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Su corazón corría tan agitado que parecía a punto de salir de su pecho y el oxígeno quemaba su garganta cada vez más.

Su mente era un lío, los escenarios de los diferentes futuros estaban revueltos en su cabeza y como una película que alguna vez vio pudo observar como imágenes que su cabeza había generado sobre cómo queria que fuera su vida iban quemándose lentamente.

Un grito aún le quemaba los oídos y cada vez que lo recordaba tenía ganas de llorar.

No fue hasta que tropezó con sus propios pies que todo se detuvo. El dolor que sintió al caer el frío suelo no se comparaba ni distraía su atención del dolor que sentía por dentro.

-Maldita sea.

Y lloró. En medio de la cancha de rugby, con el pantalón roto por la caída y con el mayor miedo que había sentido en toda su vida.

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Ese lunes sentía la mirada de todos en el pasillo aunque tal vez nadie lo estaba mirando. Se aferró a su mochila deseando ser tragado por la tierra.

-¡Hey hombre! – la palmada de James en su hombro lo hizo saltar. -¿Qué pasó marica? ¿Amaneciste nena el día de hoy? -se burló apretando su hombro.

-No es nada.

James sólo le sonrió pero ambos sabían que tenían una conversación pendiente.

-Te creeré esta vez. – pronto su amigo atrajo su atención a apuntes académicos.

Por dentro se estremeció al verlos, no había podido concentrarse en estudiar nada en los últimos tres días.

El timbre sonó por lo que se apresuraron a su salón. Edward respiró hondo antes de ingresar ya que tenía miedo de encontrarse con… no se permitía ni terminar sus pensamientos. Mucho fue su alivio al encontrar su silla vacía.

Las clases iniciaron con regularidad y la silla siguió vacía. Los recuerdos de ese día lo atormentaban y lo desconcentraban.

-No mientas. -le reclamó.

-¡No es mentira! – ella sacó la caja que antes él había tenido en la mano y ella guardo celosamente. -Toma…

-No…

-Edward…

-No…

-Es positiva. -ella lloró.

-Masen. ¡Masen! – volvió a la realidad con su profesor de biología gritándole.

-Si señor. -se aclaró la garganta y sentó correctamente.

-A la pizarra. – con una sonrisa macabra colocó un plumón sobre su carpeta.

Se levantó de inmediato y nervioso camino los pocos pasos que lo separaban de esta.

En ese momento la puerta se abrió.

-Papá.

Una voz sonó en su mente aturdiéndolo.

Ella entró con la mirada fija en el profesor.

-Swan. -suspiró este. -Como todas las mañanas llegas tarde, es la última vez que te dejo entrar.

-Gracias. – susurró.

Edward no le quitó la mirada de encima cuando ella pasó a su lado y se colocó en el asiento más alejado del salón.

-¡Masen! – un nuevo grito. – ¡Concéntrate por Dios!

Esa clase fue una tortura para él, no recuerda cuantas veces se equivocó ni cuantas veces el profesor lo humillo por esa razón. Su mente esa mañana estaba kilómetros de distancia de ese lugar.

-Papá.

Los minutos pasaron lentos y su corazón quería estallar. James y Bree le preguntaron preocupados si estaba bien, él sólo afirmó con una sonrisa incómoda.

-Papá.

Apenas el timbre del cambio de hora sonó un escalofrío lo recorrió, pero la cobardía lo hizo seguir su camino a su segunda clase.

-Papá .

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Gimnasia era el peor momento de su día, por un lado tenía que soportar los hostigamientos de Jacob y por otro los acosos de Bella. Ese día fue incluso peor, Jacob aprovechó cada momento para humillarlo y cometerle faltas.

¡Estas fuera Masen! ¡siéntate!

Cumplió la orden del entrenador de inmediato pero se arrepintió ya que tenía una excelente vista del ensayo de las porristas.

Ella estaba ahí.

Las piruetas que realizaban sus compañeras parecían tenerla tensa, las muchachas caían en brazos de sus compañeras luego de ser lanzadas por el aire. Cuando su momento llegó una gran intranquilidad lo perforó por dentro, ella hizo la pirueta y cayó violentamente
en los brazos de las chicas. Antes de darse cuenta estaba junto a ella.

-¿Estas bien? – preocupado preguntó.

- Si. – sin mirarlo dos veces se levantó del suelo donde ella y las muchachas cayeron.

