XIV Asalto: Defraudar
Incapaz de respirar bien, se le atrofio el pecho y se le nublaron los ojos. Se detuvo mientras le temblaban las piernas imposibilitada para dar algún paso de más. Podía escuchar a Asha hablar frenéticamente, pero su voz se amortiguaba para su entendimiento. A su mente solamente podía venir la imagen de aquel niño.
Los ojos azules… los hermosos ojos azules de su padre. Su tez morena representante de su raza y el cabello negro largo y medio ondulado que enmarcaba un rostro que tantas noches había imaginado y que su imaginación jamás le hizo competencia.
Solo le había bastado un segundo para verlo, solo un segundo y su corazón sufría de dolor.
— Shayr- susurró Asha agachándose un poco para verle a la cara.
Sus ojos grandes y preocupados le volvieron un poco a la realidad.
— ¿Estas herida?- pregunto suavecito.
— No- mintió con la voz consumida- quiero descansar.
Hubiera querido que Asha no le siguiera, pero no tenía ánimos ni para quejarse.
Se negó en medio de espasmos ya que Asha quería que volviera al castillo, ella solo quería su bodega, donde descansar.
Al llegar a esta agradeció a Sandrua que su jergón estuviera "listo", ya que simplemente se medió desmayo sobre este. Con un jadeo de Asha quien a fuerza de voluntad y un poco de forcejeo de su parte dejo que esta abriera la capa. En su mente borrosa por el cansancio pudo ver como hacía unos gestos y hablaba con alguien más. Se desmayó a los segundos.
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Podría haberle lanzado una saeta en llamas y el resultado hubiera sido el mismo.
Le tembló la mano la mano que sujetaba el brazo del chico y se desoriento por un momento mientras observaba los oscurecidos ojos del chico. Determinación y dolor a partes iguales.
Tenso la mandíbula y entrecerró los ojos.
— Sé que algo tienes que haberle conocido, si no… - la voz se le consumió, y noto como se le abrillantaban los ojos por las lágrimas- no conoces a mi padre. Y ella…
— Murió- negó con voz rotunda.
Muchas veces había tenido miedo de este momento. De un Woulbez ya grande y con muchas preguntas, y pocas respuestas. Se le estrujo el pecho de presión al ver el dolor en los ojos del chico. Le puso una mano en el hombro intentando relajarlo. Intentando parecer relajado él.
— Mira Woulf, ahora no es un buen momento.- le dijo inclinándose un poco, le agarro la nunca se manera cariñosa para que le viera.- el… Sir Taillo, no sé qué quiere de vosotros pero tengo que sacarlos de aquí de alguna manera. No te alejes de los demás, no lo des oportunidades de ponerte en desventaja. Pronto los llamaran y sea lo que sea, no le des el gusto. Ahora debo irme, si hay algún momento… hablaremos. ¿Está bien?
El chico le miro con tanta desolación que tuvo que retener el aire antes de desmoronarse. Asintió a duras penas y entro en el carromato de Maerys.
Soltó el aire retenido mientras se sobaba el pecho.
Pego un respingo cuando vio a Maerys allí, mirándole detenidamente.
— Shayr está en las bodegas, creo que necesitan hablar.
El asintió y dio un par de pasos.
— ¿Te quedaras con ellos?- pregunto un poco incómodo.
— Si me estas preguntando si los vigilare. Si, lo hare.
Sonrió un poco y se alejó medio trotando.
Cuando llegó a la bodega, vio a alguno de los hombres alrededor. Janiel estaba sentado afuera de la bodega con cara de resentido.
— ¿Qué sucede?
— Lady Asha está adentro, y Lord Witkim casi nos despelleja cuando ha salido.
Él se acercó a la puerta, cuando iba a abrir Janiel le puso una mano en el brazo reteniéndolo. Los vivos ojos del chico le miraron intensamente.
— ¿Qué sucede?- pregunto extrañado. El chico abrió la boca como si quisiera decir algo, pero luego negó y se retiró.
