho y el abdomen, también el cuello como si la sangre hubiera escurrido de su boca. Y probablemente eso fue lo que pasó. Y su rostro siempre tan pálido ahora tenía unos enormes manchones. No me había dado cuenta de que me había detenido y Ares conmigo, quien me miraba con las cejas alzadas. Y entonces me fijé en sus ojos, de un profundo y hermoso color carmesí.

- Sí ya sé. Estoy algo desarreglado, pero no es para tanto - dijo rodando los ojos.

- Claro - dijo Emmett con sarcasmo

- ¡¿Que no es para tanto?!... Oye ¿Todos los vampiros quedan igual después de...? - le pregunté mirándole con interés.

- Mmm...No, no lo creo, bueno Emmett sí - dijo carcajeándose

- Oh... ¡No es cierto! - se quejó Emmett

- Pero claro que sí, siempre terminas arruinando los perfectos atuendos que Rose y yo elegimos tan cuidadosamente para ti y tú... - decía Alice pero Emmett ya cansado le interrumpió.

- Sí sí sí está bien, lo que tú digas enana, papá continúa o me explotará la cabeza - pidió con un gesto exagerado de sufrimiento, Alice y Rosalie le miraron ceñuda y Jasper se rió.

para luego agregar con voz aburrida - Pero los demás no.

- Ay caramba - susurré aún bastante sorprendida pero retomando la caminata - ¿Crees ya haya personas tratando de apagar el incendio? - le pregunté intentado no quedarme atrás ya que Ares caminaba algo rápido.

- Sí, es lo más posible.

- Oye - dije recordando de pronto - ¿Qué pasó con los guardias? si volaste el lugar...

Ares suspiró fastidiado.

- ¿Realmente no vas a olvidarlo, cierto? A los guardias no les pasó nada, los dejé a todos en la parte de atrás, lejos de las llamas y el humo. Supongo que ya los habrán encontrado.

Asentí.

- ¿Por qué te importa tanto? - me preguntó de pronto con brusquedad. Le miré sorprendida. ¿Cómo diablos me preguntaba eso? ¿Acaso no era obvio?

Emmett hizo una mueca - Para mí no lo es.

- Sé que a ti no te interesan los humanos (al menos no en el buen sentido) y es más que obvio que para ti son insignificantes. Pero yo no puedo evitar sentir cierta compasión por mi propia raza. Y creo que tú haces muy mal en no hacer lo mismo.

- Me gustaría escuchar el significado detrás de esas palabras - comentó Emmett cruzado de brazos e inclinándose un poco hacia Rosalie.

Me adelanté un poco cuando divisé mi casa. Ya habían arreglado la puerta pero la casa seguía estando vacía, mis padres debían de haber vuelto para luego salir de nuevo.

- ¿Y por qué según tu hago mal en mirar como basura a la humanidad? - me preguntó Ares poniéndose detrás de mí, giré un poco la cabeza para mirarle.

- Dices que amas la sangre humana - puse énfasis en la última palabra - Deberías amarlos y proteger a tu comida ¿No crees?

- ¡Ja ja! comida, no sé cómo no supuse que ella sería capaz de pensar de esa forma - dijo Emmett riéndose, Jasper a pesar de no querer, también se rió, lo que Bella pensaba tenía cierta lógica, una sádica lógica.

Ares me miró como si pensara que me había vuelto loca.

- ¡Tin tin tin! Tengo noticias para ti, siempre lo he estado - le guiñe un ojo y el me miró asombrado.

Me giré y tomé impulso para agarrarme del fierro medio que atravesaba la reja. Me encaramé como un mono y con todo el cuidado y equilibrio que tenía logré pasar al otro lado, saliendo ilesa.
Me di la vuelta para mirar a Ares ya que no le había visto escalar ni moverse, pero no estaba. Me encogí de hombros y volví a girarme llevándome un tremendo susto al encontrarme con Ares justo en frente.

- ¡Ares! maldición - me puse la mano contra el pecho e intenté calmar mi alocado corazón - Eres un bruto.

