"Te propongo, sin espacio a compromiso, que vengas, me tomes, y acaricies como si no hubiera un mañana..."


.: SEXPERIENCIAS :.•


| XIII.- Una Propuesta Indecorosa |


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¿Y a quién le dan pan que llore? Me dije luego de la proposición de Sakura y a la cual, por obvias y con claras intenciones, Sasori aceptó.

¿A quién le dan pan que llore? Repetí nuevamente cuando se dirigieron al coche de éste.

Y es que, como buen macho alfa, era claro que la oportunidad no la desaprovecharía, por tal razón, sin darle una verbal respuesta, simplemente la guió hasta su Eclipse negro de reciente modelo, sin despedirse siquiera de sus camaradas, lo mismo que hizo ella. Ambos simplemente se perdieron sin dar explicaciones de por medio.

—¿Sabes qué…? Me temo que mis amigas ya están en casa…

Expuso Sakura con cierto fastidio luego de abrocharse el cinturón. Él no dijo nada, simplemente encendió el coche, metió los cambios y arrancó. Irían a su casa.

Sasori era un hombre de pocas palabras pero de acciones precisas, detestaba perder el tiempo si las cosas ya habían sido habladas.

Ella en cambio, al estar en la entrada al departamento, justo cuando él abrió, tomó suficiente aire, soltándolo con suavidad tratando de relajarse. Sabía lo que estaba haciendo, sin duda, ella misma se había puesto en tal situación, iba, literalmente, a la casa de un hombre del cual poco conocía, salvo por su nombre, y uno que otro hobby. Sabía de sobra que él no se andaba con rodeos ni cuentas a medias, a él le proponías algo y se lo cumplías, no estaba tratando con algún chico de su edad a los cuales todavía se les podía engañar, sino todo lo contrario. Sasori era un hombre mayor, con clara experiencia, y Sakura una jovencita, la cual parecía querer probar sus agallas y salir de su mundo de cuentos de hadas.

Por tal razón, era claro que se encontrara nerviosa pese a que su apariencia se mantenía intacta.

Cuando entraron a la casa, cada quien por su parte, sin tomarse de la mano, decirse algo o al menos echarse una mirada, Sakura se sorprendió por lo bien ordenado que tenía el departamento. Él se dirigió al baño mientras que ella veía con curiosidad el interior de la casa. Daba la impresión como si quisiera encontrarle algo.

Al notar la puerta del cuarto entreabierta, sigilosa entró pese a la poca iluminación. Notó entonces, sobre una repisa esquinada, varios objetos que llamaron su atención, especialmente los pequeños muñecos de escasos diez centímetros elaborados con porcelana fría, en los cuales se podían ver a cada uno de sus camaradas, todos con gabardinas negras al mero estilo Matrix. Tan bien hechos y exactos estaban, que incluso el de Konan traía una pequeña flor como adorno en su cabello. A un lado de estos se encontraba una pareja de esposos en representación de sus padres y, tirada al fondo de la repisa, una última muñeca de vestido rojo y cabellera negra.

Sakura trató de acomodarla en su lugar, pero en el momento, la luz de la habitación fue encendida por Sasori, asustándola, haciendo que por efecto la muñeca se le cayera al suelo.

—¿Buscabas algo? —preguntó desde la puerta.

—No… yo no… —tartamudeó nerviosa, agachándose para recogerla—. Es sólo que la puerta estaba abierta y al verlos me llamaron la atención… ¿los mandaste a hacer?

Explicó, desviando el tema, colocando sobre la repisa la pequeña muñeca.

—Los hice yo.

—¿De verdad? ¡Wow, qué talento! Están muy bien hechos. Me resultó curioso ver a tus amigos en miniaturas —siguió admirando cada detalle en ellos—. No es algo así como Vudú, ¿cierto? —dijo e inmediatamente rió en burla. Al notar su seriedad, ella igualmente se puso un tanto seria—. Lo siento, no debí haber entrado e invadir tu privacidad. Es sólo que… creo que quería saber un poco más de ti.

Él alzó una ceja, y cruzándose de brazos se recargó en la pared.

—¿Qué quieres saber?

—No lo sé… por ejemplo… —llevó un dedo a la altura de sus labios, pensativa—. ¿Vives solo? ¿No estás… casado o algo por el estilo? Digo, no vaya a ser que alguien llegue y me quiera echar a patadas al verme aquí contigo.

