— No soy buena para hablar. Soy de Jakku. No hay nadie con quien hablar allí — reclamó Rey, sentándose ante los controles.
— No quiero escucharte a ti. — repuso Ezra, que se había quedado de pie cerca de la puerta — ¿Sabes qué botón tienes que presionar?
Ella asintió.
Finn se sentó al lado de Rey, mientras esta hacía un esfuerzo por pensar — Hey, no serás tu la que hable — dijo — Usa La Fuerza. Ella tiene que hablar por ti en algo tan importante.
Rey lo miró a los ojos, y Finn pudo ver que los tenía enrojecidos. La joven le dijo — ¡Vaya! Estás empezando a sonar como un jedi, y eso que nadie te ha entrenado.
— Y tu estás empezando a sonar como si estuvieras drogada — Interrumpió Bridger — pronto te sentirás muy mal, así que deberías apresurarte.
— Enfócate — le dijo Finn, poniendo su mano sobre el hombro de Rey.
Rey se concentró por unos momentos. Ya no trataba de encontrar buenas palabras , sino al contrario: intentaba acallar sus propios pensamientos. Cerró los ojos y respiró lentamente. Pasó como un minuto. Entonces los abrió de golpe, y dijo «Estoy lista». Miró a Ezra, que asintió. Presionó el botón y empezó a hablar:
«Soy Rey Daemeron, aprendiz del jedi Luke Skywalker, dirigiéndome a toda la galaxia, en especial a ustedes los que están oprimidos y en esclavitud. Tamjbién me dirijo a cualquier jedi que pueda quedar en cualquiera de los mundos y sistemas que componen esta galaxia y sus alrededores, hasta donde mi voz pueda alcanzar, en especial Kanan Jarrus y Ahsoka Tano»
Miró a Finn, que entendía muy poco pero le hizo una señal aprobatoria con el pulgar.
"Les comunico que ha habido un Despertar en La Fuerza, y que la Orden Jedi ha sido reconstituida. Por lo tanto ha llegado el momento de empezar a organizar la rebelión, en todas partes, en los mundos centrales, en las ciudades y en los desiertos, incluidos el borde exterior y el espacio salvaje, sobre todos los que se arrojan el derecho de decidir los destinos de las demás personas, o se creen con la autoridad de decidir quienes son libres y quienes son esclavos, y a determinar arbitrariamente quienes deben vivir y quienes deben morir. Decídanse a tomar las armas, porque desde ahora en adelante no estarán solos. Hay millones de seres buscando justicia, y ya tienen una nueva Orden Jedi que los defienda. Tengan fe en que así como el Imperio Galáctico parecía omnipotente pero se derrumbó en unos años, así podrán sacudirse el yugo de todos los que les oprimen ahora. Crean en un mañana mejor para sus hijos. Lo podemos lograr si nos unimos desde ahora. Que La Fuerza esté con todos ustedes."
Agregó el mensaje para Poe y su escuadrón. Rey apagó el micrófono, y suspiró. Finn la miraba con su bobo rostro de admiración. Ella se tapó la cara con las manos, mareada, y esperó para conocer qué opinaba Ezra Bridger. Pero pasaron unos segundos, y nada sucedió. Entonces miraron a su alrededor.
Ezra Bridger ya no estaba allí. Había salido silenciosamente, dejando la puerta abierta. El sable de luz de Rey estaba en una mesa que se encontraba junto a la salida.
Leia y su estado mayor habían escuchado el mensaje de Rey en la sala de comando, y se habían quedado perplejos, inclinados sobre la mesa de operaciones.
— ¿Se aborta la misión Trueno? — preguntó Leia.
— Es lo más sensato — admitió otro general que estaba presente. Pero Poe, desde el intercomunicador, aún no había respondido.
— ¿Poe? — preguntó Leia.
— Ellos deben haber escuchado también la advertencia de Rey. Lo más probable es que ya no esperen ningún ataque. — repuso Poe, que se hallaba con su escuadrón de apenas siete X-Wings en la superficie de Kórriban, listos para despegar. Hizo una pausa y luego agregó — Si lo hacemos rápido, puede que no alcancen a hacer despegar las naves para contraatacar. Daremos el golpe de todos modos, y tal vez les tomemos por sorpresa.
— Es muy arriesgado — dijo Leia — Si no se han tragado eso de que el ataque no ocurrirá, habrá un enjambre de cazas TIE esperándolos. No regresarán.
— Muchachos, ¿ustedes tienen miedo de no regresar? — preguntó Poe dirigiéndose a sus pilotos. Se escuchó un sólido grito de seis voces. ¡No! — ya les has escuchado Leia. Bombardear un templo sith en Kórriban es algo que nunca se ha hecho. Si mostramos que puede hacerse, será un golpe de efecto increíble.