Le miré y me di cuenta de que estaba demasiado cerca para mi gusto, con toda esa sangre... Y comenzó a acercarse más pero yo puse dos dedos sobre sus labios, deteniéndolo.
- Oh no, no vas a hacerme eso otra vez. Me ha costado mucho sacarme ese horrible sabor de la boca y aún no lo logro del todo.

Ares me sonrió de forma malévola y yo retiré los dedos.

- En realidad sólo estoy siguiendo tu consejo.

Fruncí el ceño y él suspiró.

- Dijiste que debería amar a la humanidad y es lo que intento hacer, pero tú te haces la difícil.

Entorné la mirada.

- Jo gracioso. Ya sabes lo que quise decir con eso.

Pasé por su lado y alcancé a caminar solo dos pasos cuando me tomó de la cintura y dándome la vuelta me pegó a su cuerpo, puse las manos contra su pecho e intenté alejarme pero lo único que conseguí fue mancharme con sangre.

Ares me miró coqueto y su mirada seductora me dio escalofríos.

- Sé lo que quisiste decir, pero prefiero tomar ese consejo y aplicarlo a mi manera - pasaba sus labios por mi mejilla mientras hablaba, acariciándome con su exquisito aliento frío - Y mientras te veía subir en lo único que podía pensar era en amar, acariciar y apretar tu hermoso y apetecible trasero - murmuró ahora con la voz ronca, bajando sus manos hasta mis nalgas y apretándolas fuertemente.

- ¡Ah! demonios, Ares. ¿Qué crees que haces? si no son de goma - le reclamé haciendo una mueca y empujándome hacia atrás para soltarme, eso había dolido.

- Eso no es de caballeros - gruñó Esme por lo bajo.

Ares se rió.

- Ya me di cuenta - se inclinó hacia un lado para besar mi cuello, me tensé esperando sentir miedo e incomodidad... Pero no fue así. Estaba tranquila, cómoda e incluso a gusto.

Esto me sorprendió, no había crisis de pánico, ni esas horribles regresiones. Mientras pensaba en eso estaba totalmente inmóvil y Ares había aprovechado, viendo que no ponía peros para besarme debajo de la oreja, luego mordió levemente el lóbulo de mi oreja para terminar bajando besando todo a su paso hasta mi clavícula.

- Oye Rossie - murmuró Emmett interrumpiendo otra vez.

Rosalie suspiró antes de contestarle - ¿Qué quieres ahora Emmett?

- Se supone que ella está con nuestro virginal hermanito ¿No?

- Sí… - respondió Rose cautelosa.

- Entonces ¿Dejar que Ares la bese por todos lados, no es un engaño?

- En primer lugar Emmett, sólo es en el cuello y por otro lado; No, no es engaño, al menos yo no lo considero así - contestó Rose mirando al frente con indiferencia.

- Bueno, básicamente ese es Edward, es el cuerpo de Edward y no estoy muy segura de sí a él le molesta que sus otras personalidades besen a Bella - aportó Alice

- ¿Entonces está bien? - preguntó Jasper también con curiosidad.

- Depende de lo que Edward siga, o lo que piense realmente sobre eso - contestó Esme

- Habrá que preguntarle luego, cuando vuelva a casa - dijo Carlisle volviendo a leer.

Solté un suspiro permitiéndome disfrutarlo, pero sabía que esto no llegaría a más, porque sabía que aún no estaba preparada y porque supe que Ares no era la persona apropiada cuando me dio un mordisco fuerte en la barbilla, no perforó la piel pero igual dolió.

Ares se separó de mí sonriéndome.

- ¿Lo ves? todo está bien, justo como lo dijo el sabelotodo de Apolo.

Asentí devolviéndole la sonrisa.

- Vamos, es mejor que subamos a tu habitación, en caso de que tus padres lleguen pronto. Querrás limpiarte.

Ares me tomó entre sus brazos, cargándome sin ningún esfuerzo. Con mucha facilidad escaló hasta mi ventana. Me dejó sobre mis pies y fue a encender la luz.

- Bueno me voy ya. Edward estará muy conmocionado cuando se entere de lo ocurrido.

- No puedes... ¿No puedes hacer... Me dejas que lo vea...? - le pregunté ansiosa.