— Nada.- murmuro y se alejó.
Extrañado por el comportamiento, pero dejándolo de lado, entro en la bodega, cerrando rápidamente por si Shayr estaba ocupada.
Pillo a Lady Asha intentando girarla, al parecer se había desmayado.
Su señora se giró con una mueca molesta, al parecer no lo esperaba ya que sus facciones se aligeraron al momento. Se acercó rápidamente para ayudarle.
La giro con cuidado, estaba un poco pálida pero no parecía invadida por un ataque de fiebre. Le acomodo el cabello y vio como las pequeñas manos de su señora se movían rápidamente.
Cuando su ama soltó un jadeo, él se enderezo.
— Trae esa vela, Sandrua- le ordeno a lo que él se estiraba y la tomaba. Cuando la acerco, noto porque su señora parecía tan perturbada.
Sobre las decenas de cicatrices de colmillos sobre su estómago y cadera, Shayr tenía una herida de espada. La cual estaba cerrándose, pero horriblemente mal. Una herida así, aunque a simple vista simple podía ser tan molesta como un hueso roto.
— Iré por mis medicinas, Sandrua. Cuídala mientras tanto.
El asintió mientras la menuda mujer se alejaba rápidamente. Prendió algunas velas demás y extrajo un poco de agua del barril que había sustraído para que Shayr no tuviera problemas en asearse. Tomo una palangana de agua y se sentó a su lado.
Arrastro una capa y se la tendió encima.
— Sigues comportándote como un padre- susurro la voz cansada de Shayr, él la miro detenidamente. A pesar de que él solo era mayor por unos dos años, obviamente los licanos llevaban muy bien su edad, en esos momentos la mujer parecía a penas una chiquilla. Una chiquilla con demasiado peso encima.
— Sigues metiéndote en problemas- le respondió y soltó un largo suspiro.
Hubo un brevísimo silencio.
— Esta aquí- no fue una pregunta, solo una afirmación. Y toda serenidad se le escapó de las manos. Intento levantarse y él no le dejo.
— Si, él está aquí. Y él pregunto por ti…
La mujer se quedó quieta. Asustada. Cuando sus ojos azules medianoche le miraron, fue la misma mirada que años atrás le recibió por primera vez.
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Era incapaz de moverse. Un poco asustado y con la adrenalina a mil, observaba como allá, envuelto en llamas el castillo de Lord Vishous se quemaba hasta las cenizas. Todo había terminado… al fin.
Los vasallos que se habían rendido estaban siendo manejados poco más allá. Las tiendas de los Lord y comandantes se alzaban rápidamente. Se atendían a los heridos, se celebraba la victoria.
Amanecía, pero el humo negro y espeso no dejaba pasar muy bien los rayos del sol. Más allá, donde algunos de los guerreros de su lord estaban tensos, ocultaban el cuerpo calcinado de Lord Vishous… un monstruo. Un ser oscuro. Nadie hablaba de ello. Solo los mejores capitanes y comandante estaban al tanto del suceso; y nadie tenía intenciones de poner nerviosos a los soldados.
Él se tensó cuando escucho una trompeta de aviso. Desde el puente del castillo, varios metros allá en las colinas comenzaban a salir los últimos vestigios de la tropa de despojamiento, juntos a ellos su Lord y el capitán de la guardia. Del último él era su criado.
Llegaron rápidamente mientras los hombres se iban alejando. Él se acercó presuroso para tomar a los dos caballos. En aquel momento bajo los cascos pudo notar los rostros tensos de sus dos señores. Su capitán traía algo o alguien sujeto firmemente bajo una capa. Cuando desmontó lo tomo con mucho cuidado.
— Sandrua deja los caballos, ven- le ordeno su señor. Él le hizo un gesto rápido a un mozo cercano y se adelantó a sus dos señores para abrirles el paso a la tienda de su señor Sion.
El tímido sol alumbraba cálidamente la estancia que se había levantado con la precisión del momento. Él se mantuvo en la puerta esperando sus órdenes cuando ambos hombres se quitaron los cascos y él se apresuró a tomarlos.