Él se apartó de la pared y caminó hasta la persiana, cerrándola por completo.

—Vivo solo y no, no estoy casado, así que pierde cuidado que nadie llegará haciendo un escándalo. Odio los compromisos —soltó el aire con fastidio—. Además, no suelo traer mujeres a la casa.

—Vaya, no sé si sentirme halagada por ser la primera en cruzar tu puerta o cabreada al saber que soy una chica más en tu lista.

Sasori arrugó el ceño y la miró con seriedad.

—No tendrías porqué molestarte…

—Sólo bromeaba, después de todo tú y yo no somos nada —dijo y le dio la espalda, apartando de su rostro los flequillos sueltos, colocándolos tras la oreja—. Comparada quizás con otras, debo de parecerte una niña.

—No, pero sí una mujer que no sabe lo que quiere.

Aquella respuesta hizo eco en Sakura, la cual abrió los ojos en sorpresa, humillando luego la cabeza.

—Esa no era la imagen que quería mostrar… —acomodó nuevamente su cabello—. Yo quisiera más bien ser un poco más divertida, atrevida, es decir, quiero vivir mi vida sin temor a lo que pueda pensar la gente por lo que haga o deje de hacer.

—¿Por eso me propusiste que te llevara a tu casa? ¿Querías sentirte… "atrevida"? —ella se mordió los labios—. Contéstame una cosa: ¿cuántas veces has tenido sexo?

Soltó de pronto, desconcertándola, haciendo que se ahogara con su propia saliva.

—¡¿Qué?! ¿Pero eso qué tiene que ver…? —se puso nerviosa, completamente roja.

—Que, aunque no lo dijeras de forma directa, tú querías que te cogiera. Pero aún así no pareces muy convencida, pareciera que tuvieras miedo o te sientes incómoda. ¿Es tu primera vez?

Sonrojada, le desvió la mirada.

—Para serte sincera, sí me siento algo nerviosa, sólo lo he hecho una vez y todo sucedió de una forma muy diferente, al menos para mí.

Lanzó un suspiro con pesadez, sosteniéndose ambos brazos como si se estuviera abrazando.

—Recuéstate en la cama —dijo simple, tal cual si le estuviera invitando a tomar el té.

—¡¿Qué…?! —expresó completamente roja de la vergüenza—. ¿Así nada más? Creo que… yo… quiero platicar un poco más.

—Pero yo no —espetó, reduciendo la distancia, poniéndola aún más nerviosa al pegarse a su cuerpo, girándola, quedando ella frente al espejo—. Mira cómo estás temblando por la nada, esa imagen es tuya, justo ahora —señaló viéndola desde atrás. Ella centró su atención en su propio reflejo, juntando después ambas cejas cuando él se apartó agregando—: Si no estás segura es mejor que así dejes las cosas. No soy de los que tienen consideraciones, pero tampoco pienso obligarte. Después de todo me imaginaba que realmente no te atreverías a nada.

Dicho esto, apenas dio un par de pasos cuando con coraje y determinación ella le tomó de la mano evitando que saliera de la habitación.

—Yo… sí lo quiero hacer —él volvió a mirarle y ella le besó como dándose valor—. Sólo por favor, haz que no me arrepienta de nada…

Eso para el hombre debió haber sonado como un reto, como si estuvieran dudando o bien desafiando su experiencia, por lo que, sin más, la recostó en la cama sin romper el beso que ella deseaba tener, envolviendo en su lengua la de ella en una manera de orillarla a que se relajara.

El brazo con el que lo sujetaba del cuello, atrayéndolo así a sus labios, lentamente fue cayendo, confirmándole al pelirrojo que la chica ya se encontraba un poco más calmada.

Sin perder más tiempo, con su mano derecha le recorrió la pierna, de la rodilla hasta el dobladillo del vestido, el cual poco a poco fue subiendo, dejando entrever el pequeño triangulito de su tanga de encaje blanco.

Cuando él quiso tocarle la entrepierna, ella intentó apartarle, sin embargo, él le retiró la mano, sujetándole de la muñeca.

—Dijiste que hiciera que no te arrepintieras —expuso, y sobre su pecho derecho le colocó esa mano—. Ya no hay vuelta atrás, Sakura. Todo lo que te queda es dejarte hacer y disfrutar.