- No, lo siento. Pero creo que es mejor que esté rodeado de su familia en vez de una humana que huele demasiado bien, ya sabes: los accidentes pasan.

- Ah, sí... Claro, bien - mascullé sonrojándome. Ares no perdía su deslumbrante sonrisa, se acercó a mí y volvió a darme un pequeño beso en los labios... Sin que pudiera evitarlo.

- Nos vemos luego cielito - se despidió abriendo la puerta roja saliendo al bosque, pero antes de que pudiera cerrar la puerta recordé algo.

- ¡Ares!

Se dio la vuelta y me miró sujetando la puerta para que esta no se cerrara.

- Cuando fuimos a buscar a Rosh, justo antes de que lo golpearas, dijiste algo...

- Sí, lo recuerdo - me contestó de inmediato.

- Entonces ¿A quién pertenezco, según tú?

Ares sólo sonrió y sin contestarme cerró la puerta, dejándome sola.

Vaya nochecita. Me dirigí lentamente hasta el baño sintiéndome un poco aturdida por todo lo sucedido. Comencé a desvestirme pensando en... Nada, solo observando mis movimientos.

- Posiblemente haya entrado en shock - dijo Carlisle

- Oh, no quiero ni imaginarme como es que estará nuestro Edward - susurró Esme muy preocupada girándose para mirar por los ventanales, hacia el bosque.

Meterme bajo el agua caliente fue un verdadero alivio, me pasé mucho tiempo bajo el chorro, después de haberme asegurado que estaba totalmente limpia. El agua caliente relajó mis músculos cansados y agarrotados y mis ojos comenzaron a cerrarse. Me salí de la tina envolviéndome con una toalla, me sequé lo más rápido que mis pesados y patosos extremidades me permitían. Me puse una camiseta y un short. Recogí toda la ropa sucia y ensangrentada escondiéndola debajo de la cama, para botarla cuando despertara. Y después de lavarme los dientes, dos veces, me dirigí a mi maravillosa camita, me acosté sin siquiera secarme el cabello, ya lo único que quería era dormir.
No alcancé a acomodarme del todo, cuando me quedé dormida.

- Es todo - anunció Carlisle cerrando el libro para dejarlo encima de la mesa de centro.

- Bueno, ahora debemos esperar - dijo Jasper acomodándose sin necesidad en su asiento.

- ¿Y Edward? - se preguntó Alice.

¿Edward? Edward estaba en el prado, en donde Ares le había dejado. Mirando sus manos ensangrentadas con una expresión de horror y asombro pintado en la cara. No entendiendo lo que había pasado, lo último que recordaba era haberse sentido enfadado por tener que separarse de Bella y a cambio tener que soportar a una insoportable Kris. A su mente, de repente, comenzaron a llegar unas extrañas imágenes; no, nada llegaba, todo estaba allí desde antes. En ellas vislumbraba a un montón de personas desconocidas moviéndose sin control, las observaba desde arriba y luego todo cambió, ya no estaba arriba, sino abajo en medio de todos, y ellos ya no se movían, estaban muertos y de alguna manera supo que él era el culpable ¡Cielos! ¿Cómo pudo permitir que pasara algo así? ¿Por qué lo había hecho? ¿Qué pensaría su Bella de él ahora? ¿Bella? Se dio la vuelta con rapidez inspeccionando el lugar con la mirada, en busca de ella.
Estaba asustado, oh sí, muy asustado. ¿Y si le había hecho algo a ella también? Jamás podría perdonárselo. No vio rastro de su Bella por ningún lado.
A velocidad vampírica se dirigió hacia el lugar en donde sabía que aparecía la puerta, pero esta no estaba y eso lo asustó tremendamente. Edward no sabía muy bien que hacer ahora, y algo dentro de él le indicaba que corriera, así que eso fue lo que hizo. No tenía muy claro en su mente hacia donde se dirigía, sólo sabía que tenía que correr.
Después de unos minutos se detuvo al avistar su casa. Su familia estaría allí y por un momento, un pequeñísimo momento, se preguntó si era buena idea entrar así como estaba. Pero el shock le había quitado temporalmente su rápida agilidad de raciocino, y su duda fue olvida por completo. Pero sabía que ellos estaban enterados de lo que había pasado, de lo él había hecho… Lo repudiarían. La mirada de Edward pareció perderse, mirando sin ver hacia al frente. Comenzó a caminar a paso lento hacia la puerta principal, la abrió con suavidad para enfrentarse a lo que había al otro lado de ella.

