Capítulo XII:
Frío Febrero
Hacía frío. Tenía sed. Llevaba más de una hora académica de pie. Odiaba ese lugar. Ya estaba cansado de las plantas tratando de tocar mis dedos para aguijonearlos y luego succionarlos. ¥ Concéntrate o te alcanzará la muy... ¡DEMONIOS!¥ Pateé la mesa al instante que logré librarme de la mata y la vasija de arcilla en donde Goyle, con un esfuerzo sobre humano, había logrado transplantar la planta bebe, dio contra el piso y rodó hasta dar con los pies de una muy molesta profesora Sprout, después de eso la reprimida para Goyle fue descomunal.
Salí de aquel endemoniado invernadero. Estaba cansado. La nieve se acumulaba en gruesas capas. El pequeño de tercero se cayó con el peso de sus libros cuando lo tropecé, no entendía el porque se empeñaban en atravesarse en mi camino. La mesa Gryffindor estaba completamente llena. Ya no tenia hambre, regrese a las mazmorras.
~º~
£Herzogin
Olvida las tutorías de hoy.
D.M £
~º~
Página tras página, en ese momento odiaba aun más a McGonagall, esa mujer debía tener una vida muy aburrida si pretendía leer ciento sesenta centímetros por alumno sobre transformaciones humanas, pero el mal ya estaba hecho, coloqué la ultima frase y cerré con fuerza el libro, el pergamino de Virginia salió.
£ Has estado algo irritable. Llevo tiempo que no te veo siquiera en el comedor. ¿Estás bien?, ¿Es algo relacionado con tus padres?
Es que le comenté a Katty sobre tu actitud y después de que se me quedara viendo por una eternidad en vez de mandarme a cualquier parte, como me lo esperaba por lo del incidente, aunque claro ella es la única que no parece resentida por ello y sé que trata de hacer que los demás, sobre todo Ron, no me reprendan; bueno el hecho es que me preguntó si por casualidad no tendrías problemas con tus padres.
Virginia.£
Mareaba el simple hecho de leer la carta, alguien tenía que enseñarle el buen uso de los signos de puntuación, porque si se intentaba de leer en voz alta, moriría asfixiado.
Respecto a ella la había citado en el lugar de siempre, no tenia culpa de mi mal humor. Solo cuatro días me separaban del incidente en la enfermería de los cuales tres había estado crispado sin razón aparente; pero al leer la carta di con una de las posibles causas: Lagget. Me encolerizaba el pensar que ella se tomase la libertad de deliberar en mí como si nada. Me dirigía a la salida cuando nuevamente me llevé a algún idiota por delante.
-¡Quítate del medio! – detestaba que la gente se me atravesara.
-No ha sido mi culpa joven Malfoy – su voz estaba cargada de resentimiento – es usted el que no ve por donde va –
-¡Gryffindor tenias que ser! – alisé mi túnica solo para molestarle. Ella solo me miró con aversión y sostuve su mirada. Eso era mejor que nada, tenia mucho odio acumulado y no me importaba pasar por vilipendioso, eventualmente esa era una actitud Malfoy – sal de mi camino, o ¿debo explicártelo de alguna otra forma en especial? –
-Que bajo haz caído Malfoy – terminó de recoger sus cosas de la mesa y se dispuso a salir.
-No tanto como tú, paseándote de la mano de ese insolente niñito de Dumbledore que no tiene nada que ofrecer más allá de una cantidad ínfima de petulancia –
-¿Te haz detenido a preguntar por qué le elegí?, ¡NO! Eso es mucho para el orgullo Malfoy –
-Eso es irrelevante – vi al cuervo de Severus golpeando la ventana con un pergamino – De una gama bastante grande que estudia en este colegio tenias que salir liada con el único que realmente odio, con el sórdido que ha lastimado sin saber a quien me duele, cicatero que me hace la vida imposible – el cuervo de Severus seguía picando la ventana.
-Al parecer el del problema eres tú y no él – le abrió la ventana al ave y le arranqué la nota de la pata. Era muy breve citaba: £ A mi despacho ¡Ahora! £ no presagiaba nada bueno, sentí un nudo en el estomago.
-Esto no termina acá Lagget – al levantar la vista, vi que su mirada había cambiado por completo y que se resistía al impulso de decir o hacer algo.
Caminé apretujando la nota dentro de mi bolsillo, tratando de no pensar nada, pero lo que fuese que tenia en el estomago se hacia cada vez más aprehensivo. Toqué con desganas y el paso se me concedió de inmediato, aquel lugar nunca se me había presentado tan hostil, tomé asiento y esperé sin encontrarme con su mirada del todo.
-Lucios me ha negado tu protección como esperábamos, tendré que apelar por ella en una audiencia que me fue concedida 'amablemente' para marzo – todo aquello lo sabía, lo que no comprendía era el porque se tomaba la molestia de contármelo – hoy en la madrugada Lucios fue aprendido en una misión del señor oscuro y pasará a ser enjuiciado mañana en la mañana como la prensa lo expresará en pocas horas – el nudo del estomago desapareció en ese momento, si había comprendido bien ya no había de quien protegerme porque estaría tras rejas, y aunque me doliera admitirlo, esperaba que se quedase dentro por mucho tiempo.