Por lo que le palpó con toda la mano su sexo por encima de la prenda. Con el dedo pulgar hizo a un lado la tanga y sin hacerse esperar tocó con el dedo medio e índice sus labios vaginales, sólo por encima de éstos.

Al contacto de los dedos en su zona íntima, ella comenzó a suspirar suavecito, tal cual fue inicialmente el contacto. Suave.

—¿Siempre andas depilada? —ella le desvió la mirada sin decir nada—. Me gusta que estén así, de ese modo es más fácil verles todo.

Y se abrió paso con sus dedos entre los labios vaginales, jugueteando así con el inicio de su vagina, aún sin entrar en ella.

—¡Ah… aah…! —gimió con agitación, manteniendo ambas piernas abiertas y a su amante entre ellas—. Uhm…

—Aún no juego con tu coño por dentro y ya lo traes empapado. Te mojas con mucha facilidad.

Conforme los dedos del hombre se hacían de toda su abertura, más y más fluían los líquidos vaginales de Sakura.

—Tus… tus dedos —quiso decir algo, pero las caricias de él borraron las palabras de su boca.

—¿Qué pasa con ellos? —quiso saber aún con los dedos jugueteando en ella.

—Se sientan tan… bien, uhm… muy bien.

Y en efecto, se notó lo bien que sentía pues ella misma comenzó a mover la cadera hacia abajo y hacia arriba, viéndole directamente a los ojos, manteniendo los labios entreabiertos, respirando hondo.

—Estás deseando que te meta más profundo los dedos, ¿cierto? —ella, sin dejar de verle, hizo una mueca la cual Sasori interpretó como una afirmación y, sin darle tiempo a nada más, introdujo dos dedos en ella—. Se siente muy cerrado, ¿segura que sí te la metieron?

Ella abrió grandemente los ojos y gimió al Sasori comenzar a mover sus dedos dentro de su apretado coño.

—No… no lo menciones…

—¿Alguna vez te han mamado el coño? —cuestionó tan directo como era su costumbre, sorprendiéndola. Ella no respondió, por lo que obligándola a que lo hiciera, clavó con más fuerza los dedos en su orificio, dejándolos adentro, muy hundidos—. Bien, entonces te daré tu primera mamada.

Y bajó rápido de la cama, arrodillándose en el suelo, estirando a la chica hasta la orilla de la cama, manteniendo sus piernas bien abiertas. Al primer contacto de su lengua con la abertura de ella, Sakura elevó un poco el cuerpo. La mezcla entre lo caliente de su coño y la templanza de la lengua, le hicieron lanzar un suspiro como si el aire le estuviera faltando.

Y en efecto, el alma misma parecía írsele del cuerpo al Sasori estársela absorbiendo desde el coño, pues labios con labios, le daba un húmedo beso a su sensible zona. Abría grandemente la boca y la cerraba conforme succionaba su rosada abertura, y la lengua la metía lo más profundo que se podía.

Su cabeza estaba literalmente clavada entre las piernas de la chica, la cual no cabía en su dicha.

Pues sus ojos abría y cerraba conforme esa traviesa lengua le devoraba de inicio a fin su húmeda cueva. De un lado a otro meneaba la cabeza como si no se creyera lo que le hacían entre las piernas, como si no creyera que tal placer existiera. Sus piernas sufrían leves temblores, de vez en cuando hacía como que las quería cerrar, pero él se lo impedía, deteniéndola con su cuerpo y el brazo, aún sin apartarse de su coño.

Sasori de igual manera parecía disfrutar, pues con gula se llenaba la boca completamente de jugos, hundía el rostro en su coño y no hacía gesto de sentirse asqueado o aburrido. Sino todo lo contrario. Con lengüetazos fue despertando el clítoris de Sakura, el cual fue saliendo lentamente de la pielecilla que le cubría, mostrándose la rosada puntita.

Sasori sin duda era un hombre que conocía más faldas que avenidas. Tenía conocimiento de los puntos exactos, sabía cómo dar placer con diversas partes de su cuerpo.

El sexo oral lo ejecutaba no con simples lengüetazos de puntita como muchos harían, sino que empleaba por completo la lengua, como cuando uno de pequeño se terminaba su comida favorita y quería disfrutar de la última embarrada en el plato, procediendo a limpiarlo por completo con la lengua. Algo así hacía él en Sakura. Le limpiaba cada fracción de su abertura.

—Aah… no… no toques ahí… —pidió cuando él le cubrió con la boca el clítoris.

