Descargo de responsabilidad: Personajes oficiales y universo de Harry Potter propiedad de JK Rowling. "Come Back to Me" propiedad de la imaginación de ChristinaFay. Traducción de vuestra servidora.
N de la T: Mientras ayer festejaban el Día del Trabajador, yo "trabajé" para ustedes. Quizá perdí a un par de lectoras durante la demora entre capítulos, pero estoy segura de que cuando regresen a leer, éste les va a encantar.
Diez puntos para adaduran, que fue la primera que se dio cuenta que en algún punto del capítulo anterior abandonamos el trato de "usted". Cosas de nuestro idioma que la autora ni se imaginó, pero que para nosotras hacen toda la diferencia en la relación entre nuestros protagonistas. Espero haber elegido bien el momento.
Como siempre, Gracias por leer y por dejarme sus comentarios!
Capítulo Catorce – Distracciones muy necesarias
—Gracias, Ron— Sirius tomó la poción que le había dado el mago pelirrojo. No la bebió, sin embargo, sólo apoyó el frasco de cristal a su lado, sobre una pequeña mesa junto a la chimenea—. Dijiste que ibas a tratar de recordar. Y eso fue hace tres días. Así que... ¿puedes recordar algo ahora? ¿Puedes recordar haber escuchado que alguien te seguía cuando estabas en el Departamento de Misterios? —Le preguntó, cansado, al joven mago.
—Este... no realmente, aparte de los mortífagos corriendo detrás de nosotros, por supuesto —Ron se rascó la cabeza, un poco avergonzado—. Lo siento, Sirius, pero pasé la mayor parte de esa noche muy confundido...
—¿Qué hay de ti? —La atención del mago se volvió hacia Harry, que acababa de entrar en la habitación—. ¿Qué más viste en la habitación donde fue herida Hermione? ¿Estás seguro de que no escuchaste pasos?
—Sí, estoy seguro, Sirius —Harry suspiró, antes de sentarse en el sofá frente a su padrino—. Como ya te he dicho, por enésima vez, no vi ni oí a nadie. Neville dice que la luz verde que vi era probablemente algún tipo de dispositivo de seguridad en la Cámara del Tiempo.
—Los dispositivos de seguridad no distinguen a los mortífagos, Harry —Sirius se dejó caer en el sofá junto a la chimenea, con el ceño fruncido—. Si realmente hubiera un dispositivo de seguridad en la cámara, todos ustedes deberían haber sido golpeados, no sólo Antonin Dolohov.
—¿Qué es lo que estás diciendo, entonces? —Los ojos de Harry se agrandaron.
—Estoy diciendo que no creo que estuvieran solos en esa oficina —dijo Sirius claramente.
—¿Por qué crees eso? —Harry se incorporó y se acercó al borde del sofá—. Si había alguien allí para ayudarnos, ¿por qué él o ella no nos lo diría? ¿Tienes alguna idea de quién podría ser?
Sirius respiró hondo, mientras su ceño se hacía más profundo. —Que me cuelguen si escuché a quien creo.
—¿A quién se parecía? ¿Sospechas alguien en particular? ¿Crees que la misma persona que te salvó también mató a Dolohov? ¿Quieres hablar de eso? —Harry se arriesgó a preguntar después de que el merodeador no ofreciera más datos.
—No, no y no —Sirius respondió con impaciencia. Sin decir una palabra más, cerró lentamente los ojos y dejó escapar un profundo suspiro.
Sintiendo el ambiente en la habitación levemente incómodo, Ron miró a Harry encogiéndose de hombros. —Voy a ver si mamá necesita algo más en la cocina —murmuró a su amigo y salió del estudio en puntas de pie.
Cuando Sirius abrió los ojos otra vez, se inclinó hacia Harry y le dijo: —Lo que es mío es tuyo también, Harry. Cuando yo esté viajando, puedes venir aquí cada vez que quieras.