En aquel momento la vio.
Su capitán dejo con cuidado lo que fuera que traía en la capa sobre el lecho de su Señor. Lo desenvolvieron con premura, y él se erizo cuando noto la piel tan pálida de una muchacha que podía parecer un muerto, si no fuera por la fuerza que hacía para respirar.
Tenía el cabello largo, negro y lacio sobre unas facciones pálidas. Los ojos ennegrecidos, los labios rojos estaban destrozados, la nariz y la mejilla amoratadas como si le hubiera dando un buen golpe antes de aparecer allí. Pero lo que más le llamo la atención fueron las runas. Un montón de runas en algún extraño idioma que se marcaban por sus sienes, mejillas hasta la barbilla. Eran runas delicadas y no eran grotescas en unas facciones como las de ella.
— Pobre criatura- susurró su señor mientras le tomaba la mejilla delicadamente.
— Bastardo- susurró su capitán mientras se levantaba con cuidado.
Él no podía comprender lo que pasaba hasta que ambos se giraron hacía él. Se congelo por lo poco caballero que estaba haciendo. Dio un paso hacia atrás y bajo la cabeza esperando sus órdenes.
— Sandrua- hablo su señor. El asintió y miró a su señor Feudal. Quien a su vez le asintió a su capitán mientras salía.
— ¿Qué ocurre, mi señor?- preguntó un poco nervioso.
— Quiero que la cuides.- la voz de su señor bajo varios tonos, se llevó una mano a su pelo y se lo medio tiró hacía atrás.- confió en ti. Límpiala un poco, cúrala y dale de comer cuando despierte. Intenta tranquilizarla, de seguro estará un poco nerviosa. Eres más o menos de su edad, no se sentirá tan invadida si no estamos alguno de nosotros.
Miró a su señor sorprendido y luego la pobre muchacha.
— ¿Señor… que…?- su pregunta se consumió mientras poco a poco notaba lo que parecía suceder. Bajo la capa vio las manos de la muchacha estaban en carne viva, algo así solo pasaba cuando se estaba demasiado tiempo amarrado.
—Cuídala, Sandrua- murmuro su señor apretando su hombro con delicadeza. Le sonrió cansado y se marchó.
Fue ese cuídala llena de sentimiento de parte de su señor lo que le quebró por completo. E hizo lo que pudo. La limpio con cuidado y delicadeza, intentando no demostrar el horror que sentía al ver las muñecas en carne viva, las cicatrices, sus huesos que podían apreciarse sobre la pálida piel como si no hubiera comido en semanas. Pero cuando le quito la capa para limpiarla y ver las cicatrices de mordidas, decenas de heridas pequeñas amoratadas en sus caderas, estómago y costados, no pudo controlarse por el horror de lo que veía.
Ese monstruo se había estado alimentando de la joven… ese monstruo.
Habían pasado horas de un dolor abrasivo mientras la vendaba, aplicándole las mejores hierbas que tenía. Le había limpiado cuanto podía. Cuando esta se movió un poco queriendo despertar, él se inclinó y la tapo un poco para que no se sintiera más agredida de lo que ya había sido.
Habían sido unos ojos negros los que había visto por primera vez… tan oscuros y apagados. Tan llenos de sufrimiento que él se paralizo, no quería asustarla. Cuando esta comenzó a mirar de un lado a otro y la compresión empezaba a afectarle. Él se acercó llamando la atención de esta
Sus ojos no eran negros, eran azules oscuros… llenos de un terror más lejano de lo que alguna vez él podría comprender.
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— ¿Qué él pregunto?- susurró con la voz conmocionada- ¿Cómo iba él a saber… como…?
No la dejo levantarse por temor de abrirle la herida.
— Dun enfermo y deliro un poco. Él le dijo que yo podía saber de su madre…
— ¿Te ha preguntado?