Se alejó sintiéndose una paria, ella lo odiaba y no podía culparla. Su vida estaba hecha un desastre.

No pudo evitar observarla el resto del tiempo, imaginando lo que pasaba por su cabeza. Debía estar igual de muerta de miedo y él había huido del lugar…

-Estas mintiendo.

-Mira la maldita prueba Edward. – ella ya tenía lágrimas en los ojos. – Estoy embarazada de ti. -añadió golpeando su pecho con esta. – Mi madre me hizo una ecografía. – buscó en su bolso y le tiró un sobre blanco en el pecho. – Cinco semanas.

Edward abrió el sobre notando unas fotografías en blanco y negro, no entendía nada pero suponía que alguna mancha era… un bebé.

-Yo… me cuide… yo no… -sujeto su cabello con desesperación haciendo cuentas.

-No lo hiciste. -ella le recordó, lloraba pero su voz no estaba rota. -Edward lo hicimos sin protección más de una vez…

Él sabía que ella tenía razón, no fue ni una ni dos, fueron muchas las veces que sucedió pero se negaba a creer… él no podía haber sido tan idiota…

-Todo se arruinó. Mi madre lo sabe… pronto mi padre… - ella colapsó en ese momento. - ¡¿Qué haremos?! – gritó en medio de sus sollozos.

Edward no sabía cómo reaccionar, retrocedió cuando ella gritó hasta chocar con la puerta. Antes de darse cuenta estaba abriéndola para alejarse de esa habitación.

-¿Edward? -ella susurró para luego empezar a gritar. – ¡¿Edward?!

Nervioso y confuso paso esa tarde encerrado en su habitación, ella no lo llamó y él tampoco se atrevió a contactarla. Era un maldito cobarde.

Pensó en su futuro y cómo ese… bebé cambiaria todo. Sus sueños, sus anhelos, todo…

Pero era su responsabilidad. Él debió preocuparse más en cuidarse y evitar lo que estaba sucediéndole, no debió dejarse llevar por la calentura. Iba a ser padre a los dieciséis, era una locura sólo pensarlo.

Llamó a su madre en ese momento, desde lo más profundo de su angustia por primera vez se permitió ser sincero y asustado como un niño le contó lo que sucedía. Entre sollozos su madre lo reprendió, había luchado tanto por ser alguien en la vida y se complicaba
las cosas más. Pero luego le dijo que ella no había criado a un cobarde y debía hacerse cargo de ese bebé que junto a Bella habían creado, su madre lo apoyaría ya que sabía lo que era tener un bebé tan joven y que si era necesario, ambos podrían vivir
en Forks con ellos.

- No puedo creer que estes hablando conmigo de esto, deberías estar con Isabella en este momento.

- Lo sé. –susurró acongojado.

- Ella ya no es tu novia pero sí tendrán a este bebé debes solucionar cualquier problema que tengan, por él. Ya no eres solo tú, se acabó eso. Ahora deberás pensar en tu hijo antes de pensar en ti mismo.

Esa noche no pudo dormir.

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El día que siguió a ese afrontó sus miedos y se atrevió a acercarse a ella, por supuesto su tarea no seria sencilla.

- Bella. – la llamó carraspeando. Había acabado la clase de gimnasia y todos estaban camino a las duchas.

Ella lo ignoró y siguió su camino.

-Hey. -tomo su brazo.

Ella se soltó en ese momento.

-Hablemos por favor. – le susurró.

- No ahora Edward. – se alejó.

-Puedo ir a tu habitación más tarde o encontrarnos en alguna parte. – ofreció nervioso. Sacó de su bolsillo una llave. -Es de la sala de tutoría… podemos hablar solos en ese lugar. Por favor Bella.

Ella observó la llave. – No hay nada de qué hablar.

Y lo dejó solo.

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No fue la única vez que lo rechazo, cada vez que iban a cruzarse ella se alejaba. Él estaba muy nervioso cada vez que estaban cerca, una parte de él tenía miedo de hablar del tema. Planificar que demonios harían con un bebé. Y al parecer ella estaba de
peor humor, lo insulto un par de veces y lo empujo fuera de su camino otras muchas. Todas las mañanas ella llegaba tarde ya que vomitaba justo antes de entrar a clases, el olor del desayuno de la cafetería debía hacer estragos en ella… o eso pensaba
Edward cada vez que la seguía a la distancia todas las mañanas.

Pero esa mañana fue diferente.