—Pero yo no puedo venir aquí cada vez que quiera, Sirius —Harry se miró las manos—. Oíste a Dumbledore. Todavía tengo que volver a casa de los Dursley.
—Pero no por mucho tiempo —el mago le ofreció a su ahijado una pequeña pero alentadora sonrisa—. El año que viene vas a ser mayor de edad. Eso significa que después del próximo verano podrás mudarte aquí cuando tengas ganas. Ya he hecho jurar a Kreacher que te tratará como a su amo. Es un poco desagradable, pero todavía puede ser útil. Y él estará aquí cuando lo necesites. Tan sólo no lo dejes salir de la casa de nuevo.
—¿Qué hay de ti? —Harry alzó la mirada hacia Sirius con gran preocupación—. ¿Por qué dices que no estarás aquí? Creí que sólo ibas a viajar en una misión.
—¡Y qué misión, en verdad! —El mago gruñó y se dejó caer en el sofá—. Ese maldito Dumbledore me quiere lejos, estoy seguro. Formar una coalición con magos extranjeros en toda Europa y América del Norte... ¿Sabes cuánto tiempo me va a tomar?
—Remus piensa que es una idea brillante —Harry respondió pensativo—. Dijo que quedarte aquí sólo te convertiría en un blanco para la gente de los medios, como Rita Skeeter, y los políticos hambrientos de poder en el Ministerio. Y que eso tan sólo te expondría a ti y a todas las personas cercanas a ti para los mortífagos que buscan venganza. Me dijo que siempre has sido bueno dando una buena impresión en los eventos sociales y el estableciendo conexiones rápidamente. ¿No hiciste un montón de nuevos amigos en esa isla tropical cuando estabas prófugo con Buckbeak? Eso no te tomó mucho tiempo. Quizás Dumbledore simplemente esté planificando a futuro, tratando de encontrar una red de aliados que nos apoye antes de que nos sumerjamos en la guerra. Y, además, ¿cómo sabes que la guerra no habrá terminado para cuando yo finalmente pueda dejar la casa de los Dursley?
—Si es como la última vez —Sirius negó con la cabeza—, me temo que no va a terminar pronto. Y sabes que preferiría luchar junto a todo el mundo, aquí, que estar de gira por el extranjero.
—Remus dijo que la misión es darle el mejor uso a tu encanto —Harry intentó animar a su padrino.
—Remus... —Sirius soltó una risita—. ¡Mira quién habla! Mejor que ese muchacho empiece a prestar atención al señor Príncipe Azul en el espejo la próxima vez que se afeite. Presta atención a lo que digo, Harry: él no podrá huir de esto por mucho más tiempo. Tonks lo va a atrapar tarde o temprano. Me he dado cuenta de la forma en que se miran. Puedo verlo en sus ojos...
—¿Qué es lo que puedes ver en los ojos de quién? —Remus entró en el estudio antes de que Sirius pudiera terminar su frase.
—¡Mira quién está aquí! —El rostro de Sirius se iluminó al ver a su mejor amigo—. Pensé que estabas abajo con la Orden, planeando mi funeral. ¿Voy a ser olvidado, como una mota de polvo en el caos de la guerra?
—Sirius Black será recordado como un mago valiente que luchó contra el mal hasta su último aliento. Su vida va a ser celebrada en un pequeño funeral este fin de semana —Remus sonrió cálidamente al mago sentado junto a la chimenea—. Usted, señor Murzim White, pronto va a hacer una gran diferencia en la historia de la magia británica, mediante la expansión de los aliados de la Orden más allá de nuestras fronteras.
—Deja de glorificar planes de Dumbledore, Lunático —Sirius bufó, impasible—. Dime, ¿ya terminó la reunión? ¿Se fue todo el mundo?
