45

El viaje que sería hacia el castillo de Hogwarts se vio desviado hasta muy lejos en una ciudad en la frontera de Gryffindor con Slytherin. El viaje no sería por medio de caballo como imagino el pelinegro, por lo menos no del todo. Lamark le explico que viajarían a una ciudad cercana, dos días como máximo a caballo, donde se encontrarían con un edificio de seguridad de aurores. En ese lugar utilizarían la red flu, aquella eficaz, pero poco usada vía de transporte que no estaba instalada en la mayoría de las ciudades en las regiones.

La emoción por utilizar aquel sistema no lo pudo ocultar, una sonrisa se dibujó al momento que le notificaron que viajarían por ese medio. Conocía la existían de trasladores y la aparición, pero el primero tenía sus limitaciones aunque era el más común en usar; el segundo solo pocos hechiceros tiene la habilidad y el permiso para usarlo. Eso dejaba como transporte usual el que dominaba el mundo, el caballo u otro animal con capacidad de carga y resistencia.

En el transcurso del viaje hasta la ciudad de Getway Harry fue platicando con Hagrid quien resultó ser un amante de las criaturas mágicas. Le conto que él tuvo bajo su cuidado un dragón — un colacuerno húngaro — según el semi-gigante es el más peligroso de las cuatro regiones. Luego le revelo que en ese momento tenía bajo su cuidado un perro gigante tricéfalo al que llamaba Fluffy. El pelinegro no sabía si ese grande estaba loco o en verdad era alguien que le gustaba tanto ese tipo de animales como para poner su vida en juego.

— Son criaturas incomprendidas, Harry — el gigante saco una naranja de su bolsa de pantalón —. No hay que temerles.

— ¿Tú crees?

— Por supuesto — termino de pelar la naranja y le paso la mitad al hechicero —. Criaturas como Fluffy no atacan por lastimar, ellos perciben tu miedo y eso los pone nerviosos.

Esa forma de pensar le parecía curiosa a Harry, quiso preguntar que pensaba sobre los hombres lobos, vampiros o los mencionados dementores, pero no tuvo tiempo. Lamark anuncio que estaban llegando a la ciudad, a lo que apretaron el paso de sus caballos.

Al adentrarse en la ciudad pudo notar como la gente mostraba una actitud totalmente diferente a la de Dufftown. La gente se veía más alegre, charlaba uno con otros y en un cruce pudo presenciar como un señor ayudaba a una anciana con su canasta donde transportaba su despensa. Sabía que solo era su imaginación, pero por ver esos actos sentía que la ciudad era más luminosa de la que provenían.

— Vamos por este camino, acortaremos.

Siguieron a Lamark por donde les indico. Pronto llegaron a una edificación poco llamativa, podría pasar por una simple casa de tres pisos si no fuese por un letrero que indicaba en grandes y movibles letras que era el edificio de seguridad. Harry espero encontrarse con un cuartel como en Hill, por lo que ver ese edificio le pareció extraño. Dejaron los caballos encargados con dos novatos, como les llamo Lamark, y entraron al edificio donde les recibió el jefe de los aurores en la ciudad; un tal Thomas.

— Los esperaba más tarde, Lamark.

— Cuando el gran Maestre te manda llamar es mejor ser rápidos.

Ambos aurores rieron ante el comentario, pero el alquimista pudo notar que era verdad aquellas palabras.

— Las chimeneas están listas.

— Excelente.

Guiados por Thomas se fueron a una amplia cámara rectangular donde en todo su largo se postraban chimeneas negras con detalles en blanco. Les indico a cual entrar a cada uno, por fortuna uno era del tamaño suficiente para Hagrid. Harry recibió unos polvos verdes, siendo inexperto pregunto cómo usarlos. Thomas asintió, era de esperar que la mayoría de la población que no fuera de los aurores supiera usar aquel sistema.

— Cuando te diga pronunciaras, Seguridad Blue Ville — hizo un gesto con sus manos como si lanzara algo al suelo y explico —, y lanzas los polvos y dejas que unas flamas verdes te consuman.

Eso último no le agrado del todo, pero sabía que si sus compañeros estaban tranquilos era porque no pasaría nada grave.

— ¿Es todo?

— Sí.

— ¿Y mi ave?

Thomas vio a la lechuza parada en su hombro y parte de su brazo levantado. Sacudió la cabeza y negó que pudieran viajar juntos.

— No te preocupes, te la mandaremos tan pronto te vayas.

Eso no le dio mucha confianza a Harry, pero al ver como Lamark le movía su cabeza en forma de aprobación no le quedó más que confiar. Le ordeno a Hedwig que se quedara, el ave protesto un poco pero obedeció y se fue a parar en lo alto de un librero.