-Listo, no hay de que preocuparse entonces. Con él en prisión no habrá problema, mi madre te dará la firma y estaré liberado de él para siempre –
-No es tan sencillo Draco, el señor oscuro se ha enfurecido mucho con la falla de Lucios y es tu madre la que ha pagado el castigo. Ella está bien ahora – se apresuró en decir. No me importaba lo que a mi padre le pasase, pero mi madre... esa era otra historia – está con tu tía Bellatrix – odiaba a esa... – después de recuperarse un poco se que el señor oscuro le ha pedido algo y es tu tía quien debe ayudarla. Yo me he enterado de esto hace poco, ya no estaba en el lugar cuando ella se recuperó. Perdona –
El nudo se volvía a hacer presente, no podía tragar con facilidad y sentía la boca seca, sabía que Severus esperaba una respuesta de mí, pero no podía decir nada, siquiera sabia lo que estaba pensando en ese momento.
-¿Qué debía hacer mi padre? – Severus me analizó antes de responderme.
-Lucios lo encontró, después de todos estos años pudo vencer el hechizo – lo miré serio – logró dar con su paradero y era su deber llevarlo ante el señor oscuro –
-Él... él ¿cómo está? –
-Logró escapar pero estaba herido, no se donde pudo irse, he tratado de contactarlo, pero no he tenido resultado. Sé que no era el primer ataque que recibía –
Otro momento de silencio, la cabeza me zumbaba.
-Gracias ¿puedo retirarme? – vi que asentía y me dispuse a divagar por los pasillos.
Sin saber muy bien como llegué a la habitación, me sentía cansado, como si la cabeza fuera a estallar. Me quedé dormido.
Sentía una agradable sensación, alguien acariciaba mi rostro, fui despertando lentamente, era Virginia, lo sabia por el aroma, sacudí mi cabeza tratando de alejar las imágenes borrosas del extraño sueño.
-Perdona ¿qué hora es? – arreglé mi cabello con los dedos y coloqué de manera decente la camisa.
-Las siete – ella recogía mi túnica y la corbata del suelo y los colocaba sobre la mesa – no fuiste a comer hoy tampoco. Te traje algunas piezas de pollo, ensalada cocida y jugo de mora. Vamos Draco no pongas esa cara ¿qué hubo de almuerzo? – no supe que responderle – vamos come –
Tomé la bandeja de mala gana y comí despacio. Durante todo ese tiempo Virginia se limitó a verme comer mientras jugaba con uno de mis mechones de cabello. Internamente le agradecí la paz que ese momento me daba.
-No has dormido bien tampoco ¿verdad? – quitó la bandeja y la colocó en la mesa, volvió a su lugar a acariciar mi cabeza – ¿Qué te preocupa tanto Draco? –
-El clan de 'todos adoramos a Potter' capturó a mi padre –
-Tu padre... ¿era tu padre un Mortífago? –
-Vamos Virginia, no hagas como si no lo supieras. Sé que la tropa Potter se atiborra hablando de ello – el mal humor volvía a mi.
-Bueno si lo hacen, pero... ¿cuándo fue eso? En El Profeta no ha salido nada y tú sabes que el ministerio está... –
-Ha ido en la madrugada, es por ello que aun no se publica. Le harán un juicio o algo así –
-Pero si ha sido hace tan poco ¿por qué estos últimos días has estado tan... –
-Virginia – la detuve – mira no lo sé, dejemos el tema ¿si? – ella asintió un poco dolida, pero no quería hablar con ella sobre eso – ¿Vas a ir conmigo al estúpido juego de Dumbledore? – traté de cambiar el tono de mi voz pero no lograba dominarlo.
-¿A que otro crees tu tendría en mente? – dijo juguetonamente, su sonrisa volvió.
-Pensé que te podrías haber arrepentido – me encogí de hombros – aun no sé como funciona esa perversa mente de los Gryffindor – me miró ceñuda para luego sonreír.
Nos quedamos jugando ajedrez, hablando de las posibles pruebas que el vejete podría tener para la actividad, era agradable estar con ella, me hacia sentir mas relajado. La partida la terminó ganando ella así que tomé su mano y la arrastré hasta la salida, se molestó por el hecho y no dejó de llamarme mal perdedor hasta que llegamos a la entrada principal que se cansó de que la ignorase. Faltando poco para llegar a la entrada escuché la voz de Weasley y la de Lagget, me detuve en seco y vi su perfil, dentro de mi surgía algo que nunca antes había sentido o talvez si. Sacudí mi cabeza para alejar esos pensamientos, sentí que Virginia apretaba mi mano.
-¿Te molesta si te dejo acá? – dije muy bajo viéndola – no quiero encontrarme con el clan Potter – ella asintió sonriendo, me acerqué a ella y le di un suave beso, la miré y volví a besarla, aunque ahora era mucho mas profundo, nos separamos – buenas noches –
-Buenas noches – tomó mi mano nuevamente – Draco – paresia dudar algo – prométeme que bajaras a desayunar mañana – la miré largamente y asentí al momento que me acercaba para robar otro beso.
Vi como terminaba de subir y saludaba a Lagget mientras su hermano comenzaba a interrogarla, Lagget mandó a callarle y entró junto con Virginia a su sala. Me quedé un poco mas ahí sin pensar nada en especial para luego bajar a las mazmorras, pasé sin detenerme la sala común donde Parkinson no dejaba de hacerme señas para reunirme con ella y me encerré en la habitación. No pude conciliar el sueño esa noche, toda la información que me había dado Severus era mucho más fuerte que yo.
~º~
Comía con desganas, el comedor estaba igual de ruidoso que siempre. Solo quería que llegase el correo para poder irme de una buena vez, me crucé con la mira de Virginia y metí el tenedor en mi boca por acto-reflejo y mi recompensa no se hizo esperar: una de sus hermosas sonrisas.