—Casi —respondió Remus distraídamente mientras echaba un vistazo a la colección de revistas de magia en el estudio de la familia de Black—. Tonks tiene a Severus acorralado. No importa cuántas veces le diga que preparó las Poción de Matalobos perfectamente, ella sigue pensando que hizo algo mal porque olía horrible. Ella sabe que yo simplemente le diría a Severus que no se preocupe por eso, así que me empujó fuera de la habitación tan pronto como Dumbledore salió de la reunión.
—¿Snape sigue abajo? —Sirius se sentó en el sofá de repente—. ¿Puedes traerlo a verme?
—¿Quieres ver a Severus? —Remus sonrió a su amigo, desconcertado—. ¿Acaso el sol acaba de salir por el oeste? ¿Estás seguro, Canuto? Realmente no creo que estés en condiciones de batirte a duelo en estos momentos. Y, además —el hombre lobo se encogió de hombros—, sinceramente, no creo que esté interesado en visitarte. Tienes que estar reconocer que ese breve intercambio entre ustedes el día después de que te hirieran no salió tan bien.
—Ve a buscarlo por mí, amigo. Por favor —dijo Sirius, ignorando el consejo de Remus—. No le digas que yo soy quien quiere hablar con él. Sólo dile que alguien necesita la respuesta a una pregunta.
Tras un momento de vacilación, Remus salió del estudio, pero volvió a entrar un instante más tarde. —No estás pensando en matarlo cuando llegue, ¿verdad? —Frunció el ceño ante su compañero merodeador—. Y estoy bromeando a medias, amigo. No quiero tener que separar una pelea.
—Sólo vete y date prisa —gruñó Sirius—. No dejes que ese bastardo se escape de nuevo.
Observando desaparecer a Remus tras la puerta, Harry se dio vuelta y observó el rostro de su padrino, sorprendido. —¿Estás seguro que quieres ver a Snape? ¿De qué quieres hablar con él?
—Un par de asuntos de adultos —gruñó Sirius, antes de mirar a Harry y decirle—: Ahora que lo pienso, ¿puedes ir a preguntarle a Molly si ella ha visto que mi capa de viaje azul? Estaba pensando en empacarla para el viaje, pero no la pude encontrar. Hazme el favor, Harry, ve y pregúntale, ¿quieres?
—Está bien... —Harry se levantó lentamente del sofá y caminó fuera de la habitación con gran ambivalencia. Para cuando llegó a la puerta, Remus acababa de subir desde la planta baja con el mago de negro a la zaga. Tras intercambiar una mirada de preocupación con Remus, Harry pasó junto al Maestro de Pociones sin decir palabra.
Mientras Harry bajaba apresuradamente las escaleras, oyó la voz de Snape preguntar fríamente: —¡¿Es ésta una trampa, Lupin?! No debería haber confiado en un hombre lobo...
La puerta del estudio se cerró antes de que Harry pudiera escuchar una palabra más de la conversación.
Desde su llegada al número 12 de Grimmauld Place una semana atrás, éste iba a ser el primer día en que Hermione tendría la oportunidad de ver a Severus de nuevo.
El mago había visitado a la bruja adolescente todos los días de la última semana y media del año escolar que ella pasara bajo el cuidado de la señora Pomfrey. Además de llevar a Hermione las pociones necesarias y constatar el progreso de su recuperación, Severus también se quedaba para hablar con ella.
Después del día posterior a la aventura de la bruja en el Departamento de Misterios, ninguno de los dos trajo a colación la discusión que habían tenido. Sin embargo, parecía haber cambios sutiles en su manera de interactuar. ¿Era porque ella había tenido razón cuando puso en evidencia los celos de él? Hermione no estaba segura. Pero sentía como si por fin hubiera encontrado al Severus que había conocido en un mundo diferente. Cuando volvió al día siguiente, la frialdad en el tono de voz del mago había desaparecido. Hermione casi no podía creer lo que veía, pero él en verdad le devolvió el saludo con una pequeña sonrisa.
