Ella estaba como un tomate, se quedó pensativa. Noté un alejamiento de su parte, intenté volver a mantener una conversación normal, pero ella seguía callada, o como mucho me contestaba con monosílabos. Le cogí la mano y ella reaccionó apartándola al instante. No sabía que es lo que podía estar pasando por su cabeza, pero no me gustaba. La Elizabeth que hacía un rato me besaba con pasión, no era la que yo observaba ahora.
CAPITULO 14
EL DESLIZ
Pov Elizabeth
¡Enfadada!, así es como estaba metida en el carruaje camino de Gretna Green para casarme. Yo estaba histérica, no paraba de insultarle, quería que entendiera que el secuestro no era la mejor opción. Le estaba amenazando cuando me cogió por la muñeca, y comenzó a besarme.
Unas mariposas empezaron a revolotear en mi estómago, no era la reacción que esperaba, tendría que estar irritada, sin embargo era una sensación muy agradable, como la que levemente pude apreciar cuando me besó en el lago. Mi lado travieso, me decía... ¿porqué no dejas de resistirte y experimentas esas emociones que sientes cuando te besa?.
Mi curiosidad, pudo conmigo misma y casi por inercia, comencé a mover mi lengua sobre la suya. En ese momento el se separó para mirarme, y en sus ojos vi un brillo especial que nunca le había visto. Susurró mi nombre lastimeramente y volvió a besarme. Esta vez no le di tiempo a que fuera él, directamente metí mi lengua en su boca. El jadeaba mientras me tenía cogida por las caderas, nuestros cuerpos se rozaban creando en mi unos temblores muy placenteros. Noté como su mano subía por mi costado, hasta que alcanzó uno de mis pechos, lo apretó, lo estrujó, lo sopesó, en ese momento un calor muy fuerte se desbordó por mi cuerpo anhelando mas contacto.
Antes de que mi cerebro dejara de reaccionar, le hice ver que no era correcto que me tocara ahí. El trató de convencerme que esas caricias eran normales entre un matrimonio, pero nosotros no éramos matrimonio. Me aseguraba que cuando nos casáramos sería así como nos tocaríamos, que en un matrimonio no hay ningún tocamiento pecaminoso. Yo me separé, intentado salvaguardar mi inocencia, por lo menos hasta que estuviésemos casados.
Como otras tantas veces, había sentido como algo se clavaba en mi bajo vientre, mi curiosidad irrefrenable, me animó a preguntar si era algún tipo de arma. El empezó a toser de manera inmediata, intentó explicármelo, pero no podía, las palabras no le venían a la boca, por lo que me dijo que metiera mis manos en sus bolsillos. Hurgué en ellos, pero no encontré nada, cuando iba a sacar mis manos, lo encontré. Ahí estaba la barra que se me clavaba, pero no estaba en sus bolsillos. La cogí con mis manos para intentar saber de qué se trataba, y el Sr Darcy emitió un gemido de dolor, me explicó que eso era la evidencia de su deseo por mí. La solté inmediatamente diciéndole improperios, pero un nuevo gemido hizo que me preocupara, eso no podía ser normal, algo le tenía que ocurrir, estaba hinchada y dura. Para evitar que me inquietara, me explicó lo que le sucedía. Cuando me acercaba, el no podía evitar el deseo que sentía y esa parte de su cuerpo reaccionaba, se hinchaba y se endurecía para hacerme el amor. El tendría que entrar dentro de mí, eso era lo que se esperaba de mi como esposa, y procedimiento indispensable para tener niños.
A medida que me iba explicando, mas temor sentía. ¿Pretendía entrar en mi con eso...?, a mi no me podía engañar, yo lo había tocado y sabia de que tamaño estábamos hablando. Eso me reventaría, no me extraña que las mujeres lo vean como obligaciones conyugales, y no quisieran hacerlo.
El percibió el cambio en mí, intentó hablarme normal y cuando intentó cogerme la mano, se la rechacé. En esos momentos, sólo pensaba que la parte de los besos y las caricias, eran muy placenteras, pero lo que seguía no, eso era una atrocidad que no estaba dispuesta a soportar. ¿Cómo reaccionaría él cuando me negara a lo demás?, sentía pena por todas las mujeres que estoicamente habían tenido que soportar semejante dolor. Un suplicio al que estaban sometidas una y otra vez cuando al marido se le antojara.