— Nos vemos pronto, amiga.

— Venga, es tiempo de partir.

Thomas no parecía ser un sujeto que se llevara bien con las personas civiles. Pregunto si estaban listos a lo que contestaron que sí, con excepción de Harry quien observaba los polvos en su mano. Por un motivo de curiosidad y la textura de los polvos se preguntaba a qué sabrían, a lo que no tuvo tiempo de darle una respuesta pues escucho que daban la orden de partir.

Siguiendo las instrucciones del auror pronuncio la locación a donde se dirigía y lanzo los polvos al suelo. Apenas los lanzo una flama verde broto del suelo y lo envolvió sin darle tiempo para reaccionar, en pocos segundos lo consumió por completo. Todo se volvió verde y negro, un frío recorrió su cuerpo mientras sentía que viajaba por un espacio vacío. La sensación de ansiedad al extraño movimiento de su cuerpo le provoco que los vellos de su piel se erizaran. En pocos minutos todo se aclaró y cayó de pie en una chimenea un tanto diferente de la que partió. Una figura se postraba delante suya, no la lograba distinguir pues sus ojos no se acostumbraban a un a la luz de aquella habitación. Se preguntó si eso le sucedería a todos los que usaran la red flu.

Entorno los ojos al momento que la figura soltaba una risa; pronto se hicieron dos. En un par de minutos pudo enfocar su vista y distinguir dos cabelleras pelirrojas. Sus rostros mostraban unas sonrisas amplias, uno con facciones duras y masculinas la otra con facciones delicadas y muy femeninas. Sonrió al reconocerlos.

— Bienvenido, Harry.

Ronald le saludo al momento que le daba una fuerte abrazo que acepto. No podía creer que después de ese tiempo volviera encontrarse con su amigo auror.

— Ron, nunca imagine que me pudieras recibir en este lugar.

— El mismo Dumbledore me informo sobre tu venida hacia acá y me permitió venir a recibirte.

— ¿Para mí no hay abrazo?

La voz de la hermana de Ron hizo que se ganara una mirada de desconcierto por parte de Harry y otra de molestia por su hermano.

— Ginny no seas tan atrevida.

— Yo también soy amiga de Harry, ¿cierto?

La pregunta de la pelirroja lo tomo en curva, sin saber cómo reaccionar solo asintió provocando que la pelirroja se le lanzara en un fuerte abrazo que rompieron enseguida. Estaba seguro que solo porque estaba su hermano, aun no olvidaba aquella visita en la habitación de la enfermería del cuartel en Hill.

— ¿Qué tal tu primer viaje en la red flu, Harry?

Lamark y Hagrid se acercaron al grupo.

— Excelente.

— Eso es bueno — la mirada de Lamark tenía cierta picardía —. Quizás la uses más seguido — Harry levanto una ceja y antes de poder preguntar volvió hablar el auror —. Es un gusto volver a verlos, Ron, Ginny.

Los hermanos saludaron muy amigables al auror y aún más al semi-gigante con el que intercambiaron varias preguntas sobre sus vidas. Harry se sentía bien estando en un ambiente como aquel. Tal vez ser auror era más grato de lo que pudiera pensar antes, aunque debía admitir que tenía mucho que ver aquellas personas.

Al poco tiempo de la misma chimenea por donde apareció Harry, una flama verde emergió y de esta salió volando Hedwig. Ron la saludo y esta alzo las alas en una forma de mostrar su felicidad por ver al pelirrojo.

— Bueno, descansen que partimos mañana al campamento — Lamark interrumpió el ambiente grato que se formó entre ellos.

— ¿Campamento? — pregunto Harry.

— Si, está a medio día de Blue Ville.

— Creí que estaría en esta ciudad.

— No, el objetivo está más lejos aún, por lo que nos posicionamos en un punto que nos favoreciera — Ron le tomo del hombro y lo invito a caminar — te explico en la comida, amigo. Vamos.

46

La comida paso de los más grato, entre una buena platica con su amigo y chistes con Lamark, Hagrid y Ginny. Su amigo le conto como es que encontraron a uno de sus hermanos hace semanas, estuvo muy dañado, pero lo atendieron a tiempo. En tanto, el otro siguió desaparecido por más tiempo, pero por fortuna hace poco que apareció. Ambos no tenían buena pinta, por lo que no se encontraban esos momentos en esa zona para la batalla que se libraría.