Los temas de sus conversaciones eran a menudo al azar, desde de las propiedades curativas de las pociones que el mago preparaba para la recuperación de Hermione hasta los extraños experimentos que la joven bruja observara en el Departamento de Misterios. Discutir sobre teorías mágicas abstractas satisfacía sus mentes intelectuales, les ofrecía un escape muy necesario, y les permitía sentirse alejados temporalmente de los deprimentes acontecimientos que se desarrollaban fuera de Hogwarts. Ninguno de los dos lo había admitido, pero ambos sabían que sus amistosos debates académicos se habían convertido con rapidez en el evento que ambos esperaban con ansias todos los días.
Ella se atragantó con su "adiós" el último día de clases, cuando estaba a punto de salir del ala del hospital. Él no le preguntó por qué estaba triste, pero se detuvo en su camino y regresó a la silla junto a su cama, como si estuviera tratando de consolarla al extender su tiempo juntos un poco más.
—¿Cuándo podré volver a verte? —Preguntó ella con tristeza. Cuando él no contestó, insistió—: ¿Puedo enviarte lechuzas durante el verano?
—No —respondió él de inmediato. Al darse cuenta de lo grosera que debía haber sonado su respuesta, se apresuró a añadir—: No sé qué esperar del verano, sobre todo ahora que el Señor Oscuro ha estado reclutando nuevos seguidores. —Alzando la vista hacia los suaves ojos marrones de ella, suspiró—. Podría tener que a asistir a sus reuniones, o pasar tiempo en la presencia de otros mortífagos, lo que hace imprudente cualquier comunicación a través de lechuzas o Patronus.
Asintiendo lentamente con la cabeza, ella se enjugó una lágrima solitaria que corría por su mejilla. —Voy a pasar unas semanas en el número 12 de Grimmauld Place antes de regresar a casa de mis padres. ¿Seguirás asistiendo a las reuniones de la Orden, por lo menos?
—Lo más probable es que sí —respondió él en voz baja. Tras una larga pausa, dijo—: Tal vez te vea entonces.
Él parecía un poco incómodo cuando ella se incorporó y se inclinó hacia delante, ofreciéndole un obvio abrazo. Dudó un poco mientras miraba alrededor de la habitación vacía antes de levantarse de su asiento y tomarla en sus brazos.
Ella cerró los ojos mientras aspiraba profundamente de su aroma, la familiar mezcla de sándalo y menta que recordaba tan bien. Su abrazo fue suave y breve, como el de dos amigos distanciados que reavivaban su vínculo después de haber estado separados durante un largo tiempo. Ella deseó poder permanecer en sus brazos un poco más; pero él no le concedió ese deseo. Cuando él se apartó de ella, sus mejillas ardían. Él no dijo una palabra más antes de dar vuelta rápidamente, pero ella alcanzó a ver que una pequeña sonrisa le alcanzó los ojos.
Hermione esperó en la casa franca de la Orden durante una larga semana. La señora Weasley le había prohibido que se uniera a Harry, Ron y Ginny mientras trabajaban en las tareas domésticas. Sin embargo, a la joven bruja en recuperación se le permitió explorar libremente la colección privada de libros de los Black. La lectura sólo ofrecía una distracción limitada. Hermione contaba los minutos hasta que los miembros de la Orden se congregaran de nuevo, y encontraba casi insoportable tener que esperar durante seis largos días.
Ella, obviamente, no esperaba que esa particular reunión de la Orden fuera tan corta; de lo contrario habría estado esperando a Severus en la biblioteca, del otro lado del hall de la sala de reuniones. Sabiendo que Severus no se sentiría cómodo si lo veían esperándola, y era muy probable que se fuera para evitar las miradas de cuestionadoras de los demás, Hermione bajó corriendo las escaleras tan rápido como pudo.
