Epílogo :3

Se vino el ApoloxMu :v

Cuidado se queman, creo que esta madre me quedó el doble de sensual que el pasado._.

Επιλόγος

Cuando Afrodita llegó abajo, sus compañeros estaban sirviendo las frutas sentados sobre una manta en el jardín.

-Hola, Afro, ¿cómo estás?, lo saludó el santo de Cáncer con retintín, examinándole el rostro.

-Estoy bien. ¿Qué miras, tengo monos en la cara?, dijo de manera inexpresiva.

-No, es que creí que te darían una buena revolcada, pero no parece, se ofuscó el canceriano.

El pisciano puso los ojos en blanco.

-Pues no, se portó como toda una dama. Y aunque me hubiera escogido como su amante no me hubiera molestado.

-Eso ni tú te lo crees, repuso el italiano, poco convencido.

-Death..., murmuró con voz peligrosamente grave.

El italiano, que sabía cómo e las gastaba su compañero cuando se enojaba, mejor se calló.

El santo de Piscis se acomodó entre Aiolos y Aiolia.

-¡Afrodita!, comentó el primero.- ¿Qué tal te fue?

-Muy bien, gracias, expresó, secamente.

-¿Qué te pasa, Afro? ¿Por qué estás molesto?, preguntó el de Leo.

El de Piscis suspiró, mientras se pasaba una mano por la cabeza.

-Perdona, chico. Quizás solo estoy un poco cansado.

-Descuida, no pasa nada, aseguró el leonino.-Pero qué bueno que mañana regresaremos a casa, ¿ver...?, su hermano le puso una mano sobre los labios callándolo.

-¿Qué?, se extrañó. Aiolos señaló con la cabeza, señalándole al duodécimo guardián, que se había dormido sobre la hierba.

-Déjalo descansar, repuso.-A lo mejor no durmió nada anoche o tuvo una mañana cansada.

El de Leo se encogió de hombros.

-Lo que digas.

-¿Alguien quiere ir al prado de arriba?, propuso Aldebarán.-Podríamos no pasar el día encerrados, para variar.

-No creo que sea buena idea, Alde, intervino Mu.

-¿Por qué?, cuestionó el santo de Capricornio,-tu novio no está arriba, ¿o sí?

-No, Apolo no está. Pero Hermes es el que debe estar pastoreando ovejas en vez de... ¿seguro que estaría bien ir a alborotar?

-No lo sabremos si no lo vamos a checar, ¿o no?

-¡No, muchachos, vuelvan!, se quejó el santo de Aries.-Qué remedio, suspiró, incorporándose y despertando a Afrodita.

Arriba en el prado, el mensajero divino tocaba tranquilamente la flauta mientras vigilaba las ovejas. Frunció el ceño al oír el alboroto producido por los santos de oro. La arruga sobre su frente se acentuó cuando vio que las ovejas se intranquilizaban.

-Pero qué...se quejó, mientras se incorporaba.- ¡Qué demonios se creen que hacen!, exclamó, con molestia.- ¡Largo de aquí!

-Se los dije, muchachos, comentó el tibetano.-Mejor bajemos.

-Por favor, señor, intercedió Dohko,-prometemos no molestar.

-¡Bajen, he dicho!, se plantó,-¡Suficiente alboroto hubo cuando el santo de Géminis estuvo aquí arriba! No es un lugar en el que deban estar los mortales.

-Pero...

-¡No se atrevan a desautorizarme! ¡Bajen! ¡Ahora!, insistió el Argifontes con voz firme.-O les pesará.

Tras un suspiro colectivo, los dorados fueron bajando.

-Lo siento, se disculpó Aldebarán,-no tenía ni idea...

-Ya pasó.

Cuando entraron en el palacete, se encontraron con Athena esperándolos. La diosa sonrió al verlos llegar.

-Aquí estaban, los saludó.-Temí que se hubieran metido en otro lío más.

-¿Sucede algo, señorita?, interrogó Camus.

-Nos vamos a casa, contestó ella.

Los rostros de los dorados pasaron por el alivio y la alegría paulatinamente.

-¿A casa? ¿Ahora?, preguntó Aiolia.

-Debía haber sido hasta mañana, pero mi madrastra se ha puesto pesada y ha dicho que no quiere verlos aquí un minuto más de lo necesario. Así que mejor es evitar más conflictos e irnos ya. Vengan, agrúpense a mi lado.- ¿No olvidan nada?

Subieron ruidosamente a buscar las cajas de Pandora y a revisar no haber dejado nada olvidado. Mu cogió las plumas de cisne que tenía bajo la almohada y las metió en la suya.

Bajaron y se agruparon en torno a la diosa sin esperar más razones. Ésta encendió su cosmos y los trasladó hasta las afueras de Rodorio.

