La noche se encontraba en una extraña calma, no soplaba el viento, ni los animales se atrevían realizar ningún sonido. Era una noche silenciosa y tenebrosa.
Digna de un demonio iracundo, que montaba guardia en la recamara de su hembra, el solo pensamiento de perderla lo volvió loco.
El rostro de la Miko se encontraba en tranquilidad, pero su mente estaba librando una batalla, sus recuerdos se abalanzaban ante sus ojos, el amor de Inuyasha, la traición que había cometido días antes de su boda y la pérdida de su bebe. Ella era la única responsable de la ira de Inuyasha, también había forzado de una manera indirecta a Sesshumaru, a cuidarla.
Sus pecados se acumulaban más y más en su corazón y no sabía cuánto más podría soportar, logro recordar todo y el dolor la atravesó como un hierro caliente en su corazón.
Un llanto ahogado logro sobresaltar al demonio. Su hembra sufría y con una agilidad sorprendente, se acurruco junto a ella y con un gruñido ahogado colocó su boca sobre la de Kagome.
El demonio plateado deseaba interrumpir su llanto y provocar su ira, pero su deseo crecía en su interior al sentir los labios tersos que se encontraban junto a los suyos, su aroma que lo invitaba a poseerla. Le abrió los labios con la lengua y saboreando lentamente la dulzura de su boca, mordiéndola tiernamente.
Kagome se resistía, ante el ataque de pasión del demonio, escucho un gruñido que más parecía una maldición para ella por su resistencia.
Sesshumaru se alago ante la temple de su hembra, un orgullo implacable, que la hacía luchar por tratar de apartarlo. Pero la estrechó con más fuerza entre sus brazos, disfrutando de aquel sabor único. Los recuerdos de su explosiva pasión surcaron sus pensamientos, llevaba noches enteras deseando hacerla suya por completo, sin remordimientos ante una enferma. Deseaba a Kagome. Su cuerpo se amoldaba al suyo, su sangre lo llamaba.
De pronto, Kagome logro romper el abrazo del demonio, dando un empujón sorprendentemente fuerte y se apartó de él temblando, con los ojos abiertos de par en par, con los labios sonrosados por las duras caricias del demonio. Jadeaba, y el pecho le subía y le bajaba a cada respiración que tomaba.
No logro articular ni una sola palabra las lagrimas cerraron su garganta, en su mente se formulaban miles de preguntas -¿No sabía Sesshumaru cuánto lo deseaba, cuánto se moría por escucharle decir que la amaba? ¿Por qué tuvo que besarla de esa manera y recordarle su pecado?
Tomando un poco de tranquilidad la sacerdotisa, logro hablar:
—¡Creí que estabas furioso conmigo demonio! - dijo en voz baja, con temor a que ese momento que habían compartido anteriormente solo hubiera sido un espejismo. Levanto la vista con temor para ver la cara del demonio, la cual se encontraba bañada por la luna, sus ojos ámbar la miraban con dureza, y su cara no lograba con ninguna expresión facial.
Sesshumaru contesto tranquilamente ante la afirmación de la hembra, le causo sorpresa sentir el poder de ella, pero lo enorgulleció:
—Efectivamente lo estaba mujer, pero me resulta difícil seguir enfadado con mi hembra que me enloquece. – el demonio se acerco a la cara de la sacerdotisa y continua hablándole – Me doy cuenta que has recobrado tu memoria por completo, me alegro por ti, pero no estuvo bien que me mintieras y ambos lo sabemos. – dijo, mientras señalaba su estomago- Reconozco que has vivido una martirio por tu mentira, pero yo también he tenido mi castigo, la pérdida de uno de mis cachorros a manos de mi hermano. Y por poco te pierdo a ti , no una sino dos veces. Pero tras pensarlo detenidamente he llegado a la conclusión de que no hay razones para que negarnos el deseo que existe entre ambos.