— Y menos George, me informaron que estuvo muy mal — Ron y Ginny lucían cabizbajos —. Mostraba heridas infectadas y por tanto tiempo sin tratar el medimago lo está tratando con pociones muy potentes — los pelirrojos intercambiaron una mirada —. Lo bueno es que Fred ya está con él, su apoyo le vendrá bien.

— Me da gusto que estén mejorando.

— Gracias.

Se quedaron en callados por un momento, la única plática que se libraba en ese momento era entre Lamark, Hagrid y otro par de aurores que acompañaron a los pelirrojos. Harry se quedó pensando en cierta castaña, quería preguntar sobre cómo se encontraba, si todo le estaba saliendo bien como cadete de auror. Se limitó a quedarse callado, no era el momento de preguntar por su amiga.

— Me da gracias.

— ¿Qué?

— Como es que has terminado aquí — Ron sonrió malicioso —. Te has negado ir a la academia de aurores, pero estas cerca de una batalla.

Harry vio el punto de aquello y compartió la sonrisa. Era en cierta parte irónico, pero, el sabía que no participaría en lo que sucedería en un par de días. Solo estaba en ese punto del mundo para hablar con Dumbledore.

— No creo que Harry venga para pelear a nuestro lado — hablo Ginny después de estarse callada por un buen tiempo —. Dumbledore no lo permitiría. Supongo que vienes por otros motivos.

— Sí.

Los hermanos se quedaron expectantes a lo que pudiera agregar a su escueta respuesta. Seguro esperaban escuchar el motivo del porque Dumbledore lo mando llamar, le daba gracia los rostros de sus amigos; le parecía gracioso ver alguien a parte de él ser curioso.

— Venga, Harry, cuéntanos.

— Solo digamos que Dumbledore podría tener la clave para terminar mi misión.

— ¿Misión? ¿Cuál misión, Harry?

— No sabes

El que la pelirroja no supiera que Harry viajaba por las cuatro regiones le pareció curioso, volteo hacia Ron para encontrar una respuesta.

— No le he dicho nada, prometí no hablar de ese tema y soy de palabra.

— Espera, ¿tu si sabes de su misión?

Pregunto una Ginny molesta.

— Mejor ya no preguntes.

Harry dibujo una ligera sonrisa, agradecía plenamente a su amigo que le hubiera guardado su secreto sobre su misión. El hecho que ni a su hermana le conto hablaba muy bien de su palabra.

— Hey, no discutan — llamo la atención Lamark a los hermanos —. Será mejor que vayan a descansar que mañana partimos temprano al campamento.

Dada la orden no hubo más discusión, se levantaron de la mesa y partieron los tres hacia la sala del cuartel para descansar antes del viaje.

47

El viaje al campamento montado por los aurores bajo el mando del gran Maestre fue de medio día como lo informo con anterioridad Ron. Fue tan rápido que el mismo Harry no creyó que el tiempo pasara tan rápido. Frente a él se levantaban tiendas de campaña, tan pequeñas que no creía que pudiera caber una persona dentro. La cantidad era de unas veinte carpas, por lo que tampoco podía creer que fuesen tan pocos aurores a luchar contra los hombres de vestimenta negra.

Entre más se adentraban al campamento y veían el movimiento en esta pudo notar que las tiendas de campaña estaban hechizadas y cabían más personas de las que imaginaba. Cuatro por cada una. El número ahora era más acorde a la situación, y aun así creyó que eran pocos, pero también no sabía cuántos eran sus enemigos.

En el centro del campamento una tienda de campaña, el doble de tamaño a las demás, le indico a Harry que era el punto donde se encontraría con el gran Maestre hechicero. Se pararon enfrente de la entrada de la carpa, dos aurores que resguardaban la entrada se les acercaron, fue Lamark quien hablo diciendo que fueron solicitados por Dumbledore. Les dieron el paso.

El interior era cálido, a diferencia de aquel día que hacia algo de fresco. El lugar formaba un círculo perfecto, enfrente de la entrada se postraba una enorme mesa de madera gruesa, detrás sentado en una silla enorme de oro el hechicero leyenda les miraba sobre sus gafas de media luna. A su derecha pudo ver que se encontraba en su pedestal el fénix de Dumbledore. Todos hicieron una reverencia al estar frente del maestre, menos Harry quien fue obligado por su amigo Ron para hacer inclinarse. Las costumbres de esos lugares no los conocían del todo, se demostró en ese momento.

— Me da gusto que acudieran a mi llamado enseguida — hablo el Dumbledore quien se levantó de su lugar —. No necesitamos tanta cordialidad, incorpórense.

Todos obedecieron enseguida.

— Señor, estamos listos para ayudar en la batalla.