Todos se levantaron en cuanto le vieron atravesar el jardín y entrar. Carlisle caminó unos pocos pasos hacia Edward sin acercarse demasiado a él. Los demás miraban con atención y alerta. Jasper y Emmett se colocaron detrás de Carlisle, ocultando con sus cuerpos a las chicas, protegiéndolas sólo por si acaso, aunque ellas no necesitaran ningún tipo de protección.

- Edward - le llamó Carlisle suavemente, imaginándose el estado en el que su hijo se encontraba. Edward no respondió, su mirada seguía completamente perdida, era como si estuviera allí en cuerpo pero no en mente, pero tampoco estaban ninguna de las otras personalidades. Carlisle se acercó todavía más hasta detenerse a un lado de Edward.

- Carlisle yo no creo que… - comenzó a advertirle Jasper.

- Shh… Está bien. No hará nada, está… Completamente en shock - murmuró pasando una mano lentamente por delante del rostro de Edward.

- ¿Estás seguro? - preguntó Alice con angustia haciéndose un poco hacia el lado para poder ver mejor a su hermano.

- ¿Estará bien? - preguntó Rosalie a su vez, igual de preocupada que los demás.

- Sí, estará bien - contestó Carlisle intentado convencerse a sí mismo.

- Pero… ¿Cuánto tiempo estará así? - preguntó Esme al borde del llanto.

- No lo sé.

Carlisle levantó su mano y la apoyó suavemente en el brazo de Edward, viendo que este no reaccionaba ante su toque, se colocó frente a él y tomándolo de las muñecas comenzó a caminar hacia atrás, guiando a Edward hacia un sofá. Edward no opuso resistencia, ni siquiera cuando Carlisle le empujó con suavidad para sentarlo. Y allí se quedó, mirando al vacío.

- Está como catatónico ¿Eso es posible Carlisle? - le preguntó Alice queriendo acercarse pero Jasper no se lo permitió.

- En un vampiro normal claro que no, pero con Edward… Ya no sé - respondió con frustración, frunció el ceño dándose cuenta del estado en el que se encontraban las ropas de Edward. Pensando que era eso y más el hecho de ignorar qué sucedía, lo que le había dejado en ese estado - Alice.

- ¿Sí?

- Ve arriba a la habitación de Edward y tráele, por favor ropa limpia.

- Sí, enseguida.

- Rosalie.

- ¿Mmm?

- Ve a la cocina y trae agua y un paño, por favor.

- Claro.

- Yo iré por mi maletín, a ver si puedo hacer algo.

En menos de un minuto estaban de vuelta en la sala. Carlisle tomó de los hombros a Edward y le zamarreó un poco, en un inútil intento por "despertarlo" nada pasó.

Carlisle suspiró - Bien, intentaremos hacerle reaccionar, pero antes debemos limpiarlo porque si llega a volver en sí, y vuelve a verse en ese estado, lo más posible es que su reacción no sea muy buena.

Terminado de decir eso; Esme, Alice y Rosalie salieron de la habitación hacia la cocina.

- ¿Qué hacemos papá? - preguntó Emmett acercándose hasta quedar a sólo unos pasos de Carlisle y Edward.

- Necesito que estén alerta. Emmett tu ponte detrás del sofá y tu Jasper ayúdame a cambiarle, no estoy muy seguro de si reaccionará mientras lo estamos haciendo pero… No hay que correr riesgos - murmuró y procedió a quitarle la chaqueta a Edward después de recibir dos asentimientos de cabeza por parte de sus hijos. Carlisle tomó la fuente llena de agua que Rosalie había traído dejandola encima de la mesa de centro y mientras estrujaba el paño (oliendo la lejía, la cual Rose había vertido en el agua para que no quedara rastro de olor a sangre en su hermano); Jasper con ayuda de Emmett le sacó la camiseta azul a Edward, quien en ningún momento dio signos de reaccionar, pero de todas formas no se confiaron. Carlisle se acercó y le pasó el paño rápidamente por todo el rostro, enjuagando el paño cada vez que este se llenaba de sangre. El agua de la fuente rápidamente se tornó de rojo. Carlisle también le lavó el cuello, parte del pecho y las manos, mirando a los ojos de Edward en todo momento, por si había algún cambio, pero la enrojecida mirada de Edward seguía mirando a la nada.