Kagome no podía creer la frialdad en que habla el demonio, pero noto el cambio de color de sus ojos al hablar de su bebe, se tiñeron de un rojo carmesí. Pero su ira iba en aumento y con una fuerza que desconocía en ella misma le grito:
—¿Qué sabes tú de lo que yo deseo? No pensaste ni una sola vez en mí, desde que nos conocimos, solo esa maldita noche que el destino confabulo para que compartimos ese pecado mortal. —Por reflejo se llevó la mano al vientre—¡Yo tengo mi propio infierno particular, perdí al hombre que amo por una maldita debilidad y mucho peor, yo condene a mi hijo al entregarme a ti!—Kagome comenzó a llorar , sabía que sus palabras se encontraban sin sentido, se dio la vuelta.
Sesshumaru grito ante la reacción de la hembra—¡Maldita sea, no me des la espalda!- y la volteo para estrecharla, la beso tiernamente, tratando de tranquilizar su corazón, acaricio su rostro atrapando cada una sus lagrimas, no dejaría que esa mujer su hembra se volviera a ir de sus brazos deseaba expresárselo decírselo pero no podía no conocía las palabras exactas
Kagome enloquecía al sentir la ternura del demonio, su aroma la impregnaba la complementaba, con cada caricia, su resistencia se venía abajo, deseaba sucumbir ante ese demonio, sabía que él no le convenía, había estado al borde de la muerte por su pecado, pero no podía irse.
Sesshumaru le había colocado sus garras en sus senos, cubriéndoselos y acariciándole los pezones. La esta sonrojando, al hacerla recordar sus periodo amnésico, la estaba enloqueciendo al sentir la virilidad como crecía junto a su estomago. Tuvo que hacer un esfuerzo sobre humano cuando las manos del demonio se deslizaron hacia su vientre, se quedó muy quieta, en espera de su reacción.
Sesshumaru, le dijo con una voz tranquila pero cargada de deseo —¡Quiero verte desnuda! —le susurró a su oído— ¡Quiero ver dónde crecerá mi cachorro!
Sesshumaru, desgarro sin contemplaciones el fino camisón que cubría la figura de Kagome, deseaba tanto observarla y asegurarse que se encontraba intacta, pero su deseo real era sumergirse en ella, beber de su néctar de vida y tomarla para siempre en sus brazos.
Detestaba sentirse impotente ante ese sentimiento, tanto despreciaba su hermano por estar con los humanos, que la vida le dio un giro de tuerca, lo unió de por vida a la hembra mas inadecuada para él, Miko, su próxima cuñada y para colmo humana, pero era perfecta en todos los sentidos y era suya.
Las barreras de Kagome cayeron ante las palabras del demonio, deseaba crear con ella un nuevo bebe, un bebe que los uniera. No le importaba nada, lo deseaba locamente, se había mentido todos estos años, siempre lo observaba a la distancia, lo buscaba y llamaba con el pensamiento. Su cuerpo era suyo, pero su alma ya la pertenecía desde hace tiempo, su pecado era mucho más antiguo de lo que ella misma creía.
Sus bocas se unieron ante un instante, un beso que desencadenaría el fuego interno de los dos.
Sus lenguas se debatían en un saludo salvaje de exploración, se succionaban mutuamente, mordisqueándose, sin medir su fuerza, eran dos criaturas que no deseaban salir de su propio mundo.
Las garras del demonio, acariciaban lentamente los pechos de Kagome, lo torturaban, rompiendo el beso le susurro al oído –Tus pechos me recuerdan, me saludan al paso de mi mano, reconocen quien es su amo. Mi cachorro se nutrirá de ellos pero por hoy yo seré alimentado de ellos- dicho esto, bajo su boca lentamente, dejando una hilera de besos en el cuello de ella y cubriendo succionando lentamente cada uno de los pezones de la hembra, dejándolos rosados y erectos par su deleite, los torturaba mordiéndolos y besándolos. Lea divertía las reacciones de placer de su hembra, sus gemidos ahogados que trataba de ocultar de él, los suspiros de dolor y suplicas silenciosas que lo impulsaban a seguir torturándola.
Kagome se encontraba en una maravillosa tortura, de dolor y placer, deseaba pedirle que parara, pero su cuerpo la traicionaba. Con cada succión del demonio le entregaba su alma poco a poco, dejándola rendida a su pasión.