— Lo sé, Lamark, me da gusto poder contar con ustedes — el anciano rodeo la mesa sin despegar la mirada del alquimista —. Vayan con los comandantes, ellos les indicaran los planes del ataque — con una reverencia se dispusieron a retirarse, todos menos Harry.

— Harry, ven — Ron le hablo casi en susurro.

— No se preocupe, señor Weasley, amigo y yo tenemos una conversación que entablar.

Sin cuestionar nada Ron se inclinó en forma de respeto y retiro de los aposentos de su líder. Solos Dumbledore le invito a Harry tomar asiento en una de las cómodas sillas, el pelinegro no se negó y tomo su lugar. El maestre se acercó a la mesa y sirvió dos copas de una bebida que no pudo distinguir el joven hechicero. Le acerco la copa y tomo lugar en la silla enfrente de él.

— Sé que vienes con muchas preguntas, pero permítame primero tocar otro tema al que le concierne, Señor Potter.

El silencio que siguió le indico a Harry que el maestre esperaba su aprobación.

— Usted dirá.

— Quiero pedirle un favor… uno importante.

Le molestaba que esa platica estuviera lejos del tema que le importaba; las piedras filosofales. No quería perder más el tiempo, necesitaba cumplir la petición de sus padres antes de que algo malo pudiera suceder, pero ahora estaba en una posición que se lo impedía.

— En que puedo servirle, gran maestre.

— Solo Dumbledore — le quiso dar confianza — mi petición es un tanto peculiar, pero espero que me pueda ayudar — le dio un trago a su bebida y sonrió — una delicia traída desde nuestros hermanos del norte.

Harry se tranquilizó, a veces la compostura serena del anciano le sacaba de sus casillas y más en ese momento que tenía tantas inquietudes sobre su misión.

— Bien, mi petición es la siguiente — hizo una ligera pausa donde se le quedo mirando y prosiguió —; mañana quiero que nos ayudes en el ataque.

— ¿Disculpe?

— Sé que es una petición demás extraña, pero me gustaría que nos ayudaras — cada vez le parecía más extraño aquel anciano a Harry —, Dadas tus habilidades nos podrías ser de mucha ayuda.

No entendía como él podría ayudar a los aurores experimentados, solo era un joven que había corrido con suerte y que faltaba mucho para poder compararse con las habilidades de aquellos hombres y mujeres. Era bueno leyendo las intenciones de otros, pero con aquel anciano de anteojos en media luna le resultaba complicado. Tenía varias hipótesis.

— Prometo una vez terminada esta tarea revelarte lo que se sobre las piedras filosofales.

No tenía opción, debía ayudarlos en su ataque contra los hombres de vestimenta negra. En cierta parte eso le gustaba, tenía esas ganas de vengar aquellas personas que murieron en el pueblo de su amiga. El recuerdo del señor Anthony y su hija la menor se hizo presente en su memoria. Era triste que la última imagen que tenía sobre ellos, y que persistía hasta el momento, era la de sus cuerpos en la sala de su casa sin vida.

— Dígame, ¿en qué pudo ser yo de utilidad?

— Es algo simple.

48

Acostado en la cama de su tienda de campaña individual se encontraba solo con sus pensamientos. El sueño no amenazaba con hacer su aparición y si sus recuerdos. Estaba ansioso por lo que el día siguiente, estaría en las filas de los mejores aurores que tienen las cuatro regiones; se sentía fuera de lugar. Hizo un recuento de sus últimos dos años, cuando todo comenzó en su viaje nunca imagino estar en ese punto; tan lejos de su hogar y con personajes tan importantes. Siendo siempre un solitario se preguntó si después de completar su misión podría estar en una academia repleta de personas.

Le pareció irreal, pero, por otra parte estaba ansioso. La imagen de Hermione floreció entre un mar de recuerdos con rostros y lugares. Sonrió de inmediato al imaginar esa sonrisa en los labios finos y delineados de la castaña. Era tan poco de él comportarse como lo estaba siendo en ese momento. Sacudió la cabeza al percatarse de su estado, no creía que pudiera estar así por una chica; no lo quería admitir, pero le gustaba aquella castaña. Hasta el día en que la conoció ninguna hizo lo que ella: cautivarlo.

Respiro hondo, giro su cabeza a un costado y observo a Hedwig dormir plácidamente sobre un pedestal que le otorgaron especialmente para ella. De nuevo la imagen de la castaña emergió, ahora en un recuerdo en donde acariciaba a su lechuza blanca. No podía creer que estuviera muy presente en él la castaña.

— Venga, Harry. ¿Qué estás pensando?

— Lo que sea espero estar en tu pensamiento.