Tras pasar corriendo frente a varias habitaciones con las puertas herméticamente cerradas, Hermione alcanzó un tranquilo rellano. Cuando se detuvo junto a la cocina, vio a la señora Weasley rechazando cortésmente la oferta de Tonks para ayudar en la cocina. —Todavía te estás recuperando de tus heridas, Tonks. Remus y Sirius no estarían felices si se enteran de que te dejé trabajar en la cocina.
—¿Qué hay, Hermione? ¿Te sientes mejor? —la bruja de cabello color rosa vio a Hermione en cuanto ella entró en la cocina.
—Hola, Tonks. Mucho mejor. Gracias por preguntar —Hermione le devolvió el saludo amablemente, tratando de ocultar su decepción—. ¿A dónde fue todo el mundo?
—Ginny y su padre fueron a visitar la nueva tienda que Fred y George están pensando en comprar. Acabo de enviar a Harry y Ron arriba para buscar en el ático —respondió la señora Weasley mientras encantaba un cuchillo de pelar para que empezara a trabajar en un montón de papas—. Sirius está buscando a su capa de viaje. ¡¿Cómo se supone que yo vaya a saber dónde está?! ¿Quién se cree que soy? ¿Su madre...?
—¿Y los otros miembros de la Orden? —Hermione sentía poca paciencia por las quejas de Molly.
—La mayoría de ellos se fueron. Remus está arriba con Sirius —intervino Tonks—. Y Severus...
No llegó a terminar su respuesta antes de que un fuerte golpe proveniente de un nivel superior sorprendiera a todos en la cocina. Al parecer, la puerta que daba al estudio se abrió con tanta fuerza que se estrelló contra la pared, sacudiendo varias pinturas que colgaban a lo largo de la escalera.
—¡Regresa aquí, Snape! —Oyeron retumbar la voz Sirius—. ¡Responde a mi pregunta! ¡No he terminado contigo!
Las tres mujeres se apresuraron a salir de la cocina, justo a tiempo para ver al mago de negro bajar por las escaleras con pasos rápidos.
—Severu... ¡Profesor Snape! —Una sonrisa de alivio se desplegó en el rostro de Hermione.
—¿Qué está pasando ahí? —Preguntó Molly, con el ceño fruncido ante el origen del ruido.
El mago respondió, impasible. —El perro se ha vuelto loco. Y el hombre lobo está tratando de frenarlo antes de que empiece a morder.
Hermione se rió ante las palabras del mago, tan sólo para ganarse una mirada analítica de la señora Weasley. La metamorfomaga de pelo rosa lanzó una mirada curiosa a Hermione antes de hacer su camino tranquilamente hasta la escalera.
—Cuando llegues —Severus se dirigió a Tonks con frialdad—, dile a Black que mantenga su nariz lejos de los asuntos ajenos.
—Eh... profesor Snape. ¿Tiene un momento? —Hermione miró inquieta sobre su hombro a la señora Weasley—. Tengo un par de preguntas sobre mi investigación. Me preguntaba si me podría apuntar en la dirección correcta...
Severus arqueó una ceja ante la joven bruja, pero rápidamente volvió su atención a la bruja mayor, que parecía estar completamente sorprendida ante las palabras de Hermione.
—¡Mi querida niña! ¿Es eso lo que has estado haciendo en la biblioteca de Sirius todos los días? ¿Investigando? —Molly miró a la joven bruja con una pequeña sonrisa—. ¡Yo creía que en el verano uno se mantiene alejado de los libros! Traté de enviar Ron para ver cómo estabas un par de veces. Pero en lugar de eso, él siempre encontró una excusa para correr de regreso a su habitación, con Harry.
—Uno generalmente aprende cuando va a una habitación llena de libros —Severus miró a la bruja de mayor edad—. Es bastante obvio por qué su hijo tiene tan poco interés en visitar un lugar donde él no tendría nada más que hacer que leer.