Las lechuzas hicieron su aparición y vi como la mía se posaba frente a Lagget tendiéndole un jazmín, luego de una larga noche de ensimismamiento había llegado a la conclusión de que no quería estar molesto con ella...que la necesitaba, pero claro nunca iba a disculparme del todo y mucho menos decirle lo ultimo. Vi como desataba la flor y nuestras miradas se conectaron por un instante porque el mostrenco de Potter se había puesto celoso. El día apuntaba ser provechoso.
Las clases no fueron tan insoportables y al mediodía se nos fue entregado un pergamino con las indicaciones del juego y alegando que se haría solo el fin de semana, citaba a las parejas a la entrada del pueblo a las nueve en punto y una lista de lo necesario, la cual incluía: pergamino, plumas, tinteros, listones de colores entre otras tonterías.
Cayó la noche, Virginia se encontraba preparando una poción mientras yo la supervisaba y hacia mis deberes de runas antiguas.
-Hay una lechuza en la ventana ¿no la escuchas? – la voz de Virginia me sacó de mi faena.
-No, yo voy. Mueve la poción que se te va a quemar –
Al abrir la ventana, la lechuza cruzó el aula y se posó cerca del fuego. Desaté el pequeño empaque y sonreír al ver que se trataba de un flan de chocolate con crema de leche.
-Terminé –
-Coloca la poción en uno de esos envases de cristal y recoge todo. Voy a llevarte a tu torre, yo le llevaré la muestra al profesor Snape – volteé a ver la poción – ¡excelente! Ya puedes preparar pociones de manera decente Weasley – dije a modo de broma y recibí una mirada enojada como recompensa – limpia todo –
-¡Estas muy mandón! – dijo enojada mientras recogía sus materiales. Tomé mis libros y pergaminos, con un toque de mi varita vacié su caldero y limpié la zona de trabajo.
-¿Feliz? –
-¡Antipático! –
-¿Y es ahora que te das cuenta? – susurré en su oído antes de besar su cuello.
Coloqué todas sus cosas dentro del caldero, lo tomé en una mano junto con mis cosas y con la otra tomé a Virginia de la muñeca.
Caminamos en silencio, esta vez no escuché voces de odiosos Gryffindor cerca del retrato, así que decidí terminar de subir con ella; le devolví sus cosas y guardé la poción en uno de mis bolsillos.
-¿No me darás mi beso de buenas noches? – pregunté lo mas inocente que pude al ver que se volteaba para dar la contraseña.
-¿Qué sucede si digo que no? –
-Tendré que robarlo entonces – me encogí de hombros y ella me sonrió.
Se acercó y nos unimos en un suave beso. No escuché ningunos pasos solo el tirón y el golpe seco contra la pared. Weasley nos separaba.
-¡NO TOQUES A MI HERMANA! – estaba furioso, yo solo le sonreí.
-Por favor Weasley, me arrugas la túnica – lo miré con odio – no a todos nos gusta andar tan andrajosos – solo conseguí que subiera su mano a mi garganta.
-Ronald suéltalo – Virginia trataba de separarlo.
-Virginia no te metas –
-Mantente al tanto Ginny – ella lo miró enojado y entró a la sala común.
-¡Ron ¿qué sucede? – ¡genial! Potter se une – ya veo atrapaste al prototipo de Mortífago... dime Malfoy ¿quieres otra tanda de golpes? Aléjate de Ginny si sabes lo que te conviene –
-Potter – escupí su apellido – yo si tengo sentido común al elegir con quien me ando y NO acepto tus 'sugerencias' –
-¿Te crees muy imponente Malfoy ¿qué hará el niñito de papá?, ¡pero si es verdad! Atraparon a tu papito por andar en cosas que no debía ¿sabías eso? – Odiaba a Potter pero me contuve decirle todo lo que estaba pensando, algo, muy en el fondo, me gritaba no soltar la lengua – el hurón no habla, eso es bueno porque vas a escuchar: aléjate de Ginny, no vuelvas a colocar tus asquerosas manos sobre ella, porque sino lo vas a lamentar mucho – rictus sardónico – mira que tu papito no está para salvar tu pellejo, ya no tienes a donde correr –
-Potter, pero al menos he vivido con él ¿Cuándo fue la ultima vez que viste a tu padre Potter, en tu sueño ¿no? Y dime Potter ¿cuánto tiempo crees que el Señor Oscuro lo va a dejar dentro de la cárcel? Ya lo sacó una vez, volverá a hacerlo, como has de saber sus guardianes ya no obedecen al inútil de Fugde, los dementores te dieron una visita hace dos veranos ¿o me equivoco? – Weasley golpeó mi estómago. Difícilmente tomé aire – veo que estoy en lo correcto. Virginia, Potter, está a salvo mientras que esté conmigo, porque a tu lado solo se convertirá en un blanco seguro y malograrás su vida, así como menoscabas la vida de todos los que te rodean ¿Cómo esta Black? Ah si... –
El puño de Weasley en el estómago, el de Potter en la nariz, la cabeza contra la pared por la retracción del golpe y el grito de Lagget diciendo que callara... Lagget... me obligué a abrir los ojos: Potter estaba rojo de furia con la vista fija en mi, Weasley seguía estrujando la garganta y ella, ella estaba lívida con la varita apuntando a mi entrecejo.
-Yo llevaré a Malfoy – escupió mi apellido – con McGonagall – su voz temblaba de la rabia – suéltale Ron, Harry – suavizó su voz – vayan a dentro – pasaron unos minutos – Harry, por favor –
Los vimos entrar, ella seguía apuntándome; cuando se cerró el cuadro hice un ademán de bajarle la varita pero ella no desistió, me hizo una seña que caminara, aun no sé porque le obedecí.