Cuando llegamos a Gretna Green, el Sr Darcy hizo la reserva de las habitaciones en una casa muy lujosa. La dueña era una viuda que estaba pasando tiempos difíciles, y había decidido usar su casa como hospedería para no bajar su nivel de vida.
Me confiné en mi habitación, buscando la tranquilidad para solucionar mi nueva situación, pasó el tiempo y ya estaba anocheciendo cuando el Sr Darcy llamó a mi puerta.
—¡Date prisa Elizabeth!, se está haciendo tarde.
—¿Tarde?, ¿para qué? — contesté yo a la vez que abría la puerta para que me aclarase las cosas.
— Nos casamos en media hora — afirmó el sr Darsy — me ha costado mucho convencer al párroco para que oficiara la boda a estas horas, si no tendríamos que esperar tres días.
— ¿Pero qué prisa hay?, ¡no estoy preparada! — dije alterada — además en esos tres días tendrías tiempo para pensar bien si el casarnos es la mejor solución.
— ¡Elizabeth Bennet!, ¡Yo ya no puedo esperar más! — se abalanzó sobre mi tomándome del brazo y obligándome a salir camino de la iglesia.
La ceremonia fue muy rápida y sencilla, en ella solo estaban unos cuantos testigos, familiares del párroco. Ese día tan especial para una mujer, para mí era todo un chasco, no había un bonito vestido, invitados, fiesta ni tarta. Lo único ideal, era que me casaba con el hombre que amaba, aunque él no lo hiciera por las mismas razones que yo.
Al salir de la iglesia, me dirigí sin demora a la hospedería. Sentía que el Sr Darcy venía detrás, pero yo necesitaba estar sola, llorar la pena que me consumía, ¿cómo podía estar recién casada y sentirme tan triste?. Esto no era para nada lo que yo había soñado desde pequeña, ese cuento de hadas y príncipes azules que yo quería para mí, se había desvanecido. Cuando entré me dirigí hacia la recepción, pidiendo la llave de la habitación de la Srta Bennet. El recepcionista comenzó a mirar los libros.
— Disculpe Srta Bennet, no hay ninguna habitación reservada a ese nombre.
— Mire otra vez, el nombre es Elizabeth Bennet.
— Disculpe, pero no hay nada a ese nombre — dijo el recepcionista mirando minuciosamente los libros.
En ese momento llegó el Sr Darcy, y con voz molesta sugirió.
— La llave que le pide es la del Sr y la Sra Darcy
— ¡Exacto Sr Darcy!, ese nombre si viene reflejado — dijo tendiéndole la llave.
— ¡No puede ser!, ¡quiero una habitación para mí! — grité al recepcionista.
— Lo siento Sra Darcy, estamos al completo.
El Sr Darcy me cogió del brazo mientras me empujaba a la habitación, en ese momento me giré para increpar al recepcionista.
— ¡Bennet!, mi apellido es Bennet.
Entramos en la habitación, en ese instante me solté de su agarre con desprecio.
— ¡Una habitación!, ¡no puedo dormir contigo!, serás tú el que duerma en el suelo.
— Te has enojado con el recepcionista sin razón — alegó Darcy sentándose en una silla,y sirviéndose un vaso de licor, lo levantó brindando por el matrimonio — ahora eres la Sra Darcy y como tal tenemos que compartir dormitorio.
— No puedo creer que me hayas secuestrado y obligado a casarme contigo — comencé a llorar — eres un insensible, ¡tenias que haber esperado!, quizás en esos tres días te hubieras dado cuenta que casarnos no era la solución.
El se levantó de la silla, vino hacia mí cogiéndome de los dos brazos intentando consolarme.
— Elizabeth, yo no podía esperar más, me estoy volviendo loco.
— Esto aun se puede solucionar, en unas semanas podemos anularlo todo y cada uno podremos ir donde nos plazca.
— ¡Ni lo pienses!, ¡tu iras donde yo vaya!, ¡dormirás donde yo duerma!, ¡por si no te has dado cuenta eres mi mujer!