- Ya está limpio - comentó, echó el paño a la fuente y la llevó a la cocina en donde Esme procedió a la lavarla enseguida. Cuando volvió, Jasper pasaba rápido pero con suavidad una toalla por el rostro de Edward quitándole así los restos de agua, también le secó el cuello, el pecho y las manos, procurando no dejar ningún centímetro de piel con agua. Sin esperar nada tomó en sus manos la camiseta blanca que Alice había elegido y se la puso rápidamente. Dio un paso atrás y miró a Carlisle.

- ¿Y ahora?

- Oye Jasper - murmuró Emmett inclinándose por el respaldo del sofá y tomando de los hombros a Edward lo empujó hacia atrás haciendo que este quedara medio recostado - Sus pantalones también están manchados y el olor de la sangre… - dejó inconclusa la frase.

- Oh - susurró Jasper oliendo suavemente, de nada servía haberle cambiado la camiseta si los pantalones también olían mucho a sangre - Bien, levántalo.

Emmett pasó sus brazos por las axilas de Edward y lo levantó sin ningún esfuerzo dejándolo suspendido y con el espacio suficiente como para que Jasper le sacara los pantalones y pudiera remplazarlos por otros.

- Ya está, ahora sí - dijo Jasper mirando a su hermano con inseguridad. Carlisle salió con rapidez de la habitación llevando los pantalones y entregándoselos a Esme para que se deshiciera de ellos.

- Bien, ahora intentemos hacerle reaccionar - dijo Carlisle cuando volvió.

- ¿Estás seguro que esto es lo mejor? - preguntó Rosalie que junto a Alice y Esme había vuelto a entrar a la habitación.

- No lo sé. Pero ahora lo vamos a averiguar. Pase lo que pase, no importa como Edward reaccione, intenten calmarlo, Jasper ya sabes que hacer.

- Claro.

Carlisle no tenía idea de lo que iba a hacer, sacó una pequeña linterna de su maletín, la encendió y se acercó al rostro inexpresivo de Edward, poniéndole una mano en la barbilla y orientarla hacia él. Alumbró con la linterna los ojos de Edward dándose cuenta de que sus pupilas reaccionaban con normalidad a la luz. Carlisle frunció el ceño sintiéndose cada vez más frustrado, sintió repentinamente una ola de tranquilidad llenarle y estuvo a punto de regañar a Jasper diciéndole que debía estar concentrado en Edward cuando una idea le llegó.

- Jasper.

- ¿Sí, Carlisle?

- Quiero que le infundas a Edward una emoción, una que sea fuerte, tal vez así reaccione.

- Bien. ¿Y cuál crees que sea mejor? ¿Miedo?

- No jazz, miedo no - contestó Alice - Recuerda que nos afectará a todos, si nos sentimos extremadamente asustados no creo que eso facilite las cosas al intentar calmar a Edward.

- Tienes razón, ¿Agitación, entonces?

- Sí, esa es buena - respondió Emmett poniendo las manos en los hombros de Edward para mantenerlo en su lugar por si este reaccionaba de forma violenta.

- Hazlo Jasper.

De inmediato todos comenzaron a sentirse exaltados hasta el punto de estar ansiosos. Jasper se estaba esforzado e intentaba concentrarse en Edward para no desequilibrar demasiado las emociones de su familia. Carlisle se dobló hacía adelante quedando cerca de Edward mirándole con atención. Jasper redobló la ya muy intensa emoción y solo así a Carlisle le pareció ver un pequeño cambio en la mirada de Edward, ya no estaba tan perdida y en ella pudo ver una pizca de miedo y reconocimiento. Edward apretó los puños con lentitud y su respiración se convirtió en pequeños jadeos, como si estuviera haciendo unos enormes esfuerzos por hacer… Algo. Carlisle levantó levemente la mano en dirección a Jasper indicándole que se detuviera, cuando pudo ver que Edward ya estaba completamente "despierto"; lo primero que le indicó esto fueron los ojos de Edward los cuales miraban a Carlisle con horror, el labio inferior de Edward comenzó a temblar al igual que todo su cuerpo.