-Dejemos esta estupidez de una vez por todas – me volteé enojado por no haber recibido ni una simple palabra de su parte, habíamos bajado ya varios pisos y nos encontrábamos cerca del aula de encantamientos. Su mano golpeó con fuerza mi mejilla que terminó ardiendo – ¡que demonios te sucede! –
-¿Qué te sucede a ti Malfoy? – refutó con rabia – ¿Cómo pudiste ser tan desalmado? –
-Potter FUE el que empezó a dárselas de listo –
-Pero tu no debiste responderle de esa forma – estaba conmocionada – ¡no sabes lo doloroso que ha sido eso para él! –
-No me importa nada relacionado con Potter, si le punza hablar de sus padres, no debería evocar a los de los demás. No es mi culpa que el mostrenco de Potter carezca de juicio – tenía la respiración agitada y la boca seca.
-Si no le encresparas tan seguido no tendría que llegar a estas circunstancias – poco a poco el tono de la conversación iba aumentando.
-¡YO NO LOS PROVOQUÉ! Yo solo llevé a MI NOVIA a su sala común. Dime, DIME ¿QUE HAY DE MALO EN ESO? –
-Yo sé que ellos también se equivocaron Draco –
-Malfoy para ti –
-Bien, MALFOY – dijo con rabia – pero no tenias que haberte dejado llevar por sus provocaciones y mucho menos decirle esas cosas tan crueles –
-¡ES LA VERDAD! – grité – ¡SUS PADRES ESTAN MUERTOS! –
-¿Y TU CREES QUE ES MUY GRATO PARA ALGUIEN CRECER SIN EL AMOR DE SUS PADRES? –
-SÉ QUE NO LO ES, A MI TAMBIÉN SE ME NEGÓ – le refuté apretando los puños. Habíamos olvidado que estábamos en uno de los pasillos pasada la hora de queda.
-SI MALFOY, PERO TU HAS TENIDO DURANTE TU INFANCIA GENTE QUE SE ENCARGÓ DE HACERLA GRATA PARA TI, QUE SE PREOCUPÓ POR QUE TUVIERAS LO NECESARIO Y TE SINTIERAS QUERIDO – tomó una pasusa – Y AUN TIENES AGENTE QUE LO DARÍA TODO POR TI, ENTIENDES ¡TODO!. HARRY, POR OTRO LADO, NO TUVO UNA INFANCIA ENCANTADOR Y NO FUE HASTA LLEGAR ACÁ QUE SINTIÓ QUE ALGUIEN SE OCUPABA DE ÉL. VOLDEMORT LE HA SUPRIMIDO SU FELICIDAD, A LOS QUE LO HARÍAN FELIZ... –
-EL SEÑOR OSCURO TAMBIÉN ME HA ARREBATADO A TAJOS MI FELICIDAD – me temblaba la voz.
-SI SABES LO QUE SE SIENTE ¿POR QUÉ DEMONIOS TE EMPEÑAS EN HOSTIGARLO? –
-¡PORQUE ME GUSTA VER QUE LA GENTE SUFRE AL IGUAL QUE YO! – respondí tajantemente. Ella me miró anonadada.
-BIEN ¡BIEN!. SIGUE CONSTRUYENDO BARRERAS ALREDEDOR TUYO Y TE QUEDARAS SOLO, Y TALVEZ, TALVEZ EN ESE MOMENTO PUEDAS SOSEGAR SOBRE LO QUE HAS HECHO Y TE DARÁS CUENTA NO FUE MAS QUE UNA BOTARATADA QUE NO DEJÓ ABSOLUTAMENTE NADA EN TU VIDA. SIGUE INTERNADOTE EN TU DOLOR Y TU ODIO MAL FUNDADO PARA QUE TERMINES SIGUIENDO LOS PASOS DE ESA PERSONA A LA QUE DE VERDAD ABOMINAS Y TE CONVIERTAS EN UN ALIMAÑA TAN IMPÍA, INICUA Y DESALMADA COMO ÉL LO ES, PUES ODIO SOLO ACARREA MAS ODIO... –
-¿QUÉ SUCEDE AQUÍ? – la voz de Severus la hizo callar y ambos nos volteamos a verle. Ella estaba alterada, respiraba con dificultad y al igual que yo estaba roja, me dolían las palmas de las manos, pues las uñas ya me lastimaban la piel – Pregunté ¿qué sucede acá? – dijo gélidamente.
-Que sea el joven Malfoy quien le conteste – dijo lo mas calmadamente que pudo, se volteó y comenzó a subir las escaleras.
-¡Deténgase! –
-Yo no tengo nada más que hacer acá – respondió secamente y volvió a voltearse.
-¡No tolerare este comportamiento joven! –
-Créame – se volvió – hay otro tipo de comportamiento aun más intolerable – clavó la mirada en mi, se fue sin agregar palabra.
Llegué a los aposentos de Severus, el abrió la puerta, me dio paso y cerró detrás de si con una serie de hechizos. La temperatura había bajado, en el camino vi que comenzaba a nevar espesamente, estaba completamente turbado, me dejé caer en el sillón pesadamente tratando de recuperar el ritmo de mi respiración. Severus me miraba muy serio, aun de pie, con los brazos cruzados; volvió a repetir la pregunta y antes de darme cuenta le estaba coreando el encuentro con Potter y la discusión con Lagget. Todo lo que sentía se mezclaba y entrelazaba haciéndome sentir más confundido, más dolido, más colérico, más frío...