—Voy a hacer que te corras —dijo, probándole con toda la lengua el pequeño botoncito. Ella se sujetó de las sábanas—. Quiero que te corras en mi boca como una puta.

—¿Q-qué…? —alzó apenas la cabeza al escuchar lo último—. A-apártate por favor… siento… siento extraño.

—No, hasta que te corras —replicó, continuando con el oral, hundiendo dos dedos nuevamente en su orificio, doblándolos, formando una especie de ganchito, tal cual si le estuvieran raspando las paredes de la vagina—. Te daré tu primera corrida, y cuando lo hagas quiero que grites, que no te contengas, quiero que hagas lo que te plazca, pero al final quiero que me agradezcas y digas: me he corrido como una auténtica puta.

—¡N-no… no diré eso…! Uhm, aah… por favor, saca… saca tus dedos.

—Deja de contenerte que haré que te corras de una vez por todas. Conmigo todas las mujeres terminan viniéndose mínimo dos veces y una jovencita como tú no será la excepción.

Amenazó y volvió a dar rápidos lengüetazos sobre su clítoris descubierto, el cual indicaba que su clímax estaba próximo a llegar.

Dando un par de chupadas más, sin sacar los dedos del coño, Sakura anunció en un largo y agónico gemido que había alcanzado su orgasmo. Las reacciones que le siguieron a su grito lo confirmaron. Sus piernas se tensionaron, los dedos de sus pies se contrajeron, la espalda la curvó y los ojos se le pusieron en blanco. Se había corrido tal cual él le señaló.

—¡Oh por dios… oh por dios… qué fue eso tan… oh…!

Expresó fuera de sí, con el poco aire que le quedaba.

—Di lo que te dije —manifestó aún desde sus piernas.

—¿Eh? No… claro que no —Sakura apenas le miró, con borrosos ojos—, no pienso decir tal cosa.

Él entonces, aún sin sacar los dedos de su coño, volvió a moverlos, introduciendo un tercero. Ella a como pudo quiso apartarlo, pero las fuerzas habían abandonado su cuerpo. Todavía no se recuperaba de su orgasmo.

—En ese caso una vez más te correrás.

—¡¿Qué…?! No, espera, aún no me repongo de… aah… uhm, no… no sigas.

Pero él continuó y una vez más arremetió contra su clítoris. El coño de la chica aún se notaba palpitante, bañado de jugos, era claro que ante tal condición su orgasmo no tardaría mucho. Sin embargo, no conforme con ello y, con toda la intensión de cumplir su cometido de nuevo, mientras que con su lengua sorbía su clítoris y con la mano derecha masturbaba su coño, con el dedo medio de la otra mano, una vez que lo hubo mojado con sus mismos líquidos, se lo introdujo en el orificio entre sus nalgas, haciéndola gritar y dar un pequeño brinco sobre la cama.

—Supongo que esto… —indicó, refiriéndose a su culo—, aún no tiene dueño.

El pecho de la chica subía y bajaba acelerado. Frente a la cama, detrás de Sasori, se encontraba un espejo de cuerpo completo, y en el cual ella misma se reflejaba, viéndose a como sus dilatados ojos le permitieran: abierta de piernas, recibiendo placer en sus zonas más íntimas. Desde su posición, frente al espejo, aquella escena se veía obscena.

Sakura comenzó a masajearse los pechos por encima de la ropa, meneó desenfrenadamente la cabeza y, volviendo a alzar la espalda, escandalosamente gritó:

—¡Uhm… ahh…! ¡Sasuke!

Justo en el instante en que se corrió.

Al hacerlo, pronto tapó su boca con ambas manos, mirando con angustia al pelirrojo que seguía entre sus piernas, aún con la boca cubriendo su clítoris, el cual simplemente alzó la mirada y sin expresión aparente le miró.

—Yo… lo… lo siento, no creí que…

Quiso excusarse, sin embargo, el chico apareció frente a ella y la besó, interrumpiendo su explicación. Al finalizar el corto beso, tomándola con una mano de la quijada, le hizo abrir la boca y sobre ésta dejó salir un hilillo de su saliva, entremezclada precisamente con los jugos vaginales de ella, dándoselos a probar.

—Sólo recuerda quién te regaló tu primer orgasmo.

Dijo antes de apartarse, dejándola en la cama para que se recuperara antes de irla a dejar a su casa.