Claramente ofendida, Molly soltó un bufido antes de regresar a la cocina. —No hagas demasiadas preguntas, Hermione —dijo, sin volverse hacia la joven bruja—. ¡Es indudable que perder el tiempo hablando con un mago de mal humor no es bueno para tu salud!
Riendo despacio ante las palabras de la bruja más vieja, Hermione se volvió hacia Severus y encontró una pequeña sonrisa bailando en sus ojos oscuros.
—Eres absolutamente horrible —sacudió la cabeza con desaprobación, pero no pudo ocultar la sonrisa en su rostro—. Sin embargo, no creo que ese comentario la mantenga alejada por mucho. Seguramente va a volver en cinco minutos a ver qué estamos haciendo.
—Entonces tenemos cinco minutos —señaló él.
Asintiendo con suavidad, Hermione sintió de pronto que la habitación se ponía algo calurosa. —Así que... ¿cómo has estado? —Preguntó al encontrar su voz.
—Aún con vida —respondió él, pensativo—. ¿Y tú? ¿Has tomado tus pociones cada mañana?
—Sí, lo hice —ella podía sentir sus mejillas calentándose—. Ahora que lo pienso, no te he dado las gracias por preparar los lotes adicionales de mis pociones para todo el verano. La señora Pomfrey dijo que tener todo eso listo fue una tarea exigente.
—No hay de qué —respondió él en voz baja.
—¡Hermione! ¡Necesito tu ayuda! —La voz de Molly los alcanzó desde el fondo del pasillo—. Necesito que alguien me diga si el curry está demasiado picante.
—Esto no está ni cerca de cinco minutos —siseó él.
Hermione dejó escapar un suave suspiro y metió la mano en el bolsillo para sacar un par de hojas de pergamino que habían sido cuidadosamente dobladas por la mitad.
—¿Vas a venir? —Molly salió de la cocina.
—Sí, señora Weasley —respondió Hermione sin mirar atrás—. Sólo quiero darle al profesor Snape una lista con mis preguntas.
Severus tomó el pergamino de las manos de Hermione sin apartar su mirada de la joven bruja. Sin embargo, cuando estaba a punto de desplegarlo, Hermione lo detuvo.
—Este... profesor. Tengo que disculparme de antemano por haberme topado con tantas preguntas —Hermione levantó la voz, claramente tratando de hacerse escuchar por la bruja que los observaba a poca distancia—. No es necesario que usted me ayude con ellas ahora. Le agradecería si pudiera echar un vistazo a la lista cuando tenga oportunidad.
Severus arqueó las cejas ante la joven bruja y asintió intencionadamente con la cabeza. —Veré lo que puedo hacer —respondió con una voz que era igual de alta para que Molly pudiera escuchar cada palabra—. Es bueno saber que la pequeña sabelotodo finalmente está admitiendo el límite de su capacidad.
Al cerrar la puerta despacio tras el mago, Hermione tomó unas cuantas respiraciones profundas, esperando desesperadamente que su rubor se desvaneciera cuando entrara a la cocina.
Severus no regresó a la Hilandera, a donde se había trasladado por el verano hacía unos pocos días, sino hasta bien entrada la noche. Había asistido a una larga reunión convocada por el Señor Oscuro después de dejar el número 12 de Grimmauld Place. Durante las horas siguientes pudo sentir el pergamino que ella le diera en el bolsillo sobre el pecho, cerca de su corazón.
Después de crear múltiples encantamientos protectores sobre su puerta y ventanas, sacó la carta y se sentó en su escritorio. Alzó las cejas con sorpresa cuando, al desdoblar el pergamino que ella le había entregado ese mismo día, sólo pudo ver una página en blanco, pero rápidamente reconoció las medidas cautelares que había tomado. Apuntando con su varita al pergamino, susurró: —Aparecium. —Sintió que su corazón dio un golpe cuando su hechizo convocó aquella pulcra y elegante caligrafía.