— ¡No me siento tu mujer!, me has obligado.
En ese momento el Sr Darcy se abalanzó contra mí, me puso contra la pared y comenzó a besarme. En un principio trate de quitármelo de encima, le daba golpes contra el pecho, pataleaba y le empujaba con la esperanza que se diera cuenta que no era bien recibido. Su lengua invadió mi boca sin piedad, haciendo que yo perdiera el aliento. Me tenia bien cogida para que no pudiera separarme, con una mano sujetaba mi cabeza, y con la otra mi cintura. Entre su cuerpo y el mío no había ningún centímetro de separación, podía sentirlo en todo su esplendor.
Su boca empezó a recorrer mi mejilla, ¡Dioooss! ese hombre era capaz de poner mi mundo de cabeza sólo con su boca. Sus labios atraparon el lóbulo de mi oreja, y sentí que mis piernas se doblaban, al notarlo el emitió un gemido de placer, ese gesto le indico mi rendición.
— Lizzy, susurro mi nombre de manera cariñosa, déjame hacerte sentir mi mujer.
No, eso no podía ser, arruinaría mis planes, pero es que sus besos se sentían tan bien. Aprovecharía un poquito más.
— William, bésame..., sólo bésame.
En ese momento me cogió por la espalda, y casi sin que yo lo percibiera, comenzó a soltar las cintas de mi vestido. Cuando me di cuenta, la parte de arriba se había deslizado dejando al descubierto mi escote por encima del corsé. El me miró a los ojos con deseo, poco a poco una de sus manos fue a parar a mi pecho y mi cuerpo comenzó a vibrar haciéndome desear mas. Sus manos volvieron a la parte de atrás para desatar el corsé, mientras su boca atrapaba la mía con ímpetu. Sus labios fueron bajando por mi cuello, por mis hombros, hasta que rozó la parte de arriba de mi camisola, la cual apartó con la mano dejando libre uno de mis pechos, se escuchó un gemido y su boca engullo mi pezón. Un jadeo placentero se escapó de mi boca, mi cuerpo pareció encenderse como si fuese una cerilla, y mis pezones se endurecieron bajo las suaves caricias de su lengua.
Mi cuerpo dejó de atender a la razón, y se postro al placer que estaba descubriendo. Inesperadamente, experimenté la necesidad tocarle, quería descubrir el deleite de su cuerpo.
— Sr Darcy — dije entre suspiros — ¿puedo tocarle?.
— El gimió de una manera lastimera — no sé si puedo soportar que me toques Lizzy, ya me está costando mucho contenerme.
— Pero es lo que deseo ahora
— Me vas a matar
El volvió a gemir, pero por sus movimientos percibí que él me daba libre acceso. Levanté mi mano hacia su pecho, era duro, se marcaban sus músculos, posé mi mano sobre su corazón, y pude comprobar que latía con rapidez, su respiración era entrecortada, y cuando mi mano paseaba por su abdomen pude notar como dejaba de respirar.
— Lizzy, no sabes las sensaciones que provocas en mi
Envalentonada por semejante declaración, saqué la camisa de sus pantalones, necesitaba tocar su piel, saber si estaba tan caliente como yo. Comencé a desabrochar los botones con dedos temblorosos, para luego echársela hacia atrás y observar su pecho. Lo había visto sin camisa aquel día en el lago, pero al tenerlo tan cerca, las sensaciones que me embargaban no eran las mismas de aquel día. Recorrí con mi dedo la fina línea bellosa que recorría su pecho de arriba a abajo.
De repente él se agachó cogiéndome en brazos, me llevó a la cama donde me tumbo, colocándose encima hipnotizándome con sus besos. Su peso sobre mí para nada era molesto, al contrario, me agradaba mucho. Bajo su mano hasta el extremo bajo de mi camisola, alzándolo para sacarlo por mi cabeza, luego bajo sus manos por mis piernas mientras deslizaba mis medias. Me quedé totalmente expuesta a él, con la excepción de las calzas. No dejaba de mirarme mientras se relamía la boca.