Después de cortar la comunicación, Poe se volvió hacia sus pilotos y les dijo:
— Muy bien, escuadrón. Estamos listos. No podemos esperar más corriendo el riesgo de que alguna patrulla nos vea, así que confiaremos en que nuestros amigos ya han abandonado el Templo, aunque no se ha podido establecer comunicación directa con Jaina, Chewbacca ni Rey. Volaremos a pocos metros del suelo, entre las montañas, para evitar ser captados por sus radares. Pero cuando estemos a unos diez kilómetros del Templo nos detectarán con sus radares de proximidad. Suponiendo que no habrá cazas TIE en el aire, tenemos que contar con que habrá mucho fuego antiaéreo. Iremos en formación extendida, y lo más rápido que podamos asegurándonos de que las bombas no se pasen del blanco. Nadie se preocupará de lo que pase a su alrededor , sino sólo de concentrarse en que las bombas den en el Templo. Caiga quien caiga, eso es lo único que deben ver. Los que logremos pasar seguiremos dejando caer los paquetes a medida que ascendemos hacia las nubes, saldremos al espacio y efectuaremos el salto. ¿Está claro? .
Luke se encaminaba hacia el Templo en un speeder lo más rápido que podía, sabiendo que el plazo de tres horas para el bombardeo se había cumplido. Fue en ese momento que vio al Escuadrón Relámpago pasar a toda velocidad a unos metros sobre su cabeza, con un estruendo ensordecedor y perderse entre los desfiladeros de las montañas.
Las rocas se abrían a ambos lados de la cabina de Poe como si se estuviera internando en grandes túneles de piedra caliza. . Los X-Wing salieron uno tras otro de la sierra y volaron a ras del suelo sobre la llanura de roca volcánica. Unos pocos kilómetros después, bajaron repentinamente a un valle y a lo lejos se vieron, como juguetes en la lejanía, las primeras edificaciones. Faltaban minutos para dejar caer las bombas.
Rey y Finn bajaban apresuradamente la escalera de caracol, desde la cima del templo, cuando por una ventana, vieron una larga cornisa de piedra amarilla resquebrajada que no parecía llevar a ninguna parte. Una nave acababa de subir hasta su extremo, y de ella había descendido Kylo Ren.
— Espera — dijo Rey a Finn, reteniéndole por el brazo.
— Rey, ¿qué haces? Debemos huír. ¡Algo me dice que el bombardeo se hará de todas formas! Poe es así.
— Tenme un poco de confianza, por favor — respondió ella, con una dulzura que lo desarmó, y salió por la ventana, empezando a caminar por la cornisa de un metro de ancho, a unos trescientos metros de altura. Había una brisa preocupante para alguien en tal situación. Rey encendió su sable. Y Finn, nuevamente, no tuvo más remedio que ir tras ella y ver en qué paraba esa nueva locura. Pero de todos modos le gritó:
— ¡No olvides que ahora no está herido y tu sí!
Kylo Ren se paró delante de Rey en guardia, con el sable en la diestra. La joven parecía reflexionar intensamente, mientras Finn observaba. La situación se repetía. Entonces Rey apagó su sable, y se colgó del cinturón.
— ¿Qué haces? — le susurró Finn al oído.
— Tengo un plan — dijo Rey, y sacando algo de su bolso, empezó a avanzar hacia Ren.
Pero Finn la tomó por la mano murmurando desesperado — ¿Estás loca? ¿Y tu sable?— Rey se volvió hacia él, y miró la mano que apretaba la suya. Finn recordó que eso no le gustaba, y la soltó de inmediato.
El ex stormtrooper vio con horror como la chatarrera avanzaba decididamente hacia Kylo Ren, poniéndose al alcance del arma carmesí, que no era un sable delgado como el que había usado Ezra Bridger. Al joven se le ocurrió pensar en el efecto de los estimulantes: tal vez la estaban haciendo aún más precipitada que de costumbre. Ren se mantenía inmóvil.
Entonces Rey tomó con ambas manos la vara que había sacado de su morral, y la sostuvo con los brazos extendidos delante de su rostro en forma horizontal, con ambas manos Era la parte central de su vara, a la que había quitado todos los trozos que le había ido agregando para adaptarla a su estatura. La había vuelto a soldar después de haber sacado de ella el cristal.
— Tú me diste esta vara para que aprendiera a usar el sable de luz, cuando era una niña de menos de cinco años. Me enseñaste y pusiste un cristal dentro de ella, para mí — dijo Rey, con voz firme — si me quieres alcanzar con ese sable, tendrás que destruirla.