Me levanté de golpe y comencé a caminar desesperadamente alrededor de la habitación, me sentía mareado, algo, algo dentro de mí quería salir y sentí como me ardían los ojos y comenzaba a nublarse mi vista, me recosté con brusquedad de la pared y me dejé caer escondiéndome tras mis rodillas, no dejaba de apretar los puños en un vano intento de no dejar escapar la tormenta que se mecía dentro de mi, no podía llorar, no debía llorar y no lo hice. Después de lo que me pareció una eternidad Severus me habló aun más serio:
-No cometas el mismo error que yo cometí – no sabia cuando se había acercado tanto a mí – no te dejes caer en esa oquedad–
Me envolvió en un abrazo y no pude resistirlo, dejé salir un grito que envolvía todo lo que sentía y me debatí dentro de esos brazos que me sujetaban con firmeza. No sé cuanto tiempo forcejé hasta que pude bloquear nuevamente todos esos sentimientos y reposé mi cabeza en su hombro.
-Lo arruiné ¿verdad? – susurré cansado – no volverá a dirigirme la palabra nunca más –
-Es bastante orgullosa – respondió sin separarse – vete a ver que tanto la heriste –
-Soy un "imbecil" –
~º~
Suspendieron el viaje por la nevada, el tiempo era tormentoso y frío, me escribió una carta bastante larga en la que describió paso a paso la forma en la que moriría por atormentar a Potter, no quería responder esa carta, seria una muestra de debilidad de mi parte y eso jamás lo vería.
Volví a dejarme caer en mi cama, quería dormirme y no despertar hasta que todo estuviese tranquilo. La tarde la pasé caminando en la espesa nieve con una gruesa capa sobre los hombros, en algunos lugares del terreno la nieve llegaba a mis tobillos, mientras en otras a las rodillas. El frío se calaba en mis huesos pero el vacío que sentía era tal, que el ambiente me parecía cálido. Me había cruzado a Lagget en el pasillo ¥ Si las miradas mataran... ¥, tenia que hacer algo... pero algo realmente memorable...
Vi a mi lechuza alzar vuelo con la carta para Virginia en donde le decía que Potter se merecía todo lo que le dije por enchufarse donde sobraba, que era un cicatero que no media sus acciones; pero que aun así, TALVEZ, debí ser un poco sutil porque a la final de todo era un enclenque sentimental; y que si esperaba algo más de mí, le recomendaba una butaca bastante cómoda.
~º~
El lunes llegó sin gran novedad, la tormenta menguó, Virginia no había respondido, Potter 'tropezó' conmigo en la entrada, Parkinson colmó mi paciencia durante la comida, por lo que recibió una buena perorada de agravios en la cual le terminé gritando que viera a la mesa de los Gryffindor a una pelirroja que estaba bastante sorprendida, la grabara pues era a ella a la que quería, bueno recuerdo usar la palabra "más me importa" para referirme al sentimiento, que era mi novia y por nada la cambiaria por alguien tan pueril que ella era. Al finalizar de la alocución Parkinson salió llorando y vi que Virginia tenía una media sonrisa, el resto del colegio me daba igual, aunque podía apostar que más de la mitad tenían carta entre asombro e incredulidad. Tomé mis cosas y me fui a la clase que continuaba.
Un cuarto de hora antes de terminar la clase concluí mi brillante plan para recuperar el habla de las únicas dos mujeres que me interesaban en aquel... lugar; tenia que funcionar, si no, bueno... volvería a insultar a Potter.
Me dirigí al comedor y vi que el clan no se encontraba, comí con tedio. Varios de la casa intentaron hablar conmigo, pero con la mirada lograba mantenerlos a raya, Parkinson no estaba en la mesa y Zabini no dejaba de verme espantado.
-Deja de verme – le gruñí.
-¿De verdad andas con Weasley? –
-¿Y? – respondí con hastío.
-Tu padre te matará si se entera –
-Él no puede ponerme una mano encima por razones que bien sabes – respuesta áspera.
-Ya – calló – no te niego que tienes buen gusto – todos los integrantes del clan tomaron asiento.
-Cierra la boca –
-No es mi culpa que estés peleado con Weasley – lo miré intensamente interrogándolo – no puedes andar de tan mal humor con novia – se encogió de hombros – ¿Besa bien? –
Un gruñido y una mirada feroz bastó para que dejara de atormentar mi comida, cuando el postre desapareció y el salón quedaba casi vació fue mi señal, respiré hondo y sentía las lombrices en el estomago, luego recordé porque lo hacia. Me encaminé a la mesa Gryffindor y me detuve detrás de Potter quien se volvió al igual que la comadreja y la sangre sucia.
-¿Qué quieres hurón? –
-Contigo, Weasley, NADA – respondí ácidamente – Potter – lo miré.
-Si no vas a decir nada vuélvete a la mazmorra de donde viniste Malfoy –
-Yo tenia entendido que eran las comadrejas los que vivían en madrigueras – me encontré la mirada furiosa de Virginia, estaba divagando ¥ ¡Concéntrate!¥ – Potter, debí ser más refinado con mi vocabulario la otra noche. No me importa que te corees de estos anodinos – un gruñido por parte de Granger – digo, esta caterva; si te auto-excluyes de mi relación con Virginia, no te aludiré tu repulsiva y mohína verdad, a la vez que me salvaguardo de practicarme una cirugía reconstructiva de la nariz – todos me veían atónitos – ¡calma! No es un alto a la hostilidad – alcé la ceja – solo quiero que te quedes fuera de lo que no te concierne – inconscientemente extendí la mano.