— Perfecta, simplemente perfecta — susurraba en mi oreja
Se volvió a colocar sobre mí, cuando nuestras pieles desnudas se rozaron, una corriente eléctrica me traspasó. ¿Qué me pasaba?, un simple roce hacia que mi cuerpo tomase vida. El Sr Darcy se arrodillo en la cama sacándose los pantalones y los calzones. Yo me quedé boquiabierta, nunca había visto un hombre desnudo. Fui bajando la mirada, observando cada parte de su cuerpo, cuando hubo una zona que llamó mucho mi atención y ya no pude seguir bajando.
Ahí estaba esa cosa que se me clavaba, grande, hinchada, lustrosa, desafiando a la gravedad. La había tocado, pero nunca imaginé que tuviera ese aspecto, para nada se veía enferma. El Sr Darcy al ver donde estaba mi atención, comenzó a sentirse avergonzado.
— Está así por ti, porque te deseo — intento explicar William, al tiempo que intentaba volver a tumbarse.
— Sr Darcy no pensará llegar hasta el final, no podemos, además usted es demasiado grande para mí, es imposible que encajemos.
— Lizzy — suspiró intentando convencerme — eres mi mujer, la situación en la que estamos en estos momentos evidencia que hay suficiente confianza para que me tutees, además ya sabes que todo lo que pase entre nosotros es lícito, el cuerpo es sabio y en esos momentos se expande, para que un hombre y una mujer puedan encajar. Te aseguro que es de un tamaño estándar.
— Sr Darcy, digo... William — rectifiqué al notar su pellizco — tengo miedo, es imposible que me adapte a tu tamaño, sigamos como hasta ahora, no quiero hacer nada más.
— Lizzy, no voy a hacer nada que no desees.
Volvió a ponerse sobre mí, sus besos eran sublimes, me había vuelto adicta a ellos, no podía pasar más de un minuto sin sentir su boca sobre la mía. Sus manos eran brasas ardientes para mi, por donde pasaban dejaban un rastro que quemaba. Sus ojos hipnotizadores me hacían perder la razón, cuando los miraba podía adentrarme en ellos y conocer la dicha de sentirse amado.
Su cuerpo se rozaba y se retorcía insistentemente con el mío, nuestros sudores se mezclaban en una combinación que parecía que nuestros cuerpos estuviesen electrificados. Mis piernas se abrieron por iniciativa propia, colocándose él entre ellas, el ejercía una presión deliciosa sobre mi sexo, esos roces y apretones que me daba, hacían que me olvidara del resto del mundo.
— Lizzy, estoy a punto de explotar, si quieres parar, dímelo ahora.
No podía parar ahora, quería mas de esos besos, mas de esas caricias, no quería dejar de sentir lo que sentía en esos momentos.
Estaba abrazada a él, disfrutando del momento cuando repentinamente sentí un dolor que me atravesaba el cuerpo, un grito salió de mi garganta y clavé mis uñas en su espalda, como si agarrarme a él pudiera protegerme de ese dolor tan inesperado. Mi cuerpo se tenso, no podía ser lo que estaba imaginando, todavía llevaba mis calzas.
— ¡William Darcy!, ¡se puede saber que estás haciendo!
— Perdóname Lizzy — dijo quedándose quieto dentro de mi cuerpo — no te dolerá mas, solo es la primera vez.
— Nunca te permití que llegases al final, has estropeado todo.
— ¡Te avise!, ¡te dije si querías parar, pero no respondiste!
— ¡Sal de encima de mí William Darsy!, ahí tienes mi respuesta.
— Ahora no puedo — susurró apenado — ahora es tarde.
El siguió moviéndose sobre mí, entrando y saliendo de mi cuerpo. Eso no había sido doloroso, pero mi enfado superaba con creces el placer que estaba sintiendo. Dio una última estocada en la que empezó a temblar, su cara cambió de expresión, su boca comenzó a sonreír, sus ojos se elevaron gesticulando una mueca de placer.
Cuando salió de mí, me lancé contra él a darle golpes en el pecho.
—¿Por qué lo has hecho?, ¿no te das cuenta que ahora no podemos anular el matrimonio? — gritaba desesperada.
— ¿Es en eso en lo que pensabas mientras te besaba? — preguntó William enfadado también.
— Si olvidamos que esto ha pasado, no tendremos ningún problema.