La voz de Ginny lo hizo incorporarse de inmediato en su cama. No se dio cuenta del momento en que la pelirroja se introdujo en su casa de campaña, y ahora se le estaba acercando. La hechicera le sonreía a cada paso que daba, iba vestida con un camisón blanco largo que le llegaba hasta las rodillas; era la primera vez que la veía sin su habitual uniforme. Se corrigió, era la primera vez que la veía casi sin nada puesto.

— ¿Qué haces aquí, Ginny?

— Mi tienda de campaña está en junto, no podía dormir y te escuche despierto — ya estaba en la cama, se sento cerca sin dejar de mirarlo —. Pensé que podríamos pasar un momento agradable, juntos.

— ¡¿Qué?!

La pelirroja soltó una carcajada al escuchar el grito de sorpresa del pelinegro, sin mencionar el rostro que puso y lo colorado.

— Platicando — se explicó la joven —. ¿Qué pensabas?

Lo último lo dijo con una voz suave y seductora como invitándolo a decir sus pensamientos. No podía creer que esta joven, hermana de su amigo, fuese tan atrevida y llegar hacer tales cosas. Si bien conoció a muchas mujeres y jóvenes atrevidas, ninguna mostraba el nivel de la pelirroja; solo un tipo de mujer era de esa forma y no creía que ese fuera el caso de la pelirroja.

— No deberías estar aquí, esto es mal visto — no quería demuestras lo nervioso que le ponía su presencia —. Podrían pensar mal, y no quiero imaginarme lo que tu hermano me haría si…

— Nadie nos vera, tu relájate Harry — la pelirroja le puso su dedo índice en los labios —. Me encanta tu forma de ser tan ingenua.

Ese adjetivo le molesto al joven, y más por la manera en que lo había dicho. No era para nada ingenuo, solo era alguien con ética y escrúpulos que veía mal tener en su cama a la hermana de su amigo. Se quitó con cuidado la mano de encima de la joven y la coloco a un costado, se giró y quedo en el otro lado de la cama.

— Me caes bien, Ginny, pero este comportamiento no es propio de una dama.

Se levantó de su cama y se dirigió a la entrada de su carpa. En tanto, la pelirroja le miro con la ceja fruncida y los labios arrugados, era como si la hubiese ofendido.

— Podemos platicar mañana después del ataque — Abrió la entrada para invitarla a que se retirara.

— Si tienes razón — la joven se levantó acomodo su camisón que se arrugo un poco y camino hasta la salida. Al pasar a un lado de Harry se detuvo, se le pego y puso en puntillas quedando sus labios en su oreja —. Buenas noches, Harry — pronuncio de manera suave logrando que se le erizara la piel.

— Buenas noches, Ginny.

La joven partió dejando a un acalorado Harry, quien en todo momento se presentó firme. Estando solo de nuevo se fue a su cama, debía dormir ya que en unas horas estaría frente al enemigo por lo que estar descansado era vital.

49

— ¿Esto es donde se esconden los hombres que atacaron los poblados?

Harry no creía donde se encontraba. Frente suya se postraba un gran cerro que a simple vista no presentaba nada irregular. Ochenta aurores se formaban frente aquella eminencia del terreno que elevaba en lo alto. En frente de todos se encontraba Albus Dumbledore junto con sus comandantes. Era solo cuestión de tiempo para que entrara en acción, debía estar muy al pendiente de lo que pudiera suceder.

— ¿Estás listo, Harry?

— No te quiero mentir, Ron. Estoy ansioso.

Ansioso esa era la palabra para describir sus emociones. Estaba ansioso de llevar acabo su parte del ataque, de vengar a las personas que lo sujetos dentro del cerro asesinaron, y sobre todo de ganar esa lucha y poder hablar de su misión con el Maestre.

— ¡Todos preparados! — Grito el hombre a la derecha de Albus — ¡A mi orden lancen sus hechizos.

Los aurores sacaron sus varitas de sus fundas y las sujetaron con fuerza en sus manos; ya fuese la derecha o la izquierda. Por su parte, Harry se quedó quieto solo mirando un punto del cerro, ese que le ordeno Dumbledore que no perdiera de vista. Esperaba estar al nivel de la situación, de no fallar y poder salir victorioso.

— ¡Ataquen!


Treceavo capítulo.

Ya estamos llegando al final de esta primer parte de tres sobre esta historia. Espero que les esté gustando y prometo que en los capítulos que se avecinan habrá más emociones, dramas, romances y todo lo necesario para entregarles una buena historia.

Nos leemos próximamente para conocer qué es lo que le sucederá a nuestro alquimista. Espero con mucha ansia sus comentarios n.n

Sin más por decir

Au Revoir.