Potter me observó y luego miró mi mano – ya veremos Malfoy – dijo antes de voltearse.
-Imberbe inepto – dejé escapar antes de salir del comedor.
~º~
Se hacia tarde para las tutorías, aunque la verdad no esperaba que se apareciera, ya estaba planeando como vengarme de Potter. Me volvió a rechazar, algún día aprenderá lo que de verdad le conviene y espero sea de la forma más dolorosa que exista, terminé el trabajo de runa y me dispuse a recoger; no había razón de esperar; antes de terminar de hacerlo, la puerta del aula se abrió, el corazón golpeaba con brusquedad en mi pecho: el plan había funcionado.
-Llega tarde Weasley – saludé de forma seca.
-Lo de ayer... – pareció no darle importancia a mi desprecio – fue la disculpa mas extraña que he oído –
-Yo NO me disculpé con Potter –
-A tu manera si fue una disculpa – yo me mantenía impasible con los brazos cruzados sobre el pecho – aunque lo niegues – sonrió – ¿Quieres que me vaya? –
-¿Quieres irte? –
-No –
-Entonces toma asiento y comienza con tus deberes – me volví a sentar sin verla y saqué el libro de defensas contra las artes oscuras.
Las dos horas pasaron y yo solo le dirigía la palabra cuando ella me pedía le explicara algo, ella parecía algo dolida pero no lo mencionó hasta el momento en que le dije que podía irse y me negué a acompañarla a su torre, me llamó por todos los sinónimos de insensible que conocía y otros más que eran nuevos para mí, me mareaba, esa chiquilla me mareaba; la tomé por la parte posterior de la cabeza y la silencié con un beso que al principio forcejó.
-¡Cómo hablas! – me miró enojada – camina hacia tu torre que no tengo toda la noche para ti –
Tuve que silenciarla un par de veces más durante el asenso hasta que su retahíla de insultos concluyó, luego redirigí el camino a la torre de astronomía para volver a su sala común ya muy entrada la noche.
-Buenas noches Virginia – le sonreí y besé dulcemente sus labios – talvez si disponía de la noche para estar contigo –
~º~
El jueves llegó muy aprisa y lo único que recordaba de la semana eran los jazmines que le estaba enviando a Lagget, de los cuales solo el primero había una nota citando un £ No debí haber dicho lo que dije. DM. £ pero de ella no había tenido insinuación alguna, debía de estar muy molesta, no entendía porque tenia que ser tan fatua, me recordaba a mí mismo y me encendía en cólera. Esa tarde, con un esfuerzo sobre natural logré escribir una carta de tres líneas que refería:
£ Sé que tengo ALGO de culpa en todo el asunto, que no debí insultar al pánfilo de la pareja que tienes, pero ¿ya no estamos grandecitos para este juego de no querer hablarnos?
DM. £
~º~
-Mañana tengo juego contra Ravenclaw, te ayudo el domingo por la tarde con tus deberes –
-No, no puedo venir – la miré extrañado – es, es el cumpleaños de Katty y creo que vamos a hacerle una reunión – dijo muy rápido.
-¿Lagget cumple el 29? –
-Si... Ron le dice que ella solo envejece cada cuatro años – a pesar que no había recibido respuesta alguna de Potter o su clan, Virginia me seguía hablando ellos, era su familia y le profesaba cariño, y por mi cariño por ella aguantaba sus discursos de lo que hacían el trío de oro, así como me enteraba de cosas sobre Lagget – no te preocupes, si quedas muy cansado con el juego yo la puedo hacer, Katty o Hermione me ayudaran – gruñí a la mención de los nombres – deja de ser tan quejilla que no te han molestado más –
~º~
Ganamos el juego, nadie había dudado de ello. Pero lo que me sorprendió fue ver a Lagget en la entrada a los vestuarios de Slytherin sosteniendo a mi lechuza la dejó libre y voló hasta mi £ Felicitaciones. Excelente juego. CL £, pero cuando volteé a verla ya había desaparecido.
Estaba ansioso, sentado en una de las butacas de la habitación que me había cedido Severus, la puerta se abrió y Lagget entró con un paquete de galletas, un litro de helado y dos cucharillas, colocó todo en la mesa y se sentó frente a mí, sin besarme... nos quedamos en silenció un rato.
-No te vi en las gradas durante el juego – me sentí en la obligación de romper el silencio –
-Estuve viendo el juego desde donde me viste, un par de veces pensé en enviarte la lechuza a la mitad del mismo para que perdieran y así la final seria entre Gryffindor y Ravenclaw –
-¿Por qué habríamos de perder? –
-Porque te desconcentrarías –
-Estás muy segura de eso – me miró – solo quería acabar con esta niñería –
-Sabes bien como hacerlo – apuntó con firmeza.
-No le pidas peras al olmo – desvié la mirada a la pared.
-Le pido peras al peral – su voz era inmutable.
-¡Está bien! – dije de malhumor después de otro largo rato de silencio – discúlpame por haber herido a Harry el-cara-rajada,-niñito-de-oro-de-Dumbledore-que-todos-aman-y-por-ello-me-creo-esencial-para-el-apestoso-mundo-de-los-magos-y-además-soy-amante-de-los-muggles-y-sangre-sucias-e-idolatrado-por-todas-las-criaturas Potter –
-¿De donde sacas tantos insultos para el pobre? –
-Bueno soy un Malfoy y caracterizo por tener abundancia, hasta en léxico para menos preciar a Potter –
-Esto es todo lo que podré obtener de ti ¿o me equivoco?– me encogí de hombros – lo que hiciste en el comedor fue sensacional, lastima que Harry sea tan cabeza dura – contuve el impulso de decir algo sarcástico acerca del asunto, solo por no volver a abrir la brecha que se cerraba.