-Antes de regresar, quiero que les quede claro que espero que esto les haya servido de lección. Si vuelvo a oír de vuestros labios algo que no debe ser dicho, yo misma los enviaré al Tártaro, ¿queda claro?, expresó la de los brillantes ojos a sus soldados.

Ellos asintieron.

-No se preocupe, señorita, expresó Camus.-No volverá a suceder. Es más, colaboraremos para que esto deje de pasar con los demás.

-Sí, nos pondremos aplicados. Eso ni se discute, aseguró con vehemencia el santo de Leo.

-Bien. Espero que así sea, se tranquilizó la diosa.-Vamos, regresemos al Santuario.

El espectáculo de los doce dorados juntos no era común, y pronto el pueblo empezó a murmurar.

Saga rodó los ojos con impaciencia.

-Ojalá les dieran a tomar por culo, se quejó.

-Tranquilízate, Saga. Ya sabes cómo son.

-Sí, como de tí no dicen nada. Es fácil para tí decirlo, Aiolos.

Cuando vieron la entrada del Santuario, muchos perdieron la compostura y echaron a correr como chiquillos, dando gritos y empujándose los unos a los otros.

El santo de Aries se quedó atrás con la diosa.

-¿Y vas a contarme cómo estuvieron las cosas en Delfos, Mu?

-Oh... ¿lo normal, supongo? Un rato entre enamorados. Pero sí me sorprendió mucho, es un lugar muy hermoso. No hemos dado el gran paso aún, si es lo que quiere saber.

-¿Entonces van a continuar con esto?

-Dijo que no tenía reparos en venir aquí de vez en cuando. Al parecer no le molesta dejar Delfos, aunque no debería.

-Mi hermano siempre ha preferido los espacios abiertos, por eso pasa el tiempo en los prados del Olimpo o en el monte Helicón con las musas. Y ahora que ya nadie nos rinde culto no le es forzoso estar cerca de Delfos, así que la deja a menudo. Lo entristece contemplar las ruinas del oráculo.

Mu se sintió mal.

-Ahora es que tuvo que hacerlo solo por mí, dijo, con culpabilidad.

-No te preocupes, de seguro que ni siquiera pensó en eso estando tú con él, dijo, mientras subían las escaleras hacia Aries.

-¡Maestro Mu!, se oyó un chillido, y el aprendiz del ariano bajó corriendo las escaleras y abrazó a su maestro por la cintura con tanta fuerza que casi perdió el equilibrio.

-¡AY! ¡Kiki! ¡Con cuidado, enano!

-Lo extrañé mucho, maestro, se justificó el niño, levantando la cabeza para mirar al santo dorado.

Éste le acarició la cabeza.

-Yo también te extrañé, tapón de alberca, dijo con tono paternal.-Me aburrí mucho sin tí allá arriba, mintió. La diosa soltó una carcajada.

-Hola, señorita Athena, la saludó el niño, sin reparar en la mentira.

-¿Cómo estás, Kiki?, se volvió hacia Mu,-debo de ir arriba. ¿Quieres que le cuente a Shion lo que pasó con Apolo? ¿O prefieres hacerlo tú?

-Por favor, hágalo. Yo hablaré con él más tarde, repuso él.

La diosa asintió levemente y siguió subiendo. En Tauro escuchó a Aldebarán cantando en portugués casi a los gritos, desde el interior del templo. En Géminis se encontró con Kanon afuera del templo, como era costumbre. El gemelo volvió la cabeza y se inclinó ante su diosa con respeto.

-¿Cómo estás, Kanon?

-Señorita, ¿seguro que no hubo manera de que Ares hiciera trizas a mi hermano?

Palas abrió los ojos, con sorpresa.

-¿Cómo? ¿Ya lo sabías?

El gemelo asintió.

-Me di cuenta de su maldad latente, ¿no me iba a dar cuenta de esto? Además, Saga habla dormido. Fue cuestión de pararse a escuchar. Y ya en último lugar, que el mismísimo dios se tome la molestia de venir a explicarte lo que hizo con tu hermano...no es nada halagador, precisamente.

-¿Cómo? ¡¿Ares estuvo aquí?! ¿Y no pasó nada malo?, se escandalizó la diosa.

-No, porque para empezar, la que se dio cuenta fue Melissia y ella no es tan tonta como para hacer algo estúpido contra un dios. Y porque yo tampoco soy estúpido. Simplemente lo dejé hablar.

La hija de Zeus suspiró.

-Bueno, gracias a Zeus que no pasó nada malo.

- A mi hermano bien le valdría irse curando de esa conducta. Una lástima que no lo desollara, ironizó.

-No seas así, Kanon. Saga sufrió lo suyo con Ares.

-Me alegro, cortó secamente.

