Capítulo 14: Una nueva vida.
Un nuevo día y una nueva vida había empezado para la morena y la latina.
- San, tengo un regalo para ti. – Rachel saca de su bolso un cepillo de diente.
- ¿Qué es esto, Rachel? Yo ya tengo un cepillo de dientes, no necesito otro.
- Sí, pero no en mi casa… - Santana se sorprendió enormemente, sentía una mezcla entre felicidad y temor.
- San, ¿quieres venir a vivir conmigo? – "Di que si, di que si" se repetía mentalmente la morena.
- Rachel… ¿no crees que vamos demasiado rápido? – Santana no pudo ocultar su temor.
- ¿Por qué?, vamos, siempre estoy en tu casa, y tú te conoces la mía como si fuera tuya, no sería una novedad para ti.
- Ya pero… no sé… es… demasiado… pronto. - Santana continuaba dubitativa.
- San… ¿todavía tienes miedo, verdad? – Rachel se acercó a la latina y la besó, luego la abrazó con mucha fuerza. – Estás temblando San… Cálmate, cariño. – Santana se calmó un poco al oír esas 6 letras. Y se separó de Rachel, pero continuaban una enfrente a la otra.
- ¿Estás segura de esto, Rachel? Por favor no lo hagas si no estás 100% segura.
- Lo estoy San, lo estoy. QUIERO que te vengas a vivir a mi casa, QUIERO pasar todo el tiempo posible contigo, QUIERO que duermas conmigo, QUIERO que seas lo primero que vea al despertarme, QUIERO besarte a cada hora y compartirlo todo contigo.
Santana miró a los ojos durante 5 segundos a Rachel, colocó sus manos por la nuca de la morena, y le dio un beso, profundo, sincero, sencillo, pero dulce y lleno de sentimientos y sobre todo, de amor. Después el beso se volvió más serio, las lenguas de la latina y la morena estaban en contacto, por primera vez, y era una sensación maravillosa para ambas, querían volver a repetirlo día tras día, y justo en ese momento, Santana se dio cuenta que debía vivir con Rachel, que no se arrepentiría, que probablemente no todo sería feliz en esa relación, que no sería como en esas pelis cursis que nunca hay problemas entre las parejas, posiblemente habrían las típicas peleas de pareja cada semana, o cada 2 días, pero que la reconciliación sería, siempre, muy dulce.
- De acuerdo, viviremos juntas. – Santana sonrió, e hizo a Rachel, la persona más feliz del mundo.
- Eres genial, San, y te lo demostraré todos los días, te lo prometo. – Rachel apartó un mechón de pelo que caía por la cara de Santana, y la colocó detrás de su oreja. La morena todavía veía una pizca de temor en el rostro de la latina, pero haría lo que fuera para hacerla feliz y hacerla sentir segura a su lado.
A la semana siguiente, todas las pertinencias de Santana ya se encontraban en la casa de Rachel, y por fin, la latina iba a dormir al lado de su amada.
Era algo nuevo para ellas, eso de dormir juntas, y las dos sentían una mezcla entre vergüenza y deseo.
Las dos miraban hacia el techo, hasta que, como siempre, Rachel dio el primer paso, se giró hacia Santana y le dijo las 2 palabras menos indicadas en ese instante:
- Eres preciosa. - Santana se sonrojó.
A Santana no le quedó otra que girarse también. Ella no llevaba bien eso de piropear a la gente, aunque lo pensara, le costaba expresar lo que sentía.
- Gracias. – "Oh, vaya… ¿gracias?, ¿Santana qué estás haciendo? Dile que ella también lo es" pensaba la latina para sus adentros. Y se colocó nuevamente en la postura inicial, mirando hacia el techo – T… tú también. – Rachel sonrió.
- ¿Te cuesta, eh?
- ¿E... el qué?
- Tranquila, San. – Rachel se acercaba más y más a Santana, y esta se ponía cada vez más nerviosa.
La latina podía sentir la respiración de Rachel en su cuello, lentamente y para no ponerla más nerviosa, Rachel colocó su brazo en el estómago de la latina, y causó el efecto contrario en Santana. Estaba todavía más asustada. La morena le dio un beso en la mejilla a la latina, y esta todavía parecía estar en estado vegetal. No podía ni moverse. Rachel subió su mano hasta el pecho de Santana, podía sentir sus latidos, ahora iban todavía más deprisa. Rachel lo que menos quería era poner nerviosa a Santana, así que se apartó de ella para que pudiera volver a la normalidad.