— Hace poco… - se asustó un poco cuando Shayr se puso más pálida de lo que podía ya estar- le he dicho que estabas muerta.
Lo habían practicado un montón de veces. Centenares de veces y ambos habían quedado conformes con esa decisión. Pero ahora, allí, en ese momento.
Todo pareció tan equivocado.
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— ¿Me estás hablando en serio?- pregunto Witkim completamente anonadado.
— El chiquillo es el hijo.
— ¿El hijo?- pregunto y se sentó desparramado sobre su silla frente a un montón de mapas.
— Sí- asintió y se sentó frente al humano.
— Eso quiere decir que el hecho de que encontráramos media docena de hombre de Shoys muertos… ¿Fue por dos licántropos?- el asintió una vez más.- ¿Qué hacen esos huérfanos en mis tierras?- pregunto ahora de mal humor.
— Buscaban a Sandrua, por lo visto. Al parecer no tienen idea que Shayr es de hecho, la madre de uno de ellos.
— ¿Qué harás con el chiquillo?
— Lo despachare a primera hora… no quiero más licanos cerca.- Witkim asintió y dejo caer la cabeza contra el tablero de la mesa en un movimiento nada elegante. El no pudo ocultar la sonrisa que se plasmó en su cara.
— Y es así, querido amigo… lo que sucede cuando te casas
Lo único que escucho del humano fue un gruñido lastimero.
Al salir de la habitación, observo los pocos humanos que aún quedaban en pie. Vio a la pequeña humana salir por la puerta principal con un canasto bien aferrado y se acercó para ver que hacía.
La bodega… seguramente para curar a la licana.
Su mirada recorrió el patio cuando noto movimiento en las caravanas de las mujeres.
¿No había dejado al humano cuidando a los chiquillos? Obviamente no le había hecho caso.
Estaban los cuatro mocosos alrededor de una fogata hecha por las mujeres. Los cuatro chicos casi haciendo una barrera mientras media docena de muchachas se movían cerca y por las caras de completo pasmo de esas pequeñas molestias estaban tan incomodos como él satisfecho de ello.
— ¡Jorking!- ladro de pronto mientras el hombre pegaba un saltó mientras bajaba las escaleras. Él bajo unos cuantos escalones.- manda algunos hombres a las granjas de la periferia, avisadles del peligro y que se acerquen a los pueblos por protección.
— ¿Por los lobos?- pregunto el humano.
— No. Lo del otro día fue una avanzada de humanos rastreadores, no serán los únicos y de que nos enteremos de granjas será demasiado tarde para ponerles sobre aviso.
El humano asintió.
— Jorking- le llamo de nuevo. El humano le miro serio.- los lobos no harán nada.
— ¿Cómo dice?- pregunto estupefacto.
— Vienen con los mocosos.- le informo pasando por un lado de este.
No se quedó a observar la cara de absoluta conmoción del humano… tenía que acechar a un joven licano.
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Apretó los dientes y miro hacia otro lado. Asha termino de vendarla y ella suspiro. Habían tenido que reabrirle un poco la herida, y darle algunos puntos. Pero ya estaba acostumbrada. Sandrua alejo la palangana con paños ensangrentados y Asha guardo sus cosas en el canasto.
— Es tarde- comentó mientras se inclinaba un poco para recoger una de sus camisas.
— ¿Qué haces?- pregunto la mujer alarmada.
— No puedo estar acostada, miladi- respondió sin entender porque su ama parecía tan alarmada.
— Pero… pero… - su voz se consumió. Como no dijo más, ella comenzó a arreglarse.
Sandrua le dejo a un lado unos pantalones y uno de sus armazones de respuesta mientras salía de la bodega. La mujer alego un poco pero no dijo nada más cuando ella termino de afirmarse la pechera.
Abrió su baúl sacando uno de sus máscaras. Una de madera oscura con pequeñas placas de hierro. Esta mascara le gustaba, en esta no había labios, y era la que había usado en grandes batallas por el reino. Esta mascara le daba una seguridad que en esos momento parecía querer escapársele.