La diosa le puso una mano en el hombro al gemelo y atravesó el templo. Pasó por Cáncer y en Leo presenció el reencuentro de Aiolia con su novia. La cara de Marin presentaba un tierno rubor y había lágrimas pendiendo de sus pestañas, sin duda producto de la alegría. Aiolia levantó la vista y le guiñó un ojo a la diosa.

-Es agradable estar en casa de nuevo, ¿verdad, señorita?

-Sin duda, Aiolia, repuso con una sonrisa mientras continuaba subiendo.

En Virgo, encontró a Shaka de pie en frente de la flor de loto en la que meditaba. La discípula de éste se hallaba meditando encima de ella.

-¿No se ha dado cuenta de que volviste?

-Oh, sí, ya se dio cuenta. Simplemente no va a dejar de meditar por eso. Aprende rápido, comentó, con orgullo latente.

-¿Por fin vas a hacerte cargo de entrenar a Shun?

-No hay mucho que pueda enseñarle, repuso tranquilamente,-ya sabe cómo despertar el Séptimo Sentido. Incluso sabe cómo despertar la God Cloth. No, a Shun ya no es necesario entrenarlo. Ya él sabe lo que debe hacer. Solo quedará cederle el cloth cuando llegue el momento.

-Entiendo. Me alegra escucharlo, repuso ella, mientras seguía caminando. Subió hasta Libra y pasó por Escorpio, donde Camus y Milo estaban hablando en voz baja. Encontró a los discípulos de ambos santos hablando animadamente.

-Melissia, llamó al santo femenino de Serpens. Ella dejó de hablar con Hyoga y se acercó, mientras hacía una reverencia.

-Bienvenida de vuelta, señorita. ¿En qué puedo servirle?

-Dice Kanon que te diste cuenta de que Ares estuvo aquí, en el Santuario.

-Sí, señorita. Estaba de guardia.

-¿Qué quería?

-Que lo llevara hasta Géminis. ¿Saga está bien?

-Ahora lo está, repuso, endureciendo el tono.-Y con suerte aprendió su lección.

-Entiendo, expresó la joven guerrera.

La diosa subió los templos que faltaban con premura, mientras veía al sol bajar poco a poco de lo alto del cielo.

Entró en el Templo Mayor con paso firme y se topó con Dohko

-¿Le has dicho algo de Mu?, preguntó.

El chino negó con la cabeza.

-No, no le dije, pero creo que se dio cuenta que no le estaba contando todo.

-De acuerdo. Ve a descansar, te lo mereces, Dohko.

Éste se inclinó respetuosamente y se marchó.

Cuando la virgen Tritogenia traspasó el umbral se encontró con el Sumo Sacerdote tomando vino con la expresión meditabunda que lo caracterizaba cuando estaba preocupado. Shion levantó la cabeza al oírla entrar.

-Buenas tardes, Shion.

-¿Cómo se encuentra, señorita?

-Bien. Te habrá dicho Dohko que el plan funcionó.

-Pues espero que sea a largo plazo, repuso.- ¿En qué lío se metió mi discípulo que Dohko no quiso decírmelo?

Ella sonrió con dulzura.

-No sé si calificarlo de lío, pero parece que mi hermano se enamoró de Mu por una jugarreta del niño Eros.

Shion escupió el vino, y se atragantó.

-¿QUÉ?, exclamó, entre toses

-Comprendo que Dohko no quisiera decírtelo, pero todo parece ir viento en popa. Mu parece contento con las atenciones de Apolo. Me pidió que te lo dijera, que él hablará contigo más tarde.

-Bueno, al menos no piensa ocultármelo. ¿Conque Apolo, eh?

-Sí, así es. No te preocupes tanto por Mu, Shion. Lo pensó todo bien antes de darle el sí a Febo.

El ex santo de Aries sacudió la cabeza, con molestia.

-Ya sé que Apolo no representa un gran riesgo, pero me preocupa de todas formas. Qué muchacho éste...

-Si te tranquiliza saberlo, al principio lo rechazó. Pero Loxias es terco.

-Lo sé, lo sé. Bueno, supongo que será un visitante asiduo del Santuario, ¿no?

-Es probable. Le he prohibido a Ártemis que venga a molestarlos, (o más bien la he hecho jurarlo) así que no tendrá que preocuparse por ella. Además, el propio Apolo se enojó con ella y creo que la amenazó. Hace mucho que no veía a mi hermano tan contento, Shion. Espero de corazón que esto funcione, por el bien de ambos.

Él mantuvo una expresión circunspecta.

-Me alegra que así sea. De todas formas, hablaré con Mu. Esto no me gusta.

-Relájate, o serás tú el que salga perjudicado. Habla con Mu.

-¿Qué es lo que dijeron sobre Delfos?, siguió recelando.