- ¿Estás agobiada, San? Si quieres, puedo dormir en otra cama…
- Rachel no seas boba. Lo siento, no sé qué me pasa… Estoy tan… como decirlo…
- ¿Nerviosa?
- No, no es eso… es vergüenza… supongo… pero tampoco sería la palabra…
- Bueno, no pasa nada San, debes tener sueño, duerme. – Rachel posó sus labios en los de Santana. – Buenas noches, preciosa.
- Buenas noches. – Rachel se giró y cerró los ojos para poder dormir. – Rachel… - dijo San en voz baja.
- Dime cariño. – dijo dulcemente la morena.
- Lo siento. – se notaba un tono de arrepentimiento en la voz de la latina.
- No tienes que sentir nada, algún día podrás actuar con normalidad conmigo, pero yo lo entiendo, enserio, sé que es difícil para ti, llevas mucho tiempo intentando ser una persona que no eres, hasta llegaste a creer ser esa persona y ahora te cuesta mostrar tus sentimientos, pero pongo la mano en el fuego de que muy pronto lo conseguirás, y verás, que todo este tiempo que no has sido tú, lo has perdido.
- Yo quiero hacerlo, Rachel. Quiero demostrarte que me importas mucho.
- Lo sé, se que te importo. – intentaba calmarla la morena.
- Pero no te lo demuestro, y eso me da rabia… - Santana estaba triste por dentro.
- Lo harás, y entonces yo te querré muchísimo más.
- ¿Y si nunca llega ese momento, Rachel? ¿Dejarás de quererme?
- A la primera pregunta: sé que llegará, y si no llegara, te seguiría queriendo, pero siempre me quedaría la intriga de ser como sería esta relación si te mostraras tal y como eres. Va, y ahora duérmete, que tienes que descansar, hoy ha sido un día muy cansado para ti, entre las maletas y todo lo que has tenido que trasladar.
- Buenos días, princesa. – Santana se despertó de buen humor, y algo menos tímida de lo normal.
- ¿San, eres tú? – Rachel sentía como si todavía estuviera durmiendo. Como si hubiera oído la voz de Santana en sus sueños.
- Claro, ¿Quién si no? Espero que no vivan contigo todos tus ligues. – bromeó la latina.
- ¿Me has llamado…? Bueno, no importa. – Rachel quedó estupefacta, nunca pensó que vería un cambio en Santana tan repentino, quizás no era un cambio de actitud completo, pero que le llamara princesa ya era mucho para la morena.
- ¿Qué quieres desayunar, Rach?
- ¿Rach? – La morena se tuvo que frotar los ojos dos veces para creer que no estaba en uno de sus sueños.
- Sí, ¿Qué pasa? ¿Tú me llamas San y yo no te puedo llamar Rach? – sonrió la latina, que estaba radiante de felicidad.
- Claro que sí. – sonrió la morena. – pero no me prepares nada, ahora me visto, y te invito a algo por el centro. – propuso Rachel.
- ¿Estás segura? No hace falta que gastes dinero, podemos desayunar aquí…
- Me apetece un café del Starbucks. – afirmó la morena.
- Vale, pues vamos entonces. – sonrió Santana. – Por cierto, ¿tienes planes para esta noche?
- No, ¿Por qué?
- Entonces perfecto, porque yo lo tengo. Para las dos. – dijo la latina.
- ¿Una… cita? – preguntó la morena.
- ¿Nuestra primera cita formal? – bromeó Santana.
- ¿No recuerdas aquella cena… de hace poco?
- ¿Eso fue una cita? – soltó una carcajada Santana.
- Una especie de cita. – afirmó Rachel.
- Podrías haberme avisado de que lo era. – bromeó Santana.
- Prefiero pensar que esta es nuestra primera cita, aquello no acaba muy bien. – Rachel se puso a recordar lo mal que lo habían pasado aquella noche y esperaba que nunca volviera a ocurrir algo parecido.
- Técnicamente, esa no era una cita. No me dijiste que lo era, así que no lo fue. Por lo tanto… ¿quieres tener nuestra primera cita hoy? – le preguntó la latina a Rachel con una sonrisa en la cara.
- Si te arrodillas, quizás me lo piense. – Y Santana lo hizo, se arrodilló, y volvió a repetir la misma frase. Rachel no pudo contener la risa. Y pronunció un "sí, quiero" que llegó al alma de la latina. Quien se sentía querida y afortunada por primera vez, desde hace mucho tiempo.
Siento mucho el retraso del fic, pero es que no tengo tiempo para escribir nada, posiblemente acabe este fic estas navidades, así que no queda mucho para su fin, lamento el retraso de veras. :)