-No me importa, yo solo quería que Virginia y tú volvieran a hablarme –
-¿Tanto le importo al joven Malfoy? – la miré molesto – bueno, has estado algo irritable ¿sabes?, ¿te gustaría hablar de ello? – preguntó ofreciéndome una de las cucharillas.
Antes de darme cuenta le estaba contando sobre mi padre, la ansiedad de Snape, mis sueños, hasta estuve tentado a decirlo lo que ellos significaban para mi pero cambié el tema para volver a criticar al trío de oro mientras ella trataba de ayudarme a pensar. Las horas pasaron y tanto el envase como el paquete iban bajando en contenido, volvimos a hacer juegos de palabras que no lastimaban y acepté sus caricias en mi cabeza.
-Me duele el estomago – se quejó.
-Después de acabarte el envase es lo mínimo que te mereces –
-No me lo terminé sola – refutó dolida – ¡Draco son las dos de la mañana! –
-Que raro que Potter no te haya venido a buscar –
-No juegues ¿qué haremos? –
-Yo soy prefecto, puedo andar por los pasillos cuando me plazca. Ahora tú, querida Gryffindor tendrás problemas con el conserje –
-¡Gracias por ayudarme! –se levantó y revisó el pasillo.
-Cuando quieras –
-Me desquitaré en la mañana – dijo tomando sus zapatos y su capa antes de salir.
Me lévate con pesar, ya me sentía medio dormido y seguí su camino sin llamarla, sinceramente dudé que se diera cuenta de mi presencia hasta que le hablé.
-¡Me mataras de un susto! –
-Deja de llorar tanto Gryffindor y lleguemos a tu torre antes que alguien te vea – caminamos hasta la entrada de su sala común y esperé hasta que el retrato se abriera – ¡Catherin! – se sorprendió – felicitaciones – luego de eso besé su mejilla – dulces sueños – bajé algunos escalones y ella seguía en la entrada con la vista perdida – ¡Reacciona Catherin! – le grité por pura diversión, la señora del retrato estaba ya bastante molesta y trataba de llamar su atención – no te acostumbres, es solo por la festividad – dije con sarcasmo mientras pasaba mi mano por el cabello desordenándolo aun más, ella entró y yo me dirigí a mi habitación. Había mucho por hacer.
~º~
Iba a golpear a Zabini si no dejaba de preguntarme cosas insulsas, mientras los idiotas de Sheton y Frulthe jugaban a hechizarse. Quería ver a Virginia, jugar con ella ajedrez mágico o simplemente charlar sobre banalidades, todo menos estar rodeado de esos idiotas que trataban de distraerme. Desordené mi cabello con los dedos.
Llevaba mucho tiempo que no me quedaba dentro de la sala común, aunque al principio fue por temor a la reacción de los demás Slytherin, pero como Severus lo había augurado el señor oscuro aun me requería, pues no había dado señas para que internamente me destruyeran; del incidente con Parkinson sobre Virginia no quedaba nada, Goyle y Crabbe ofrecían amables explicaciones a quien le interesara el asunto, y el par de tontos eran incapaces de enfrentarse a mí. Virginia... tormento tan dulce... pasé la mano por el cabello con desesperación.
El hechizo de Frulthe le dio de lleno en el estómago de Sheton, lo que quedó de él fue algo confuso que solo Maddan Pomfrey logrará arreglar, como era de esperar todos aplaudieron a Frulthe y pasaron olímpicamente por alto a Sheton, me causaban nauseas. Mi madre no había dado señales de vida, lo cual en cierta forma me traía sin cuidado, cualquier gran cosa seguro salía en El Profeta; ahora Fruthe amenazaba a un chiquillo de primero, pobre de él, nadie saldrá su rescate.
Volví a pasar la mano por la cabeza y divise a Parkinson en una esquina muy concentrada escribiendo, nuestras miradas se conectaron por un momento, sabía que algo se traía entre manos, pero nadie puede contra un Malfoy, muchos menos esa; sabía no podía parar de llorar y llegaba con la cara hinchada a clases, era tan duro olvidarme, no era mi culpa ser tan atractivo; me había liado con muchas chicas pero Parkinson siempre me había causado repulsión aunque mi madre asegurara era la perfección hecha carne para un Malfoy; se ve que no conocía a Virginia... no nuevamente ella; mis dedos dentro del cabello; ya me empalagaba de mis pensamientos, solo quería estar con ella. Pero claro, tenía que estar con la amiguita que no ha respondido mi carta, como si aun Malfoy se le ignorara tan fácilmente, esa era otra que me producía mareos de tanto pensarla, aunque solo la pensaba cuando me ignoraba. Me parecía lejana la conversación con Severus cuando la descubrí dentro de su despacho, las peleas en las prácticas y las clases, y luego como logró entrar, donde no todos tenían el privilegio. Nuestras peleas anteriores eran mejores, me esta ablandando la muy ridícula...
-¡Malfoy! – Zabini me sacudía.