— ¡Ni lo sueñes!, esto no se puede olvidar, las manchas de sangre en las sábanas y entre tus piernas, corroboran que eres mi mujer en todos los sentidos. ¡Estas condenada a ser mi mujer para siempre!, además podrías estar embarazada.
— William, eso no es llegar y besar el santo — dije observando la indiscutible prueba de la pérdida de mi virginidad — he oído que no es tan fácil, no creo que por un simple desliz tenga que haber consecuencias.
— ¿Desliz? ¿así llamas tu todo lo que acabamos de experimentar?
— No, no lo considero eso — contesté arrepentida al ver su expresión — pero no puede volver a pasar, tu y yo no encajamos, sentí un dolor terrible, esa parte no la disfruté. Sé que los hombres tienen necesidades, que como esposa tendría que cumplir, pero yo no quiero volver a repetir lo que sucedió hoy. Tú necesitas un heredero, un heredero que yo no te daré.
— Si me lo darás, si estas embarazada. En caso contrario, no me importaría dejarle el título a un futuro hijo de mi hermana Georgiana. Ya me has hecho ver que no deseas mis atenciones, y yo no soy del tipo de hombres que obligan a su mujer a mantener relaciones contra su voluntad. Si alguna vez quieres tenerlas tendrás que ser tú la que me busque. Con respecto al matrimonio, nunca lo hubiera anulado, aunque no hubiera pasado nada.
— William, no quiero que seas desdichado, quizás puedas ser feliz con...
— ¡Cállate! — interrumpió enfadado — y apaga la luz, así me harás feliz — dijo dándome la espalda acomodándose bajo las mantas.
— Pero... ¿vamos a dormir juntos?
— Por el momento sí, cuando lleguemos a Pemberly, podrás disfrutar de una habitación para ti sola.
Me puse del otro lado de la cama dándole la espalda, físicamente casi estábamos juntos, pero entre los dos había kilómetros de distancia.
El estaba muy enojado conmigo, le daba la oportunidad de olvidar todo, de dejarlo pasar sin la mínima consecuencia para él, e incluso le daba la oportunidad de ser feliz y rehacer su vida junto a otra persona. No lo entendía, tendría que sentirse aliviado.
Mis lagrimas brotaban silenciosas, mi vida era un caos. Poco a poco el cansancio del día fue haciendo mella en mi, y caí profundamente en los brazos de Morfeo.
Uff ¡que calor hace!
Bueno chicas, no os quejareis de actualización ¿no?, la historia está en su momento álgido. Por fin ha llegado el momento que todas esperabais, espero no haber defraudado a nadie, ya que es mi primer hot. Hacérmelo saber con vuestros reviews, son el pago a todo mi trabajo.
Como siempre, agradeceos vuestro apoyo, sobre todo a las que comentáis capítulo por capítulo. Sin vuestros ánimos dejaría de esforzarme para mejorar día a día el fic.
HOTARU SATURN BLACK,Cullen-21-gladys, maitam, Juddg, patyakane, megafanHP, Robel13, Cris,alissa-2012, ironylover, Mafer Longbottom-Hudgens, jenfer, Andshewasgone, Griush, Kiss Me Again, MonyCaffrey21, Rosalie BittersweetCullen, YamiletSoler, cicly, dark side of everyone, dushenka, laura-eli89, AnaMai, Kisses Olmet, Kzr, alissa-2012, dark side of everyone, estoy en wonderland, lucecita11,Diana, FABIANA BARROS, Trini, Iris stefania Salvatore Cullen, Andshewasgone, millybl, sheholmes, AnaMa9507, amescasso, Francisca 17, Rosmeryta14, linnetask, Elizabeth Swan Cullen, Kyuubi-No-Akitami, NightmareRebel, mimamamemimaa, small painter, AritzuB, .1, ginnyandharry`s love, y algun anónimo.
Hoy es el día de la madre, y no quiero pasar el día sin felicitar a todas las madres. Felicidades a todas ellas, en especial a la mía. FELICIDADES MAMÁ gracias por estar ahí.
Adelanto:
— No seas egoísta hermanito, déjame compartir un rato con ella, ya la tendrás para ti solo esta noche — contestó Georgiana con una sonrisa picarona al tiempo que la cogía del brazo y se la llevaba con ella.