- Edward, escúchame, todo está bien - le aseguró Carlisle suavemente.

- No…- fue lo que respondió silenciosamente para después mirarse el cuerpo en busca de la sangre, frenéticamente comenzó a tocarse y levantar la camiseta para revisar mientras los demás le rodeaban e intentaban calmarle, Jasper se concentró todo lo que pudo en calmar a todos - Aquí estaba, aquí estaba… Ay Dios, lo siento, lo siento, lo siento… - no dejó de murmurar al tiempo que cubría su rostro con sus manos y comenzaba a dejar escapar pequeños gemidos. Esme sin poder soportarlo se acercó ignorando el intento de los demás para que no se acercara y sentándose en el apoyabrazos abrazó a Edward fuertemente acariciándole con una mano el cabello. Los demás contuvieron el aliento pero el único movimiento que Edward realizó fue bajar las manos para abrazarse a su madre y dejar que esta le consolara.
Media hora pasó hasta que por fin pudieron calmar a Edward lo suficiente para que este pudiera escuchar y entender lo que Carlisle le decía. Éste, después de asegurarle muchas veces que todo estaba bien pareció adivinar cuales era los verdaderos miedos de Edward.

- Sí, leímos lo sucedido. Y sabemos que no es tu culpa, tú no lo hiciste, y Bella está bien, está en su cama durmiendo sin ningún tipo de daño.

- ¿Estás seguro? ¿Estás seguro de que no le hice daño? - preguntó Edward ansiosamente mirando a Carlisle con intensidad.

Pero Jasper se adelantó poniéndose a un lado de Edward para poner una mano en su hombro y así fuera mucho más fácil calmarlo - Créenos Edward, ella está bien.

La fuerza y veracidad de sus palabras consiguió convencerlo, haciendo que se desparramara en el sofá del alivio. Carlisle tenía en la punta de la lengua muchas preguntas, pero sabía que abrumar a su hijo en esos momentos podía ser muy perjudicial, y la preocupación le estaba matando.

- Edward hijo ¿Por qué no vas a arriba y te das un buen baño, eh? Te relajas y cuando te sientas lo suficientemente en calma, bajas, conversamos y te pones al día ¿Qué dices? - le preguntó Carlisle pasándole una mano por el cabello haciendo que Edward se sintiera incluso más relajado con el contacto.

- Pero ya estoy bien, puedo leer ahora, necesito saber…

- No, Edward por favor ¿Sólo obedece, sí? Aunque no lo parezca necesitas descansar, tu cuerpo no, pero tu mente definitivamente sí. Y cuando ya estés listo podrás enterarte de todo lo que quieras.

Edward dudó, para nada convencido pero sabía que Carlisle tenía razón. Suspiró suavemente y sintió como Esme tomaba su rostro entre sus manos para besarle una mejilla con delicadeza.

- Ve cariño. Tómate tu tiempo, aquí estaremos esperándote - le susurró. Edward se levantó y lentamente se fue a su habitación para hacer lo que sus padres le habían indicado. Emmett y Jasper le siguieron quedándose fuera de la habitación de Edward para darle su espacio pero quedando bastante cerca por si se presentaba algo inesperado y poder contener o calmar a Edward, según sea el caso.


Hola, hola, hola a todos. Espero que les haya gustado el penúltimo capítulo de mi alocada historia. (Claro, con epilogo incluido, por supuesto)
Un adentatito, próximo y último capítulo: ¡LEMMON!

Por si existe inexperiencia en el tema, Lemmon es: relaciones sexuales explícitas.
Y respondiendo a otra duda: Bella tiene 16 años.
¡Bueno! ¡Eso es todo!
Adiós