-¿Qué? –
-Estas ido –
-Ese no es tu problema ¿qué quieres? –
-Quería preguntarte, ya que andas con Weasley – lo miré con furia – podrías sacarle información sobre Lagget, estoy seguro que ante un mejor postor deja a Potter –
-¿Acaso eres tú un mejor postor que Potter? – lo enfrenté – tanto tú como Potter son simple arenilla para ella, estoy seguro que Potter es solo un capricho pasajero –
-No sabia que te importara –
-¿Quién te dice que lo hace? – sostuve su mirada – busca a alguien que esté a tu alcance: fácil y resbalosa como Parkinson – dije con sonar al ver que se acercaba, dejó escapar un quejido y se me quedó viendo – no, mejor búscate a alguien con más clase y menos uso – salió corriendo por la puerta de la sala.
-Se te está yendo la mano Malfoy, no vaya a ser que luego te arrepientas – el tono de Zabini era lúgubre.
-Hago lo que se me provoque – lo encaré nuevamente – y dime ¿por qué me arrepentiría? –
-Estas fuera de las líneas Malfoy – bajó su voz – pero lo que se cocina en la mansión del señor oscuro puede que te haga tragar tu orgullo de un solo sorbo, el cual te aseguro será muy amargo –
-Y tu crees que le temo – arrastraba las palabras y bajé medio tono con lo cual logré que saliera una especie de serpenteo – ¿crees que me paseo entre ustedes con tanta libertad porque ignoro lo que se cocinan en esas mazmorras, ¿me crees tan torpe para no medir cada paso? Eres tú el que no sabe nada de lo que sucede, yo tengo mis demandas para servirle y hasta que no sean atendidas me muevo como mejor me parezca, porque nadie – me acerqué mas a él – me detiene – me volví a sentar como en un trono, completamente relajado y altanero, mirando a otro lugar de la sala – al fin de cuenta soy un Malfoy y nadie domina a un Malfoy – volteé a verlo con asco – ¿Entendiste? – lo ultimo iba cargado de prepotencia y superioridad, solo vi que se encogió en su butaca y por fin dejó de molestar.
Hacía la guardia por los pasillos y Weasley no había mandado una media nota diciendo que estaba bien, claro el clan Potter la cuidaba lo medianamente posible; las palabras de Zabini volvían eventualmente a mí, no era grato recordar lo que él había aseverado, nunca pensé que alguno tratarse de ponerme en sobre aviso, eso solo podía significar que pronto seria llamado y no tenía ni la más mínima idea de para que sería. Nuevamente la mano por la cabeza, se estaba convirtiendo en un mal habito, al enfocar la mirada en el pasillo vi una sombra que bajaba a las mazmorras, por fin, un poco de diversión para la noche; el dueño de la sombra no se materializó hasta el final del pasillo, llevaba una capa que le cubría por completo y parecía algo desorientado, me acerqué con cuidado para no espantar ala presa.
-Fuera de horas por los pasillos – susurré malévolamente en un oído, mientras mis manos sujetaban y evitaban que gritase. Ese aroma se me hacia familiar – Un leoncito se perdió de su agujero – el desprecio era palpable – cuidado te muerde una serpiente – la volteé y vi que miraba con una mezcla de temor y altivez. La liberé de mí – ¿Qué haces fuera de tus dominios? –
-Quería agradecerte en persona ¡aléjate! Me das escalofríos – me empujó lejos de ella – ¿no has escuchado de respetar el espacio personal? –
-Me parece gastado el comentario – puro sarcasmo.
-Me iré sin decirte nada – solo la miré sin darle importancia – basta Draco ¿qué te pasa? –
-Las alimañas se están revolviendo en su agujero – dejé de mirarla. Hubo un momento de silencio, sabía que ella entendía el significado insondable de la frase, llamó mi atención al tomar una de mis manos entre las suyas, que a diferencia, estaban tibias – nada que ya no supiera – dije liberándome torpemente – vuelve a tu cueva, hablaremos en otra oportunidad –
-¡No! – fue firme – siempre que dejamos algo para otra vez nos molestamos y lo seguimos acumulando, es hora de saldar algunas cuentas ¿no crees? – tenia razón, aun así no le contesté, me volteé y le señalé el camino a su torre – ¡necesitas hablar de esto! –
-¡Te equivocas! No necesito nada –
-No seas tan terco Draco –
-No comenzáremos a discutir, yo te mandaré una lechuza. Toma mi palabra o déjala – bajó la mirada con frustración, no respondió, solo comenzó a andar.
-Este castillo nos separa – dijo al llegar a la entrada principal, lo soltó como si estuviese formulando y reteniendo esas palabras al mismo tiempo.
-¿Nos? – pregunté incrédulo al detenerme.
-Como quieras Malfoy – no se detuvo a hablarme – este castillo ME separa de ti – lo dijo con fuerza volviéndose – y a mi no se me antoja separarme de ti, así que vete haciendo la idea –
-¡Por favor Catherin! Pareces una infante protestando por un dulce –
-Delicioso caramelo de crema que eres entonces – su sarcasmo – yo también obtengo lo que quiero y se me antoja hurón al almíbar, mejor conocido como el Joven Malfoy –
-Cuida esa lengua que te falta poco para sisear – dije a medio tono ejemplificando.
-De alguien tuve que aprenderlo – subió otros escalones – gracias por el ramo de Daililo han estado hermosas – se perdió entre las sombras, esa mujer estaba loca... realmente loca.
~º~
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Los Daililo son las flores del quinto capitulo que tanto le gustaron del jardín de la Señora Malfoy.
Lamento haberme tardado tanto, las clases y las hojas perdidas del capitulo a mano y la incapacidad de recordar que rayos iba ahí...
Trate de acomodarla lo mejor posible a la realidad...sin descubrí cosas del sexto libro...
Espero disfrutaran.