Frunció los labios al notar el temblor en sus manos. Fue su ama quien le quito la máscara de las manos y sujeto sus manos.
— He visto a tu hijo- susurró…
Fue como si su ama le golpeara el pecho con un mazo. Dejo escapar el aire de golpe y miró a su señora con los ojos obnubilados.
El dolor lacerante le invadió con tanta fuerza que le temblaron las piernas y tuvo que sujetarse de la pared. Asha no le soltó las manos.
— Ama…
— ¿Por qué no hablas con él?
— Ama, por favor- suplico con la voz corrompida por el dolor.
Su hijo. Su hijo. Woulfbez. Wulfric… fue tanto el dolor que se llevó una mano al pecho para apretar su corazón que se estrujaba con tanta fuerza que no podía respirar bien.
— ¿Por qué no te das una oportunidad de ser feliz?- su ama le agarro la cara y la acerco hacía ella.- Dios, Shayr ha sufrido demasiado para seguir con esto.
Ella quiso negar mientras las lágrimas caían de sus ojos.
— Con qué cara puedo hablarle a mi hijo. Con que cara puedo decirle que lo he abandonado por tantos años. Con que cara puedo decirle que un vampiro….
Se cayó al recordar a Vishous. Las imágenes estaban demasiado nítidas.
— ¿Cómo se podría sentir orgulloso el de mí, si no fui más que la puta de un vampiro….?
Asha soltó un jadeo y le agarro la cara con tanta fuerza que ella no pudo retirarla mientras esta pasaba débilmente sus manos por sus runas.
— No fuiste nada de eso, Shayr.- le gruño con firmeza- tú no tuviste oportunidad de negarte. Ese… ese sujeto no tenía derecho. No fue tu culpa. Y tu hijo no tiene por qué saberlo, no tiene porque….
— ¿Y qué excusa podría darle para decirle porque lo abandone, ama?- pregunto en un susurro quebrado mientras separa sus manos de su rostro.- no tengo excusas, no quiero hacerle sufrir… no se lo merece.
Se retiró hacía atrás mientras se ponía la máscara. Una fachada, eso es lo único en que podía aferrarse. Una fachada.
— Tienes derecho a ser feliz, Shayr- susurro su ama mientras abría la puerta- tienes derecho a tener tu propia familia.
Salió de la bodega tan mareada y abrumada por las palabras de su ama que fue incapaz de reaccionar hasta que choco contra alguien, se le aclararon los ojos y todo dejo de moverse para ver al salvaje que tenía los enormes ojos sorprendidos sobre ella. Este se medió inclino hacía atrás, una inclinación más parecida a la que se hace un perro cuando sabe que lo van a apalear.
Ella cerro los ojos e intento serenarse. Necesitaba todo su control. Necesitaba volver a ser quien era.
— ¿Dónde está Sandrua?- le pregunto al salvaje que levantó las manos y luego a punto hacía los carromatos de Maerys.
Ella asintió y se alejó, no había dado ni tres pasos cuando el chico le agarro la mano. Ella le miro sorprendida detrás de la máscara, el Salvaje jamás había comenzado ningún tipo de contacto físico, de hecho, por las golpizas frecuentes que se llevaba por una u otra cosa era bastante reacio a acercarse a quien sea.
— ¿Qué?...
Pero el salvaje pego un respingo, le soltó y agacho la cabeza ruborizado. No sabía que había significado eso, y no tenía ganas de ponerse a pensar en ello ahora tampoco. Dejando al muchacho allí se puso en busca de su amigo.
Tenía que hablar con Sandrua para saber qué hacer. Lo necesitaba, ahora, porque no tenía idea que hacer si tenía que ver a su hijo de nuevo.
Debía hacer desaparecer al chico de este lugar antes de que la guerra estallara por completo. Antes de que se viera obligada a verlo demasiado y comenzara a flaquear.