Ella se quedó completamente ida sobre la cama, mirando al techo plenamente fuera de sí, con ambos brazos y piernas extendidas. Apenas y se podía mover. Tuvieron que pasar un par de minutos para que su cuerpo reaccionara.

Luego de que ambos se lavaron, en silencio se dirigieron hasta la casa de la chica.

Cuando estacionaron en la entrada al edificio, ella sacó el aire con calma, aún apenada por lo sucedido.

—Gracias por haberme traído —y queriendo remediar un poco lo ocurrido, trató de sonreírle—. Fue una buena noche, me la pasé muy bien… gracias a ti.

Dijo, pero él no respondió. En realidad no se le miraba molesto, más bien actuaba como era su costumbre: serio, sin ninguna emoción aparente.

Sin embargo, antes de bajar del auto, ella se volvió, preguntándole, como si nada hubiera pasado, sobre si iría a la próxima boda de sus amigos.

—Supongo, ¿por qué?

—Es sólo que quería preguntarte si… ¿quisieras ser mi pareja en la boda? —preguntó con vergüenza. Él se giró a verla—. Yo sólo decía, no te sientas comprometido a aceptar, no pasa nada.

—¿Qué pretendes conseguir con eso? —Sakura negó—. ¿Tu plan es darle celos al hermano de Itachi conmigo?

—No, eso no, no lo decía por esa razón. Admito que en un inicio cuando te conocí pensé en algo por el estilo, pero ahora no lo hago por eso…

—¿Entonces? Como ya lo dije, no me gustan los compromisos. Si lo que buscas en una pareja enserio yo no soy el indicado. Lo que pasó hace unos momentos fue sólo sexo, si quieres volver a repetirlo está bien, pero nada de sentimentalismos de por medio —aclaró—. Lo que te traigas con ese niño no es de mi incumbencia, pero aún así, si tu idea es joderlo de esa manera, puedo seguir fingiendo que entre nosotros dos hay algo.

Sakura lo observó anonadada por lo que le escuchaba y su singular propuesta. Técnicamente le decía que de él sólo obtendría una verga, unas manos y una boca, de ahí en fuera nada, pero aún así aceptaba jugar a ser algo así como pareja con la intención de joderle la existencia al Uchiha. Ah, y adicional a eso, dejaba la invitación abierta por si algún día se le ofrecía un poco de sexo como entretenimiento.

—Vaya… eso sí que no me lo esperaba, me refiero a lo último —señaló, sonriendo irónica—. ¿Pero qué ganas tú al "ayudarme"?

—Nada, sólo que me caga las bolas.

Sakura se rió, aún sin creérselo, devolviéndole luego la mirada, aceptando, al tiempo que se mordía el labio inferior.

—Bien, entonces gracias nuevamente por traerme a casa, novio, no-novio.

Se despidió, dando por sentado el tema.

Al apenas llegar a su departamento, con una singular sonrisa en el rostro, Ino la detuvo antes de que pasara de largo.

—Te estuve marcando y nunca respondiste. Estaba por reportarte como perdida pero justo llegaste en ese sospechoso y genial auto negro, muy bien acompañada… —contó en burla.

Sakura miró su celular, notando todas las llamadas perdidas de Ino y un mensaje de Amaya, el cual sólo tenía una carita de guiño.

—Lo siento, no me di cuenta…

—Shu, shu, deja tú eso, mejor cuéntame: ¿quién es ese chico?

La pelirosa cerró los ojos y sonrió.

—Digamos que… ¿es mi novio? —Ino se llevó una mano a la boca.

—¿Qué? ¡Pero cómo, desde cuándo…! ¿Cómo es que no me contaste nada?

—Lo conocí en la fiesta a la que fuimos y ahora volvimos a vernos y ya, pasó lo que tenía que pasar.

—No me digas que… ¡¿lo hicieron?! —abrió grandemente los ojos en asombro.

Sakura se puso completamente roja, pasando por alto su pregunta, dirigiéndose a su alcoba.

—Quiero dormir, ¿puedes dejar tus preguntas para después? En unas horas tengo clases —se quejó, hundiendo el rostro en la almohada, sintiendo la presencia de Ino en la habitación.

—Bien, bien, duerme nomás —dijo tomando lugar en su cama—. Pero mañana tienes que contarme con lujo de detalle lo que pasó. Vaya, no me puedo creer que realmente te atrevieras a conocer otros chicos y desplazar de una vez por todas al imbécil de Sasuke.