Sus propias manos tomaron control, acariciando su cabeza acercando más y más su cara a su busto aprisionándolo, pero deseaba sentir más de él. Una fuerza incontrolable, surgió de su interior, transformándola lentamente en una hibrido del demonio, sus uñas crecieron volviéndolas una garras que se clavaban en la espalda de Sesshumaru, rasgando su vestimenta en cada embate de él ante su pecho.
Kagome, se encontraba extasiada y no deseaba quedarse atrás, separo al demonio de su pecho y siguió rasgando su vestimenta, marcando su piel, dejando hilos de sangre en sus garras.
Por cada herida que le provocaba su lengua la sanaba, pasándola lentamente por cada herida, lo deseaba marcar más y más, como él la había marcado.
Sin palabras Sesshumaru comprendió las intenciones de la hembra y se tumbo sobre la cama dejaría que ella tomara la iniciativa, tenía que lograr mantener su instinto animal a raya, deseaba dejarla jugar por un rato, lo estaba enloqueciendo.
La coloco bruscamente sobre sus piernas dejando al descubierto su cuerpo, su virilidad se encontraba erguida deseaba sentir los labios de su hembra. Tomo su cabellera azabache y la guio frente a su virilidad.
Kagome se dejo guiar por el demonio, reconoció las intenciones de este y con sumo placer engullo su virilidad lentamente en su boca, deseaba retribuirle un poco del placer que le había dado anteriormente y no podía negar que se sentía poderosa, el demonio se había rendido ante ella, lo tenía totalmente dominado, ella controlaba y decidía.
Su lengua tomo vida propia, envolvía su virilidad lentamente, lo succionaba. Con cada lengüetazo, el demonio acariciaba su cabeza, y de su boca dejaba salir gruñidos de placer.
Kagome sintió que Sesshumaru se tensaba en su boca y siguió su embate. Pero unos poderosos brazos la arrancaron de su faena, tumbándola en la cama, esos mismos brazos terminaron de arrancar el camisón. Tenia de frente al demonio mas temido de la época antigua, al hermano de su prometido, pero también era el demonio al que ella amaba.
-Tu boca es un martirio- Dijo el demonio con una voz grutal, tomándole los brazos sobre su cabeza, aprisionándolos, la deseaba indefensa para que lo viera bien. – ¡Mira bien hembra, por que no volverá a permitir que otro macho vuelva a tocar lo que me pertenece! ¡Eres mía!- Y diciendo esto entro en ella de un solo golpe, logrando que Kagome gritara de la excitación.
Las embestidas del demonio eran implacables, pero antes de culminar, paró en seco y miro nuevamente a la hembra que se encontraba en la misma situación que él en el límite del éxtasis - -¿Si deseas que continua, dime mujer a quien le perteneces?-
Kagome, se encontraba extasiada y furiosa, ese demonio la torturaba con el mismo placer. La desea humillar mas con su rendición, no pudo pensar solo dejo que su corazón hablara sin tapujos – ¡TUYA , SOY TUYA! – grito y se soltó de la presión de su brazo para abrazarlo y besarlo.
Sesshumaru respondió con fiereza ante la respuesta de su hembra, se dejo llevar por toda la pasión que tenia acumulada por ella.
Ya no eran un ser humano con un demonio, eran dos demonios que se conocían y pecaban con el mayor placer de su pasión.
Ambos dejaron sus inhibiciones, gritaban y susurraban en sus oídos, palabras de pertenencia.
Cuando ambos se encontraban nuevamente en la cercanía de su culminación, ambos llevados por un rito animal, se mordieron llevando su éxtasis ala al imite de todas sus fuerzas, marcándose de por vida.
Dos figuras en la oscuridad, acurrucados, saciados por la cercanía de una al otro y un solo corazón latiendo al mismo tiempo.
Una de las figuras sonrió en la oscuridad, se acerco al oído de su compañero y le susurro – Soy tuya, pero tú también eres mío Sesshumaru y te amo-
Kagome se volvió a acurrucar en el pecho del demonio, satisfecha por su confesión, sabía que él no la había escuchado, pero ya se lo había dicho y ahora los dos compartirían su mayor pecado que era el amor que había nacido en su interior.
Gracias por su paciencia y por sus comentarios, me encuentro de regreso y espero que les guste este nuevo capítulo.