Ante la mirada de algunos sorprendidos hombres se acercó más reacia que nunca a los coloridos carromatos. El corazón en la garganta, al imaginarse tan cerca de su hijo. Solo cuando dio un paso hacía la fogata se percató de lo que ocurría allí, y no se esperaba ver a Taillo frente al fuego, agarrando a Woulfbez de un brazo e inclinándolo hacía adelante mientras le decía algo.
Algo en ella exploto en aquel momento. Simplemente vio todo rojo.
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El mocoso no era ni la sombra de su madre. Una presa tan insignificante.
No tenía intenciones de hacerle mayor daño que el de asustarle un poco, y lo había hecho. El chiquillo obviamente sabía que no estaba a la altura de una lucha ni siquiera de una refriega, pero los licanos en especial este, que era un joven alfa tenía lo de ignorante lo que tenía de insensato.
Cuando lo había presionado suficientemente para hacerlo caer en los nervios le había saltado encima. Casi como un perro el cual se defiende pobremente.
Solo tuvo que agarrarle las manos, presionar y golpearle una pierna para dejarlo tan indefenso como aturdido.
Se le erizo la nuca y supo porque, aunque la licana se hubiera impregnado esas hierbas que opacaban su olor, esa misma hierba le llamo la atención.
Se inclinó hacía el medio ahogado chiquillo que resoplaba incomodo por el calor de la fogata y su manos atrapadas ahogándole en el pecho.
— Eres un chiquillo muy suertudo, pequeño cachorro- le siseo en el momento en una mano cual lanza agarro el cuello de la ropa del licano y con una fuerza digna de una licana enojada le quito el chiquillo de las manos mientras lo lanzaba hacía atrás.
Logro como este caía en los brazos de un muy tensó Sandrua. Él sonrió hacía un lado mientras veía a través de la máscara los ojos nublados de la licana, tan fieramente azules. Estaba tensa, tensa como un arco y su pequeño teatro había llamado la atención de algunos soldados.
Le sonrió a la licana quien le gruño un poco. No se movía, como él. No era tonto, habían cosas con las que había que tener cuidado, una madre licana era uno de ellos.
Observo al chiquillo que estaba tan sorprendido como un poco asustado. Y eso le agrado.
— Sandrua- hablo suavemente y miro fijamente a la licana que parecía cada vez más tensa, como si estuviera siendo cada vez más consiente que quien tenía a sus espaldas era su hijo, y lo había defendido de la nada- mañana te llevaras a estos mocosos a las fronteras del reino con dos hombre míos. Los quiero lejos de aquí, allá ellos harán lo que se les dé la gana. Y tú, mocoso –observó al chico que se tensó y le miro con odio- quiero que te lleves los lobos si no quieres que los mate uno a uno.
Le dio una última mirada a licana que miraba hacia otro lado y sonrió al alejarse.
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Adolorido en sus muñecas y orgullo observaba de reojo como el vampiro se marchaba. La mano de Sandrua sujetándole el pecho por su hombro era estaba seguro lo único que le mantenía en pie.
Estaba acelerado y aun un poco asustado. El vampiro le había presionado hasta que su lobo demasiado sensible había saltado en un impulso de protección. Pero el vampiro ni siquiera se había esforzado para neutralizarlo.
Observo la figura parada unos pocos metros más allá. En contraste con el fuego de la hoguera.
Alto, delgado pero eclético. El cabello negro liso y corto medio desordenado al estar en contacto con las cintas de cuero que sujetaban sus famosas mascaras. Una deformación, una cicatriz, nadie sabía que ocultaba tan enigmáticas mascaras.
Se le acelero el pulso y se colocó nervioso más que nunca. Sandrua lo apretó un poco más contra él. Protegiéndolo o sujetándolo, no tenía idea pero lo agradecía.
El licano, porque lo sabía, tenía oculto su olor por alguna extraña hierba, y eso le confundía. Había logrado apreciar sus ojos hacía muy poco. Azules casi negros. Pero tan brillantes como cansados.