Ella llego tarde como era su costumbre pero su apariencia lo preocupo demasiado lucia muy pálida, tenía ojeras y parecía agotada. El maestro volvió a reprenderla con enojo.

-¡Swan! – gritó asustando a todos. - ¡Te dije que no aguantaría más tardanzas!

- Lo si…

- ¡Largate! ¡Me arte de tu insolencia!

- Pero…

- Vete a dirección. ¡Ahora!

Ella apretó su mochila pero no dijo nada. Bella Swan no respondió, ella no volvería a ser vista como antes. Con ese paso cansado, salió del salón.

La preocupación lo consumió por dentro el resto de la hora.

La buscó de nuevo saliendo de clases, ella salía de detención aún más agotada que antes.

Bella… -prácticamente susurro.

Ella limpio su rostro y paso de largo como era su costumbre.

¿Cómo estas…? – le pregunto siguiéndola de cerca.

No le respondió.

Quiero hablar contigo por favor…

Camino junto a ella en silencio durante varios minutos provocando murmullos de parte de los demás alumnos. Nunca antes habían estado cerca públicamente delante de toda la escuela pero ahora era la sombra de Bella Swan. Al llegar a su casillero esperó
pacientemente sin darle importancia a la mirada de Black a unos casilleros de distancia. Edward la observó guardar sus cuadernos y libros, en silencio y en tensión.

-Sólo quiero hablar contigo. – le confesó en voz baja. – Por favor.

-Sólo déjame tranquila…

-Bella, tenemos que hablar de esto.

-No insistas.

-No quiero hablar de esto aquí, pero si no me das opción lo haré. – le advirtió decidido.

-No creo que eso suceda, si se enteran de esto. – su voz se quebró al final. –Serás expulsado. Te conviene que nadie se entere.

-Lo sé. Podré con eso. – Bella levanto una perfecta ceja.

-No estas pensando con claridad.

-Si me escucharas…

-No lo haré. – se dispuso a alejarse pero él la aprisiono contra el casillero.

Yo estoy dispuesto a apoyarte en lo que sea que decidas. – ella bajó la mirada. – No estas sola. Por favor déjame ayudarte.

Ella empezó a sollozar para sorpresa de todos los que pasaban. Edward la tomó entre sus brazos en ese momento y consoló con cariño. Ambos necesitaban sentirse, estaban muy asustados y eran sólo niños que no fueron responsables.

¿Qué miran? – ahuyentó a unos alumnos que sin pudor los observaban.

Todos retomaron su camino dejándolos solos, Edward la tenía oculta con su cuerpo y apoyada contra su casillero.

¿Te sientes mejor? – le susurró sólo a ella.

Si. – confesó.

Vamos a la biblioteca, ahí estaremos solos.

Ella asintió entre sus brazos. Edward tomó su mano en todo momento y junto a ella entró al edificio. Caminaron hacia el área donde solian estudiar, estaba solitaria como esperaban y sobre todo necesitaban.

Siendo lo más atento posible le ofreció una silla y se sentó en silencio. Ninguno dijo nada. Edward esperó pacientemente hasta que ella estuvo más tranquila.

Dime… que es lo que piensas. – nervioso de recibir un rechazo tomó su mano.

Ella tenía la mirada pérdida y lucía asustada, no se dio cuenta que le tomaba la mano.

No sé que pensar… no me siento en control de mi vida.

Me siento igual…

Mi madre ya lo sabe… ella no quiere que tenga al… bebé. – susurró controlando su respiración. – Ella no me apoyara si decido quedármelo, mi padre no dudará en quitármelo sin importarle mi decisión. Estoy sola Edward.

No lo estas. – le aseguró. -Podemos ir a Forks… mis padres nos apoyarán, pasaron por algo parecido.

No es tan fácil. – sollozó.

No. Sé que no es. Pero es la opción que te doy. – estaba muerto de miedo pero no podía escapar de nuevo ya había demostrado su cobardia. – Yo te apoyaré.

Bella sollozó de nuevo.

Perderé todo Edward. – le recordó. – Todo lo que conocí, mis padres me desconocerán.

Él la sostuvo entre sus brazos.

Depende de ti. – susurró en su oído. – Yo me haré cargo de… ustedes.

Entrelazo sus manos y la abrazo contra su pecho.

Ella entendió el sentido de sus palabras, estaba seguro porque ella también apretó su mano.

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Y aquí vamos de nuevo! Pero como se complicó la situación! Díganme que piensan de este giro de la historia ;)