«Querido Severus,
Sólo han pasado unos días desde que nos despedimos, pero sin duda espero que podré verte pronto. Nunca pensé que disfrutaría quedarme en la enfermería, pero en estos últimos días yo hubiera hecho cualquier cosa con tal de volver allí, de modo que pudiéramos continuar nuestros debates sobre las explicaciones mágicas para la medicina muggle. Creí que podríamos conversar luego de mi llegada al número 12 de Grimmauld Place. Sin embargo, al ver la forma en que Molly me ronda constantemente, dudo que vayamos a tener esa opción.
Sé que no voy a ser capaz de enviarte una lechuza, pero al menos espero tener la oportunidad de darte esta carta.
Quiero que sepas que disfruté mucho nuestras conversaciones de la última semana y media. Nuestras discusiones me hicieron recordar tus visitas diarias a mi tienda en el norte de California. En ese otro mundo, me dijiste que habías pasado años viajando por el mundo. Pero nunca hablaste mucho acerca de los lugares que habías visitado. ¿Tienes una lista de destinos que te gustaría visitar algún día? ¿Dónde te gustaría ir primero?
Yo sólo he estado en Francia y Alemania con mis padres. Han estado hablando de Australia por un buen rato, lo que me hace pensar que probablemente quieran pasar las próximas vacaciones familiares allí. Pero si pudiera elegir, me gustaría visitar los Estados Unidos. Quiero saber cómo son las comunidades de magos allá, en el "nuevo mundo".
He estado leyendo las colecciones de libros en la biblioteca de Sirius. ¡Son muy informativos! Es una pena que nadie más que yo en esta casa esté interesado en leerlos. Sin embargo, después de pasar días leyendo, he empezado a preguntarme si debería empezar a considerar una materia en la que enfocarme después de Hogwarts. Sé que me estoy adelantando, ya que todavía faltan dos años más antes de que me gradúe. Pero tú y yo sabemos que no tengo realmente dieciséis (casi diecisiete). Y una de treinta años de edad, indudablemente, ¡no querría perder la oportunidad cuando se encuentra con años extra en sus manos!»
Severus se mordió el interior de las mejillas para contener la risa. Casi podía ver a una decidida Hermione Granger sosteniendo una lista con opciones y pidiendo consejos de orientación profesional a Minerva. Ella ya debía haber investigado sobre diversas alternativas para continuar su educación después de Hogwarts. Severus estaba seguro de eso. No sería ella si no tuviera todo planeado.
No pudo evitar sonreír cuando pasó a la segunda página. Tenía razón: la joven bruja había listado todos los pros y los contras que pudiera pensar entre conseguir un puesto de aprendiz en el Reino Unido y asistir a una universidad extranjera para seguir una carrera en pociones. Ella le pedía su opinión y sonaba ansiosa por saber lo que él pensaba que sería una buena trayectoria profesional.
Dejó la carta sobre el escritorio y dejó escapar un suspiro. Se sentía como si acabara de terminar una agradable y larga conversación con la joven bruja. Lo que más le llamó la atención, sin embargo, fue la falta de mención de la guerra en sus palabras. Ella sonaba tan emocionada por el futuro, un futuro que él no se atrevía a imaginar durante demasiado tiempo. Él sabía que ella no era tan ingenua como para olvidar el peligro inminente que había traído el regreso del Señor Oscuro, de lo contrario no habría escrito la carta con tinta invisible. Leyendo entre líneas, podía darse cuenta que ella estaba tratando de distraerlo. Ella quería que él viera la luz al final del túnel, un túnel que él siempre había considerado que estaba conectado al infierno.
Un pequeño ceño lentamente se arrastró entre sus cejas mientras consideraba sus palabras. Tomando aire profundamente tomó su pluma, y decidió seguirle el juego. Ella lo había hecho fácil para él: fácil para responder a su carta, y fácil para pensar de nuevo en el futuro.