—Sí… —susurró con suavidad y desgane, abrazándose a la almohada—, yo tampoco lo puedo creer.

Al día siguiente, tal cual Ino le había advertido, Sakura fue presa de sus indiscretas preguntas, de las cuales no recibió mayor información salvo el nombre del susodicho. Cuando un par de amigas de la rubia le hablaron, saludándola, Sakura respiró con alivio, sacando del bolso su móvil al recibir un mensaje mientras se dirigía a la salida:

«—¿Dónde estás?»

Inicialmente sorprendida al leer el nombre del contacto, con ciertas dudas respondió el mensaje de Sasori.

«—En la universidad… —y seguido envió una carita pensativa—. ¿Por qué?»

Se mordió un labio en espera de su respuesta.

—Sakura… —tras ella, sobresaltándola, Sasuke le llamó con un peculiar tono de voz.

Con una expresión de desconcierto, ella centró la atención en la pantalla del móvil.

«—Porque estoy afuera.»

Al recibir el nuevo mensaje, sonrió a la pantalla, girándose luego hacia Sasuke, sonriéndole de igual manera.

—Sasuke… ¿cómo has estado?

Preguntó como quien lo hace por compromiso, por corresponder un saludo, pero sin dirigirse directamente hacia él, más bien centrando la atención en la pantalla del teléfono, escribiendo la contestación al mensaje nuevo.

«—En un momento salgo…»

Escribió sonriente.

Sasuke alzó una ceja al verla distraída.

—Oh, lo siento, es sólo que tenía que contestar el mensaje, están esperando por mí.

Él la observó con seriedad.

—Pues tu amiga sigue platicando con otras…

—¿Ino? —y ella volteó a donde él señalaba con la mirada—. Oh no, no me refería a Ino… ni a ninguna amiga… de hecho.

—¡Sakura! ¡Honey, te buscan por acá!

Gritó precisamente la rubia desde la entrada, haciéndole señas. A la par, ambos voltearon a verla. Feliz, Ino se encontraba a un lado de Sasori, ambos fuera del coche de éste.

—Así que vas enserio… —enunció Sasuke con gruesa voz, observando directamente a Sasori desde la distancia.

—Supongo que me veré peor negándolo —respondió, lanzando un suspiro—. Si me disculpas, tengo que irme porque como ves ya me están esperando, y él no es muy paciente que digamos.

Con tal insolencia se dio media vuelta y se apartó, Sasuke entonces la jaló del brazo, deteniéndola de golpe.

—Que te aproveche entonces.

—¿Me aproveche? —le sonrió—. Suena gracioso que tú lo digas.

—Déjate de cosas, Sakura…

—Sólo digo que las oportunidades generalmente se presentan una sola vez en la vida, si algo te interesa lo ideal sería que uno… aprovechara, ¿no?

Sasuke chasqueó la lengua e hizo un gesto en burla.

—Pues qué oportunista resultó el imbécil ese, que hasta viene por ti como si no quisiera desperdiciar ni un sólo minuto.

—Como anoche, por ejemplo —interrumpió Sasori con tal tranquilidad, pasando por alto la presencia de Sasuke, dirigiéndose luego a Sakura—. Si vas a demorar, deberías aclararlo, sabes que no me gusta perder el tiempo.

—Lo… lo siento. No tenía contemplado que esto pasara —apuntó hacia su brazo, el cual aún era sostenido por el Uchiha.

Sasori entonces, sin reparar siquiera en Sasuke, le apartó la mano del brazo de ella.

—Anda, que no tengo todo el día.

Dijo apurándola, dejando atrás a Sasuke, quien, con un evidente gesto de molestia, les siguió con la mirada hasta que subieron al coche de Sasori.

—Pareciera que disfrutas de esto —señaló Itachi a su pareja, luego de observar instantes atrás la escena.

—Digamos que… existen personas a las que les gusta ver arder el mundo, y yo estoy en ese grupo.

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Continuará...


Notas de la Autora: Pues a mí me gusta ver arder en furia a Sasuke... ¿y a ustedes? ¿Apoco no se ve más sexy? ;) Y créanme, la cosa apenas está comenzando.

En fin, como siempre lo he dicho, sus comentarios y propuestas las recibo con gusto ;) Hasta la próxima! :D