Ella se río.

-Apolo se lo llevó a Delfos por unos días para alejarse de Ártemis.-Pero no temas, se apresuró a añadir, viendo la palidez de Shion,-Mu asegura que no pasó nada. Y no miente.

El Sumo Sacerdote apretó los labios y decidió rendirse por el momento

La noche cayó sobre el Santuario con tranquilidad, cubriéndolo todo con su oscuro manto.

El santo de Aries se quedó un rato en la salida del primer templo. De repente, vio venir hacia él a su maestro.

-Mu, ¿puedo hablar contigo un momento?

-¿Qué desea de mí, maestro?, preguntó con cierta curiosidad

-¿Es cierto lo que me dijo la señorita Athena?

-¿Qué fue lo que le dijo?, preguntó con recelo

-Que mi pequeño se enredó con el dios Apolo. ¿Es cierto eso? ¿Te estás enredando con un dios?

Mu se sonrojó.

se enoje, maestro. Solo pasó. Yo no quería al principio, pero…

-No estoy enojado, Mu. Solo quiero saber cómo pasó

-¿Quiere que le diga la verdad, maestro? No sé cómo pasó. Y creo que él tampoco.

-¿Y cómo van a manejar esto?

-No lo sé, todavía. Pero seguro que esto será algo a distancia.

-¿Qué vas a hacer con Kiki?, repuso Shion, arqueando la ceja.

-¿Lo mando donde Alde? O lo duermo, no sé. Ya está grandecito como para entender. No creo que suponga un problema grave.

Shion arqueó las cejas.

-¿O sea…? Y Mu… ¿Estás consciente del peligro que reviste ser amado por un dios? Si das un mal paso puede costarte muy caro.

-Lo sé. Pero resultó que él está enamorado de mí. Ya lo hablamos. Por ahora todo está bien. Solo hay que dejar que las cosas fluyan. Espero no meter la pata, pero mientras tanto lo disfruto.

-Está bien, Mu. Solo te lo repito: ten cuidado

-Sí, maestro, no se preocupe.

-¡Maestro Mu, mire! ¿Me compró una mascota?

-¿De qué hablas, enano?, comentó, mientras caminaba hacia la entrada del templo seguido de Shion.

-Supongo, hay un carnero grande ahí adelante

-¿Un…? el rostro del santo de Aries sufrió un baño de sangre.-No Kiki, no es tu mascota. Maestro, lléveselo, por favor. Por esta noche, ¿quiere?

-¿Por qué me tengo que ir? ¿Acaso hice algo malo?

-No, claro que no. Solo vete con el maestro por esta noche

-¡Pero…!

-Obedece.

-Está bien, se resignó.

-Ten cuidado, Mu, le reconvino Shion.

-No se preocupe, maestro, no va a pasar nada malo, dijo, mientras se iba a ver qué pasaba allá afuera.

Efectivamente, al pie de las escaleras se encontraba un carnero bastante grande.

El santo dorado sonrió.

-Hola, extraño, saludó.

De lo siguiente que se dio cuenta era que había sido estampado contra una de las columnas del templo mientras el dios lo sujetaba por las muñecas.

-Volviste antes, protestó con un tinte juguetón en la voz.

-Sí...parece que Hera se puso pesada y entonces la señorita consideró que era mejor que regresáramos antes. Solo por si acaso. ¿No estás enojado por eso o si?

-No, ronroneó,-no estoy enojado.

-Me alegro, repuso con una gran sonrisa.- ¿Qué te parece si pasamos? El templo está vacío esta noche.

[CENSURADO]

Mu se quedó mirando el cielo raso durante un tiempo, sin poder asimilar del todo lo que había pasado. Todavía pensativo, apoyó la cabeza en el pecho del dios dormido y cerró los ojos dejándose llevar por el sueño.

¿Vieron que Shion sí sabía? Ah, carnero astuto, hahahaha

Fuego, fuego, fuego :3 Ah, caray. Estúpido Apolo, me mandó a Erato. Y yo de goma, me dejé influenciar c: Parafraseando el título del capítulo de un fic que leí por ahí, literalmente "Carnero a las brasas"

IMPORTANTE: Debido a que ya no se permite aquí contenido explícito, he censurado las escenas sexuales o de gore y por el estilo. Si quereís leer el capítulo íntegro, podeis ir a Archive of Your Own, donde los podeís leer tranquilos. Me encuentran como "AriesnoShaina"

Bueno, con esto le doy un final algo…candente al fic. Agradecimientos especiales a los que a lo largo de catorce semanas han seguido las penas de los goldies XDDD

Yo voy para sabático como de costumbre :3

Hasta la próxima ;)

¡Gracias por los comentarios!

¡Un beso archi súper ultra grande!

Shaina de Aries