Llevaba un peto de cuero con hebillas, una media túnica que se abría a los dos lados de sus piernas, unos pantalones sueltos y botas altas sin suela. Ninguna arma a la vista.
Se giró muy tenso, y aunque quiso verle los ojos al estar contra luz solo vio los pozos negros en las cuencas de la máscara.
— ¿Te hizo daño?
Se le erizo el cabello de la nuca y sintió un peso pesado en el estómago. Quería verlo, quería ver su cara. Se movió nerviosamente pero Sandrua no le soltó. Algo dentro de él bullía nerviosamente. Quería acercarse, quería tocarlo, quería ver quien era. Su voz se amortiguaba por la máscara, no había un tono suficientemente alto o bajo para saber si era mujer u hombre. Algo le decía que era mujer, pero nunca había olido una mujer licana, no sabía cómo identificarles. Los olores humanos ya de por si muchas veces se confundían. ¿Cómo saberlo a ciencia cierta?
— ¡¿Te ha hecho daño?!- le pregunto en un tono más elevado. Él salió de su estupefacción. Más cuando se enderezo, Sandrua no le soltó y eso le puso un poco nervioso.
— No, no señor.
El licano se giró rápidamente como si quisiera escapar de allí. Él dio un paso, pero Sandrua le aferro de la ropa y lo jaló hacía su cuerpo.
— ¡Sandrua, estoy bien!- se quejó intentando escapar de las manos de este. Pero este le aferro el brazo con fuerza y en media volada lo obligo a sentarse donde había estado sentado momentos antes.
— Siéntate, y quédate quieto- le ladró. Él se erizo mientras lo miraba.
Nunca había visto al hombre tan asustado. Y como relámpago la verdad llegó a él.
— Tú sabes que es.
— Claro que lo sé.- le gruño alterado. Él no sabía cómo reaccionar cuando Sandrua le agarro de la mejilla y el oído obligándole a mirarle. Estaba aterrado.
— Sandrua…
— ¿Quieres saber lo que le paso a tú madre?
Aquello le tomo desprevenido y sintió que le flaqueaban las piernas al ver los ojos llenos de dolor del hombre.
— La mato un vampiro.
Fue como un golpe en el estómago, se le contrajeron los músculos y no pudo respirar. El hombre le acerco la cara un poco más. Demasiado aturdido los ojos se le empañaron en lágrimas. Ya se lo había dicho pero no había querido creer, ya se lo había informado y no quería dejar de ilusionarse.
— No te acerques nunca más a Taillo, controla a tú lobo, no dejes que las cosas terminen así. No dejes que el sacrificio de tu madre sea en vano, no dejes que el sacrificio de tu padre tampoco lo sea. El vampiro que les hizo daño está muerto. No hay nada para ti aquí, ni venganza ni justicia. Solo una vida lejos de todo esto.
Las palabras le chocaron como un golpe dejándolo frío y aturdido. No supo cuando Sandrua le soltó, solo cuando Jak lo agarro y lo sentó en un ahogado silencio.
No sintió vergüenza ni bochorno cuando lloro. No sentía nada más que un vacío frio en su pecho y dolor lacerante en su corazón. El dolor de una esperanza siempre viva derrumbarse ante unas simples palabras.
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Entro en la bodega tan ahogada que se quitó la máscara y se abrió el peto rompiendo las amarras.
Cayó de rodillas, aferrándose al pecho y simplemente lloro.
:D ¿Comentarios?.. La ventanita de abajo esta completamente domada, no se preocupen, no muerde...
Hay algunas veces que me confuno de nombre... o los escribo mal, espero que me comprendan.. se me olvidan muchas veces XDD Pero bueno, eso pasa cuando no me gustan los nombres normales -.- XD
Yueprince: XDD Sandrua es un poco bruto, pero bueno, a él tambien le duele mentir por su amiga y por el chiquillo. En fin, de una u otra manera las cosas se van a empezar a calentar y va a quedar la escoba, lamentablemente me gusta el drama así que hay para rato según yo XD. Saludos y gracias por comentar :D
